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EL ESPÍRITU ES EL MISMO DIOS - Por Fray Marcos La liturgia remata el tiempo pascual con tres fiestas importantes. Pentecostés, Trinidad y Corpus nos hablan de la realidad trascendente q...Hace 18 horas
domingo, 19 de mayo de 2013
Fiesta de Pentecostes
¿Cómo sé que esta historia no es una ilusión, un montaje más que nos hemos hecho los humanos para seguir alimentando sueños?
Si pretendes una respuesta científicamente verificada, no continúes. ¿Es que puedes verificar que merece la pena amar, a pesar de todo?
¿Es que uno inicia la aventura con otra persona y decide construir un proyecto común de futuro por razonamientos incontrovertidos?
Al revés, el que necesita esas garantías ha dejado de amar.
Lo cual no quita sus referencias objetivas y racionalmente críticas a la fe. También el que se casa ha verificado que es amado. Ha vivido una serie de signos del amor a través de una historia en que él mismo ha estado implicado.
Los signos están dados: la vida histórica de Jesús, su mensaje y sus hechos, el proceso de los discípulos, el viraje que se produce en un momento de su vida, cuando comienzan a decir que han visto a Jesús resucitado...
Estos signos no son neutrales (como los que maneja la ciencia), son implicativos, es decir, comprometen mis preguntas y esperanzas sobre el sentido de la existencia. Cuando confronto mi vida con esos signos y comienzo a percibir la realidad con otras claves, entonces comienzo a verificar que el mensaje de Jesús es verdad, la verdad íntima del hombre, y comienzo a fiarme de su persona, y, poco a poco, sin saber cómo ni por qué, El adquiere un significado único y total...
Cuando, al final de un proceso, creo en Jesús y puedo invocarle de corazón como mi Dios y mi Señor (Jn 20), entonces puedo mirar hacia atrás y reconocer que mi búsqueda era guiada por dentro, suave y fuertemente, a través de mi propia libertad, y El ya se había fijado en mí.
¿Cómo sé que esta historia no es una ilusión?
Porque tengo una historia vivida con Jesús.
Porque noto los frutos de la fe, de la esperanza y del amor en El.
A esto le llamamos los cristianos el Espíritu Santo:
Derramado en los corazones (Rom 5 y 8; Jn 14),
ha convocado el nuevo Pueblo de Dios de todas las naciones (Hech 2),
— y sigue poniendo en pie a los testigos del Evangelio
Publicado por CAMINO MISIONERO en 12:09 0 comentarios
Etiquetas: el domingo, pentecostes, recomendados, reflexiones
¡FELIZ PASCUA DE PENTECOSTES!
¡GRACIAS, POR TU REGALO, SEÑOR!
Llegado del seno del cielo,
baja para ser sustento en nuestra debilidad
alegría en nuestras penas
luz en la oscuridad que nos invade.
Abriremos tu regalo, Señor,
y, entre nudos y embalajes,
dejaremos que salga la sorpresa divina:
¡VOZ DEL ESPIRITU!
¡ALETEO QUE CONTAGIA FRESCURA!
¡CONSEJOS Y DONES!
¡GRACIA Y TERNURA!
Necesitábamos, Señor, de tu presente.
Un regalo con alas de Espíritu
Un obsequio con la Fuerza de tu Persona
Un don que nos haga recuperar
hoy y siempre la sonrisa en nuestros rostros.
¡Gracias, Señor!
Porque, en el Espíritu Santo,
nos traes el color de la esperanza
el brillo de sus siete sagrados dones
el amor que nace en tu presencia
el ser que vive y habita en Ti.
¡Gracias, Señor!
Ayúdanos a descubrir este inmenso regalo;
que no nos quedemos en el envoltorio
que vayamos más al fondo
hacia aquel lugar donde, el Espíritu,
habla cuando se le escucha
protege, cuando nos ponemos bajo sus alas
fortalece, si nos encontramos débiles
levanta, si desfallecemos
anima, cuando la tristeza asoma
en las ventanas de nuestra existencia.
¡Gracias, Señor!
En Navidad, te hiciste regalo de amor
En Pascua, regalo de vida
En Pentecostés, soplo de aliento divino
Amén.
sábado, 18 de mayo de 2013
Sin el Espíritu somos barro sin vida
Publicado por Antena Misionera Blog
Domingo de Pentecostés – 19 de Mayo de 2013
Evangelio: Jn 20, 19-23.
Celebrar la fiesta de Pentecostés implica preguntarnos con qué espíritu afrontamos la vida.
Los judíos se hacían una idea muy bella y real del misterio de la vida. Así describe la creación del hombre un viejo relato del siglo IX antes de Cristo: El Señor Dios modeló al hombre del barro de la tierra. Luego, soplo en su nariz aliento de vida. Y así el hombre se convirtió en un viviente.
Es lo que dice la experiencia. El ser humano es barro. En cualquier momento se puede desmoronar. ¿Cómo caminar con pies de barro? ¿Cómo mirar la vida con ojos de barro? ¿Cómo amar con corazón de barro? Sin embargo, este barro ¡vive! En su interior hay un aliento que le hace vivir. Es el Aliento de Dios. Su Espíritu vivificador.
Al final de su evangelio, Juan ha descrito una escena grandiosa. Es el momento culminante de Jesús resucitado. Según su relato, el nacimiento de la Iglesia es una nueva creación. Al enviar a sus discípulos, Jesús sopla su aliento sobre ellos y les dice: Recibid el Espíritu Santo.
Sin el Espíritu de Jesús, la Iglesia es barro sin vida: una comunidad incapaz de introducir esperanza, consuelo y vida en el mundo. Puede pronunciar palabras sublimes sin comunicar «algo» de Dios a los corazones. Puede hablar con seguridad y firmeza sin afianzar la fe de las personas. ¿De dónde va a sacar esperanza si no es del aliento de Jesús? ¿Cómo va a defenderse de la muerte sin el Espíritu del resucitado?
Sin el Espíritu creador de Jesús, podemos terminar sin que nadie en la Iglesia crea en algo diferente. Todo debe ser como ha sido. No está permitido soñar con grandes novedades. Lo más seguro es una religión estática y controlada, que cambie lo menos posible. Lo que hemos recibido de otros tiempos es también lo mejor para los nuestros. Nuestras generaciones han de celebrar su fe vacilante con el lenguaje y los ritos de hace muchos siglos. Los caminos están marcados. No hay que preguntarse por qué.
¿Cómo no gritar con fuerza: ¡ Ven, Espíritu Santo! Ven a tu Iglesia. Ven a liberamos del miedo, la mediocridad y la falta de fe en tu fuerza creadora?
Cuando nuestro corazón está «cerrado», nuestros ojos no ven, nuestros oídos no oyen. Vivimos separados de la vida, desconectados. El mundo y las personas están «ahí fuera» y yo estoy «aquí dentro». Una frontera invisible nos separa del Espíritu de Dios que lo alienta todo; es imposible sentir la vida como la sentía Jesús. Solo cuando nuestro corazón se abre, comenzamos a captarlo todo a la luz de Dios.
Cuando nuestro corazón está «cerrado», vivimos volcados sobre nosotros mismos, insensibles a la admiración y la acción de gracias. Dios nos parece un problema y no el Misterio que lo llena todo. Solo cuando nuestro corazón se abre, comenzamos a intuir a ese Dios «en quien vivimos, nos movemos y existimos». Solo entonces comenzamos a invocarlo como «Padre», con el mismo Espíritu de Jesús.
Cuando nuestro corazón está «cerrado», en nuestra vida no hay compasión. No sabemos sentir el sufrimiento de los demás. Vivirnos indiferentes a los abusos e injusticias que destruyen la felicidad de tanta gente. Solo cuando nuestro corazón se abre, empezamos a intuir con qué ternura y compasión mira Dios a las personas. Solo entonces escuchamos la principal llamada de Jesús: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».
No hemos de mirar a otros. Hemos de abrir cada uno nuestro propio corazón.
PROPUESTA DE UN CREDO ALTERNATIVO PARA PENTECOSTÉS Y LA TRINIDAD
Yo creo sólo en un Dios,
en Abbá, como creía Jesús.
Yo creo que el Todopoderoso
creador del cielo y de la tierra
es como mi madre y puedo fiarme de él.
Lo creo porque así lo he visto en Jesús, que se sentía hijo.
Yo creo que Abbá no está lejos sino cerca, al lado, dentro de mí.
Creo sentir su aliento como una vista suave que me anima
y me hace más fácil caminar.
Creo que Jesús, más aún que un hombre
es enviado, mensajero.
Creo que sus palabras son palabras de Abbá
creo que sus acciones son mensajes de Abbá.
Creo que puedo llamar a Jesús
la palabra presente entre nosotros.
Yo sólo creo en un Dios,
que es padre, palabra y viento
porque creo en Jesús, el hijo,
el hombre lleno del Espíritu de Abbá.
José Enrique Galarreta
en Abbá, como creía Jesús.
Yo creo que el Todopoderoso
creador del cielo y de la tierra
es como mi madre y puedo fiarme de él.
Lo creo porque así lo he visto en Jesús, que se sentía hijo.
Yo creo que Abbá no está lejos sino cerca, al lado, dentro de mí.
Creo sentir su aliento como una vista suave que me anima
y me hace más fácil caminar.
Creo que Jesús, más aún que un hombre
es enviado, mensajero.
Creo que sus palabras son palabras de Abbá
creo que sus acciones son mensajes de Abbá.
Creo que puedo llamar a Jesús
la palabra presente entre nosotros.
Yo sólo creo en un Dios,
que es padre, palabra y viento
porque creo en Jesús, el hijo,
el hombre lleno del Espíritu de Abbá.
José Enrique Galarreta
Bautismo de una Iglesia excluida y subversiva / Fiesta de Pentecostés – Ciclo C – Jn 20, 19-23 / 19.05.13
Reproduzco parte de un artículo que escribí hace tres años aproximadamente, y que sufrió algunas modificaciones con el paso del tiempo, pero en gran parte se mantiene. Se trata de la búsqueda, desde Pentecostés, del sentido subversivo que trae el Espíritu Santo. La subversión es una mala palabra en muchos lugares, y lo fue para el Templo de Jerusalén y para el Imperio Romano hace dos mil años. Como muchas víctimas de las dictaduras latinoamericanas, la comunidad de Jesús nació con esa etiqueta: subversivos.
Para la obra joánica, a diferencia de la lucana, es el mismo Resucitado quien sopla sobre sus discípulos para que reciban el Espíritu, conectando Pascua y Pentecostés en la inmediatez de unos pocos versículos. En Lucas, en cambio, los tiempos históricos son remarcados, sobre todo por el hecho de la ascensión (cf. Lc 24, 51; Hch 1, 9); no es el Resucitado quien sopla el Espíritu directamente, sino que el mismo viene a la comunidad apostólica a posteriori de la ascensión. Esta separación temporal e histórica de Pascua y Pentecostés cumple un rol en la obra lucana, y no es un mero capricho del autor. Lo que se quieren remarcar con énfasis son los tiempos; en primer lugar, el tiempo de Jesús, Dios encarnado que es muerto y resucita haciendo la misión; en segundo lugar, el tiempo de la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, que continúa la misión de Jesús. La separación histórica es pedagógica, es un recurso literario para hacernos concientes de la tarea evangelizadora que nos corresponde.
De la misma manera, el relato de Juan es pedagógico, poniendo en el soplo del Resucitado el aliento de vida del Espíritu, haciéndonos concientes de que el mismo Espíritu que resucitó a Jesús es el Espíritu que anima a la Iglesia. La clave en ambos Evangelios es el paralelismo que los autores intentan establecer entre el Fundador y su Fundación. La Iglesia no puede seguir su vida desprendida de Jesús, y el nexo lo constituye el Espíritu. Los autores están lanzando un llamado de atención a sus comunidades, y a las comunidades futuras, sobre la posibilidad de perder las raíces. Será la espiritualidad (vivir conforme al Espíritu) lo que asegurará la continuidad entre Jesús de Nazareth y sus seguidores. En Jn 7, 39, el evangelista explica por qué, cuando se narra la vida terrena de Jesús, el Espíritu Santo es referido en forma futura: “Aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado”. De esta manera, queda estipulado que el tiempo del Espíritu espera la glorificación del Cristo, o sea, su pascua. A partir de allí, el Espíritu se derramará para que el Evangelio no muera.
Una de las funciones principales del Espíritu Santo es el acompañamiento de la Iglesia, ser presencia de Dios en medio de su Pueblo. Como el Resucitado ya no estará más entre los discípulos, les otorga un Paráclito, quien estará con ellos para siempre (cf. Jn 14, 16). Esa permanencia, esa constancia, ese estar, tiene un propósito: enseñar y recordar todo lo referente a Jesús, dando testimonio de Él (cf. Jn 14, 26; Jn 15, 26). Jesús debe ser glorificado antes de la efusión del Espíritu porque sin su presencia física se justifica la tarea testimonial y recordatoria, imprescindible para la continuación de la obra evangelizadora.
En las palabras del discurso de despedida de Jesús durante la última cena, las referencias al Espíritu Santo se hacen muy específicas. Como no sucederá en ningún otro lugar de la literatura neotestamentaria, el Espíritu será llamado Paráclito. Este nombre tiene cuatro apariciones en el total del Nuevo Testamento, y son Jn 14, 16.26; Jn 15, 26 y Jn 16, 7. El término viene del griego parakletos, que significa el que está al lado de uno, en el sentido del que viene en ayuda. Por eso se lo utilizaba, en las cortes o tribunales, para designar a los abogados defensores o asistentes legales. En la primera cita sobre el Paráclito (cf. Jn 14, 16), Jesús dice que el que vendrá es, en realidad, otro Paráclito, lo que nos obliga a identificar al primero. Será en 1Jn 2, 1 donde se nos dará la pista: “Si alguno peca, tenemos un abogado [paráclito] ante el Padre: a Jesucristo, el Justo”. El primer defensor nuestro es Jesús, y el otro que envía el Padre es el Espíritu Santo, que también nos defenderá, estando con nosotros para siempre. El Espíritu viene para quedarse, para permanecer. Expresa la presencia transformada de Dios después de la pascua-ascensión, cuando Jesús ya no está físicamente. Queda claro que Dios no abandona, sino que modifica su existencia entre los seres humanos. En la segunda cita (cf. Jn 14, 26), Paráclito es sinónimo de Espíritu Santo, y es el que enseñará y recordará lo dicho por Jesús. El Espíritu es Maestro y Guía. Las palabras de Jesús no son estáticas, no han quedado en el tiempo ni pertenecen únicamente a la interpretación arbitraria de las primerísimas comunidades cristianas. El Espíritu, que permanece para siempre, sigue enseñando y recordando, a través de las generaciones, una Palabra que es dinámica y efectiva tanto ayer como hoy, que afecta, que moviliza, que instruye, que empuja. La tercera cita (cf. Jn 15, 26) identifica al Paráclito con el Espíritu de Verdad, que dará testimonio de Jesús. Es una tarea netamente misionera. Dar testimonio es evangelizar, compartir la Buena Noticia. El Espíritu Santo actúa en los corazones como testigo del acontecimiento cristológico, y capacita a los discípulos para ser testigos, en la misma línea de lo sucedido en el relato de Hechos de los Apóstoles, cuando tras Pentecostés, Pedro toma la palabra en su primer discurso público (cf. Hch 2, 14ss) y tres mil personas se convierten al escucharlo (cf. Hch 2, 41). La cuarta y última cita (cf. Jn 16, 7) es un tanto confusa; Jesús asegura que es conveniente que Él se vaya para que venga el Paráclito. Mal entendida, esta afirmación tiene hasta sentido gnóstico, con un Jesús que prácticamente se suicida para que los discípulos puedan recibir el Espíritu Santo. Podemos animarnos a interpretar que la frase es un recurso literario para que los discípulos comprendan que el cambio en la presencia de Dios, de Jesús al Espíritu Santo, no es una pérdida. Es conveniente que las cosas sucedan así, porque así el Espíritu se manifiesta.
El Paráclito, en definitiva, viene en defensa de un Iglesia que nace excluida y subversiva. Si muchos teólogos y comentaristas han identificado Pentecostés con el bautismo eclesial, es bueno mirar en ese bautismo las notas de una comunidad cristiana que debe inspirar a la comunidad actual. Es un hecho antropológico y sociológico volver a las bases, a los inicios, a los principios, para entender el presente y proyectar el futuro. El pasado es la enseñanza de lo que queremos ser y cómo podemos llegar a ser. En el caso específico de la Iglesia, el pasado es memoria activa, es sacramento, y es un ejercicio de anamnesis. El Espíritu Santo de Pentecostés de hace dos mil años es el Espíritu Santo de hoy, y será el de mañana. Él nos hace recordar para cambiar, recordar para evangelizar, recordar para amar. En ese recuerdo, caemos en la cuenta de la exclusión de los inicios y de la subversión con la que la comunidad del Resucitado se hace presente en el mundo. Veamos esos signos de exclusión y subversión en el texto joánico:
a) Las puertas cerradas: este dato no es menor. Los discípulos están encerrados. Desde la crucifixión que viven con miedo. Han matado al Maestro y ellos pueden ser los siguientes en la lista. Las puertas están cerradas porque ellos están encerrados mental y espiritualmente. El simbolismo de las puertas va más allá del espacio físico en el que se encuentran. Las puertas son los cerrojos de sus corazones. Aún no han comprendido lo que sucedió y, por ende, no están dispuestos a asumir que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no da fruto (cf. Jn 12, 24). En otra dimensión, las puertas cerradas pertenecen al ámbito sectario. La comunidad es una secta pequeña, un grupo distinto dentro del judaísmo, pero todavía confundido. En esa confusión se hace presente el Resucitado. El asesinado está vivo. No importa que las puertas estén cerradas; Él es capaz de hacerse presente en el encierro para abrir los corazones y las mentes. A los excluidos los hace salir, a los alejados los hace cercanos.
b) La excomunión: el gran miedo de los discípulos es hacia ese grupo que Juan llama los judíos (cf. Jn 1, 19; 2, 18; 5, 10.15.16.18; 6, 41; 7, 1.11.13; 8, 22.48.52.57; 9 ,18.22; 10, 24.31.33; 18, 31; 19, 7.12.21.38). El motivo de este temor puede rastrearse en las referencias a la excomunión de la sinagoga que sufren, según el relato joánico, los que se declaran discípulos de Jesús. Cuando muchos se preguntan si éste no es verdaderamente el Cristo, se hace notar que “nadie hablaba de él abiertamente por miedo a los judíos” (Jn 7, 13). Más adelante, en el episodio del ciego de nacimiento del capítulo 9, los padres del sanado recientemente tienen miedo de hablar con los dirigentes judíos porque ellos “habían puesto ya de acuerdo que, si alguno le reconocía como Cristo, quedaría excluido de la sinagoga” (Jn 9, 22). Y José de Arimatea era discípulo en secreto, también por miedo a los judíos (cf. Jn 19, 38). La comunidad que se va formando en torno a Jesús de Nazareth está excluida de la religión oficial, no pertenece a ella, es heterodoxa, es hereje, es excomulgada, excluida. El que declara a Jesús con el título de Cristo está blasfemando y no puede participar del Pueblo de Dios. La Iglesia nace en el margen de lo considerado correcto. No es alabada por los grandes sacerdotes ni reconocida como filosofía válida por los pensadores eminentes de la época. Es una Iglesia que nos interpela para preguntarnos de qué lado estamos. ¿Somos la gran religión oficial que excomulga bajo sospecha? ¿O somos una opción de vida, un camino diferente que está al margen de la propuesta común y corriente? ¿Somos comunidad perseguida o comunidad que persigue? ¿Somos los que deberíamos tener miedo y no lo tenemos porque nos encontramos con el Resucitado? ¿O somos los que generamos miedo en los demás con amenazas de exclusión e infierno?
c) En torno a un Crucificado: cuando el cristianismo nace se topa con una dificultad inmensa: demostrar que un crucificado es el Elegido de Dios. Para los judíos, según Dt 21, 23, el que cuelga del madero es un maldito. Jesús, en el árbol de la cruz, es maldición, y eso parece negar la posibilidad de que sea el Mesías. En el otro extremo, para el mundo pagano, un crucificado es un cadáver, un fracasado, y no puede salvar a nadie. Sin embargo, subversivamente, la Iglesia se congrega en torno al Resucitado que fue Crucificado, y que no niega su cruz. Por eso en la aparición les muestra las manos y el costado, y allí se alegran los discípulos por poder reconocer al Señor. Las manos perforadas y el costado abierto son la marca, el estigma del paso por la cruz. Verdaderamente murió, o sea que verdaderamente vivió. Y por la forma en que vivió es que fue asesinado. Contra judíos y paganos, la Iglesia afirma que su fe está puesta en un condenado que Dios eligió, y que la cruz no es motivo para no creer, sino todo lo contrario, es la paradoja por la que creemos. No hay reconocimiento del Resucitado sin ver sus marcas de muerte. No es un fantasma; es el Cristo. Valientemente, la Iglesia es capaz de afirmar que la muerte no tiene la última palabra y que el Dios de Jesús es el Padre de la vida. Un Dios que quiere la muerte, el hambre, los sufrimientos, la desigualdad social o la enfermedad, no es un Dios digno de crédito. En cambio, un Dios comprometido con la historia humana en sentido positivo, no para enviar calamidades, sino para hacerse presente en las víctimas, es un Dios que merece fe y amor, y en quien podemos depositar nuestras esperanzas.
d) Paz: que el Crucificado se haga presente para dar paz y no para proponer una venganza contra los que lo asesinaron es un acto que altera el orden esperado de acontecimientos. ¿Por qué Dios no se venga de los asesinos de su Hijo? ¿Para qué resucita Cristo si viene a traer paz y no la guerra definitiva y escatológica? La paz del Resucitado es subversiva en cuanto propone una alternativa al espiral de violencia. Dios no contribuirá a aumentar la muerte en el mundo. Al contrario, Dios traerá y ofrecerá su paz. La Iglesia no nace de la venganza, sino del amor. No está en el mundo para entablar guerras o declarar condenas. La Iglesia es instrumento y sacramento de paz. A los ataques no responde con contra-ataques. No guarda rencor ni desea el mal de nadie.
e) Perdonar los pecados: en la misma línea que lo anterior, en un mundo que no perdona, el Resucitado envía a los discípulos a perdonar. Su autoridad es la autoridad de restablecer las relaciones rotas. Subversivamente, cuando la sociedad exige no absolver y lograr el mayor daño en el otro, la Iglesia tiene la tarea de reconstruir y reparar. El perdón que, materialmente, se efectiviza entre los seres humanos, es sacramento del perdón de Dios. El poder no está en los bienes materiales que pueda almacenar la Iglesia ni en los decretos firmes y decididos; el poder eclesial está en el perdón. Quien perdona, subvierte el orden. Quien perdona tiene el máximo poder, porque no pretende cambiar las cosas desde la imposición, sino desde el amor.
Publicado por CAMINO MISIONERO en 20:19 0 comentarios
Etiquetas: el domingo, palabra para la mision, pentecostes, recomendados
Sicut navis
“Señor, hoy o mañana…el barco está ya listo
Y solo espera tu orden para poder zarpar;
Las gentes del contorno atónitos me han visto
Cogiendo de la playa las redes y las velas tendidas a secar.
¡Señor, cuando tú quieras!… ¿A dónde irá la nave?
¡Lo ignoro, mas tus brazos abiertos siempre están Luché, sufrí, mi vida fue igual a la del ave
Errante y solitaria que cruza por las olas que vienen y se van.
Azul el mar tranquilo, azul también el cielo.
La lona empieza a inflarse con un leve rumor.
Señor, cuando tú quieras agitaré el pañuelo
A los que deja el barco sobre la playa negra del mar y del dolor”.
(Ricardo Nieto)
Y solo espera tu orden para poder zarpar;
Las gentes del contorno atónitos me han visto
Cogiendo de la playa las redes y las velas tendidas a secar.
¡Señor, cuando tú quieras!… ¿A dónde irá la nave?
¡Lo ignoro, mas tus brazos abiertos siempre están Luché, sufrí, mi vida fue igual a la del ave
Errante y solitaria que cruza por las olas que vienen y se van.
Azul el mar tranquilo, azul también el cielo.
La lona empieza a inflarse con un leve rumor.
Señor, cuando tú quieras agitaré el pañuelo
A los que deja el barco sobre la playa negra del mar y del dolor”.
(Ricardo Nieto)
Evangelio Misionero del Día: 19 de Mayo de 2013 - Domingo de Pentecostés (Solemnidad)
Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo:
«¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes».
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:
«Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».
Compartiendo la Palabra
NECESITADOS DE SALVACIÓN
El Espíritu Santo de Dios no es propiedad de la Iglesia. No pertenece en exclusiva a las religiones. Hemos de invocar su venida al mundo entero tan necesitado de salvación.
Ven Espíritu creador de Dios. En tu mundo no hay paz. Tus hijos e hijas se matan de manera ciega y cruel. No sabemos resolver nuestros conflictos sin acudir a la fuerza destructora de las armas. Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo ensangrentado por las guerras. Despierta en nosotros el respeto a todo ser humano. Haznos constructores de paz. No nos abandones al poder del mal.
Ven Espíritu liberador de Dios. Muchos de tus hijos e hijas vivimos esclavos del dinero. Atrapados por un sistema que nos impide caminar juntos hacia un mundo más humano. Los poderosos son cada vez más ricos, los débiles cada vez más pobres. Libera en nosotros la fuerza para trabajar por un mundo más justo. Haznos más responsables y solidarios. No nos dejes en manos de nuestro egoísmo.
Ven Espíritu renovador de Dios. La humanidad está rota y fragmentada. Una minoría de tus hijos e hijas disfrutamos de un bienestar que nos está deshumanizando cada vez más. Una mayoría inmensa muere de hambre, miseria y desnutrición. Entre nosotros crece la desigualdad y la exclusión social. Despierta en nosotros la compasión que lucha por la justicia. Enséñanos a defender siempre a los últimos. No nos dejes vivir con un corazón enfermo.
Ven Espíritu consolador de Dios. Muchos de tus hijos e hijas viven sin conocer el amor, el hogar o la amistad. Otros caminan perdidos y sin esperanza. No conocen una vida digna, solo la incertidumbre, el miedo o la depresión. Reaviva en nosotros la atención a los que viven sufriendo. Enséñanos a estar más cerca de quienes están más solos. Cúranos de la indiferencia.
Ven Espíritu bueno de Dios. Muchos de tus hijos e hijas no conocen tu amor ni tu misericordia. Se alejan de Ti porque te tienen miedo. Nuestros jóvenes ya no saben hablar contigo. Tu nombre se va borrando en las conciencias. Despierta en nosotros la fe y la confianza en Ti. Haznos portadores de tu Buena Noticia. No nos dejes huérfanos.
Ven Espíritu vivificador de Dios. Tus hijos e hijas no sabemos cuidar la vida. No acertamos a progresar sin destruir, no sabemos crecer sin acaparar. Estamos haciendo de tu mundo un lugar cada vez más inseguro y peligroso. En muchos va creciendo el miedo y se va apagando la esperanza. No sabemos hacia dónde nos dirigimos. Infunde en nosotros tu aliento creador. Haznos caminar hacia una vida más sana. No nos dejes solos. ¡Sálvanos!
Difunde la invocación al Espíritu Pásalo.
Publicado por CAMINO MISIONERO en 12:41 0 comentarios
Etiquetas: el domingo, evangelio misionero del día, pentecostes
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