LUGAR DE ENCUENTRO DE LOS MISIONEROS DE TODO EL MUNDO
MISIONEROS EN CAMINO: pensamientos
NO DEJES DE VISITAR
www.caminomisionero.blogspot.com
El blog donde encontrarás abundante material para orar y meditar sobre la liturgia del Domingo. Reflexiones teológicas y filosóficas. Videos y música para meditar. Artículos y pensamientos de los grandes guías de nuestra Iglesia y Noticias sobre todo lo que acontece en toda la vida eclesial
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA
Mostrando entradas con la etiqueta pensamientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pensamientos. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de febrero de 2013

El Dios que se esconde





"Profeta no es el que adivina lo que pasará, sino aquél que mira con ojos penetrantes y descubre el misterio oculto de cada uno de las signos de los tiempos en los que habita el Dios que se esconde"


Xavier Quinza Lleo, SJ (El Dios que se esconde)

SEGUIR LEYENDO

martes, 24 de abril de 2012

Del enfrentamiento al diálogo y a la cooperación



¿Se acuerdan de las llamadas “guerras de religión”? Son un triste capítulo de la historia de la humanidad. En algunos lugares aún existen, fruto de los fundamentalismos religiosos. Lo grave es que se hayan dado entre religiones cristianas.
El creernos dueños de las verdades absolutas nos encierra en nuestras ideas, nos incapacita para el diálogo y llega a transformarse en violencia hacia el “otro” que piensa y cree de forma distinta a la mía.
Es mucho lo que las religiones podemos aportar a la sociedad actual. No para eludir los problemas que vivimos y refugiarnos en un futuro idílico. Si no para afrontar con realismo y responsabilidad, con esperanza y visión de futuro la realidad que nos toca vivir.

Somos testigos de que no estamos solos en ese empeño. Somos testigos del valor trascendente de cada persona que es el primer bien de toda sociedad. Somos testigos de la importancia de los últimos, los pobres, los marginados porque creemos que son ellos, contra toda apariencia, quienes tiene la llave para construir una convivencia y un mundo más justo, más fraterno donde todos podamos alcanzar el nivel de felicidad que nos permita vivir de manera auténticamente humana.

A las religiones cristianas nos faltan muchos pasos por dar en ese camino. Pero constatamos con gozo que vamos avanzando.

Tras años de diálogo, de encuentros y desencuentros vamos superando suspicacias y temores. Poco a poco nos vamos dando cuenta de que es necesario pasar del enfrentamiento al diálogo sincero y de éste a la cooperación para empezar a trabajar juntos en la construcción de un mundo nuevo donde todos nos sintamos hijos del mismo Padre.

En el primer artículo de este número de Antena Misionera os presentamos algunos principios y recomendaciones fruto de la última reunión entre el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, el Consejo Mundial de las Iglesias y la Alianza Evangélica Mundial.

A más de uno le pueden parecer cosas de sentido común. Y no le falta parte de razón. Pero ha costado años ponerlos por escrito y aceptarlos por todos.

El gran desafío que se presenta ahora es que no se quede en un documento más que vaya a parar a las bibliotecas, se archive y vaya acumulando polvo. Se trata de poner en práctica esos principios y recomendaciones. Claro que eso supone un cambio de mentalidad que nos permita superar prejuicios, desconfianzas y condenas de muchos años. El camino es largo, pero, al menos, vamos caminando.

Más largo y difícil es el camino con otras religiones no cristianas. Desgraciadamente son pocas las que se plantean seriamente la posibilidad de un diálogo interreligioso. Pero habrá que insistir para que, respetando las diversidades y sin pretender una “religión única”, todos caminemos en la misma dirección y cumplamos la tarea común de ser servidores de los hombres y mujeres de nuestro mundo en la realidad social actual.

Importante papel estamos llamados a jugar en este proceso los misioneros. En momentos en los que buscamos cuál es el futuro de la misión, el diálogo y la colaboración interreligiosa adquieren un protagonismo importante.

Ello nos exige un cambio de mentalidad, de medios y formas de trabajo, de formas de presencia, de valoración de otras experiencias religiosas. Son cambios profundos que con frecuencia producen miedos.

Sólo apoyados en la fe en el Resucitado seremos capaces de dejar los caminos ya recorridos y conocidos para adentrarnos en caminos nuevos y desconocidos.

Bernardo Baldeón
04/04/2012

SEGUIR LEYENDO

martes, 10 de abril de 2012

Sonreír


Está claro que cuando te sientes bien en tu cara se dibuja una sonrisa. Hay quien dice que esto funciona también en dirección contraria: si sonríes te sentirás bien. ¿Te has dedicado ya una sonrisa hoy?

Publicado por Pastoral sj

SEGUIR LEYENDO

viernes, 21 de mayo de 2010

CATEQUESIS: Pentecostés (Jn 20,19-23) - Ciclo C: Venida el Espíritu Santo


Publicado por Catequistas.org
1. Notas sobre la Sagrada Escritura. Lecturas Litúrgicas del Domingo actual

1. Lecturas de la palabra de Dios

El relato de la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y los demás discípulos reunidos, quedó grabado en el recuerdo de los primeros cristiano. Se convirtió pronto en el acontecimiento cumbre y radical de la Primera Comunidad.. Y la Iglesia lo consideró siempre como el hecho fundacional de sus caminos en el mundo a lo largo de la Historia


Primera lectura. Hechos 2. 1-11

Por eso siempre celebró la fiesta de Pentecostés como su jornada fundacional. Los Apóstoles superaron sus miedos con la fuerza del Espíritu y desde el primer momento se lanzaron a anunciar la llegada del Reino de Dios, es decir de la salvación de todos los hombres. Por eso el libro de los Hechos de los Apóstoles comienza con ese admirable relato.

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban.
Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua.
Estupefactos y admirados decían: "¿Es que no son galileos todos estos que están hablando?
Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios."



Segunda lectura. Juan 14. 15 -16 y 23-26

El Espíritu Santo se hizo presente en la comunidad en cumplimiento de la promesa que insistentemente había formulado Jesús a lo largo de sus Ministerio. De las 378 veces que aparece la palabra espíritu (pneuma), de las que una 180 son alusión al Espíritu divino que actúa en el mundo, son 23 las aparece en palabras atribuidas al mismo Jesús en los cuatro Evangelios cuando promete su envío a la tierra por parte del Padre y El mismo.
Es normal que la Iglesia en todos los tiempos haya visto en el sagrado Espíritu el don maravilloso que da la vida al mundo y la fortaleza a los seguidores de Jesús.

En aquel tiempo Jesús dijo a los discípulos: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros.
"Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado.
Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.


2. Reflexión. ¿Qué nos dicen estas lecturas?

2. Comentario

Jesús había prometido en diversas ocasiones que el Espíritu vendría a los Apóstoles y que sería un Espíritu enviado por el Padre. Los Apóstoles habían ido entendiendo poco a poco que se trataba, no de una mera intuición como había acontecido con la inspiración del os antiguos profetas, sino de una Persona misteriosa, de una presencia divina singular y maravillosa. Ese Espíritu sería Alguien que quedaría con ellos en la vida, que les daría fortaleza, seguridad, alegría y multitud de inspiración, ayudas y apoyos en la misión que se les confiaría.

Por eso, desde los primeros días de la acción predicadora de Pedro, de Santiago, de Juan, luego de Pablo, se le presentó siempre como Alguien misterioso, invisible, sublime, eterno, divino, pero auténtico y real, enviado por el Padre Dios y por el mismo Jesús.

Ese envío se visualizó, se hizo sensible, el día de Pentecostés (es decir cincuenta días después) en forma de ruido estrepitoso y en forma de lenguas de fuego que so colocaron sobre las cabezas de los reunidos.

Espíritu Santo descendió de esa forma sensible ante los Apóstoles y sus efectos, su luz, su rumor, su misteriosa influencia se hizo patente ante una multitud congregada en el lugar en que los Apóstoles se hallaban

Desde ese momento las alusiones al Espíritu que les anima y le impulsa a anunciar la salvación son constantes. La palabra espíritu y, tal vez, incluso la expresión espíritu de Dios, en los textos del Nuevo Testamento, que pasan de 200 aludiendo a “espíritu de Dios”, significan la Tercera persona de la Santísima Trinidad. Se emplea la palabra también en otro centenar de textos en referencia al alma o al hombre mismo, en tanto está bajo la influencia de Dios y aspira a cosas superiores. San Pablo es el que más frecuentemente lo usa, persuadido de ese divino Espíritu le acompaña en sus correría apostólicas.

La Persona Divina del Espíritu Santo no es la del Padre ni la del Hijo. Es diferente y original. Es llamado divino, junto con el Padre o el Hijo, o con ambos a la vez. Se le considera Dios con toda claridad. "Yo rogaré al Padre y les dará otro Protector que permanecerá siempre con vosotros, el Espíritu de Verdad a quien el mundo no puede recibir" (Juan 14. 16 y 17) "Cuando venga el Protector que les enviaré desde el Padre, por ser el Espíritu de verdad que procede del Padre, El será quien dé testimonio de mí" (Jn. 15.26).

San Pedro dirigió su primera epístola, "a los que viven fuera de su patria...a los elegidos, a quienes Dios Padre conoció de antemano y santificó por el Espíritu para acoger la fe y ser purificados por la sangre de Cristo Jesús". (Pedr 1.2) Estos y otros muchos texto hacen referencia a un ser divino, el Espíritu Santo, que tiene una misión en el mundo, como el Hijo, que se unió encarnacionalmente en el hombre Jesús, tuvo la suya

Los muchos textos que reflejan bastante claramente que el Espíritu Santo es una Persona, una Persona distinta del Padre y del Hijo. Ciertamente las tres personas son un solo Dios. Pero cada una se nos presente con sus rasgos originales. Pero también nos dicen que la idea del Espíritu Santo es muy comprometedora para los cristianos. Lo fue desde los primeros tiempos y lo sigue siendo hoy para los que aman a Jesús. El Espíritu Santo, fuente de vida y de santidad, pide huir del pecado y del error. El es la fuente de la luz y viene a las almas con sus dones y espera que se consigan sus frutos

Lo decía San Pablo en la Carta a los Corintios: "¿No sabéis que sois el templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?" (1 Cor. 3.16) y "¿No sabéis que vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo que habéis recibido de Dios y que el Espíritu habita en vosotros?" (1 Cor. 6. 19) Entonces hay que vivir conforme a sus exigencias. Precisamente por eso en la jornada de Pentecostés, la Iglesia se llena de gozo y elige unas lecturas alegres y plenas de vida.

Los escritores sagrados atribuyen al Espíritu Santo todas las obras características del poder Divino. Es en Su nombre, como en el nombre del Padre y del Hijo, que es dado el bautismo (Mat. 16. 19). Es a través de su acción como son perdonados los pecados y las almas son santificadas: "Recibid el Espíritu Santo: a quienes descarguen de su pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos" (Jn. 20, 22 y 23); Por el Espíritu Santo viene la luz y la fe a las almas (Rom. 5.5)


3. Esquema directivo para una Catequesis

3. Modelo de Catequesis

Reflexión

1. Se puede leer el relato de Pentecostés y ver la gente que acudió ante el ruido y los nos de su venida. Sería interesante mirar alguno de los pueblos o lenguas que allí estaban representados y ver cómo el Espíritu Santo se hacía entender de todos. Luego sacar la conclusión de la universalidad del Espíritu Santo. Resaltar esa dimensión: El Espíritu es Señor del mundo

2. Se puede trabajar en grupos, siete grupos los dones que el Espíritu Santo otorga a las lamas, según la piedad y la tradición de los cristiano. Los dones tradicionales son Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad, Temor de Dios. Se buscan datos y se explica a los demás del grupo lo que significa ese don y en que lo manifiesta el seguidor de Jesús. Se puede asociar a un fruto: alegría, dicha, paz, fe, serenidad, gozo, esperanza, amor al prójimo y otros.

3. Será interesante en el mensaje cristiano asociar al Espíritu Santo con los Profetas…. Buscar en una Biblia un profeta, cada dos o tres alumnos pueden hacerlo, y decir como se advierte en él la acción del Espíritu con su inspiración, iluminación, moción, vocación, intuición, entusiasmo, augurios, etc.

4. Ejercicios que se pueden hacer. Buscar la inspiración de un poema, de una canción, de una escultura, de un cuadro de un pintor, y tratar de explicar en que consiste la inspiración. Manejar conceptos abstractos y sutiles: belleza, perfección, gracia, esplendor, armonía, grandeza, perfección, sutileza

5. Conviene analizar alguna plegaria hermosa que la Iglesia recite en la liturgia de Pentecostés. Se puede comentar y luego convertir en plegaria la oración o canción: Veni Creator, por supuesto en alguna de sus versiones: Cada uno del grupo explica una frase y luego se reza o recita entre todos:
Ven Espíritu creador; visita las almas de tus fieles. Llena de la divina gracia los corazones que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo, don de Dios altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú el dedo de la mano de Dios, Tú el prometido del Padre, pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto tu paz, siendo Tú mismo nuestro guía evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre y también al Hijo y que en Ti, que eres el Espíritu de ambos, creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos infinitos. Amén.


4. Ejercicios para realizar con los catequizandos

4. Ejercicios para la catequesis.

- Para Pequeños

Asociar la idea del Espíritu Santo a una paloma, a una llama de fuego, a una luz intensa, a una música hermosa, a una brilla… y tratar de dibujar en torno a la paloma clásica alguno de los otros símbolos…
Con el dibujo conviene que escriban una plegaria de petición. Se les puede indicar que pidan una cosa que no sea material: comida, vestido, beneficios… sino que sea más espiritual… Se admiten propuestas… y luego cada uno elige su “petición secreta” al Espíritu que habita en el alma desde el Bautismo. Dar carácter de secreto a esa petición y el niño puede, con ella, descubrir al “Huésped del alma”…

Para medianos

Relatar una serie de acciones hermosa en la Iglesia cuando se hacen bajo la acción del Espíritu Santo: obras de apostolado, obras de oración, obras de conversión. Elegir cada uno una obra que demuestra la presencia del Espíritu Santo en medio de los hombres y se expone ante los demás compañeros. Por ejemplo, es bueno sugerirles: buscar un hecho heroico en una vida de un santo… Mirar la inspiración de un artista, pintor, poeta o músico…

Para preadolescentes

Buscar la Historia de algún gran convertido: García Morente, Federico Ozanan, Alexis Carrel, Edith Stein, etc. Y tratar de ver cómo Dios ha actuado en sus corazones. Explicarlo en referencia a la acción del Espíritu Santo

Diccionario de Catequesis y pedagogía religiosa. Términos como Espíritu Santo, Inspiración, Revelación, Sabiduría, Ciencia, Piedad, Temor de Dios, Consejo, Profetas,


Para mayores

Explorar los textos del Evangelio que hablan del Espíritu Santo y tratar de relacionar algunos de ellos con hechos que pasan en la vida de los cristianos: acciones generosas en bien de los demás, misioneros que marchan al tercer mundo, jóvenes que se comprometen en movimientos de oración o de piedad, conversiones de gente que lleva mala vida y ordenan su coducta… etc… Tomando algún periódico o revista se pueden buscar “hechos humanos admirables” y se interpretan en clave cristiana, es decir atribuyéndolos a Dios.





5. Complementos para la reflexión



Libros interesantes



Espíritu Santo: Pentecostés y confirmación. José Pedro Manglano. Bilbao. Desclée de Broker. 1998

La acción del Espíritu Santo en las almas. Alexis Riaud. Madrid. Ed. Palabra. 2005

El gran desconocido: El Espíritu santo y sus dones. A. Royo Marín. 2004. Ed. CatÓlica. BAC

Catecismo del Espíritu Santo. Diego Muñoz. Centro San Juan de Avila. 2000

Creer e el Espíritu Santo. Jesús Espeja Pardo. Editorial Católica. BAC 1998

El Espíritu Santo. Edgard Lee. Madrid. Rialp. 1998

El Espíritu Santo en la Iglesia. Herbert Mühlen. Salamanca. Secretariado Trinitario 1998

Celebrar Pentecostés. Alvaro Ginel. Edit. CCS. Madrid. 1998.

Recrear la cuaresma, Pascua, Pentecostés.. Adolfo Luchas Maqueda. Madrid. CCS. 2007-04-28

De nuevo Pentecostés.. José Maria Arnaiz. Madrid. PPC. 2006

El Espiritu Santo. Lo que dice la Sda Escritura. Salvador Muñoz. Madrid. Ed. Espiritualidad, 1998

SEGUIR LEYENDO

jueves, 17 de septiembre de 2009

Comprometerse con el mundo

Por Pedro M. Lamet
Publicado por 21rs

Comprometerse con el mundo es un deber de todos ser humano exigido por la sociedad. Los cristianos deben dar ejemplo de ese compromiso.

En la medida que eres más tú, más te abres a los demás y más te comprometes con el mundo. El último paso del Zen es “volver al mercado”, pero viendo las cosas de otra manera. La última meditación de Ignacio de Loyola en sus Ejercicios es ‘La contemplación para alcanzar amor’, que consiste en ver el mundo de otro modo, como un fanal que transparenta la luz, la paz y la alegría, y convertir tu vida en un trasvase de amor con ese mundo. Entonces las situaciones dejan de ser conflictivas para ti. Las vives con amor y desapego al mismo tiempo. Te das cuenta de que los problemas no venían de fuera. Los ponías tú.

Gracias a esa mezcla de interés/desinterés ya puedes comprometerte en la lucha por un mundo nuevo de una forma eficaz y libre. Habrás conseguido lo que me dijo aquel monje zen del Japón: ‘Hazte plenamente el ser que ya eres’. En una palabra, habrás dejado de ser marioneta del tiempo, habrás comenzado a despertar.

Cuando llegue
a esa fuente,
cuando encuentre
ese agua,
cuando llene
este cántaro,
cuando riegue
este mundo,
cuando apague
esa sed,
me sentaré…
(R. Tagore)

SEGUIR LEYENDO

martes, 8 de septiembre de 2009

Algo más que un método

Descubrir signos de vitalidad en medio del quehacer y de la rutina de cada día no suele ser una práctica habitual. Celebrarlos, mucho menos.

Los signos de vitalidad de un grupo y una persona tienen que ver con las expresiones de vida, de fecundidad y de crecimiento. Es lo opuesto a los signos de esterilidad, mediocridad y disminución. Son cuatro los pasos que hay que dar para hacer de estos signos punto de referencia de un método que nos lleva a gozar y multiplicar la vida. Esta palabra es clave en las instituciones y en los seres humanos y de una manera especial en la Iglesia. Vamos a describir estos pasos.

Primero, hay que ver los signos de vitalidad; hay que tener ojos para ello y prestar atención a todas las dimensiones de nuestra vida para encontrar semillas y frutos de vitalidad. Las personas y grupos que no logran ver los signos de vitalidad que hay en ellos no tienen futuro. Segundo, hay que situar y relacionar estos signos, para lo que hay que acertar a ponerles nombre. Es un paso muy importante y no fácil. Tercero, se precisa acertar a convertir los signos de vitalidad, que yo he identificado, en punto de partida de una etapa nueva. Tampoco es fácil. Hay mucha vida que nos la dejamos morir; muere antes de tiempo. No se logra entrar en un proceso.

En fin, hay que celebrar esos signos de vitalidad, que supone que nos arrepentimos y pedimos perdón por haber descuidado o dejado agotarse esa vida; supone también iluminarlos con la palabra; el evangelio está lleno de novedad y vitalidad y todo lo anima alguien que se llama a sí mismo vida y vida abundante. Pedir gracia para que aumenten los signos de vitalidad es parte importante de este proceso; celebrar pide alegría y gozo para alabar y agradecer esos signos de vitalidad, y para ello se precisa acertar a relacionarlos con la pascua de Jesús. A la Iglesia le viene bien abrir los ojos y mirarse a sí misma y entorno y conseguir ver y animar vida.

José María Arnáiz

Artículo publicado en Vida Nueva nº 2672.

SEGUIR LEYENDO

lunes, 7 de septiembre de 2009

En tus lágrimas

Por Marta Heleno, aci

No olvidaré jamás esos ojos verdes, enormes, que me encontré el otro día en la estación de Entrevías. Ella era negra, yo blanca; yo bajaba y ella subía, y nuestras miradas se cruzaron por un instante. Noté que lloraba, pero desvié los ojos, algo incómoda por haber entrado inadvertidamente en su intimidad.

Cuando el tren se fue, esas lágrimas gordas de los grandes ojos verdes se quedaron conmigo en el andén. Me vino a la memoria un poema de Antonio Gedeão - poeta portugués y también catedrático de Química - llamado “lágrima de negra”. El poeta cuenta, en versos sencillos y agudos, que un día le pidió a una negra una de sus lágrimas, para analizar. Después de varios ensayos y experimentos, concluye: “Ni pizca de negro / ni vestigios de odio / Agua (tan sólo) / y cloruro de sodio”…
Así de sencillo: las lágrimas nos hermanan en esta gran aventura de ser HUMANOS. Ignoro si la mujer de los ojos verdes lloraba de alegría o de tristeza, pero sé que sus lágrimas despertaron las mías, me sacaron de mi “pequeño mundo” y me llamaron a lo que realmente soy: una más, “una de tantas” entre las hijas e hijos de Dios.

Es bonito descubrir que las lágrimas – que justamente impiden una visión clara del exterior – nos ayudan a conocernos mejor internamente: ya he llorado de alegría y de dolor, de tristeza y de agradecimiento; he llorado de compasión y de arrepentimiento; ante la Vida y ante la Muerte. En general, lloro ante todo lo que me abruma, me desconcierta y me sobrepasa. Y en esas lágrimas encuentro siempre –aunque a veces mucho tiempo después– una gran alegría al descubrirme frágil y pequeña, necesitada del otro (¡y del Otro!), pero también profundamente VIVA, despierta, capaz de vibrar por dentro con lo que pasa a mi alrededor.

Algo así ha debido de pasar con los discípulos que, metidos en el Cenáculo, no acababan de creer en la Resurrección de Jesús. De repente, vino un ruido del cielo y sintieron que les invadía –como lenguas de fuego– un fuerte deseo de "conectar" con los demás, de hacerse uno con ellos, de hablarles en su propia lengua; de anunciarles un Dios que se hizo HOMBRE, profundamente humano, un Hombre que se conmovía y se turbaba, que hablaba el lenguaje de los humildes y los sencillos, que vibraba intensamente con la Vida y lloró amargamente la muerte de su amigo Lázaro… ¡Es Pentecostés!

Es verdad: todos esperamos el día en el que Dios “enjugará toda lágrima, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas” [Ap.21,4]…Pero, mientras me siento llamada a colaborar con Cristo para que llegue el Reino, prefiero dejarme conmover y acercarme a la Vida y al Dolor ajenos con lágrimas en los ojos…Porque, ¿sabéis?, el otro día, unos ojos verdes, enormes, me han enseñado una GRAN VERDAD: que, en las lágrimas, nos descubrimos HERMANOS, y también HIJOS, frágiles y pequeños.

SEGUIR LEYENDO

martes, 1 de septiembre de 2009

Sensibilidad, Vulnerabilidad y Religión

Por Ron Rolheiser
(Traducción por Carmelo Astiz, cmf)

Daniel Berrigan bromeó una vez: Antes de tomar en serio a Jesús, primero considera con cuidado qué bella va a ser tu apariencia en madera.

Hay una cruda verdad. Los autores espirituales clásicos nos dicen que una de las maneras como podemos mostrar si nuestra fe y nuestras prácticas religiosas son auténticas o si, por el contrario, son simplemente otra forma de racionalizar y justificar nuestra propia motivación y voluntad, es que, si nuestra práctica religiosa es genuina, no seremos capaces de protegernos a nosotros mismos contra una cierta cantidad de dolor que anteriormente podíamos quitarnos de encima. Si nuestro seguimiento de Jesús es real, nos daremos cuenta de que somos sensibles y vulnerables, de manera que ello nos hace incapaces de protegernos a nosotros mismos de obligaciones, compromisos y humillaciones que anteriormente podíamos evitar. La auténtica religión de ninguna manera nos deja fríos.

¿Por qué? Los autores espirituales clásicos lo explican con sencillez: Mirad la forma cómo Dios trató a Jesús y sabed que, si se lo permitimos, Dios nos va a tratar de la misma manera. Si nos abrimos profundamente a Dios, tendremos que esperar que algunas de las situaciones dolorosas que le sucedieron a Jesús nos pasen también a nosotros. La apertura y el amor llevaron a Jesús a la cruz. ¿Habríamos de esperar nosotros algo diferente?

Fue interesante observar las reacciones al diario espiritual de la Madre Teresa cuando se publicó y el mundo llegó a enterarse de sus profundas luchas interiores, dudas y sufrimiento. La reacción común fue: ¿Cómo pudo ocurrir esto a una mujer de tal integridad y de tanta fe? Los autores espirituales clásicos habrían reaccionado de una manera totalmente opuesta: ¿Por qué no le habría de pasar esto a una mujer de tal integridad y de tanta fe? Ella se abrió radicalmente a Dios y le pidió a Jesús que le hiciera sentirse de modo semejante a como él se sintió. Dios sencillamente le tomó la palabra. Su diario espiritual nos ofrece precisamente descripciones de lo que Jesús sintió durante una buena parte de su vida, especialmente hacia el fin de la misma.

Habríamos de tener cuidado cuando pedimos algo en oración, o al menos no habríamos de sorprendernos si Dios nos concede lo que le pedimos. Si yo le pido a Dios: “Dame la gracia de ser como Jesús”, y lo digo en serio, habría de esperar no solamente que fluya en mi vida una felicidad y paz más profundas, sino también que esta nueva sensibilidad sirva, así mismo, para que fluya en mi vida un sufrimiento más profundo. San Juan de la Cruz, en su libro “Subida al Monte Carmelo” ofrece una serie de consejos para quien quiera entrar más profundamente en la vida espiritual. En el primero de estos consejos reta a sus lectores a esforzarse por imitar más activamente a Jesús. Y, para él, esto significa tratar de imitar sobre todo las motivaciones y actitudes profundas de Jesús, más que su apariencia o incluso sus acciones. Pide a Jesús, dice él, que te conceda sus actitudes profundas interiores para que te permita sentirte como él se sintió.

¿Y cómo sabremos si esto funciona? Sabremos que estamos imitando las motivaciones de Cristo y no racionalizando las nuestras propias, dice Juan de la Cruz, cuando comiencen a surgir en nuestras vidas ciertos sufrimientos y nos demos cuenta de que no somos capaces ahora de evitar ciertas situaciones difíciles y desagradables que anteriormente podíamos evitar.

Él expresa esto con un axioma curioso: Procura estar dispuesto a sospechar, dice él, cuando tu propia voluntad y la de Dios habitualmente coinciden, cuando tus prácticas religiosas encajan siempre con bastante suavidad con lo que tú quieres hacer en tu propia vida. Elegir la voluntad de Dios es precisamente no elegir siempre la nuestra propia. Y la prueba de esto será que ahora nos sentiremos atraídos a sentimientos y situaciones que anteriormente podíamos evitar.

Pero Juan de la Cruz añade una importante advertencia: No intentes, como es la tradición perenne en algunas espiritualidades, elegir lo más difícil y desagradable justamente porque es así, más difícil y desagradable. Eso es masoquismo, no religión. No son necesariamente buenas para ti las cosas, precisamente porque son difíciles. Elige hacer la voluntad de Dios, tanto si parece agradable como desagradable. Pero, según Juan de la Cruz, si eliges la voluntad de Dios en vez de racionalizar la tuya, invariablemente experimentarás nuevas vulnerabilidades en tu vida, nuevos sufrimientos que anteriormente podías evitar, y nuevos deberes de los que anteriormente podías eximirte.

Y tú tampoco aparecerás siempre de buena cara. Jesús no siempre lo pareció. Él amo a los otros más allá de lo que eso pudiera beneficiarle, y eso le produjo por una parte gran hondura y alegría en su vida, pero por otra también le llevó a la humillación y a la crucifixión. Algunas veces su apariencia no era buena ni agradable de ninguna manera. Cuando cumplimos la voluntad de Dios, en vez de racionalizar la nuestra propia en el nombre de Dios y de la religión, no siempre apareceremos de buena cara. Una actitud de frialdad es lo opuesto a vulnerabilidad y a genuina sensibilidad.

A veces, paradójicamente, justamente cuando más nos esforzamos, justamente cuando somos más sinceros, justamente cuando somos más honestos, justamente cuando dejamos ya de racionalizar, parece que nuestras vidas se desmoronan, en vez de consolidarse. Y entonces nos preguntamos espontáneamente: ¿Por qué? ¿Qué pasa aquí?

¡Quizás Dios mismo es el “problema”! Quizás, al menos por una vez, estamos haciendo las cosas correctamente, aunque no nos gustan nuestras apariencias.

SEGUIR LEYENDO

jueves, 20 de agosto de 2009

¿Y si Obama fuera africano?

Por Mia Couto, escritor mozambiqueño
Publicado por Odres Nuevos

Los africanos nos felicitamos por la victoria de Obama. Yo fui uno de ellos, después de una noche en sin dormir, de la irrealidad de la penumbra de la madrugada, las lágrimas me brotaron cuando él pronunció el discurso de vencedor. En ese mismo momento yo también era vencedor. La misma felicidad que me atravesó cuando Nelson Mandela fue liberado y el nuevo estadista sudafricano consolidaba un camino de dignificación de África.

La noche del 5 de noviembre el nuevo presidente norteamericano no era sólo un hombre que hablaba. Era la sofocada voz de esperanza que resurgía libre dentro de nosotros. Mi corazón había votado sin permiso; acostumbrado a pedir poco festejaba una victoria sin dimensiones. Al salir a la calle, mi ciudad se había desplazado a Chicago, negros y blancos respirando a la vez de una misma sorpresa feliz. Porque la victoria de Obama no ha sido de una raza sobre otra porque sin la participación masiva de los norteamericanos de todas las razas (incluido la mayoría blanca) los Estados Unidos no nos hubieran dado motivo para festejarlo.

Los días siguientes, fui cogiendo las reacciones eufóricas de los mas diversos rincones de nuestro continente. Personas anónimas, ciudadanos comunes querían testimoniar su felicidad. Al mismo tiempo fui tomando nota, con algunas reservas, de mensajes solidarios de dirigentes africanos. Casi todos llamaban a Obama “nuestro hermano”. Pensé: ¿estarán todos esos dirigentes siendo sinceros? ¿Será Barak Obama cercano a tanta gente políticamente tan diversa? Tengo dudas. Obcecados en ver los prejuicios en los otros no somos capaces de ver nuestros propios racismos y xenofobias. Obcecados en condenar a occidente, nos olvidamos de las lecciones que nos llegan del otro lado del mundo.

Fue entonces cuando llegó a mis manos el texto del escritor camerunés, Patrice Nganang, “Y si Obama fuese camerunés”. Las cuestiones que mi colega del Camerún planteaba me sugerían a su vez diversas preguntas formuladas alrededor de la siguiente hipótesis: ¿Y si Obama fuera africano y concurriera a la presidencia de un país africano? Estas son las cuestiones que me gustaría explorar en este texto.

¿Y si Obama fuera africano y candidato a una presidencia africana?

Si Obama fuera africano, su antecesor (un George Bush de las Áfricas) inventaría cambios en la constitución para prolongar su mandato mas allá de lo previsto, y nuestro Obama tendría que esperar unos años mas para volver a ser candidato. La espera podría ser larga si tomamos en cuenta algunos presidentes en el poder en África. 41 años en Gambia, 39 en Libia, 28 en Zimbabwe, 28 en Guinea Ecuatorial, 28 en Angola, 27 en Egipto, 26 en Camerún. A parte de estos hay una quincena de presidentes que gobiernan mas de 20 años consecutivos en el continente. Mugabe tendrá 90 años cuando termine su mandato para lo que ha tenido que imponerse al veredicto popular.

2.- Si Obama fuera africano, lo mas probable fuera que, siendo un candidato de un partido de la oposición no tendría espacio para hacer campaña. Harían como, por ejemplo, en Zimbawe o en Camerún. Sería agredido físicamente, sería detenido consecutivamente y se le retiraría el pasaporte. Los Bush de África no toleran opositores, no toleran la democracia.

3.- Si Obama fuera africano no sería ni siquiera elegido en gran parte de los países porque las elites del poder inventarían leyes restrictivas que cierran las puertas de la presidencia a hijos de extranjeros y a descendientes de emigrantes. El nacionalista zambiano Kenneth Kaunda está siendo cuestionado en su propio país por ser hijo de malawianos. Convenientemente “descubrieron” que el hombre que condujo a Zambia a su independencia y gobernó mas de 25 años era, finalmente, hijo de malawianos y durante todo ese tiempo gobernó “ilegalmente”. Preso por supuestas intenciones golpistas, nuestro Kenneth Kaunda (que da nombre a una de las mas nobles avenidas de Maputo) tendrá prohibido hacer política y así el régimen vigente se verá libre de un opositor.

4.-Seamos claros, Obama es un negro de Estados Unidos. En África él es un mulato. Si Obama fuera africano, vería su raza lanzada contra él mismo. No porque el color de su piel fuera importante para los pueblos que esperan ver a sus líderes competentes desarrollando un trabajo serio, pero las elites predadoras harían campaña contra alguien que designarían como “no auténtico africano”. El mismo hermano negro que hoy es saludado como nuevo presidente norteamericano sería vilipendiado en casa como un representante de los “otros”, de otra raza, de otra bandera (¿o de ninguna bandera?).

5.- Si fuera africano, nuestro “hermano” tendría que dar muchas explicaciones a los moralistas cuando pensase en incluir en el discurso de agradecimiento el apoyo recibido por los homosexuales. Pecado mortal para los abogados de la llamada “pureza africana”. Para estos moralistas tantas veces en el poder, tantas veces con poder: la homosexualidad es un inaceptable vicio moral que es ajeno a África y los africanos.

6.- Si ganara las elecciones, Obama tendría probablemente que sentarse a la mesa de negociaciones y repartir el poder con el derrotado en un proceso negociador degradante que muestra como, en ciertos países africanos, el perdedor puede negociar aquello que parece sagrado- la voluntad del pueblo expresada en el voto. A esta altura estaría Barak Obama sentado en una mesa con un Bush cualquiera en infinitas rondas negociadoras con mediadores africanos que nos enseñan que nos debemos contentar con las migajas de los procesos electorales que no corren a favor de los dictadores.

Inconclusas conclusiones.

Queda claro: existen excepciones de este cuadro general. Sabemos todos de que excepciones estamos hablando y nosotros mismos, los mozambiqueños, fuimos capaces de construir una de esas condiciones aparte.

Queda igualmente claro: todas estas trabas a un Obama africano no serían impuestas por el pueblo, sino por los dueños del poder, por elites que convierten a los gobiernos en fuentes de enriquecimiento sin escrúpulos.

La verdad es que Obama no es africano. La verdad es que los africanos- las personas simples y los trabajadores anónimos- festejaron con toda el alma la victoria americana de Obama. Pero no creo que los dictadores y corruptos de África tengan derecho de estar convidados a esta fiesta. Porque la alegría que millones de africanos experimentaron el día 5 de noviembre venía de que, lo que investían en Obama era exactamente lo opuesto de su propia experiencia con sus propios dirigentes. Por mucho que nos cueste admitirlo, apenas una minoría de estados africanos conocen o conocerán dirigentes preocupados con el bien público.

En el mismo día que Obama confirmaba su condición de vencedor, los noticiarios internacionales se abarrotaban de noticias terribles sobre África. En el mismo día de la victoria de la mayoría norteamericana, África continuaba siendo derrotada con guerras, mala gestión y ambición desmedida de políticos corruptos. Después de haber matado la democracia, esos políticos están matando la propia política. Queda la guerra en algún caso, en otros la resistencia o el cinismo.

Sólo hay un modo verdadero de celebrar a Obama en nuestros países africanos: es luchar para que mas banderas de esperanza puedan nacer aquí, en nuestro continente. Y luchar para que los Obamas africanos puedan también vencer. Y nosotros, africanos de todas las etnias y razas, venceremos con esos Obamas y celebraremos en nuestra casa aquello que ahora festejamos en casa ajena.

SEGUIR LEYENDO

lunes, 17 de agosto de 2009

Recomponer nuestro hábitat

Por Juan María Laboa

Es en vacaciones cuando podemos experimentar que la Iglesia es un espacio de acogida y de comunidad más informal, capaz de reconfortar. Sólo Cristo es el punto de coincidencia de tantos diversos.

En vacaciones nos trasladamos a otros lugares, a países y continentes diferentes con ánimo festivo, más abierto y receptivo. Generalmente, es un momento mágico, pero, a veces, se convierte en contradictorio o destructivo: todo el mundo lo ansiamos, pero las consecuencias, a menudo, son inesperadas: enfados, tiranteces, separaciones matrimoniales, aumento de estrés…
Convivir con la familia es siempre un reto a nuestra madurez, respeto paciencia, capacidad de comunicación, de escucha y de aguante. Por otra parte, no tener nada urgente que hacer y descubrirnos sin espacios de soledad puede convertirse en desesperante y frustrante, hasta sentirnos abocados a la irritación y frustración.

Por contra, deberíamos convertir este tiempo maravilloso en espacio de libertad y madurez personal, en tiempo de reflexión pausada, en ocasión para esas conversaciones, con frecuencia pospuestas, con nuestro cónyuge o amigos, en dedicación a lecturas necesarias, pero consideradas no urgentes, en planteamientos de cuestiones que deben orientar nuestra vida.

En este mismo sentido, es en vacaciones cuando podemos experimentar que la Iglesia es un espacio de acogida y de comunidad más informal, capaz de reconfortar. Topamos con personas de distintos ámbitos y tradiciones, con sacerdotes que pueden ser capaces de crear una comunidad de fe y esperanza con personas sin puntos de referencia comunes, con un ánimo más libre y receptivo. Sólo Cristo es el punto de coincidencia de tantos diversos. Si somos capaces de sentir y descubrir su cercanía, podremos llegar a ser conscientes de que nos reunimos en su nombre, de que somos hermanos, de que Dios es nuestro Padre, de que puede ser la ocasión de reorientar nuestras decisiones. Si lo logramos, seremos capaces de realizar verdaderamente el gesto de la paz.

Artículo publicado en la revista Vida Nueva, nº 2671.

SEGUIR LEYENDO

Jean-Yves Calvez: “Me sorprendió que se volviera a hablar de desarrollo”

Publicado por Criterio

El sacerdote jesuita Jean-Yves Calvez, teólogo, politólogo y presidente del Foro Ecuménico Social, miembro de la Academia Pontificia de Ciencias, consultor del Consejo Pontificio Justicia y Paz y catedrático del Centro Sevres de París y de la Universidad de Georgetown, ofrece algunas pautas de lectura de la encíclica Caritas in veritate (La caridad en la verdad), un texto “con el eje en el tema del desarrollo”, en conversación con el consejo de redacción de CRITERIO.
–¿Qué le parece la recuperación de la Populorum progressio de Pablo VI?
–Da la impresión de que la retoma como punto de referencia. Dice que así como hubo con anterioridad encíclicas para conmemorar la Rerum novarum de León XIII, el actual Papa plantea ahora otra serie de conmemoraciones sucesivas de la Populorum progressio, lo cual le otorga un peso enorme a esta encíclica de Montini. La vuelta a Pablo VI no es un detalle menor. Es claro que no se lo citaba en tiempos de Juan Pablo II, es decir, durante 25 años.

–¿Podría interpretarse como una simpatía de Ratzinger por Montini?
–Para mí es un dato nuevo, pero es un hecho notable de esta encíclica. Mi impresión es que se trata de una encíclica social, pero también profundamente teológica, como lo son todas las de Benedicto XVI. En los primeros capítulos habla de Caritas in veritate: el amor y la caridad según la verdad de las cosas, según la realidad. Invierte la proposición de San Pablo, veritas in caritate. Verdad significa realidad, lo concreto; habla de amar de verdad en el campo social.

–¿Significa desplazar la caridad del nivel de lo personal hacia otro más colectivo, institucional, de acción política?
–Es lícito pensar eso porque el tema es el desarrollo. Hay algunos párrafos sobre la mundialización o globalización, pero no demasiados; y tampoco se pone el énfasis en la crisis actual. Aparecen alusiones y recomendaciones, pero no directas. Se esperaba que finalmente la Iglesia hablara de la crisis económico-financiera, que dijera algo sobre los bancos, pero no fue así. La atmósfera del documento es de tono liberal: pienso que el Papa no ha querido crear enfrentamientos. Aunque dice claramente que la economía requiere de la ética.

–¿Sería coherente con la Centesimus annus?
–Son dos mundos diferentes. En aquellos años cada uno pudo llevar de esa encíclica agua para su molino. Allí se planteaba la discusión expresa sobre si aprobar o no el capitalismo; pero las palabras capitalismo y liberalismo no aparecen en la nueva encíclica. Podría decirse que se refiere al tema desde el concepto de globalización, aunque no es lo mismo. Hay un comienzo teológico profundo y luego sigue una serie de capítulos que desarrollan lo que podríamos llamar “recomendaciones”, con un método más pragmático. Supongo que éstas provienen de un documento anterior de la Comisión Justicia y Paz: se advierte que es otro el estilo. Mi impresión es que se trata de un contenido acumulativo, y no creo que sea de muy fácil lectura.

–¿Qué temas le resultan más atractivos?
–Hay un capítulo sobre colaboración y solidaridad a nivel internacional, incluso de las organizaciones internacionales, donde se dice que hay que reformar Naciones Unidas. También hay párrafos sobre la empresa, donde se advierte una conciencia de los problemas nuevos, por ejemplo, la empresa dominada por el sector financiero.

–¿La visión es muy eurocéntrica?
–No hay alusión a geografías, ni siquiera a Europa. Habla del mundo de la realidad económica global, común, al estilo de un economista.

–¿Cuáles eran sus expectativas?
–No sabía qué esperar porque estábamos un poco ansiosos por la ausencia de esta encíclica, después de tantos anuncios que hubo. Antes de la crisis, la temática iba a ser la globalización, que permitía ofrecer una descripción de la economía actual y tratar algunos conceptos de manera diferente con respecto a la Centesimus annus, que no mencionaba ese concepto. Después de la crisis, muchos hemos escrito diciendo que se esperaba que el Papa tomara posición sobre algunos aspectos. De alguna manera, no fue así. Pero me ha impresionado mucho encontrarme con Pablo VI, con la Populorum progressio, y también con la idea de desarrollo, una palabra que había sido tachada por los liberales y los globalizantes, considerado un concepto voluntarista.


–¿Por qué no hay una crítica expresa a los bancos o al sistema financiero internacional?
–El Papa no ha querido entrar en eso porque en su entorno hay economistas liberales, incluso en la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. Fue su presidente el francés Edmond Malinvaud, un economista y matemático especialista en estadística, claramente liberal. Después asumió la catedrática estadounidense Mary Ann Glendon, y no sé cuál es su opinión al respecto.

–¿Hay un esquema articulado de pensamiento?
–No es claro, los mismos temas pueden encontrarse en cualquier capítulo. Aparece el cuidado del medio ambiente, al estilo de Juan Pablo II en su encíclica Sollicitudo rei socialis, con marcada valoración de la naturaleza, casi una naturaleza madre. En un momento dice que la tierra tiene todos los recursos necesarios para alimentar a los hombres, lo que había sido dicho por Juan XXIII en 1961, con Mater et magistra. Entre líneas hay también una cierta justificación de la Humanae vitae: si bien la palabra contracepción no aparece, sí se advierte la defensa de la vida en general. Recupera y abarca toda la doctrina y la enseñanza de Pablo VI, por ejemplo, en la Evangelii nuntiandi, encíclica sobre la evangelización. Por último, culmina con un capítulo dedicado a la técnica, en sentido favorable, cosa que tampoco se esperaba.

–¿Qué dice acerca del relativismo?
–Aparece sólo una vez, si bien hay mucho interés antropológico. Hay una frase que probablemente puede provocar oposición y que habla de “humanismo inhumano”. Dice explícitamente que sin Dios el hombre no es humano. Esto sorprende porque se trata de alguien con claro afán de valorar la razón.

–¿Por qué esta nueva mirada?
– No tengo una respuesta. Si bien es cierto que reivindica a Kant, siempre se sintió muy inspirado por El drama del humanismo ateo de Henri De Lubac, que no era tan racionalista como se cree. Tengo la impresión de que es, como dirían los italianos, una encíclica “incompiuta” (inconclusa). Con esto no quiero decir que haya sido escrita de prisa pero, ciertamente, después de tantos anuncios, había que concluir el texto.

–¿Qué impresión le habían causado las dos encíclicas anteriores de Benedicto XVI?
–Me gustó mucho la primera parte de Deus caritas est. La segunda encíclica, Spe salvi, tenía más que ver con la organización de la Iglesia, algo útil y necesario, pero no alcanzó el mismo nivel. Me interesó mucho el enfoque de la esperanza. Aunque la encontré de muy difícil lectura, poco “encíclica”, con citas, por ejemplo, de Nietzsche y Kant, autores muy familiares para el Papa, y problemas particulares de la teología a los que prestó mucha atención. Es interesante ver a un teólogo discutir sobre temas como el purgatorio, qué pasa con la libertad humana, con nuestras acciones… Pero, al mismo tiempo, debo decir que muy poca gente ha podido comprender el texto.

–¿Son leídas las encíclicas?
–En general, muy poco, al menos las de este tipo. La Populorum progressio era legible y fue leída. Juan XXIII y Pablo VI tuvieron un lenguaje más accesible. Tiempo atrás di ejercicios acompañando a un grupo de personas sin formación en este campo. Presenté lo esencial de las encíclicas Deus caritas est y Spe salvi; creo haber podido comunicar algo. Dejé varios ejemplares en la mesa: algunos intentaron leerlas y no pudieron por el nivel académico de los textos.

–¿El Papa conoce estas dificultades?
–En una oportunidad, le dije a Juan Pablo II que su modo de escribir no facilitaba la lectura. Pero él no quitaba contenidos, era acumulador; decía que los sacerdotes y los obispos eran los que después debían facilitar la comprensión. De todas formas, vale la pena rescatar la continuidad: no hay otra institución que durante un siglo haya podido acumular un discurso sin demasiada contradicción. Por ejemplo, en cuanto al liberalismo, la intervención del Estado en la vida económica, si se toma Rerum novarum (1891), Quadragesimo anno (1931), Mater et Magistra (1961), Octogesima adveniens (1971) y Centesimus annus (1991) hay una crítica en general moderada pero con una continuidad formidable. Los años 80, en cambio, fueron tiempos de grandes documentos, en particular los de los obispos norteamericanos sobre economía, paz, armas nucleares; también en Francia, Inglaterra y Alemania. Pero después esto se frenó, explícitamente por decisión de Roma, y creo que el Papa actual no fue ajeno a estas circunstancias. Hubo un documento sobre las conferencias episcopales que decía que no podían pronunciarse en materia de doctrina y fijaba un procedimiento que llevó a la desaparición de estos documentos. Es una pena porque tenían que ver con la toma de posición, una actitud que Pablo VI propiciaba.

–Caritas in veritate también retoma las causas culturales del subdesarrollo, que ya había formulado en la Jornada Mundial de la Paz.
–Hay una alusión a lo cultural, como hubo muchas en Pablo VI, pero en aquellos años tenían que ver más con el peligro y la amenaza de perder las culturas tradicionales. Aquí se apunta a señalar que hay valores que ayudan al desarrollo y otros que no. Es importante que se hable de desarrollo en un mundo en el que prácticamente se ha eliminado el concepto, pero no sé cuáles podrán ser los alcances y las consecuencias de esta encíclica.

SEGUIR LEYENDO

domingo, 9 de agosto de 2009

Identidad de Cristo y de la Iglesia

Por Silvano Fausti, S.J.

El Evangelio de Lucas ofrece, en el capítulo sexto, una síntesis de la catequesis bautismal. Presenta el argumento fundamental de la evangelización: el rostro del Hijo que revela el del Padre, espejo del nuestro. Es un autorretrato de Jesús, que expresa lo que es y hace. La escucha de esta palabra constituye la Iglesia; y la Iglesia es tal porque cumple esta palabra. Ella es principio y fin de nuestra vida: es la vida misma de Dios, ofrecida a cada hombre. El discurso se inicia con cuatro felicitaciones por los pobres y cuatro condolencias por los ricos. La lógica de Dios da vuelta a la del mundo. El reino de Dios es de los pobres ya en el presente. Su futuro –saciedad, alegría y exultación– es dejado a nuestra responsabilidad: lo que les hacemos a ellos, nos salva más que a ellos (Mt 25, 31-46). Dios es amor que no posee nada, pero da todo, también a sí mismo. Justamente de esta manera es Él mismo. El pobre está en la condición óptima para ser como Él: al no tener nada, solo puede darse a sí mismo. Es un vacío que puede recibir todo, también al mismo Dios. Los ricos, al contrario de Dios, están llenos de sí mismos y ya poseen todo. Pero poseer otras cosas y a sí mismos es egoísmo, fuente de todo mal. Injusticia y hambre, odio y guerra, exclusión y lucha: todo esto viene del deseo ardiente de poseer. El hombre quiere justamente ser como Dios. Pero la falsa imagen del Padre, sugerida por la serpiente, pervierte en muerte nuestro deseo de vida.

Para san Ignacio, la "sagrada doctrina", o sea, la esencia del cristianismo, es el "estilo" de Jesús trazado en las bienaventuranzas. Él envía a los apóstoles a educar a cada persona a amar la pobreza, el servicio y la humildad, en vez de la riqueza, el poder y el orgullo. Solo así llegamos a ser semejantes a Dios y lo podemos conocer: lo semejante es reconocido por su semejante. Por eso la evangelización no es per se "hablar del Señor", sino "dar testimonio de Él" con la propia vida. ¡Hablar de Él sin dar testimonio es la primera causa del ateísmo!

De este fundamento de valores nace un modo diverso de vivir que realiza un mundo nuevo. El otro ya no es mi enemigo a quien odiar, sino un hermano a quien amar. De esta manera llego a ser como Dios, que actúa así. La ley de libertad, propia del amor, es la del Hijo: "Sean misericordiosos (= uterinos, maternos), como el Padre es misericordioso", que no juzga ni condena, sino que perdona y da todo.

Quien tiene este espíritu de pobreza, amor, misericordia, entrega y perdón, llega a ser evangelio viviente. Un evangelizado que evangeliza de muchos modos. "Testigo" de Jesús: con su misma identidad y relevancia de Hijo. Esta identidad lo hace "sal de la tierra" que da sabor a cada realidad (Mt 5,13), "pequeña semilla" que llega a ser el gran árbol del reino (Mc 4, 30ss), "levadura" escondida que fermenta toda la masa (Lc 12, 20). Esta identidad escondida, pequeña e invisible, genera su relevancia: es "perfume de Cristo" que se difunde a su alrededor (2 Cor 2, 14ss), "luz del mundo" que muestra a todos la verdad (Mt 5, 14a; Jn 8, 12), "ciudad sobre el monte" que manifiesta un modo hermoso de estar juntos (Mt 5, 14b), "eco" de la Palabra que se difunde por todas partes (1Tes 1, 9ss), "imitador" del Apóstol y "modelo" para todos (1Tes 1, 6-7). La evangelización crece por imitación de modelos que presentamos. El discurso bautismal de Lucas propone como modelo a imitar al mismo Jesús (1Cor 11,1), el Hijo que es el rostro del Padre. Si uno actúa como él, construye sobre roca: llega a ser de la casa con Dios (Ef 2, 19-22). Por el contrario quien "construye sobre arena": todo lo que hace se cae. Y es grande su ruina.
______________________
Silvano Fausti, S.J. Biblista y escritor. Publicado en revista Mensaje, www.mensaje.cl

SEGUIR LEYENDO

martes, 4 de agosto de 2009

Cómo explicar que en el siglo XXI sigamos enfrentándonos al hambre

Publicado por Cuatro Decididos

Uno de cada siete habitantes del planeta sufre hambre de forma permanente

Las causas son conocidas: una profunda injusticia en la distribución de la riqueza, el acaparamiento de tierras por parte de una reducida minoría de grandes propietarios. Según la FAO[1], 963 millones de personas padecen hambre en 2008. Estructuralmente, estas personas pertenecen paradójicamente a la población rural. En su mayoría son productores agrícolas que no poseen propiedades o las tierras suficientes, ni los medios de sacarles partido.

¿Qué ha provocado al crisis alimentaria de 2007-2008?

Hay de destacar que en 2007-2008 hay 140 millones personas más que padecen hambre. Este aumento neto se debe a la explosión del precio de los productos alimenticios [2]. En muchos países este aumento del precio de venta de los alimentos al por menor es de aproximadamente un 50 %, a veces más.

¿Por qué un aumento semejante? Para responder a esta pregunta es necesario entender lo que ha pasado desde hace tres años y, a continuación, establecer unas políticas alternativas adecuadas.

Por una parte, los poderes políticos del norte han aumentado sus ayudas y sus subvenciones a los agrocarburantes (erróneamente llamados "biocarburantes", aunque no tienen nada de bio). Por ello, se ha hecho rentable sustituir los cultivos alimenticios por cultivos de forraje y de oleaginosas, o desviar una parte de la producción de grano (maíz, trigo...) para la producción de agrocarburantes.

Por otra parte, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y después del rebote en el resto del mundo, la especulación de los grandes inversores (fondos de pensiones, bancos de inversión, hedge funds...) se ha desplazado a los mercados bursátiles donde se negocian los contratos de los productos alimenticios (principalmente tres Bolsas de Estados Unidos especializadas en mercados a plazo de los granos: Chicago, Kansas City y Minneapolis). Por consiguiente, es urgente que los ciudadanos actúen para que se prohíba por vía legal la especulación de los alimentos... Aunque la especulación a la alza haya acabado a mediados del año 2008 y los precios en los mercados a plazo hayan caído después en picado, los precios al por menor no han seguido el mismo movimiento. La aplastante mayoría de la población mundial dispone de unos ingresos muy bajos y sufre todavía las dramáticas consecuencias de la subida de los precios de los alimentos en 2007-2008. Las decenas de millones de pérdidas de empleos anunciados para 2009-2010 a escala mundial van empeorar la situación. Para contrarrestar esta situación es necesario que las autoridades públicas ejerzan un control de los precios de los alimentos para hacer que bajen.

El aumento del hambre en el mundo no se debe por el momento al cambio climático. Pero este factor tendrá unas consecuencias muy negativas en el futuro en términos de producción en ciertas regiones del mundo, en particular las zonas tropicales y subtropicales. La producción agrícola en las zonas templadas debería verse menos afectada. La solución consiste en una acción radical para reducir brutalmente las emisiones de gas de efecto invernadero (el GIEC [3] recomienda una disminución del 80 % de las emisiones para los países industrializados y del 20% para los demás).

¿Es posible erradicar el hambre?

Erradicar el hambre es totalmente posible. Las soluciones fundamentales para alcanzar este objetivo vital pasan por una política de soberanía alimenticia y una reforma agraria. Es decir, alimentar a la población a partir de los esfuerzos de los productores locales al tiempo que se eliminan las importaciones y exportaciones.

Es preciso que la soberanía alimentaria sea el centro de las políticas de las decisiones políticas de los gobiernos. Hay que basarse en explotaciones agrícolas familiares que utilicen técnicas destinadas a producir los productos denominados "bio" (u "orgánicos). Esto permitirá además disponer de una alimentación de calidad: sin Organismos Modificados Genéticamente (OMG), sin pesticidas, sin herbicidas, sin abonos químicos. Pero para lograr este objetivo es necesario que más de tres mil millones campesinos puedan acceder a una cantidad suficiente de tierra y trabajarla por cuenta propia en vez de enriquecer a los grandes propietarios, a las transnacionales de la agroindustria y a los comerciantes. También es necesario que dispongan, gracias a la ayuda pública, de medios para cultivar la tierra (sin agotarla).

Para ello es necesaria una reforma agrícola, reforma que siempre falta de manera cruel, ya sea en Brasil, Bolivia, Paraguay, Perú, Asia o en algunos países de África. Esta reforma agraria debe organizar la redistribución de las tierras prohibiendo las grandes propiedades privadas y proporcionando apoyo público al trabajo de los agricultores.

Es importante destacar que el FMI y sobre todo el Banco Mundial tienen una enorme responsabilidad en la crisis alimentaria porque ellos recomendaron a los gobiernos del sur suprimir los silos de grano que servían para alimentar el mercado interior en caso de insuficiencia de oferta y/o de explosión de los precios. El Banco Mundial y la FMI presionaron a los gobiernos para que suprimieran los organismos de crédito público a los campesinos y han empujado a estos a las garras de prestamistas privados (con frecuencia grandes comerciantes) o de bancos privados que tienen unas tasas usureras. Esto ha provocado el endeudamiento generalizado de los pequeños campesinos, ya sea en India, Nicaragua, México, Egipto o en muchos países del África subsahariana. Según investigaciones oficiales, el fuerte endeudamiento que afecta a los campesinos indios ha sido la causa principal del suicidio de 150.000 campesinos en este país en los diez últimos años. Precisamente en este país el Banco Mundial se esforzó con éxito para convencer a las autoridades de que suprimieran las agencias públicas de crédito a los agricultores. Y eso no es todo: en el curso de los últimos 40 años, el Banco Mundial y el FMI también han presionado a los países tropicales para que reduzcan su producción de trigo, arroz y maíz y lo sustituyan por cultivos de explotación (cacao, café, té, plátano, cacahuete, flores...). Finalmente, para rematar su trabajo a favor de las grandes sociedades de la industria alimentaria y de los grandes países explotadores de cereales (empezando por Estados Unidos, Canadá y Europa occidental) han presionado a los gobiernos para que abran de par en par sus fronteras a las importaciones de alimentos que se benefician de generosas subvenciones por parte de los gobiernos del norte, lo que provoca la quiebra de muchos productores del sur y una reducción muy fuerte de la producción alimenticia local.

En resumen, es necesario poner en marcha la soberanía alimentaria y la reforma agraria. Hay que abandonar la producción de los agrocarburantes industriales y prohibir las subvenciones públicas a quienes los producen. También hay que volver a crear en el sur almacenes públicos de reservas de alimentos (en particular, de granos: arroz, trigo, maíz...), (re)crear organismos públicos de crédito a los agricultores y restablecer una regulación de los precios de los alimentos. Hay que garantizar que las poblaciones de bajos ingresos se pueden beneficiar de precios bajos para alimentos de calidad. El Estado debe garantizar a los pequeños productores agrícolas unos precios de venta suficientemente altos para permitir mejorar netamente sus condiciones de vida. El Estado debe desarrollar también los servicios públicos en los medios rurales (sanidad, educación, comunicaciones, cultura, "bancos" de semillas...). Los poderes públicos son perfectamente capaces de garantizar a los consumidores de alimentos unos precios subvencionados y, a la vez, a los pequeños productores agrícolas unos precios de venta lo bastante elevados como para que dispongan de unos ingresos suficientes.

¿Este combate contra el hambre no forma parte de un combate mucho mas vasto?

No se puede pretender seriamente luchar contra el hambre sin atacar las causas fundamentales de la situación actual. La deuda es una de ellas y los efectos anuncio sobre este tema, frecuentes en los últimos años, como durante las cumbres del G8 o del G20, apenas enmascaran que este problema sigue existiendo. La crisis global que afecta hoy al mundo agrava la situación de los países en desarrollo frente al coste de la deuda al tiempo que en el sur se preparan nuevas crisis de la deuda. Esta deuda ha llevado a un empobrecimiento general de los pueblos del sur, que con frecuencia están provistos de considerables riquezas humanas y naturales. La deuda es un saqueo organizado al que es urgente poner fin.

En efecto, el mecanismo infernal de la deuda pública es un obstáculo esencial para la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales, entre las que está el acceso a una alimentación decente. La satisfacción de las necesidades humanas fundamentales debe primar, sin duda alguna, sobre cualquier otra consideración, geopolítica o financiera. En el plano moral, los derechos de los acreedores, rentistas o especuladores carecen de peso en relación a los derechos fundamentales de seis mil millones de ciudadanos, avasallados por este mecanismo implacable que representa la deuda.

Es inmoral pedir a los países empobrecidos por una crisis global de la que ellos no son en absoluto responsables que consagren una gran parte de sus recursos a reembolsar a acreedores acomodados (ya sean del norte o del sur) en vez de a satisfacer estas necesidades fundamentales. La inmoralidad de esta deuda se desprende también del hecho de que con frecuencia ha sido contraída por regímenes no democráticos que no han utilizado las sumas recibidas en el interés de sus poblaciones y que con frecuencia han desviado masivamente el dinero, con el acuerdo tácito de los Estados del norte, del Banco Mundial y del FMI. Los acreedores de los países más industrializados han prestado dinero con conocimiento de causa a regímenes con frecuencia corruptos. No tienen derecho a exigir a los pueblos que reembolsen estas deudas inmorales e ilegítimas.

En resumen, la deuda es uno de los principales mecanismos por medio de los cuales se opera una nueva forma de colonización en detrimento de los pueblos. Viene a añadirse a ataques históricos por parter también de los países países ricos: la esclavitud, el exterminio de las poblaciones indígenas, el yugo colonial, el saqueo de materias primas, de la diversidad, de la experiencia de los campesinos (por medio del patentado en beneficio de las multinacionales de la industria alimenticia del norte de los productos agrícolas del sur, como el arroz basmati indio) y de los bienes culturales, la fuga de cerebros, etc. Definitivamente, es el momento de sustituir la lógica de la dominación por una lógica de la redistribución de riqueza en una preocupación por la justicia.

El G8, el FMI, el Banco Mundial y el Club de París imponen su propia verdad, su propia justicia, de la que ellos son juez y parte a la vez. Frente a la crisis, el G20 ha tomado el relevo y trata de volver a situar a un FMI desacreditado y deslegitimado en el centro del juego político y económico. Hay que acabar con esta injusticia que beneficia a los opresores, ya sean del norte o del sur.

Damien Millet, matemático, es portavoz del CADTM Francia (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo,www.cadtm.org).

Eric Toussaint, doctor en ciencias políticas, es presidente del CADTM Bélgica. Han escrito juntos el libro 60 Questions 60 Réponses sur la dette, le FMI et la Banque mondiale, CADTM/Syllepse, noviembre de 2008.

SEGUIR LEYENDO

lunes, 3 de agosto de 2009

Volver al pueblo de los abuelos

Por J. Altavista
Publicado por Revista Antena Misionera

He de confesar que fue una decisión más impuesta por la situación económica que por una decisión libre.

Pero esta vez, después de años sin hacerlo, nuestras vacaciones han sido en el pueblo de los abuelos.

Los críos protestaron bastante. Nos costó Dios y ayuda explicarles que no teníamos otras opciones. Y ellos pensaban que iban a ser días en los que se iban a aburrir como ostras.

No les quiero cargar la culpa a ellos. A mi mujer y a mí nos hubiera gustado más otra posibilidad. Pero la realidad se impone.

La llegada fue un tanto deprimente. Salir de la gran ciudad, no poder disfrutar de la playa, meterse en un pueblo perdido en la dura aridez de la tierra castellana, no resultaba muy seductor.

Al principio uno intenta poner en práctica aquello de “al mal tiempo, buena cara”.

Poco a poco nos fuimos dando cuenta de que la opción tomada por necesidad no era tan “trágica” como al principio pensábamos.

Ante todo fue una posibilidad de reforzar los lazos afectivos con nuestro origen familiar que tan fácilmente se van perdiendo. La experiencia fue especialmente enriquecedora para nuestros hijos. Les permitió recuperar una relación amigable y enriquecedora con sus abuelos. Sabían poco más que sus nombres, ahora para ellos son personas, con historia, con ilusiones por las que siempre han luchado, con su vida diaria…

También para nosotros fue la oportunidad de reencontrarnos. con calma y sin prisas, con las personas que han ido marcando, en parte lo que somos hoy.
Por supuesto que no éramos la única familia que había tenido que tomar la misma decisión. La población del pueblo se multiplicó por tres.

Nos encontramos con viejos amigos a los que hacía añares que no veíamos. Y en largos encuentros, porque el tiempo siempre sobra, nos pusimos al día de cómo había ido discurriendo la vida de cada uno.

Los chicos hicieron nuevos amigos, y con la ayuda de los abuelos se entusiasmaron por algunos de aquellos viejos y sencillos juegos que nos hacían felices de pequeños. Además de las tradicionales escapas al río, donde algunos se sintieron más felices que en las abarrotadas playas de otros años, donde siempre teníamos que estar pendientes de ellos.

Todavía no he querido sacar en una comida la pregunta de cómo vivió cada uno las vacaciones en el pueblo. Todos necesitamos un tiempo para elaborarlo.

Creo que para todos ha sido una oportunidad de volver a nuestras raíces. Raíces geográficas, familiares y sobre todo afectivas.

La prisa con la que vivimos en las grandes ciudades, la urgencia de lo que tengo que hacer dentro de media hora, nos hace perder las raíces y, con frecuencia, nos impide crear otras nuevas.

Dejamos de vivir al ritmo de la vida y le exigimos a la vida que camine al ritmo de nuestros deseos. Pretendemos forzar lo inforzable, y posiblemente ahí esté una de las causas de nuestra debilidad como personas.

Tener raíces no es permanecer inmóvil, sino caminar al mismo paso que la vida: disfrutando los éxitos y dándonos tiempo para aprender de los fracasos.
Si no lo logramos, poco podremos transmitir, también como cristianos, a nuestros hermanos

SEGUIR LEYENDO

domingo, 12 de julio de 2009

¿Es posible evangelizar junto con protestantes y ortodoxos sin hacer un totum revolutum?


Se pregunta Maris en los comentarios al anterior post acerca de los Cursos Alpha sobre si no será un totum revolutum eso de trabajar con protestantes y anglicanos, y me ha parecido muy interesante el comentario y merecedor de un post.

Aunque me gustaría ir más allá de lo que son los Cursos Alpha en la respuesta, para tocar cuestiones más generales, no dejaré de comentar que existen iniciativas o metodologías que pueden usarse por diferentes confesiones cristianas dentro de sus iglesias, con independencia de la iglesia donde hayan nacido.

Un ejemplo de esto son los Cursillos de Cristiandad, que desde España se han difundido al mundo entero y se utilizan también fuera de la Iglesia Católica. Como botón de muestra tengo unos amigos coreanos, protestantes, que cada vez que les veo me cantan la canción “De colores” en español, y un amigo estadounidense cuyos padres hicieron su cursillo en Norteamérica en una iglesia metodista.

La genialidad de los cursos Alpha es que ofrecen el Primer Anuncio de la fe Cristiana, el Kerigma, a gente de fuera de la iglesia o alejados, los cuales,como resultado, piden el bautismo o la confirmación, y empiezan a caminar cristianamente en la parroquia en la que han hecho el curso.

Los cursos duran diez semanas, tras las cuales viene la profundización cristiana ya fuera del curso, en la que cada cual puede extenderse como crea conveniente; en otras palabras después del Kerigma viene la Catequesis con los contenidos al completo de la fe católica.

Esto lo sabían muy bien los primeros cristianos, que tenían un camino de catecumenado que conducía al bautismo, y otro camino posterior, la catequesis mistagógica, que conducía a la Eucaristía y el resto de los sacramentos. Y se tomaban su tiempo, incluso años, para prepararse.

El gran error,a mi juicio de la pastoral actual, es que proviene de una sociedad que catequizaba a golpe de Ripalda a niños y adultos, pasando por encima de la experiencia de conversión personal. En consecuencia, se pretende dar catequesis a personas que todavía no han tenido la experiencia fundante, el encuentro con Dios primero del que todo parte, para luego llevarlos a una vivencia eclesial en la que este encuentro personal se sustituye por el encuentro comunitario con el Señor.


Es una catequesis sin kerigma, justo lo que no hay que hacer en una sociedad descristianizada que no entiende de religión y a la que las formas, lenguajes y maneras cristianas le son cada vez más ajenas.

Pero vamos con el tema que titulaba el post y sacaré para ello la artillería pesada. Dice la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la Evangelización de 3 de diciembre de 2007:

Además, se evangeliza en países donde viven cristianos no católicos, sobre todo en países de tradición y cultura cristiana antiguas. Aquí se requiere un verdadero respeto por sus tradiciones y riquezas espirituales, al igual que un sincero espíritu de cooperación. «Excluido todo indiferentismo y confusionismo así como la emulación insensata, los católicos colaboren fraternalmente con los hermanos separados, según las normas del Decreto sobre el Ecumenismo, en la común profesión de la fe en Dios y en Jesucristo delante de las naciones – en cuanto sea posible – mediante la cooperación en asuntos sociales y técnicos, culturales y religiosos»

Señores, el ecumenismo se demuestra andando, y el primer signo para que el mundo crea es que “sean uno” y dónde podemos ser uno sino en proclamar al mundo que Jesucristo es Señor y que nos salva. Como dice la nota, sin indiferentismo ni confusionismo, pero colaborando fraternalmente.

Ahora bien ¿quien lleva esto a la práctica? Que yo sepa esto sólo se ve en Taizé y en los Focolares, movimientos cristianos nada desdeñables en número e importancia.

Falta reflexión en la Iglesia Católica para redescubrir cuál es el núcleo del anuncio cristiano, el Kerigma, y así darse cuenta de que el kerigma es el mismo para todos, por lo que se puede anunciar y vivir conjuntamente con otros cristianos, sin perjuicio del necesario y posterior seguimiento catequético.

Por escandaloso que suene, la Eucaristía no convierte al mundo, sino que alimenta a los convertidos. Hay que volver al Bautismo, la experiencia primera de conversión y derramamiento del Espíritu Santo, el cual por cierto tenemos en común todos los cristianos, para luego seguir construyendo hasta la cumbre de la vida cristiana.

Por todo esto los Cursos Alpha se pueden usar en todas las confesiones cristianas, y al no ser más que un método de evangelización para las iglesias y comunidades locales no promueven el ecumenismo directamente, sino el anuncio cristiano y la evangelización de las naciones, cada cual en su casa y desde su parroquia.

SEGUIR LEYENDO

sábado, 11 de julio de 2009

Misioneros: ¿es adecuada la formación que reciben?


Publicado por Vida Nueva

La misión ad gentes exige del misionero y de la propia Iglesia una adecuada formación, pero ¿resulta útil o no para enfrentarse luego a los diversos escenarios de la realidad? Coincidiendo con la Semana de Misionología de Burgos, los ‘Enfoques’ reflexionan sobre una cuestión decisiva para revitalizar la pastoral y salir al encuentro de las culturas. El javeriano Luis Pérez cree que la formación es útil “cuando enraíza a la persona creyente en lo fundamental, cuando la mantiene abierta al encuentro, cuando no se considera terminada”. Por su parte, el teólogo Eloy Bueno estima que la formación es necesaria en el misionero y en las Iglesias “para descubrir la profecía que hay en el carisma misionero: la pasión de Dios por todas sus criaturas, la protesta ante lo existente y la denuncia de toda resignación…” y habla de tres ejes fundamentales en dicha formación.

El primero de esos ejes pasa por “respirar con gozo el horizonte universal del proyecto de Dios” y “dejarse envolver por el dinamismo que empuja a la solidaridad con la entera familia humana“. En segundo lugar, Bueno habla de vivir “con admiración la experiencia de engendrar nuevos cristianos y nuevas Iglesias“, y en tercer lugar es necesario “situar las urgencias (y agobios) en el más amplio escenario de una Iglesia mundial que existe como comunión de Iglesias que anuncian el Evangelio en todos los rincones de nuestro mundo”. Desde el punto de vista teológico, considera fundamental “situar la vocación y el carisma como ministerio imprescindible en el misterio de Dios, es decir, en el proyecto de Dios y en el destino de un mundo fascinante”. Asimismo, Eloy Bueno apunta que “para vivir entre el proyecto de Dios y el contexto real es necesaria una espiritualidad que ayude a caminar según la lógica del Espíritu“.

El Javeriano Luis Pérez considera que la formación que se da a los misioneros ha mejorado mucho, pero admite que “no ha podido, en ocasiones, eliminar los fracasos: abandonos, personas inadaptadas, sensación de que la formación recibida no ha sido la adecuada, búsqueda continua de ‘especializaciones’ para llenar lagunas…”. Habla del “encuentro-comunión” como una categoría que podría ayudar a enmarcar un proyecto vocacional misionero, pero para que dicho encuentro se produzca “hay que tener un corazón abierto, disponible, propicio al cambio, consciente de que no lo somos ni lo sabemos todo, acogedor, abierto a la comunión“. Concluye que si la formación ha preparado al misionero para dicho encuentro “entonces la formación sirve y la formación continúa; no se termina nunca”.

SEGUIR LEYENDO

lunes, 6 de julio de 2009

Son hijos y hermanos... Sin embargo, me gusta llamarles “padre”

Publicado por Entra y Verás

El Año Sacerdotal está recién inaugurado. La autora transcribe su experiencia de cariño y cercanía a los sacerdotes a quienes prefiere llamar "padres".

Ahora que comienza el Año Sacerdotal, quiero compartir con ustedes, una nueva escritura dedicada a quienes son un tesoro en nuestra Iglesia.
Me gusta llamarles “padre”. Sea joven o viejo, presbítero, obispo o cardenal, para ti, para mí y para todos en la Iglesia, ellos son padres. Será quizás la añoranza de Dios, será el deseo de verle ya, aquí mismo, entre nosotros; será la orfandad que sentimos en un mundo que se aleja y nos arrastra, será que en ellos buscamos el sentido y la razón…

Me gusta llamarles “padre”; para saberme hija, para ser niña, para reconocer en voz alta que necesito de su consejo y guía, de la Palabra que dicen y del Pan que nos dan. “Padre”… Cada vez que digo “padre”, quisiera que escucharan mi corazón asustado, hambriento y necesitado de Dios.

No es que yo quiera hacer a los presbíteros responsables de mi vida, pero es que soy hija, y cada vez que les llamo “padre”, les pido en nombre mío y de los demás el auxilio de Dios, aunque no se lo diga, y aunque parezca que todo va bien en mi vida interior.

“Padre”, en nombre de Jesús te pido que me exhortes, que me interpeles, que me confrontes, que me aconsejes, que me corrijas, que me confortes; que en nombre de Jesús, con su Palabra, me consueles.

Cada vez que me veas llegar, cada vez que te salude y te diga “padre”, sábete que en mí tienes una hija que te ha de seguir y cuidar. Basta que yo escuche a Jesús en tus palabras, que yo le mire en tu servicio, que yo le bese en tu mano, para que viva la experiencia de ser madre y hermana de nuestro Señor.

“Padre”, qué cosa tan linda el privilegio que tienes al ser “padre”. Qué Dios tan generoso: eligió a una mujer para encarnar en ella, y la Madre le alimentó para que fuese él nuestro Alimento, sólo faltabas tú. ¿Quién, si no tú, convocado desde el cielo, me iba a dar el Pan eterno? Jesús te eligió y yo contigo celebro.

El Padre bueno te creó para Cristo y Cristo te pidió, precisamente a ti, que nos dieras a todos el más Caro Alimento: al mismo Dios en ese pedacito de trigo y agua, que sólo en ti está la gracia de consagrar. Y Aquel que en tus manos se ofrece enterito por mis pecados, es el mismo que se hace Pan para buscar en mi corazón el cielo.
“Padre”, tú me das a Jesús y es imposible no decirte que te quiero. Si eres anciano, te quiero, y si eres joven, también te quiero. Pero ¿sabes, “padre”? eres parte de mi vida toda…

Desde niña, supe que al mirarte, sería más fácil para mí conocer a Jesús. Me basta ver la alegría con la que predicas en la Misa, la ternura con la que saludas a niños y ancianos, el cariño que sientes por las familias, la compasión por las mujeres solas, la amistad con los muchachos, el dolor con los enfermos, la audacia con los albañiles que reparan el templo, la severidad con la que pones límites, el celo que sientes por la verdad, la justicia y la paz, la austeridad con la que vistes, la sencillez de tu trato, la firmeza con la que corriges, la pureza de tu mirada, la frescura de tu sonrisa, para saber que mi Amado Jesús plenifica tu existencia.

“Padre”, a quien tú y yo amamos es al mismo Jesús. Por eso te pido que dormido y despierto lo alabes. Santifica el nombre del único Dios por quien vivimos, del único Dios en quien descansa de veras nuestro amor.

Cuando te veo huir de tanta gente que te pide algún favor, entiendo muy bien que necesitas irte a hacer oración, que ya quieres estar en silencio para un nuevo encuentro con Dios, con Aquel que te ilumina para hacerte sabio, con el Espíritu Santo que te fortalece, para seguir trabajando por el reino de Dios.

¿Crees que no me doy cuenta? los hijos sabemos más de los padres que los padres de nosotros. Nuestra mirada está fija en ustedes, en cambio los hijos somos muchos y a veces solemos escaparnos. Y aunque ustedes no sepan qué cosa es lo que nos pasa o dónde estamos, por nosotros rezan y nos esperan siempre, con los brazos abiertos.

“Padre”, gracias por poner tu humanidad entera para que Dios sea en ti y con nosotros. Gracias, “padre”, gracias por haber dicho sí a nuestro Padre. No creas que se me olvida que soy hija, pero también madre y hermana. Yo también rezo por ti y me duele que algunos te hieran. No hagas caso de las ofensas de quienes te insultan y se burlan de ti, porque no conocen o no comprenden la misión que has recibido. Pon la otra mejilla, no lleves cuenta del mal, canta y camina. Da gracias a Dios por todo, y bendice a tu agresor, que para estar con Cristo bastan dos.

“Padre”, vine a secarte el sudor, a lavarte los pies con mi llanto, a recordarte que Jesús resucitó, a darte de beber, a tocar tu manto, a pedirte que reces por mi hija, a traerte a mi niño enfermo, a invitarte a comer con mis amigos y mis padres, a pedirte que traigas vino de amor a nuestra fiesta… “Padre”, en todos los que te acompasamos en tu servicio, escucha la voz de los amigos de Jesús, a quienes él mismo nos ha encomendado cuidar tu corazón.

Este Año dedicado a tu ministerio, rezaré por ti con más devoción, con más entrega, con más cariño. Doy gracias a Dios y a la Iglesia por haberte consagrado enteramente a su servicio y me comprometo contigo a ser en Cristo ese pedacito que me ha asignado dentro de Su Cuerpo Místico, para que no falte lo que de mí para ti y a tu lado, he de hacer en comunión fraterna, para que se note la presencia de Jesús en este mundo que gime como dolores de parto por ver la manifestación de los hijos de Dios.

Te quiero, padre. Cuenta con mi respeto y cariño. Amén.

Tere García Ruiz, México

Artículo publicado en el semanario Desde la Fe, oficial de la Arquidiócesis de México.

SEGUIR LEYENDO

domingo, 5 de julio de 2009

Última certeza

Benjamín González Buelta
Publicada Por Pastoral SJ

El profeta, el enviado de Dios, el vocero que anuncia y denuncia en nombre de Dios, desgrana estas letras comparándose con el ímpetu de una ola.


Soy una ola de tu océano
rodando en la superficie de la historia.

No sé si acabaré mis días
rompiéndome en pedazos
contra el acantilado hostil,
o si me iré extinguiendo
como espuma sobre la playa serena.

No sé si seré una protesta
explotada como un trueno
ante tanto arrecife de injusticia,
o si me agotaré en paz
entre la arena tibia
del pueblo que me acoge.

No sé si volveré a ti
roto en mil gotas desangradas,
o si me fundiré contigo
en la intimidad de la bahía.

Pero es mi saber más hondo,
que ya ahora recibo de ti
desde el fondo del océano,
todo el vigor que me construye
y todo el impulso del viaje.

SEGUIR LEYENDO

jueves, 2 de julio de 2009

Responsabilidad y Corresponsabilidad


La vocación -a la fe cristiana, y a ese modo original de vivir la fe, que es la vida consagrada- es una llamada estrictamente personal. Una llamada de amor y, por eso mismo, un verdadero don, mucho más que una exigencia. Y, al ser don, es enteramente gratuito; y, por lo mismo, irrevocable, sin posible arrepentimiento, como recuerda san Pablo (cf Rom 11, 29).

Dios, al llamar, capacita de verdad para responder a esa llamada. Es decir, hace a la persona responsable, en el doble y complementario sentido de la palabra. Porque la hace capaz de responder y la urge a responder. La gracia se hace compromiso. El don se convierte en quehacer.

El vocablo responsabilidad -que es, tal vez, el que mejor define la naturaleza propia y el 'misterio' más hondo del ser humano, varón o mujer- proviene del verbo latino respondere, que expresa la acción recíproca de spondere: empeñarse, obligarse, prometer y compro­meterse. La responsabilidad es, pues, capacidad y obligación de responder de algo; pero, sobre todo, a alguien y ante alguien: la propia conciencia, las demás personas y, en definitiva, a Dios.

Pero la vocación de Dios, entendida sobre todo como don de amor, no aísla nunca a la persona, no la separa de los demás, sino que la congrega, la une a otras personas. Los dones personales se convierten en dones comunitarios, porque se reciben y han de vivirse en relación profunda de unos con otros. La vocación se hace convocación. Y, en consecuencia, la responsabilidad se hace corresponsabilidad. Nadie está llamado a responder en solitario, sin ninguna relación con otros. Los dones cristianos crean siempre comunión y han de vivirse siempre en profunda comunión. Ante todo, en esa gran Comunión original -icono de la Comunión Trinitaria- que es la Iglesia, y en la que se integran todos los dones y carismas. Y, de un modo especialmente significativo, en la vida consagrada.

Los ‘consejos’ evangélicos, entendidos como carismas vitales, es decir, como dones especiales de gracia, concedidos por el Espíritu Santo a la Iglesia y, en ella, a determinadas personas, para revivir -de forma visible y real- esas mismas actitudes y dimensiones de la vida Cristo, implican una verdadera koinonía, una nueva y original comunión interpersonal entre las personas que han recibido esos dones y que han sido llamadas a vivir esos carismas. Y, dentro de cada instituto, el patrimonio espiritual, común a todos los miembros del mismo, crea nuevos lazos de comunión y de fraternidad, que se expresan en una nueva y más profunda forma de corresponsabilidad. Conviene, sin duda, recordar que ese patrimonio está constituido e integrado por el carisma fundacional o espíritu del fundador, por la tradición o vivencia comunitaria del mismo carisma, por las tradiciones -sanas, universales y permanente-, que son expresiones y realizaciones parciales de esa tradición y por la misión evangelizadora. Y que todo ello se expresa en espiritualidad o estilo propio de vida, en modo original de existir y de actuar (cf MR 11 y VC 22). No se trata de realidades paralelas o yuxtapuestas. Sino de dimensiones esenciales de la misma realidad. O, si se quiere, de cinco círculos concéntricos, que se explican y se implican mutuamente.

La corresponsabilidad se convierte, para cada religioso y para cada religiosa, en un derecho fundamental y en un deber ineludible. Porque cada uno de ellos tiene el sagrado ‘derecho’ a ser ayudado eficazmente en la respuesta a su personal vocación, por aquellas personas -hermanos o hermanas- que han recibido la misma llamada y el mismo patrimonio espiritual. Y, a su vez, cada uno tiene el ‘deber’ irrenunciable de ayudar a sus hermanos y hermanos en esa misma vivencia y en esa misma respuesta. En consecuencia, nadie puede inhibirse o abdicar de esta responsabilidad, que se ha convertido en necesaria corresponsabilidad.

La mejor y más eficaz manera de ayudar a alguien y de ser ayudado en la vivencia de la propia vocación, es decir en la fidelidad dinámica y creadora a la misma, es amar y ser amado. Pero amar y ser amado de forma inteligente e inteligible, en orden a que la persona no sólo sea de verdad amada, sino que lo sepa, lo perciba y lo experimente. Y no estará de más recordar que amar es querer y procurar eficazmente lo mejor para la persona, reconociendo y respetando, no sólo en teoría, sino en la práctica, la primacía relativamente absoluta de la persona, como imagen viva de Dios, frente a las instituciones, a las leyes, a las estructuras, a las obras y a todo lo demás. “La persona humana, como afirma el concilio, es y debe ser el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales” (GS 25).

Existen formas esenciales y elementales de amor, que resultan perfectamente inteligibles para cualquier persona: la alegría por el bien que la persona tiene; el sufrimiento por el bien que ha perdido; la promoción eficaz de su realización humana y de su formación integral; la confianza, la sinceridad, la escucha, el diálogo abierto, el respeto sagrado, la capacidad de secreto, la colaboración activa y responsable -no de persona a instrumento, sino de persona a persona-, la subsidiariedad y la corresponsabilidad, la delicadeza, la atención, el interés por todo lo que atañe a cada persona, etc. etc.

Hace ya muchos años -en 1980- escribí: “Hay que recordar que cada uno es responsable no sólo del don que él ha recibido, sino también de la vocación de los hermanos, como ellos lo son de nuestra propia vocación. Nadie puede vivir en solitario, desentendiéndose de los otros. Y, menos todavía, en una vida que es por su misma naturaleza con-vocación y con-vivencia. No es honesto, ni responde a la verdad objetiva…responsabilizar exclusivamente a cada religioso o religiosa de la posible ‘pérdida’ de su vocación. El sentido de ‘inocencia’ que conservan algunas instituciones y sus representantes frente a las numerosas ‘salidas’ de la vida religiosa, es más grave aún que el posible complejo de culpabilidad. ¿Podemos afirmar, con verdad, que hemos ofrecido siempre a nuestros hermanos ayuda y comprensión, calor humano y acogida benévola, clima de fraternidad y palabra de aliento? Nuestras instituciones ¿han respondido a las aspiraciones y exigencias de una vida auténticamente comunitaria, al estilo evangélico, de los que en ella han ingresado? Por el contrario, ¿no han contribuido muchas veces -sin pretenderlo, desde luego- a deteriorar la personalidad de los religiosos, estorbando de hecho su plena realización humana? ¿No hemos rendido culto, en ocasiones, a la ley, a normas, usos y costumbres de dudoso valor evangélico, sacrificando el equilibrio humano de las personas y hasta sus mejores inquietudes espirituales? Reconocer el propio ‘pecado’ es la primera condición para el perdón”1.

La comunidad debe ser lugar y modo privilegiado de relaciones humanas, de participación activa, de corresponsabi­lidad, de apoyo y afectos mutuos, de auténtica caridad teologal. Ella es el ámbito propio no sólo de la auténtica observancia regular, sino también y principalmente, de la verdadera fidelidad de todos y de cada uno al designio amoroso de Dios y a las mejores aspiraciones personales.

Como ha recordado oportunamente el magisterio de la Iglesia: "Si se necesita una cierta madurez para vivir en comunidad, se necesita igualmente una cordial vida fraterna para la madurez del religioso. Cuando se advierte una falta de autonomía afectiva en el hermano o en la hermana, la respuesta debería venir de la misma comunidad en términos de un amor rico y humano como el del Señor Jesús y el de tantos santos religiosos, un amor que comparte los temores y las alegrías, las dificultades y las esperanzas con ese calor que es propio de un corazón nuevo, que sabe acoger a la persona en su totalidad. Este amor solícito y respetuoso, no posesivo sino gratuito, debería llevar a experimentar de cerca el amor del Señor, ese amor que llevó al Hijo de Dios a proclamar, a través de la Cruz, que no se puede dudar de ser amados por el Amor" (VFC 37).

1. S. Mª Alonso, C.M.F., La vida consagrada: Síntesis teológica, Madrid, 1980, 6ª ed., pp. 129-130; ID., ibid., Madrid, 2001, 12ª ed., p. 210.

SEGUIR LEYENDO


WebJCP | Abril 2007