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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Día: 31 de Julio de 2011 - XVIII Domingo DEL T.O - CICLO A
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sábado, 30 de julio de 2011

Evangelio Misionero del Día: 31 de Julio de 2011 - XVIII Domingo DEL T.O - CICLO A

En tu Amor, todo se multiplica

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 13-21

Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Éste es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos».
Pero Jesús les dijo: «No .es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos».
Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados».
«Tráiganmelos aquí», les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Compartiendo la Palabra
Por José Antonio Pagola

EN TORNO A LA MESA
Pronunció la bendición

Casi sin darnos cuenta y empujados por diversos factores hemos ido deshumanizando poco a poco ese gesto tan entrañable y humano que es el sentarse a la mesa a comer juntos.

La comida del mediodía se ha convertido para muchos en algo puramente funcional que es necesario organizar de manera rápida y precisa dentro de la jornada laboral. Cada vez es más raro ese momento privilegiado de encuentro familiar en torno a la mesa. En muchos hogares, esa mesa hecha para ser rodeada ya no sirve para que padres e hijos se encuentren, compartan sus vidas, rían y descansen juntos.

Bastantes se van habituando a «alimentar su organismo» en esas comidas impersonales de los restaurantes o en el rincón del «self-service» de turno. No pocos se ven obligados a participar en comidas protocolarias o de trabajo, donde el gesto amistoso del comer juntos es sustituido por el interés, la funcionalidad o la ostentación.

El gesto de Jesús invitando a las gentes a recostarse para compartir juntos una comida sencilla bendiciendo a Dios por el pan que recibimos, puede ser una llamada para nosotros. "Comer es mucho más que «introducir una determinada ración de calorías en el organismo".

La necesidad de alimentarnos de la tierra es, antes que nada, signo de nuestra indigencia radical. Oscuramente los seres humanos percibimos que no nos fundamentamos a nosotros mismos. En realidad, vivimos recibiendo, nutriéndonos de una vida que atraviesa el cosmos y se nos regala día a día a cada uno. Por eso, es un gesto profundamente humano el recogerse antes de comer para agradecer a Dios esos alimentos, fruto del esfuerzo y trabajo del hombre, pero, al mismo tiempo, regalo originario del Dios creador que sustenta la vida.

Pero, además, comer no es sólo un acto individualista de carácter biológico. El hombre está hecho para comer con otros, compartiendo su mesa con familiares y amigos. Comer juntos es confraternizar, dialogar, crecer en amistad, compartir el regalo de la vida.

Por eso es tan difícil dar gracias a Dios cuando uno tiene más comida que la que necesita, mientras otros sufren miseria y hambre. Nos sentimos acusados por aquellas palabras de Gandhi: «Todo lo que comes sin necesidad lo estás robando al estómago de los pobres.» Tal vez en el Primer Mundo debamos aprender a bendecir la mesa de otra manera. Dando gracias a Dios, pero, al mismo tiempo, pidiendo perdón por nuestra insolidaridad y tomando conciencia de nuestra responsabilidad ante los hambrientos de la tierra.


WebJCP | Abril 2007