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Un Dios Prohibido (Película completa) - Link de descarga: http://es.gloria.tv/?media=575466&connection=screen Verano de 1936, inicios de la Guerra Civil española. La película narra el martirio d...Hace 12 años
domingo, 24 de marzo de 2013
24 de Marzo de 2013: XXXIII Aniversario del Martirio de Monseñor Oscar Romero
La Iglesia no puede callar ante esas injusticias del orden económico, del orden político, del orden social. Si callara, la Iglesia sería cómplice con el que se margina y duerme un conformismo enfermizo, pecaminoso, o con el que se aprovecha de ese adormecimiento del pueblo para abusar y acaparar económicamente, políticamente, y marginar una inmensa mayoría del pueblo. Esta es la voz de la Iglesia, hermanos. Y mientras no se le deje libertad de clamar estas verdades de su Evangelio, hay persecución. Y se trata de cosas sustanciales, no de cosas de poca importancia. Es cuestión de vida o muerte para el reino de Dios en esta tierra.
Monseñor Oscar Arnulfo Romero.
24/07/1977
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sábado, 23 de marzo de 2013
Monseñor Oscar Romero (24 de Marzo de 1980 en su última homilía)
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jueves, 24 de marzo de 2011
¿Quién mató a Monseñor?
Eran casi las siete de la noche del 24 de marzo de 1980. En la capilla de la Divina Providencia -situada en un barrio pobre de El Salvador- tan sólo estaban presentes algunos ancianos, muchas mujeres y un grupo de monjitas. Aquella era la ocasión buscada por los asesinos puesto que, a pesar de contar con el apoyo del ejército y el gobierno, eran muy prudentes.
-"Éste es mi cuerpo"
Mirando la hostia, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de El Salvador, pronunció las palabras rituales que transforman el pan en el cuerpo de la víctima que va a ser sacrificada. Sus frases resultan hoy premonitorias:
"Que este cuerpo inmolado y esta sangre sacrificada por los hombres nos alimenten también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo”.
El ejecutor se hallaba junto a la puerta disimulado tras de la pila de agua bendita. No sabemos si metió la mano y se persignó para que le trajera buena suerte. Levantó el rifle y apuntó. En ese momento, la hostia levantada sobre el rostro de Monseñor evitaba que éste lo viera. De todas formas, el asesino acarició su mejor soporte: El Starlight es una mira telescópica para rifles de precisión necesarios para una operación de este tipo.
Afuera lo esperaba el Escuadrón de la Muerte dentro de una camioneta Dodge Lancer blanca perteneciente al ejército y una Volkswagen Passat en la que iban los cabecillas de la operación.
Antes de que el Cuerpo de Cristo fuera consagrado, sonó el disparo. Lo escucharon a 50 metros los criminales y volvieron a la iglesia para recoger al ejecutor.
Monseñor Oscar Romero cayó sosteniendo la hostia contra su corazón. Si es cierto que en los últimos segundos precedentes a la muerte uno recuerda muchos años de su existencia, es posible que entonces viera los momentos en que se había convertido en la esperanza de los pobres martirizados en una nación paupérrima del planeta.
Acaso se vio en bicicleta como joven párroco de una aldea. Se recordó después como director del seminario de El Salvador. Se vio vestido de obispo y después de arzobispo, la primera autoridad eclesiástica del país.
Hizo memoria de todas las veces en que el presidente y los miembros más importantes del gobierno lo llamaron, lo adularon y lo invitaron a consagrar la tradicional unidad entre la Iglesia y los ricos, entre los obispos y los criminales.
Acaso en esos pocos segundos, se vio también declinando primero y después rechazando ese tipo de ofertas y de dádivas. Por el contrario, se recordó caminando con los pobres por las carreteras que el ejército había cerrado. De esa manera, con su presencia, evitaba que fueran ametrallados los ciudadanos que deseaban ejercer su derecho al sufragio.
¿Y qué pasó después? En vista de que su calzado tenía unos hoyos enormes en la suela, las monjitas le obsequiaron unos zapatos nuevos.
Se vio pobre, representante de pobres, viajando a Washington para pedirle al Presidente de Estados Unidos que no siguiera armando al ejército de El Salvador y evitara así una matanza que ya pasaba de 50 mil personas. Se vio regresando a su país colmado de promesas. Recordó que un año atrás el parlamento inglés por unanimidad lo había presentado como su candidato al Premio Nobel de la Paz.
Les ordeno en nombre de Dios: cese la represión
Recordó, por fin, las palabras de su homilía del domingo dirigidas a los hombres del ejército: "Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que viene de un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios”.
Tal vez, todavía estaba en el aire su voz valiente proclamando que: "La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: cese la represión".
Esa fue su condena de muerte. El hombre que la ejecutó fue entrevistado el año pasado en California. Cuando dirigió la operación, era un rubio y sonrosado capitán de la Fuerza Aérea. Ahora es solamente un miserable. Vive escondido en una cabaña rodeado por criminales y drogadictos. Cuando el gobierno derechista lo consideró un estorbo, se fue a los Estados Unidos. "Allí ha sido repartidor de pizzas, vendedor de carros usados y lavador de narcodinero. Ahora arde en el infierno que ayudó a prender aquellos días cuando matar "comunistas" era un deporte”.
Al periodista que le hizo el reportaje le rogó que le llevara dos supersanduches de Burger King. Uno era para comerlo en ese momento. El otro era para el día siguiente. "¿Y si se le pudre hasta mañana?”... "No importa. Todo lo que como está podrido”.
¿Quién mató a Monseñor?...
El asesinato de Monseñor Romero es considerado como un crimen de lesa humanidad, y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos tiene abierto un expediente contra el estado salvadoreño. Desde hace una década esa organización "dependencia de la Organización de Estados Americanos- ha recomendado la derogación de la Ley de Amnistía, pero los últimos tres gobiernos” dos de Arena y el último del FMLN- han desoído la propuesta.
¿Quién mató a Monseñor?... No fue, de ninguna manera, el miserable de uñas sucias que se esconde en algún lugar de este país. Lo fueron sí quienes le dieron la orden, las empresas norteamericanas que financiaron a aquellos, el gobierno que amnistió a los criminales, y lo son quienes persisten, por cobardía, en dejar vigente esa ley.
¿Quién mató a Monseñor?... La pregunta puede responderse con otra: ¿quién armó al ejército de El Salvador? ¿Qué país entrenó a sus oficiales en torturas y masacres? ¿Qué país está pronto a echar de sus tronos a los dictadores árabes, pero toleró a los Pinochet, a los Fujimoris, a los Videlas, a la bestialidad sin fin del Cono Sur?...
¿Quién mató a Monseñor?... O más bien, ¿quiénes lo matan todos los días? ¿No lo serán los supuestos arzobispos que cerraron el templo a las víctimas en Ayacucho y proclamaron luego que los derechos humanos son una cojudez? ¿No lo serán los carnavalescos candidatos a la presidencia que están dispuestos a abrirle las puertas de su jaula al criminal Fujimori?
¿Quién mató a Monseñor?” ¿No serán acaso los que justifican las matanzas, los secuestros, la venta de niños y las torturas para supuestamente pacificar un país?
La bala alcanzó su objetivo ese día lunes 24. Acaso mientras caía a tierra, Monseñor recordaba sus propias palabras basadas en el Evangelio: "...Si denuncio y condeno la injusticia es porque es mi obligación como pastor de un pueblo oprimido y humillado... El Evangelio me impulsa a hacerlo y en su nombre estoy dispuesto a ir a los tribunales, a la cárcel y a la muerte…”.
Mientras escribo esta nota, recuerdo lo escrito en el Evangelio de Mateo. Según él, son bienaventurados quienes sufren persecución y prisión por su amor a la justicia. Como la de Monseñor, su palabra vivirá para siempre.
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‘Con Monseñor Romero, renace la juventud de los pueblos’
No sabemos qué hubiera dicho monseñor a los jóvenes de hoy considerando las nuevas circunstancias con sus propios desafíos; probablemente, más que sus palabras seguiría atrayendo de él, entre los jóvenes, su vida, su compromiso, su ser distinto al sistema establecido, que existía ayer como hoy. Sin duda alguna, se ocuparía de esa juventud sin oportunidades, víctima de la violencia, sin estima, emigrante y sin futuro. Seguiría creyendo en la juventud como signo de renovación, sin ignorar las situaciones negativas que les afectan seriamente: la pobreza, la crisis familiar, y su permeabilidad a las nuevas formas de expresiones culturales, entre otras.
Hoy día uno de los factores que impiden que la juventud se constituya en una fuerza renovadora, valiente y positiva, lo representa un modo de vida típico de las llamadas sociedades modernas, que suele proponerse como modelo a seguir: hablamos de la vida light. La palabra light, en principio, tiene una connotación positiva con respecto a la alimentación y su vínculo con la salud: gaseosa sin azúcar, cerveza sin alcohol, tabaco sin nicotina, café sin cafeína, queso sin grasa, etc. Pero también tiene una connotación negativa con respecto al modelo de vida predominante; la vida light se caracteriza porque todo carece de interés y la esencia de las cosas ya no importa, sólo lo superficial tiene valor; lo importante es seducir, provocar y ser divertido, ya no interesan los contenidos. La consecuencia de esto es una mediocridad pública, una socialización de la trivialidad y de lo mediocre. Se da un ascenso del egoísmo humano, de la insolidaridad, de una sociedad indiferente o apática hacia los otros. Surge la vida sin ideales, sin utopías, sin sueños, sin proyectos, sin incidencia en la realidad. Hay un dejarse llevar por la vida light: sexo sin amor, paternidad sin responsabilidad, diversión sin freno, política sin ética, economía sin equidad, religión sin espiritualidad, consumismo sin límites.
Ahora bien, ¿en los mensajes que Monseñor dirigió en su tiempo a los jóvenes podemos encontrar elementos contraculturales para esta forma de vida? Creemos que sí, y citamos al menos tres: la cultura de un desarrollo incluyente; el cultivo del espíritu crítico y creativo; y el fomento de la espiritualidad. Tres aspectos que pueden revitalizar la juventud de los pueblos en los dos sentidos que hemos mencionado. Veámoslos brevemente.
La cultura de un desarrollo incluyente. Decía Monseñor: "Hay que darle a la juventud, a la niñez de hoy, una sociedad, un ambiente, unas condiciones donde pueda desarrollar plenamente la vocación que Dios le ha dado... Hay que proporcionar al ambiente unas situaciones en que el hombre, imagen de Dios, pueda de veras resplandecer en el mundo como una imagen de Dios, participar en el bien común de la república, participar en aquellos bienes que Dios ha creado para todos” (homilía 7/05/78). Tenemos aquí un primer desafío que sigue siendo actual: los jóvenes deben tener acceso a la igualdad de oportunidades para desplegar sus potencialidades, especialmente, se deben crear oportunidades de educación y empleo; educación de calidad y empleo decente. Con el aumento de los jóvenes que ni trabajan ni estudian, el país desaprovecha un potencial y éstos se vuelven vulnerables al crimen organizado, o se ven forzados a la peligrosa aventura de la emigración.
El cultivo del espíritu crítico y creativo. Exhortaba Monseñor Romero: "Tiene que proponer la Iglesia...una educación que haga de los hombres sujetos de su propio desarrollo, protagonistas de la historia. No masa pasiva, conformista, sino hombres que sepan lucir su inteligencia, su creatividad, su voluntad para el servicio común de la patria” (homilía 15/01/1978). Un segundo desafío que puede considerarse como estratégico: replantearse la necesidad de nuevos objetivos educativos. La educación no debe ni puede reducirse a mero adoctrinamiento, preparación profesional o a un proceso de adaptación social, sino que ha de entenderse como participación en el quehacer del propio crecimiento y del progreso social, o como procesos que permiten a la persona hacer realidad sus capacidades y talentos. Opción típicamente cristiana: convertir al educando en sujeto de su propio desarrollo.
El fomento de la espiritualidad. En la fiesta de Pentecostés de 1978, Monseñor Romero proclamó: "Jóvenes, en ustedes la Iglesia se renueva, en ustedes el Espíritu de Dios es como agua fecunda para la humanidad de esta arquidiócesis que vive en esta noche un Pentecostés no sólo en su Catedral, sino en todo el ámbito de sus fronteras, gracias a que ha habido mártires que han sido nobles…Que ustedes sean ese reverdecer” (vigilia de Pentecostés, 13/04/78). Un tercer desafío que tiene las características de necesario y urgente: desarrollar la espiritualidad entendida como apertura a lo que nos hace mejores seres humanos: el Dios de Jesús, para los cristianos. Esa apertura nos capacita para vivir y convivir en profundidad el amor, la solidaridad compasiva y la indignación profética como verdadero sentido de la vida, opuesto al sinsentido de la vida light, y auténtica fuerza para que renazca la juventud de los pueblos.
Monseñor Oscar Romero (24 de Marzo de 1980 en su última homilía)
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sábado, 12 de marzo de 2011
LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN ENCUENTRA SU CULMINACIÓN EN CRISTO PERO TUVO SU ORIGEN EN ADÁN Y TIENE SU PROLONGACIÓN DE ADÁN Y DE CRISTO EN NOSOTROS
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
12 de febrero de 1978
Génesis 2, 7-9; 3, 1-7 / Romanos 5, 12-19 / Mateo 4, 1-11
INTRODUCCIÓN: LA GRAN PROCESIÓN CUARESMAL ROMANA
...desde el miércoles de esta semana nos encontramos en el año litúrgico, una temporada densa que se llama la Cuaresma. Para comprenderla, remontémonos un poco a aquellas celebraciones cuaresmales de la era de oro de la liturgia. Allá en Roma se organizaba la gran procesión cuaresmal compuesta por tres grandes grupos de cristianos, el principal era el de los catecúmenos, o sea, de los que se estaban presentado para recibir el bautismo en la solemne noche del Sábado Santo para resucitar con Cristo a la vida cristiana, y la Cuaresma se aprovechaba para intensificar esa preparación. El segundo grupo lo formaban los penitentes, gente que tomaba conciencia de su pecado público grave y buscaba el perdón de Dios y la reconciliación con la Iglesia, y durante la Cuaresma estaban cumpliendo la penitencia para recibir en Semana Santa la absolución e incorporarse otra vez al pueblo santo de Dios. Y el tercer grupo, los fieles, los que gracias a Dios, a pesar de las deficiencias ordinarias humanas, no lamentaban ninguna traición a la ley de Dios en sentido grave y le pedían al señor la gracia de la perseverancia.
Y encabezando esta procesión de catecúmenos, de penitentes y de fieles, el Papa y el Clero que también forman parte de esa humanidad pecadora, vestidos de ceniza y de penitencia todos, recorrían los diversos lugares donde se inspiraba más esta renovación cristiana del pueblo de Dios. Por eso, el Concilio Vaticano II nos dice que aprovechemos este tiempo cuaresmal y explotemos esos ricos elementos de la liturgia de estos cuarenta días, sobre todo esos elementos bautismales y penitenciales. Sintámonos, pues, en esa procesión de quienes se preparan para el bautismo, aunque gracias a Dios ya somos bautizados, pero el Sábado Santo vamos a renovar en una nueva liturgia, nuestros compromisos bautismales. En la Cuaresma debemos aprovechar para estudiar e incorporamos más en este cristianismo al cual entramos por nuestro bautismo. Y si tenemos algo que lamentar de pecados, de desobediencias a la ley de Dios, de traiciones a nuestra moral cristiana, aprovechemos la cuaresma para purificamos y para ser miembros vivos de este pueblo de Dios que quiere ser un reflejo de la santidad infinita de Dios. De esto vamos a profundizar un poco más a través de las lecturas que nos ofrece hoy la Palabra de Dios.
HECHOS DE LA SEMANA
Pero antes, como de costumbre, quiero enmarcar en hechos concretos de la semana este momento precioso de la Cuaresma, del año litúrgico.
HECHOS DE LA VIDA CIVIL
En este sentido, hermanos, tengo que referirme a dos actos que sucedieron aquí en nuestra capital.
HUELGUISTAS DEL INGENIO IZALCO
El martes, al mediodía, un grupo de obreros y campesinos, familiares la mayor parte de huelguistas del Ingenio Izalco, entraron a la Catedral y la cerraron y la ocuparon. Al día siguiente, miércoles por la tarde, otro grupo con la misma motivación entró a la iglesia del Calvario y también la cerró para estar allí. Querían los dos grupos un diálogo también con el Arzobispo, a lo cual les di oportunidad, y conocí que los objetivos de esa acción era el apoyo a esa huelga y pedir libertad para sus parientes presos que, según ellos, también habían sido ultrajados por las autoridades.
En el diálogo expresé lo que ahora quiero expresarles a Uds. en público. Por una parte, critiqué la improvisación de estos actos y que no se jugara con acciones tan graves como es ir a ocupar una iglesia, que es un signo que en esta forma pierde mucha eficacia y que ellos se exponían a una frustración. De hecho, les insinué que más oportuno era dejar los templos ocupados y por mi parte me comprometía, como ya lo estoy haciendo, a ser solidario con los reclamos justos que nuestro pueblo hace a veces, en voces y en formas, en signos desproporcionados. Y así fue. Los dos grupos salieron pacíficamente. Soy testigo de la desocupación de los dos templos, y también del respeto que manifestaron a esos lugares.
MANIFESTACIÓN DEL BLOQUE POPULAR REVOLUCIONARIO
Pero yo hago también esta otra reflexión, y es también a propósito de otro acontecimiento que les quiero anunciar. Ayer, cuando fui a Arcatao a dejar a las religiosas Guadalupanas que va a tener esta pastoral de aquella población sin sacerdote, hubo al final, mejor dicho, después de nuestra ceremonia religiosa, una manifestación de parte del Bloque Popular Revolucionario. A propósito de estos acontecimientos yo quiero simplemente repetir lo que ya he dicho muchas veces: que la Iglesia es independiente de cualquier grupo humano político, que se asocia para fines a veces muy bíblicos y que la Iglesia puede apoyar no haciéndose solidaria con los objetivos e ideales de esas agrupaciones sino porque es justo lo que allí a veces se reclama.
Quiero decirles que esas agrupaciones que toman iniciativas, no son propiamente la Iglesia y que la Iglesia exhorta a los cristianos que se incorporan a esos grupos a ser fieles a lo que la Iglesia enseña. La Iglesia enseña que el legítimo deseo de liberación de los pueblos trae muchas veces consigo la tentación de la violencia, la desesperación, pero que la Iglesia no puede aprobar ni justificar mucho menos los actos violentos, aunque tampoco la Iglesia puede condenarlos sin hacer un análisis muy serio de las causas que provocan esas acciones. Y es aquí donde el mismo Papa Pablo VI cuando vino a Bogotá, dijo esta frase que inspira la acción de la Iglesia: "Que muchas crisis de la historia pudieran haber sido superadas si las reformas necesarias hubiesen prevenido oportunamente con sacrificios valientes, las revoluciones explosivas de la desesperación." Es lo que siempre hemos dicho, queridos hermanos, que la Iglesia cuando denuncia las violencias revolucionarias, no puede olvidar que existe una violencia institucionalizada, y que la violencia desesperada de los hombres oprimidos no se reprime con leyes parciales, con armas ni con la prepotencia; solamente hay que prevenirlas, como dice el Papa, con sacrificios valientes, renunciando a muchas comodidades y que mientras no haya entre nosotros más justicia siempre habrá brotes de revolución. Aunque la Iglesia no aprueba ni justifica las revoluciones sangrientas, los gritos de odios, sin embargo, tampoco los puede condenar mientras no vea un esfuerzo por quitar las causas que producen ese malestar en nuestra sociedad. Esta es la postura de la Iglesia, por lo cual tiene que sufrir tremendos conflictos pero por lo cual se siente fiel a la justicia de Dios, al evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.
PROPAGACION DE UNA FALSA ESPECIE DEL ARZOBISPO
También, hermanos, quiero hacer una aclaración muy necesaria; el Señor Embajador de El Salvador ante la Santa Sede me ha autorizado para decirles que en la Cancillería se ha propagado una falsa especie del Arzobispo, como si hubiera puesto como condición para dialogar con el Señor Presidente el ir a hacer este diálogo afuera del país. Yo quiero decir, hermanos, que es completamente falso. Sería una estupidez para mí, sabiendo que aquí podría tener acceso a platicar directamente con el Señor Presidente, poner como condición salir los dos del país. ¿Qué objeto tiene? y ¿qué intentan con esta falsa especie?. Ya se ven las intenciones de calumniar, de distorsionar las actitudes de la Iglesia. Lo que la Iglesia espera es un ambiente de confianza garantizado por hechos en servicio, en respeto de nuestro querido pueblo.
HECHO DE LA VIDA ECLESIAL. REUNIÓN CON EL CLERO
Ahora hermanos, refiriéndome a esta Cuaresma a hechos eclesiales, quiero agradecer al Señor, con ustedes, la reunión del Clero que tuvimos el martes, en la cual se analizó el trabajo de Comunidades Eclesiales de Base. Son grupos cristianos que se reúnen a reflexionar en torno de la Biblia y que van haciendo entre nosotros una Iglesia más consciente, más humana, más de diálogo íntimo con el pueblo. Y hemos propuesto, los sacerdotes, celebrar este año, si Dios quiere, al final, un congreso de Comunidades de Base. Desde ahora, pues, felicito a todos los que están trabajando en esta forma. y hay muchas... del evangelio para crear en nosotros una cultura de inspiración... donde esta tarde a las 6 le daremos posesión. (Esta homilía fue interferida por medios ilegales haciendo ininteligible esta parte de la transmisión radial).
NOTICIAS DE LA VIDA RELIGIOSA
Tuve también el gusto de saludar al Padre Superior General de los Josefinos que administran la Parroquia de la Sagrada Familia en la Colonia Centro América. Quiero aprovechar para agradecer y felicitar a los PP. Josefinos que tanto bien están haciendo en nuestra Arquidiócesis.
Las religiosas de la Asunción cumplieron 15 años esta semana de estar dirigiendo la Escuela del Barrio de Lourdes. Participé en su Eucaristía para darle gracias al Señor y ver el cambio enorme que esta presencia de la Iglesia, a través de las Hermanas de la Asunción y de sus colaboradores, maestros y bienhechores han hecho en ese importante sector de nuestro pueblo.
Como ya les dije, ayer fuimos a dejar a las Hermanas Guadalupanas a Arcatao. Y quiero dejar constancia a través de la radio, mi saludo cariñoso y mi agradecimiento por aquella acogida. Hermanos, yo hubiera querido que todos fueran testigos de un verdadero domingo de ramos; era todo el pueblo y gente campesina venida de hasta tres horas de camino para estar con nosotros en un momento tan bello de Arcatao. La pintoresca población que expresó su pensamiento de adhesión al obispo y a la presencia de la Iglesia allá a través de un valiente discurso de un intérprete del pueblo don Ernesto, (no recuerdo el apellido). También quiero felicitar y saludar a las Madres que allá están haciendo acto de presencia ya en nombre de la Iglesia.
Ha habido cambio de Superiora en la comunidad de la obra del Buen Pastor. Ayer las Carmelitas Misioneras celebraron el acto con que se adhieren a la celebración del 75 aniversario de su fundación que va a ser el 8 de marzo. Con la participación de sus ex - alumnas del Colegio de la Gruta y de otros colaboradores, se tuvo una procesión en honor de la Virgen de Lourdes y hubo una ceremonia preciosa al terminar la procesión: una concentración de enfermos que recibieron la santa unción y el mensaje del cristianismo, de lo que vale el dolor de un enfermo. Al terminar la ceremonia oía personas que no eran enfermas, agradecer esa voz de esperanza que la Iglesia tiene para el que sufre y le sabe decir al enfermo, al que parece un inútil para la sociedad: que su dolor y su sufrimiento ofrecido con Cristo en la cruz, es precisamente la salvación del mundo.
A los laicos quiero felicitarlos por su participación que tuvieron en la reunión laical de Costa Rica para preparar la participación de los laicos en la Tercera Reunión del Episcopado Latinoamericano que va a ser en octubre, en Puebla de México.
También anuncio al departamento de Cuscatlán, que allá está trabajando, autorizada por el Arzobispo, la Comisión Departamental de Laicos, para promover la vida laical en todas las parroquias de aquella Vicaría.
Y en este ambiente también laical, me he alegrado mucho al pasar por Chalatenango ayer, de la floreciente vida de las comunidades que se está impulsando principalmente a través de nuestros queridos laicos. Precisamente del 15 de febrero al 15 de marzo, van a tener un curso más de catequesis para preparar laicos a llevar el mensaje cristiano a todas las comunidades.
Y ahora para terminar estos avisos, quiero referirme a algo muy importante que es la Jornada del Sacrificio Voluntario. Aquí junto al altar mayor están unos carteles que van a usarse durante toda esta semana para llamar a nuestro pueblo a acuerpar la campaña contra el hambre en el mundo, privándose voluntariamente de algo. Aportemos aunque sea de nuestras pobrezas, algo al hambre de nuestros hermanos. El hambre, queridos hermanos, es una tremenda realidad aún en nuestro ambiente. Y ya que el amor a Cristo nos debe de hacer sentir a nuestros miembros sufrientes como propias las necesidades de ellos, el próximo domingo se hará una colecta especial para pedir en socorro de tanta gente que sufre hambre en el mundo.
INVITACIÓN A LA INVESTIDURA DEL DOCTORADO HONORIS CAUSA DE LA UNIVERSIDAD DE GEORGETOWN.
Y finalmente, hermanos, quiero hacer una atenta y cariñosa invitación a todos ustedes que considero mis hermanos, mis amigos, para acompañarme el martes próximo a las 7 de la noche, aquí en Catedral, donde voy a recibir el honor del Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Georgetown, pero que como he manifestado no lo quiero recibir solo, quiero sentir en ese honor, el estímulo, la felicitación, no a un hombre, sino a una Iglesia Particular que son todos mis queridos sacerdotes, religiosas y fieles que comparten la preocupación del magisterio actual de la Iglesia, un evangelio que como se me dijo ayer en Arcatao, quiere estar bien encarnado viviendo en las necesidades del pueblo. Así es como la condecoración que me van a honrar, quiero decir que es de todos ustedes y que es el estímulo a todos los que trabajan por un orden más justo en el mundo.
Y este es, hermanos, ya el pensamiento de nuestra homilía de hoy. La Cuaresma ha cambiado el rostro del año litúrgico, interrumpe el tiempo Ordinario para invitar como en una gran universidad, a todo el pueblo de Dios a hacer un curso de historia de la salvación, pero no en teoría sino vivencial, que lo participemos.
Esta historia de la salvación encuentra su culminación en Cristo pero tuvo su origen en Adán y tiene su prolongación de Adán y de Cristo en nosotros. Estos son los tres pensamientos de la homilía de hoy.
Dos protagonistas de la historia de la salvación: Adán, Cristo.
Y un objetivo, el pueblo, nosotros, toda la humanidad.
lº. ADAN, PROTAGONISTA DE LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN.
PRIMER CAPÍTULO DE LA HISTORIA DE SALVACION: LA CREACIÓN, LA NATURALEZA.
La primera lectura de hoy nos remonta a los orígenes de la historia, el primer hombre, la primera mujer, de donde procede todo el género humano. Es interesante ver aquí cómo la creación, la naturaleza, es el primer capítulo de la historia de la salvación: es decir, la redención que después va a hacer Cristo es un segundo capítulo y nosotros somos la materia de toda esa historia. En el Génesis se ha leído hoy el amor con que Dios creó el mundo para entregarlo al hombre, el hombre es la razón de ser de la creación. El hombre hecho a imagen de Dios, es dueño de la creación; todas las cosas creadas son para el hombre. Este es el origen primigenio del proyecto de Dios; el hombre llamado a ser colaborador con Dios. En una forma gráfica nos presenta la Biblia a un Dios que sopla el espíritu de vida en el hombre que brota del barro, es un ser creado pero con un soplo de Dios, es imagen de Dios porque lo ha hecho inteligente, capaz de amar y le ha dicho extendiendo su mano creadora sobre todas las cosas: "todo es vuestro". No hay que olvidar este gesto de la creación, toda la creación ha sido para el hombre y el hombre es creado por amor de Dios para ser dueño, príncipe, de todas las cosas que existen.
LA RESPUESTA DEL HOMBRE
Lástima que la segunda parte de la lectura del Génesis nos cuenta la triste respuesta del hombre. Eva quiso encontrar el camino de la felicidad no por la obediencia a Dios y sedujo a Adán en ese camino de desobediencia. Y entonces comienza la historia de la humanidad bajo otro aspecto: la humanidad caída, el género humano caído, pecador. Pero Adán con su desobediencia ha sido el padre de una familia, es protagonista de toda una humanidad. No hemos de olvidar este origen para comprender luego lo que vamos a decir. Pero antes, fijémonos en el otro protagonista, es el segundo pensamiento de esta homilía.
2º. CRISTO, OTRO PROTAGONISTA DE LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN.
CRISTO, EL SEGUNDO ADÁN, REDENTOR DE LOS HOMBRES.
Cristo, segundo Adán, hijo de Dios encarnado en las entrañas de María, quiere asumir toda la responsabilidad del género humano, desobediencia a Dios, comenzando por la desobediencia del paraíso; y la redención que Cristo viene a hacer no será otra cosa que un acto heroico, divino, de obediencia. Por obediencia se encarna, por obediencia va a tomar su cruz y por obediencia lo vemos hoy en el desierto. Al principio de la Cuaresma los ojos de un cristiano deben de clavarse en ese Cristo, ayunando 40 días con sus 40 noches. Llevado por el Espíritu, nos ha dicho el evangelio, el Espíritu de una obediencia. El Hijo del Hombre, el representante de toda la humanidad sabe que los hombres están en un estado de naturaleza caída y que es necesario levantarla. Viene como un gran reparador. Cristo es el gran reparador; eso quiere decir redentor, salvador. Y para salvar al mundo, para reparar, para redimir a esta raza caída, es necesario que se cumpla la voluntad del Señor.
CRISTO TENTADO POR EL DEMONIO
Por eso nos presenta el evangelio de hoy, a Cristo tentado por el demonio, ya que la tentación fue la causa por la cual los hombres primero cayeron para dejar en la desgracia a toda la humanidad. La tentación es necesaria para que el Hijo del Hombre nos de ejemplo, que no siguiendo las voces engañosas del demonio es como vamos a ser felices sino siguiendo la obediencia a la voluntad del Señor.
LA PRIMERA TENTACIÓN
¡Qué fácil era el poder de Cristo: convertir las piedras en pan!. El que tenía hambre, era fácil llenar el estómago, haciendo que esas piedras se convirtieran en pan. Pero sabe Jesús que su papel, su mesianismo, no es abusar del poder de hacer milagros para satisfacer una necesidad suya. Fijémonos bien en esto, que las tres tentaciones del desierto son como las tentaciones del poder contra la voluntad de Dios. Y el poder de Cristo se somete cuando dice: "Está escrito que no sólo de pan vive el hombre." Que es preferible morirse de hambre antes que despreciar el alimento que viene de Dios, la palabra del Señor.
Esta es la verdadera alimentación del pueblo cristiano: la palabra de Dios. He aquí, pues, ya en el desierto y al principio del ministerio de Cristo, un homenaje a la palabra de Dios, un aplauso del mismo Cristo para ustedes y para mí que en este momento estamos reflexionando la palabra de Dios. De esto vive el hombre, principalmente de esto, no que se descuide del pan sino que no prefiera el pan a la palabra de Dios; que no sea idólatra de su estómago, que no vaya a traicionar por un puesto en la sociedad o en la política, sus convicciones de fe, que no las traicione. ¡Esto nos enseña el Señor!.
LA SEGUNDA TENTACIÓN
Y el diablo lo lleva a una segunda seducción. Fijémonos que es Adán reparando a la humanidad, no buscando el camino fácil, espectacular, sino el camino de la humildad, de la reparación. Lo coloca en el pináculo del templo. Desde allá se mira hormiguear el atrio del templo magnífico de Jerusalén y le dice el diablo con una tentación de vanidad: "!Mira, tírate de aquí y está escrito que mandará sus ángeles para que tu pie no tropiece y te van a aclamar por Hijo de Dios!. !Mira esa muchedumbre que ya se mira aplaudiéndote cuando hagas ese gesto!." Y Cristo, con la serenidad de quien es más obediente a Dios que al diablo, le dice: "También está escrito en el Deuteronomio: no tentarás al Señor tu Dios".
Hermanos, los engañados por los mesianismos fáciles, los devotos de revoluciones que quieren ya establecer un orden nuevo violentando las cosas, los que tienen afanes de aplausos y espectacularidades, traicionan a Dios; miren aquí a Jesucristo en su gran respuesta: "¡No hay que tentar a Dios. Más vale el camino humilde, sencillo, del deber, del amor, de la justicia! ¡El camino de la oración, el camino de la esperanza, el camino del Evangelio, no la espectacularidad!". Y aquí Cristo denuncia y vence otra tentación del poder. El poder que quiere aprovecharse para las grandes espectacularidades: ganar votos, ganar aplausos aunque sea engañando. No es así como se redime a un pueblo, se redime no tentando a Dios, no provocando a Dios que está presente a veces en el pueblo, muchas veces y siempre.
LA TERCERA TENTACIÓN
Y finalmente, la tercera tentación de este segundo Adán, no en un paraíso sino en el ambiente austero de un desierto, donde debe de pagar los libertinajes, las licencias que los hombres nos damos ofendiendo a Dios. Dice el evangelio, la tercera tentación lo hace ver en un momento como una visión cinematográfica, pasar ante él los reinos del mundo; y el diablo, le dice: " ¡Mira, todo eso es mío, todo eso te lo puedo dar con tal que te hinques y me adores!".
¡Que tremenda tentación en que han caído aquellos que dicen que hacen pacto con el diablo!. La tentación del poder, la tentación de ver brillar los desfiles con cañones y armas, la tentación de ver las grandes muchedumbres no por convicciones sino por conveniencias, por llenar de pan el estómago muchas veces; los aplausos baratos. Cristo los desprecia y le dice al demonio: " ¡Apártate que también está escrito : sólo a Dios tendrás que servir y a El has de adorar!". Esta es la gran respuesta para un cristiano que quiere ser redimido contra las tentaciones fáciles del mundo: adorar al Señor. Sólo tenemos un Señor, nuestro Señor, nuestro Dios, y a él sólo tenemos que servir y adorar; su ley es la pauta de mi vida, su voluntad es el designio de mi existencia. Yo no puedo correr por otros caminos que no sean la voluntad, el servicio del Señor.
EL SENTIDO SIMBÓLICO DE LAS TENTACIONES.
Este es el segundo protagonista y el principal de la historia de la salvación. Los comentaristas dicen que San Mateo escribió esta página mirando sobre todo el sentido simbólico para su Iglesia de Cristo a lo largo de los siglos. No es propiamente la persona divina de Cristo que va a ser tentada en esa forma tan descarada por el demonio, pero si va a ser la prolongación de Cristo en la historia que es la Iglesia; ella sí va a sufrir estas tentaciones; y obispos, sacerdotes, religiosos, instituciones católicas, vamos a tener que sufrir estas tremendas tentaciones del poder; vamos a querer convertir nuestra misión mesiánica salvadora en la humildad, en la austeridad, en el sacrificio y quererla apoyar en el poder, en el dinero, en el bienestar. ¡Cuántas veces ha caído la pobre Iglesia en estas tentaciones!.
De esa queremos salvar a la Iglesia auténtica, que no haga consistir su prestigio en ser aplaudida, en ser apoyada por los triunfos fáciles. Queremos un cristianismo que de veras se apoye como el de Cristo, en la palabra de Dios; que no traicione por más que le ofrezcan ventajas, la verdad de la palabra divina; que sepa apoyar su propia hambre, su propia debilidad, su propio ocultamiento; no lo considere como un fracaso, como estar esperando días mejores. Ya los tenemos esos días, son los que se apoyan en Cristo en la medida en que hacemos nuestra fe consistir en la palabra de Dios, y nuestro poder no en hacer milagros ni en apoyarnos en triunfalismos y espectacularidad, sino en el sencillo cumplimiento del deber, en la fe sencilla a la palabra de Dios. ¡Esa es la redención que Cristo nos ofrece!
3º. EL PUEBLO, NOSOTROS, TODA LA HUMANIDAD, OBJETIVOS DE LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN.
EL HOMBRE ES UNA SOLIDARIDAD CON CRISTO.
Y por eso, hermanos, el último pensamiento, la tercera idea de esta homilía: entre estos dos protagonistas, Adán y Cristo, todos nosotros. San Pablo nos ha dicho en la segunda lectura, la solidaridad, que es todo hombre, cada hombre es una doble solidaridad. Todos los que estamos aquí, capaces de entender lo que estamos reflexionando, inteligentes, libres, capaces de amar, con muchas capacidades humanas para organizar una empresa, para ser profesionales, para ser hombres de la política o del comercio, de la empresa, todos somos hombres y estas capacidades de inteligencia, de organización, de prestigio a lo mundano, nos vienen de Adán. El hombre es descendiente de Adán y sus cualidades humanas son una herencia de aquel soplo de Dios que es la vida del hombre.
Por eso, hermanos, en este sentido muchas veces el hombre se siente demasiado orgulloso para estar solamente satisfecho de su solidaridad con Adán, con el soplo natural de Dios. Pero hay una segunda solidaridad que pocos la comprenden: el hombre es una solidaridad con Cristo. Pablo nos ha dicho hoy: la solidaridad con Adán nos hace a todos pecadores, raza caída, raza fracasada, aunque no nos quitó la chispa de inteligencia y la capacidad de nuestros dones naturales, pero somos una naturaleza caída si no es por Cristo que se constituye cabeza de la redención. Y solamente los descendientes de Adán que se hagan también solidarios con Cristo, realizan la humanidad que hoy quiere Dios: el cristianismo. Cristo es el segundo Adán y nadie puede pertenecer a la raza de Dios si no es incorporándose con este segundo Adán.
LA CUARESMA ES ANTE TODO UNA TEOLOGÍA
Ahora comprendemos el sentido de la Cuaresma de la Iglesia. La Cuaresma de la Iglesia más que una rectificación de costumbres, más que una ascética, es ante todo, una teología. Es la teología del hombre que quiere descubrir qué significa mi bautismo, y la Cuaresma me va a servir para que mi bautismo sea la solidaridad de mi vida con aquel que en el bautismo me participó su muerte y su resurrección. Por eso queremos que el bautismo se confiera con un poco más de conciencia. Ya no es tiempo, hermanos, de hacer del bautismo un acontecimiento social: que lo bautice el Padre tal, el Obispo tal, que sean sus padrinos don fulano de tal. Eso es social y está bueno, pero lo principal es que antes de esa ceremonia asista al humilde párroco que le explicará qué significa ser bautizado. Ese niño no vale por su padrino ni por su descendencia de Adán, vale porque el bautismo lo va a incorporar a ese Cristo que murió y el bautismo es participación con esa muerte; y resucitó, y mi bautismo es participación de vida eterna con esa resurrección.
La Cuaresma debe servir para recordar esta gran dignidad del cristiano, del bautizado, que llevo en mi vida desde que era niño gracias a mis padres que me bautizaron niño. No lo comprendí, pero ahora que cada año la Iglesia va celebrando una Cuaresma para que yo tome conciencia de mi bautismo, ya no soy un niño, ya soy un hombre en la alta política, ya soy un empresario. ¿Qué significa para mí ese bautismo? ¡Ah!, que no puedo vivir únicamente con mis cualidades que me solidarizan con Adán sino que debo de vivir con las exigencias de pertenecer a Cristo v si no, no me salvo, por más brillante que aparezca en el mundo.
Esta es la Cuaresma, el recuerdo teológico de esa realidad que me incorpora, me solidariza con el Redentor, con Cristo, con el Hijo de Dios que trajo vida de Dios para que todo el que crea en Él sea salvo. No basta, pues, ser descendiente de Adán aunque sintamos muy fuerte el soplo de la vida natural. Es necesario que ese soplo se solidarice, se haga una sola cosa con Cristo por el bautismo. Y si por desgracia nos hemos desprendido de esa solidaridad con Cristo, allí está la segunda realidad de la Cuaresma: la Penitencia. En el grupo de los peregrinos de la Cuaresma estamos no los que nos vamos a preparar para ser bautizados, estamos los que ya bautizados no hemos sido fieles a esta incorporación con Cristo y queremos lavar esta traición con penitencia, con arrepentimiento, con ayunos, con demostraciones de que no es la felicidad, la de Adán y Eva o los caminos que no son los de Dios, sino los de Cristo venciendo las tentaciones del mundo.
Celebremos entonces, queridos hermanos, esta Eucaristía del Primer Domingo de Cuaresma con toda nuestra buena voluntad de revivir en nuestra vida, la vida que Cristo nos ha dado y, que en la próxima Pascua, la Semana Santa, muerte y resurrección de Cristo, vamos a revivir con todo nuestro entusiasmo cristiano. Nos ponemos de pie y proclamamos nuestra fe. "Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso...".
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jueves, 26 de agosto de 2010
LA IGLESIA DE LA ALIANZA Y DE LA POBREZA - VIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO
28 de Agosto de 1977
Eclesiastés 3, 19-21.30-31 / Hebreos 12, 18-19.22-24a
Lucas 14, 1.7-14
…muy buenas, en cambio, en el mismo cantón El Salitre, no se sabe nada de la noticia que dio Diario de Hoy ayer, acerca de un policía herido por salteadores. Se trata de lo mismo para tergiversar el hecho injusto o se ha equivocado de lugar el cronista y esto ha sucedido en otra parte, porque en El Salitre solamente se sabe de esta captura de la madrugada del viernes y del haber encontrado muertos a machetazos a estos pobres tres cristianos. Queremos unirnos al dolor de su familia y queremos ser la voz de los que no tienen voz para gritar contra tanto atropello contra los derechos humanos. Que se haga justicia, que no se queden tantos crímenes manchando a la patria, al ejército, que se reconozcan quiénes son los criminales y que se dé justa indemnización a las familias que queden desamparadas.
Nuestra radio católica ha comentado ya suficientemente este hecho. Solamente quería traerlo a la intención de esta misa, para que pidamos al Señor, como siempre, el eterno descanso de las armas, el espionaje, la guerra psicológica.
La Iglesia proclama, como siempre, a la luz del día, que su mensaje sigue siendo el de Jesucristo, pero no una teoría de amarse unos a otros, sino encarnado en una realidad donde no se ama, donde se odia, donde el hombre se ha convertido en lobo para el hombre, donde la extorsión del hombre por el hombre sigue siendo una triste realidad. La explotación no puede ser un ambiente cristiano, y la Iglesia quiere desterrar del mundo el pecado que mancha la historia. Porque repito, que la historia de cada pueblo, en concreto, la historia de El Salvador, quiere utilizarla Dios para su historia de salvación, y la Iglesia enviada por Dios para purificar la historia y hacerla fuente de salvación, tendrá que seguir denunciando los pecados de la historia. En cualquier categoría que se encuentre el pecado, es una obstaculización al Reino de Dios, que no puede implantarse en el mundo porque el pecado la estorba. Y por eso, las comunidades cristianas sigan siendo fieles a su misión de desterrar el pecado del mundo, siendo fieles a Jesucristo.
El domingo recién pasado la visita a Aguilares obedecía al desagravio del santísimo sacramento. Qué precioso pueblo ése. A pesar de su pobreza, de sus dificultades, logró conseguir ya un sagrario nuevo, porque el que inutilizaron la Guardia no puede servir para la seguridad del santísimo. Y aunque el gobierno nos prometió que nos iba a reparar todos los daños ocasionados en esa injusta ocupación de una casa privada, sin embargo nos ha tocado a nosotros reparar casa, sagrario, ornamentos, porque quedó todo muy en mal estado. Todavía hay cosas que no han sido devueltas, como las máquinas de escribir y otros instrumentos de la evangelización de Aguilares. Pero, gracias a Dios, tenemos ya el sagrario nuevo; era hermoso ver a aquella gente llorar de emoción, cuando el copón con las hostias consagradas era colocado de nuevo en un sagrario digno, mientras el pueblo cantaba la conocida estrofa: Alabemos al santísimo sacramento del altar. Nadie puede quitar esa voz del corazón de nuestro pueblo. Cree en Cristo presente en la hostia y ni un sagrario ametrallado es el testimonio de darle miedo al pueblo. Al contrario, ¿cuándo van a comprender que la fe arraigada en nuestro corazón más se enardece a medida del atropello?.
En nuestro diálogo del miércoles recién pasado (que lamentablemente fue mal grabado, y por eso muchos no pudieron seguirlo en todo su completo mensaje) hacíamos alusión a Aguilares, precisamente en la súplica que estamos haciendo a todos los fieles de ayudar a mucha gente que está en la verdadera miseria. Les suplicamos a todos seguir esa generosidad que, gracias a Dios, se ha despertado. Allá en el Arzobispado están llegando muchas bolsas de ropa, de zapatos, de alimentos y también dinero en efectivo, que el comité de las religiosas y de los cristianos de Aguilares harán efectivo en ayuda a las personas que lo necesitan.
También en ese diálogo aludíamos a la campaña vocacional. Por este tiempo, cuándo va terminando el curso, el Padre Ledislao Segura, un jesuita incansable en el trabajo de las vocaciones -para que vean que los jesuitas no van sembrando la subversión, sino ayudando a la Iglesia en todos sus aspectos- el Padre Segura es un peregrino incansable que va de parroquia en parroquia a platicar con los párrocos, con las escuelas, con los colegios, con los muchachos quienes tienen vocación y muchos de los sacerdotes jóvenes son fruto de esa recogida del Padre Segura. Comprendemos, naturalmente, hermanos, que la Iglesia va madurando hacia otra forma de reclutar las vocaciones, porque el verdadero proceso sería que cada comunidad (o familias, que son las células de la comunidad) fueran tan piadosas, se respirara un ambiente tan cristiano, que de allí mismo surgieran como surge de la enredadera, la flor, el fruto, naturalmente, surgirían las vocaciones para nuestras comunidades. Las comunidades necesitan sacerdotes; Dios suscite en las comunidades las vocaciones. Solamente falta el cultivo. Pero, gracias a estas comunidades eclesiales de base, a ese diálogo que se va haciendo más íntimo en las parroquias y que por desgracia se interpreta como subversión, como meterse en política, es maduración de la fe la que vamos buscando, despertar el sentido de la dignidad del hombre, de la familia, decirle al hombre que se promueva cristianamente, que viva él su propio destino, lo construya con sus propios esfuerzos.
Cuando maduren en estas ideas y nos comprendan de veras las autoridades, verán que nada tienen que temer de esta labor, sino mucho que esperar, porque mucho esperará la patria de grupos humanos que se concientizan, que se dignifican y que naturalmente tienen que ser críticos de los actos de injusticia. Y esto es lo que duele y lo que molesta. Pero precisamente por eso tiene la Iglesia que continuar su misión para no tener más un pueblo adormecido en la ignorancia y no seguir cargando con esa calumnia del comunismo, que la Iglesia vende el opio del pueblo, sino al contrario, que la Iglesia despierta la conciencia mucho mejor que todas las ideologías de la tierra para una eternidad, una esperanza, que hace al hombre más trabajador de su destino, de su comunidad.
Y así surgirán también los verdaderos sacerdotes que necesitan nuestras comunidades. Pero mientras tanto, como una suplencia, allí va pues de parroquia en parroquia el Padre Segura. Yo les he rogado ya a los queridos sacerdotes que lo atiendan y espero que los jóvenes con inquietudes vocacionales se acerquen a él. No pongan por pretexto que no tienen dinero, que son pobres. Casi todos los sacerdotes procedemos de la pobreza y es nuestra mejor alegría recordar a nuestra madre sufrida y pobre, a nuestro padre luchando por sostener aquel pobre hogar y de allí surgir una vocación que se convierta luego en la voz de esa pobreza digna, para hacer que todos sepamos orientar al mundo por los caminos de Dios.
También les decía en el diálogo, y lo voy a decir hoy porque era anunciado precisamente para este domingo, según la tradición de mi venerado predecesor Monseñor Luis Chávez y González, que este domingo último de agosto lo consagraba al catecismo, el Día del Catecismo. Muchas veces se hizo consistir en pedir una limosna para ayudar al catecismo de la parroquia y de la diócesis. A mí no me interesa tanto la limosna, porque ella vendrá por añadidura cuando se comprenda mejor, y ésto es para mí el Día del Catecismo. Y por eso lo estoy diciendo aquí, sin pedirles dinero, pero sí pidiendoles una conciencia muy viva de que gracias al catecismo estamos aquí en Catedral. Nuestros padres fueron nuestros catequistas. Un sacerdote bueno de la parroquia nos hace recordar aquella infancia feliz. Una señora, una niña, una señorita nos enseñó el Padrenuestro, nos enseñó a pesignar. La Iglesia evoluciona. La catequesis precisamente va a ser el tema del Sínodo de los Obispos que se va a reunir en Roma, representando al episcopado de todo el mundo, para responder a una consulta del Papa: ¿Cómo debe ser la catequesis en nuestro tiempo? Han cambiado mucho los tiempos de aquella ajena niñez cuando con caramelos o estampitas nos atraían al catecismo. Ojalá se conservara esa ingenuidad; pero en fin, la televisión, el cine, los medios modernos han cambiado la mentalidad hasta de los niños y lo que hay que lograr es que no se pretenda el caramelo ni la estampita, sino que se tenga verdadero amor al contenido, a una revelación que Dios trajo al mundo para hacer a los hombres divinos. Y gracias a esa fe que madura en la catequesis, hay una esperanza muy grande en nuestro tiempo. Padres de familia, a ustedes se encomiendan los primeros pasos de esa tradición. Tradición: "tradere", entregar, de los abuelos a los nietos, de generación en generación, una doctrina que Dios reveló y que los apóstoles enseñaron en catequesis. ¿Qué son los cuatro evangelios sino una catequesis: contarles como era Jesús, qué enseñaba Jesús? Contar al niño, al joven, al adulto que vino un Dios a hacerse hombre para salvar a los hombres para que los hombres nos hiciéramos hermanos, hijos de Dios, nos salváramos. Esto tan sencillo, ese contenido de amor, de revelación de Dios, transmitirlo con amor, para que se haga vida en cada hombre, en cada mujer, en cada joven, en cada matrimonio, en cada sociedad. Eso es el catecismo, la transmisión de una revelación de Dios dirigida a la fe de los hombres.
Por eso, se diferencia la catequesis de la teología, de la apologética, de la historia sagrada y de tantos sistemas científicos auxiliares de la catequesis, que tiene por objeto no la ciencia, no el conocimiento, sino la fe y la vida. Por eso, no se contenten con enseñar fórmulas: ¿quién es Dios?, ¿quién te ha creado? Responderlas de memoria es bueno pero no es catecismo. Catecismo es vivir esas cosas. Si Dios me ha creado, mi fe entonces me dice que hay que vivir como hijo de Dios. Si Cristo te ha salvado, no lo sepas de memoria solamente, vívelo, entrégate a Cristo, que se entregó por ti. Qué dichosa será la Iglesia cuando vayan madurando estas ideas modernas de que se transmite el contenido de la catequesis a madurar la fe de nuestro pueblo.
Finalmente, hermanos, quiero decirles con satisfacción que ya está difundiéndose la pastoral que tanto les he anunciado y que en la editorial del Secretariado Social Interdiocesano ha sido editado con nitidez, con belleza, no por ser un documento mío, sino porque es el tema la Iglesia, cuerpo de Cristo en la historia. Una respuesta a tantas calumnias y difamaciones y distorsiones que en muchos campos pagados, durante mucho tiempo, se estuvieron publicando y envenenando tal vez el alma de los que no tienen fe, pero amacizando la fe de los que la tienen. Aquí tienen la mejor respuesta. Con la serenidad de una reflexión teológica, quiero presentarles que en la Iglesia ciertamente ha habido cambios y que el que no los comprenda no es católico de esta hora. En la segunda parte les respondo por qué hay cambios en la Iglesia. Respuesta: porque la Iglesia es el cuerpo de Cristo en la historia, es decir, tiene que ser Cristo en esta hora y en este país. Tiene que hablar como Cristo hablaría hoy, aquí, en el púlpito de Catedral. Y si lo hace así, es la auténtica Iglesia de Cristo y tiene que levantar roncha en todos aquellos que ofenden la ley de Dios y que tratan de estorbar el proyecto del Reino de Dios en el mundo. Una política abusiva de su poder, un capital egoísta, como idólatra del dinero, unos pobres que no quieren promoverse también para ser autores de su propio destino, todos éstos son pecadores de la hora actual; y la voz de Cristo, que denunciaba el pecado de su tiempo, de sus Herodes, de sus Pilatos, de sus fariseos, sería el que denunciaría, hoy, la autoridad de hoy en su abuso y el poder de hoy en todas sus manifestaciones como un estorbo al único Señor de la historia: Cristo, Dios, el Rey de nuestros corazones.
También quiero anunciarles con alegría que se ha publicado un folleto muy útil para conocer el pensamiento social de la Iglesia. Se llama Orientaciones Sociales de la Iglesia a la Luz del Evangelio. Es un arsenal de textos evangélicos, de santos padres, de encíclicas de papas actuales, enseñando, pues, a los hombres de hoy, qué quiere Dios de la sociedad actual. Lo pueden conseguir y estudiarlo para ser católicos actualizados en la hora presente.
Olvidaba decirles, hermanos, los nombres de nuestros tres hermanos difuntos en Tejutla y por los cuales les pido una oración, lo mismo que para sus pobres familias desamparadas: Felipe de Jesús Chacón Vásquez, un fervoroso cursillista de cristiandad, ¿cómo va a ser un guerrillero?, Serafín Vásquez Escobar y un señor Pablo, cuyo apellido no recuerdo.
Coloquémonos en esta situación concreta de nuestra Iglesia y de nuestra patria para iluminarla con la luz de esa palabra divina que se ha leído hoy. Solamente quiero presentar dos aspectos que me parecen los dos grandes mensajes de las lecturas de hoy: en primer lugar, la Iglesia de la alianza de Dios y los hombres; en segundo lugar, la Iglesia de la verdadera pobreza.
1. LA IGLESIA DE LA ALIANZA DE DIOS Y LOS HOMBRES
Aquí nos orientan las lecturas de hoy, que no son palabras de hombres sino palabras de Dios, para presentarnos la Iglesia como dice San Pablo, comparando las dos alianzas. La alianza que Dios firmó con Moisés en el Sinaí y en el Monte Horeb, una alianza de terror, de miedo, de relámpagos, truenos; donde se sentía la majestad de Dios hasta el punto que decían los peregrinos del desierto a Moisés: "Háblanos tú, que no nos hable Dios, no sea que muramos". Y San Pablo, hablándoles a los cristianos les dice, recordando esa vieja alianza: "Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta". Cualquiera recuerda aquí las páginas bellas del Éxodo, cómo Dios se presentaba para hacerse temer de un pueblo propenso a la idolatría que él es el único Dios verdadero, el Dios vivo y que ese Dios vivo quiere hacer una alianza con un pueblo que lo adore sólo a él, que en medio de tantos pueblos idólatras, conserve su único culto al Dios verdadero. Y por eso firmó en aquel monte, lleno de esta majestad de Dios, las tablas de la ley. Los diez mandamientos de la Ley de Dios, que siguen con toda su fuerza en la era cristiana, fueron promulgados bajo el Dios temido, bajo un Dios que daba miedo. No habéis oído aquella voz que el pueblo al oírla pidió que no le siguiera hablando, tenían miedo.
Así se conservó la fe en el único Dios. y la alianza de la antigua ley fue respetada por ese pueblo, mientras veía esas manifestaciones de Dios. Pero cuando se le presentaba la tentación de la idolatría, ese pueblo caía en la idolatría. Y cuando ese pueblo se sentía sugestionado por el oro, por el dinero, por el poder político, hacía la alianza con los reyes de la tierra, se vendía por dinero y venían los castigos de Dios.
La exportación de Israel hacia Babilonia, los castigos de Dios con enfermedades, con diversas manifestaciones en el pueblo, las presenta la Biblia como la señal de un Dios que reclama su alianza. Había dicho Dios por medio de Abraham y de Moisés, de los profetas: "Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo". Pueblo sacerdotal, pueblo con leyes específicas para un culto que Dios quiere, pueblo que logró cristalizar sus ideas en el templo más bello de aquél tiempo, el templo de Jerusalén. De tal manera que en aquel templo veía como la personificación de Dios, tanto que cuando lo consagraron ese templo, se llenó de humo, de la majestad de Dios. Se hacía sentir Dios y aquel pueblo sentía su necesidad de estar unido con ese Dios. Sus idolatrías, sus pecados, lo alejaban de Dios y Dios lo castigaba, no para alejarlo para siempre sino para atraerlo nuevamente. ¡Cuántas veces comparó Dios la vieja alianza con la alianza del matrimonio! Dios es el esposo, su pueblo es la mujer. ¡Cuántas veces esa mujer cometió adulterio, se fue con otros hombres! Así se compara Dios, como el esposo desilusionado, como el esposo que sigue amando a su esposa adúltera. La espera, vuelve arrepentida, la vuelve a hacer su esposa. Comparaciones que llegan al corazón de la humanidad.
Pero dice el Concilio: "Toda esa vieja alianza no tenía más que una objetividad. Era señal de la nueva y definitiva alianza que Dios quería concertar con los hombres en Cristo Jesús. Y así la segunda parte de la epístola de los Hebreos, nos dice a nosotros, óiganlo, queridos católicos que han venido a la Catedral en número tan consolador, cómo me alegra mirar esta Catedral repleta para poderles decir a ustedes como signo de toda una diócesis, fiel a pesar de la persecución: "Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, al Dios justo de todos, pues, a las almas de los justos que han llegado a su destino, al mediador de la nueva alianza: Jesús".
Queridos hermanos presentes en la Catedral o presentes moralmente a través de esta radio, allá junto a sus aparatos en lejanas ermitas o junto al lecho de enfermos o en sus hogares, a ustedes les puedo decir, los que están naturalmente meditando con buena voluntad, porque yo sé que muchos no me oyen con buena voluntad; me escuchan solamente para ver en qué me cojen, para ver qué captan y llevarlo como una denuncia. Los perdono y pido a nuestro Señor que les toque el corazón, y ustedes también sean del número de éstos que han venido aquí a decir, a oír la palabra de San Pablo, que les dice: Vosotros sois los compañeros de esos ángeles que adoran a Dios eternamente. Vosotros formáis parte de lo más noble de la humanidad que ha seguido a Dios, primogénitos del cielo que han nacido ya para la eternidad, almas de justos que han llegado ya a su destino. Me parece contar allí a nuestros mártires de la arquidiócesis, a los que están muriendo hoy, víctimas de la injusticia y de la calumnia. Vosotros estáis llegando ya a vuestro destino, en pos de esa procesión de ángeles, de nobles, de bienaventurados, va siguiendo esta larga procesión de la Arquidiócesis que se menciona en parroquias, en ermitas, en cantones que se mantienen fieles a su fe. Vuestra esperanza es segura porque se apoya en el mediador de la nueva alianza, de Jesús. Jesús es el motivo de mi esperanza.
Hermanos, no sigamos nunca a la Iglesia por sus hombres, sus obispos, sus sacerdotes; somos pecadores. Pedid por nosotros para que seamos fieles como vosotros, pero mi fe de obispo se apoya en Jesús y pide que la fe de mis queridos sacerdotes se apoye en Jesús, y que la fe de mis queridas religiosas, tan unidas ahora, empeñadas en tantos compromisos, se apoye en Jesús, y que la fe de tantos seglares que ahora han encontrado en la Iglesia una razón de creer y de esperar, aquí está la razón de la fe y de la esperanza: Jesús vivo, resucitado, que es la cabeza de toda esta larga peregrinación de ángeles y de bienaventurados, y de fieles que todavía peregrinan en el mundo.
Esta es la nueva alianza. Dentro de poco van a escuchar ustedes en el altar: "Este es el cáliz de mi sangre que se derrama por vosotros, sangre de la alianza nueva". Esta es la alianza definitiva. La que Dios firmó con Abraham, con Moisés, con los profetas, no era más que una figura. Venía preparando ésta que vivimos nosotros, definitiva ya, porque se ha encontrado con el gran mediador. El gran mediador, Cristo Jesús. Quiero hacer una aclaración, cuando el 5 de agosto, desde estos micrófonos se relataba la procesión del Divino Salvador, uno de los locutores dijo que este pueblo iba siguiendo a su verdadero líder al Divino Salvador, se entiende, pero hubo quien me fue a malinformar diciendo que yo había incitando a decir que yo era el líder de esta gente. Miren como tergiversan las cosas. Jamás me he creído líder de ningún pueblo, porque no hay más que un líder: Cristo Jesús. Jesús es la fuente de la esperanza, en Jesús se apoya lo que predico, en Jesús está la verdad de lo que estoy diciendo. Sí, yo sería un loco, queridos hermanos, queridos radioyentes, querer ser yo, frágil, mortal, que voy a acabar como todos ustedes muerto, quererme hacer yo el sostén de todo un pueblo y de toda una esperanza. Gracias a Dios que mi humilde palabra logra hacer descubrir a aquél en quien hay que tener esperanza y fe. La Iglesia, digo en mi pastoral, no es otra cosa que el Cuerpo de Jesús. Jesús es la fortaleza de la Iglesia, porque no es un hombre, sino un Dios que se hizo hombre, y vive y reina por los siglos eternos.
2. LA IGLESIA DE LA VERDADERA POBREZA
Por eso, hermanos, termino ya con esta segunda consideración: la palabra de hoy nos invita, en la primera lectura y en el evangelio, a vivir la verdadera pobreza. "Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad", le dice el sabio a todo el que lee la Biblia. Y en el evangelio, Cristo sigue proclamando: "Cuando te inviten a una boda, no ocupes los primeros puestos, no seas orgulloso, no seas autovaliente, por si solo, hazte el humilde, sé humilde, no te hagas humilde. Ocupa el último lugar. Y cuando invites a una cena, no invites a los que te pueden devolver la cena, ya estás pagado. Cuando invites a un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos, ciegos, porque no te pueden pagar y te pagarán cuando resuciten los justos". Humildad y pobreza, son dos hermanas gemelas. Mejor diría, son una sola cosa. Verdadero pobre es el humilde. Verdadero pobre es el que no tiene nada y sabe que no cuenta con nada y que todo lo tiene en Dios.
Cuando la Virgen dice en su precioso cántico del Magnificat: "Llenó de bienes a los humildes y despachó vacíos a los ricos", ¿qué quiere decir? No es que la Virgen desprecie a los ricos sino a los autosuficientes, a los orgullosos, a los que no necesitan de Dios, a los que están idolatrando como Dios a las cosas de la tierra. Confían en su dinero más que en Dios, más que en el amor al prójimo. Confían en su poder, porque hoy tienen las armas, y atropellan y son orgullosos. Estos son, a los que Dios despide vacíos. Pero aquel que es humilde, aunque tenga poder, aunque tenga dinero, pero no confía en eso, sabe que esas cosas se van con el viento. Los hombres no son estables en el poder, se van. La verdadera humildad consiste en esperarlo todo de Dios; y si ahora tengo un poder en la tierra, reconocer que me viene de Dios y que lo he de usar según Dios. Que Dios puede también, como al rey Saúl, decir: "Este rey ya no me satisface, lo despacho vacío y en su lugar colocó a este humilde pastorcito, a David, un rey según mi corazón".
El Poder de la tierra se pierde, hermanos; que la humildad es la verdad. Que es verdadero rico aquel que se apoya en la riqueza de Dios, y éstos son los verdaderos miembros de la alianza eterna con Cristo. Por eso, siento que esta Iglesia de la alianza, esta Iglesia de la Arquidiócesis, heredera de la alianza de Abraham y de Moisés y de Cristo, es ahora verdaderamente auténtica, porque ahora la Iglesia no se apoya en ningún poder, en ningún dinero. Hoy la Iglesia es pobre, hoy la Iglesia sabe que los poderosos la rechazan pero que la aman los que sienten en Dios su confianza. Y yo les invito, queridos hijos de la Iglesia, jamás traicionar esta alianza con nuestro Dios, porque esto es lo que le enojaba a Dios. Cuando su pueblo desconfiaba de su propio valor y se iba a apoyar en Babilonia o en Egipto, Dios lo rechazaba y era víctima de su propia desconfianza. Pero a Israel rodeado de enemigos poderosos, puesta su confianza en el único Dios, Israel vencía. Esta es la Iglesia que yo quiero, una Iglesia que no cuente con los privilegios y las valías de las cosas de la tierra, una Iglesia cada vez más desligada de las cosas terrenas, humanas, para poderlas juzgar con más libertad desde su perspectiva del evangelio, desde su pobreza. No una pobreza demagógica, porque eso no es pobreza. El que se finge pobre para hacer la revolución, sembrar el odio, no es pobre; lleva en sí una confianza en su revolución, y eso ya no lo hace auténticamente pobre. Pobre es la Iglesia, que no confía en ninguna revolución de la tierra, que no siembra odios, porque allí no encuentra nada. Que siembra amor a Dios y amor al prójimo, el Reino de Dios en la tierra, la verdadera pobreza, la verdadera humildad. Esta es la Iglesia que soñamos, hermanos, y la que yo creo que se va construyendo en nuestra Arquidiócesis.
Yo les agradezco a todos los celebradores de la palabra, sacerdotes, religiosas, seglares, porque han comprendido este mensaje. Y aquellos que desconfiaban de la Iglesia y la van encontrando cada día más auténtica, crean que ésta es la Iglesia verdadera. Si un día yo mismo les traiciono, no me hagan caso a mí, sigan a esa Iglesia que ahora hemos vislumbrado con tanta claridad. Pero, espero con la ayuda de ustedes que no traicionaré nunca esta Iglesia. Y por eso quiero hacer una aclaración también, cuando en el diario han dicho que no hay persecución de la Iglesia y que todo está bien, que se entiende en diálogo conmigo el gobierno: es falso. Yo seguiré diciendo: habrá diálogo, cuando se haga un ambiente de confianza con hechos. Que cesen estos crímenes, que cese esta desconfianza del pueblo, porque la Iglesia se siente comprometida con estos intereses nobles del pueblo. Y mientras no haya ese ambiente de confianza, queridos hermanos, yo sería un traidor a ustedes si a las espaldas de ustedes estuviera entendiéndome con quien no respeta los derechos de los hombres.
Mientras tanto sí sigue la Iglesia esperando el diálogo, esperando el ambiente de amistad que se le quitó, esperando la confianza que perdió, que se la den otra vez; y la Iglesia, como digo en mi carta pastoral, está dispuesta a esa sana cooperación, no para buscar ventajas propias, sino para servir mejor al verdadero bien común de un pueblo que así lo merece.
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sábado, 24 de julio de 2010
DECIMOSÉPTIMO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO: IGLESIA DE LA ARQUIDIÓCESIS
24 de Julio de 1977
Génesis 18, 20-32 / Colosenses 2, 12-14 / Lucas 11, 1-13
Esta misa, transmitida por radio, desde la Catedral y celebrada por aquél servidor del pueblo de Dios que tiene el encargo de ser el signo de la unidad en toda la Arquidiócesis, siempre me parece que resulta como una reunión de familia. Yo quisiera que así nos sintiéramos en este momento de reflexión: una familia, que no tiene prisa que un fin de semana llega al hogar para ver cómo andan las cosas de familia, para ayudar, para colaborar. Comprendo que al mismo tiempo que se reúne la familia, si esta familia es muy importante tiene muchos enemigos, que la observan para criticarla, o quién sabe, lo que más le pido al Señor, para convertirse. Qué diéramos porque todos esos observadores que desde su radio nos están escuchando, no nos oyeran con el afán de los fariseos, para ver en qué lo cogemos, sino con el cariño de la familia, para ayudarlo, para el engrandecimiento de ese Reino de Dios, que nada malo puede traer a la patria. Al contrario, cuanto más cristiano es un hombre, es mejor ciudadano. Entonces, en este ambiente de familia, hermanos, yo quiero que compartamos las alegrías, las esperanzas, también las angustias y problemas que deben ser comunes a todos. Cada uno tiene sus propios problemas; y dichoso el hombre que tiene problemas, porque aquel que dice que no tiene problemas es tan pobre que no se da cuenta ni siquiera que vive, porque todo el que vive tiene problemas.Pero respecto a esos problemas íntimos de cada familia, los que ustedes y yo hemos traído como cosas personales para encomendárseles al Señor, en general las encomendamos; son nuestras, nada humano es ajeno a su corazón, dice el Concilio, hablando de la Iglesia. La Iglesia es tan humana que siente como suyos esos problemas, del dolor de estómago de su niño en la casa, de la deuda que no puede pagar, del empleo que no puede conseguir, todo eso nos toca de lleno; lo sensible, la angustia de los que sufren injustamente son problemas.
Pero, como Iglesia, como comunidad, esta semana ha sido muy rica. Yo quiero destacar el testimonio de santidad, de serenidad, que nos han dado nuestros hermanos los padres jesuitas. Ha sido una semana en circunstancias de amenazas trágicas, y sin embargo ninguno ha huido. Cuentan que un jesuita muy joven, se llamaba Luis Gonzaga, en el recreo surgió la conversación: "¿Si en este momento viniera el juicio final qué haríamos?", Y unos decían: "Yo correría a la Capilla para que me encontrara rezando"; otro: "yo iría al estudio para estar trabajando"; y Luis Gonzaga dijo: "Yo seguiría jugando, porque esa es la voluntad de Dios". Me parece que esta frase de Luis Gonzaga ha sido como el tema de los jesuitas en esta semana: ¿Dónde quisieras que te encontrara el 21 de julio?. Nadie ha huido. Todos dijeron: "en nuestros puestos". Muchas gracias, padres jesuitas porque así se ama la verdad, así se ama el deber, así se ama la vida cuando es vocación. Que venga la muerte, no importa, me encuentra en mi puesto. Ojalá todos los cristianos viviéramos en esta hora esa serena valentía que solamente la puede heredar el que sabe que está trabajando en el verdadero bien, aún cuando abundan las calumnias queriendo desfigurar todo su noble trabajo.
Y siempre a propósito de los jesuitas, quiero destacar y agradecer al pueblo cristiano las múltiples manifestaciones de solidaridad. Entre ellas me han conmovido mucho las miles de firmes, que casi constituyen un volumen, que le mandaron al Señor Presidente, todos los pobrecitos favorecidos con Vivienda Mínima. ¡Qué ejemplo más bello! Y la carta del padre Ibáñez es el testimonio de unos hombres que sienten que no todo está perdido, que hay gratitud, que nuestro pueblo es noble, que no todo es calumnia, que hay verdadera nobleza en el corazón del pobre, que agradece y siente quiénes son sus verdaderos amigos. También me conmovió la adhesión de los jóvenes, jóvenes estudiantes, muchos de ellos sin duda de alta categoría. Es que la nobleza en cualquier categoría social que se encuentre tiene que ser ésa, la que agradece el bien que se le hace, no la que olvida el haber sido lo que son, precisamente gracias a aquellos que ahora persiguen. A los religiosos y religiosas, también, que se han volcado en solidaridad con los hermanos jesuitas, mi agradecimiento de padre de esta familia, como quien siente a todos sus hermanos unidos. Es un nuevo gozo el que he sentido esta semana de que los jesuitas no están solos y si acaso ha surgido de una voz cristiana una palabra innoble, de poco amor y poca solidaridad, sí me entristece. Pero quiera el Señor que estos cristianos que en los momentos de la prueba no saben mostrar su unidad de su solidaridad, porque a ellos en lo personal no les toca el problema, se conviertan y sepan que no hay un católico, mucho menos un sacerdote, mucho menos un obispo que no sienta como propio lo que toca a un hermano, aunque en lo personal no simpatice con él. Es mi familia, y me lo tocan, me tocan a mí.
Quisiera que aprovecháramos esta circunstancia, pues para apiñar más esa unidad. Bendito sea Dios. Y a propósito de solidaridad, quiero también agradecer y destacar un estudio precioso. Quiero decirle a su querido autor: que me ha arrancado lágrimas, cuando he leído ese estudio acerca de la correspondencia que estoy recibiendo a montones y que gracias al Padre Guevara, encargado de este asesoramiento de la noticia y del informe de la curia, se ha llevado a un estudio psicológico, profundo, pastoral, cómo trazuma en esos millares de cartas, la mayoría de campesinos: pero no exclusivamente, también gente de sociedad, que comprende y vive el problema y no se cierra en un egoísmo que dá frío, sino que trata de comprender. Y más aún de religiosos, de confederaciones de sacerdotes de fuera del país, de conferencias episcopales, es decir, reuniones de obispos nacionales, de cardenales, voces de Europa, de obispos que han visto allá en la prensa, en los informes, la triste figura que está dando El Salvador, perseguidor de la Iglesia.
Y gracias a Dios, la gallarda figura de este Reino de Dios, impávido y sereno ante la persecución, que se quiere negar, pero ella vive en carne propia. Es un testimonio, hermanos, que me llena de una satisfacción tan profunda, porque es la mejor aprobación, aunque haya presiones en contra y críticas duras al actuar del Arzobispado y de la Arquidiócesis; sin embargo: "Vox populi, vox Dei". Aquí sí siento yo que es la voz de Dios que en el humilde mensaje de una carta hecha con faltas de ortografía, con lápiz, o con la finura de una máquina IBM de los Estados Unidos o de Europa, viene el testimonio de admiración, de solidaridad a nuestra Iglesia, a nuestros sacerdotes, a nuestros religiosos y religiosas, a nuestros colegios católicos, a la postura de la Iglesia. Que hasta se ha llegado a decir, nada menos que el primado de Inglaterra: "Su figura de la Arquidiócesis es estímulo para la Iglesia de todo el mundo".
Hermanos, lejos de nosotros el orgullo, porque nada de lo que está sucediendo es nuestro. Es cosa de Dios. Es el Espíritu Santo que ha encontrado la tierra abonada en la Arquidiócesis.
Yo sólo los invito a que sigamos viviendo esa solidaridad. En el número de Orientación de hoy, se ha comenzado a publicar este precioso estudio, de quiénes son los que me han escrito, a quién es a quien le escriben, sintiendo en esta humilde persona la presencia de una Iglesia que es la esperanza del campesino, que da que pensar al capital, al gobierno, cuando es sincero en escuchar este diálogo de reflexión y que pone a la Iglesia en su verdadero puesto, como dice -y este es otro saldo rico de esta semana: yo leí esta semana el estudio sobre los días trágicos publicada en ECA, la revista de la Universidad José Simón Cañas. Yo les recomiendo (es un estudio) como una lectura teológica analizando qué es lo que ha hecho la Iglesia en estos días- Y dice claramente, ya para terminar; la Iglesia desea que nuestro país supere la crisis actual, quiere que se restablezca el orden y la justicia, quiere que a ella también se le permite unirse a todas las fuerzas realmente interesadas en la construcción de un país más justo y quiere que se la entienda, y que cese por lo tanto tanta difamación y persecución contra ella. La Iglesia quiere ganar también su batalla, pero aunque la perdiera, creemos que ha ganado la batalla fundamental, pues la historia recordará que en los momentos de mayor crisis en el país, con todas sus limitaciones y yerros, la Iglesia humanizó el país con limpieza de su palabra, la honradez de sus acciones, la fortaleza en el sufrimiento y la opción por los desposeídos". (Estudios Centroamericanos (ECA), XXXII, p. 316).
Un precioso estudio, después de decirnos cómo la Iglesia ha devuelto la confianza, la esperanza, la historia, la palabra, la honradez. Gracias a Dios, católicos, hemos vivido en la intimidad de nuestra Iglesia lo verdaderamente noble, la verdad, la sinceridad, mientras a nuestro alrededor una cortina de humo, de mentiras, de distorsión de noticias, de falsedades, de calumnias. La Iglesia ha vivido, gracias a Dios, y lo recordará la historia, una hora de sinceridad, aún cuando no se le ha querido comprender. Ustedes, sí. Y yo les agradezco, queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, movimientos católicos, grupos de base, parroquias promovidas. ¡Cómo han vivido ustedes esta hora preciosa! Digámosla, cultivando.
Otro saldo que yo quiero recordar y agradecer es la respuesta a la pregunta que yo hice en un diálogo por Radio ¿Cómo quieren que se celebre el próximo 6 de agosto? Y me ha dado un gusto enorme ese sentido de fe, de piedad verdadera en torno de nuestro Divino Salvador. Todos quieren que se limpie de ese sentido profano esta fiesta que debería de ser la evocación más bella del Libertador de nuestro pueblo y de la verdadera liberación- que la Iglesia predica ¡El Divino Salvador! Vamos a recoger todas esas sugerencias y, desde el próximo jueves, nuestros encargados de la radio van a ocupar las horas de la Oficina de Información y Prensa para predicar, por radio, una novena del Divino Salvador, motivada por estas sugerencias, por estos temas de actualidad. Les suplico, pues, que desde el jueves a la 1.00 de la tarde, a las 8.00 de la noche y a las 5:45 de la mañana, sintonicen esta emisora YSAX, y reflexionemos lo que significa para la patria tener un patrono tan bello, tan divino como el Divino Salvador del Mundo. Y preparémonos.
Y el 5, la víspera de la gran fiesta, que será una fiesta de oración, han dicho muchos. Intensifiquemos la oración. Yo quiero invitar a todos los queridos párrocos para que el 5 en todas sus parroquias sea un día de preparación, de oración y penitencia, que se confiese el mayor número de hombres, y mujeres, y niños y jóvenes, para que vengan en la peregrinación del 6 a comulgar la mayoría. Y el 5, allá en la Basílica del Sagrado Corazón, donde está la imagen que luego viene en la tradicional procesión de la Bajada, invitamos a todo San Salvador, para que vaya a orar; los grupos de oración que ya viven, gracias a Dios, en nuestras parroquias, concéntrense en la Basílica , intensifiquemos la oración por la patria.
La bajada, en ese pleamar que viene de toda la República, gracias a Dios, ese atractivo que nadie tiene más que el Divino Salvador, se convierta en un clamor de esperanza de esta patria, al que se transfigura, en las horas del dolor y el sufrimiento, en la gran esperanza del Transfigurado. Y el 6, nuestra misa mayor será de campaña, ahí en la puerta mayor, frente a la plaza. Quisiéramos que todas las parroquias trajeran su propio estandarte para que a la hora de la comunión, sus propios párrocos -queremos que todos los sacerdotes estén en esta Concelebración, que ningún párroco se quede- Sería señal de poca adhesión a la fe del pueblo y de la jerarquía y del Divino Salvador la ausencia, muy significativa, de un solo sacerdote. Que todos estamos aquí junto al Divino Salvador de la patria. Si no hay ausencia verdaderamente justificada, interpretará el pueblo muy mal la ausencia de un solo sacerdote. Queremos que sea la fiesta del pueblo del Divino Salvador, una concelebración donde todo sea la piedad y el fervor de nuestra nación.
DEBER DE DENUNCIAR EL PECADO
Porque, queridos hermanos, esta riqueza de vivencia de nuestra semana que estamos terminando o comenzando, yo la quiero enfocar desde las palabras de Dios que se han leído hoy. Es muy fácil decir: "No hay persecución". Pero, cuando uno analiza a la luz de la palabra de Dios cual es la misión de la Iglesia, sí hay persecución. A la luz de la palabra de hoy, aparece que la Iglesia tiene el deber de denunciar el pecado. La primera lectura es una página del pecado social, y de las otras lecturas aparece la otra misión de la Iglesia: elevar los hombres en la oración a la verdadera promoción, cuya pirámide, dice el Papa, consiste en el trato del hombre con Dios. El hombre verdaderamente libre es Moisés, es Abraham, es el caudillo del pueblo o el pueblo que habla con su Dios. Fijémonos en la primera página: los pecados que se denuncian contra este pueblo son muy graves, dice Dios a Abraham y "vengo a ver", con mis propios ojos. Es una imagen bella, antropomórfica, Dios como si se hiciera hombre; naturalmente que es una figura retórica, bíblica, que representa a Dios como un hombre que viene a darse cuenta, como a inspeccionar él mismo, a ver los pecados de su pueblo.
Se trata de los pecados de Sodoma y de Gomorra. No dice propiamente la Biblia cuáles eran; pero sí, una interpretación bastante auténtica parece que se trata de desórdenes lujuriosos muy feos, el pecado de la carne. Los pecados sociales cambian, pero lo substancial es lo mismo. Los obispos reunidos en Medellín en 1968 dijeron que en América Latina hay también un pecado social, "situación de pecado" son las palabras textuales. Parecen duras, pero cuando uno piensa ¿qué es el pecado? El pecado es la muerte de Dios, es lo que ha sido capaz de llevar a Dios hasta morir en una cruz, porque sólo así se puede perdonar. El pecado es el atropello a la ley de Dios, es como pisotear el designio de Dios, el pecado es irrespeto a lo que Dios quiere; y entonces el hombre que quiere buscar su felicidad fuera de Dios, o contra Dios, pone su felicidad en las creaturas, en el dinero, en el poder político, en la carne, en la lujuria, en un amor adulterino. Es darle la espalda a Dios por una creatura, llámese dinero, llámese política o lujuria, como sea. Lo que pasa es que ese Dios, despreciado, ofendido, reclama a este pueblo: "Los pecados de este pueblo son muchos y vengo a ver", y el castigo de cierna ya sobre el pueblo pecador. Y, se dijo en Medellín, es una situación de pecado, de injusticia social que clama al cielo.
Yo creo que todos sentimos que esta realidad clama al cielo. El pecado social, hermanos, Monseñor Pironio- y que conste que yo estudio la teología de la liberación a través de estos teólogos sólidos, como es el Cardenal Pironio, que actualmente es prefecto de una de las congregaciones del Papa, hombre de la plena confianza del Papa- analiza el pecado social de América Latina y dice: la ofensa a Dios en esta desigualdad social que viven nuestros países se puede explicar, primero: porque los hombres no comprenden su dignidad y no se promueven y viven un conformismo que verdaderamente es opio del pueblo. Esto hay mucho, hermanos. Los ricos que no piensan que ellos sólo son los culpables del pecado social; también los perezosos; también los marginados que no lucha por conocer su dignidad y trabajar por ser mejor; todo aquel que se adormece y está tranquilo, como que otros la realicen su propio destino, está pecando también.
De ahí que la Iglesia tiene que promover a ese hombre adormecido, y por eso los centros de promoción campesina, los grupos de reflexión de la Biblia, todo esto promueve; y gracias a Dios vamos viendo muchos obreros, campesinos, gente marginada que va conociendo su dignidad. Y en la medida en que conoce su dignidad, despierta también a la gran injusticia que lo está marginando. Si yo soy también hijo de Dios, si yo también tengo que despertar, yo también tengo que ser partícipe en la política del bien común de mi patria, yo también tengo derecho a los bienes que Dios ha creado para todos. No por la lucha de clases ni la violencia, porque la Iglesia, repetimos, no predica el comunismo. Ciertamente, codo con codo con todos aquellos que van luchando por las reivindicaciones sociales, económicas, políticas, ella lleva en su corazón una mística muy distinta de otros liberadores. Ya porque ven a la Iglesia compartiendo una tarde feliz con los maestros de escuela, ya la llaman colaboradora de ANDES. La Iglesia está de acuerdo con las justas reivindicaciones de los maestros, pero desde un punto de vista cristiano, desde Cristo, y jamás la Iglesia por simpatizar con un movimiento de la tierra va a renunciar a su Dios, a su promoción como hijo de Dios.
EN LA LINEA DEL EVANGELIO
Que se tenga muy en cuenta esto: que la postura de la Iglesia promoviendo al hombre no sigue las líneas del comunismo, sino las líneas del evangelio. Esta es una clase de pecado, y la Iglesia tiene que luchar. Y si la Iglesia, promoviendo campesinos, promoviendo marginados, es tenida como subversiva, y que por eso se le expulsa y que por eso las persecuciones contra éstos, se está persiguiendo a la Iglesia. Porque la Iglesia no puede dejar de promover al hombre, para decirle: "No te duermas eres hijo de Dios, trabaja tu dignidad, sé artífice de tu propio destino, trabaja en tu propio bien común". La Iglesia no puede dejar, no puede renunciar a esta misión de promoción que el evangelio mismo le obliga a predicar. Y los colegios católicos y los centros de juventudes y tiene que despertar la verdadera conciencia del hombre que ha estado muy marginado y que ha sido cómplice del pecado social.
Pero hay otra fuente de pecado, dice Monseñor Pironio, es también el pecado personal de aquellos que acaparan lo que Dios ha creado para la felicidad de todos. No se dice que vayan a repartirlo; es una objeción estúpida que muchas veces le han tirado a la Iglesia, cómo va a repartirse por igual, y mañana todos habrán acabado con todo. No se trata de eso, se trata de una transformación de la propiedad privada, que respetando la propiedad privada le sepa dar un verdadero sentido social que no consiste solamente en producir más, sino en producir más para bien común de todos; se trata de que lo que Dios ha creado y hace fructificar en nuestras tierras lleve felicidad a tanta gente que no tiene lo necesario. También ésta es una fuente del pecado social que, como en Sodoma y Gomorra, clama al cielo y hace venir a Dios también a investigar cómo andan las cosas.
Pecado social también que clama al cielo, la marginación en política: todos los hombres han recibido de Dios una capacidad para aportar al bien común. El no dejar que se realice el hombre, aportando al bien de la nación lo que él puede dar, es también un abuso de poder. Es también como un acaparamiento de bienes que Dios ha dado para todos. He aquí, que la Iglesia no puede callar ante esas injusticias del orden económico, del orden político, del orden social; si callara la Iglesia, sería cómplice con el que se margina y duerme un conformismo enfermizo, pecaminoso o con el que se aprovecha de este adormecimiento del pueblo para abusar y acaparar económicamente, políticamente y marginar una inmensa mayoría del pueblo. Esta es la voz de la Iglesia, hermanos; y mientras no se le deje libertad de clamar estas verdades de su evangelio, hay persecución. Y se trata de cosas sustanciales, no de cosas de poca importancia; es cuestión de vida o muerte para el Reino de Dios en esta tierra, donde Cristo ha querido establecerlo. Por eso, el pecado institucionalizado, pecado hecho ambiente.
Ya sabemos, hermanos, que el pecado depende del corazón de cada uno, pero del corazón de cada uno procede el organizar una sociedad con estructuras injustas, donde no se puede desarrollar el hombre como imagen de Dios. De ahí, que todos los pudientes de la política, los pudientes de la economía, los dirigentes sociales, los profesionales, los capacitados, la Iglesia también, como acabo de leer, quieren, tenemos que aportar, para hacer lo que Dios quiere que los designios de Dios no sean frustrados con el pecado de los hombres. Lo que sucedió en Gomorra y en Sodoma fue precisamente que los hombres buscaban la felicidad fuera de Dios, como hoy la está buscando América Latina también, una felicidad sin Dios, contra Dios, destruyendo la imagen de Dios en la tierra que es el hombre.
LA ORACION Y EL DESARROLLO PERSONAL
Y el otro papel de la Iglesia, en la otra hermosa página del evangelio: "Maestro, enséñanos a orar", y Jesús les enseña: "Padre" la hermosa palabra que todo lo arreglaría, si todos supiéramos decir "Padre" al Creador de todas las cosas, y sentiríamos hermanos a todos los hombres, y le pidiéramos: "venga tu reino", el anhelo supremo del corazón del hombre, porque cuando venga tu reino a la tierra habrá más justicia, más amor, habrá más igualdad entre los hombres, más fraternidad. Perdónanos, porque somos pecadores. Hermanos -y esto es hermoso- la oración es la cumbre del desarrollo del hombre. El hombre no vale por lo que tiene, sino por lo que es. Y el hombre es, cuando se encara con Dios y comprende qué maravillas ha hecho Dios consigo. Dios ha creado un ser inteligente, capaz de amar, libre.
Si alguno de ustedes que está siguiendo conmigo este desarrollo del pensamiento no reza y dice que no tiene fe en la oración, yo le invito a hacer este ejercicio intelectual: desarrolla tu capacidad personal, extiende tus cualidades, recoge todas tus alabanzas y aplausos que has recogido. Mira qué grande eres, casi eres un Dios. Por eso te crees Dios, por eso no rezas. Pero por más que extiendas tu ser tus capacidades, si tú sientes que hay un misterio más allá, y que esa inmensidad tuya se siente abarcada por esa otra gran inmensidad; en ese momento estás rezando. Rezar no quiere decir perder tu grandeza; rezar quiere decir ensanchar tu grandeza. Rezar no quiere decir que vas a esperar de Dios lo que tú puedes hacer. Realiza lo que tú puedes hacer, pon en juego toda tu técnica, inventa los regadillos para tus campos, abono a tu tierra, alimenta tu ganado lo mejor que puedas, y cuando hayas hecho todo eso, reza. No lo esperas todo de Dios, porque tú has hecho todo lo que puedes, pero dejas en las manos de Dios lo demás. Haz como aquel que ya dijimos una vez aquí, los que prepararon todo un sistema de un viaje a la luna, y un técnico cristiano dice: "La técnica ha hecho todo lo que se podía hacer. Esperamos que va a ser un éxito. Pero ahora nos toca rezar para que Dios bendiga nuestro trabajo? esto es rezar, hermanos. No es empequeñecer. Cuando uno reza, esperando que Dios lo haga todo y uno cruzado de brazos quiere que Dios lo haga, esto es un Dios falso. Pero cuando uno trabaja, desarrolla su mentalidad, su capacidad de organización, y entonces le dice a Dios: "Señor, a pesar de todo este misterio de grandeza que soy yo, entiendo que tú eres más grande, que me abarcas, que me comprendes, que me completas".
Cuando el hombre reconoce esta limitación, está en el máximo de su desarrollo. En cambio, cuando el hombre no reza y cuando el hombre pone toda su confianza en su capital, en su dinero, oigan esta frase de la encíclica Populorum Progressio de Pablo VI: "Uno de los indicios más seguros del subdesarrollo moral del hombre es la avaricia", querer tener, cuando el hombre confía en sí y se cree capaz de todo, y en su dinero y en las cosas de la tierra y le sale sobrando Dios, pobrecito, es un subdesarrollado moral. Cuando el hombre sabe rezar y confiar en Dios, es un superdesarrollado, el hombre que ha encontrado su verdadera vocación.
REZAR COMO SE DEBE
Pues para esto está la Iglesia, hermanos, para enseñar a rezar. Pero para enseñar a rezar como se debe no aquella oración que adormecía, confórmate, vive pobre, a la hora de la muerte Dios te dará un cielo. Eso no es cristianismo, por eso nos dijeron a los cristianos que dábamos opio al pueblo, y ahí tenía razón el comunismo, porque ellos trabajan mientras los cristianos sólo rezaban y no hacían nada. Pero, aquí le gana el cristianismo al comunismo: cuando trabaja como comunista y espera en Dios como cristiano, ven qué diferencia hermanos, porque la Iglesia tiene que trabajar esta doble promoción, de despertar al hombre que desarrolla sus capacidades y hacerlo esperar en Dios, el trascendente, sin el cual, hemos dicho en la oración de hoy, nada es válido, nada es poderoso. Esta libertad: si se le llega a dar a la Iglesia esta libertad. Por eso hemos dicho al gobierno que el diálogo será precisamente para aprender a hablar el mismo lenguaje: un grupo de reflexión de parte del gobierno, y un grupo de reflexión de parte de la Iglesia, para no llamar subversión y política lo que es promoción evangélica y cristiana, para no expulsar sacerdotes sólo porque enseñan a trabajar y rezar en ese verdadero sentido moderno de la evangelización. Cuando se reflexione y se dé un ambiente de confianza a la Iglesia, que trabaja por esta promoción, la Iglesia está dispuesta perfectamente a la colaboración para esta humanización del hombre, humanización del capital y del trabajo, que no es otra cosa lo que la Iglesia quiere.
Yo creo que el mensaje es suficientemente claro y la palabra de hoy respalda plenamente con el ejemplo de Sodoma de buscar una felicidad de espaldas a Dios; con el ejemplo de Abraham, buscando siquiera diez hombres justos y no encontrándolos en un ambiente de pecado, con el ejemplo de Cristo. Y terminemos aquí, hermanos, con la segunda lectura donde San Pablo nos dice que Cristo es como el gran documento donde están escritos todos los pecados de los hombres y que, clavado en la cruz, quedó desautorizado para que los hombres fuéramos perdonados. Yo no encuentro una figura más hermosa, más elocuente, que ésta de San Pablo describiéndonos a Cristo en la cruz, como un papel del diablo cobrándose los pecados de los hombres, pero que Dios borra con el sacrificio de su hijo.
Ya el pecado no tiene derecho sobre el hombre. Ya el demonio no tiene que reinar en el mundo. Es el Reino de Dios, que Cristo ha ganado con su cruz y su sangre, y los cristianos tienen que trabajar con ese Cristo, morir si es necesario en esa cruz; pero no echar pie atrás, trabajar, hermanos, por una verdadera promoción que siga haciendo de esta Iglesia de la Arquidiócesis, una Iglesia que de veras sea fiel al evangelio, que sepa trabajar y que sepa rezar, que sepa promover hombres que sepan ser con Dios constructores de un mundo mejor.
Publicado por CAMINO MISIONERO en 20:39 0 comentarios
Etiquetas: el domingo, monseñor romero, teologia de la liberación








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