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MISIONEROS EN CAMINO: XVIII Domingo del T.O. (Mt 14, 13-21 ) - Ciclo A: Jesús comparte el pan
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sábado, 30 de julio de 2011

XVIII Domingo del T.O. (Mt 14, 13-21 ) - Ciclo A: Jesús comparte el pan



Este pasaje de Mateo de la multiplicación de los panes es el único milagro de Jesús que narran los cuatro evangelios, señal del interés que despertó en las primeras comunidades cristianas, le dedicamos nuestra reflexión.

Jesús ha pasado el día curando enfermos, le siguen las gentes, lejos ya de sus poblados, tienen hambre y los apóstoles insisten a Jesús en que es hora de que vayan ya a sus casas y coman. Jesús les responde al momento: “No, dadles vosotros de comer”. Le dicen que “hay uno que tiene cinco panes y dos peces, pero que poder hacer con esto?”. Jesús ora al Padre, manda que se sienten todos, toma los panes y los peces y los discípulos comienzan a repartirlos. Comen todos, más de cinco mil personas y sobra comida.

El verdadero milagro, se produce cuando se comparte de corazón lo que se tiene, entonces hay mucho más de lo necesario. Con seguridad que aquellos que habían seguido a Jesús, que oraron con él, abrieron sus ojos pensado que era de verdad el enviado de Dios.

Este milagro nos invita a nosotros a descubrir que el proyecto de Jesús es reunirnos en una fraternidad real en la que sepamos compartir “nuestro pan, nuestro pescado” y convivir como hermanos, que la fraternidad es la única manera de seguir a Jesús. Solemos pensar que amamos al prójimo cuando no le hacemos nada especialmente malo, viviendo despreocupados de todos, movidos por nuestro propio interés.

Sin darnos cuenta hemos ido deshumanizando también poco a poco el gesto tan entrañable y humano de compartir, como es el sentarnos a la mesa a comer con otros, compartir nuestra mesa con familiares y amigos es confraternizar, dialogar, crecer en amistad, compartir el regalo de la vida.

Jesús nos recuerda hoy que no podemos comer, ni vivir tranquilos mientras que junto a nosotros haya hombres y mujeres amenazados de tantas hambres. Hemos de oír sus palabras: “dadles vosotros de comer", y estar dispuestos a compartir nuestra mesa con la mirada levantada hacia los que hoy no comerán.

Parece ser fuera de lugar dar gracias a Dios cuando uno tiene más alimento, más bienes de los que necesita mientras otros sufren necesidad. Pensamos que lo hemos ganado con nuestro esfuerzo y que de justicia nos pertenece, no pensamos en los millones que no pueden trabajar. No pueden trabajar por muchas razones, muchas y fundamentales, ya las conocemos.

Sabemos que los problemas de hambre en el mundo en último término son problemas de justa distribución, de justicia. La Tierra produce y puede producir mucho más de lo necesario para alimentar a los millones de personas que habitamos, si se decidiera seriamente compartir.

Si pusiéramos lo que somos y tenemos de modo que estuviera también orientado al servicio de los necesitados, en verdadera solidaridad, renunciando a una preocupación exagerada por nuestro bienestar, las personas y las instituciones podríamos resolver la mayoría de los desequilibrios e injusticias de nuestro mundo, y no lo olvidemos, también del pequeño mundo en que se realiza nuestra vida, la tuya y la mía, en el que también hay necesitados.

Formamos parte de una familia y vivimos en un mundo en el que cada vez vamos conociendo lo que somos, lo que pensamos, conocemos nuestras necesidades. Es trágico que este conocimiento llegue entre nosotros a olvidarnos, a relacionarnos, hasta de odiarnos hasta el terror y la muerte.

Jesús dice sus discípulos: “dadles vosotros de comer”. Más de uno preguntará, ¿es posible multiplicar hoy el pan para los pobres con oraciones o por arte de magia? En todo caso, lo que no podemos hacer es renunciar a multiplicar el amor y la fraternidad en torno nuestro, mediante el compartir. Existen muchas formas de compromiso al dictado de un amor nuestro que sea de verdad creativo.

La mejor oferta de "pan", que nadie rechaza porque no le humilla, es el amor y el respeto a nuestra dignidad como personas, sentirnos aceptados por nosotros mismos tal como somos y merecemos, es el pan que más se necesita en nuestro entorno; siempre nos es posible ofrecerlo.

Por nuestra responsabilidad cristiana nos preguntarnos qué nos pide la escena evangélica de hoy al percibir el clamor y el quejido de los necesitados. Jesús no se quedó en mera compasión; no se contentó con saciar el hambre de la gente que le buscaba y escuchaba. Consciente de que “no sólo de pan vive el hombre”, en su opción radical por los pobres, se ha entregado personalmente porque sólo Él es el Pan de Vida que sacia definitivamente el hambre del ser humano.

Es cierto, vivimos días de crisis, para muchos, para muchos, es una crisis enmarcada en un futuro amenazador y la tendencia generalizada es de mirar más lo nuestro y restringir todo “gasto posible”. La solidaridad no es un “gasto” más, Jesús nunca lo consideró así, la solidaridad es la práctica auténtica de la caridad, del seguimiento a Jesús. Obremos en consecuencia, sin más.

Que esta celebración de la Eucaristía, comunitaria, prefigurada en la multiplicación de los panes y de los peces por Jesús para la muchedumbre hambrienta, aumente nuestra solidaridad; este pan que nos congrega en una misma mesa no puede separarse del pan debido en justicia al pobre y al necesitado.


WebJCP | Abril 2007