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MISIONEROS EN CAMINO: julio 2011
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domingo, 31 de julio de 2011

Evangelio Misionero del Día: 01 de Agosto de 2011 - XVIII Semana DEL T.O - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 22-36

Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy Yo; no teman».
Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».
«Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame». En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante Él, diciendo: «Verdaderamente, Tú eres el Hijo de Dios».
Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret. Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos, rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron sanados.

Compartiendo la Palabra
Por Bonifacio Fernández, cmf

Cuando Mateo narra episodios comunes con Marcos, se nota que Mateo tiene a la concentración. Simplifica los datos. El milagro de la multiplicación de los panes es narrado como un regalo de Jesús; es Jesús quien tiene la iniciativa. Es una expresión de su conmoción y compasión ante las necesidades de las personas y de los grupos. Jesús se deja afectar y se deja tocar por la situación de las personas necesitadas. Los discípulos son los mediadores y testigos del milagro.

Para una lectura sapiencial del relato es importante caer en la cuenta de las acciones que se atribuyen a Jesús: tomó los panes; alzó la mirada; pronunció la bendición; partió el pan; se lo dio a los discípulos. La referencia a la eucaristía es bastante clara. Pero la idea central en la multiplicación de los panes es la idea del compartir. Es lo que crea comunidad. Poner en común lo que cada uno tiene, sea lo que sea, hace que se multiplique y que crezca la comunidad.

Otra dimensión que hay que tener en cuenta en este relato es la unidad entre la satisfacción de las necesidades materiales y las espirituales: “dadle vosotros de comer”. La misión de Jesús no es nada espiritualista.

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Palabra para la Misión: Compartir con los muchos ‘Lázaros’ que pueblan el planeta

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Domingo XVIII del T.O. Por Euntes
Año A – Domingo 31.7.2011

Isaías 55,1-3 / Salmo 144 / Romanos 8,35.37-39
Mateo 14,13-21

Reflexiones

El proyecto de Dios es claro: ¡que todos tengan vida en abundancia! (Jn 10,10). En las lecturas de hoy se habla de abundancia, de gratuidad. Ésta es la salvación que nuestro Dios ofrece generosamente. ¡A todos! El profeta (I lectura) invita a todos a beber agua, vino y leche en abundancia, “sin dinero, sin pagar” (v. 1), promete que comerán bien. El Salmo responsorial insiste sobre la ternura y bondad del Señor, que es clemente y misericordioso con todos, sacia de favores a todo viviente y está cerca de los que lo invocan con corazón sincero. El apóstol Pablo (II lectura) afirma con entusiasmo que ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Cristo, porque en todo “vencemos fácilmente por Aquel que nos ha amado” (v. 37). Un signo tangible de esa abundancia es la multiplicación de los panes (Evangelio), en la que todos comieron “hasta quedar satisfechos”, y hasta sobró. La inicial situación de carencia (lugar desértico, falta de comida, cantidad de gente…) queda superada por la compasión de Jesús hacia el gentío (v. 14). Él no duda en renunciar incluso al tiempo de luto por la muerte de su amigo-pariente Juan el Bautista (v. 13), activa su poder milagroso y el compartir, a fin de que el alimento llegue a todos, y con abundancia.


Para resolver el problema de la gente hambrienta, los discípulos piensan en dos soluciones: despedirlos o comprar… Jesús se opone a estas dos propuestas. “Jesús no despide a la gente, jamás ha despedido a nadie. Los discípulos hablan de comprar, Jesús habla de dar. Abre una nueva manera de ser: dar sin calcular, dar sin pedir, generosamente, gratuitamente. Cuando mi pan se convierte en nuestro pan, el don es semilla de milagro” (Ermes Ronchi). Jesús involucra a los discípulos y los compromete en la solución del problema: “Denles ustedes de comer” (v. 16). El milagro comienza a partir de lo poco que los discípulos ofrecen: cinco panes y dos peces, que en las manos de Jesús se convierten en muchos, hasta sobreabundar. Comprar se sustituye con compartir. El sistema de comprar crea afortunados y desafortunados: los hay que pueden y otros que no pueden. Según el Evangelio la palabra de orden es: ¡compartir!


Jesús quiere que los discípulos tomen conciencia de ello; que busquen con creatividad y audacia las soluciones posibles. ¡Sin descargar sobre otros y sin retrasos! Solamente en la lógica del compartir es posible superar problemas tan graves como el hambre en el mundo, las enfermedades endémicas… Donde no hay compartir prevalece la lógica de la acumulación, por la cual la mayor multiplicación de bienes acaba en las manos de pocas personas. Donde no hay compartir impera el egoísmo. Son frecuentes los llamados de los Papas a la solidaridad y al compartir, con documentos, en las cumbres de la FAO, de los G8 y en otras ocasiones, levantando la voz contra el escándalo del hambre y en favor de los pobres de la tierra, especialmente de África, continente a menudo postergado y muy necesitado. (*)


Sobre los arenales de Villa El Salvador, en la periferia del sur de Lima (Perú), la mañana del 5 de febrero de 1985, el Beato Juan Pablo II se reunió con un millón de pobres,. Durante la liturgia de la Palabra, se proclamó el Evangelio de la multiplicación de los panes y el Papa pronunció su homilía. Al final del encuentro, visiblemente emocionado, improvisó una síntesis de su mensaje con estas palabras: “Hambre de Dios, SÍ. Hambre de pan, NO”. Inmediatamente esta síntesis misionera dio la vuelta al mundo y quedó grabada en el monumento que recuerda esa visita del Papa. Se trata de una síntesis que explica y sustenta el trabajo misionero: una tarea exigente para fomentar el hambre de Dios y acabar con el hambre de pan.

La multiplicación de los panes tiene una intrínseca y tradicional referencia a la Eucaristía, sobre todo en cuanto banquete del Pan de vida que se parte y se multiplica para todos. También la misión es pan partido para la vida del mundo. Eucaristía, misión y compartir constituyen un trinomio inseparable. La Eucaristía es el banquete de los pueblos: la misión convoca a todas las gentes para este banquete de la Vida de gracia; y estimula a compartir de manera fraterna y solidaria, para que haya pan sobre la mesa de todos. Nosotros los cristianos, que nos alimentamos con el pan de la Palabra y de la Eucaristía, y a menudo estamos hartos del pan sobre la mesa, estamos fuertemente interpelados para un mayor compromiso con la misión y con el desarrollo de los pobres.¡Para que todos tengan Vida en abundancia! (Jn 10,10).
Palabra del Papa

(*) “El hambre causa todavía muchas víctimas entre tantos Lázaros a los que no se les consiente sentarse a la mesa del rico epulón. Dar de comer a los hambrientos (cf Mt 25,35.37.42) es un imperativo ético para la Iglesia universal... En la era de la globalización, eliminar el hambre en el mundo se ha convertido también en una meta que se ha de lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta”.

Benedicto XVI
Encíclica Caritas in Veritate, 29.6.2009, n. 27


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 31/7: S. Ignacio de Loyola (1491-1556), sacerdote español, fundador de la Compañía de Jesús, siempre muy benemérita en las actividades misioneras, así como en múltiples servicios eclesiales y culturales en el mundo entero.

- 31/7: S. Justino De Jacobis (1800-1860), italiano, de la Congregación de los Vicentinos, misionero y obispo en Etiopía, promotor de relaciones ecuménicas; los católicos lo consideran “ángel y padre de la Iglesia en Etiopía”.

- 31/7: Recuerdo del viaje del Papa Pablo VI a Uganda (1969) y de la creación del SCEAM (Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar).
- 31/7: Recuerdo de Bartolomé de Las Casas (1474-1566), dominico español, misionero en el Nuevo Mundo y obispo en México, defensor de los derechos de los indios y su protector.

- 1/8: S. Alfonso M. de Ligorio (1696-1787), abogado y teólogo moralista, posteriormente obispo, fundador de los Redentoristas, promotor de misiones populares. Es doctor de la Iglesia.
- 1/8: Recuerdo de Mons. Pierre Claverie, de la Orden de los Dominicos, obispo de Orán (Argelia), asesinado, junto con su chofer, en un atentado por terroristas islámicos (+1996),.

- 2/8: B. Ceferino Giménez Malla (1860-1936), laico español de etnia gitana, promotor de buenas relaciones entre su gente y los vecinos, mártir durante la guerra civil española (1936-1939). Es el primer gitano proclamado beato.

- 2/8: Recuerdo de don Nicolás Mazza (1790-1865), sacerdote de Verona, donde fundó un Instituto para educar a muchachos virtuosos, inteligentes y pobres, entre los cuales S. Daniel Comboni, apóstol de África.

- 4/8: S. Juan M. Vianney (1786-1859), sacerdote francés, “cura de Ars” durante 40 años, evangelizador, confesor y catequista, promotor de misiones populares. Es modelo y patrono del clero parroquial.

- 6/8: Fiesta de la Transfiguración del Señor: “Que tu rostro brille, Señor, ante todos los pueblos”. -

Recuerdo del Siervo de Dios, el Papa Pablo VI (1897-1978), que murió al atardecer de este día.

- 6/8: B. Ana M. Rubatto (1844-1904), religiosa italiana, misionera en América Latina y fundadora; murió en Montevideo. Es la primera beata de Uruguay.

- 6/8: Recuerdo del Card. Guglielmo Massaja (1809-1889), misionero capuchino italiano, pionero en la evangelización de los Galla, en el Alta Etiopía.

- 6 y 9/8/1945: Aniversarios de las terribles explosiones de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki (Japón), respectivamente, por manos del ejército norteamericano.

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XVIII Domingo del T.O. (Mt 14, 13-21 ) - Ciclo A: Bipolaridad

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Por J. Garrido

1. Situación

Vivimos esta paradoja: «No sólo de pan vive el hombre; pero sin pan no puede vivir». ¿Cómo integrar la necesidad de pan con la experiencia de que el pan no sacia nuestro hambre?

La cuestión tiene aplicación personal y social, al mismo tiempo. De hecho, ha servido tanto a los espiritualistas, que insisten en el pan espiritual, como a los temporalistas, que insisten en el estómago lleno como requisito para todo planteamiento espiritual.

¿Cuál es tu modo de ver este problema y, sobre todo, de vivenciarlo?


2. Contemplación

La Palabra de Dios mantiene la bipolaridad: pan para el hambriento y pan para los que comen y no se sacian.

La lectura de Is 55,1-3 resulta muy actual, especialmente para nuestras sociedades de consumo. Lo probamos todo y estamos cada día más vacíos. Este vacío existencial es el presupuesto donde cabe pronunciar la Palabra: Escuchadme y viviréis. Porque es la Palabra el verdadero alimento del corazón humano.

La multiplicación de los panes de Jesús exige un doble principio de lectura: por un lado, el realista encarnado, el de la praxis mesiánica de Jesús, que trae el Reino para los hambrientos de estómago, sin metáfora; por otro lado, el eucarístico, pues realiza el signo de la abundancia para los últimos tiempos, representado y realizado al dar gracias a Dios por el don de su Hijo.

Ver la correlación de ambos aspectos en entrar en la Alianza perpetua, prometida a David, puesta en marcha por Jesús.

El salmo responsorial celebra el amor de Dios cuidando de sus hijos como un padre cariñoso y entrañable: que los alimenta, cuida, instruye, promete...


3. Reflexión

No es fácil creer en las expresiones del salmo a la letra. ¿Es verdad que Dios da la comida a su tiempo a los que esperan en El? ¡Que lo digan en Bangladesh o en el Chad!

Es normal, por ello, que muchos hombres hayan prescindido de Dios para cumplir la palabra de Jesús: ¡Dadles vosotros de comer!

El cristiano adulto no cae en ese dualismo. No hace de Dios la solución del hambre en el mundo; pero tampoco prescinde de Dios en los problemas humanos. Al contrario, según madura su fe:

— La motiva con la praxis de Jesús, que no dejó abandonada a la gente hambrienta en medio del descampado, y toma en serio el compartir lo poco o mucho que tiene, y no justifica su insolidaridad diciendo que con lo que él dé no se arregla el problema.

— No se limita a dar de comer, pues la persona humana es más, y trabaja por su plenitud integral: la sicológica, la cultural, la moral, la religiosa...

— Pero no se siente protagonista y señor de la historia, sino un servidor del Reino, un pobre discípulo de Jesús. Cada vez que comparte lo que tiene o reivindica los derechos humanos, cada vez que ve afirmarse la solidaridad humana en todas sus formas, siente la presencia providente de Dios inclinada amorosamente sobre sus hijos.

— No le pide a Dios cuenta de por qué no libera a la humanidad del hambre o de los horrores de la guerra o de la opresión. Como Jesús, sustituye la pregunta por la acción y por la confianza en Dios.


4. Praxis

¿Qué puede significar multiplicar los panes en nuestra vida diaria? Abrir la casa y la mesa, pues la intimidad no debe ser una fortaleza.

¿Por qué la Eucaristía del domingo tiene tan poco que ver con la Eucaristía del pan compartido y multiplicado? ¿Cómo redescubrir que el pan-cuerpo de Cristo es el pan entregado por todos y mandamiento irrenunciable: Haced esto en memoria mía?

No caer en la crispación de quien le echa a Dios la culpa del hambre y de otras calamidades. Y tampoco erigirnos en jueces del mundo. El que vive de la Palabra y confía en la Providencia transforma su realidad en amor de humanidad, pues, ¿de qué sirve dar de comer si no damos dignidad y esperanza al corazón humano?

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31 de Julio: Memoria de San Ignacio de Loyola

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Padre y Maestro Ignacio, escrutador de los caminos de Dios, amigo fiel del Señor, humilde servidor de Cristo y del Evangelio bajo el estandarte de la cruz, buscador incansable de la mayor gloria de Dios a través del discernimiento y de la oración, dócil a la obediencia al Señor y a la Iglesia su esposa; Tú que no has buscado riquezas y honores, sino que has preferido ser pobre con Cristo pobre, despreciado con Cristo humillado, con tal que fuese anunciado a todos el santo Nombre de Jesús en quien está la salvación, intercede por nosotros ante el Padre de las misericordias, para que en este tiempo de gracia podamos buscar y encontrar en todo su divina presencia y conocer su voluntad.

Al Eterno Rey de todas las cosas confiamos esta mínima Compañía, que no ha sido instituida por medios humanos, sino por la mano potente de Cristo el Señor en el que ahora ponemos nuestra esperanza, para que se digne conservar y llevar a cumplimiento aquello que se ha dignado comenzar para su servicio y alabanza y para la ayuda de las almas.

Tomad, Señor y recibid

Toma, Señor, y recibe
toda mi libertad, mi memoria,
mi entendimiento
y toda mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer.

Tú me lo diste,
a ti, Señor, lo torno.
Todo es tuyo.
Dispón de todo según tu voluntad.
Dame tu amor y tu gracia,
que ésta me basta.

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sábado, 30 de julio de 2011

XVIII Domingo del T.O. (Mt 14, 13-21 ) - Ciclo A: Jesús comparte el pan



Este pasaje de Mateo de la multiplicación de los panes es el único milagro de Jesús que narran los cuatro evangelios, señal del interés que despertó en las primeras comunidades cristianas, le dedicamos nuestra reflexión.

Jesús ha pasado el día curando enfermos, le siguen las gentes, lejos ya de sus poblados, tienen hambre y los apóstoles insisten a Jesús en que es hora de que vayan ya a sus casas y coman. Jesús les responde al momento: “No, dadles vosotros de comer”. Le dicen que “hay uno que tiene cinco panes y dos peces, pero que poder hacer con esto?”. Jesús ora al Padre, manda que se sienten todos, toma los panes y los peces y los discípulos comienzan a repartirlos. Comen todos, más de cinco mil personas y sobra comida.

El verdadero milagro, se produce cuando se comparte de corazón lo que se tiene, entonces hay mucho más de lo necesario. Con seguridad que aquellos que habían seguido a Jesús, que oraron con él, abrieron sus ojos pensado que era de verdad el enviado de Dios.

Este milagro nos invita a nosotros a descubrir que el proyecto de Jesús es reunirnos en una fraternidad real en la que sepamos compartir “nuestro pan, nuestro pescado” y convivir como hermanos, que la fraternidad es la única manera de seguir a Jesús. Solemos pensar que amamos al prójimo cuando no le hacemos nada especialmente malo, viviendo despreocupados de todos, movidos por nuestro propio interés.

Sin darnos cuenta hemos ido deshumanizando también poco a poco el gesto tan entrañable y humano de compartir, como es el sentarnos a la mesa a comer con otros, compartir nuestra mesa con familiares y amigos es confraternizar, dialogar, crecer en amistad, compartir el regalo de la vida.

Jesús nos recuerda hoy que no podemos comer, ni vivir tranquilos mientras que junto a nosotros haya hombres y mujeres amenazados de tantas hambres. Hemos de oír sus palabras: “dadles vosotros de comer", y estar dispuestos a compartir nuestra mesa con la mirada levantada hacia los que hoy no comerán.

Parece ser fuera de lugar dar gracias a Dios cuando uno tiene más alimento, más bienes de los que necesita mientras otros sufren necesidad. Pensamos que lo hemos ganado con nuestro esfuerzo y que de justicia nos pertenece, no pensamos en los millones que no pueden trabajar. No pueden trabajar por muchas razones, muchas y fundamentales, ya las conocemos.

Sabemos que los problemas de hambre en el mundo en último término son problemas de justa distribución, de justicia. La Tierra produce y puede producir mucho más de lo necesario para alimentar a los millones de personas que habitamos, si se decidiera seriamente compartir.

Si pusiéramos lo que somos y tenemos de modo que estuviera también orientado al servicio de los necesitados, en verdadera solidaridad, renunciando a una preocupación exagerada por nuestro bienestar, las personas y las instituciones podríamos resolver la mayoría de los desequilibrios e injusticias de nuestro mundo, y no lo olvidemos, también del pequeño mundo en que se realiza nuestra vida, la tuya y la mía, en el que también hay necesitados.

Formamos parte de una familia y vivimos en un mundo en el que cada vez vamos conociendo lo que somos, lo que pensamos, conocemos nuestras necesidades. Es trágico que este conocimiento llegue entre nosotros a olvidarnos, a relacionarnos, hasta de odiarnos hasta el terror y la muerte.

Jesús dice sus discípulos: “dadles vosotros de comer”. Más de uno preguntará, ¿es posible multiplicar hoy el pan para los pobres con oraciones o por arte de magia? En todo caso, lo que no podemos hacer es renunciar a multiplicar el amor y la fraternidad en torno nuestro, mediante el compartir. Existen muchas formas de compromiso al dictado de un amor nuestro que sea de verdad creativo.

La mejor oferta de "pan", que nadie rechaza porque no le humilla, es el amor y el respeto a nuestra dignidad como personas, sentirnos aceptados por nosotros mismos tal como somos y merecemos, es el pan que más se necesita en nuestro entorno; siempre nos es posible ofrecerlo.

Por nuestra responsabilidad cristiana nos preguntarnos qué nos pide la escena evangélica de hoy al percibir el clamor y el quejido de los necesitados. Jesús no se quedó en mera compasión; no se contentó con saciar el hambre de la gente que le buscaba y escuchaba. Consciente de que “no sólo de pan vive el hombre”, en su opción radical por los pobres, se ha entregado personalmente porque sólo Él es el Pan de Vida que sacia definitivamente el hambre del ser humano.

Es cierto, vivimos días de crisis, para muchos, para muchos, es una crisis enmarcada en un futuro amenazador y la tendencia generalizada es de mirar más lo nuestro y restringir todo “gasto posible”. La solidaridad no es un “gasto” más, Jesús nunca lo consideró así, la solidaridad es la práctica auténtica de la caridad, del seguimiento a Jesús. Obremos en consecuencia, sin más.

Que esta celebración de la Eucaristía, comunitaria, prefigurada en la multiplicación de los panes y de los peces por Jesús para la muchedumbre hambrienta, aumente nuestra solidaridad; este pan que nos congrega en una misma mesa no puede separarse del pan debido en justicia al pobre y al necesitado.

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Palabra de Misión: Multiplicar como Jesús o asesinar como Herodes / Decimoctavo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A – Mt. 14, 13-21 / 31.07.11

Por Leonardo Biolatto

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El relato de este domingo es un relato clásico, querido, explicado y comentado miles de veces. Es motivo de reflexiones pastorales, teológicas y bíblicas. Es considerado una escena para pintar en retablos, plasmar en vitraux o esculpir. Algunos lo catalogan como milagro; para otros es la metáfora de la solidaridad que despierta el Evangelio; para un grupo es figura escatológica; para otros tantos es proclamación mesiánica. Toda la tradición evangélica no se ha privado del relato. Marcos y Mateo lo tienen por partida doble; Lucas y Juan en una sola versión. En total, los cuatro Evangelios conservan seis relatos de multiplicación de los panes. Siempre, la situación contextual es bastante parecida: se trata del inicio de la crisis galilea. El ministerio del Maestro itinerante nazareno ha recorrido la provincia Galilea enseñando, curando y exorcizando, con un seguimiento multitudinario al principio. Pero con el tiempo, ante la profundización de lo que verdaderamente significa el Evangelio, las gentes se van alejando. La efervescencia galilea disminuye y, ante el fracaso que supone para Jesús, decide subir a Jerusalén. Es lo que los Sinópticos relatan como la sección del camino, en el centro de sus libros. Para Juan no hay camino de subida a Jerusalén, pero sí crisis en el capítulo 6, cuando varios discípulos deciden abandonar al que venían siguiendo porque sus palabras resultan muy duras (cf. Jn. 6, 60.66). La multiplicación de los panes está muy en relación a la crisis galilea, y por ende, debe ser entendida, en primera instancia, dentro de ese contexto directo. La forma en que Jesús parte y comparte el pan es motivo de escándalo. Más aún: la forma de comer que representa la multiplicación (todos juntos, al aire libre, sujetos sólo a la providencia divina) es algo incómodo para la mayoría de los galileos (sean éstos fariseos, escribas, jornaleros o terratenientes). Esta comida particular de Jesús encierra algún mensaje demasiado profundo que no pudo pasar desapercibido; al contrario, que significó el rompimiento del proyecto original jesuánico. Evidentemente, Jesús cambia de dirección tras esta crisis en su provincia, y toma la arriesgada decisión de caminar hasta Jerusalén para proclamar el Reino de Dios en la capital judía. La multiplicación no puede ser leída inocentemente, como un episodio milagroso más; tampoco puede reducirse a un espectáculo de solidaridad. La multiplicación inquietó y debiese seguir inquietándonos, haciéndonos cuestionar como a los discípulos del Evangelio según Juan, si podemos seguir en el discipulado de Jesús o sus palabras (sus gestos, sus comidas) son demasiado fuertes y no podemos digerirlas.

El contexto directo que pone Mateo para esta multiplicación (la primera de su libro) es la muerte de Juan el Bautista. La excusa para introducir el relato del martirio del profeta es que a oídos de Herodes llega la fama de Jesús (cf. Mt. 14, 1). Sin embargo, los versículos anteriores (cf. Mt. 13, 54-58) relatan la escena en la sinagoga donde Jesús es despreciado por su propio pueblo y no puede realizar muchos milagros por la falta de fe. Evidentemente, hay un contraste. Mientras comienza, narrativamente, el anuncio del decrecimiento de la fama jesuánica en Galilea, el tetrarca se entera de la misma, como si fuese vox populi. Para nosotros la fama suele ser algo bueno. Los famosos son los conocidos por todos, las estrellas de los multimedios, del cine y la televisión. Pero Mateo habla de la akoe (en griego) de Jesús. Este vocablo puede traducirse como fama o rumor, en el sentido de haber oído algo sobre alguien; tanto algo bueno como malo. No necesariamente han llegado a Herodes palabras bellas sobre el nazareno. Los herodianos pueden haberle informado a su jefe el peligro que representaba Jesús suelto por la provincia, predicando una Buena Noticia de un tal Reino de Dios. Ese peligro, esa amenaza que personificaba el Maestro itinerante al status quo de Herodes es la razón por la cual se auto-induce a pensar que Jesús puede ser Juan el Bautista redivivo, re-encarnado, que pretende continuar con las denuncias y las amenazas desde el más allá. Porque, como bien explica Mateo, Herodes ya se había encargado de Juan decapitándolo (cf. Mt. 14, 10). Podemos creer la superstición de Herodes, de la que hablan los historiadores, con sus fobias y temores. Es más difícil creer que el baile de una muchacha haya decidido la suerte del profeta del Jordán. Es probable que la historia más real de la muerte del Bautista tenga que ver con lo que relata Flavio Josefo en Antigüedades 18.5.2 116-119, sobre un Herodes que “empezó a temer que la gran capacidad de Juan para persuadir a la gente podría conducir a algún tipo de revuelta, ya que ellos parecían susceptibles de hacer cualquier cosa que él aconsejase”. Por eso, analizando la situación y los problemas que se derivarían de una revuelta, “decidió eliminar a Juan adelantándose a atacar antes de que él encendiese una rebelión”. Más que en manos de una antojadiza bailarina adolescente, el destino martirial del Bautista estuvo en manos de Herodes en persona, quien consideró políticamente conveniente eliminar la amenaza antes que lamentar rebeliones.

La construcción de la escena del baile de la hija de Herodías es un recurso para comparar las comidas de Herodes con las comidas de Jesús. Esto, traducido al lenguaje simbólico judío, es comparar cosmovisiones. Para cualquier cultura, la comida es el micro-cosmos que revela el cosmos social. La manera de comer, cómo se come, con quién se come, es una estructura en miniatura, repetida cotidianamente, del gran esquema y orden social. La mesa (el banquete) son íconos sociales. El orden en la mesa suele representar los grados de autoridad en la sociedad; las reglas explícitas o implícitas de cómo comer y con quién comer revelan las reglas de quién se puede relacionar con quién y de lo prohibido, del tabú. En la mesa de Herodes están los comensales que él ha invitado para su cumpleaños. Mateo los designa como los sunanakeimai en Mt. 14, 9, es decir, los que se reclinan en la mesa junto a él. Podemos imaginar que aquí no están los pescadores del Mar de Galilea ni los viñadores jornaleros ni los artesanos de los poblados. No están aquí los leprosos ni los ciegos ni los paralíticos. Sí, en cambio, comparten la mesa con el tetrarca los nobles y los poderosos, los terratenientes y las altas figuras de las clases acomodadas. En esa comida irrumpe la hija de Herodías, danzando, desplegando sus dotes artísticas. Es una joven a merced de su madre. En medio de la fiesta, de la buena comida y del buen alcohol (como no podrían faltar en ninguna fiesta de la nobleza), aparece la muerte. Esta comida de Herodes acabará con la cabeza del decapitado en una bandeja, como un elemento más del banquete. Parece que la consecuencia lógica de las comidas herodianas (o sea, de su visión del mundo, de su manera de manejarse) es la muerte de los profetas.

La comida de Jesús, en cambio, reúne a las multitudes. No hay elitismos; no es un grupo selecto de nobles invitados a la casa del tetrarca. El que quiere puede acercarse. A Jesús, a su comida contra-herodiana, viene el ochlos, que no es pueblo organizado, sino gentío, turba desorganizada. Ante ellos, a diferencia del tetrarca, Jesús se conmueve hasta las entrañas, y cura a sus enfermos. Esto denota que es una turba enferma, y sin embargo tiene cabida en esta comida al aire libre. Primeramente, los discípulos actúan como actuarían los herodianos, despidiendo a la gente. Pero Jesús sabe que el Reino no es así. El Reino no se trata de despedir, de sacarse de encima los problemas. El Reino de los Cielos es acogida, es hospitalidad, es comida para todos. Hay que dar de comer. Todos tienen derecho a la comida, no una pequeña elite. Cinco panes y dos pescados son suficientes, aunque parezca minúsculo. Alcanzan para cinco mil varones, y eso sin contar mujeres y niños. Marcos, en su relato, no ha mencionado esta particularidad de las mujeres y los niños. Se trata de un añadido mateano que resalta aún más el contraste con el banquete de cumpleaños de Herodes. Las mujeres y los niños con incluidos en la comida de Jesús deliberadamente, con plena participación, y con participación positiva, porque son saciados por la compasión del Maestro tanto como los varones. En el banquete herodiano, las mujeres están representadas negativamente por Herodías, quien utiliza a su hija para obtener la muerte de alguien que le molesta. Y los niños están representados por la muchacha que danza y que es manipulada para generar muerte. Claramente, la comida jesuánica es la contrapartida de la comida mortal de los poderosos. En la multiplicación de los panes, los enfermos, las mujeres y los niños son parte de una comida de vida, una comida profética.



Mateo conecta ambas comidas mediante la mención a la retirada de Jesús, que quiere ir a un lugar solo. Lo ha afectado la noticia de la muerte del Bautista. Esto deja vislumbrar el futuro que le espera. Porque no hay otro futuro para los profetas de este estilo. Mueren martirizados por los poderes terrenales, políticos y religiosos. Jesús tiene la oportunidad de huir, de renegar de su manera de comer. Puede sumarse a las comidas de los poderosos, avalando el elitismo y la muerte de los que molestan el sistema. O puede sumarse a la gran cantidad de galileos conformistas que no desean pelear por nada para sobrevivir en una serena y falsa tranquilidad el resto de sus días. Pero Jesús prefiere redoblar la apuesta. Sabe que comiendo como lo hace, curando a los enfermos, acogiendo mujeres y niños, en fin, viviendo según el Reino de los Cielos, está firmando su sentencia de muerte. La experiencia del Bautista es un aviso. Él es una amenaza tanto como lo era el profeta del Jordán. La multiplicación de los panes es una provocación. Esto es en lo que cree Jesús: que todos tienen derecho a comer, que todos pueden comer juntos, que hay que transmitir vida y no generar muerte. Es la creencia en un mundo según Dios Padre. Es una experiencia tan fuerte que no lo deja volver atrás, a la tranquilidad del trabajo artesanal en Nazareth. Una experiencia que lo pone en los márgenes de la sociedad, perseguido, amenazado. Y sin embargo confía en eso que Él llama Reino de los Cielos. ¡Quién sabe si nosotros seríamos capaces de confiar al menos un poco como Jesús! ¡Quién sabe si no pegaríamos la vuelta para refugiarnos en nuestras casas, trabajos, seguridades y comodidades a esperar que la vida pase

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XVIII Domingo del T.O. (Mt 14, 13-21 ) - Ciclo A: UN BUEN EJEMPLO


Decíamos el domingo pasado que la opción por el reino de Dios y la necesaria renuncia a todo lo que es incompatible con él debe ser causa y efecto de la alegría de haber encontrado una mejor manera de vivir. El evangelio de este domingo pre­senta un ejemplo concreto: hay que renunciar a la riqueza no porque sea bueno pasar hambre, sino para que nadie la sufra.

PANES Y PECES

El evangelio de hoy es el relato conocido como «la multi­plicación de los panes y los peces», aunque, como vetemos, sería más acertado el título «el reparto de los panes...».

A continuación del discurso en parábolas, Jesús se entera de que alguien le ha dicho a Herodes que él, Jesús, es Juan Bautista -que había muerto asesinado por orden del rey-, que ha resucitado. El evangelio no explica por qué, pero al conocer esta noticia Jesús se marcha en la barca hacia un lugar despoblado.

La gente no había aceptado el contenido de su predicación, pero, quizá por curiosidad, quizá porque había empezado a despertarse en ellos una cierta inquietud, averiguan el lugar al que se dirige Jesús, se ponen en camino y, cuando él llega, se encuentra con que lo espera «una gran multitud».

Como habían rechazado su mensaje (véase Mt 13,53-58), Jesús no insiste, no sigue enseñando; peto no deja de manifes­tar su amor ofreciendo vida a quienes están faltos de ella: «le dio lástima de ellos y se puso a curar enfermos».

En lugar despoblado, se hace tarde. Los discípulos se dan cuenta de que aquellas gentes no habían traído nada para co­mer y proponen a Jesús que los despida para que «compren» provisiones con las que sustentarse. Pero Jesús les da una res­puesta sorprendente: «No necesitan ir; dadles vosotros de co­mer». Los discípulos, en tono que seguramente revelaba su asombro, le dicen: « ¡ Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces! » Jesús pide que se lo lleven todo, los cinco panes y los dos peces; manda sentar a la gente, «y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos, a su vez, se los dieron a las multitudes. Comieron todos hasta quedar saciados y recogieron los trozos sobrantes: doce cestos. Los que comieron eran hombres adultos, unos cinco mil, sin mujeres ni niños».

La lección que da Jesús a sus discípulos es ésta: si renun­cian a quedarse con aquellos alimentos, que, según los criterios de este mundo, les pertenecen, y, reconociendo que son un don de Dios, los ponen a disposición de todos, su renuncia no les causará hambre; al contrario, saciará el hambre de todos.


EL NUEVO EXODO

La misión de Jesús incluye la realización de un nuevo éxo­do, de un nuevo proceso de liberación abierto esta vez a todos los que estén faltos de libertad.

La mayor de las esclavitudes -¡vigente todavía en nuestro mundo!- es el hambre. Por eso este episodio sirve como modelo del proceso de liberación que promueve Jesús.

La tierra de esclavitud son las ciudades y aldeas de las que procede la gente; allí rige la ley de lo mío y lo tuyo; y siempre hay alguien a quien le pertenece lo que a otros les falta. Allí, quien no puede comprar tiene que pasar hambre o, lo que es peor, tiene que renunciar a su libertad y a su dignidad para conseguir lo mínimo necesario para seguir viviendo. También allí hay una religión que distrae la atención de los pobres con minucias sin importancia y los mantiene quietos mediante el miedo al castigo divino, olvidándose de sus orígenes: la formi­dable intervención liberadora del Señor en favor de aquel pu­ñado de esclavos.

Salir de esa tierra de esclavos, romper con ese sistema so­cial y religioso es dar comienzo al nuevo éxodo, es emprender de nuevo el camino hacia la libertad, ahora definitiva.

En el primer éxodo Dios tuvo que alimentar a los israeli­tas que caminaban por el desierto enviándoles el maná; ahora Dios no va a hacer ningún prodigio. En este nuevo camino la intervención de Dios ya se ha producido: la lección que da Jesús con el reparto de panes y peces (cuando se comparte con amor, hay para todos y sobra) garantiza el alimento para todo el camino.

La meta del primer éxodo fue la tierra de Canaán, la tierra prometida; ahora toda la tierra se convierte en tierra prome­tida: está allí donde hay un grupo que ha comprendido el men­saje de Jesús, ha confiado en su palabra, ha descubierto que ese mensaje es el más valioso de todos los tesoros y se ha pues­to en marcha, camino de la libertad.


DICHOSOS LOS POBRES

A la luz de este relato podemos entender mucho mejor la primera bienaventuranza, «dichosos los que eligen ser pobres» (Mt 5,3). No se trata de buscar la pobreza porque ésta sea una virtud. Se trata de luchar contra ella de la manera más eficaz: renunciando a la riqueza, negándose a aceptar que pueda ser «mío» lo que el otro necesita para vivir, sustituyendo el insa­ciable deseo de tener por la alegría de compartir.

Y ahora se entiende también mucho mejor la respuesta de Jesús a la primera tentación («Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan... Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de todo lo que Dios vaya diciendo»: Mt 4,3-5). Y lo que Dios dice por medio de Jesús es que el hambre no se vence con milagros espectaculares y portentosos, sino con el no menos portentoso milagro de la solidaridad entre los hombres.

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Comentario seglar al Evangelio del Domingo 31 de Julio de 2011


Publicado por Ciudad Redonda

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14,13-21

Comieron todos hasta quedar satisfechos

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: "Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer." Jesús les replicó: "No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer." Ellos le replicaron: "Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces." Les dijo: "Traédmelos." Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.


COMENTARIOS DE SEGLARES

DESDE LA SOCIO-ECONOMÍA
(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)

En el pasaje de hoy destacaría dos momentos:
El primero es darse cuenta y conmoverse por las necesidades de nuestros hermanos. Hoy día, en que el consumo y la diversión parecen insensibilizarnos ante tanta desgracia e injusticia, Jesús nos recuerda que hay que estar atentos a las necesidades de los otros, que hoy en día son miles de millones de hermanos que están siendo masacrados por hambre, enfermedades, conflictos, injusticias, todos ellos evitables y consecuencia de un mundo polarizado que sólo beneficia a cada vez menos personas.
En segundo lugar, ante la tentación de “despedirlos” para que cada cual se busque la vida, como le propusieron sus discípulos, Jesús nos invita a hacernos cargo de la realidad y poner encima de la mesa lo que tenemos, nuestra vida y nuestros dones: “dadles vosotros de comer”. Nuestro hermano es nuestra responsabilidad.
Sólo desde la generosidad y la gratuidad de puede construir el Reino de Dios en nuestra tierra.

DESDE LOS ABUELOS
(Matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)

La lectura del Evangelio de este domingo fortalece nuestra esperanza y nos llena de confianza, por la actitud misericordiosa de Jesús para con el pueblo, pero también la forma en que se dirige a sus discípulos es un aldabonazo a nuestras conciencias, en estos tiempos de crisis y penurias, no solo a nivel local, sino, igualmente, a nivel nacional y mundial. Los cristianos no podemos volver la cara ante los problemas personales y familiares que, tanto el paro como la inmigración, están creando a nuestro alrededor. Reflexionemos sobre las necesidades que deben padecer los que, jugándose la vida de una manera cierta, se arriesgan a cruzar el mar en barcas que no reúnen las más mínimas condiciones y, encima con una carga superior a lo normal, pera venir a un país del que desconocen todo, empezando por el idioma que los aísla y dificulta las condiciones para una normal convivencia. Debemos compartir, con los que más lo necesitan, nuestro tiempo y nuestro dinero. No podemos ser insensibles a la hambruna que, por la pérdida de las cosechas, padecen, AHORA MISMO, en muchos países de África. La insolidaridad adormece nuestras conciencias y nos hace insensibles. Los apóstoles pusieron a disposición de todos lo que tenían y Cristo hizo lo demás. Cuando el amor guía nuestros actos Cristo siempre está a nuestro lado y provee. Pidámosle ser instrumentos dóciles en sus manos, para que, AQUÍ Y AHORA, su Reino prospere y se extienda.
Señor, te pedimos des a nuestros nietos una conciencia recta y solidaria, para que, en la medida de sus posibilidades, estén siempre al quite para tratar de paliar las necesidades de aquellos que las padecen y a nosotros concédenos la posibilidad de ser, para nuestros nietos, ejemplo eficaz para despertar en ellos los inquietudes sociales necesarias para ser seres solidarios.

PARA REZAR
(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Dios Padre Bueno, te damos Gracias
porque Tú nos enseñas hoy a ser generosos
y a compartir con los demás los bienes que tenemos.
Haznos ser instrumentos tuyos y de tu Reino
para que nuestro corazón se engrandezca
cada vez que ayudamos y compartimos
con las personas que más nos necesita cada día.
Ayúdanos, Dios nuestro, a perder el miedo
de desprendernos de los que poseemos,
y ayúdanos a ver con claridad que tan sólo Tú
nos das la seguridad que cada uno necesitamos.
Te pedimos, Dios Padre Misericordioso,
que multipliques en nosotros la fuerza de tu Amor
para ser alimento tuyo en medio del mundo
y ayudar a cada hermano, y especialmente,
a las personas que se encuentran perdidas
a causa de los sufrimientos y dificultades de la vida.
Te damos Gracias, Dios Padre Bueno y Misericordioso,
porque Tú eres Bondadoso y nos permites experimentar
la alegría que se genera en nuestro corazón
cuando logramos compartir vida, dones y bienes.
Te pedimos, Dios Padre Misericordioso,
que Tú multipliques en nosotros tu Amor. Amén.

PARA VIVIR ESTA SEMANA
(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

La multiplicación de los panes y los peces, siempre nos ha resultado un poco surrealista, complicada de entender, pero es en la experiencia diaria, confiando en la providencia divina, donde ocurren pequeños milagros que nos hacen descubrir que para nada esto es una ficción.
El Señor, a pesar de ser "tan, todo poderoso", tiene un hándicap importante, y es, que no le gusta hacer las cosas sin contar con la participación del hombre. Qué le vamos a hacer, nos hizo así, nos dotó de una libertad absoluta, si nosotros , en la mayoría de los casos, no damos el primer paso, coartamos toda actuación divina.
¡Qué importante responsabilidad¡ , ¿no creéis?. A veces pensamos que no podemos hacer nada por solucionar tantos problemas y situaciones difíciles que cada día pueden llegar a confiarnos. Podemos tener dos tipos de actitudes: una, intentar evadirnos, no querer escuchar, no "calentarnos la cabeza con los marrones de los demás...". La otra actitud es escuchar con el corazón, haciéndonos uno con el que sufre, y, aunque quizás no esté en nuestra mano solucionar esa situación, el hecho de amar al otro escuchándolo, tratando de buscar, si podemos, un remedio, o simplemente, en la mayoría de las veces, orando juntos al Señor por esta situación injusta, esto hace, que pongamos nuestro granito de arena, la parte que necesita el Señor de nuestra parte, para intervenir en la realización del milagro.
Podemos caer en el pesimismo por que vemos que, a nuestro alrededor, a pesar de nuestro esfuerzo, crecen cada vez más las situaciones de injusticia y precariedad, pero esa no debe ser nuestra actitud, por que aunque nos parezca poco, el sólo hecho de escuchar a alguien que se " ahoga en su problema", crea lazos tan fuertes a nivel de relación humana, que la persona se siente confortada, en definitiva amada, y eso psicológicamente es un gran paso.
Aprovechemos también cualquier acción solidaria que durante este verano surja para recaudar dinero para el tercer mundo, por que, casi sin milagro, el dinero recaudado en nuestro mundo, se multiplica por cien allí. También esto nos ayudará a salir de nosotros mismos y que, cada día más, surja automáticamente en nuestras relaciones esta predisposición solidaria de la que hablamos.

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XVIII Domingo del T.O. (Mt 14, 13-21 ) - Ciclo A: Parar el genocidio del hambre


Publicado por Antena Misionera Blog

Hace unos días las Naciones Unidas han declarado el estado de “hambruna” en Somalia. No vamos a repetir aquí las cifras que habréis leído o escuchado en los medios de comunicación social.
El problema no apareció hace unos meses… y no afecta sólo a Somalia, sino a muchos países del mundo. Lleva mucho tiempo ignorado por nuestros países preocupados por recuperar su “sistema financiero”. La solvencia de los bancos vale más que la vida de millones de personas.
No les pedimos a las personas que sean perfectas, sino que sean humanas. No les pedimos a economistas y políticos que sean perfectos, sólo que sean humanos.

El evangelio de hoy nos muestra cuál es la actitud de Dios frente al hambre, manifestada en la persona y el actuar de Jesús.

Jesús se encuentra ante una multitud hambrienta y les dice a sus discípulos “dadles vosotros de comer”. La solución es tan sencilla como ser solidarios. Algo que nos cuesta cuando pensamos sólo en nuestro interés.

“Dadles vosotros de comer”: es la respuesta del Señor a la indicación de los discípulos de que mande volver a sus casas a aquella multitud que se ha agolpado, ávida de su palabra esperanzadora y de su apoyo saludable. Un gentío que busca saciar sus ansias profundas, para las que no encuentra respuesta que le satisfaga. Una muchedumbre que, con el deleite de estar con el Señor, se ha olvidado hasta de avituallarse de provisiones.

“Dadles vosotros de comer”. Sí, ya sabemos que el hambre que el Señor ha venido a saciar es el hambre integral, que podemos resumir en encontrar el auténtico sentido a la vida. Pero ahora tienen hambre de pan. Sabemos también que el suculento convite anunciado por los profetas, y recordado hoy por la primera lectura, hacía referencia a los tiempos mesiánicos y abarcaba la respuesta de Dios a todas las necesidades de la humanidad. Pero ahora tienen hambre de pan. E incluso sabemos que la escena evangélica proclamada es anuncio y premonición de la eucaristía. Pero ahora tienen hambre.

“Dadles vosotros de comer”. Jesús ha venido a salvar a todo el hombre y a todos los hombres. Jesús ha venido a liberarnos de todas las estructuras del mal que nos esclaviza. Jesús ha venido a anunciar la buena nueva a los pobres. Estamos de acuerdo en todo. Pero, precisamente por eso, no se queda en palabras bonitas, ni deja la salvación en una nube en manos de los ángeles, ni retrasa la solución hasta que cambien las estructuras, por muy importante que ello sea. Ahora tienen hambre, y aplica su remedio aquí y ahora: «Dadles de comer».

Luego intentará descubrirles ese hambre más profunda y hablará del pan de vida. Ahora, y precisamente cumpliendo los tiempos mesiánicos que él ha inaugurado, se sienta en la ladera con las gentes para comer con ellas.

Hemos venido repitiendo el encargo del Señor, «dadles vosotros de comer», porque la misma escena evangélica se repite hoy en nuestro mundo, pero extendida alarmantemente a millones de seres humanos que también tienen hambre. El mandato que Jesús nos encomienda a sus seguidores es el mismo: «Dadles vosotros de comer».

Sí, ya conocemos aquello de «pan para hoy, hambre para mañana». Somos conscientes de que hemos de trabajar con todas nuestra fuerzas para que cambien las estructuras de un mundo insolidario, escandalosamente desigual y cruelmente injusto. Y vamos a necesitar toda la fe y toda la esperanza que Dios nos conceda, para creer que ese mundo nuevo es posible, porque Cristo lo hizo posible desde su resurrección. Pero mientras tanto, o a la vez, o como signo de nuestro empeño total, esas gentes tienen hambre y hemos de darles de comer.

Solidaridad sería la primera actitud. Amor debe ser la respuesta cristiana. Un amor que se traduce en ayuda eficaz, sin dejar su empuje hacia una acción transformadora de la sociedad. Un amor que se llama justicia, cuando nos desprendemos de caprichos superfluos para llevar pan a quien tiene hambre y ayuda a quien pasa necesidad.

En este último punto podría condensarse nuestro compromiso de hoy. Durante el tiempo de vacaciones seguramente encontraremos más de un gasto innecesario del que poder prescindir para dedicarlo a quienes nada tienen. Si dicha determinación la tomamos en familia, como determinación solidaria, mejor que mejor. ¡Ah!, y no tengáis miedo a que por eso vayáis a pasarlo un poco menos bien. Os aseguro que cuando Cristo dice «dichosos los desprendidos, los misericordiosos, los justos…», habla completamente en serio y de verdad son felices como nadie.

Como dijo alguien: “El pan que verdaderamente alimenta, no es el pan que se come, sino el pan que se da”.

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Evangelio Misionero del Día: 31 de Julio de 2011 - XVIII Domingo DEL T.O - CICLO A

En tu Amor, todo se multiplica

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 13-21

Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Éste es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos».
Pero Jesús les dijo: «No .es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos».
Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados».
«Tráiganmelos aquí», les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Compartiendo la Palabra
Por José Antonio Pagola

EN TORNO A LA MESA
Pronunció la bendición

Casi sin darnos cuenta y empujados por diversos factores hemos ido deshumanizando poco a poco ese gesto tan entrañable y humano que es el sentarse a la mesa a comer juntos.

La comida del mediodía se ha convertido para muchos en algo puramente funcional que es necesario organizar de manera rápida y precisa dentro de la jornada laboral. Cada vez es más raro ese momento privilegiado de encuentro familiar en torno a la mesa. En muchos hogares, esa mesa hecha para ser rodeada ya no sirve para que padres e hijos se encuentren, compartan sus vidas, rían y descansen juntos.

Bastantes se van habituando a «alimentar su organismo» en esas comidas impersonales de los restaurantes o en el rincón del «self-service» de turno. No pocos se ven obligados a participar en comidas protocolarias o de trabajo, donde el gesto amistoso del comer juntos es sustituido por el interés, la funcionalidad o la ostentación.

El gesto de Jesús invitando a las gentes a recostarse para compartir juntos una comida sencilla bendiciendo a Dios por el pan que recibimos, puede ser una llamada para nosotros. "Comer es mucho más que «introducir una determinada ración de calorías en el organismo".

La necesidad de alimentarnos de la tierra es, antes que nada, signo de nuestra indigencia radical. Oscuramente los seres humanos percibimos que no nos fundamentamos a nosotros mismos. En realidad, vivimos recibiendo, nutriéndonos de una vida que atraviesa el cosmos y se nos regala día a día a cada uno. Por eso, es un gesto profundamente humano el recogerse antes de comer para agradecer a Dios esos alimentos, fruto del esfuerzo y trabajo del hombre, pero, al mismo tiempo, regalo originario del Dios creador que sustenta la vida.

Pero, además, comer no es sólo un acto individualista de carácter biológico. El hombre está hecho para comer con otros, compartiendo su mesa con familiares y amigos. Comer juntos es confraternizar, dialogar, crecer en amistad, compartir el regalo de la vida.

Por eso es tan difícil dar gracias a Dios cuando uno tiene más comida que la que necesita, mientras otros sufren miseria y hambre. Nos sentimos acusados por aquellas palabras de Gandhi: «Todo lo que comes sin necesidad lo estás robando al estómago de los pobres.» Tal vez en el Primer Mundo debamos aprender a bendecir la mesa de otra manera. Dando gracias a Dios, pero, al mismo tiempo, pidiendo perdón por nuestra insolidaridad y tomando conciencia de nuestra responsabilidad ante los hambrientos de la tierra.

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lunes, 25 de julio de 2011

Oración por las Vocaciones

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Noticias Misioneras del Mundo: 25 de Julio de 2011

Publicado por OMPRESS

* Campaña de las Obras Misionales Pontificias "los misioneros con la JMJ"
* El misionero José María Sabé desde Yaundé, Camerún
* La JMJ también se celebrará, uniéndose a Madrid, desde un archipiélago en medio del Pacífico
* Los grupos de animación misionera de Ciudad Real, GAM'S, en la JMJ
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Campaña de las Obras Misionales Pontificias “los misioneros con la JMJ”
OMPRESS-MADRID (22-07-11) Con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Madrid, la Dirección Nacional de las Obras Misionales Pontificias en España (OMP) ha lanzado la campaña “Los misioneros con la JMJ”.

Con este motivo se ha hecho llegar a las misioneras y misioneros españoles la petición de enviar un mensaje a los participantes en la JMJ en el que puedan compartir con los jóvenes su testimonio, de manera que se hagan presentes, incluso en la distancia, en este encuentro.
Se ha habilitado para ello una cuenta de correo misionerosconlajmj@gmail.com en la que cada misionera y misionero puede enviar su mensaje que despierte la vocación y la responsabilidad misionera en los jóvenes. Las Obras Misionales Pontificias harán llegar estos mensajes a sus destinatarios, los jóvenes. Los primeros mensajes se publican precisamente hoy, el del misionero en Camerún, José María Sabé, y el de Antonio López García-Nieto en Vanuatu.



El misionero José María Sabé desde Yaundé, Camerún
OMPRESS-CAMERÚN (22-07-11) Desde Yaundé, en Camerún, nos manda su testimonio para los jóvenes de la JMJ Madrid 2011,el misionero salesiano José María Sabé.
“Apreciados jóvenes de la jornada mundial de la juventud 2011. Llevo 11 años ya en África, 20 de sacerdote y 30 de religioso salesiano. Durante estos años he visto numerosos hombres y mujeres repartidos por toda la geografía mundial sirviendo y amando en la discreción. He conocido también algunos misioneros que han dado generosamente hasta el último minuto de sus vidas. Otros están en situación de riesgo extremo para ayudar a hermanos/as en necesidad y riesgo. Doy gracias a Dios por haber descubierto la historia de estos hombres y mujeres discípulos de Jesús y miembros de la Iglesia.
En la Iglesia sigo encontrando servicio, amor, perdón, sabiduría... y una familia que me ayuda a vivir con mas intensidad la presencia del Resucitado y su misión. Después de estas experiencias, aunque también he vivido tristes momentos, puedo deciros que vale la pena sin duda alguna seguir los pasos del Señor y confrontar la propia vida con el Evangelio”.



La JMJ también se celebrará, uniéndose a Madrid, desde un archipiélago en medio del Pacífico
OMPRESS-VANUATU (22-07-11) El misionero Antonio López García-Nieto, corazonista, escribe a los jóvenes con motivo de la JMJ Madrid 2011 y cuenta desde Vanuatu, un archipiélago en medio del Océano Pacífico, cómo se van a unir a la JMJ los chicos de este lugar, tan alejado de Madrid.
“Queridos jóvenes: A 17.000 km de Madrid, desde las islas lejanas del Pacífico, desde la isla de Tanna, situada en el archipiélago de Vanuatu, en pleno corazón de la Melanesia, los jóvenes de la misión católica de Lowanatom entre los que ejerzo mi apostolado, se unen a todos vosotros para celebrar las JMJ. Dado que nos es imposible poder participar directamente debido a nuestra falta de recursos, hemos decidido hacer nuestra JMJ el día 19 de agosto. Nos sentiremos muy unidos a vosotros cuando nos reunamos para reflexionar sobre el mensaje del Papa y para celebrar con gozo que vivimos todos ‘arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe’ en todas las culturas en las que el evangelio se ha hecho presente. Cuando yo era joven como vosotros, con 18 años, sentí en mi corazón resonar estas palabras de Jesús: ‘Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo y seréis mis testigos hasta los confines de la tierra’ (Hch 1, 8). Respondí con generosidad a esa llamada y desde hace muchos años me encuentro en estas islas lejanas, en los confines de la tierra, siendo testigo del Evangelio en medio de los jóvenes. El pasado 16 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen, hizo 36 años que me consagré al Señor como religioso Hermano del Sagrado Corazón (Corazonista), meditaba entonces que no tengo más que palabras de agradecimiento al Corazón de Jesús por ese don inestimable de la vocación misionera y que si tuviese que volver a empezar, volvería a responder con gozo e ilusión de la misma manera. Si entre vosotros hay jóvenes con esta misma inquietud, os invito a responder con generosidad e ilusión. Dejaos tocar por el amor de Cristo.”



Los grupos de animación misionera de Ciudad Real, GAM´S, en la JMJ
OMPRESS-CIUDAD REAL (22-07-11) Grupos de jóvenes de animación misionera de Ciudad Real, los llamados GAM´S, han organizado durante la JMJ Madrid 2011 unos talleres misioneros. Esta actividad tendrá lugar en la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, Bravo Murillo, 93, de Madrid, los días 17 de agosto, miércoles, a las 17,30 horas; el jueves, 18 a las 21,30 horas; y el viernes 19 a las 21,00 horas.
En estos talleres a los que invitan a participar a todos los jóvenes de la JMJ mostrarán el quehacer de los GAM´S, profundizarán en su fe y en su identidad; estudiarán la realidad de la misión ad gentes por medio de un juego o dinámica; habrá paneles, pancartas e información sobre actividades misioneras en los cinco continentes; y contarán con la presencia de misioneros para que den su testimonio a los grupos en distintos idiomas, entre otras cosas.
Los GAM´S son grupos de jóvenes que quieren vivir la fe cristiana desde la óptica de la misión universal de la Iglesia y la solidaridad con los más desfavorecidos. Grupos parroquiales que sienten la urgencia de la Misión y la llamada a anunciar el Evangelio a todos. Son, según ellos mismos explican, “testigos del Resucitado en todos los ambientes en los que nos movemos, tanto en los estudios, en el trabajo, en los grupos parroquiales, en los de acción solidaria, plataformas... Pero desde una perspectiva misionera y solidaria, que es nuestra opción. Animamos y hacemos presente la preocupación misionera y universal en la comunidad cristiana, nos comunicamos y apoyamos a nuestros misioneros, y también colaboramos con otros grupos de nuestros pueblos que luchan por un mundo mejor”.

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JMJ 2011

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Evangelio Misionero del Día: 26 de Julio de 2011 - XVII Semana DEL T.O - CICLO A

...
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 36-43

Dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».
Él les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y éstos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.
¡El que tenga oídos, que oiga!»

Compartiendo la Palabra
Por Luis Manuel Suarez, cmf
Queridos amigos:

Hoy se nos cuenta una escena cotidiana de Jesús. “Dejó a la gente y se fue a casa”. Jesús también descansa. Jesús también toma distancia. Jesús también comparte con los suyos.

Allí, en la casa, sus amigos le piden que les aclare, que no entendieron bien. Y él les explicaría, hasta que pareciera que entendían... Y comerían, y descansarían, y hablarían de mil cosas, y de cómo iba la misión, y de sus familias de origen... y de lo que les preocupaba, y de la situación del pueblo, y de... tantas cosas...

Los cristianos estamos llamados a tener intimidad con Jesús. Como Moisés, que hablaba “cara a cara” con Dios. Una fe que no se cultiva en la oración es como una amistad que no se ejercita en el encuentro, en el trato, en la conversación.
En su tiempo, entre las multitudes de Galilea había quien seguía a Jesús a distancia, con encuentros esporádicos, de tarde en tarde... Pero desde que está Resucitado, accesible en todo tiempo y en todo lugar, la invitación es a seguirle de cerca, tenerle presente, intimar con él: en la oración breve o larga de cada día; en la celebración de cada domingo; en la confianza con que se puede vivir la vida...

Tampoco es cuestión de estar todo el día pensando en Jesús... pero sí buscar esos momentos de intimidad, y vivir todo en la onda de estar en su presencia, procurando abrir los mismos caminos que él intentó: caminos de Reino.

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domingo, 24 de julio de 2011

Palabra para la Misión:Jesucristo, tesoro por descubrir, amar y compartir

...
Domingo XVII del T.O. - por EUNTES
Año A – Domingo 24.7.2011

1Reyes 3,5.7-12 / Salmo 118 / Romanos 8,28-30
Mateo 13,44-52

Reflexiones

Es siempre apasionante la búsqueda de un tesoro escondido; el encanto de una perla preciosa enciende la fantasía… Tesoro y perla (Evangelio), descubiertos de manera gratuita, remiten directamente a la palabra de Jesús: “Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6,21). El discurso parabólico de Jesús, que abarca siete parábolas (Mt 13), concluye con las tres parábolas de hoy: el tesoro escondido (v. 44), la perla preciosa (v. 45-46) y la red para pescar (v. 47-48). El tesoro y la perla tienen una conexión ideal con las parábolas (anteriores) del sembrador, del granito de mostaza y de la levadura; mientras que la cizaña y la red tienen una dinámica parecida entre sí. Las siete imágenes son instrumentos didácticos que Jesús utiliza para introducir a sus discípulos en la comprensión de la realidad misteriosa del Reino de Dios, o Reino de los cielos. Las siete llevan a una opción de vida: el discípulo debe optar; la puesta en juego en dicha opción es Jesús mismo, porque Él es la plenitud del Reino. Él es la semilla buena, la Palabra que el Padre siembra en el campo del mundo, con capacidad para transformarlo desde dentro, por la fuerza intrínseca del granito de mostaza y de la pizca de levadura. Él es el tesoro escondido y la perla preciosa que es preciso buscar y preferir a cualquier otro valor, abriéndole camino a Él, solamente a Él, evitando así el riesgo de ser tirados como la cizaña y los peces malos (v. 48).


Con la imagen del tesoro y de la perla, Jesús evoca las tradiciones de muchos pueblos en la búsqueda legendaria de tesoros y de joyas. Mirando el Evangelio y la experiencia cristiana, el Reino de los cielos es pluriforme en su realidad y en sus expresiones: para Jesús el Reino de los cielos es ante todo Dios mismo amado, gozado y anunciado; el Reino es la hermosura de la gracia divina, que nos hace semejantes al Hijo (II lectura); es la misión que hay que llevar a los pueblos que aún no conocen a Cristo; es la fidelidad en el amor familiar; es la vocación de consagración; es un proyecto de bien por realizar; es la sabiduría del corazón, que Salomón implora de Dios, don más importante que una vida longeva, la riqueza o la victoria sobre los enemigos (I lectura)… Por este valor supremo, por Jesucristo, los mártires dieron su vida, los misioneros dejan la familia y la patria, el cristiano renuncia a muchas cosas. (*) ¡Con gozo y determinación! (v. 44).


En resumen, podemos decir que el tesoro es Cristo, un don totalmente gratuito; la plenitud del Reino es el mismo Jesucristo, conocido, amado, anunciado. El Papa Pablo VI nos ha dejado un vivo testimonio de ello en la apasionada homilía misionera del 29 noviembre de 1970, ante dos millones de personas en el “Quezon Circle” de Manila:«‘¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!’ (1Cor 9,16)… Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Él es el Maestro y Redentor de los hombres. Él es el centro de la historia y del universo. Él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza... Yo nunca me cansaría de hablar de Él; Él es la luz, la verdad, más aún, ‘el camino, y la verdad, y la vida’ (Jn 14,6). Él es el pan y la fuente de agua viva que satisface nuestra hambre y nuestra sed; Él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano... A todos lo anuncio: Jesucristo es el principio y el fin; el alfa y la omega, el rey del mundo nuevo, la arcana y suprema razón de la historia humana y de nuestro destino; Él es el mediador, a manera de puente, entre la tierra y el cielo; Él es el Hijo del hombre por antonomasia, porque es el Hijo de Dios, eterno, infinito, y el Hijo de María. ¡Jesucristo! Recuérdenlo: Él es el objeto perenne de nuestra predicación; nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos» (cf. Liturgia de las Horas, II lectura, Dom. XIII T.O.). Hoy también, Jesucristo es el tema primario del anuncio misionero, porque la mayor parte de la familia humana aún no lo conoce. ¡Hace falta un mayoor número de testigos y mensajeros!


Palabra del Papa

(*) “Cristo ofrece más. Es más, ofrece todo. Sólo Él, que es la Verdad, puede ser el Camino y, por tanto, también la Vida. Así, el Camino que los Apóstoles llevaron hasta los confines de la tierra es la vida en Cristo. Es la vida de la Iglesia. Y el ingreso en esta vida, en el camino cristiano, es el Bautismo... Queridos amigos, en casa, en la escuela, en la universidad, en los lugares de trabajo y diversión, recuerden que son criaturas nuevas. Como cristianos, están en este mundo sabiendo que Dios tiene un rostro humano, Jesucristo, el Camino que colma todo anhelo humano y la vida de la que estamos llamados a dar testimonio, caminando siempre iluminados por su luz. La tarea del testigo no es fácil”.

Benedicto XVI
Apertura de la Jornada Mundial de la Juventud, Sidney, 17 de julio de 2008



Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 24/7: S. Sarbel (José) Makhluf (1828-1898), monje maronita de Líbano, y más tarde ermitaño, entregado a la oración y a austeras privaciones.
- 24/7: Recuerdo del P. Ezequiel Ramín, misionero comboniano italiano, asesinado a la edad de 32 años (+1985) en Cacoal (Rondonia-Brasil), por haber acompañado a un grupo de campesinos que reclamaban sus tierras.
- 25/7: Santiago apóstol, hijo de Zebedeo, hermano de Juan; fue el primer apóstol mártir (+43-44). Es patrono de España.
-25/7: BB. Radolfo Aquaviva y 4 compañeros jesuitas, martirizados (+1583) en Salsete (India).
- 26/7: SS Joaquín y Ana, padres de María y abuelos de Jesús: patronos de abuelos y ancianos.
- 26/7: S. Bartolomea Capitanio (+1833), que, junto con S. Vicenta Gerosa (+1847), fundó a las Hermanas de la Caridad de la Virgen Niña.
- 26/7: S. Jorge Preca (La Valletta, Malta, 1880-1962), sacerdote entregado a la catequesis de los jóvenes, fundador de la Sociedad de la Doctrina Cristiana.
- 26/7: B. Tito Brandsma (1881-1942), sacerdote holandés, carmelita, intrépido defensor de la Iglesia y de la dignidad humana, asesinado en el campo de concentración de Dachau (Alemania).
- 27/7: S. Clemente de Ochrida (ca. 840-916), evangelizador de Bulgaria. Otros cuatro santos obispos continuaron en Bulgaria la obra evangelizadora y cultural de los SS. Cirilo y Metodio.
- 28/7: B. Alfonsa de la Inmaculada C. (Ana) Muttathupadathu (1910-1946), nacida en Kerala (India), religiosa de las Clarisas Malabarenses. Es la primera santa de India, canonizada en 2008.
- 29/7: S. Olaf (+1030), rey de Noruega, promotor de la fe cristiana y organizador de la Iglesia en su país; murió en batalla.
- 30/7: S. Leopoldo Mandic (1866-1942), sacerdote capuchino de Croacia, trabajó por la unidad de los cristianos y fue asiduo en el ministerio de las confesiones en Padua (noreste de Italia).
- 30/7: S. María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre (México, 1868-1959), fundadora, entregada totalmente al cuidado de los enfermos.
- 30/7: B. María V. Chávez Orozco (México, 1867-1949), fundadora, al servicio de los necesitados.





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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)
Sitio Web: www.euntes.net “Palabra para la Misión”

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Palabra de Misión: Escribas del siglo XXI / Decimoséptimo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A – Mt. 13, 44-52 / 24.07.11

Por Leonardo Biolatto

...
La costumbre exegética es estudiar por separado el primer par de parábolas por un lado, y luego la parábola de la red. A simple vista se puede descubrir que la separación es válida. Mientras el tesoro escondido y la perla responden a un esquema compartido y un tema en común, la red apunta en otra dirección. Inclusive, la parábola de la red tiene una explicación alegórica, como la tuvieron la parábola del sembrado y del trigo y la cizaña que leímos los domingos pasados. En todo caso, es más aceptable emparejar la parábola de la red con la del trigo y la cizaña que con el tesoro y la perla. Sin embargo, respecto a las dos primeras, el Evangelio gnóstico de Tomás las conserva separadas:

a) Parábola de la perla: “Dijo Jesús: El reino del Padre se parece a un comerciante poseedor de mercancías, que encontró una perla. Ese comerciante era sabio: vendió sus mercancías y compró aquella perla única. Buscad vosotros también el tesoro imperecedero allí donde no entran ni polillas para devorar(lo) ni gusano para destruir(lo)” (EvTo 76).

b) Parábola del tesoro en el campo: “Dijo Jesús: El Reino se parece a un hombre que tiene [escondido] un tesoro en su campo sin saberlo. Al morir dejó el terreno en herencia a su [hijo, que tampoco] sabía nada de ello: éste tomó el campo y lo vendió. Vino, pues, el comprador y —al arar— [dio] con el tesoro; y empezó a prestar dinero con interés a quienes le plugo” (EvTo 109).

Las diferencias con Mateo son identificables. El Evangelio de Tomás une la parábola de la perla con la sentencia sobre el tesoro que no lo come la polilla, conservado en Mt. 6, 19-20. Respecto al tesoro en el campo, en el relato de Tomás, los órdenes se alteran, porque primero compra el terreno quien luego, accidentalmente, encuentra lo valioso, a diferencia de Mateo que alguien encuentra el tesoro y, por ello, decide vender sus bienes para adquirir el terreno. En definitiva, el discurso parabólico se acomoda al redactor más que a Jesús. Mientras que Mateo considera oportuno elaborar una disertación sobre parábolas que ocupe la casi totalidad de su capítulo 13, Tomás las disemina en su colección de dichos de Jesús. Mientras que las dos primeras leídas hoy en la liturgia se corresponden en temática, la tercera desentona, aunque está en relación a la parábola anterior del trigo y la cizaña. Sobre la alegoría que explica la parábola de la red, aplicando el mismo principio que ya venimos empleando, es lógico atribuirla a la comunidad eclesial más que a Jesús mismo, ya que no responde al género parabólico, bien demostrado en la perla y en el tesoro, que no soportarían una traslación alegórica. Si quisiésemos atribuir a cada elemento de estas dos parábolas un significado preciso en el mundo real, fallaríamos, porque Jesús no está comparando el Reino con el tesoro escondido ni con la perla, sino con el relato en general, y en particular con la actitud (alegre) de quienes venden todo. El Reino no es como una perla ni como un tesoro escondido, sino como esa situación donde un mercader o un hombre cualquiera venden sus bienes para adquirir la perla o el campo. Desde esta perspectiva cambian las interpretaciones habituales. Jesús no está haciendo hincapié en la entrega o ascesis de los que venden todo. Ellos lo hacen con alegría y certeza de que es lo correcto. El hincapié de Jesús está puesto en esa actitud de valoración correcta del Reino. El mercader y el hombre del campo han encontrado lo absoluto. Son lo suficientemente sagaces como para relativizar lo demás y hacerse con el valor primordial que han encontrado. Esa es la clave hermenéutica.

La primera parábola que leemos hoy asume lo tradicional de los tesoros escondidos en la zona de Palestina. La tierra de Jesús era un puesto clave de enfrentamientos, ya que se constituía en paso casi obligado para comunicar el occidente con el oriente. Los grandes imperios de la antigüedad se disputaron el control de Palestina porque era estratégico tener control sobre esa zona para anticipar los movimientos y ataques de los imperios enemigos. Debido a su condición de zona en conflicto, era común que las personas escondiesen sus elementos de valor para que quedasen al resguardo durante las confrontaciones. Una de las maneras de esconder era introducir los objetos de valor en vasijas de barro y enterrarlas. El hombre de la parábola se encuentra con uno de estos tesoros. Algunos comentaristas se inclinan a pensar que el hombre es un jornalero, porque sería lo más lógico: está arando un campo ajeno, donde está empleado, choca la vasija enterrada, la descubre, vuelve a esconderla para que nadie más se entere, ahorra un tiempo (seguramente largo) y compra el campo. Otros comentaristas han deslizado la posibilidad de ver en el hombre de la parábola a un busca-vida que va recorriendo terrenos en busca de tesoros, y cuando encuentra uno, toma las precauciones de ocultarlo y comprar el campo para legalizar su hallazgo ilegal.

A la par del tesoro en el campo está la perla. Aquí no se puede divagar mucho sobre el hombre que la encuentra; es un emporos, un gran mercader que viaja mucho. Se dedica a esto y vive de esto: de las perlas finas. El Mar Rojo, el Golfo Pérsico y el Océano Índico eran lugares privilegiados para la búsqueda de estos objetos codiciados. Este mercader de la parábola está en la rutina de su negocio; busca perlas, las clasifica según su valor, las compra y las re-vende. De eso vive. Pero un día se encuentra con una de gran valor. Es una perla lo suficientemente importante y valiosa como para que el mercader venda todo en pos de esta que encontró. Como gran conocedor del tema, entiende que ha dado con una perla que está por encima de todo lo que conoce. Por eso vende todo. En realidad, no está arriesgando ni se está volviendo un asceta, sino que está comerciando con lo seguro. Esta perla encontrada vale más que todo lo que tiene, y le dará mayores ganancias. No es un arriesgado, sino un perfecto calculador.

Finalmente, Mateo asocia la parábola de la red. Las opciones contextuales de esta última narración son tres: o fue pronunciada junto a la de la perla y la del tesoro escondido, cuestión que parece difícil por la diferencia temática; o fue originalmente compañera de la parábola del trigo y la cizaña, con la que comparte estructura y tema; o Jesús la pronunció al inicio de su ministerio, cuando llamó a los primeros discípulos que tenían como profesión la pesca y los invitó a ser pescadores de hombres (cf. Mt. 4, 19). Estas son las opciones que se barajan actualmente en la exégesis. Es muy interesante la posibilidad de que la parábola se asocie al llamado de los primeros discípulos. Específicamente, Mateo habla de una sagene, o sea, una red barredera, de aquellas que se arrastran entre dos barcas para ir recolectando peces a su paso. Esta recolección no discrimina entre peces buenos y malos, sino que recoge todo lo que está a su alcance. Algunos historiadores dicen que el Mar de Galilea tenía unas 24 clases distintas de peces. Cualquier pescador de la zona podría entender el sentido de lo que estaba relatando el Maestro. Al tirar la red barredora se sacan peces de todo tipo, y luego hay que clasificar, porque algunos son comestibles y otros no. Deben ser descartados los peces impuros, según la legislación de Lev. 11, 10-12 y, por ejemplo, los cangrejos, que no se comercializaban para comida en Palestina. Hasta aquí la parábola. Pero Mateo añade una alegorización de la misma que difícilmente se remonte al Jesús histórico. Esta alegorización es bastante paralela a la alegoría que explica la parábola del trigo y la cizaña. El problema literario que se presenta es que, en el trigo y la cizaña, algunas imágenes de la alegoría tienen más sentido que en la red barredera. La idea de tirar al fuego lo que no sirve es más entendible con la cizaña que con los pescados, que no son quemados por malos o impuros. Además, la asociación entre los cosechadores y los ángeles que vienen es más correcta que la de pescadores y ángeles, porque los pescadores ya están allí; ellos mismos han sacado los peces, no tienen que venir para ejecutar la acción final de la separación. Estas incongruencias pueden deberse a que el redactor quiso aplicar, en paralelo, la alegoría ya existente del trigo y la cizaña a la parábola de la red barredera, y en el traspaso se filtraron estas metáforas inexactas.



El Jesús mateano culmina su discurso parabólico preguntando a los discípulos si han comprendido lo que les dijo/enseñó con tantas parábolas. Ellos responden que sí. Es una afirmación de fe. Han entendido al Maestro, han penetrado en los misterios del Reino. Por eso son merecedores de la sentencia sobre el escriba que, volviéndose discípulo del Reino (volviéndose entendedor de las parábolas de Jesús), es como el hombre que sabe reconocer lo bueno viejo y lo bueno nuevo. Esa es la tarea de los escribas del cristianismo. Porque no hemos dejado de tener escribas, aunque el Nuevo Testamento los tenga tan asociados a una imagen negativa. Son escribas los que estudian las Escrituras, los que escudriñan la Palabra para extraer el significado hermenéutico, para presentar al Pueblo de Dios el mensaje bíblico. Esos son nuestros escribas. Y si los escribas no son capaces de sacar lo nuevo y lo viejo para liberar a los seres humanos, entonces son falsos escribas o escribas hipócritas. En las parábolas está el misterio del Reino. Cuando las interpretaciones de los estudiosos ponen barreras a su correcta comprensión, cuando la institución eclesial sobrevuela la superficie de las parábolas sin entrar de lleno en ellas, sin dejarse interrogar por lo anormal y sorpresivo de estos relatos, la tarea del escriba es devaluada. Jesús nos sigue preguntando si comprendimos, si entendimos su mensaje; y si respondemos que sí lo hicimos (una respuesta de fe), nos preguntará entonces por qué seguimos repitiendo, como en un círculo vicioso, los pecados estructurales e institucionales que contradicen al sembrador, al trigo y a la cizaña, a la mostaza, a la levadura, al tesoro escondido, a la perla valiosa y a la red barredera

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sábado, 23 de julio de 2011

XVII Domingo del T.O. (Mt 13, 44-52 ) - Ciclo A: Disfrutar del gozo de creer



Muchos cristianos viven hoy un estado intermedio entre el cristianismo que alimentó los primeros años de su vida y un distanciamiento de todo planteamiento religioso al que han llegado progresivamente, por inercia o influidos por la creciente descristianización que envuelve todo nuestro mundo, pero sin un planteamiento serio y personal de ninguna de las dos opciones.

Hoy ni nunca, pero hoy menos que nunca no se puede ser cristiano por nacimiento, hay que ser cristiano por una decisión personal, después de una experiencia de que en Jesús encontramos el sentido y la meta de nuestra vida.

No se puede ser cristiano sin una opción personal por la fe: que significa admitir a Dios como el único Señor, como un Padre misericordioso con todos, que ama al hombre con un amor sin límites y que ha querido intervenir en la historia por medio de su Hijo Jesús, muerto y resucitado por nosotros, para librarnos del pecado y para hacernos participes de su vida divina.

Pero difícilmente desde la sinceridad podemos decir, que la fe es para nosotros, el “tesoro escondido” o la “perla preciosa” por la que merece venderlo todo…

Nosotros hemos colocado a Dios junto a otros valores y a veces por debajo de ellos…

Cuántas veces, al ver la actitud resignada de los cristianos, la observancia rutinaria de nuestras obligaciones religiosas, el conformismo de nuestras vidas y la falta de alegría de nuestras celebraciones, uno se siente inclinado a pensar que los creyentes no sabemos disfrutar de nuestra fe, del gozo de creer en Dios. Se diría que la religión se ha convertido para muchos en un peso, en una costumbre, en una rutina o en una obligación. Dios no parece ser fuente de gozo y alegría para los creyentes.

¿Qué podemos hacer los cristianos para que nuestra fe en Dios no sólo no se desmorone, sino que salga fortalecida?

Difícilmente creerá el hombre moderno de nuestro tiempo si no es capaz de descubrir por experiencia un Dios amigo de la vida y de la felicidad de los hombres. Difícilmente se despertará la fe en él si no es capaz de cavar pacientemente en la vida y descubrir lleno de alegría el tesoro escondido de Dios.

Lo primero y más decisivo que estamos necesitando no es aprender cosas sobre Dios, sino encontrarnos con El. Curarnos de tanta prisa y de tanta superficialidad y detenernos ante Dios para abrirnos con confianza y con sinceridad a su misterio. Porque lo triste de nuestro tiempo es que muchos han abandonado la fe cristiana sin saber nada de ella, sin haber siquiera vislumbrado la riqueza, la esperanza, la felicidad, la alegría…que para el hombre se encierra en ella…

Nuestra época necesita testigos alegres de la fe. Hombres y mujeres capaces de disfrutar, celebrar y gozar de su fe en Dios.

Creyentes que a pesar de sus crisis, dudas y luchas, puedan hablar gozosamente de Dios. Y sólo el que encuentra ese tesoro es capaz de venderlo todo y dejarlo todo.

A despertar por el gusto de Dios nos invita la parábola de este domingo, en este tiempo de verano.

Cuentan de un discípulo que fue en busca de su maestro y le dijo: “Maestro yo quiero encontrar a Dios” Y un día en que el joven se bañaba en el mar, el maestro le agarró por la cabeza y se la metió bajo el agua unos instantes, hasta que el muchacho desesperado, en un supremo esfuerzo logró salir a flote. Entonces el maestro le preguntó: ¿Qué era lo que más deseabas al encontrarte sin respiración? Aire, contestó el discípulo. Cuando desees a Dios de la misma manera lo encontrarás…

Cuando busquemos a Dios con la misma convicción y con sencillez, él se nos hará presente y sentiremos su cercanía y su presencia a nuestro lado.

La búsqueda de Dios por parte del hombre es algo común a todas las religiones. Lo original del cristianismo es que antes de eso está la búsqueda del hombre por parte de Dios. Porque cada persona, toda persona, somos una perla, un tesoro para Dios.

Como dice Trinidad León: “Cuando Dios es nuestro centro, el campo en el que el tesoro del Reino está enterrado es nuestro propio ser. Nosotros somos la tierra y el tesoro por encontrar… Mirándolo bien, Dios, es “el Comerciante” que se desprende todo por adquirirnos. No es que nosotros elijamos dejar todo por Dios, antes de eso, Dios, por puro amor, hace de cada criatura algo de un valor infinito, que no siempre sabemos descubrir. Según las palabras de Jesús, en nosotros se encuentra la bondad y la novedad del reinado de Dios sobre la tierra. ¡Esta sí que es una “buena noticia”…!”.

La Palabra de Dios nos lleva a preguntarnos cómo valoramos a las personas.

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XVII Domingo del T.O. (Mt 13, 44-52 ) - Ciclo A: ¿RENUNCIAR? ¿A CAMBIO DE QUE?



La vida cristiana se ha presentado muchas veces como un constante ejercicio de renuncia: renunciar al dinero, renunciar a los placeres de la vida, renunciar a las comodidades, renun­ciar a la ambición, renunciar, renunciar, renunciar... Pero ¿para qué?, ¿a cambio de qué?

CAMINO DE PERFECCION

Sin que esto suponga que criticamos a aquellos que buscan sinceramente la perfección, hay que afirmar que el cristianis­mo no debe confundirse con lo que se llama un camino de per­fección, un método para llegar a ser santos. El objetivo de Jesús no era enseñar al hombre a ser más santo, a ser más per­fecto; el suyo no era un proyecto dirigido únicamente al indi­viduo, sino orientado a la transformación de la manera de vivir de toda la humanidad.

Cuando Jesús presenta las bienaventuranzas, que constitu­yen el núcleo de su programa, no dice a quienes le escuchan que serán más santos si hacen todo aquello, sino que serán felices.

Es la felicidad de los hombres, de todos los hombres y de cada uno de ellos en particular, lo que preocupa a Jesús, porque ésa es la principal preocupación del Padre.

Por eso no se puede considerar la perfección como un ideal propiamente cristiano. Éste era el ideal de los fariseos y lo fue también de ciertas escuelas filosóficas de la antigüedad (los estoicos, por ejemplo). El ideal cristiano es la felici­dad. Y, en consecuencia, la felicidad es la razón por la que un cristiano actúa: un cristiano se comporta cristianamente por­que tal comportamiento es causa de alegría para él y para sus semejantes. O, si se quiere formular la cuestión de otra ma­nera: debe juzgarse que una acción es buena si produce felici­dad en quien la realiza y contribuye a la felicidad de los demás.


UN TESORO, UNA PERLA

Ésta es la idea central de las dos primeras parábolas que se leen este domingo: el reino de Dios es como un tesoro es­condido, como una perla de incalculable valor. Si alguien en­cuentra el tesoro o la perla y descubre el valor tan inmenso que tienen, hace todo lo necesario para conseguirlos. Reunirá todo el dinero que pueda, aunque tenga que vender todas sus posesiones, todo lo que tiene, y correrá a comprar la perla o el campo donde sabe que está escondido el tesoro.

La parábola no necesita demasiadas explicaciones. Jesús ha dicho desde el principio que hay ciertas cosas que son in­compatibles con el evangelio; y resulta que esas cosas son las que más se valoran entre la mayor parte de los hombres: el poder, la riqueza, los honores... ¿Por qué hay que renunciar a todo eso? ¿Para qué? ¿Es que la renuncia tiene valor en sí misma? Estas preguntas quedan respondidas con las parábolas que comentamos.

En primer lugar, el proyecto de Jesús, el reino de Dios, es un tesoro para el hombre, el mayor tesoro. Vivir de acuerdo con el evangelio vale más, tiene más valor que cualquier otro modo de vida. Más que todo el dinero del mundo, más que todos los honores, más que todo el poder.

Y, en segundo lugar, la elección debe llenar de alegría a quien la realiza. El dolor que pudiera causar la renuncia a algo que se ha querido hasta ese momento debe quedar anulado por la felicidad que produce lo que se ha elegido: «Se parece el reino de Dios a un tesoro escondido en el campo; si un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y de la alegría va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquel».


LO QUE DE VERDAD IMPORTA

No quiere esto decir que no cueste ningún esfuerzo renun­ciar a todo lo que es incompatible con el evangelio. Lo que quiere decir es que la razón por la que se hace tal esfuerzo no es otra que la seguridad de que el resultado final será una feli­cidad mucho mayor. Y no sólo en la otra vida: ya, desde ahora, desde el momento en que se descubre el valor de lo que se ha elegido.

En conclusión: lo realmente importante no es la renuncia, sino la elección; lo que realmente nos hace mejores no es lo que dejamos, sino lo que elegimos. Y la elección es consecuen­cia no tanto de que queremos ser mejores, más santos, más perfectos, sino más bien de que hemos descubierto que adop­tando el modelo de vida que propone el evangelio, siendo cris­tianos, podremos tener y ofrecer a los demás, de la manera más excelente, la experiencia del amor compartido, que es la felicidad.

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Evangelio Misionero del Día: 24 de Julio de 2011 - XVII Domingo del T.O - CICLO A



Descubre el tesoro de saber que Dios te ama

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 44-52

Jesús dijo a la multitud:
El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
«¿Comprendieron todo esto?»
«Sí», le respondieron.
Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».

Compartiendo la Palabra
Por José Antonio Pagola

UN TESORO SIN DESCUBRIR

No todos se entusiasmaban con el proyecto de Jesús. En bastantes surgían no pocas dudas e interrogantes. ¿Era razonable seguirle? ¿No era una locura? Son las preguntas de aquellos galileos y de todos los que se encuentran con Jesús a un nivel un poco profundo.

Jesús contó dos pequeñas parábolas para «seducir» a quienes permanecían indiferentes. Quería sembrar en todos un interrogante decisivo: ¿no habrá en la vida un «secreto» que todavía no hemos descubierto?

Todos entendieron la parábola de aquel labrador pobre que, estando cavando en una tierra que no era suya, encontró un tesoro escondido en un cofre. No se lo pensó dos veces. Era la ocasión de su vida. No la podía desaprovechar. Vendió todo lo que tenía y, lleno de alegría, se hizo con el tesoro.

Lo mismo hizo un rico traficante de perlas cuando descubrió una de valor incalculable. Nunca había visto algo semejante. Vendió todo lo que poseía y se hizo con la perla.

Las palabras de Jesús eran seductoras. ¿Será Dios así?, ¿será esto encontrarse con él?, ¿descubrir un «tesoro» más bello y atractivo, más sólido y verdadero que todo lo que nosotros estamos viviendo y disfrutando?

Jesús estaba comunicando su experiencia de Dios: lo que había transformado por entero su vida. ¿Tendrá razón? ¿Será esto seguirle?, ¿encontrar lo esencial, tener la inmensa fortuna de hallar lo que el ser humano está anhelando desde siempre?

En los países del Primer Mundo mucha gente está abandonando la religión sin haber saboreado a Dios. Les entiendo. Yo haría lo mismo. Si uno no ha descubierto un poco la experiencia de Dios que vivía Jesús, la religión es un aburrimiento. No merece la pena.

Lo triste es encontrar a tantos cristianos cuyas vidas no están marcadas por la alegría, el asombro o la sorpresa de Dios. No lo han estado nunca. Viven encerrados en su religión, sin haber encontrado ningún «tesoro». Entre los seguidores de Jesús, cuidar la vida interior no es una cosa más. Es imprescindible para vivir abiertos a la sorpresa de Dios.

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WebJCP | Abril 2007