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martes, 17 de mayo de 2011

Obispos latinoamericanos frente a desafíos pastorales del continente


ASAMBLEA GENERAL DEL CELAM EN MONTEVIDEO

6 cardenales y unos 50 obispos de 22 episcopados buscan estrategias misioneras y evangelizadoras para una de las regiones con mayores desigualdades sociales del mundo. También cómo "renovar" la fe de la mayoría católica. Habrá cambio de autoridades.

El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) inauguró anoche en Montevideo su XXXIII Asamblea Ordinaria con un llamado a los obispos a ofrecer "una fe renovada" para ayudar a enfrentar "los desafíos enormes del continente".

La Asamblea se inauguró con una misa en la catedral de Montevideo presidida por el cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Comisión para América Latina del Vaticano.

Durante su homilía, Ouellet recordó al beato Juan Pablo II, a quien calificó de "discípulo y misionero ejemplar".

"Animados por el ejemplo del beato Juan Pablo II entreguémonos entonces con entusiasmo a la gran misión continental que moviliza nuestras diócesis, en el espíritu de la nueva evangelización predicada por él y por su sucesor Benedicto XVI", sostuvo el cardenal.

Ouellet añadió que "la contribución esencial de la Iglesia ante los desafíos enormes del continente, desafíos de la justicia y de la paz, consiste en ofrecer la luz de Cristo y una fe renovada en la palabra de Dios".

La XXXIII Asamblea Ordinaria del CELAM -que se desarrollará hasta el viernes 20 en Montevideo- eligirá a una nueva directiva y debe aprobar el plan global para el próximo cuatrienio.

De los 75 participantes de la Asamblea, seis son cardenales y alrededor de 50 son obispos de los 22 episcopados de América Latina y el Caribe.


Publicado por Valores Religiosos

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lunes, 13 de septiembre de 2010

Simposio latinoamericano y caribeño: ‘Espiritualidad cristiana de la ecología’


Por CELAM *
Publicado por Adital

DEPARTAMENTO DE JUSTICIA Y SOLIDARIDAD
CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO

Declaración final

Nosotros, como discípulos misioneros de Jesucristo nuestro Señor, convocados por el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), provenientes de 16 países de América Latina y El Caribe, Alemania e Indonesia, reunidos en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, los días 21 al 24 de agosto de 2010, en estudio y oración, hacemos llegar nuestra preocupación y reflexión a quienes tienen en sus manos el poder de decisión, organismos multinacionales, académicos, empresarios, comunicadores, líderes de diversas organizaciones sociales, a nuestras comunidades cristianas y a nuestros pueblos:

1. Nos interpela el proceso creciente de concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos, amenazando los territorios de los pueblos. Parte de esta amenaza se debe al avance del uso por industrias extractivas y de producción de agrocombustibles, entre otras, porque prevalece una lógica económica del mero interés o beneficio, en desmedro del vivir bien de los pueblos. Nos preocupa la ocurrencia frecuente de actos corruptos en el proceso de concesión de territorios y sin la consulta debida a los pueblos que los habitan.
2. La enorme biodiversidad de América Latina y El Caribe ofrece servicios ambientales para todo el planeta, hecho que trasciende la significación mercantilista actual y que brinda verdaderos beneficios. Esta biodiversidad está siendo aniquilada irreversiblemente: solamente en Amazonía, poco más del 17% de la selva ha desaparecido y la tasa de extinción de especies llega a ser mil veces superior a la histórica1. Asistimos a una creciente destrucción ambiental por deforestación, contaminación debido a residuos industriales y urbanos, minería a cielo abierto, monocultivo extensivo, el avance de la desertificación, extracción de hidrocarburos, entre otros, que afectan asimismo recursos vitales para los pueblos, como son el agua dulce y provisión natural de alimentos, especialmente entre los más pobres.

3. Los estilos de vida predominantes en una parcela de la humanidad, de consumo desmedido, conllevan a un desequilibrio entre la creciente demanda de recursos naturales, renovables y no renovables, y la disponibilidad de la tierra -junto al riesgo de aniquilación de la biodiversidad- así como también, el agotamiento de energías de bajo costo que amenazan el desenvolvimiento de las sociedades en el mediano plazo. Diversas catástrofes ambientales sobre el planeta, tanto naturales como antropogénicas, en las últimas décadas dan prueba de ello. Asimismo estas catástrofes -tal como el calentamiento global y sus efectos de fenómenos meteorológicos severos en el contexto de cambio climático (sequías, inundaciones, tormentas, etc.)2 y la contaminación de aguas y suelos, debido a la producción irresponsable, entre otras- y el despojo forzado de territorio provocan la ocurrencia de numerosos desplazados y refugiados ambientales que genera aún más pobreza.

4. Unido a ello, la actividad económica predominante en las culturas tecnológicamente desarrolladas, bajo la lógica de la eficiencia, maximización de la ganancia en pocas manos y socialización de la pérdida, se caracteriza por el olvido de la dimensión sagrada y espiritual de la naturaleza -como parte de la creación amorosa de Dios fuente de Vida- y de la gratuidad de los bienes y servicios ofrecidos por ella (Cf. CIV 37). Se evidencia la falta de responsabilidad en el manejo de las fuentes de energía y recursos naturales que se van agotando bajo patrones de producción y consumo insustentables que no asumen los costos ambientales presentes que terminan siendo pagados por los pobres y ponen en peligro la supervivencia de generaciones presentes y futuras3.

5. Frente a esta realidad, reafirmamos nuestra fe en un Dios Creador amoroso de todo lo existente, que es el único Señor de la tierra (Cf. Sal. 23, 1-2). Él ha encomendado esta creación a los seres humanos, semblantes de las cualidades de su Creador, para su guarda y su cultivo (Cf. Gn. 2,15). En esto se sustenta el principio del destino universal de los bienes. De ello se deriva la lógica del don y la gratuidad que ha de regir las relaciones y actividades humanas, entre ellas, la económica, bajo la forma de un uso responsable de los ambientes con el fin de promover y garantizar el bien común para todos los seres humanos así como la Belleza, la Bondad y la Verdad presentes por doquier en el don de la Creación (CIV 50, 51).

6. Como seguidores creyentes de Jesucristo, que en su camino por la historia unió el Cielo y la Tierra restaurando la sacralidad de lo creado, aprendemos que la creación es camino hacia Dios a través de los consejos evangélicos de justicia, paz y reverencia. Aunque hoy por hoy es evidente que ella está afectada por el pecado que la introdujo en un proceso de sufrimiento comparable a los dolores de un parto, sin embargo la creación conserva la esperanza de participar de la gloriosa libertad de los hijos e hijas de Dios. Esta esperanza nos anima y se fundamenta en la fuerza activa del Espíritu Santo presente en cada ser humano que espera la redención (Cf. Rom. 8, 18-25). Para ello es necesario tomar conciencia de la singularidad de la persona humana en relación armónica con la creación y su Creador, encauzando una nueva espiritualidad cósmica que recupere una sana convivencia con la naturaleza. Promover la conversión ecológica nos permitirá caer en la cuenta del valor intrínseco de la creación en la economía global de salvación obrada por Dios Padre creador en Jesucristo (Cf. DA).

7. Ante estos desafíos de la realidad en nuestro continente, necesitamos recuperar la actitud contemplativa. Es nuestra tarea ayudar a despertar en las personas y comunidades una conciencia sensible al cuidado responsable de la naturaleza, como lugar sagrado que provoca sensiblemente el descubrimiento de Dios para nosotros y las generaciones futuras. Junto a los hombres y mujeres de la tierra, el territorio, los ambientes naturales en ellos ubicados y la respectiva biodiversidad, son todos aspectos intrínsecamente unidos al don de la creación que Dios posibilita y sustenta para el desarrollo integral de la persona humana y de los pueblos de todos los tiempos.

8. Esto nos impele a la preservación de las cualidades que garantizan la prolongación vital y la riqueza de la biodiversidad en la tierra. Para ello todas nuestras tareas eclesiales, catequesis, predicación, celebraciones y demás actividades pastorales, técnicas, académicas y profesionales, deben orientarse a privilegiar la conversión ecológica como dimensión integral de la fe. Asimismo se deben favorecer experiencias de la fraternidad cósmica en contacto con Dios Creador, en la dinámica que animó a San Francisco de Asís, patrono de la ecología. La espiritualidad popular, la oración personal y comunitaria, las celebraciones litúrgicas inculturadas, y la profunda vivencia de los sacramentos en clave ecológica, son lugares privilegiados para experimentar la acción del Espíritu de Dios y la iniciativa gratuita de su Amor (Cf. DA 263).

9. En este sentido, constatamos la necesidad de conocer mejor y acoger la sabiduría milenaria de los pueblos indígenas de nuestro continente; sobre todo de su experiencia de fe que nos permite aprender de su relación de armonía y comunión con Dios, los seres humanos, la naturaleza y los demás seres de la creación. Esto supone cultivar la actitud contemplativa frente a los bienes de la creación como don de Dios.

10. Como Iglesia profética, consideramos que es urgente priorizar una economía de las necesidades humanas que sea justa, solidaria y recíproca (Cf. CIV 35), y de políticas de desarrollo humano integral que respeten el derecho de los pueblos y preserven las cualidades vitales de los ambientes naturales. Para ello es necesario denunciar el impacto negativo de los megaproyectos económicos y de infraestructura, así como promover y exigir el monitoreo empresarial, estatal y civil, esclareciendo las situaciones ilegales e inmorales. Nos urge encontrar mecanismos de incidencia en los poderes públicos nacionales e internacionales en defensa de los derechos humanos.

11. Tanto en nuestras comunidades locales, dentro del marco de la misión continental de la Iglesia en América Latina y El Caribe, y especialmente en la familia, iglesia doméstica, es tarea promover una cultura de la austeridad/sobriedad, sencillez y alegría como alternativa saludable, ecológica, tanto individual como colectiva, a través de la producción orgánica, eco-amigable, y el consumo responsable, el reciclado, el uso adecuadamente aprovechado de bienes, y la educación por el respeto de la naturaleza que posibilite condiciones presentes de justicia social y la vida de las generaciones futuras (Cf. CIV 51).

12. Finalmente reconocemos que el cultivo de la actitud contemplativa, como camino de conversión personal que descubre a Dios presente en cada creatura, no es tarea fácil pero es esencial para una auténtica sanidad personal y ecológica. Este proceso de cambio de mentalidad de la cultura dominante requiere que se favorezcan experiencias de Dios como único Bien, irresistible, supremo, frente a otras ofertas superfluas de la economía consumista. Por tanto, debemos crear o facilitar espacios eclesiales dentro de nuestras grandes urbes que nos permitan redescubrir el paso de Dios en la creación, a través del contacto directo con la naturaleza y el sufrimiento humano, lo cual será piedra de toque de nuestra pequeñez y vulnerabilidad.

A la Virgen María, Nuestra Señora de Guadalupe, fiel discípula del Señor y guardiana de los dones de Dios, encomendamos el cuidado maternal de los bienes de la creación. Con ella y como ella nos hacemos testigos portadores del Amor de Dios que se manifiesta en la entera creación, para la vida de toda la humanidad, especialmente los más pequeños amados de Dios.

Buenos Aires, 24 de agosto de 2010

Fiesta de San Bartolomé, Apóstol.

Notas:

(1) Cf. The International Union for Conservation of Nature (IUCN), Global Biodiversity Outlook 3, Montreal (2010), 93p. (http://www.iucn.org).
(2) Cf. IPCC, 2007: Intergovernmental Panel on Climate, Climate Change 2007: The Physical Science Basis. Third assessment report: Contribution of Working Group I. Solomon, S., D. Qin, M. Manning, Z. Chen, M. Marquis, K.B. Averyt, M. Tignor and H.L. Miller (eds.): Cambridge University Press, Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA, 996 pp.
(3) Cf. Cf. World Watch Institute, Green Economy Program, (http://www.worldwatch.org/programs/global_economy)


* Consejo Episcopal Latinoamericano. Departamento de Justicia y Solidaridad

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jueves, 16 de julio de 2009

I Encuentro Latinoamericano de Animación Bíblica de la Pastoral


“La Palabra de vida, fuente de discipulado y misión”

BOGOTÁ, jueves, 16 julio 2009 (ZENIT.org).- Del 9 al 12 de julio celebró el Primer Encuentro Latinoamericano de Animación Bíblica de la Pastoral, en Bogotá, Colombia, con el lema "La Palabra de vida, fuente de discipulado y misión". A su término los participantes hicieron público un mensaje. El encuentro fue organizado por el Centro Bíblico de Pastoral de América Latina (CEBIPAL), dependiente del CELAM.

En el encuentro se han reunido obispos y directores de Animación Bíblica de la Pastoral (sacerdotes, religiosas, y laicos) de las Conferencias Episcopales de México, Costa Rica, Panamá, Cuba, República Dominicana, Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina, Chile y Colombia, para ver, reflexionar y proyectar la Animación Bíblica de la Pastoral de la Iglesia (ABP), informa el CEBIPAL.

"Hemos querido compartir con el pueblo de Dios que peregrina en estas tierras, nuestras reflexiones y conclusiones", dice el mensaje.

Se dicen inspirados por los documentos del Magisterio de la Iglesia: la Dei Verbum del Vaticano II y el Documento de Aparecida, así como las experiencias de los anteriores encuentros regionales de Pastoral Bíblica.

"La reflexión sobre el caminar de la Pastoral Bíblica en nuestras Iglesias -afirman- nos ha permitido comprobar las fortalezas y debilidades, las oportunidades y desafíos que nos animan e impulsan en nuestra labor pastoral".

Observan que en los últimos años, "por una parte, la Pastoral Bíblica se entiende como el proceso de animación bíblica de la vida pastoral de la Iglesia y, por otra, que se ha dado un salto cualitativo en la compresión de esta animación, en el sentido de que la Palabra de Dios es la fuente o el alma de la vida de la Iglesia, como lo es la Eucaristía (DV21)".

"La Biblia es, en consecuencia, una mediación entre el autor sagrado, por quien nos llega la Palabra de Dios, y el lector cristiano. Nuestro camino ha conducido al surgimiento de un nuevo paradigma de la Pastoral Bíblica", añaden.

Entre las fortalezas que han compartido los participantes está "el despertar del pueblo de Dios a la escucha, meditación, oración y puesta en práctica de la Palabra; la experiencia de Lectio Divina; los diversos materiales de ABP que cada Iglesia particular está generando; la Semana o Mes de la Biblia que prácticamente se celebra en todos los países con gran acogida; las comisiones nacionales de pastoral bíblica, por lo general en conjunto con la Catequesis; los idearios u orientaciones de Pastoral Bíblica en algunas Iglesias".

Consideran "como una de las grandes oportunidades la participación del pueblo fiel en la celebración litúrgica de la Palabra y de la Eucaristía".

Proponen "a los sacerdotes un mayor interés en preparar las homilías, más centradas en la Palabra de Dios, según la invitación que nos hace Aparecida".

Con Benedicto XVI, indican, "los sacerdotes debemos preguntarnos: ‘¿Estamos realmente impregnados por la palabra de Dios? ¿Es ella en verdad el alimento del que vivimos, más que lo que pueda ser el pan y las cosas de este mundo? ¿La conocemos verdaderamente? ¿La amamos? ¿Nos ocupamos interiormente de esta palabra hasta el punto de que realmente deja una impronta en nuestra vida y forma nuestro pensamiento?'".

Aseguran que la ABP "está dando origen a la formación de discípulos misioneros que [tal como afirma Aparecida] ‘anhelan nutrirse con el Pan de la Palabra: quieren acceder a la interpretación adecuada de los textos bíblicos, a emplearlos como mediación de diálogo con Jesucristo, y a que sean alma de la propia evangelización y del anuncio de Jesús a todos'".

Consideran imperativo, por tanto, "que los fieles tengan amplio acceso a la Palabra de Dios, adquiriendo, ante todo, el libro de la Biblia y contando con subsidios que les permitan iniciarse en su lectura, para que alcancen la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, Palabra encarnada del Padre, centro de toda la Escritura".

Ven con claridad "cómo en nuestras diócesis crece el número de agentes de pastoral, desde los laicos y consagrados hasta los presbíteros, que reclaman una mejor formación bíblica, que los capacite para una acción misionera en conformidad con la conciencia de una nueva evangelización, cuya expresión más amplia y profunda se realice en la Misión Continental".

Por último, regresan a sus Iglesias particulares "con ánimo firme y renovada esperanza en que el recorrer de la ABP en los próximos años, hará arder los corazones de los creyentes convirtiéndolos en discípulos misioneros que anuncian el Reino de Dios para la transformación de la realidad de nuestros pueblos. En nuestro caminar nos acompaña la Virgen María, primera discípula de Jesús, la oyente fiel cumplidora de la Palabra".

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viernes, 29 de mayo de 2009

Estudio Bíblico Dominical: INUNDADOS POR EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO


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lunes, 18 de mayo de 2009

Comienza la "conversión" misionera de la Iglesia en Latinoamérica

Mensaje de la XXXII Asamblea Plenaria del CELAM

MANAGUA, lunes, 18 mayo 2009 (ZENIT.org).- Los obispos representantes de las 22 Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe, convocados para la Asamblea Intermedia del cuatrienio 2007-2011 en Managua, Nicaragua, al final de la misma han hecho público este 15 de mayo un mensaje titulado "Para que Nuestros Pueblos en Cristo tengan Vida en Abundancia".
Los obispos reunidos "dentro del hermoso y consolador tiempo de la Pascua" afirman, en primer lugar, haber "orado y reflexionado juntos del 12 al 15 de mayo" y haber "experimentado la comunión y el espíritu fraterno que nos ha hecho recordar el ambiente vivido en la Quinta Conferencia General celebrada hace dos años en Aparecida".

Por ello quieren transmitir su experiencia "con gran esperanza para consolarnos mutuamente ante tantas adversidades y dolores por los que atraviesan nuestros sufridos pueblos de Latinoamérica y El Caribe".

Los prelados han considerado y valorado el camino recorrido desde su última Asamblea, "constatando y dando gracias a Dios Padre por seguir derramando su Espíritu Santificador en nuestras Iglesias particulares, prolongando el renovado Pentecostés que experimentamos en Aparecida".

Afirman ser "conscientes de las dificultades y las resistencias que implica la renovación de las estructuras eclesiales para que sean misioneras, y la formación de los agentes de pastoral (presbíteros, consagrados y laicos) para que sean discípulos misioneros". Pero reconocen que "la conversión pastoral está calando y nuestras Iglesias están respondiendo. El llamado firme que hizo Aparecida para realizar la Misión Continental está fructificando".

En Aparecida, recuerdan, "se afirmó con claridad que la Diócesis es el lugar privilegiado para vivir la comunión (DA 164 -169)". Al respecto reconocen y valoran "los esfuerzos que se han hecho en los distintos niveles para promover la comunión. Por ejemplo, entre la Vida Consagrada y las Diócesis, entre los Movimientos Apostólicos y la Pastoral Diocesana. El testimonio de unidad en la Iglesia en los tiempos actuales se convierte en piedra angular para dar un testimonio creíble a la sociedad".

Los obispos reunidos en Managua constatan "que las actividades del CELAM se han orientado con sincronía para impulsar la Misión Continental".

Aprecian "el esfuerzo que han hecho los diferentes organismos del CELAM para reorientar los tradicionales quehaceres y poner a nuestras Iglesias en estado de Misión".

El CELAM, afirman, "tiene la preocupación de servir a las Conferencias Episcopales con la convicción de que la Misión Continental ofrece la providencial oportunidad de contemplar a Cristo Resucitado, quien ha garantizado la victoria del bien sobre el mal. En Él nuestros pueblos fortalecen la esperanza cristiana y afrontan con alegría y confianza cualquier adversidad".

Esta percepción, añaden, "exige el mejor de nuestros esfuerzos para fortalecer el camino y articular los diferentes procesos. Compartir las experiencias es una clave para que dentro de la pluralidad se mantenga la unidad".

También han constatado que "la intensidad de la Misión Continental se está dando en la vida interna de la Iglesia; en cambio, es todavía incipiente la conciencia y el compromiso de muchos fieles laicos para que también en sus ambientes de trabajo (economía, política, educación y cultura, medios de comunicación social, etc.) se conviertan en discípulos misioneros; y como tales, expliciten la conciencia de ser enviados y realicen en comunión su misión".

Ellos, añaden, "como fieles laicos cristianos, tienen la principal responsabilidad de promover la ética como punto de referencia indispensable en una sociedad plural, y en el actual contexto de crisis global podrá así, favorecerse la permanencia de los valores del Evangelio en la cultura latinoamericana y caribeña".

Al compartir las realidades de sus países, los obispos han constatado "los desafíos del momento actual: la crisis económica global, el repunte de la pobreza en varios países, cierto desencanto de la democracia que ha llevado a la búsqueda de nuevos modelos políticos mezclados con populismo, la fragilidad de nuestros Estados para garantizar plenamente los derechos humanos, la corriente secularista que silencia valores religiosos y morales, pretendiendo relegar a la Iglesia de su responsabilidad para colaborar en una cultura centrada en la dignidad de la persona humana, garantizando la vida desde la fecundación hasta la muerte natural".

Han recordado "con gratitud a Dios el aporte histórico de la Iglesia Católica al haber creado una cultura fundante con los valores del Evangelio, que ha sido el alma de nuestros pueblos y ha edificado un tejido social con identidad, fraterno, solidario y abierto más allá de sus fronteras".

Y manifiestan que les "duele constatar la embestida en varios de nuestros países, que arguyendo progreso y desarrollo, pretenden llevarnos a la dictadura del relativismo".

Afirman que "movidos por la respuesta pastoral al llamado de Aparecida, con renovado espíritu profético y recordando las palabras de Jesucristo" en las bienaventuranzas, sienten "un compromiso mayor con nuestros hermanos en el Episcopado que han sido objeto de calumnia, de descrédito, e incluso de violencia, también con tantos otros Presbíteros, Consagrados y Fieles que de manera heroica dan su vida por el Evangelio; a todos ellos, les expresamos nuestra solidaridad y los animamos a continuar con su testimonio para manifestar que Cristo es el Señor de la Historia".

Y concluyen afirmando: "Nuestros Pueblos están destinados a tener vida y vida en abundancia, para eso dio la vida Jesús, el Pastor de los pastores. Él nos ha llamado, para poner en camino a la Iglesia peregrina y poder así cumplir el proyecto de Dios Padre propuesto en Cristo".

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lunes, 11 de mayo de 2009

Nicaragüa: comienza este martes la 32º Asamblea del CELAM


Medio centenar de obispos llegados de 22 países de la región se reunirán durante toda la semana en Managua. Presidirá el encuentro el cardenal Re, enviado especial del Papa.

La 32 asamblea del Consejo Espiscopal Latinoamericano (CELAM) iniciará este martes en Nicaragua con la participación del cardenal italiano Giovanni Battista Re y medio centenar de obispos de 22 países de la región, confirmaron voceros de la Iglesia católica.

El vocero de la Curia Arzobispal de Managua, padre Rolando Alvarez, dijo a dpa que el encuentro se inaugurará el martes con una misa vespertina en la Catedral Metropolitana, presidida por el cardenal Re, enviado especial del Papa Benedicto XVI.

"Tenemos todo listo para este gran evento", afirmó el sacerdote al señalar que varios obispos católicos invitados continuaron llegando este lunes para asistir a la asamblea que sesionará en la sede del Seminario Mayor, en el suroeste de la capital.

El cardenal Re, prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), llegó en la noche del domingo a Managua y fue recibido por autoridades religiosas y el
vicepresidente de la República, Jaime Morales Carazo.

Está previsto que los obispos ofrezcan una rueda de prensa el próximo lunes para informar sobre los objetivos del encuentro, que según se ha adelantado servirá para evaluar la misión de la Iglesia católica en Latinoamérica, dijo Alvarez.

La reunión, que finalizará el sábado 16 de mayo, congregará a los presidentes de 22 Conferencias Episcopales de la región, que además elegirán al nuevo secretario del CELAM para sustituir al mexicano Víctor Sánchez.

Además del cardenal Re, en la reunión asistirán cuatro cardenales, 50 arzobispos y representantes de organismos de Alemania e Italia que ayudan a parroquias pobres de Nicaragua.

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lunes, 1 de diciembre de 2008

“Para Jesús ninguna vida es desechable”

Declaración de Santo Domingo sobre la misión en las cárceles

SANTO DOMINGO, lunes, 1 diciembre 2008 (ZENIT.org).- "Para Jesús, ninguna vida es desechable", afirma una Declaración leída el 28 de noviembre en la catedral de Nuestra Señora de la Encarnación, Primada de América, en Santo Domingo, República Dominicana, con la que concluyó el VI Encuentro Latinoamericano y del Caribe de Pastoral Penitenciaria.

En la Declaración, los delegados y representantes de los agentes de Pastoral Penitenciaria de los países de América Latina y del Caribe, convocados por el departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), reunidos del 24 al 28 de noviembre de 2008, afirman que están "llamados a ser discípulos misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan Vida".

Los firmantes de la Declaración asumen "el sueño de Dios como nuestra misión en el ámbito de las cárceles, esto es, en una realidad que golpea a todos los sectores de la población, pero especialmente a los más pobres, dado que la violencia es producto de la injusticia, y todos somos responsables del sistema de exclusión en el que viven nuestros pueblos".

"Tenemos el triste privilegio --afirman-- y paradójicamente la gracia de ser testigos de que la inmensa mayoría de las cárceles de nuestro continente son recintos inhumanos, caracterizados por el comercio de armas, drogas, hacinamientos, torturas, crimen organizado y ausencia de programas de humanización. (Cfr. Aparecida 427)".

Los agentes de pastoral en las cárceles latinoamericanas levantan su voz en los espacios sociales de sus pueblos, y "especialmente a favor de los excluidos de la sociedad, (Cfr. La Misión continental para una Iglesia Misionera)". Por eso, siguen "denunciando que el sistema carcelario es inhumano, violento y contrario al proyecto de Dios". Ante las estructuras de muerte, subrayan, "Jesús hace presente la Vida plena. (Cfr. Aparecida 112)!; como profetas, anuncian "el Evangelio de Jesús, el Salvador, que trae Vida Nueva para toda la humanidad (Cfr. Aparecida 102), porque para Él ninguna vida es desechable".

Y citan al Papa León Magno: "Jesús fue tan humano, tan humano, como solamente Dios puede ser humano". "Él asumió toda nuestra realidad -añaden--, se encarnó, se hizo uno de nosotros, y desde allí nos liberó. Por eso queremos nuestra misión sea profundamente encarnada, asumiendo de lleno todas las realidades, también la de la cárcel".

"Como personas de fe -añaden--, creemos en la presencia del Reino de Dios entre nosotros; que es posible una sociedad de hermanos con estructuras justas t solidarias; para ello la Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y la tibieza, al margen de los sufrimientos de los pobres del continente, (Cfr. Aparecida 362) y que se juegue con audacia y creatividad apostólicas, abandonando estructuras caducas que ya no favorecen la transmisión de la fe. (Cfr. Aparecida 365)".

"Queremos que el sueño de Dios sea nuestro sueño: que no existan cárceles; para ello hay que cambiar el modelo de sociedad imperante en nuestro continente. Vemos fundamental y urgente que los gobiernos de nuestros países prioricen en inviertan en una educación pública de calidad, especialmente para los sectores más pobres y marginados", declaran.

Ante un tan grande desafío, convocan a todos los actores de la sociedad Latinoamericana y del Caribe.

A partir de la reflexión y las experiencias compartidas en este encuentro, se comprometen "a no desistir, a vivir con alegría y valentía el mensaje de la Buena Noticia, a unir y multiplicar los esfuerzos por transformar la sociedad y por humanizar el sistema carcelario, a ser discípulos misioneros comprometidos, encarnados entusiastas y arriesgados, que testimonien el Evangelio de Cristo, incluso hasta dar la vida".

Junto a los obispos en Aparecida, piden al Espíritu Santo que les "libere de la fatiga, la desilusión y la acomodación al ambiente" y ruegan "un nuevo Pentecostés que nos renueve y nos impulse a la misión continental en la realidad carcelaria, de la mano de María Guadalupe, Patrona de América".

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domingo, 30 de noviembre de 2008

La opción por el pobre después de Aparecida: Confirmación, desafío, y búsqueda

Por Federico Carrasquilla *
Publicado por Adital

INTRODUCCIÓN

El objetivo de la ponencia que les voy a compartir es triple:

Primero: mostrar cómo Aparecida tiene el inmenso valor no solo de confirmar ( G. Gutiérrez emplea el término de reafirmar) el valor y el sentido de la Opción por el Pobre, expresión que empezó a utilizarse en la Teología desde la Conferencia de Medellín y que popularizó y divulgó la Teología de la Liberación, sino sobre todo, de poner un punto final a las discusiones, ambigüedades, diversidad de interpretaciones que suscitó esa expresión y sobre todo de mostrar el valor fundamentalmente evangélico de la manera de pensar y de actuar que conllevaba la práctica de esta Opción por el pobre.

Segundo: ver cómo esta posición abre unos desafíos totalmente inéditos en la vivencia de la misma opción por el pobre.

Tercero: plantear la búsqueda que los dos puntos anteriores le hacen a la investigación no solo teológica sino política y social respecto a la opción por el pobre. Hoy necesitamos replantear el sentido del pobre, es decir la manera de mirar al pobre. Hacer caer en la cuenta que en el fondo si la opción por el pobre no ha logrado unir a todos los cristianos, ha sido no tanto por la manera de hablar sino por el contenido que ha encerrado esa expresión. Se ha partido de una manera de ver al pobre, de una "teoría sobre el pobre" que no responde ni a la realidad del pobre hoy ni sobre todo a la manera como Jesús miró y concibió el ser mismo del pobre. La intención de fondo es, mostrar como hoy tenemos que pasar de un concepto sociológico de pobre a un concepto antropológico del pobre si queremos encontrar los caminos de un mundo diferente donde no sea el poder del dinero el que organice la sociedad sino que el mundo se oriente en la búsqueda una sociedad construida por el pobre y desde la persona del pobre. Pero no solo esto sino sobre todo mostrar como el concepto que tuvo Jesús del pobre y que aparece en toda su manera de vivir, de hablar y de actuar, solo se comprende si se hace ese mismo paso: de pasar de la perspectiva sociológica a la perspectiva antropológica.

PRIMERA PARTE

APARECIDA: CONFIRMACIÓN DE LA OPCIÓN POR EL POBRE.

Lo que todos los lectores del Documento de Aparecida encontraron desde el principio y que ni siquiera con la corrección que se le hizo al texto original quedó oscurecida o matizada, es la afirmación de que la opción por el pobre, está íntimamente unida a la fe cristológica. Es decir que la fe en Jesús es inseparable de la Opción por el Pobre; que no se puede optar por Jesús (y la fe cristiana es esencialmente gracia y opción: adhesión voluntaria a la persona de Jesús) sin al mismo tiempo optar por el pobre. Esto que aparece a lo largo de todo el Documento y es como un eje que atraviesa toda la reflexión. Lo expresa muy claramente Gutiérrez en su comentario al discurso inaugural del Papa "La fe cristológica es el fundamento de la opción por pobre. Su fuente teológica es transparente: en última instancia es la opción por el Dios que se revela en Jesús". Y esto tiene muchas consecuencias, fundamentales y definitivas. Yo subrayaría solamente tres:

Aparecida presenta la Opción por el pobre como esencialmente teológica y cristológica. Jesús como hombre, como Cristo, y como Dios no se entiende sin el pobre. El pobre es constitutivo de la fe cristiana. Por eso y paradójicamente "la opción por el pobre no es optativa" Tener en cuenta en primer lugar la condición social de Jesús es reconocer que la condición social de las personas es un constitutivo esencial del ser humano sino además simplemente respetar la manera como Dios quiso encarnarse, quiso hacerse uno de nosotros. Esto conlleva a su vez consecuencias inmensas tanto desde el punto de vista pastoral como estructural para la misma Iglesia. No es una simple afirmación doctrinal sino que si se toma en serio, si se respeta el modo nuevo como Dios quiso revelarse a los hombres en Jesús, es preciso organizar toda la manera de Evangelizar, de hacer llegar la Buena Nueva al hombre de hoy, como lo hizo Jesús: desde los pobres. Si se quiere continuar la renovación de la Iglesia que quiso el Concilio y que fue la obsesión de Juan XXIII y el objetivo bien directo que tuvo al convocar el Concilio, es preciso "volver al pobre" y hacer de la opción por el pobre la orientación y guía de la renovación de la Iglesia en todos los planos: teológico, cristológico, espiritual, estructural.

Aparecida pone un punto final a todas las discusiones, enfrentamientos, ambigüedades, oposiciones, etc. que suscitó la expresión y la vivencia de la Opción por el pobre. Esto porque afirma que en la opción por el pobre no hay que partir del pobre para llegar a Jesús sino de Jesús para llegar al Pobre. Esta ha sido la ambigüedad que reinó desee el principio, a mi modo de ver, en la manera como muchas personas: (¿la mayoría?) laicos, religiosos, sacerdotes y aun de la jerarquía comprendieron la Opción por el Pobre, aunque la Teología de la Liberación siempre ha insistido en que la fuente de toda opción por el pobre es la dimensión espiritual, es decir la relación con Jesús. Sin embargo en muchas publicaciones y sobre todo en muchos compromisos suscitados por la opción por el pobre, Jesús aparecía como "punto de referencia" y no como "clave de comprensión". De una manera un poco burda, yo diría que era el pobre el que valorizaba a Jesús y no Jesús quien valorizaba al Pobre. Siempre me dio la impresión de que se presentaba la opción por el pobre como la opción cristiana y que desde ahí habría que ir a Jesús. Con esto se hacía en el fondo de la opción por el pobre, no una opción evangélica sino una opción ideológica y sociopolítica. Y esta manera de ver estaba presente tanto en corrientes que hablaban de la opción por el pobre para defenderla o como las que la utilizaban para atacarla. Con muchísima frecuencia se presentaba la opción o la acción a favor del pobre como "la opción propia del cristiano" dejando a un lado lo que constituye en esencia la opción cristiana, como tan hermosamente lo ha vuelto a recordar Benedicto XVI al comienzo de su primera Encíclica. Somos cristianos no porque optemos por los pobres sino porque optamos por Jesús que fue pobre. Es Jesús el que nos lleva al pobre. Y desde ahí si podemos descubrir que el pobre nos tiene que llevar a Jesús. Es porque Jesús no se entiende sin el pobre, por lo que el cristiano no puede entender al pobre sin Jesús.

Aparecida pone en su justo puesto la relación entre la Opción por el Pobre y la política. Esta opción al surgir de Jesús es esencialmente evangélica y no política. Cuando la opción por el pobre se plantea desde la situación del pobre, es normal que la política aparezca como lo primero al hablar de opción por el pobre y que los análisis que se hacían para conocer la realidad aparecieran como análisis fundamentalmente políticos. Pero si lo primero es Jesús y desde Jesús se mira al pobre y al pobre en su realidad concreta, en su situación real e histórica es bien evidente que la opción por el pobre es política pero sí tiene una dimensión esencialmente política.

Es lo que aparece ya desde el discurso inaugural del Papa al presentar la opción por el pobre y la evangelización, como unidas esencialmente a la promoción humana, a la denuncia de todo lo que está oprimiendo al pobre y a la denuncia de lo negativo de la economía de mercado y de la globalización. La opción por el pobre, al surgir de la persona de Jesús, que se encarnó en la condición humana y en la condición pobre, adquiere una dimensión de denuncia de todo lo que oprime al pobre y la necesidad de luchar y comprometerse por un mundo mas justo, un "mundo alternativo" que tenemos que construir; más aún: que ya empezó Jesús en su proyecto del Reino.

SEGUNDA PARTE

APARECIDA COMO DESAFÍO PARA AVANZAR EN LA OPCIÓN POR EL POBRE

A partir de ahí surgen nuevos planteamientos que no solo enriquecen la opción por el pobre, sino sobre todo, que nos obligan a ir más a lo profundo de todo lo que significa la opción por el pobre y que habían estado como "represados" por todas las discusiones alrededor de la opción por los pobres y que ahora los podemos plantear más directamente. El primero, que vamos a comentar ahora, es el de que si Jesús fue pobre como los pobres, hay que preguntarse ante todo, cómo fue su relación con los pobres, cómo vivió su relación con los pobres. Y nos encontraremos con algo que me parece, no lo hemos planteado lo suficiente y que nos lleva a enormes desafíos. El segundo planteamiento que va unido al primero es el de cómo Jesús miró a la persona del pobre. Esto lo abordaremos en la tercera parte. Volviendo al primer planteamiento que enunciábamos hace un momento y tratando de responder a la pregunta que nos hacíamos, encontraremos con estas evidencias que muestran lo original de la manera como Jesús vivió su opción por el pobre y que nos abren enormes interrogantes. Estas evidencias son las siguientes:

Lo original de Jesús no es el que Él se haya solidarizado con los pobres sino que fue pobre como los pobres de su tiempo. Jesús no inventó la pobreza ni simplemente la aceptó (como pasa con la Cruz) sino que escogió para llevar su vida humana, la vida de los pobres. Pero tanto la opción por los pobres como la solidaridad con los pobres no exigen hacerse pobre. El hacerse pobre es una forma original como Jesús vivió su opción por los pobres: Él no solo se hizo pobre sino que vivió treinta años como los pobres de su tiempo. Si la pobreza es mala, si hay que tratar de todos modos de arrancarla: cómo es posible que Él no solo se hizo pobre sino que propuso la vida pobre como modelo de toda existencia humana. Y esto para la vida del cristiano y para la vida y estructuras de la Iglesia tiene unas consecuencias enormes pues si el cristiano quiere seguir a Jesús (y esta es la esencia del ser cristiano), el interrogante primero es: ¿Cómo el cristiano y con muchísima mayor razón la persona consagrada puede llevar esa vida de Jesús que fue pobre como los pobres? El que quiere seguir a Jesús debe llevar el mismo estilo de vida de Jesús, debe tener como dice Pablo a los Filipenses, "los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús" (Fil. 2,5) ¿Es eso posible con el concepto que tenemos de pobre?

Jesús no se preocupó por solucionarle los problemas a los pobres ni ayudarle a que ellos los solucionaran en el sentido material de la palabra, sino que frente a las necesidades materiales, éticas, sicológicas, religiosas de los pobres, hizo SIGNOS que revelaran el amor y la predilección de Dios por los pobres. En otros términos: Jesús NO se preocupó por "hacer obras sociales ni organizar instituciones y obras que buscaran el mejoramiento de las condiciones materiales de los pobres". Sus respuestas a las necesidades de la gente fueron siempre puntuales. Y sin embargo: si alguna persona en la historia ha tenido las posibilidades de organizar obras o de hacer instituciones en favor de los pobres ha sido Jesús. ¿Por qué no lo hizo? Él se lo explicó bien claro a los judíos que lo buscaron después de la multiplicación de los panes: "ustedes me buscan, no porque les hice signos, sino porque les di de comer hasta saciarse" (Jn. 6, 26) El segundo interrogante que surge es entonces: ¿Por qué Jesús no lo hizo? El pasaje de Jesús en la piscina de Betesda, como lo narra San Juan (Jn.5,1) es en este sentido muy significativo y "escandaloso"

La preocupación central de Jesús frente a la situación del pobre, fue crear un espacio donde el pobre pudiera recuperar su dignidad y su identidad de pobre. El interés de Jesús ante las carencias del pobre fue el que se sintiera persona, ayudarle a "hacerse sujeto". Por eso para los milagros no solo exigía la fe de la persona sino que terminaba casi siempre haciéndole sentir al pobre que era él quien había obrado el milagro gracias a su fe. La anotación de Marcos cuando Jesús fue rechazado en Nazareth es muy significativa al respecto: "No pudo hacer ahí ninguno milagro. Y se admiraba de su falta de fe". (Mc.6,5-6). El tercer interrogante que nos plantea este comportamiento de Jesús es entonces: frente a las necesidades de los pobres, qué buscamos? solucionarle sus problemas materiales, arrancar la pobreza o como se dice hoy: "pobreza cero"? o ayudarle a que el pobre recupere su dignidad y su identidad de pobre?

Toda su actividad la hizo Jesús desde los pobres. Los amigos, los colaboradores inmediatos de Jesús (salvo Mateo) fueron pobres socialmente, pertenecieron al grupo social de los pobres. De ahí nos surge un cuarto interrogante: por qué Jesús todo lo hizo desde los pobres. ¿Qué implicaciones y exigencias plantea esto al cristiano y a la misma Iglesia?

Los medios que utilizó para realizar su misión fueron los medios pobres. Jesús desde el principio rechazó para realizar su Misión los medios de poder. Las tentaciones precisamente no fueron sobre la Misión, sino sobre los medios para realizar la Misión. La trampa del demonio no está directamente en que quisiera apartar a Jesús de Misión. Todo lo contrario: "¡quería ayudarle" a que lo reconocieran como Hijo de Dios! Por decisión voluntaria Jesús no quiso nunca apoyarse en el poder. Y eso no tenía un sentido ético o de ascesis personal sino era una cuestión de eficacia. Tenía un valor existencial: los medios eficaces que Jesús quiso utilizar fueron los medios pobres, los medios del no poder. Y de aquí nos surge el quinto interrogante: ¿Qué significa esto para el cristiano y para la Iglesia? A qué le estamos dando la eficacia en nuestra acción cristiana y pastoral: a los medios de poder o a los medios pobres? ¿Y qué significa esto para nosotros hoy?

Estos cinco interrogantes nos llevan a la cuestión fundamental que quisiera plantear ahora y es la de que con el concepto que tenemos de pobre y que hemos utilizado durante todos los siglos, no podemos responder a ninguno de estos interrogantes y es por eso que el haber clarificado ya el sentido auténticamente evangélico de la opción por el pobre nos lanza nuevos desafíos.

Retomemos someramente estos interrogantes:

Jesús fue pobre como los pobres: pero si el pobre es el excluido, el insignificante, es imposible que Jesús hubiera optado por ser pobre y mucho menos habría puesto el ser pobre como condición para hacer entrar en su Reino.

¿Cómo es posible que Jesús diga que los que lo siguen tiene que ser pobres y al mismo tiempo se pasa aliviando la situación de los pobres, es decir "arrancándolos" de su situación de pobres? ¿No hay en esto una contradicción? ¿O esta contradicción viene de la manera como hemos mirado hasta ahora el ser pobre?

Jesús buscó siempre crear espacios donde el pobre pudiera recuperar su dignidad y su identidad de pobre. Pero la manera como hemos mirado al pobre, que es como el que "carece de bienes", ¿no conlleva necesariamente a negarle su identidad y su dignidad de pobre? Lo negativo no da identidad. Lo negativo se soporta, se acepta pero nadie se define por lo que no es o por lo que no tiene.

Si ser pobre es una desgracia, si hay que tratar por todos los medios el arrancarla: ¿no es mirar al rico, no es considerar la existencia rica como modelo de existencia? ¿No es esta manera de pensar la que subyace en todo el liberalismo económico y en todo el capitalismo? ¿Qué significan para nosotros hoy los "medios pobres" de Jesús? Tendremos que renunciar a los medios técnicos modernos? Hoy buscamos una sociedad alternativa. Hemos constatado que el capitalismo no hace una sociedad justa e igualitaria; que la felicidad del hombre no está en la riqueza y el poder. Pero ¿si todo el día estamos diciendo que hay que acabar con la pobreza, si denunciamos como algo malo el que cada día aumenta el número de pobres, no estamos poniendo como ideal el ser rico? ¿Si cuando alguien sufre una carencia, decimos que es "un pobrecito" no estamos diciendo, que la felicidad está en la riqueza, en el tener? ¿Si decimos también con frecuencia que "hay que estar por el pobre pero contra la pobreza" no le estamos negando al pobre su dignidad y su identidad de pobre pues precisamente lo que hace el ser pobre es la pobreza? Esto nos lleva entonces a la tercera parte de nuestra reflexión y que es la búsqueda a la que nos invita la manera como Aparecida nos ha presentado la opción por el pobre.

Antes de abordar esta tercera parte, quisiera simplemente anotar que en toda acción o actividad que tenga relación con el pobre, sea de tipo caritativo, promocional o sociopolítico, aparecen hoy estos mismos interrogantes. Este no es el momento de plantearlos pero conviene al menos enunciarlos. Estos interrogantes son los siguientes:

Hablamos de que en esas actividades el pobre sea sujeto de su acción. El mismo Documento de Aparecida lo dice que es necesario que los p0bres ‘construyan su propio destino’ (A.93) y constata que "día a día los pobres se hacen sujetos de la Evangelización y de la promoción humana integral’ (A. 398). G. Gutiérrez comentando esta manera de hablar del pobre, dice "Aparecida está atenta a un punto central de la práctica y la reflexión latinoamericana acerca de la opción por el pobre. Los pobres mismos deben ser gestores de su destino. No se trata de hablar por los pobres, lo que importa es que ellos mismos tengan voz en una sociedad que no escucha su clamor por la liberación y la justicia’): pero esto es posible con el concepto de pobre que se tiene?

Cuando estamos hablando todo el tiempo de que "la pobreza es una desgracia" de que "pobrecitos los pobres que carecen de todo" etc., no estamos diciendo, en lo que se ha llamado después de McLuhan, un "lenguaje subliminal" que lo bueno es ser rico? Que el valor está en la riqueza? No estamos poniendo como modelo de persona al rico?

¿Cómo responder a estos interrogantes? Espero que aunque no podamos tratar directamente estos puntos, la reflexión que sigue nos aporte una luz sobre ellos.

TERCERA PARTE

APARECIDA COMO INVITACIÓN A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO CONCEPTO DE POBRE

La conclusión de todo lo que hemos reflexionado es entonces que con el concepto que hemos tenido de pobre: "pobre es la persona que carece de Bienes", la manera como hablamos continuamente de que el pobre es "el insignificante, el excluido", "el no hombre", es imposible comprender la pobreza de Jesús y la manera como Él si situó frente a los pobres. Vamos entonces a proponer una respuesta a esto y a tratar de ver que Jesús miró al pobre de otra manera, que tuvo otro concepto del pobre.

La tesis que vamos a desarrollar es entonces la de que Jesús miró y concibió al pobre concreto y real no desde un punto de vista sociológico sino antropológico; que esta manera de mirar al pobre corresponde a su intención salvadora sobre la humanidad, nos permite comprender su vida concreta de pobre, su opción por el pobre y el por qué propuso la existencia pobre como modelo de existencia humana y como el único lugar desde donde se puede constituir una humanidad verdaderamente fraternal e igualitaria y finalmente nos permite responder a todos los interrogantes que nos plantea su vida pobre y la posibilidad para todo cristiano de seguir a Jesús pobre, de vivir la pobreza como él la vivió. En último término a lo que Jesús nos invita es a mirar al pobre de otra manera. y desde ahí comprender que hoy es posible ser pobre como los pobres y que su "opción por el pobre" es una propuesta de sociedad, una llamada a construir el mundo desde el pobre

Los puntos que vamos a desarrollar son los siguientes:

Hay dos maneras de mirar las personas en su condición concreta, maneras que se aplican también al pobre: la manera sociológica y la manera antropológica.

Al pobre siempre se le ha mirado desde un punto de vista sociológico y esta manera no responde a las cuestiones que nos hacemos frente al pobre y bloquea las salidas que buscamos para solucionar los problemas que nos plantea el pobre. En otros términos: la teoría que tenemos del pobre no responde a la práctica que queremos tener y que necesitamos para buscar una solución ante los problemas que hoy nos plantea la condición de pobre.

La manera antropológica nos da la clave tanto para comprender la pobreza de Jesús y su propuesta de hombre y de sociedad, como para encontrar una pista en la solución que nos hace la situación del pobre hoy. Desarrollemos estos puntos.

Dos maneras de mirar las personas en su condición concreta.

La manera sociológica: consiste en mirar la persona según el puesto que ocupa en la sociedad. Toda persona ocupa un puesto en la sociedad y desde este punto de vista siempre habrá desigualdades.

La manera antropológica consiste en la manera de ser persona que surge del puesto que la persona ocupa en la sociedad. Toda situación genera una manera de ser persona expresada en un modo propio de vivir y pensar la vida. Lo dice muy gráficamente un pensador latinoamericano: "La cabeza piensa desde donde pisan los pies" (L. Boff) Esta manera genera diferencias pero no desigualdades. Toda persona tiene su manera propia de experimentar la existencia que no es mejor que las de las otras y esta manera tiene siempre aspectos positivos y negativos.

Al pobre siempre y en todas las ciencias, se le ha mirado desde el punto de vista sociológico. La definición que siempre se ha dado del pobre y que ha orientado la manera como, en general, las personas se han situado frente al pobre ha sido desde este punto de vista: "Pobre es el que carece de bienes". Lo decíamos más arriba. Esta es además la experiencia universal: toda persona, rica o pobre, ignorante o sabia, tiene la experiencia de pobreza ante la experiencia de sus carencias. Y desde ahí, según el tipo de carencia, se han clasificado los distintos tipos de pobre y de pobreza: pobre material es el que carece de bienes materiales; pobre intelectual el que carece de conocimientos, etc. Lo mismo las clasificaciones que hacemos de la pobreza: pobreza material es crecer de bienes materiales, pobreza intelectual es carecer de bienes intelectuales, etc. De todas estas carencias, las más básicas pues tocan todas la otras carencias, son las carencias materiales y por eso cuando se habla de pobre normalmente nos referimos a la pobreza material. Igualmente desde ahí se ha mirado al rico y la riqueza: la experiencia universal es la de que la persona se siente rica cuando siente o tiene algún tipo de posesión. En resumen: al pobre se le define por lo negativo: "el pobre es el que no es" "pobre es el que carece" Pues bien: esta manera de mirar al pobre que, repito, ha sido de siglos, hoy no responde a las preguntas que nos hacemos frente al pobre y en el fondo es inaceptable. Veamos esto:

Esta manera de considerar al pobre le niega su identidad y su dignidad de pobre como pobre y no responde a las preguntas que nos hacemos frente el pobre. Más aún aparece como absolutamente inadecuada e inaceptable en el mundo de hoy. Retomando las afirmaciones que nos hacíamos más arriba de que el pobre debe ser sujeto de su propio destino; que no hay que mirar al pobre con paternalismo, que el pobre no debe ser arribista, de que el pobre debe ser gestor y constructor de su propia vida, de que hay que reconocer el valor del pobre, etc.: nos preguntamos ahora: ¿Cómo puede ser una persona sujeto y dueña de su propia vida si no tiene identidad? Lo negativo no le da identidad a la persona. Pero lo más grave es que esta manera de considerar al pobre le niega en el fondo su identidad de pobre y lo hace perpetuamente dependiente del rico. Ya en los años 40 un pensador francés decía que lo peor del sistema capitalista "no es el que haga morir de hambre al pobre sino que le robó su dignidad e identidad de pobre" Sin embargo lo más grave es que en el fondo al considerar la pobreza como algo malo y la condición pobre como algo negativo que hay que tratar de acabar, estamos poniendo como modelo de existencia la existencia del rico. El ideal que se le presenta al pobre, su utopía, es lograr que se haga rico, que logre tener lo que tiene el rico. Es esta manera de mirar al pobre lo que ha llevado a un "callejón sin salida" en la lucha a favor del pobre. Como lo expresaba muy bien Eduardo Galeano el pobre está condenado a quedarse como pobre, "a mendigar las migajas que le caen de la mesa de sus señores" y finalmente a rebelarse de vez en cuando frente a esta situación para recibir como respuesta, una reacción que justifica toda la violencia opresiva.

Pero si dirigimos nuestra mirada al Evangelio y miramos la manera como Jesús vivió y miró al pobre descubrimos que con esta manera de mirar al pobre es imposible comprender la pobreza de Jesús y su compromiso con el pobre. Repitamos aquí los interrogantes que de una u otra forma nos hemos venido planteando en esta reflexión. Si ser pobre es algo malo, si hay que tratar de todas maneras de "erradicar la pobreza", si el ideal es "pobreza cero" ¿cómo se explica el que Jesús fue pobre como los pobres de su tiempo? ¿Cómo se explica que Él escogió la condición de pobre como su forma de llevar la vida humana? ¿Cómo propone a toda persona como condición para seguirlo y como tipo de existencia absolutamente necesaria para entrar en su Reino, es decir para participar en su modelo de sociedad, el ser pobre? ¿Qué significa hacer de los pobres los únicos que entran al Reino, los que hoy hacen el Reino? Es indiscutible que Jesús fue pobre como los pobres de su tiempo: ¿cómo vivir hoy este estilo de vida de Jesús? ¿Cómo ser pobre como los pobres?

Pero hay otra manera de mirar al pobre que nos da respuestas a todos los interrogantes que nos hemos planteado tanto en la reflexión racional como en la evangélica. Es mirar al pobre desde la perspectiva antropológica.

Ser pobre desde el punto de vista antropológico es la manera de ser persona que surge de sus carencias. Las carencias definen el ser pobre pero no por ellas mismas sino porque le dan una manera propia de experimentar la vida ante sí mismo, ante los demás y ante Dios. Y esto también es una experiencia universal: toda persona: pobre o rica, sabio o ignorante, etc. tienen una manera de mirar la vida diferente cuando carecen de bienes o cuando tienen bienes. Y en esto no hay ninguna espiritualización de la pobreza pues las carencias conservan su carácter determinante en la concepción de la pobreza y del pobre pero pierden su valor directamente ético. Adquieren un valor existencial que dan el sentido de lo que es la pobreza y el pobre.

Esta manera de mirar la pobreza tiene una dimensión positiva y una negativa, las dos esenciales en la comprensión de la pobreza. Dimensión positiva caracterizada por unos valores propios de la condición de pobre que él da al pobre una "cosmovisión" propia y unas destrucciones o anti-valores igualmente característico de la misma condición.

Los valores propios del pobre, que caracterizan su existencia de pobre y que abarcan la totalidad de su existencia son : 1.sentido de la gratuidad y de la fiesta;2 Aceptación radical de la realidad; 3.Sentido del otro y de ese Otro que es Dios; 4.La persistencia u obstinación y 5.Sentido del espacio y del tiempo.

La destrucción del pobre que está unida igualmente a las carencias abarca también toda la existencia del pobre, lo puede hacer de él un "insignificante", un "no-hombre" ante si mismo y ante los demás y abarca también la totalidad de su existencia, está expresada en cinco expresiones que utiliza el pobre y que siempre están unidas a las carencias materiales. Esta destrucción aparece cuando el pobre utiliza estas expresiones: "Uno por no tener plata no es, no vale, no sabe, no puede, no tiene".

Tanto los valores como las destrucciones están condicionadas, pero no determinadas, por las carencias. por eso no todo el que tiene las carencias posee necesariamente los valores y ni las destrucciones.

Por eso para realizar su condición de pobre, para "hacerse persona" desde esa situación, se necesita una pedagogía propia y un proyecto de sociedad construida a partir de esta manera de mirar al pobre.

A partir de esta manera antropológica de considerar al pobre podemos entonces retomar las interrogaciones que se hacen hoy tanto sobre situación del pobre como sobre la pobreza de Jesús y su manera de mirar al pobre.

Este modo de mirar al pobre le devuelve la identidad y la dignidad al pobre. El pobre ya no se define por lo que no es sino por lo que es. Aún lo negativo, sus destrucciones, le pueden dar identidad y dignidad pues ya no tiene un calificativo ético sino que son tarea ética. La pregunta básica no es si son buenas o malas sino como permiten vivir y desarrollar la existencia.

El pobre puede ser entonces sujeto de su propio destino pues como cualquier ser humano su existencia no está hecha sino que tiene que hacerse y hacerse a partir de los valores y destrucciones propios de su existencia pobre. El punto definitivo es: El pobre no se define por lo que no es sino por lo que es.

Se le da otro sentido al asistencialismo o paternalismo que no consisten simplemente en darle algo al pobre sino en la manera de hacerlo: no como un regalo sino como el reconocimiento en justicia de lo que tiene derecho o como el compartir entre hermanos. Hay paternalismo o asistencialismos cuando lo que se le aporta el pobre no lo hace sujeto, no le permite a él mismo asumir su propio destino.

Desde el punto de vista político el pobre no es objeto de liberación sin sujeto de su propia liberación. No se trata de liberar al pobre sino de ayudarle a crear las condiciones donde él mismo se pueda liberar. La auténtica humanidad es la construida desde el pobre, desde sus valores y en solidaridad con su lucha contra lo que lo destruye. Y como los valores del pobre son los valores auténticamente humanos y son los valores que puede y debe tener toda persona que quiera hacerse persona, deducimos que la existencia pobre es la existencia universal, modelo y punto de referencia de todo proyecto político auténticamente democrático.

El pobre deja de mirar al rico, deja de buscar "ser como ellos" en la expresión de Eduardo Galeano y puede "beber en su propio pozo" como lo dice G. Gutiérrez. El pobre entonces recobra su identidad y su dignidad de pobre. Tiene en sí mismo las claves de su valor y la fuerza y sentido para luchar por su liberación y la liberación de la humanidad pues toda persona, como lo decíamos hace un momento, si quiere ser auténtica persona, tiene que asumir los valores del pobre ya que son los valores universales y puede solidarizarse en su lucha contra lo que lo destruye.

Desde esta perspectiva antropológica podemos también comprender toda la vida pobre de Jesús y su manera de situarse frente al pobre.

Jesús fue pobre como los pobres porque quería mostrar en su existencia el modelo de persona que le quería ofrecer a la humanidad, los valores que debía vivir si quería realizarse como persona. Quería mostrar además como la liberación que Él le traía a la humanidad tenía que expresarse en compromisos concretos; porque Él no vino a quitarles las necesidades a la gente sino a hacer signos que revelaran la intención liberadora y la manera nueva de ser Dios. Él le venía a mostrar a la humanidad; a enseñarle cómo lo grave del ser pobre estaba en que se le negara su condición de persona pobre, que no se le reconocía su valor de persona pobre y por último mostrar la universalidad de su misión salvadora. Desde ahí entendemos con toda su fuerza la expresión típica nuestra de opción preferencial por el pobre, que "no es ni exclusiva ni excluyente" Igualmente, desde ahí podemos entender cómo todo cristiano puede ser pobre como los pobres, como es posible como cristiano seguir a Jesús en su pobreza, cómo puede siempre luchar al lado del pobre con el pobre y como los pobres por su liberación.

Finalmente podemos reinterpretar o mejor darle su sentido concreta e histórico al proyecto de Jesús: el Reino de Dios como la utopía cristiana, como el tipo de sociedad que Jesús propone: un proyecto construido desde el pobre y con los medios pobres, proyecto abiertamente "anti-imperial" a la vez histórico y escatológico.

CONCLUSIÓN.

Hoy se repite con mucha frecuencia que la tarea fundamental de toda persona es reconstruir la esperanza. Lo decía muy bien un sociólogo y pensador belga, testigo desde el principio del despertar del pobre: "Liberación y esperanza están unidas a las contradicciones, al sufrimiento y a la muerte, precisamente para superarlas y hacer posible otra realidad. El proceso es dialéctico, concreto, material y espiritual. Afecta a la vida cotidiana así como al orden económico internacional. Durante este proceso lo más importante es seguir creyendo en la utopía, en la posibilidad de construir otro mundo. De mirar más allá pero a condición de actuar en el presente, de disponer de una referencia que permita a la humanidad, salir adelante y que sirva de base para la construcción de alternativas. Bajo estas condiciones la liberación y la esperanza nunca se convertirán en simples ingredientes de una ideología superada sino que siempre tendrán sentido en el presente Bajo estas condiciones, el creyente tiene un lugar insustituibles en la las luchas sociales".

Pues precisamente la vida de Jesús, su estilo de vida, su proyecto de sociedad construido desde el pobre, para el pobre y con los medios pobres ofrece esto que busca y necesita el hombre de hoy. Pero es preciso primero que el cristiano descubra que su ser cristiano no consiste en que acepte doctrinas, cumpla normas o esté inscrito en una institución llamada cristiana, sino en que acoja a Jesús en su vida, como lo dice tan hermosamente el Papa al comienzo de su primera encíclica. Comprendemos entonces que no solo la opción por el pobre es una exigencia de fe sino que sobre todo, si queremos ser verdaderamente humanos, si queremos construir un mundo auténticamente humano, un mundo "donde todos quepan", podemos y tenemos que vivir una vida pobre como la de los pobres. Para ser cristiano hoy y como lo ha sido en todos los tiempos, nuestra existencia cristiana tiene que girar alrededor de la Persona de Jesús y de la persona de los pobres. Comprendemos el amor y la pasión por la pobreza de Francisco de Asís, de Vicente de Paúl, de Carlos de Foucauld y Antonio Chevrier, y de miles de cristianos en todos los tiempos, todos fascinados y enamorados desde Jesús "por la hermana pobreza". Quizás como nunca antes, ahora podríamos comprender, parodiando la expresión de una escritor católico francés (de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX) que vivió obsesionado por Jesús y por el pobre, que para el cristiano ‘SOLO HAY UNA TRISTEZA: LA DE NO SER POBRE" ¿Será mucho soñar?

* Mensajero Ecuvives (Venezuela)

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jueves, 16 de octubre de 2008

Argentina: 4º Congreso Misionero de Salta

Salta, 14 Oct. 08 (AICA)

Los días 17, 18 y 19 de octubre se desarrollará en la localidad de El Galpón, el 4º Congreso Misionero de Salta (CoMSa 4), con el lema: “Iglesia de Salta, discípula misionera: escucha, aprende y anuncia”.

Según informó la Comisión Arquidiocesana de Pastoral Misionera – Obras Misionales Pontificias de Salta, representantes de todas las áreas de Pastoral de la arquidiócesis, parroquias, asociaciones y movimientos, sacerdotes, religiosos y laicos, se encontrarán para reflexionar acerca de la vocación misionera de esa Iglesia particular.

Hasta el momento se prevé la participación de unos 500 agentes de pastoral mayores de 17 años, de los que se espera que luego puedan ser multiplicadores de lo que se viva en el Congreso.

Las jornadas contarán con la presencia del arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, y un número importante de sacerdotes del clero salteño.

Entre otros temas a abordar figuran: “Nuestra realidad desde Aparecida”, y “Ser discípulos misioneros”. También está previsto trabajar en grupos, realizar adoración eucarística misionera y una marcha misionera en la plaza principal, en donde también se renovará el Pacto de Fidelidad.

Mayor información: (0387) 4212868, 4214306 y arzobispadosalta@arnet.com.ar .+

AICA - Toda la información puede ser reproducida parcial o totalmente, citando la fuente

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jueves, 2 de octubre de 2008

La hora misionera de la Iglesia: “una ocasión providencial”

(Comentario Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Universal de Misiones 2008)
Publicado por OMP Chile

El Papa Benedicto XVI en su Mensaje al III Congreso Misionero Americano (Cam 3- Comla 8 ) nos hablaba de la hora presente de la Iglesia en América como “una ocasión providencial” para que con “sencillez, limpieza de corazón y fidelidad” volvamos a escuchar al Maestro, ser sus siervos y amigos, imitar su vida apasionada por el Reino y sobre todo a ser sembradores de su Palabra.

Con esta misma insistencia el Papa, como lo hicieran sus predecesores, especialmente los Papas Paulo VI y Juan Pablo II en sus diversas exhortaciones magisteriales, vuelve a estremecer las conciencias de los bautizados, con ocasión del DUM 2008, “sobre la urgencia persistente del anuncio del Evangelio”. Dice claramente: “El mandato misionero continúa siendo prioridad absoluta para todos los bautizados, llamados a ser ‘siervos y apóstoles de Cristo Jesús’, en este inicio de milenio” (Mensaje DUM 2008).

El Mensaje DUM 2008 está situado en el horizonte celebrativo del Año Paulino. Ocasión propicia para volver la mirada a la ejemplar vida de San Pablo y su apasionada carrera por anunciar a Cristo, con la parresía apostólica de un enamorado del Señor, capaz de atravesar todas las fronteras geográficas y culturales con tal de ganar a todos para el Reino. El Papa lo presenta como “un modelo de empeño apostólico” y nos invita a no desaprovechar este tiempo jubilar: “¿Cómo no aprovechar la oportunidad que este especial jubileo ofrece a las iglesias locales, a las comunidades cristianas y a cada fiel, para propagar hasta los extremos confines del mundo el anuncio del Evangelio, fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree?” (Mensaje DUM 2008).

El grito paulino

El grito de San Pablo “¡Ay de mí si no evangelizare!” (1Cor 9,16), es también el apremiante grito de todo cristiano, de toda comunidad, de toda Iglesia local, de todo pastor, que sabe y siente que “la humanidad tiene necesidad de ser liberada y redimida” (Mensaje DUM 2008 – nº 1). Los gritos de la historia, los rostros sufrientes de una humanidad lacerada por la violencia, por la pobreza opresora, por las discriminaciones raciales, culturales y religiosas, los agudos desequilibrios e injusticias y las amenazas a la armonía y al equilibrio de nuestra Madre Tierra, son retos para una misión contextualizada, encarnada, comprometida y solidaria con la vida humana, de una Iglesia que se siente débil con los débiles, pobre con los pobres, peregrina con los peregrinos y desamparados de la historia, hambrienta con los hambrientos de pan y de esperanza en los caminos y plazas de cada día. La misión de la Iglesia “no puede ser ajena a los grandes sufrimientos que vive la mayoría de nuestra gente y que, con mucha frecuencia, son pobrezas escondidas. Toda auténtica misión unifica la preocupación por la dimensión trascendente del ser humano y por todas sus necesidades concretas, para que todos alcancen la plenitud que Jesucristo ofrece” (Documento de Aparecida 176).

Lo que nos mueve no es una simple filantropía, por más generosa que esta sea; lo que mueve a un misionero de Cristo es el desbordante amor de un apasionado de Dios que sabe y siente que sólo este Amor, es la fuente originaria y primordial de donde brota toda la fecunda energía apostólica y misionera; “solamente de esta fuente se pueden conseguir la atención, la ternura, la compasión, la acogida, la disponibilidad, el interés por los problemas de la gente, y aquellas otras virtudes necesarias a los mensajeros del Evangelio para dejarlo todo y dedicarse completa e incondicionalmente a esparcir por el mundo el perfume de la caridad de Cristo” (Mensaje DUM 2008).

Evangelizar siempre: una prioridad

Nuestra Iglesia en América sabe que vive una hora de gracia, un tiempo providencial, en su permanente tarea evangelizadora. En Quito- Ecuador, en la culminación del III Congreso Americano Misionero se ha lanzado la Misión Continental; un acontecimiento que involucra a todas las fuerzas vivas y creativas de la Iglesia; un gran “empujón” del Espíritu para todas aquellas comunidades vencidas por el miedo, abatidas por el desánimo y arrastradas por la inercia y que necesitan “superar el individualismo y el aislamiento y reclaman robustecer el sentido de pertenencia eclesial y la colaboración leal con sus pastores con el fin de formar comunidades cristianas orantes, concordes, fraternas y misioneras” (Benedicto XVI. Mensaje al CAM 3, Quito-Ecuador).

Nuestros pastores, reunidos en Aparecida- Brasil, asumieron valientemente el compromiso de devolverle a la Iglesia en América el fervor y la audacia misionera de la hora primera de la evangelización. Hemos recibido tanto, pero aún nos resistimos a dar. “La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza…Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo” (Documento de Aparecida 362).

No existe ninguna justificación para que un cristiano, una comunidad, un movimiento, no sea evangelizador. En el Mensaje DUM 2008 el Papa insiste: “aún en medio de las dificultades crecientes, el mandato de Cristo de evangelizar a todas las gentes continúa siendo una prioridad. Ninguna razón justifica un estancamiento, porque ‘la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (Mensaje DUM 2008 – nº 3). Por tanto, para una Iglesia que se ha colocado en “estado de misión” urge “que se despierte en cada bautizado el misionero que lleva dentro de sí y se venza la vacilación o la mediocridad que a menudo nos asalta” (Benedicto XVI. Mensaje al CAM 3).

Renovación Misionera

Las Iglesias locales de América, por donde pasa toda la universalidad de la Iglesia de Cristo, están invitadas a vivir, con imaginación y creatividad un desafiante proceso de renovación misionera, especialmente de todas aquellas estructuras caducas que imposibilitan transitar por nuevos caminos, hacia nuevos horizontes por donde el Espíritu los va empujando, “para llegar a las multitudes que anhelan el Evangelio de Jesucristo” (Documento de Aparecida 173).

Esta renovación reclama en nuestras comunidades eclesiales “un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo” (Documento de Aparecida 363). Se trata de renovarnos no para un “seguro intimismo religioso” sino de liberarnos para “la salida”; deshacernos de los “ropajes” que nos hacen lentos y tardíos y así, “ligeros de equipo”, “cruzar a la otra orilla” del espacioso mundo que nos espera.

“Duc in altum”

No hay tiempo que esperar. El Mensaje del DUM 2008 nos invita a entrar mar adentro “en el vasto mar del mundo y, siguiendo la invitación de Jesús, echemos sin miedo las redes, confiando en su constante ayuda. Exhorta a los obispos a que sean, como San Pablo, “prisioneros de Cristo para los gentiles”, no sólo han sido consagrados para sus diócesis sino para la salvación de todo el mundo; a los sacerdotes se les pide que “sean pastores generosos y evangelizadores entusiastas”; a los religiosos y religiosas, por su testimonio coherente, llevar el Evangelio a los más lejanos; a todos los fieles laicos, tomar parte más relevante en la difusión del Evangelio, especialmente en los nuevos areópagos del mundo.

El tiempo providencial al que estamos llamados a vivir con generosa disponibilidad y obediencia a “los empujones” del Espíritu, nos debe llevar a crecer en la colaboración solidaria y ayuda comprometida hacia las necesidades de nuestras comunidades misioneras, especialmente en aquellos lugares del mundo donde se hace difícil el camino evangelizador, donde los misioneros y misioneras carecen de medios para su efectivo trabajo (Colecta DUM); a una profunda vinculación espiritual, donde la fuerza de la oración, el fervor de la eucaristía, la escucha de la Palabra y el sacrificio amoroso nos vuelvan compañeros de camino con todas y todos los bautizados que en las diversas latitudes van abriendo surcos para que la semilla del Evangelio muera en las profundidades de la tierra fecunda de nuestros pueblos y culturas y dé frutos abundantes y así la vida de Cristo llegue a todos, allí donde aún “no es reconocido como Dios y Señor, y la Iglesia no está todavía presente” (Documento de Aparecida 376).

Que los discípulos enamorados de Cristo, no dejemos de anunciar al mundo que sólo El salva; que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro y a Quien testimoniamos de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de la Iglesia a todos los confines del mundo (Cf. Documento de Aparecida 145 –146).

Fr. Luis Alberto Nahuelanca Muñoz, OFM
Misionólogo Franciscano- Secretario Nacional PUM- OMP
Chile

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La hora misionera de la Iglesia: “una ocasión providencial”

(Comentario Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Universal de Misiones 2008)
Publicado por OMP Chile

El Papa Benedicto XVI en su Mensaje al III Congreso Misionero Americano (Cam 3- Comla 8 ) nos hablaba de la hora presente de la Iglesia en América como “una ocasión providencial” para que con “sencillez, limpieza de corazón y fidelidad” volvamos a escuchar al Maestro, ser sus siervos y amigos, imitar su vida apasionada por el Reino y sobre todo a ser sembradores de su Palabra.

Con esta misma insistencia el Papa, como lo hicieran sus predecesores, especialmente los Papas Paulo VI y Juan Pablo II en sus diversas exhortaciones magisteriales, vuelve a estremecer las conciencias de los bautizados, con ocasión del DUM 2008, “sobre la urgencia persistente del anuncio del Evangelio”. Dice claramente: “El mandato misionero continúa siendo prioridad absoluta para todos los bautizados, llamados a ser ‘siervos y apóstoles de Cristo Jesús’, en este inicio de milenio” (Mensaje DUM 2008).

El Mensaje DUM 2008 está situado en el horizonte celebrativo del Año Paulino. Ocasión propicia para volver la mirada a la ejemplar vida de San Pablo y su apasionada carrera por anunciar a Cristo, con la parresía apostólica de un enamorado del Señor, capaz de atravesar todas las fronteras geográficas y culturales con tal de ganar a todos para el Reino. El Papa lo presenta como “un modelo de empeño apostólico” y nos invita a no desaprovechar este tiempo jubilar: “¿Cómo no aprovechar la oportunidad que este especial jubileo ofrece a las iglesias locales, a las comunidades cristianas y a cada fiel, para propagar hasta los extremos confines del mundo el anuncio del Evangelio, fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree?” (Mensaje DUM 2008).

El grito paulino

El grito de San Pablo “¡Ay de mí si no evangelizare!” (1Cor 9,16), es también el apremiante grito de todo cristiano, de toda comunidad, de toda Iglesia local, de todo pastor, que sabe y siente que “la humanidad tiene necesidad de ser liberada y redimida” (Mensaje DUM 2008 – nº 1). Los gritos de la historia, los rostros sufrientes de una humanidad lacerada por la violencia, por la pobreza opresora, por las discriminaciones raciales, culturales y religiosas, los agudos desequilibrios e injusticias y las amenazas a la armonía y al equilibrio de nuestra Madre Tierra, son retos para una misión contextualizada, encarnada, comprometida y solidaria con la vida humana, de una Iglesia que se siente débil con los débiles, pobre con los pobres, peregrina con los peregrinos y desamparados de la historia, hambrienta con los hambrientos de pan y de esperanza en los caminos y plazas de cada día. La misión de la Iglesia “no puede ser ajena a los grandes sufrimientos que vive la mayoría de nuestra gente y que, con mucha frecuencia, son pobrezas escondidas. Toda auténtica misión unifica la preocupación por la dimensión trascendente del ser humano y por todas sus necesidades concretas, para que todos alcancen la plenitud que Jesucristo ofrece” (Documento de Aparecida 176).

Lo que nos mueve no es una simple filantropía, por más generosa que esta sea; lo que mueve a un misionero de Cristo es el desbordante amor de un apasionado de Dios que sabe y siente que sólo este Amor, es la fuente originaria y primordial de donde brota toda la fecunda energía apostólica y misionera; “solamente de esta fuente se pueden conseguir la atención, la ternura, la compasión, la acogida, la disponibilidad, el interés por los problemas de la gente, y aquellas otras virtudes necesarias a los mensajeros del Evangelio para dejarlo todo y dedicarse completa e incondicionalmente a esparcir por el mundo el perfume de la caridad de Cristo” (Mensaje DUM 2008).

Evangelizar siempre: una prioridad

Nuestra Iglesia en América sabe que vive una hora de gracia, un tiempo providencial, en su permanente tarea evangelizadora. En Quito- Ecuador, en la culminación del III Congreso Americano Misionero se ha lanzado la Misión Continental; un acontecimiento que involucra a todas las fuerzas vivas y creativas de la Iglesia; un gran “empujón” del Espíritu para todas aquellas comunidades vencidas por el miedo, abatidas por el desánimo y arrastradas por la inercia y que necesitan “superar el individualismo y el aislamiento y reclaman robustecer el sentido de pertenencia eclesial y la colaboración leal con sus pastores con el fin de formar comunidades cristianas orantes, concordes, fraternas y misioneras” (Benedicto XVI. Mensaje al CAM 3, Quito-Ecuador).

Nuestros pastores, reunidos en Aparecida- Brasil, asumieron valientemente el compromiso de devolverle a la Iglesia en América el fervor y la audacia misionera de la hora primera de la evangelización. Hemos recibido tanto, pero aún nos resistimos a dar. “La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza…Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo” (Documento de Aparecida 362).

No existe ninguna justificación para que un cristiano, una comunidad, un movimiento, no sea evangelizador. En el Mensaje DUM 2008 el Papa insiste: “aún en medio de las dificultades crecientes, el mandato de Cristo de evangelizar a todas las gentes continúa siendo una prioridad. Ninguna razón justifica un estancamiento, porque ‘la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (Mensaje DUM 2008 – nº 3). Por tanto, para una Iglesia que se ha colocado en “estado de misión” urge “que se despierte en cada bautizado el misionero que lleva dentro de sí y se venza la vacilación o la mediocridad que a menudo nos asalta” (Benedicto XVI. Mensaje al CAM 3).

Renovación Misionera

Las Iglesias locales de América, por donde pasa toda la universalidad de la Iglesia de Cristo, están invitadas a vivir, con imaginación y creatividad un desafiante proceso de renovación misionera, especialmente de todas aquellas estructuras caducas que imposibilitan transitar por nuevos caminos, hacia nuevos horizontes por donde el Espíritu los va empujando, “para llegar a las multitudes que anhelan el Evangelio de Jesucristo” (Documento de Aparecida 173).

Esta renovación reclama en nuestras comunidades eclesiales “un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo” (Documento de Aparecida 363). Se trata de renovarnos no para un “seguro intimismo religioso” sino de liberarnos para “la salida”; deshacernos de los “ropajes” que nos hacen lentos y tardíos y así, “ligeros de equipo”, “cruzar a la otra orilla” del espacioso mundo que nos espera.

“Duc in altum”

No hay tiempo que esperar. El Mensaje del DUM 2008 nos invita a entrar mar adentro “en el vasto mar del mundo y, siguiendo la invitación de Jesús, echemos sin miedo las redes, confiando en su constante ayuda. Exhorta a los obispos a que sean, como San Pablo, “prisioneros de Cristo para los gentiles”, no sólo han sido consagrados para sus diócesis sino para la salvación de todo el mundo; a los sacerdotes se les pide que “sean pastores generosos y evangelizadores entusiastas”; a los religiosos y religiosas, por su testimonio coherente, llevar el Evangelio a los más lejanos; a todos los fieles laicos, tomar parte más relevante en la difusión del Evangelio, especialmente en los nuevos areópagos del mundo.

El tiempo providencial al que estamos llamados a vivir con generosa disponibilidad y obediencia a “los empujones” del Espíritu, nos debe llevar a crecer en la colaboración solidaria y ayuda comprometida hacia las necesidades de nuestras comunidades misioneras, especialmente en aquellos lugares del mundo donde se hace difícil el camino evangelizador, donde los misioneros y misioneras carecen de medios para su efectivo trabajo (Colecta DUM); a una profunda vinculación espiritual, donde la fuerza de la oración, el fervor de la eucaristía, la escucha de la Palabra y el sacrificio amoroso nos vuelvan compañeros de camino con todas y todos los bautizados que en las diversas latitudes van abriendo surcos para que la semilla del Evangelio muera en las profundidades de la tierra fecunda de nuestros pueblos y culturas y dé frutos abundantes y así la vida de Cristo llegue a todos, allí donde aún “no es reconocido como Dios y Señor, y la Iglesia no está todavía presente” (Documento de Aparecida 376).

Que los discípulos enamorados de Cristo, no dejemos de anunciar al mundo que sólo El salva; que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro y a Quien testimoniamos de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de la Iglesia a todos los confines del mundo (Cf. Documento de Aparecida 145 –146).

Fr. Luis Alberto Nahuelanca Muñoz, OFM
Misionólogo Franciscano- Secretario Nacional PUM- OMP
Chile

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lunes, 25 de agosto de 2008

Un nuevo impulso Misionero

Por Ignacio Fernández Mendoza
Misionero paúl

V Conferencia del Episcopado Latinoamericano
y del Caribe. Aparecida

El año transcurrido desde la celebración de la Quinta Conferencia nos permite tener una visión más objetiva, con mayor realismo y mejores perspectivas.
El Encuentro tuvo lugar en el Santuario de Aparecida, Estado de Sao Paulo, Brasil, 13-31 de mayo de 2007, con el lema: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). El proceso de preparación fue largo y laborioso. Se vieron implicados los obispos de veintidós conferencias episcopales, representantes de la curia romana y nos pocos laicos. En el tiempo fuerte, participaron entre otros Mons. Franc Rodé, paúl, cardenal, y Sor Evelyne Franc, Superiora General de las Hijas de la Caridad. La presencia de Benedicto XVI dio un carácter peculiar al encuentro. Las orientaciones de la V Conferencia se encuentran recogidas en un extenso documento, 275 números, redactado por los obispos y aprobado por el Papa.

En línea con los encuentros precedentes

Es notoria la comunión de las diversas Iglesias locales de Latinoamérica entre sí y con el sucesor de Pedro. Idénticas situaciones y propósitos recorren las venas del nuevo continente. Salta a la vista así mismo la comunión y el afecto que la comunidad católica del lugar siente por el Papa, símbolo de la unidad y firmeza en la fe. La V Conferencia transcurrió en continuidad con las cuatro anteriores: Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992), sin olvidar el Sínodo de obispos de América (1997). Continuidad que no significa repetición, ¬sino reflexión y aplicación del mensaje evangélico de siempre a las nuevas circunstancias. A nuevas situaciones, nuevas respuestas. Intentamos destacar algunas vertientes del documento final, por demás extenso, vertientes concordes con el tono y color propio de la revista CAMINOS DE MISIÓN.

La Conferencia evalúa la situación de la Iglesia

El documento final contiene un análisis minucioso de la situación actual de la Iglesia en Latinoamérica, con sus más y sus menos. Varios indicadores positivos recorren los caminos eclesiales del nuevo continente. La gran tradición cristiana, iniciada con la primera evangelización, así como la religiosidad popular y las tres grandes devociones: a la eucaristía, pasión de Cristo y Virgen María, emergen con naturalidad a cada paso. Lo católico es un componente fundante. Dentro de esa tónica han transcurrido los siglos. Por otra parte, la Iglesia a partir del Vaticano II cuenta con estructuras renovadas, puestas al servicio de la evangelización. A tono con las Conferencias continentales anteriores de obispos, la Iglesia ha dado pasos de gigante en lo concerniente a la opción preferencial por los pobres, la asimilación de la Palabra de Dios, la renovación litúrgica, los diversos apostolados y el lugar de los laicos en la comunidad cris¬tiana.
Pero no todo son luces. Los obispos detectan algunas sombras que afectan a los católicos de sus respectivas Iglesias. El catálogo es extenso. Baste enumerar a modo de ejemplo la emergente cultura laicista cerrada a lo trascendente y los relativismos de diverso cuño que dañan la fe y costumbres de los fieles. Tampoco pasa desapercibido el empuje desenfadado de las sectas, así como el débil sentido de pertenencia de amplios sectores a la Iglesia.

Otras lecturas de la realidad

El documento final incluye asimismo una lectura de la realidad social y política. Destaca ciertos ¬aspectos positivos: la creciente compenetración entre los cuatro colectivos presentes en el continente: indígenas, blancos, mestizos y afros. También valoran en positivo el interés compartido por muchos por salvaguardar las culturas autóctonas. El avance democrático, salvo raras excepciones, y la integración regional tampoco pasan desapercibidos. Los obispos, a tono con la mentalidad ecologista actual, propugnan la salvación del habitat en el que se desenvuelve la gran familia latinoamericana. La madre tierra es desde Río Bravo hasta el polo sur obra de Dios y casa común. ¬Merece todo respeto y cuidado.
Como era de esperar, el documento final alude con particular insistencia a los excluidos, a los pobres del continente, quienes a comienzos del tercer milenio, debido en gran medida a la globalización salvaje, la violencia y la corrupción, no encuentran acomodo en la mesa común. Dirán los obispos que el encuentro de la Iglesia con Jesucristo en los pobres es una dimensión constitutiva de nuestra fe cristiana.

Después de ver y juzgar, actuar

Una vez vista la situación ¿nos quedamos con los brazos cruzados? Por supuesto que no. La V Conferencia firmó un documento muy rico en contenidos teológicos y propósitos misioneros. Partiendo de la fe eclesial y teniendo en cuenta la situación de Latinoamérica, ofrece a este propósito sabias orientaciones.

Reencontrar a Jesucristo

Por ahí empieza la misión. Dios uno y trino y el Señor Jesucristo son la fuente de la que procede todo. Jesucristo, enviado del Padre, nos revela el misterio de Dios. Vino a nosotros con una propuesta de vida y liberación integral, temporal y eterna. Nos corresponde, afirman los obispos, reencontrar a Jesucristo, permanecer vitalmente unidos a Él, como el sarmiento a la vid, pues del encuentro con Jesucristo brota el discipulado y la misión. El documento de Aparecida, que comentamos, pretende ante todo impulsar la misión evangelizadora de Iglesia latinoamericana. Misión que, para ser auténtica, partirá del seguimiento incondicional de Jesucristo. Sólo en Jesucristo, sentido y vivido, la misión se desenvolverá con suficiente vigor: Él es “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6).

Id y haced discípulos a todos los pueblos

Al discipulado sigue el anuncio y la misión. Ambos factores caminan juntos. Jesucristo quiere una Iglesia misionera, animada por el Espíritu del Resucitado. Se trata de un menester que incumbe a todos los católicos: obispos, sacerdotes, religiosos y laicos. Todos somos misioneros, afirman los obispos con particular énfasis. Somos obreros de una misión que requiere ciertas condiciones: la comunión con la Trinidad y con la Iglesia. Una comunión que se nutre con la Palabra de Dios, los sacramentos y la oración.
El nervio y la línea maestra de la reflexión formulada por los obispos en Aparecida se encuentra, como indica el documento, en el seguimiento de Jesucristo y, esto supuesto, en un redoblado interés práctico por la misión evangelizadora en Latinoamérica y allende los mares: “para que tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10, 10).
El 29 de junio de 2007 Benedicto XVI, tras aprobar el documento conclusivo, pidió a los obispos que dieran prioridad a la misión. Manifestó asimismo su alegría al conocer la decisión compartida por todas las conferencias episcopales de Latinoamérica de llevar a cabo una misión continental. Eso para empezar, pues el espíritu misionero supera las fronteras pequeñas y se desenvuelve sin limites de caducidad.

Del Mensaje final

Creemos y esperamos:
Vivir nuestro ser cristiano con alegría y convicción como discípulos misioneros de Jesucristo.
Formar comunidades vivas que alimenten la fe e impulsen la acción misionera.
Promover un laicado maduro, corresponsable con la misión de anunciar y hacer visible el Reino de Dios.
Impulsar la participación activa de la mujer en la sociedad y en la Iglesia.
Mantener con renovado esfuerzo nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres.
Acompañar a los jóvenes en su formación y búsqueda de identidad, vocación y misión, renovando nuestra opción por ellos.
Hacer de este Continente un modelo de reconciliación, de justicia y de paz.

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WebJCP | Abril 2007