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Un Dios Prohibido (Película completa) - Link de descarga: http://es.gloria.tv/?media=575466&connection=screen Verano de 1936, inicios de la Guerra Civil española. La película narra el martirio d...Hace 12 años
viernes, 29 de marzo de 2013
MANDATOS INCOMPRENSIBLES
¿por qué nos dejas morir lentamente en tus manos?
¿por qué nos arrancas los brotes de la ilusión?
¿Nos quieres hacer comprender
que no necesitas de nosotros
para que venga tu Reino,
que vale más la adoración que la acción?
A hachazos has ido desmochando
el árbol de nuestra vida,
Señor
¡Cómo vamos a dar fruto
si nos vas tronchando las ramas!
Tú nos mandas lo incoherente y lo absurdo;
nos mandas deformarnos,
hacernos vasijas rotas que no pueden retener tu mensaje,
¿por qué?
Jesucristo,
aceptamos esta muerte
que nos roe la persona.
Sabemos que son tus manos
las que nos magullan amorosamente,
las que nos desfloran el alma.
Estamos abiertos a tus heridas.
Creemos que nuestra última brizna,
injertada en Ti dará una primavera total.
Jesús crucificado,
enséñanos a morir
con la ilusión de un noviazgo incipiente.
No nos deje morir
en pasiva amargura o gesticulante rebeldía.
No nos dejes morir más de la cuenta.
Señor, ¡cómo tememos que sea solo un suicidio nuestra crucifixión!
Por Luis Espinal sj
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miércoles, 13 de marzo de 2013
¡HABEMUS PAPA AMERICANO!
miércoles, 20 de febrero de 2013
Espiritualidad Afectiva
jueves, 27 de septiembre de 2012
472 de años de la Compañia de Jesús (Jesuitas)
domingo, 9 de septiembre de 2012
9 de Setiembre: Fiesta de San Pedro Claver sj
Murió en Cartagena, Colombia, el 8 de Septiembre de 1654.
Pedro Claver y Juana Corberó, campesinos catalanes, tuvieron seis hijos, pero solo sobrevivieron Juan, el mayor, y los dos mas pequeños, Pedro e Isabel. El padre apenas podía firmar su nombre, pero era un hombre trabajador y buen cristiano. La infancia de Pedro quedó oculta para la historia como la de tantos santos, incluso la de Nuestro Señor. Trabajaba en el campo con su familia.
Pedro se graduó de la Universidad de Barcelona. A los 19 años decide ser Jesuita e ingresa en Tarragona. Mientras estudiaba filosofía en Mallorca en 1605 se encuentra con San Alonso Rodriguez, portero del colegio. Fue providencial. San Alonso recibió por inspiración de Dios conocimiento de la futura misión del joven Pedro y desde entonces no paró de animarlo a ir a evangelizar lo territorios españoles en América.
Pedro creyó en esta inspiración y con gran fe y el beneplácito de sus superiores se embarcó hacia la Nueva Granada en 1610. Debía estudiar su teología en Santa Fe de Bogotá. Allí estuvo dos años, uno en Tunja y luego es enviado a Cartagena, en lo que hoy es la costa de Colombia. En Cartagena es ordenado sacerdote el 20 de Marzo de 1616.
Al llegar a América, Pedro encontró la terrible injusticia de la esclavitud institucionalizada que había comenzado ya desde el segundo viaje de Colón el 12 de Enero de 1510, cuando el rey mandó a emplear negros como esclavos. Se trata de una tragedia que envolvió a unos 14 millones de infelices seres humanos. Un millón de ellos pasaron por Cartagena. Los esclavos venían en su mayoría de Guinea, del Congo y de Angola. Los jefes de algunas tribus de esas tierras vendían a sus súbditos y sus prisioneros. En América los usaban en todo tipo de trabajo forzado: agricultura, minas, construcción.
Cartagena por ser lugar estratégico en la ruta de las flotas españolas se convirtió en el principal centro del comercio de esclavos en el Nuevo Mundo. Mil esclavos desembarcaban cada mes. Aunque se murieran la mitad en la trayectoria marítima, el negocio dejaba grandes ganancias. Por eso, las repetidas censuras del papa no lograron parar este vergonzoso mercado humano.
Pedro no podía cambiar el sistema. Pero si había mucho que se podía hacer con la gracia de Dios. Pero hacía falta tener mucha fe y mucho amor. Pedro supo dar la talla. En la escuela del gran misionero, el padre Alfonso Sandoval, Pedro escribió: "Ego Petrus Claver, etiopum semper servus" (yo Pedro Claver, de los negros esclavo para siempre". Así fue. San Pedro no se limitó a quejarse de las injusticias o a lamentarse de los tiempos en que vivía. Supo ser santo en aquella situación y dejarse usar por Jesucristo plenamente para su obra de misericordia. En Cartagena durante cuarenta años de intensa labor misionera se convirtió en apóstol de los esclavos negros. Entre tantos cristianos acomodados a los tiempos, el supo ser luz y sal, supo hacer constar para la historia lo que es posible para Dios en un alma que tiene fe.
A pesar de su timidez la cual tubo que vencer, se convirtió en un organizador ingenioso y valiente. Cada mes cuando se anunciaba la llegada del barco esclavista, el padre Claver salía a visitarlos llevándoles comida. Los negros se encontraban abarrotados en la parte inferior del barco en condiciones inhumanas. Llegaban en muy malas condiciones, víctimas de la brutalidad del trato, la mala alimentación, del sufrimiento y del miedo. Claver atendía a cada uno y los cuidaba con exquisita amabilidad. Así les hacia ver que el era su defensor y padre.
Los esclavos hablaban diferentes dialectos y era difícil comunicarse con ellos. Para hacer frente a esta dificultad, el padre Claver organizó un grupo de intérpretes de varias nacionalidades, los instruyó haciéndolos catequistas.
Mientras los esclavos estaban retenidos en Cartagena en espera de ser comprados y llevados a diversos lugares, el padre Claver los instruía y los bautizaba. Los reunía, se preocupaba por sus necesidades y los defendía de sus opresores. Esta labor de amor le causó grandes pruebas. Los esclavistas no eran sus únicos enemigos. El santo fue acusado de ser indiscreto por su celo por los esclavos y de haber profanado los Sacramentos al dárselos a criaturas que a penas tienen alma. Las mujeres de sociedad de Cartagena rehusaban entrar en las iglesias donde el padre Claver reunía a sus negros. Sus superiores con frecuencia se dejaron llevar por las presiones que exigían se corrigiesen los excesos del padre Claver. Este sin embargo pudo continuar su obra entre muchas humillaciones y obstáculos. Hacia además penitencias rigurosas. Carecía de la comprensión y el apoyo de los hombres pero tenia una fuerza dada por Dios.
Muchos, aun entre los que se sentían molestos con la caridad del padre Claver, sabían que hacia la obra de Dios siendo un gran profeta del amor evangélico que no tiene fronteras ni color. Era conocido en toda Nueva Granada por sus milagros. Llegó a catequizar y bautizar a mas de 300,000 negros.
En la mañana del 9 de Septiembre de 1654, después de haber contemplado a Jesús y a la Santísima Virgen, con gran paz se fue al cielo.
Beatificado el 16 de Julio de 1850 por Pío IX.
Canonizado el 15 de Enero de 1888 por León XIII junto con Alfonso Rodriguez.
El 7 de Julio de 1896 fue proclamado patrón especial de todas las misiones católicas entre los negros.
El papa Juan Pablo II rezó ante los restos mortales de San Pedro Claver en la Iglesia de los Jesuitas en Cartagena el 6 de Julio de 1986.
Su fiesta se celebra el 9 de Septiembre.
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domingo, 10 de junio de 2012
«Una palabra tuya bastará…»
Mc 14, 2-16. 22-26
En una oportunidad un novicio preguntó a su maestro;
-Padre, ¿usted como reza?
El maestro le respondió;
-Dime tu primero como rezas…
-Entro a la capilla –respondió el novicio- me pongo de rodillas frente al sagrario y miro a Jesús…
-El maestro contestó
-Yo rezo de manera distinta; Porque mientras tú vas a mirar a Jesús…, yo me pongo en su presencia para que Él me mire… porque en el amor, la iniciativa siempre la tiene Dios…
Es verdad. «Nosotros amamos porque Dios nos amó primero» (1 Jn 4, 19). No se vive la fe de manera idéntica si me sitúo delante de Dios, para “ganar” su amor, que para “agradecer” su amor. Esta diferencia marca la manera de relacionarnos con Dios y el modo como nos relacionamos con los demás.
Hay personas a las que les gusta llamar la atención de los demás, y personas a las que les encanta pasar desapercibidas. Y esto no significa que unas sean histriónicas y otras tímidas. O que a unas les gusta ser tenidas en cuenta por todos y otras, mas “humildes”, rechacen estar en los primeros lugares o primeros planos. No, no se trata solamente de ello.
Creo que en muchos casos tiene que ver con la mirada del otro. Es decir, lo que la mirada del otro me despierta… o mejor aun, lo que me gustaría que el otro vea…
Hay miradas que despiertan temor, y otras confianza. Miradas que generan condena, y aquellas que transmiten compasión. Miradas de aceptación y miradas de rechazo. Hay ojos que transmiten serenidad y otras que dejan traslucir amargura y resentimiento. Hay miradas que trasmiten vida y otras que parecen se han apagado antes de tiempo…
Según cómo queremos que nos vean o como nos sentimos mirados, es cómo en realidad terminamos viviendo… y es que la mirada del otro, en parte, “condiciona” nuestra manera de vivir y relacionarnos…
Quien se sitúa delante de Dios, para que mire “las buenas obras que realiza”, terminará rezando como el fariseo de la parábola, despreciando a todos los demás que no son como él. Hay personas “piadosas”, que en realidad buscan ser «alabados por los hombres», ser tenidos como santos o espirituales frente a los demás… esas personas, dice el evangelio, «ya tienen su recompensa» (Mt 6,2). No conviertas tu vida de fe, o religiosa o sacerdotal, en un escenario o pasarela. Desgraciadamente hay quienes entran en la presencia de Dios, como el publicano en el templo… pero salen como el fariseo… Estos son los que convierten su vocación en una oportunidad para buscar ser «alabados por los hombres». Hemos visto a muchos hombres y mujeres que luego de aceptar seguir a Dios despojándose de todo, empiezan a recuperar todo lo que dejaron… incluso los vicios y el deseo de tener y poseer… Personas que dicen haber encontrado a Dios, pero sin embargo viven codiciando todo…
Por el contrario, hay quienes se sitúan delante de Dios como aquel centurión que dijo a Jesús; «Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, basta que digas una palabra y mi criado quedará sano» (Mt 8, 8). Este hombre, pagano, percibió en los ojos de Jesús, compasión y aceptación. No pidió nada extraordinario, sólo «una palabra». Quien reconoce a Jesús, como el Hijo de Dios, sólo «una palabra» le basta, e incluso, la «sola presencia» es suficiente.
Como un niño que siente miedo a la soledad u oscuridad, se alegra de la presencia de su padre, así también el cristiano se alegra de la presencia de Cristo en la Eucaristía, sin pronunciar palabra… Como el enamorado/a que siente la necesidad de estar con aquel a quien ama, y su presencia le basta, así también el hombre y la mujer de fe buscar estar a solas con Cristo en la eucaristía, o cuando un amigo, que siente la necesidad de compañía, se consuela por la presencia del otro, así también el creyente encuentra en la Eucaristía la presencia que serena, en silencio y sin pronunciar palabra… Estar en presencia de la Eucaristía es dejar que Dios nos ame como él quiere…
Esto es lo que celebramos hoy en Corpus Christi, la presencia de Aquel que, ya sea que diga un «sola palabra» o que permanezca en silencio, con su sola presencia nos basta para sentirnos amados. Nos ponemos delante de Aquel, para que su mirada de Padre nos transforme en hijos.
Pidamos a Dios en esta fiesta de Corpus Christi, que aprendamos a situarnos delante de la Eucaristía, como hijos, y no como siervos. Que podamos estar en su presencia como el publicano, frágiles y pequeños, reconociendo su fuerza y grandeza.
jueves, 7 de junio de 2012
Sin techo y sin tumba
En japonés hay una expresión de origen budista para referirse al difunto que no tiene quien le llore. Se dice que es un “cadáver sin parentesco” (muen- hotoke; muen: sin vínculos; hotoke: difunto). En las zonas pobres donde se hacinan masas de ex-trabajadores eventuales, hoy sin techo -en el barrio de Sanya, en Tokyo, o en el de Kamagasaki, en Osaka-, es frecuente la escena de la muerte en la calle. Cuando se recoge a personas fallecidas sin familia para conducirlas al crematorio, antes de depositar la urna con las cenizas en la fosa común, el ayuntamiento suele contactar al centro de voluntariado social solicitando un mínimo servicio funeral. El monje budista, el pastor protestante o el sacerdote católico, según cuál de ellos se encuentre disponible ese día, acudirá a despedir con un rito los restos de quien vivió sin techo y muere sin tumba, vivió sin tener donde caerse muerto y murió sin tener quién le llore.
La señora T.S. , viuda de cincuenta años, que trabaja en Caritas católica y organiza el voluntariado social católico en Sendai, al noreste de Japón, ha tenido una iniciativa para concientizar sobre el problema de la muerte en soledad. Cuando compró terreno y fosa en el cementerio para depositar la urna con las cenizas de su difunto esposo, no puso la tumba a nombre de su familia, sino la inscribió con el título de “sepultura para difuntos sin parentesco”. Sobre la lápida, bajo el crucifijo, está esculpido únicamente el ideograma japonés KIZUNA, que significa “vínculos familiares y lazos de relación”. Si hubiera registrado la propiedad con su nombre , los trámites funerarios no le permitirían enterrar en esa fosa a nadie fuera de su familia. La señora T. X. ha podido depositar en esa tumba, durante estos últimos meses, en ese columbario cristiano, las cenizas de varias personas solitarias fallecidas en la calle sin techo y sin tumba.
“Pero esto no lo hago, dice, para solucionar el problema de la muerte en la calle. Ante la cruz que corona el letrero de esa lápida, oramos por el eterno descanso de quienes murieron sin tener quien les llorara y despertamos nuestra conciencia para ayudar a tantas personas que viven como muertas en vida. Las obras de misericordia que aprendimos en el Evangelio son enterrar a los muertos y dar de comer al hambriento”.
Juan Masiá SJ
(Universidad Sophia, Tokyo)
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domingo, 27 de mayo de 2012
Ven, espíritu santo creador (Cristobal Fones sj)
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jueves, 26 de abril de 2012
Gente
domingo, 8 de abril de 2012
VIVIR COMO RESUCITADOS
Se nos invitaba a la penitencia y el ayuno con el fin de poder disponer el alma para la conversión. Y como buenos y obedientes cristianos nos privamos de la carne pero comíamos “salmón con salsa roquefort”.
Es tan fácil mal interpretar nuestra fe, que a veces damos por cierto cualquier tipo de prácticas, que de religiosas no tienen nada. Es tan penoso, encontrarse con cristianos dispuestos a combatir por la fe, pero que son ignorantes. Es triste escuchar a cristianos que viven con una culpa enorme por sus pecados y todo ello por ignorancia religiosa. Si vivimos mal nuestra fe, enseñamos a vivirlo mal. Creo que deberíamos dejar de hablar del pecado y del demonio y más del amor y del servicio.
Hojeando el libro de Martín Descalzo, “Razones para vivir” leí lo siguiente que quiero compartir con ustedes, porque creo que nos puede ayudar a comprender profundamente el espíritu de la pascua de resurrección.
«Cuando yo era muchacho oí predicar muchas veces que el hombre debía convertirse y que para ello tenía que “agere contra, trabajar contra sus propias tendencias, ir contra corriente de su alma, cambiarse como un guante al que se da la vuelta. Así, si eras orgulloso e impetuoso, tenías que volverte humilde y un poco apocado, si eras tímido, tenías que convertirte en atrevido; si eras lento, en rápido, si nervioso, en tranquilo, si impulsivo, en sereno. Yo pensaba: ¿Es posible que Dios se haya equivocado tanto al hacer a los hombres? Si quería que el tímido fuera atrevido ¿por qué no empezó por ahí? ¿Es que a Dios le encanta ver a los hombres peleándose con su naturaleza?»
La verdad que la invitación a la resurrección puede convertirse en un verdadero “calvario” si no sabemos comprender el sentido profundo de la pascua de Jesús. ¿Por qué? Por que a veces entendemos la conversión o la resurrección como un proceso de desnaturalización. Creemos que conquistar la vida, como lo hizo Cristo, es luchar de por vida contra nosotros mismo. Bajo el cliché de santificar la vida, iniciamos una batalla con nosotros mismos que nos lleva a la tristeza y la desolación. Y esto ya lo advirtió Jesús, cuando dijo «Un reino dividido internamente va a la ruina, una ciudad o casa dividida internamente no se mantiene en pie» (Mt 12, 25).
Si no entendemos en qué consiste la VIDA NUEVA que Cristo nos trajo con su resurrección, corremos el riesgo de no vivir como resucitados.
Martín Descalzo explica así la verdadera conversión que nos trae la pascua;
«El ejemplo de San Pablo fue claramente iluminador para mí. El apóstol de Tarso era un violento, un fariseo militante y exacerbado, brioso como un caballo pura sangre, enamorado de la lucha por lo que él creía el bien, tan peligroso como un león en celo. Perseguía a los cristianos porque creía que era su deber y porque le salía de los riñones. Y un día Dios le tiró del caballo y le explicó que toda esa violencia era agua desbocada. Pero no le convirtió en un muchachito bueno, dulce y pacífico. No le cambió el alma de fuego por otra de mantequilla. Su amor a la ley se trasmutó en amor a otra Ley, a la que serviría en e l futuro con el mismo apasionamiento con el que antes sirviera a la primera. Este es el cambio que se espera de lo hombres; que luchemos por el espíritu como hasta ahora hemos peleado por el poder; que nos empeñemos en ayudar a los demás como hasta ahora nos empeñábamos en que todos nos sirvieran a nosotros. No que apaguemos nuestros fuegos. No que le echemos agua al vino de nuestro espíritu, sino que se convierta en un vino que conforte y no emborrache ».
Éste es el espíritu de la resurrección, vivir en paz con uno mismo. Si sabes que eres egoísta, y te empecinas por luchar contra tu egoísmo lo más probable es que te pases la vida tratando de no ser egoísta, pero sin empezar a compartir. Si sabes que eres materialista y vives luchando contra la compulsión de comprar y tener, lo más probable es que termines resintiéndote, pero si por el contrario empiezas a tomar en serio tu vida espiritual, es probable que pronto descubras que poca cosa era el dinero, el poder y la imagen.
No luches contra ti mismo, vive en paz y no pierdas la alegría. Cultiva aquello que puede convertirte en hombre nuevo, con las mismas ganas de vivir que antes.
P. Javier Rojas sj
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viernes, 6 de abril de 2012
jueves, 5 de abril de 2012
Semana Santa 2012. Reflexión de Jorge Costadoat SJ
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jueves, 16 de febrero de 2012
VERBOS PARA ORAR: "Creer"
Juan 11,40
Es imposible vivir sin creer en algo o en alguien. La cuestión fundamental es a quién creerle…
Creer no es lo contrario de pensar. Dios quiere que creamos no que no pensemos. Nos invita con sus palabras y señales a que tengamos fe, no a que dejemos de tener razones.
En el creyente, la razón no elimina a la fe, ni demuestra la fe, ni disminuye el mérito de la fe, sino que la defiende, purificándola de fábulas e ingenuidades…Ayuda a estructurarla y a exponerla.
Dice Santo Tomás de Aquino que en su núcleo mismo Creer es pensar con asentimiento. Y lo explica así: creer tiene de suyo la firme adhesión a algo, y en esto el que cree se parece al que tiene su certeza a la vista. Por eso dice: “con asentimiento”. Pero por otro lado, el conocimiento de la fe no es el de la perfecta visión, y en esto el que cree se parece al que duda… Diríamos que creer es un “saber en camino”, es una luz indispensable pero no aún plena; es un claroscuro…
Creer es un don de Dios. Los argumentos o los milagros o los testimonios pueden remover los obstáculos pero sólo Dios puede levantarnos por sobre nosotros mismos…Creer es una gracia, un regalo, un deleite y un auxilio que nos llega de lo Alto. Es como respirar, es oxígeno para vivir…
“Creo que eres el Dios vivo bajado del cielo…”
Preguntas para la oración:
1)A quién/ quiénes le crees?
2)Por qué te parece que son creíbles?
3)A quién le creíste en un momento dado, y ya hoy no? Por qué?
4)Cómo relacionas creer y esperar?
5)A ti quién te cree?
6)Crees en ti mismo?
7)Qué le has creído y qué le crees a Dios?
Jesús invita a creer; su primer anuncio es: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva” (Mc 1,15). Y al enseñarnos cómo orar insiste: “Todo cuanto pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán” (Mc 11,24). La fe abre ampliamente las puertas de su inmenso poder, como constatamos en el caso de aquellos ciegos que se acercan a Él, a quienes solamente les pregunta: “Crees que puedo hacerlo?” (Mt 9,28).
La fe en Jesucristo actualiza para el creyente las obras propias de Aquel Espíritu que resucitó al Señor de entre los muertos (Hch 3,16; 14,9; 16,31). Esta fe nace de la predicación (Rom 10,17); por ella son purificados nuestros corazones (Hch 15,9), fortalecidos (Hch 27,25) y dispuestos para toda obra buena ( Hch 6,5; 11,22-24; 16,5).
Creo posible que un hombre, mirando la tierra, se vuelva ateo. Me parece, en cambio, inconcebible que ese mismo individuo, mirando al cielo, diga que no existe un Creador. A. Lincoln.
Dios nos concede tanta libertad de pensar, que nos permite hasta el derecho de negarlo. Plácido Alfonso.
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miércoles, 1 de febrero de 2012
La banda sonora de tu vida
Por Teresa del Hoyo Alonso Pimentel
Cada uno de nosotros tenemos algo así como la banda sonora de nuestra vida. Acompaña etapas, momentos, relaciones y emociones. Ahí está, a las duras y a las maduras, para arrancarnos una sonrisa, provocarnos un flashback inmediato con apenas unos acordes o sacarnos de la cama los lunes por la mañana.
Crecimos con aquellas cintas regrabadas, ¿quién no se acuerda de su primer disco?, los conciertos irrepetibles, esas tardes de verano con amigos y una guitarra, éxitos de radio y viajes en coche con tu padre como dj de turno...
Y van evolucionando (afortunadamente) nuestras preferencias, unos se decantarán por un estilo determinado al que seguirá una estética y un campo de cultura propio, otros tantos adoptarán el gusto de los 40 principales o la MTV y hoy, gracias a valiosísimas herramientas como YouTube, Spotify, Myspace o last.fm muchos iremos en busca de más y más sintonías con las que seguir caminando.
La música nos permite sentir emociones colectivas, nos lleva al encuentro, multitudinario o personal, para compartir ritmos y letras.
Palabras de amor, historias de vida, mensajes de esperanza y canciones que nos mantienen una noche de fiesta y destrozan cada articulación del esqueleto... que hacen que nos salten los fusibles y dejan que las corcheas se mezclen con nuestros glóbulos rojos recorriendo arterias y venas hasta llegar al corazón.
En un mundo cada vez más global, algunos artistas componen en inglés para llegar a más público, otros permanecen fieles a su lengua materna para llegar mejor, y lo mismo ocurre con los oyentes: ¿Entendemos el discurso que con tanta fuerza cantamos? ¿Te transmite lo mismo Dylan que
Britney? ¿Vetusta morla que Keane? ¿Quique Gonzalez que Jack Johnson? Cada uno irá recopilando sus temas especiales, sus catalizadores, sus grandes éxitos, canciones que llenan nuestros iPods y, en definitiva, a nosotros también.
Alabad al Señor que la música es buena.
Desde la Biblia, en el Salmo 150 se nos invita a alabar al Señor con todos los instrumentos. La música acompañará nuestra oración en múltiples momentos, ayudando en nuestra disposición a la reflexión, dando luz a tramos de penumbra, uniendo nuestras voces, animando la Eucaristía (donde caben órganos de tubos y guitarras españolas). "El canto se convierte así en la respuesta de un corazón rebosante de alegría, reconoce a su lado la presencia de Dios" nos dijo Juan Pablo II tras compartir escenario con Bob Dylan en un encuentro de jóvenes.
A continuación ahí va un pequeño set list de música de hoy y siempre en la que yo he encontrado una conexión con la oración, la inspiración y la fe.
1. Hola a todo el mundo.
Hatem prayer team
2.Sufjan Stevens.
God'll ne'er let you down.
3.R.E.M.
Losing my religion.
(Porque las dudas también están ahí)
4.Lori Meyers.
Mi realidad.
5.Coldplay.
Don´t panic.
6.Florence and the Machine.
You´ve got the love.
7.U2.
Sometimes you can´t make i ton your own.
8.Bob Dylan.
Knockin' on heaven's door
(Link a la actuación con el Papa en 1997)
9.Wilco.
Jesus, etc.
10.Mercedes Sosa.
Solo le pido a Dios.
11.Leonard Cohen versión de Jeff Buckley.
Hallelujah.
12.Bon Iver.
Skinny Love.
13.Crystal Fighters.
Follow.
14.The verve.
Bittersweet Symphony.
¿Y tú? ¿Qué temas incluirías en la banda sonora de tu vida?
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sábado, 17 de septiembre de 2011
XXV Domingo del T.O. (Mt 20,1-16) - Ciclo A: LOS VIÑADORES DE LA HORA UNDÉCIMA
¿Cómo puede estar bien que se pague lo mismo a los que han aguantado todo el día en la viña, sudando y agotándose, que a los que llegaron al caer el sol y casi ni rompieron a sudar? ¿Qué clase de justicia tiene Jesús en la cabeza?
La historia, que empezó siendo normal, se iba volviendo cada vez menos creíble. No es normal que un amo esté todo el día mandando obreros a la viña, la gente empezaría a sorprenderse... pero luego, a la hora de pagar, ¡resulta que a todos les paga lo mismo! Y ahora sí que la gente se identificaría mucho con los que trabajaron todo el día y protestaron.
Y no les convencería nada la explicación del amo: "Quedé contigo en un denario, ¿no?, pues ahí lo tienes, Si quiero darle a este otro un denario, a ti no te hago injusticia: ¿vas a ser tú envidioso porque yo soy generoso?". Ni los trabajadores de la primera hora, ni la gente que escuchó a Jesús, ni usted están muy de acuerdo con esta solución Y esto es lo que quería Jesús, exactamente esto: que la gente se sorprendiera, que usted se sorprenda.
Jesús no está diciendo que esta actuación es justa, no; Jesús sabe muy bien lo importante de ser justo en la retribución del trabajo. Él mismo ha sido un trabajador manual, probablemente también a sueldo. Sabe que la hermandad de los trabajadores se funda en la justicia, en que el vago no cobre, en que el que trabaje más cobre más. Jesús no es un ingenuo, sabe de qué habla; Jesús sabe que el dueño de la viña no ha actuado justamente.
También en la parábola del administrador tramposo sabía perfectamente que su comportamiento no estaba nada de bien. En aquella parábola no estaba recomendando que hiciéramos trampas, y en esta no está recomendando que seamos injustos en los salarios, ¡estaría bueno! Pero sí está intentando sorprendernos, para que entendamos algo más importante aún.
Jesús no está hablando de los oficios, de los sueldos, de los obreros: Jesús está hablando de Dios, y de cómo es el Reino de Dios. En los oficios, en el trabajo, en los sueldos, la justicia es muy importante. En el Reino, también: pero no basta con la justicia: hay más, hay mucho más que la justicia. También es normal que creamos que Dios es justo: pero Dios es más, muchísimo más que justo.
Nuestras enseñanzas sobre Dios siempre han entendido que Dios es justo y misericordioso. Es decir, ante todo justo, pero con cierta tendencia a la benevolencia. Es todo lo que podemos imaginar de un juez bondadoso. Pero al aplicarlo a Dios, esto se queda corto. Dios es justo porque es misericordioso, Dios es misericordioso porque es justo.
Lo más justo que hace Dios es perdonar, porque sabe de qué barro estamos hechos, porque sabe que no somos culpables sino víctimas del pecado. Dios no es verdugo de culpables, sino médico de enfermos.
El médico no castiga, se esfuerza por curar: ésa es la justicia de un buen médico, curar. Jesús no castiga a los endemoniados que gritan y muerden y rompen, los libera de sus demonios. Jesús no aplica a los leprosos la justa Ley que manda apartarse de ellos. Rompe la ley y se acerca y los toca, para curar. Sí, Jesús no es justo porque cumple la Ley, sino porque es compasivo.
El amo de la viña era también generoso, y compasivo: le dieron pena aquellos desgraciados a los que nadie había contratado y se iban a marchar a casa con cuatro perras, sin poder comprar ni pan para sus hijos: y les dio más, porque su corazón era generoso y los otros estaban muy necesitados. Si los otros trabajadores fuesen inteligentes, se alegrarían: quizá otro día ellos mismos serían los de la última hora; es bueno saber que hay buena gente por el mundo, que no vive de la seca justicia.
En todos estos temas, entenderemos mucho mejor el mensaje si nos situamos en un punto de vista correcto. Piense en lo de la adúltera, el buen ladrón, Pedro, esta misma parábola.
En el caso de la adúltera, a los legistas sin duda les pareció mal: si usted fuera uno de ellos, le parecería mal. Pero si usted fuese la mujer, ¿cómo se sentiría?
El caso del buen ladrón es escandaloso: un perdón gratuito, sin pagar nada por sus delitos… si usted fuese la madre del buen ladrón ¿qué le parecería?
Lo mismo en el caso de Pedro, lo mismo en la parábola de hoy. Si usted fuese un viñador que ha sudado todo el día, a lo mejor se va a su casa lleno de rencor. Pero si usted fuese la mujer, o los hijos, de los de la hora undécima, que esperaban al caer el sol a ver si ese día podrían comer… ¿qué le parecería?
Y es que Jesús está diciendo que Dios piensa y siente como la madre del condenado a muerte, como la mujer del viñador tardío… Jesús está hablando de cómo es el corazón de Dios.
Y usted, y yo, nos alegramos de saber cómo es Dios: Dios es mucho más que simplemente justo. Dios es como el padre del hijo pródigo, que no hizo justicia, no exigió restitución, no actuó sensatamente; se volvió loco de alegría porque había recuperado al hijo que ya daba por muerto.
Y usted, y yo, que en nuestra vida cotidiana nos vemos obligados a vivir en el ámbito de la seca justicia, y que incluso tantas veces echamos de menos que haya justicia en el mundo, que no la hay, descubrimos que Jesús va aún más allá: la justicia es necesaria... pero es solo los cimientos del Reino.
Más allá está el mundo soñado por Jesús, en el que reina la fraternidad, que es infinitamente superior a la justicia. Porque Dios es así, porque solo Él es justo.
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viernes, 9 de septiembre de 2011
9 de Setiembre: Fiesta de San Pedro Claver, Esclavo de los esclavos por amor a Cristo
Murió en Cartagena, Colombia, el 8 de Septiembre de 1654.
Pedro se graduó de la Universidad de Barcelona. A los 19 años decide ser Jesuita e ingresa en Tarragona. Mientras estudiaba filosofía en Mallorca en 1605 se encuentra con San Alonso Rodriguez, portero del colegio. Fue providencial. San Alonso recibió por inspiración de Dios conocimiento de la futura misión del joven Pedro y desde entonces no paró de animarlo a ir a evangelizar lo territorios españoles en América.
Pedro creyó en esta inspiración y con gran fe y el beneplácito de sus superiores se embarcó hacia la Nueva Granada en 1610. Debía estudiar su teología en Santa Fe de Bogotá. Allí estuvo dos años, uno en Tunja y luego es enviado a Cartagena, en lo que hoy es la costa de Colombia. En Cartagena es ordenado sacerdote el 20 de Marzo de 1616.
Al llegar a América, Pedro encontró la terrible injusticia de la esclavitud institucionalizada que había comenzado ya desde el segundo viaje de Colón el 12 de Enero de 1510, cuando el rey mandó a emplear negros como esclavos. Se trata de una tragedia que envolvió a unos 14 millones de infelices seres humanos. Un millón de ellos pasaron por Cartagena. Los esclavos venían en su mayoría de Guinea, del Congo y de Angola. Los jefes de algunas tribus de esas tierras vendían a sus súbditos y sus prisioneros. En América los usaban en todo tipo de trabajo forzado: agricultura, minas, construcción.
Cartagena por ser lugar estratégico en la ruta de las flotas españolas se convirtió en el principal centro del comercio de esclavos en el Nuevo Mundo. Mil esclavos desembarcaban cada mes. Aunque se murieran la mitad en la trayectoria marítima, el negocio dejaba grandes ganancias. Por eso, las repetidas censuras del papa no lograron parar este vergonzoso mercado humano.
Pedro no podía cambiar el sistema. Pero si había mucho que se podía hacer con la gracia de Dios. Pero hacía falta tener mucha fe y mucho amor. Pedro supo dar la talla. En la escuela del gran misionero, el padre Alfonso Sandoval, Pedro escribió: "Ego Petrus Claver, etiopum semper servus" (yo Pedro Claver, de los negros esclavo para siempre". Así fue. San Pedro no se limitó a quejarse de las injusticias o a lamentarse de los tiempos en que vivía. Supo ser santo en aquella situación y dejarse usar por Jesucristo plenamente para su obra de misericordia. En Cartagena durante cuarenta años de intensa labor misionera se convirtió en apóstol de los esclavos negros. Entre tantos cristianos acomodados a los tiempos, el supo ser luz y sal, supo hacer constar para la historia lo que es posible para Dios en un alma que tiene fe.
A pesar de su timidez la cual tubo que vencer, se convirtió en un organizador ingenioso y valiente. Cada mes cuando se anunciaba la llegada del barco esclavista, el padre Claver salía a visitarlos llevándoles comida. Los negros se encontraban abarrotados en la parte inferior del barco en condiciones inhumanas. Llegaban en muy malas condiciones, víctimas de la brutalidad del trato, la mala alimentación, del sufrimiento y del miedo. Claver atendía a cada uno y los cuidaba con exquisita amabilidad. Así les hacia ver que el era su defensor y padre.
Los esclavos hablaban diferentes dialectos y era difícil comunicarse con ellos. Para hacer frente a esta dificultad, el padre Claver organizó un grupo de intérpretes de varias nacionalidades, los instruyó haciéndolos catequistas.
Mientras los esclavos estaban retenidos en Cartagena en espera de ser comprados y llevados a diversos lugares, el padre Claver los instruía y los bautizaba. Los reunía, se preocupaba por sus necesidades y los defendía de sus opresores. Esta labor de amor le causó grandes pruebas. Los esclavistas no eran sus únicos enemigos. El santo fue acusado de ser indiscreto por su celo por los esclavos y de haber profanado los Sacramentos al dárselos a criaturas que a penas tienen alma. Las mujeres de sociedad de Cartagena rehusaban entrar en las iglesias donde el padre Claver reunía a sus negros. Sus superiores con frecuencia se dejaron llevar por las presiones que exigían se corrigiesen los excesos del padre Claver. Este sin embargo pudo continuar su obra entre muchas humillaciones y obstáculos. Hacia además penitencias rigurosas. Carecía de la comprensión y el apoyo de los hombres pero tenia una fuerza dada por Dios.
Muchos, aun entre los que se sentían molestos con la caridad del padre Claver, sabían que hacia la obra de Dios siendo un gran profeta del amor evangélico que no tiene fronteras ni color. Era conocido en toda Nueva Granada por sus milagros. Llegó a catequizar y bautizar a mas de 300,000 negros.
En la mañana del 9 de Septiembre de 1654, después de haber contemplado a Jesús y a la Santísima Virgen, con gran paz se fue al cielo.http://www.blogger.com/img/blank.gif
Beatificado el 16 de Julio de 1850 por Pío IX.
Canonizado el 15 de Enero de 1888 por León XIII junto con Alfonso Rodriguez.
El 7 de Julio de 1896 fue proclamado patrón especial de todas las misiones católicas entre los negros.
El papa Juan Pablo II rezó ante los restos mortales de San Pedro Claver en la Iglesia de los Jesuitas en Cartagena el 6 de Julio de 1986.
Su fiesta se celebra el 9 de Septiembre.
Publicado por Corazones.org
miércoles, 7 de septiembre de 2011
domingo, 21 de agosto de 2011
XXI Domingo del T.O. (Mt 16, 13- 20) - Ciclo A: TAN EQUIVOCADOS COMO LOS DISCÍPULOS
El suceso está presente, con algunas variantes, en los tres sinópticos y falta en Juan. Se trata evidentemente de una prueba, a la que responde, en nombre de todos, Pedro.
"El Mesías", se completa con una confesión adicional "el Hijo de Dios vivo", que parece ir más allá de la fe tradicional de Israel, como apuntando a la peculiar y única relación de Jesús con el Padre.
Esta es una confesión propia de Mateo. Marcos dice simplemente "Tú eres el Cristo", y Lucas "Tú eres el Cristo de Dios".
El texto puede mostrar por tanto la progresión de la fe en Jesús que se da ya en la comunidad de Mateo, aunque no hay que olvidar que es precisamente la pregunta del Sumo Sacerdote en la noche de la condena de Jesús. En ella, los tres evangelistas ponen en boca del que pregunta la expresión "el Hijo de Dios - el Hijo del bendito". La expresión "Hijo de Dios", parece por tanto referirse a la manera judaica de entender, sin la connotación joánica de "el Verbo Encarnado".
Los versos siguientes "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" están ausentes de Marcos y Lucas.
Algunos autores piensan que es una adición posterior, trasladada aquí de un relato paralelo a Juan 21,15 (el relato del Lago Tiberíades después de la Resurrección). Sea lo que sea, no cabe duda de que esta expresión indica dos cosas:
· en primer lugar, la posición preeminente de Pedro dentro de la Iglesia primitiva (como se subraya también en los relatos de la resurrección y en su papel en los Hechos);
· en segundo lugar, el cambio de nombre completa la expresión "ni la carne ni la sangre te han revelado esto". Se indica por tanto que la Iglesia descansa en la fe en Jesús, obra especial del Padre, más que en cualquier otra cosa.
Curiosamente, la expresión "Iglesia" no parece nunca más en los evangelios. Es frecuente en Hechos, cartas de Pablo y Santiago, cartas de Juan y Apocalipsis, referida más especialmente a una iglesia local que a la iglesia universal. Es muy dudoso que Jesús mismo pronunciara esta palabra.
"Pedro" es palabra griega correspondiente al arameo "Kefas", que fue probablemente la que dijo Jesús. "El infierno" es, en el texto original "el Sheol", el lugar de los muertos.
Así pues, el texto funda la iglesia en la fe en Jesús, Pedro se hace portavoz de esa fe, y mientras esa fe perdure, el poder de la muerte (el Sheol) no podrá nada contra ella.
Entregar a alguien las llaves del palacio significa - como en el texto de Isaías - nombrarlo responsable, darle la autoridad necesaria para ejercer su cargo. Pedro recibe por tanto el cargo de "mayordomo del Palacio", y el Palacio es "el Reino de los Cielos".
El poder de atar y desatar apenas si tiene antecedentes en la Escritura. En el contexto rabínico se aplica a dictar una sentencia, decidir una cuestión, imponer una obligación o liberar de ella. En Mateo 18,18, la misma expresión se aplica a toda la iglesia, no sólo a Pedro, y en referencia a la expulsión de alguien de la iglesia.
“Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”.
Jesús prohíbe a los discípulos que hablen de él como Mesías. Esta frase está en contacto con el famoso "secreto Mesiánico" de Marcos. La interpretación normal es que Jesús no quiere ser identificado con el concepto habitual de Mesías. No hay que olvidar que estas escenas se colocan después de la huida de Jesús que despide a las multitudes tras la multiplicación de los panes, cuando ve que quieren hacerle rey.
El texto, por otra parte, está mutilado. Las palabras siguientes de Jesús avisan a los discípulos que el Mesías tiene que padecer y morir, Pedro le reprocha esas palabras, y Jesús le increpa violentamente, incluso llamándole "Satanás, que piensas como los hombres y no como Dios".
Este contexto - tan inmediato - muestra claramente que la confesión de Pedro es más bien mesiánica al uso normal de la gente, y que Jesús está formando a los doce para una comprensión verdadera del mesianismo, cosa que no consigue por entonces, ni se conseguirá hasta la venida del Espíritu, como muestra muy bien la expresión de los discípulos en Hechos 1.6 "¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel?", inmediatamente antes de la Ascensión.
Ante todos estos matices, no podemos menos que asombrarnos de la semejanza que existe entre aquella situación y la historia entera de la iglesia. Jesús anuncia un mesianismo y le entienden otro, anuncia un poder y le entienden otro, anuncia una distinción de Pedro y le entienden otra.
Jesús es Rey, pero su reino no es de este mundo. Y el papa será rey de este mundo, él y la iglesia y el culto se vestirán con los atributos externos de la realeza, e incluso con algunos de sus poderes (o con poderes más que reales).
Jesús anuncia la Buena Noticia del perdón y la iglesia detenta el poder de perdonar: no anuncia el perdón sino que administra el perdón.
Demasiadas veces Dios es presentado como el Rey Todopoderoso al que todos se han de someter, que tiene poder por ser Creador y Amo, y está representado en el mundo por Cristo y sus sucesores los Papas, a quienes se debe obediencia total, en lo ideológico y en lo moral y en lo político.
Pero en el Evangelio, Dios no es ése, ni es ésa la misión de Jesús, ni por tanto la de la Iglesia.
En el tema de "el poder de las llaves" no se trata por tanto de una u otra concepción de la jerarquía, sino de una u otra concepción de Dios: el de Jesús o el del poder. Y cada uno reflexione.
Publicado por CAMINO MISIONERO en 11:19 0 comentarios
Etiquetas: el domingo, homilías, jesuitas, recomendados
sábado, 13 de agosto de 2011
XX Domingo del T.O. (Mt 15, 21-28) - Ciclo A: LOS VALORES HUMANOS ESENCIALES
Se trata por tanto de un texto significativo: Jesús tiene conciencia de que Dios le envía a Israel, pero que se dedique solamente a Israel no es tan intocable como a veces se quiere presentar. De hecho sus contactos con la Samaritana, con el centurión, muestran bien a las claras que aunque se siente enviado prioritariamente a Israel, de ninguna manera excluye a los no-israelitas.
Es notable también el paralelo de esta curación y la del siervo del centurión por la exclamación, casi idéntica de Jesús ("grande es tu fe, no he hallado tanta fe en Israel") que se pone como desencadenante de la curación.
Nos suele extrañar la dureza de la negativa de Jesús a atender a la mujer, y nos disuena especialmente la expresión “los perros”, aplicada al menos metafóricamente a los no-israelitas. La expresión sin embargo es menos dura en el original y en su contexto cultural. (“Perro” tiene para nosotros una connotación negativa, que no tenía en aquel contexto).
Jesús se siente enviado prioritariamente a Israel, y eso es lo que expresa en el texto, pero siempre que se da un acto de fe en él por parte de cualquiera, israelita o pagano, atiende la petición. Es notable la expresión referente al centurión: “Os aseguro que no he encontrado tanta fe en Israel”. Esta va a ser la línea fundamental de Pablo: no importa el ser Israelita o no serlo, sino creer o no creer en Jesús.
Mateo, por otra parte, ha agudizado el rechazo a la extranjera. El suceso original parece haber sido bastante inverso: Jesús está en tierra de paganos y entra en una casa de paganos, y atiende a la solicitud de una mujer pagana. Es probablemente el escándalo de esta actitud de Jesús lo que motiva que Mateo ponga tanto énfasis en el rechazo inicial de Jesús, mucho más libre de lo que la mentalidad –fuertemente judaica– de Mateo y su comunidad son capaces de asimilar.
Varias vías de reflexión nos ofrece el evangelio de hoy. La primera, bien acompañada por la primera lectura, es la universalidad del mensaje de Jesús. Todas las personas "religiosas" sentimos la tentación de considerar el mensaje, y aun a Dios mismo, como "propiedad". Fue uno de los pecados nacionales de Israel, que les llevó a tenerse por "el pueblo elegido", entendido como "pueblo privilegiado". Jesús rompe definitivamente con esta "apropiación", y va más allá.
Nuestro único “privilegio” es, por supuesto, un compromiso mayor, haber sido llamados a una misión que a los ojos humanos no tiene nada de apetecible porque compromete la vida entera. Más a fondo, la apertura del Reino a todos, no sólo a Israel, significará una concepción diferente de la Historia. La Ley, el Templo, la Circuncisión, el Sábado... fueron buenos e incluso temporalmente necesarios, pero no son definitivos.
Jesús rompe con religiosidades de arraigo secular. El vino nuevo de Jesús no puede ser contenido en los odres viejos de la Ley Mosaica, ni siquiera en la Ley perfectamente entendida y observada. Es el drama de las primeras generaciones cristianas tan bien reflejado en los Hechos de los Apóstoles, cuya tesis será precisamente que no hay que hacerse judío ni pertenecer al “pueblo de la Alianza” para ser seguidor de Jesús.
Pero hay más aún. La cananea y al centurión provocan la alabanza de Jesús por su fe. Y está bien claro que estos dos personajes no son israelitas. Hay fe fuera de Israel, Jesús provoca y reconoce la fe fuera del marco del Pueblo de Dios. Esto nos lleva a una consideración profunda e inquietante sobre la fe, sobre quiénes son, realmente, "El Pueblo de Dios".
Es claro que no todos los que están apuntados en los libros bautismales están también incorporados al Reino. Se puede pertenecer al cuerpo legal de la Iglesia y no estar en el Reino. Y debemos saber también que se puede no estar incorporado al cuerpo legal de la Iglesia, no estar apuntado en sus libros, no estar bautizado, e incluso no conocer de hecho a Jesús, y estar en el Reino.
La más escandalosa demostración de esto nos viene dada por la parábola del Juicio final, cuando, "los de la derecha" protestan admirados ante el juez que "nunca le vieron enfermo o hambriento...", y el juez les contesta que eso no importa, que le sirvieron a Él cuando sirvieron a sus hermanos. Y puede ser significativo que aquellos dos paganos cuya fe alabó Jesús se movieron precisamente por con-pasión: no pedían para sí mismos sino para sus seres queridos.
Es muy actual la discusión sobre la universalidad de la mediación de Jesús. Pero se ha planteado, como siempre, en el terreno de lo teológico-jurídico y con cierto tinte de reivindicación de derechos por parte de la Iglesia.
El planteamiento debe ser más serio: a Jesús no lo abarca nunca nada ni nadie: ni la teología cristiana lo explica, ni la Iglesia se lo puede apropiar, ni nunca sociedad alguna ha merecido el nombre de "Cristiandad".
Jesús descubre que los valores esenciales de lo humano nacen de que los humanos son Hijos de Dios, lo sepan o no lo sepan, y que, cuando se dan esos valores, está presente el Reino, el mismo Reino que está presente, reconocido y celebrado en nuestra eucaristía.
De forma sorprendente, se ha invertido en nuestros tiempos el orden de las mediaciones que propone el evangelio. En teoría, la Iglesia es un mediador para acceder a Jesús. Cualquier persona, viendo la vida de los cristianos, se pregunta por el motor, por la motivación de esa vida tan convincente: así descubre a Jesús y tiene acceso a la fe.
Paradójicamente, no es raro que hoy encontremos creyentes en Jesús que han llegado a esa fe sin pasar por la Iglesia e incluso, lo que es mucho más grave, a pesar de nosotros la Iglesia. Creer en la Iglesia es para muchos una consecuencia, más bien difícil, de la fe en Jesús.
Resulta estremecedor reflexionar sobre el papel histórico de las religiones, al menos de lo más "oficial" de las religiones.
Creer en Yahvé a pesar de los judíos; creer en Alá a pesar de los mahometanos; creer en Abbá a pesar de la Iglesia... Son formulaciones exageradas, pero con un fondo de validez que preocupa. Yahvé, Alá y Abbá son sólo nombres, y se refieren al Mismo, a Dios. Descubrirlo a través de los pecados de apropiación, de las mezquindades y deformaciones de sus creyentes oficiales es a veces una ardua tarea.
En la historia de la Iglesia hay dos constantes contradictorias y vitales: el progreso y la vuelta a las fuentes, que se compendian en la palabra "Tradición".
Tradición significa "lo que se nos ha entregado", y se supone que se nos ha entregado la Misión, el Evangelio, vivido y personalizado por generaciones de creyentes. Pero se nos han entregado también los pecados de esas generaciones, sus traiciones a la Tradición.
Por eso, Tradición significa siempre volver a las fuentes, a Jesús mismo. Cuando lo hacemos, descubrimos con sorpresa que "está vivo", no ha podido ser deformado por los pecados y los errores de los cristianos. Jesús no es el pasado, es el futuro.
Para toda persona y para la Iglesia entera Jesús es un proyecto: todos hemos de sentirnos odres viejos ante la novedad vital siempre sorprendente de Jesús. Así, la vuelta a las fuentes nos hace progresar, mientras que la mera conservación de nuestras tradiciones no nos acerca a Jesús.
Y ahora, nuestra capacidad de eludir la Palabra nos está haciendo aplicar todo lo anterior a la Iglesia como institución, que puede ser una hermosa manera de esquivar la Palabra.
Pero la Palabra se dirige a cada uno de nosotros, tentado de creerse bueno por pertenecer a la Iglesia, tentado de creerse en paz con Dios por ir a Misa, tentado de creer que ya conoce a Jesús más que sobradamente, tentado de creerse "cristiano", tentado de pensar que no necesita ninguna conversión, tentado, de manera sutil y muy actual, de creerse más de Jesús por ser crítico con la “Iglesia oficial”.
La eucaristía de cada domingo debe ser para nosotros una fuente de santa inquietud; afrontar a Jesús es siempre recibir una invitación a más. Comulgar es decir que sí a esa invitación. La Palabra nos invita a caminar, y el Pan nos da fuerzas para hacerlo. Comulguemos hoy muy conscientemente, renovando nuestra aceptación de la Palabra, diciendo "SÍ" a Jesús con el signo de comulgar con él.








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