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MISIONEROS EN CAMINO: enero 2011
  • Cállate y sal de él - Por P. Javier Rojas sj Publicado por El Evangelio en Casa Antes de entrar en la reflexión de este pasaje del evangelio conviene hacer una distinción entre...
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lunes 31 de enero de 2011

EL TATIC DE LOS POBRES INDÍGENAS



El lunes 24 amaneció helado en Mallorca y una noticia aún más fría se caló hasta el alma: al “tatic” (el papaíto o Abba) de los más pobres, después de 51 años de entrega incondicional por su pueblo, se le ha parado su cuerpo. No puedo hablar de muerte, prefiero hablar sólo del funcionamiento de su cuerpo.

Yo no creo que haya muerto, lo mismo que las mujeres junto al sepulcro de Jesús no podían creer que hubiera muerto el hombre más bueno. No podía haber muerto. Porque no puede morir la bondad, ni la lucha incondicional por la justicia. No muere el servicio por la paz y la entrega. No muere la honradez. No puede morir el aliado y cuidador de los más desamparados…, porque entonces, ¿quién cuidaría de ellos?

El “obispo de los pobres” no ha muerto; su cuerpo envejeció por el amor y el servicio. Y sus fatigas y tantas amenazas de muerte, han ido haciendo mella en su cuerpo, hasta que quedó inmóvil.

Ahora ha adquirido más altura y más grandeza que el quetzal, la hermosa ave de plumas verde, como la bandera de Jcanan Lum (protector y guía del pueblo) que le habían entregado los indígenas en Amatenango, el día que dejó el episcopado.

Samuel es el ave de la libertad que planea sobre su diócesis, ya sin ningún límite, para cuidar por siempre a los que tanto amó.

Hoy indígenas tzeltales, tzotziles, tojolabales, zoques y choles, no pueden dejar de llorar porque les cuesta creer que ya no van a ver a su Tatic. Tal vez consulten el libro sagrado de los toltecas, el Tonalpohualli, para saber qué dicen sobre este día y qué augurios les cabe esperar.

Yo también he tomado mi libro sagrado, el Evangelio, buscando en las palabras de Jesús explicación para esta noticia:

Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de Dios.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por la justicia, porque de ellos es el Reino de Dios.

Gracias, Samuel, por tu vida y la de tantas y tantos otros como tú. Habéis hecho vida estas palabras que nos alientan y nos confirman un horizonte de esperanza por encima de tantas contradicciones personales, sociales, políticas, económicas y eclesiales.

Nos contagiáis ánimo para apuntarnos a las filas de las últimas y los últimos y del trabajo callado, a tareas diarias por los demás, a querer ser buenas y buenos y sacar lo mejor de nosotras/os mismas/os.

Quisiera que todos los diarios del mundo se hicieran eco de la buena noticia de tu vida, porque sería hablar de una talla especial de humanidad que dignifica nuestra especie.

Sin embargo, intuyo que no será así, que ni el Vaticano sacará una nota de prensa para elogiar a un obispo ordenado a la edad de 35 años en una de las diócesis más pobres de México a la que se dedicó enteramente ¡Qué triste! Pero Samuel no podía ser más que su maestro. Así le pasó también a Jesús. Sólo los suyos vivieron el drama, para los demás pasó inadvertido.

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¿Una ley de responsabilidad socioambiental?


Por Leonardo Boff
Koinonía

Ya existe la ley de responsabilidad fiscal. Un gobernante no puede gastar más de lo que le permite el importe de los impuestos recogidos. Esto ha mejorado significativamente la gestión pública.
La acumulación de desastres socioambientales ocurridos últimamente, con derrumbe de laderas, crecidas devastadoras y centenares de víctimas fatales, unido a la destrucción de paisajes enteros nos obligan a pensar en la instauración de una ley nacional de responsabilidad socioambiental, con penas severas para quienes no la respeten.
Ya se ha dado un paso con la conciencia de la responsabilidad social de las empresas. Ellas no pueden pensar solamente en sí mismas y en los beneficios de sus accionistas. Deben asumir una clara responsabilidad social, pues no viven en un mundo aparte: están en una determinada sociedad, con un Estado que dicta leyes, se sitúan en un determinado ecosistema y están siendo presionadas por una conciencia ciudadana que reclama cada vez más el derecho a una buena calidad de vida.
Que quede claro que responsabilidad social no es lo mismo que la obligación social prevista por la ley referente al pago de impuestos, encargos y salarios; ni puede ser confundida con la respuesta social, que es la capacidad de las empresas de adecuarse a los cambios en el campo social, económico y técnico. La responsabilidad social es la obligación que asumen las empresas de buscar metas que, a medio y largo plazo, sean buenas para ellas y también para el conjunto de la sociedad en la cual están ubicadas.
No se trata de hacer para la sociedad, lo que sería filantropía, sino con la sociedad, involucrándose en proyectos elaborados en común con los municipios, ONGs y otras entidades.
Pero seamos realistas: en un régimen neoliberal como el nuestro, siempre que los negocios no son rentables, disminuye o hasta desaparece la responsabilidad social. El mayor enemigo de la responsabilidad social es el capital especulativo. Su objetivo es maximizar los beneficios de las carteras y portafolios que controla. No ve otra responsabilidad, sino la de garantizar ganancias.
Pero la responsabilidad social no es suficiente, pues no incluye lo ambiental. Son pocos los que se han dado cuenta de la relación de lo social con lo ambiental. Es una relación intrínseca. Todas las empresas y cada uno de nosotros vivimos en la tierra, no en las nubes: respiramos, comemos, bebemos, pisamos los suelos, estamos expuestos a los cambios de clima, inmersos en la naturaleza con su biodiversidad, habitados por miles de millones de bacterias y otros microorganismos. Es decir, estamos dentro de la naturaleza y somos parte de ella. La naturaleza puede vivir sin nosotros como lo hizo durante miles de millones de años, pero nosotros no podemos vivir sin ella. Por lo tanto, lo social sin lo ambiental es irreal. Los dos nos llegan siempre juntos.
Esto que parece obvio, no lo es para gran parte de la gente. ¿Por qué excluimos a la naturaleza? Porque somos todos antropocéntricos, es decir, pensamos solamente en nosotros mismos. La naturaleza es algo externo, para nuestro disfrute.
Somos irresponsables con la naturaleza, cuando derribamos árboles, cuando vertemos miles de millones de litros de pesticidas en el suelo, cuando lanzamos a la atmósfera anualmente cerca de 21 mil millones de toneladas de gases de efecto invernadero, cuando contaminamos las aguas, destruimos la vegetación ribereña, no respetamos el declive de las montañas que pueden desmoronarse y matar a la gente, ni observamos el curso de los ríos que, si crecen, pueden llevarse todo por delante.
No interiorizamos los datos que biólogos y astrofísicos nos proporcionan: Todos tenemos el mismo alfabeto genético de base, por eso somos todos primos y hermanos y hermanas, y formamos así la comunidad de vida. Cada ser posee valor intrínseco y por eso tiene derechos. Nuestra democracia no puede incluir solamente a los seres humanos. Sin los otros miembros de la comunidad de vida no somos nada. Ellos valen como nuevos ciudadanos que deben ser incluidos en nuestra concepto de democracia, que pasa entonces a ser una democracia socioambiental. La naturaleza y las cosas nos dan señales. Nos llaman la atención sobre los eventuales riesgos que podemos evitar.
No basta la responsabilidad social, debe ser socioambiental. Es urgente que el Parlamento vote una ley de responsabilidad socioambiental para imponerla a todos los gestores de la cosa pública. Sólo así evitaremos tragedias y muertes.

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Noticias Misioneras del Mundo: 31 de Enero de 2011


* Intención misionera para el mes de febrero
* El misionero navarro Antonio Garciandia Gorriti: 13.000 bautismos
* Bienvenido en Urkiola, Vizcaya, a los misioneros que regresan
* Seminario sobre Misiones en Pamplona
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Intención misionera para el mes de febrero
OMPRESS-ROMA (31-1-11) Para que en los territorios de misión donde es urgente la lucha contra las enfermedades, las comunidades cristianas sepan testimoniar la presencia de Cristo junto a los que sufren, es la intención misionera indicada por el Santo Padre Benedicto XVI para el mes de febrero.
En su mensaje para el próximo DOMUND, la Jornada Mundial de las Misiones, el Santo Padre Benedicto XVI recordaba que “la evangelización es un proceso complejo y comprende varios elementos. Entre estos, la animación misionera ha prestado siempre una atención particular a la solidaridad. Este es también uno de los objetivos de la Jornada Mundial de las Misiones, que, a través de las Obras Misionales Pontificias, solicita la colaboración para llevar a cabo las tareas de evangelización en los territorios de misión. Se trata de sostener instituciones necesarias para establecer y consolidar la Iglesia mediante los catequistas, los seminarios, los sacerdotes; y de dar también nuestra propia aportación para que mejoren las condiciones de vida de las personas en países en los que son más graves los fenómenos de pobreza, malnutrición - sobre todo infantil, - enfermedades, ausencia de servicios de salud y de educación. También esto entra en la misión de la Iglesia. Anunciando el Evangelio, se preocupa por la vida humana en sentido pleno. No se pude aceptar, decía el Siervo de Dios Pablo VI, que en la evangelización se descuiden los aspectos que se refieren a la promoción humana, la justicia, la liberación de toda forma de opresión, evidentemente dentro del respeto a la autonomía del ámbito político. Desinteresarse de los problemas temporales de la humanidad significaría ‘ignorar la doctrina del Evangelio acerca del amor hacia el prójimo que sufre o padece necesidad’; no estaría en sintonía con el comportamiento de Jesús, el cual "recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia" (Mt 9,35)”.



El misionero navarro Antonio Garciandia Gorriti: 13.000 bautismos
OMPRESS-MADRID (31-1-11) El misionero navarro Antonio Garciandia Gorriti, aprovechando su breve estancia en España para una revisión médica, ha conseguido reunir lo suficiente para enviar otro contenedor a su misión de Perú donde lleva ya 36 años. En estos años ha conseguido que le llegaran de España más de 700 contenedores con un poco de todo: cerámica, cortinas, materiales de construcción, camas...
Antonio Garciandia Gorriti, de la diócesis de Pamplona, lleva 53 años de sacerdocio, la mayoría de misionero en tierras peruanas en la diócesis de Callao y en Carabayllo que es parte de la archidiócesis de Lima. La misión se encuentra en un lugar de pleno desierto donde, de la noche a la mañana, han llegado avalanchas de personas, lo que se llama allí “invasiones”. Este fenómeno hizo que una zona apenas habitada pasara a tener más de 300.000 habitantes. En los últimos 20 años, gracias a la labor de misioneros como Antonio, han logrado construir 20 parroquias, todas hechas de materiales de reciclaje, porque aunque hay muchas ganas de ayudar, no abunda el dinero.
Como dice el padre Antonio se trata de “suma pobreza”. Lo que se encontraron al llegar fue que todos aquellos que tenían menos de 30 años estaban por bautizar. Nada menos que 13.000 bautismos ha administrado en su vida de misionero. En su labor le han ayudado 7 familias misioneras neocatecumenales. El testimonio de ellos y su presencia, cuenta el padre Antonio, ha valido más que cientos de sermones. Resalta también el trabajo de los laicos que se han sumado a la labor de cada parroquia. La gente es humilde con una tradición sencilla pero son conscientes de que siempre tienen la palabra de Dios está cerca. “No les pedimos nada, pero lo que les prometemos se cumple”. El padre Antonio considera que la fe de esta gente que escucha desde su pobreza es la reserva de fe de la Iglesia para el mundo.
A pesar de las dificultades han conseguido, no obstante, que 800 alumnos acudan a su Centro de Enseñanzas Productivas donde, en ciclos de 3 años aprenden algún oficio. También atienden a más de 150 niños deficientes en un centro dedicado a ellos. Su última iniciativa es un Centro de Formación Integral con escuela de PYMES (pequeñas y medianas empresas), para fomentar la creación de empleo y de pequeñas empresas que mejoren la situación de la zona.



Bienvenida en Urkiola, Vizcaya, a los misioneros que regresan
OMPRESS-BILBAO (31-1-11) El pasado viernes tuvo lugar en el Santuario de Urkiola un encuentro de oración en el que se dio la bienvenida a las personas que han regresado recientemente de los territorios de misión: Teresa Dacosta, Elena Fernández del Castillo, Javi Martínez de Bujanda, Ramón Sánchez y Naiara Lopategi, de Ecuador; y Luis Fernando Corchera, de Angola. Asimismo los participantes, además de dar la bienvenida a los que regresan, también dieron su adiós a los que se van. En esta ocasión, despidieron a Gloria Rodríguez, Eguzkiñe Azpeitia y Manu Basanta, que en breve partirán hacia Ecuador
En este encuentro estuvieron presentes los equipos de las delegaciones de misiones de Bizkaia, Álava y Gipuzkoa, el obispo, Mons. Mario Iceta; el vicario general, Ángel Maria Unzueta y misioneras y misioneros que han compartido años en Ecuador y Angola. Estuvieron también los miembros del equipo pastoral de Urkiola, Xabier Eskauriatza, Joseba Legarza y Víctor Garaigordobil, que “enriquecieron este encuentro desde su sabiduría y tradicional acogida misionera”, resalta Mertxe Agirre, de la delegación de Misiones quien añade que “fue una celebración compartida, abierta y testimonial al estilo misionero”.



Seminario sobre Misiones en Pamplona
OMPRESS-PAMPLONA (31-1-11) El Centro Superior de Estudios Teológicos de Pamplona impartirá este semestre un curso de misionología a cargo del delegado de misiones, José María Aícua, con el título “Evangelización y Misión hoy”.
Según ha informado el propio delegado, este curso surge de una propuesta de todos los delegados de Obras Misionales Pontificias de realizar un curso estomático de la teología y pastoral misionera en cada diócesis. Por ello, se propuso al Instituto Superior de Teología un curso dentro del plan que ellos hace tiempo vienen proponiendo en distintas áreas de pastoral.
Este curso tiene como objetivo dar una visión de conjunto de la misión vista desde la teología, la biblia, la historia y la espiritualidad. Así como analizar los retos de la misión hoy: el diálogo interreligioso y el ecumenismo, la justicia y la paz, los derechos humanos etc. Todo ello para conseguir hacer un diagnóstico pastoral de la misión y los misioneros de Navarra. Presente y perspectivas y propuestas de futuro.
“Evangelización y Misión hoy” es un curso completo, de más de 30 horas, con cerca de diez profesores de Navarra, Madrid y Burgos.
A la pregunta de si estamos en tierra de misión, el delegado de misiones, José María Aícua, responde que “sin duda, Europa, España y Navarra es tierra de misión. Hay un porcentaje altísimo de gente que no cree, otros que dicen que creen pero no practican, otros alejados de la fe y de la Iglesia, y una cantidad cada vez mayor de presencia de inmigrantes con otras religiones a las cuales hemos de proponer a Jesucristo, como la plenitud de la revelación de Dios. Navarra es a la vez la diócesis más misionera de la Iglesia universal y tierra de misión.”

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Evangelio Misionero del Dia: 01 de Febrero de 2011 - IV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 5, 21-43

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y Él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva». Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré sanada». Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de Él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?»
Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero Él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad».
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas». Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga.
Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme». Y se burlaban de Él.
Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con Él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, Yo te lo ordeno, levántate!» En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y Él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.

Compartiendo la Palabra
Por José Enrique Ruiz de Galarreta, S.J.

Se relatan dos sucesos que, al parecer, ocurrieron juntos, puesto que en los tres Sinópticos se relatan entrelazados (Mateo 9, Lucas 8). El relato forma parte de la actividad de Jesús, que pasa por toda Galilea curando a los enfermos, de tal modo que su fama se hace enorme, y acuden a él de todas partes. Es notable la diferencia entre la gente normal, que lleva sus enfermos a Jesús, y la gente importante, que le pide que acuda a su casa y los cure. Pero Jesús no se niega a nadie.
El relato de la mujer que toca la orla del manto de Jesús es bastante misterioso, y tiene ciertos ribetes semi-mágicos que nos sorprenden. Muy probablemente estamos en presencia de una amplificación semi-legendaria. La actividad de sanador de Jesús le dio fama indiscutible, y sus “hazañas” fueron sin duda engrandecidas al ser repetidas de boca en boca. El evangelista transcribe sin embargo el relato por su contenido, tan importante: el poder de la fe.


REFLEXIÓN

Dos temas importantes en estas lecturas: el Dios de la Vida y el poder de la fe.
Una interpretación ingenua y superficial de los milagros de Jesús tiende a entenderlos como manifestaciones del poder divino. Con ellos demuestra Jesús su naturaleza divina. No es suficiente, ni es esa la intención de los evangelistas. Jesús cura porque en él está el Espíritu, porque se parece a su Padre, que es compasivo, que es el Médico, que es el que nos ha creado para la vida y la salud. Lo más importante de los milagros no es que se manifiesta un poder sino qué poder se manifiesta: el poder de sanar. La acción de Jesús muestra lo acertado del Libro de la Sabiduría: No fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes; él todo lo creó para que subsistiera… El Dios de Jesús es un padre que crea por amor, no un ingeniero que fabrica para exhibir poder. El Dios de Jesús es un padre que engendra y trabaja por sacar adelante a sus hijos. Éste es el fundamento primero de nuestra confianza en Dios.
No pocas personas piensan en un dios lejano, creador hace miles de años, ausente durante nuestra vida, que espera al final como un juez implacable. No es ése el Dios que vemos en Jesús. Es una madre que sueña en tener hijos porque a ello le empuja el amor. No ama a los hijos que ya tiene y conoce, sino que engendra porque ama de antemano. Y no los abandona: trabaja por sacarlos adelante, los alimenta, los cura, los corrige. Y prepara un banquete para ellos cuando lleguen al final del camino. Estas imágenes de la vida humana son mucho más estimulantes, pero, sobre todo, son las de Jesús, no las que nosotros nos hemos inventado.
Jesús completa y fundamenta al libro de la Sabiduría. Nuestra fe en la inmortalidad no se funda en ninguna filosofía, ni en Pitágoras ni en Platón ni en ninguna sabiduría humana; se funda en que conocemos a Dios, y sabemos cómo es el corazón del Creador. La historia de la Creación se concibe a veces en tres estadios: primero, el Gran Ingeniero, solo; después, el Gran Ingeniero que crea todas las cosas como un alarde de poder y Sabiduría; finalmente, el Gran Ingeniero vuelve a estar solo, cuando todas las cosas, criaturas temporales, hayan desaparecido. El Dios de Jesús nos hace pensar en otro esquema: primero, la madre soñando en tener hijos y queriéndolos
antes de que nazcan; después, la madre trabajando por sacar a sus hijos adelante, instruyendo, alimentando, curando; finalmente, todos los hijos reunidos en casa, al final del largo viaje, fuera ya del todo peligro y de todo mal.
Evidentemente, esta imagen no explica por qué el camino es oscuro, por qué corremos tantos riesgos, por qué ha permitido el Padre tanto mal en el camino. Pero la imagen sigue siendo válida, aunque no sea completa. Y es la fuente de nuestra fe en la Vida definitiva (y de nuestra esperanza en que ninguno falte en el banquete, porque si alguno faltase, no podría ser completa la alegría del Padre)
La enorme abundancia de curaciones que consignan los evangelios, y muy en especial Marcos, revelan por tanto un aspecto básico de Jesús. El Hijo “está en las cosas de su Padre”. Las cosas de su Padre son sus hijos, y el Primogénito, el Hijo Preferido, lleno del Espíritu de su Padre, se dedica en cuerpo y alma a sanar y a iluminar, a liberar de esclavitudes, con todos los que tropieza, pobres, ricos, judíos, paganos, samaritanos, publicanos, prostitutas: para Jesús no hay ninguna diferencia: son todos hijos que necesitan la luz y la curación. Los detalles de cada curación son anecdóticos, y nos ayudan a comprender que se trata de sucesos, no de narraciones míticas, aunque estén amplificados por la leyenda. Nos importa, en todas las curaciones de Jesús, ver con los ojos de la fe: entender cómo es Dios, recordando la frase del evangelio de Juan: “El que me ve, ve a mi Padre”.
Éste es el lugar correcto de la fe. Sería ingenuo pensar que el secreto de la curación reside exclusivamente en el poder mental de alguien que está plenamente convencido de que se va a curar, o, más aún, que Dios premia la confianza que se pone en él. Esta actitud es semejante a la de los que piensan que la oración todo lo alcanza, como si pudiéramos “forzar la voluntad de Dios”. La fe de que habla Jesús no es el disparador de un efecto mágico. Jesús está alabando a la mujer y a Jairo, que han confiado en él, mientras otros sospechan o lo rechazan. Los que creen en él, se acercan y son curados.
Más significativa aún que la fe de la mujer es la incredulidad y burla en casa de Jairo.
Pero “No temas, basta con que tú tengas fe”.


PARA NUESTRA ORACIÓN

Nuestra fe en la Vida Eterna, en la bondad de Dios, en Jesús mismo. No podemos permitirnos la ingenuidad de atribuir a todas estas convicciones la categoría de certezas racionales, de evidencias. Estamos hablando de fe y, concretamente, de fe en Jesús, es decir, de fiarse de él, de apostar por él. Todo el mundo apuesta: los “impíos” de que habla el Libro de la Sabiduría hacen su apuesta: no hay más vida que ésta, disfrutémosla. Es una apuesta, que puede salir mal. Algunos apostamos por Jesús de Nazaret, por sus criterios y valores. Y es una apuesta razonable: da sentido a la vida para todas las personas, lleva a más desarrollo personal, a más solidaridad. Y se funda en la fiabilidad de una persona admirable… De aquí en adelante, la fe, nuestra apuesta personal, por Jesús y por el Dios de Jesús, con todas sus consecuencias.
Pero hay también un desafío a la felicidad. Todo el mundo quiere curarse, porque todo el mundo aborrece el dolor, el mal, porque todo el mundo quiere ser feliz. Contra la felicidad se interpone la enfermedad y la muerte … y tantas cosas más. El desafío del ser humano es ser feliz en una vida frecuentemente hostil.
La apuesta por una felicidad basada en que todo me salga bien fracasa. El Antiguo Testamento se aferra a que a los justos todo les sale bien porque Dios les protege, pero es mentira. La realidad es que a todos les salen muchas cosas mal, y que todos mueren.
¿Es posible la felicidad en un mundo lleno de mal y abocado a la muerte?
Esta certeza existencial de fracaso global ha desesperado a muchos y se ha constituido en argumento para negar que pueda haber un dios tras tanto absurdo y tanto dolor.
Los que creen a Jesús y le siguen hacen otro planteamiento, más existencial, menos cognitivo.
Ante todo, no entienden la felicidad como algo que viene de fuera, resultado de satisfacciones recibidas, sino como una satisfacción interior, que puede ser más fuerte que la alegría o tristeza que deparen los acontecimientos.
En segundo lugar, entienden la vida no como búsqueda de la propia satisfacción sino como misión de evitar en lo posible el dolor de los demás.
En tercer lugar, no pretenden entender la providencia divina, sino que dejan su propio destino y el de todos en las manos de Dios, confiando en que el Padre sabrá los porqués y tiene en su mano el futuro de sus hijos.
Así, la búsqueda de la felicidad se transforma: ya no se busca simplemente sentirse a gusto porque todo salga bien, sino sentirse bien por tener sentido, misión y confianza en el Amor es Todopoderoso … a pesar de la infelicidad del mundo.

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domingo 30 de enero de 2011

HILOS PARA ENTENDER LAS BIENAVENTURANZAS


Cómo podrá alguien ayudar,
si nunca ha necesitado un hombro amigo.
Cómo podrá alguien consolar,
si nunca sus entrañas han temblado de dolor.

Cómo podrá alguien curar,
si nunca se ha sentido herido.
Cómo podrá alguien ser compasivo,
si nunca se ha visto abatido.

Cómo podrá alguien comprender,
si nunca en su vida ha tenido el corazón roto.
Cómo podrá alguien ser misericordioso,
si nunca se ha visto necesitado.

Cómo podrá alguien dar serenidad,
si nunca se ha dejado turbar por el Espíritu.
Cómo podrá alguien alentar,
si nunca se quebró por la amargura.

Cómo podrá alguien levantar a otros,
si nunca se ha visto caído.
Cómo podrá alguien dar alegría,
si nunca se acercó a los pozos negros de la vida.

Cómo podrá alguien ser tierno,
si en su vida todo son convenios.
Cómo podrá alguien acompañar a otros,
si su vida es un camino solitario.

Cómo podrá alguien compartirse,
si en su vida todo lo tiene cubierto.
Cómo podrá alguien gozar el evangelio,
si lleva cuenta hasta del comino.

Cómo podrá alguien encontrar,
si nunca ha estado perdido.

¡Cómo podrá alguien si no ser dichoso…!


Florentino Ulibarri

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Los signos del buen viaje



Publicado por De todos los días

Para el día de hoy (30/01/11):
Evangelio según San Mateo 5, 1-12

Estamos de paso, peregrinos menores en un viaje a menudo corto pero increíble.
Este viaje puede ser un bogar sin rumbo, sometidos a los vaivenes del oleaje, o el navegar cierto a puerto seguro.

Es viaje en tiempo presente, y en tiempo presente se construye eso que solemos llamar destino, ola a ola, ladrillo a ladrillo, día a día.

Buena ventura para los corazones desprendidos, capaces de abrazar a sus hermanos sumidos en la miseria desde la misma pobreza aceptada como propia.

Buena ventura para los que no imponen, no ejercen la fuerza y rechazan todo poder.

Buena ventura para las almas capaces de compasión, de compartir el llanto de los afligidos.

Buena ventura para aquellos que no resignan su hambre y su sed de justicia.

Buena ventura para aquellos que se vuelven como Dios, compasivos y misericordiosos.

Buena ventura para los de corazón despejado y limpio, porque descubren a Dios en todo sitio.

Buena ventura para los que construyen la paz y se niegan a sí mismos, como Jesús, hijos dilectos de Abbá.

Buena ventura para los que sufren por vivir la pobreza, la justicia. la paz, el consuelo, la misericordia como Jesús.

Buena ventura para todas las mujeres y hombres que viven estos valores eternos sin importan su origen ni su pertenencia, pues el Reino acontece con ellos.

Buena ventura para tí, para vos, para todos nosotros.

Paz y Bien

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sábado 29 de enero de 2011

Palabra para la Misión: Las Bienaventuranzas: corazón de la Misión


IV Domingo Tiempo Ordinario
Año “A” – Domingo 30.01.11 - Por EUNTES

Sofonías 2,3; 3,12-13 / Salmo 145 / 1Corintios 1,26-31
Mateo 5,1-12

Reflexiones

En la secuencia de epifanías, o progresivas manifestaciones de Jesús (ver domingos anteriores), las Bienaventuranzas son el programa de su misión, la carta magna, una especie de constitución del Reino de Dios, valor que hay que buscar antes y por encima de todo (Mt 6,33). Antes de ser un mensaje ético de comportamientos, las Bienaventuranzas son una afirmación teologal de la primacía de Dios, de sus criterios y opciones, a menudo contrarios a los caminos y pensamientos humanos. En realidad, las Bienaventuranzas son una reafirmación del primer mandamiento: “Yo soy el Señor tu Dios: no tendrás otro Dios fuera de mí”. Avidez de riquezas, de poder, fuerza, soberbia, opresión… son contrarias al programa escogido por Jesús. Él ha decidido que su Reino crezca con personas que optan por la pobreza, la mansedumbre, la pureza de corazón, el trabajo por la paz, la misericordia, la reconciliación, el sufrimiento por el mal y la injusticia… Las Bienaventuranzas tienen un fuerte contenido escatológico; reclaman, por tanto, la prioridad del anuncio del Dios viviente, la invitación esencial a fiarse de Dios. Porque “sólo Dios basta” (S. Teresa de Ávila).

Jesús ha vivido las Bienaventuranzas y, tras haberlas vivido, las ha propuesto. Ellas son su autorretrato, trazan su perfil interior de verdadero Dios en carne humana. Antes de ser un programa predicado desde la montaña (v. 1), las Bienaventuranzas son su autobiografía, revelan su identidad íntima, su estilo, su opciones vitales. Viendo la vida de Jesús pobre, manso, puro, misericordioso, sedimento de amor y de justicia, comprometido por la paz, perseguido y sufriente… es posible reconstruir todo el Sermón de la Montaña, empezando por las Bienaventuranzas.

El autor de la carta a los Hebreos, en su reflexión bíblica y teológica, explica el sentido de las opciones de Cristo: “el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia, y está sentado a la diestra del trono de Dios” (Heb 12,2). Por tanto, al discípulo se le invita a correr con fortaleza la prueba que se le propone, teniendo “fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe” (ib.). También Jesús buscaba su felicidad, al igual que cualquier otro ser viviente. Y la ha encontrado optando por las Bienaventuranzas. Éste ha sido su camino y, por tanto, debe ser también el nuestro. En el programa de las Bienaventuranzas, Jesús habla de sí mismo, pero, al mismo tiempo, habla también de nosotros, describe el estilo de nuestra vida de discípulos. Habla de un cambio radical. Las Bienaventuranzas son, en efecto, un vuelco total de los criterios humanos; ¡un desconcertante marchar a contracorriente! Tomarlas en serio y vivirlas -así como lo hizo Jesús- provoca un salto cualitativo en la vida del mundo: ¡una auténtica revolución en el amor!

La exhortación del profeta Sofonías (I lectura) se dirige a los humildes de la tierra, para que busquen al Señor, la justicia y la moderación (v. 3), porque el Señor presta una atención especial hacia los pobres y necesitados (salmo). S. Pablo nos lo confirma, escribiendo a los Corintios (II lectura) que Dios ha escogido lo necio del mundo, la gente baja, lo despreciable, lo que no cuenta… de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor (cf v. 27-29). La misma comunidad de Corinto es un ejemplo de esto: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos o aristócratas (v. 26). Situaciones como ésta se repiten muy a menudo en las jóvenes Iglesias misioneras, sobre todo en el sur del mundo, donde el anuncio del Evangelio y el crecimiento de las comunidades cristianas se llevan a cabo con medios sencillos y frágiles, casi siempre en situaciones de minoría, incomprensión, hostilidad. Y es justamente en estas situaciones de precariedad humana, tan frecuentes en el mundo misionero, en donde se manifiesta la fuerza del Evangelio y la eficaz gratuidad de las Bienaventuranzas. (*)

Es conocida la admiración de Gandhi (del cual se cumple en estos días el aniversario del asesinato: Delhi, 30.1.1948) y de otros líderes espirituales no cristianos, por el mensaje de las Bienaventuranzas proclamadas por Jesús. El programa de las Bienaventuranzas exige la conversión interior de los evangelizadores, sin la cual no son posibles ni la misión ad gentes, ni la actividad pastoral, ni el verdadero ecumenismo.


Palabra del Papa

(*) “El misionero es el hombre de las Bienaventuranzas. Jesús instruye a los Doce, antes de mandarlos a evangelizar, indicándoles los caminos de la misión: pobreza, mansedumbre, aceptación de los sufrimientos y persecuciones, deseo de jusiticia y de paz, caridad: es decir, les indica precisamente las Bienaventuranzas, practicadas en la vida apostólica (cf Mt 5,1-12). Viviendo las Bienaventuranzas experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido. La característica de toda vida misionera auténtica es la alegría interior, que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, el anunciador de la buena nueva ha de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza”.
Juan Pablo II
Encíclica Redemptoris Missio (1990) n. 91

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Evangelio Misionero del Dia: 30 de Enero de 2011 - IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

"BIENAVENTURADOS LOS QUE DESCUBREN A DIOS
DENTRO DE ELLOS"

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 25—5, 12

Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.
Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».

Compartiendo la Palabra
Por Santiago Agrelo ofm

Sólo para pobres

Bajo el sol de Galilea:

Así dice el profeta: “Buscad al Señor los humildes… quizás podáis ocultaros el día de la ira del Señor”. No es contradicción, es paradoja: Si quieres ocultarte del Señor en el día de su ira, búscalo, conviértete a él, encuéntralo.

El que dice, buscad al Señor, dice también: “Buscad la justicia, buscad la moderación”.

Busca la justicia, busca al Señor, busca su Reino, y te encontrarás hijo de una humanidad nueva, hijo de “un pueblo, que no comete maldades ni dice mentiras”. Tal vez por esto solo ya se te pueda decir dichoso.

Luego el profeta habla de pan y de paz, que no faltarán al pueblo de los que buscan al Señor: “Pastarán y se tenderán sin sobresaltos”. «Dichosos ellos», sugiere entonces a tu mente el corazón.

Jesús de Nazaret lo dijo de otra manera: “Buscad sobre todo el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura”. Antes había dicho: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. «Dichosos ellos», porque el Reino de Dios les pertenece. «Dichosos ellos», porque Jesús –la gracia, la libertad, la vida, el Reino-, ha venido para ellos.

Bajo el sol de Galilea, Jesús es la evidencia corporal de las bienaventuranzas: Él es de los pobres; lo es cuando enseña, lo es cuando cura, lo es cuando muere: ¡Dichosos los pobres!

Ahora la misión de Jesús es misión de la Iglesia. Ella, en su cabeza, ha sido ungida por el Espíritu y ha sido enviada para llevar a los pobres la buena noticia, para ser Iglesia de los pobres cuando enseña, cuando cura, cuando muere, siempre cerca de ellos, siempre tan desvalida y tan de corazón entre ellos como lo estuvo Jesús.

Bajo la cruz:

Pero necesitamos poner las bienaventuranzas bajo otra luz, proclamarlas bajo la cruz, en las horas de agonía de Jesús, cuando las tinieblas vinieron sobre toda la tierra.

“Los que pasaban, lo injuriaban, y meneando la cabeza, decían: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz»”. “Confió en Dios, que lo libre, si es que lo ama, pues dijo: «Soy Hijo de Dios»”.

En esa hora de nona, de rodillas ante Cristo crucificado, silabea las palabras del Maestro en la montaña: “Dichosos los pobres… dichosos los sufridos… dichosos los que lloran…”.

Tú las dices de rodillas buscando en ellas consuelo.

“Los que pasaban”, las dirían meneando la cabeza y blasfemando.

Bajo el sol de Galilea, las bienaventuranzas desvelaban el secreto de la mirada de Dios sobre los pobres. Bajo la cruz, las bienaventuranzas nos acercan al misterio de la mirada de Dios sobre su Hijo.

Bajo otro sol, bajo otra cruz, en otra hora de tinieblas:

Amadou relata así la muerte de su compañero sucedida en el domingo 23 de enero: “Habíamos estado cuatro días al borde del mar esperando montar en la zódiac para irnos a España. Decidimos volver al bosque porque no podíamos aguantar más. Estábamos sin comer, escondidos y hacía un frío tremendo. Cuando volvíamos comenzó a sentirse mal, cansado. Al llegar a una zona del bosque se tumbó en el suelo y dijo que no podía más, se quedó allí encogido, con sus manos sobre las rodillas como un bebé y nos dimos cuenta de que dejó de respirar. No lo había soportado” (Tomado del blog Pandoras invisibles).

Necesitamos, Jesús, tus bienaventuranzas; necesitamos oírlas “al borde del mar”, en los claros del bosque, en ese camino, “hecho de cadáveres”, por el que transitan los parias de nuestro mundo; necesitamos oírte y verte, Jesús, en quien “muere de sufrimiento”; necesitamos recordar que tú eres de los pobres.

Los ojos van de tu cruz a este calvario, y el corazón aprende a creer que hay esperanza, también para los muertos: “Dichosos los pobres… dichosos los sufridos… dichosos los que lloran…”.

Feliz domingo.

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Palabra de Misión: Bienaventurados los que cambian el mundo / Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A – Mt. 4, 25 – 5, 12 / 30.01.11



Las bienaventuranzas son uno de los textos evangélicos que más líneas han suscitado en el mundo y en la historia. Se las aborda espiritualmente, para rezar con ellas, como modelo de vida cristiana, como propuesta social, como utopía del Reino, como reinterpretación del Antiguo Testamento, como novedad jesuánica, como programa misionero. Se llega a ellas desde distintas fuentes y distintas perspectivas. Algunos buscan, sinceramente, su significado último y su referencia al resto de la vida de Jesús. Otros, por el contrario, buscan la manera de endulzarlas y desprenderlas de su contexto para que digan lo que ellos quieren que digan. Algunos predicadores han conmovido y movido a la conversión a multitudes a partir de este texto. Otros han justificado órdenes sociales injustos con la promesa de que al sufrimiento de hoy, Dios lo quiere para retribuirlo en el futuro. Las bienaventuranzas son un texto fácil y complicado, pero ciertamente, se trata de unas líneas que no dejan a nadie en punto neutral.

La reconstrucción de la historia del origen de estas palabras es discutida. Además de Mateo, es Lucas quien las conserva. Obviamente, hay diferencias entre ambos. Mientras Lucas sitúa el discurso de Jesús en un llano (cf. Lc. 6, 17), para Mateo es en un monte. Lucas enumera cuatro bienaventuranzas (cf. Lc. 6, 20-23) a las que corresponden cuatro malaventuranzas (cf. Lc. 6, 24-26), mientras que Mateo enumera ocho o nueve (de acuerdo a la clasificación del estudioso de turno) sin las malaventuranzas. Y, quizás, la discordancia que más debate genera es que Mateo habla de pobres en espíritu cuando Lucas se refiere, directamente, a los pobres. Algunos biblistas sostienen que lo primero en existir fue una colección de logias, o sea, una colección de palabras, sentencias y frases de Jesús, probablemente recopilados en lengua aramea, reunidos a partir de tradiciones orales sobre sermones del Maestro o discusiones con fariseos. Esas colecciones habrían sido fuente para los capítulos 5 al 7 de Mateo y para el sermón de la llanura de Lucas, ambos escritos en griego. Según esta hipótesis, más allá del paso del tiempo, tendríamos a nuestro alcance secciones medulares del mensaje del Jesús histórico. Quizás, una especie de resumen de su Evangelio del Reino. No podemos aseverar que las bienaventuranzas fueron dichas todas juntas. Puede que, en distintos momentos de su existencia, Jesús haya sentenciado quiénes eran los bienaventurados de su Padre, y luego, las comunidades fueron agrupando estas sentencias hasta formar el conjunto que tenemos actualmente. Recordemos que hay más bienaventuranzas sueltas en los textos de Mateo (cf. Mt. 11, 6; Mt. 13, 16; Mt. 16, 17; Mt. 24, 46) y de Lucas (cf. Lc. 1, 45; Lc. 7, 23; Lc. 10, 23; Lc. 11, 28; Lc. 12, 37.43; Lc. 14, 14-15). Esto nos da el indicio de que Jesús utilizaba la expresión con una cierta frecuencia que llevó a los autores evangélicos a reproducirla.

Ahora bien, al focalizarnos en Mateo, tenemos que ampliar la mirada hacia la estructura general de su libro, para comprender qué papel juegan las bienaventuranzas en el sitio que les ha correspondido en la redacción final. Indagando el Evangelio, podemos determinar cinco secciones que coinciden en su frase inicial, en su frase final, y en la modalidad del contenido (discursivo a modo de enseñanza). Estas secciones comienzan, respectivamente, en Mt. 5, 2; Mt. 10, 5; Mt. 13, 3; Mt. 18, 3 y Mt. 24, 2, con alguna variante del verbo decir: y abriendo su boca, les enseñaba diciendo; y les ordenó, diciendo; y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo; y dijo; tomando entonces la palabra, Él les dijo. A la par, cada sección culmina, respectivamente, en Mt. 7, 28; Mt. 11, 1; Mt. 13, 53; Mt. 19, 1 y Mt. 26, 1 con la misma construcción gramatical: y sucedió que cuando Jesús terminó estas palabras; sucedió que cuando Jesús terminó de dar instrucciones; y aconteció que cuando Jesús hubo acabado de decir estas parábolas; y aconteció que cuando Jesús hubo acabado estas palabras; aconteció que cuando Jesús terminó todas estas palabras. De esta forma, el autor delimita cinco discursos de Jesús que enseña sobre algún tema. El primer discurso (Mt. 5, 2 – 7, 28) es el conocido sermón del monte, con una enseñanza para la vida cotidiana, sobre las actitudes cristianas. El segundo discurso (Mt. 10, 5 – 11, 1) es misionero, son las instrucciones para los discípulos enviados. El tercero (Mt. 13, 3 – 13, 53) es el discurso de las parábolas, en definitiva, el discurso sobre el Reino de Dios. El cuarto discurso (Mt. 18, 3 – 19, 1) es eclesiológico, dirigido hacia la comunidad y sus relaciones, su manera de vivir y de ser Iglesia. Finalmente, el quinto discurso (Mt. 24, 2 – 26, 1) es escatológico, es el pequeño apocalipsis sinóptico con el agregado mateano de las parábolas afines al tema tratado y la imagen del juicio final a las naciones. Estos cinco discursos emulan a los cinco rollos (libros) que conforman la Torá (nuestro Pentateuco): Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Para la tradición judía, fue Moisés el autor de los cinco libros. Por lo tanto, siguiendo la temática de sus primeros capítulos, Mateo está asegurando que Jesús es el nuevo Moisés, el nuevo pastor y guía de su pueblo, Israel. Por eso, a diferencia de Lucas, el sermón es dado desde el monte, y no desde el llano. Como Moisés que sube al monte Sinaí para recibir las tablas (cf. Ex. 19, 10-20), Jesús sube al monte (no se especifica cuál, justamente para reforzar el simbolismo) para dar la nueva ley, la ley del Reino. La diferencia es que Moisés le da la ley a Israel solamente, pero Jesús la universaliza, según Mt. 4, 25 que nombra a multitudes que vienen de la Decápolis y de la Transjordania, territorios gentiles.

Las bienaventuranzas, por ende, son mensajes universales. Están arraigadas en el Antiguo Testamento, en el lenguaje judío, pero se expanden hacia todos los varones y mujeres del mundo. Son una utopía, un deseo y un aliento que no se queda entre pocos, de manera elitista. Las bienaventuranzas son universales. Lo que debe quedar claro es que, a pesar de dirigirse a todos, no todos pueden ser abarcados en ellas. No todos están dispuestos a tomar el modelo que ofrecen. ¿Y cuál es este modelo? Recordemos que están incluidas en el discurso sobre la actitud de vida cristiana. Esta actitud, según los capítulos 5 al 7 de Mateo, se fundamenta en una ley de amor que entiende la religiosidad como una manera de afrontar la existencia teniendo presente a Dios en lo cotidiano, más allá de ritualismos y cultos que pueden enmascarar una hipocresía social. Por lo tanto, las bienaventuranzas se han de leer y comprender desde esta perspectiva de amor. ¿Son un mensaje de opio para los pueblos? ¿Son una invitación a mantener las situaciones injustas hasta que llegue el final de los tiempos con la resolución de Dios? De seguro que no. Ya de entrada, la primera de las bienaventuranzas está en tiempo presente. De los pobres en espíritu es hoy mismo el Reino de los Cielos (recordamos que, en lenguaje de Mateo, Reino de los Cielos es el equivalente al Reino de Dios de los otros evangelistas). No es una promesa para mañana, sino una constatación de la realidad. ¿Y cómo entender, entonces, a los pobres en espíritu? En esta frase, la traducción es fundamental. Usar la palabra alma, por ejemplo, como traduce la versión litúrgica, es un error gravísimo. El concepto que expresa el texto no tiene nada que ver con el alma. En griego, los manuscristos dicen ptochos pneuma. El ptochos es el pobre más pobre, el que está obligado a mendigar por su pobreza. Pneuma es el término para el espíritu; en este caso, para el espíritu del ser humano, o sea, para su fuerza vital, para aquello que lo impulsa. No estaría mal entender, entonces, a los pobres en espíritu como los pobres por decisión propia. Son los que se hacen pobres por una opción que surge de su fuerza vital. Han elegido la pobreza, su espíritu los impulsó a ser pobres. Esto concuerda mucho más con el sermón del monte que si hablásemos de pobres espirituales. Los pobres por decisión son aquellos que han elegido el camino del hermanamiento haciéndose hermanos en la pobreza de los más desprotegidos y azotados por el sistema económico. Jesús no avala el orden social que genera pobres; esos son pobres por decisión de otros, y Jesús rechaza esa pobreza. Al contrario, considera digna del Reino a la pobreza de los que la eligen a favor de sus hermanos. De ellos es, ahora mismo, el Reino, como lo es de los perseguidos por causa de la justicia. Para ambos es la misma recompensa debido a que están conectados en su opción de vida. Luchar por la justicia y hacer pobre por los pobres es, en el fondo, una misma lucha encarada desde distintos ángulos. En la misma línea puede leerse la bienaventuranza sobre los mansos que heredan la tierra. La idea está tomada del Salmo 37, donde se habla de aquellos que heredarán la tierra en herencia: los que esperan en el Señor (Sal. 37, 9: qavah yhwh), los desposeídos (Sal. 37, 11: anaw, también traducido como mansos), los benditos (Sal. 37, 22: barak), los justos (Sal. 37, 29: tsaddeq). Como vemos, entre los que heredarán la tierra están los desposeídos, los sin-tierra, que pueden traducirse como mansos. Con la bienaventuranza, inspirada en este salmo, también se puede hacer lo mismo. Los mansos no son aquellos pacientes que no hacen nada hasta que Dios se manifieste. Son los que esperan en el Señor, confiados y activos. Estos que esperan son, sobre todo, personas que no tienen tierra, que se las han quitado, que las tuvieron que vender, que se endeudaron con ellas. Pues bien, Dios les dará la tierra, porque la tierra es de Dios, y todos tienen derecho a la porción que les dé comida y sustento.

¿Se puede seguir sosteniendo que las bienaventuranzas avalan el orden social injusto y lo justifican? Claramente que no. La actitud de vida del cristiano es modificar la injusticia para que el Reino que conocen los que luchan por la justicia y los que se hacen pobres por opción, sea una realidad para los desposeídos, los que lloran, los afectados por la iniquidad, los misericordiosos, los de corazón puro y los que trabajan por la paz.

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Homilías y Reflexiones para el IV Domingo del T.O. (Mt 5,1-12a) - Ciclo A:


Publicado por Iglesia que Camina

LA FELICIDAD, ¿DÓNDE ESTÁ?

¡Qué difícil resulta hablar hoy de la felicidad! En cambio, lo más fácil es hablar del placer de los sentidos. Pero placer y felicidad no coinciden. Puede uno disfrutar de muchos placeres y, sin embargo, no ser feliz. Y puede ser feliz sin demasiados placeres.

El placer pertenece más al cuerpo: una buena comida, una buena cena con los amigos, una buena tarde de fútbol. Pero terminada la comida o la cena, uno vuelve a quedarse a solas consigo mismo, con su vacío o con sus preocupaciones. Incluso con la preocupación de lo que ha gastado y que lo necesita para vivir el resto de la semana.

En cambio, la felicidad es mucho más íntima, más profunda. La felicidad no está a flor de piel, sino que tiene sus raíces en el corazón. Por eso mismo las bienaventuranzas ponen la felicidad patas arriba. Se puede ser feliz siendo pobre, careciendo de muchas cosas superfluas. Se puede ser feliz luchando por los demás, para que los demás tengan lo suficiente para vivir. Se puede ser feliz poniendo un granito de arena para que en el mundo reine la paz. Hasta se puede ser feliz siendo perseguido por causa del Evangelio porque eso de dar la vida por algo que vale la pena es siempre una razón para dar sentido a la vida.

Nos hace felices, no el aparentar lo que no somos, sino siendo nosotros mismos.
Nos hace felices, no tanto el acaparar y estar sufriendo cada día el cambio de la Bolsa o la devaluación del dólar, sino el compartir lo que tenemos con el que no tiene.
Nos hace felices, no tanto el salvar nuestro pellejo huyendo del compromiso y la confesión de nuestra fe, sino el ser juzgados y hasta condenados por nuestra fidelidad al Evangelio el testimoniarlo y dar la cara por Dios..
No nos hace felices mandar sobre todos, sino sentir el amor de todos y que los demás se siente mejor porque se sienten amados y valorados por nosotros.

La felicidad no nos la regala el pecado. El pecado puede ser un momento de placer. Lo que sí nos hace felices es poder mirar a los ojos de la esposa y los hijos siendo fieles a nuestro compromiso.

Hay la felicidad del mundo que se llama placer y hay la felicidad que brota del corazón fruto de la experiencia de la gracia, de sentirnos amados por Dios, de saber que para Dios somos importantes. Yo me pregunto, ¿he sido más feliz cuando pequé o cuando el Señor me ha regalado el don del perdón? Y te pregunto, ¿eres más feliz con tu corazón lleno de resentimiento o cuando amas a todos y tienes para todos un sitio en tu corazón? ¿Eres feliz cuando mientes o cuando vives en la verdad? ¿Eres feliz cuando juegas sucio y tienes miedo a ser descubierto o cuando juegas limpio y sabes que tu vida está en regla?




LIBRES Y FELICES

“Jesús no nos libera de unas leyes para ponernos otras leyes más perfectas o más fáciles de cumplir (es esa idea tan extendida de la “manga ancha”; la moral cristiana no es de “manga ancha” sino que es fundamentalmente de seguimiento de Cristo). Jesús nos libera definitivamente. Ese esquema del Antiguo Testamento está muerto… ¡Sed felices, dichosos y libres! La moral cristiana es un seguimiento sereno y feliz, un seguimiento libre y liberador de Cristo (Häring). No caigamos, como hemos caído, en una moral de pura ley, cuyo único valor es cumplir para tapar la boca a Dios de modo que no tenga nada que echarnos en cara; una moral mezclada de contabilidad bancaria. Las bienaventuranzas, la ética cristiana nos invita a ser libres y felices.” T. Muro Ugalde, “La verdad es libre”

Cuándo será que nuestra moral se convierta en el buen anuncio de una vida nueva y feliz y no en esa carga que tenemos que aguantar y soportar; en el anuncio de que los demás son importantes; en el anuncio de que nosotros podemos cambiar el mundo; en el anuncio de que las utopías del Reino de Dios son posibles.

¿Cuándo será que secar las lágrimas de los que sufren nos haga felices?
¿Cuándo será que gastar nuestras vidas para que los demás sean reconocidos en sus derechos humanos como personas nos haga felices?
¿Cuándo será que el dar la cara por el hermano y por el Evangelio, aunque nos cause problemas, nos haga felices?

Eso es ser cristiano y eso es ser feliz.
Feliz según Dios, aunque no siempre según los hombres.





NO MATES LA ALEGRÍA

No mates la alegría que hay hoy en ti, recordando las penas de ayer. Aquellas penas ya las sufriste. Hoy goza de la alegría que la vida te regala este nuevo día que es diferente al de ayer.
No mates la alegría que hay hoy en ti, pensando en los malos días que puedan venirte. El sol que hoy te calienta no volverá, pero hoy necesita calentar y fecundar las semillas de la vida que llevas dentro. El futuro vívelo mañana, pero hoy vive el presente.
No mates la alegría que hay hoy en ti, con recuerdos del pasado. La vida no se vive más que una vez. ¿Por qué te empeñas en vivir dos veces los días sin luz? ¿No te das cuenta de que la luz ya volvió a lucir dentro de ti?
No mates la alegría que hay hoy en ti porque te has vuelto a reconciliar y reencontrar con Dios en el Sacramento de la Penitencia. ¿Por qué seguir recordando los pecados de ayer, que Dios ya tiene olvidados desde que te los perdonó?
No mates la alegría que hay hoy en ti, con las malas noticias que te han dado. ¿Por qué no esperas un poco y miras a tu alrededor? ¿No ves que también hoy hay buenas noticias para ti en la vida?
No mates la alegría que hay hoy en ti porque las alegrías de hoy son nuevas, diferentes a las de ayer y a las de mañana. Si en vez de vivir las alegrías de hoy estás pensando en las de mañana, mañana pensarás en las de pasado mañana y así nunca vivirás la única alegría posible de tu vida, la de hoy.
No mates la alegría que hay hoy en ti, pero tampoco mates la alegría que hay en los demás. Si has de decirles algo desagradable y no es de urgencia, espera a otro día. Déjales que sean felices hoy.




UN FRACASO NO ES EL FINAL

Muchos piensan que un fracaso es el final del camino. ¡Cuántas vidas que se han quedado achatadas precisamente por un fracaso! ¿Vemos un poco la historia?

Severo Ochoa, Premio Nobel de Medicina, suspendió dos veces en sus estudios de Medicina.
Al filósofo Balmes le suspendieron en Matemáticas. Ramón Gómez de la Serna y a Azorín, famosos escritores, fueron suspendidos en Literatura. García Lorca tuvo un jalado en Lengua Española.

El caso más llamativo todavía fue el de Einstein, sus biógrafos cuentan que de muchacho fue un tanto retrasado A los tres años no sabía hablar, sólo algunas palabras y para colmo, mal pronunciadas hasta el punto de que sus padres estaban ya convencidos de tener un hijo deficiente mental y hoy lo consideramos como uno de los fundadores de la ciencia moderna.

Ya ven, un fracaso nunca es el final de un camino. Los padres no pueden desesperarse porque su hijo haya tenido un fracaso. Al contrario, deben aprovecharlo para levantar el ánimo de su hijo y decirle que el camino es muy largo y por delante quedan muchas posibilidades.

Ni los jóvenes han de caer en la desilusión ni renunciar a un futuro que puede ser promisorio. Los fracasos no pueden detener nuestra marcha ni marchitar nuestras ilusiones. Al contrario, deben ser un motivo más para el esfuerzo y la lucha. Por algo dice la canción: “Un fracaso más, ¿qué importa?”





¿USTED REZARÍA ESTA ORACIÓN?

Pues es una de las oraciones de Santo Tomás Moro. Alguien la titula “Oración para pedir el humor”. Es que algunos se han empeñado en usar cara de cuaresma. Es que se imagina que Dios nos quiere ver siempre con dolor de estómago y amargados. Pues aquí va la oración de Tomas Moro. Espero que alguien quiera hacerla suya:

“Señor, dame una buena digestión
y, naturalmente, algo que digerir.
Dame la salud del cuerpo
y el buen humor necesario para mantenerla.
Dame un alma sana, Señor,
que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro
de modo que, ante el pecado, no me escandalice,
sino que sepa encontrar el modo de remediarlo.
Dame un alma que no conozca el aburrimiento,
los rencores, los suspiros ni los lamentos.
Y no permitas que tome demasiado en serio
esa cosa entrometida que se llama “el yo”.
Dame, Señor, el sentido del humorismo
para que sepa sacar un poco de alegría a la vida
y pueda compartirla con los demás”.

¿Te animas a orarle a Dios no pidiendo cosas sino el buen humor, la capacidad de reírte, de contar un chiste? Yo estoy seguro que Dios tiene que estar aburrido de la seriedad de nuestra oración, algo así como si siempre tuviésemos úlceras en el estómago. Dios no nos dice “sean ustedes tristes”, sino “dichosos, felices ustedes”. Y para colmo nos dijo a última hora: “Mi alegría os dejo.”

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Las bienaventuranzas camino de felicidad


Por José Larrea Gayarre
Domingo, 4º del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 30 de enero

Hemos escuchado la página de Mateo de las bienaventuranzas, Jesús comienza a señalar el camino de nuestro seguimiento a Él. Proclama dichosos a los pobres, a los sufridos, a los que lloran, a los que trabajan por la justicia...¿cuál es el sentido de considerar felices a las personas que le siguen?, ¿cómo vivir el ideal propuesto por Jesús?.

Lo primero que hay que decir, es que Jesús conoció y vivió plenamente los problemas de las gentes con las que convivía, fue pobre y sufrido, fue misericordioso y limpio de corazón, trabajó por la paz y la reconciliación, fue perseguido y murió por causa del bien y por amor al hombre. Las bienaventuranzas son la mejor descripción de su vida. Jesús habla desde su propia experiencia personal, quiere que de algún modo compartamos.

Nosotros hoy día, disponiendo de información suficiente, podemos conocer la pobreza de nuestro mundo, la pobreza lejana y de la de aquí, los que sufren con dureza las grandes desgracias e injusticias. Se puede afirmar, que a pesar de las crisis actuales, no tiene sentido en buena conciencia ética la existencia de la pobreza, el que la mayor parte de la población mundial carezca de lo necesario para vivir con dignidad; sabemos que en nuestro mundo hay recursos suficientes para cubrir las necesidades de una vida digna para toda la población existente. Otra cosa es que nos sintamos de alguna manera implicados en la existencia de tanto sufrimiento, o tratemos de olvidarlo.

No puede agradar a Dios el espectáculo que estamos dando en el mundo desarrollado ante el sufrimiento de pueblos, de continentes enteros. Dios nuestro Padre, no quiere que exista así la pobreza, el sufrimiento. Dios ama a todos sus hijos.

Las palabras de Jesús de hoy hemos de escucharlas como una llamada, una invitación a hacernos pobres, no para quedarnos sin lo necesario para vivir con dignidad, sino para construir una sociedad, un mundo en el que no haya pobres. Son una palabra buena que nos invita a asumir, que el camino que Dios ha pensado para nuestra verdadera felicidad es esta propuesta de solidaridad con los más débiles, que ha de ser expresión social del auténtico amor con los que sufren, participando del Espíritu de Jesús. Las bienaventuranzas son una llamada a abandonar nuestro error de pensar que la ambición y el deseo de tener cada vez más es el culmen del goce humano, son una denuncia de nuestras mezquindades, son ante todo una oferta del gozo que ofrece el Reino de Dios.

Jesús no enunció las bienaventuranzas en forma de ley, son una invitación que ofrece para todo aquel que decida seguirle, no sólo para una minoría. Las bienaventuranzas son la proclamación del espíritu y de las actitudes de quienes opten por seguir a Jesús en la construcción de su Reino, tal como Él ha pensado para ser realidad entre nosotros.

Por todo ello, la pobreza hay que verla en la dimensión del Reino de Dios: el pobre es un ser necesitado de justicia. Dios ha querido hacerse presente entre nosotros defendiendo la suerte de los injustamente maltratados. La razón de privilegio de los pobres consiste en que son pobres y oprimidos y sufren. Los pobres son felices porque son los llamados a responder al deseo de Dios, llamados a salir del sufrimiento de su pobreza, de esa realidad que Dios no quiere. Son pobres porque existe una injusticia, son la consecuencia de una injusticia y Dios no puede aceptar una situación de injusticia entre los hombres que los haga desgraciados. Serán felices, plenamente felices, son bienaventurados!

Así insinúa Jesús que el comienzo de su Reino se hace visible por la acción de los que ya le siguen, es el compromiso de los pobres de espíritu, de todos los que se unen al clamor de los pobres de todo el mundo que piden su liberación, son ellos, los pobres, los protagonistas de su liberación, los que están iniciando el reinado de Dios, que se ve ya despuntando en la humanidad, que anuncia la llegada de la solidaridad, de la práctica de la verdadera justicia, de la relación filial con Dios que nos trae Jesús, que es el fundamento de la verdadera fraternidad, de la profunda alegría de nuestro espíritu.

Hemos de asumir las ocho bienaventuranzas, a las bienaventuranzas que anuncian que son felices los que lloran, los que tiene el corazón limpio de odios y egoísmos, siguen las bienaventuranzas que anuncian la felicidad de los que tienen misericordia, de los que trabajan por la paz, de los perseguidos por implantar justicia en este mundo. Son las bienaventuranzas de los comprometidos por cambiar la dura realidad que viven y hacer presente el reino de Dios aquí y ahora, de los comprometidos por la paz y la solidaridad, por la paz y la reconciliación, por la firmeza en la persecución.

Hermanos, es ya hora de que la comunidad cristiana sienta esta llamada de Jesús, y se decida a continuar lo que Él inició, que el Reino de Dios se haga presente ya entre nosotros, que se haga presente fraternidad de una humanidad en la que desaparezca todo tipo de exclusión, de miseria, de hambre, de incultura, Tengámoslo bien claro, Dios ama a los pobres, por eso no quiere que haya pobres; por eso serán dichosos los que deciden dedicarse a construir un mundo en el que no haya pobreza, porque el mundo de hermanos es el mundo en el que Dios será Padre de todos.

Seamos serios para discernir cuáles son en cada caso las características de la pobreza para poder liberar a quienes sufren de ella, en los que sufren hoy pobreza lejos de nosotros y cerca. Los emigrantes que llegan y sus familiares que quedan sufriendo en sus países, en continentes enteros donde el quitar el hambre, conseguir una escuela, un trabajo, llevar a un niño moribundo al cuidado médico es un sueño...; y también pensemos en nuestros marginados, en los que sufren el paro, en los ancianos desatendidos, tal vez vecinos nuestros, y tantos…la pobreza cercana tiene causas que podemos remediar de algún modo directo nosotros, los que vivimos aquí, sin mayores compromisos sociales.

Pero también sabemos que la pobreza tiene hoy en nuestro mundo causas estructurales que dependen de decisiones que se toman en instituciones públicas y centros de poder en todos los niveles, locales, nacionales, internacionales en los cuales los individuos, nosotros, tenemos responsabilidad con nuestro voto democrático, donde exista, con nuestro criterio, con acciones responsables en instituciones y organizaciones en las que podamos estar presentes, que obliguen a pensar y a actuar a los que toman las decisiones, para erradicar la gran vergüenza de nuestro mundo supertecnológico, superindustrializado: la depauperación y la muerte mísera por hambre de masas enteras a las que a veces se reprime y se olvida de modo cínico e inicuo. Esperemos que en los grandes foros que celebran los poderosos piensen en la pobreza del mundo y se tomen decisiones decisorias, que lleguen por fin a cumplirse.

Convenzámonos de que la felicidad de la que habla Jesús es el resultado de un amor, tan profundamente humano, que supera lo que hay en nosotros de inhumano, un amor que hemos de alcanzarlo con la fuerza del Espíritu, un amor que haga superar la pobreza, el sufrimiento de hermanos nuestros, de hijos de Dios, más fuerte que nuestros egoísmos y miserias y que nos lleva a participar del gozo de Dios. Es la verdadera felicidad.

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IV Domingo del T.O. (Mt 5,1-12a) - Ciclo A: TAL VEZ NO ESTÁ DONDE ESPERAMOS



¿Eres feliz?. ¿Cómo ser feliz?. ¿Existe la felicidad?. Son preguntas que impactan en la línea de flotación de la vida humana. Con otras palabras, son preguntas básicas. Todos buscamos la felicidad. Uno de los muchos problemas que plantea es dónde o cómo se encuentra. Un novelista francés tenía una teoría muy original. Para ser feliz -comentaba- se precisan tres condiciones: “ser imbécil, ser egoísta y gozar de buena salud. La más importante es la primera; ser imbécil”.

Jesús que vino a salvar al hombre no podía marginar, orillar, suprimir este capítulo. Al final, la historia de la salvación se centra en que los seres humanos seamos felices. Y nos dejó su pensamiento, su concepción de la felicidad en las bienaventuranzas. Nueve afirmaciones que empiezan por la expresión “felices”, “dichosos”. Pero no cabe duda que Jesús nos deja una vez más desconcertados. Se opone a lo que piensa, a lo que estima la sociedad. Si Jesús nos dice bienaventurados los pobres, los misericordiosos, los que luchan por la paz, los que tienen sed de justicia, los limpios de corazón, los que son perseguidos por la causa de Cristo, el mundo va en otra dirección. Hace ya algunos años la imagen de la felicidad la protagonizaba un señor en traje de baño sentado en una hamaca en una playa caribeña, con un refresco sofisticado delante y acompañado de una bella nativa. No creo que haya cambiado mucho este icono.

Supongamos que un domingo, día en que tanta gente sube al Pagasarri, allá en la cumbre, alguien, que pudiera ser Jesús u otro, exclamara “bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” y así ocho artículos más. ¿Cómo reaccionarían los oyentes?. La modernidad y la postmodernidad nos hablan de que para ser feliz hay que vivir el dicho latino “Carpe diem”, esto es, atrapa el presente, saborea, aprovecha el ahora. Tendemos a valorar lo que aprecia la sociedad. En esta línea destacan el dinero, el poder, la salud, la popularidad, el amor (entendido a su manera). Podríamos hacer una pregunta: ¿nos convence más la sociedad, la Iglesia actuales o una Iglesia “pobre de espíritu y de corazón sencillo que actúa sin prepotencia, ni arrogancia, sin riquezas ni esplendor, sostenida por la autoridad humilde de Jesús”?. Las personas ¿serían más felices en nuestra sociedad, en nuestra Iglesia actuales o en una Iglesia, en una sociedad “de corazón limpio y conducta transparente, que no encubre sus pecados ni promueve el secretismo o la ambigüedad?”. Sospecho que la mayoría se inclinará por las segundas, amasadas con la levadura de las bienaventuranzas.

Para Jesús la pobreza-miseria no es el ideal de vida, ni la pobreza por necesidad, la pobreza que hace llorar a la gente. Predicar esta pobreza sería una burla a los pobres. Las bienaventuranzas constituyen una síntesis de la vida cristiana y son una de las páginas más conocidas del evangelio, pero quizá no de las más practicadas.

Resumiendo diría que las bienaventuranzas no son una declaración de intenciones, que Jesús las vivió y no solo las predicó, que hay gente -posiblemente poca- , que camina por nuestras aceras que las viven y las viven con alegría, que tanto la pobreza, como la paz, como la misericordia, como las otras virtudes, que Jesús proclama en las bienaventuranzas no son sencillas de interpretar, que Jesús no recomienda una pobreza que hiere, una pobreza que hiela la sonrisa, al contrario, aconseja luchar contra ella. La pobreza que desea Jesús genera generosidad, austeridad, libertad, solidaridad.

También declara Jesús felices los que trabajan por la paz. Precisamente hoy, 30 de enero, con el recuerdo del asesinato de Gandhi, celebramos el día de la no-violencia y de la paz. Todos tenemos algo que aportar en este capítulo. No descarguemos toda la responsabilidad en hombros ajenos.

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Noticias Misioneras del Mundo: 29 de Enero de 2011


* Preocupación de los obispos españoles por la persecución de los cristianos en el mundo
* 400 años de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Manila
* La vida de un capuchino que impulsó las misiones en el Pacífico
* Presentación en Roma del libro "Pontificio Colegio Español de Roma. Aproximación a su historia"
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Preocupación de los obispos españoles por la persecución de los cristianos en el mundo
OMPRESS-MADRID (28-1-11) Hoy 28 de enero los obispos de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española han tratado un asunto que causa gran preocupación a la Iglesia en España como es la persecución de los cristianos en el mundo.
En una nota final, los obispos recuerdan “los atentados cada vez más frecuentes y sangrientos que sufren diversas comunidades cristianas en varios lugares del mundo. Se ha asesinado a decenas de personas indefensas precisamente en el momento en que se encontraban reunidas en lugares sagrados para actos de culto, como en la catedral siro-católica de Bagdad o en un templo de la comunidad copta de Alejandría, por mencionar sólo dos casos más notorios y recientes. ‘Los cristianos - según palabras del Papa Benedicto XVI en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año, reiteradas en su discurso al cuerpo diplomático el pasado 10 de enero - son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe’.
Señalan además que “ante esta situación, los Ministros de Asuntos Exteriores de Hungría, Italia, Francia, Polonia y Alemania han solicitado que en la agenda del Consejo de Ministros de Exteriores de la Unión Europea, que tendrá lugar el próximo día 31, se incluya la cuestión de la persecución de los cristianos en el mundo y de las medidas que se hayan de tomar en orden a la efectiva protección de sus derechos fundamentales, cuales son el derecho a la vida y al ejercicio seguro de la libertad religiosa.”
Por último, los obispos “ruegan a los fieles católicos que sigan orando por las comunidades cristianas perseguidas y por la libertad religiosa de todos, allí donde este bien esencial para la paz y la convivencia humana no existe o está compro-metido. Al mismo tiempo han pedido al Gobierno de España que se sume a la petición mencionada de otros gobiernos de Europa. Será un paso importante que agradecerán no sólo los católicos españoles, sino también - con toda seguridad - todos los ciudadanos amantes de la dignidad humana y del derecho”

400 años de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Manila
OMPRESS-FILIPINAS (28-1-11) Hoy, festividad de Santo Tomás de Aquino, se celebra el IV centenario de la Pontificia Universidad de Santo Tomás en Manila, Filipinas, con la presencia del cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la congregación para la Educación Católica.
La Universidad de Santo Tomás es la más antigua de Asia y en términos de alumnado la universidad católica más grande del mundo en un único campus.
Esta institución se estableció gracias a la iniciativa del obispo misionero Miguel de Benavides, dominico y tercer arzobispo de Manila, en 1611. De hecho, su biblioteca personal fue el núcleo de la actual biblioteca de la Universidad. Durante los años que siguieron decenas de misioneros dominicos españoles fueron destinados a esta Universidad.
En reconocimiento a este obispo misionero, frente al edificio principal de entrada a la Universidad se encuentra una estatua dedicada a él desde 1891.

La vida de un capuchino que impulsó las misiones en el Pacífico
OMPRESS-BARCELONA (28-1-11) El libro dedicado al fraile capuchino Joaquín M. de Llavaneres, hermano del Cardenal José de Calasanz Vives y Tutó (1854-1913), se presentará el próximo 13 de febrero en la iglesia parroquial de la localidad de Llavaneres. El autor de esta biografía es fray Valentí Serra de Manersa y está ilustrado con fotografías de Joan Devesa, vecino también de Llavaneres.
“El caputxí Joaquim M. de Llavaneres”, semblanza biográfica y su proyección internacional, ha sido publicado por el Museo-Archivo “Vives i Tutó” y la parroquia Sant Andreu de Llavaneres. La presentación estará a cargo del delegado de la Universidad de Girona, Joan Ferrer i Costa y el provincial de los capuchinos, fray Jacint Duran Boada, dará por concluida dicha presentación.
El padre Joaquín de Llavaneres fue el gran impulsor de las misiones capuchinas en el Pacífico entre 1886 y 1915. Estas misiones englobaban las misiones capuchinas de las islas Filipinas, Carolinas y Guam. Ministro provincial de la provincia capuchina de Castilla, procurador general de misiones, gracias al padre Joaquín se puso, en 1888, la primera piedra del Colegio para misioneros de ultramar, como se decía en aquella época, de Nuestra Señora del Buen Consejo de Lecároz, en el valle navarro de Baztán.

Presentación en Roma del libro “Pontificio Colegio Español de Roma. Aproximación a su historia"
OMPRESS-ROMA (28-1-11) El próximo sábado, 29 de enero se celebra la memoria litúrgica del beato español, Manuel Domingo y Sol, fundador de la “Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos” y del Pontificio Colegio Español “San José” de Roma que en el últimos siglo ha sido una de las instituciones eclesiales que más ha contribuido a la formación de un número notable de sacerdotes de todas las diócesis de España, así como de otras naciones. Abrió sus puertas en 1892 y desde entonces han pasado por él más de 3.000 estudiantes.
Con motivo de esta celebración, hoy viernes, 28 de enero a las 6 de la tarde tendrá lugar la presentación del libro “Pontificio Colegio Español de Roma. Aproximación a su historia”.

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viernes 28 de enero de 2011

Comentario Seglar al Evangelio del 30 de Enero de 2010

Publicado por Ciudad Redonda




NOTAS BÍBLICAS
(por equipo coordinador, con asesoramiento de un biblista)
Jesús enseña sentado a sus discípulos en un monte. El lugar evoca el Sinaí, donde Moisés recibió la Ley; Jesús da la nueva Ley.
Por primera vez se usa el término "discípulo", después de las llamadas a los cuatro primeros.
Las fórmulas de bienaventuranzas declaran quién es una persona honorable, lo cual en la sociedad de antes era algo fundamental.
En las primeras cuatro bienaventuranzas, Dios se porte de parte de aquellos que sufren marginación por parte de la sociedad; y en ese sentido son felicitados. No se dice que sean felices en esa situación, sino que Dios quiere cambiar su situación.
En las siguientes cuatro bienaventuranzas, Dios también felicita a aquellos cuyo comportamiento les alejan de los injustos y trabajan por cambiar el estado de las cosas.
Así propiamente terminan las bienaventuranzas, que empiezan y acaban con la mismas fórmula: porque de ellos es el Reino de los cielos. Las promesas de las demás bienaventuranzas expresan dimensiones de lo que implica poseer el Reino: heredar la tierra, ver a Dios, etc.
La novena bienaventuranza es una repetición de la octava dirigida directamente (está en segunda persona del plural, no como las demás) a los lectores originarios de Mateo, que en aquellos tiempos pasaban por períodos de persecución.

DESDE EL TRABAJO
(hombre, casado, con una hija, el matrimonio pertenece a movimiento cristiano)
"Al ver al gentío, Jesús subió a la montaña". Al ver al gentío en búsqueda de algo más auténtico, sincero, profundo... Al ver a la multitud en búsqueda de "otra" felicidad... Al ver a la multitud Jesús inicia un camino y luego se sienta para hacer lo que a Él le corresponde. Sin embargo, a veces nosotros al ver a la multitud de gente con la que compartimos nuestro día a día en el trabajo, huimos de nuestra responsabilidad como discípulos, mensajeros de la Paz y de la Alegría.
Cada día tengo a mi alrededor gente que huye, que tiene miedo, que inicia un camino nuevo, que está "quemada", que no aspira a nada mejor, que asume las injusticias... Es ciertamente "una multitud". ¿A qué "montaña" he de subir para que se me oiga? ¿En qué principios y valores debo "sentarme" para hablar?. Ante esa multitud yo puedo tener una palabra de verdad, de alegría, de buen humor, de cercanía, de profesionalidad, de compromiso... ¿O pasaré de largo ante la multitud?.
¡Animo! Podemos cambiar el mundo, seremos felices haciéndolo, y si sufrimos por ello: "Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo"

DESDE LOS NECESITADOS
(mujer, casada, con cuatro hijos, voluntaria de Cáritas)
Al leer este evangelio podemos sentirnos tristes al darnos cuenta que estamos lejos de poder hacerlo vida: “felices los pobres, los que lloran, los sufridos,…”
Desde mi labor en Cáritas, Dios me da la oportunidad de sentirme cercana y de acompañar a todos aquellos “dichosos”que se mencionan en esta lectura.
De esta manera, puedo experimentar cual es la verdadera felicidad de la que habla Jesús y que el hizo realidad con su vida. No es la felicidad que da este mundo, donde prima el tener sobre el ser, donde nos instruyen para pensar solo en nosotros mismos, y donde hay tantas personas que se quedan fuera del sistema porque no interesan,…
Me pregunto porqué nos costara tanto aceptar este camino hacia la felicidad que nos propone Jesús. La lógica de Dios es distinta a la nuestra. Nos negamos a a sufrir por la verdad y la justicia, a hacernos pobres de espíritu, a tener compasión con los que nos hacen daño y mucho menos a ser perseguidos, señalados e insultados por causa del evangelio.
Pidamos a Dios que seamos capaces de aprender la humildad y la confianza plena en el Padre, de los pobres que encontremos en nuestro camino.

DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio con dos hijos, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Este evangelio refresca en nosotros un compromiso adquirido, desde hace algunos años ya, en nuestra comunidad: “tener un estilo de vida bienaventurado”. Leer esta Palabra, rezar con ella, interiorizarla, supone renovar la oferta de Dios de SER FELICES en cualquier situación, ante cualquier acontecimiento. Dios está presente allí donde hay injusticias, lágrimas, dolor; pero sobre todo está presente allí donde hay alguien que lucha por la justicia, alguien que dibuja sonrisas, alguien que sana con una caricia, alguien que trabaja por la paz…
Frente a la felicidad pasajera y superficial que nos ofrece la sociedad, Dios nos invita a ser felices siempre, y ser feliz siempre es posible porque Él está con nosotros.


PARA REZAR
(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Gracias Señor y Dios nuestro porque Tú nos enseñas hoy
la mejor manera de seguirte y de ser buenos discípulos tuyos.
Gracias, Señor, porque Tú nos comprendes, nos amas
y deseas que seamos felices viviendo tu Evangelio.
Te damos Gracias porque Tú, Señor, nos llenas de esperanza
y nos ofreces respuestas claras para poder alcanzar
un estilo de vida Bienaventurado, siguiendo tu modelo de vida.
Tú, Señor y Dios nuestro, nos enseñas hoy y cada día
las actitudes que debemos tener para alcanzar la felicidad.
¡Tú, Dios nuestro, nos amas y nos bendices con tus enseñanzas!
Te pedimos, Señor, que nos ayudes a experimentar a diario,
como fruto y resultado del encuentro personal contigo,
el sistema de valores de las Bienaventuranzas que tú nos muestras.
Te pedimos, Señor Jesús de la Misericordia y Dios nuestro,
que nos des la valentía de saber dejar en cada momento
todo aquello que nos impida seguirte con fidelidad,
y danos el gozo de saber vivir cada una de tus Bienaventuranzas.
Amén.

PARA VIVIR ESTA SEMANA
(matrimonio, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
¡Qué pena, el cristiano, que conociendo esto, no intente al menos, ser feliz! No conozco ningún anuncio de televisión, ningún político, ningún famoso...que revele este gran secreto. ¡Es que esto es muy grande! Por que lo hemos experimentado, con sólo aplicar cada día una bienaventuranza a nuestra vida, nuestra paz interior hace que nuestra alma se vea henchida de felicidad. Vamos a poner unos ejemplos:
1.- Bienaventurados los limpios de corazón: ese día intentamos no pensar mal de los demás. Desterremos de nuestra mente el buscarle las posibles malas intenciones de lo que me dicen o me hacen. Todo lo hacen por que me quieren.
2.-Bienaventurados los que sufren: El Señor premia diez veces más a aquel que, a pesar del dolor, es capaz de amar al prójimo con una sonrisa, con un gesto amable, con un servicio... El premio es la paz interior, la plenitud en la felicidad.
3.- Bienaventurados los mansos: Si ese dia soy capaz de contar hasta 20 en cada situación exasperante, seguro que los demás me aguantarán mucho mejor y no meteré tanto la pata.
4.- Bienaventurados los que buscan la paz: No entres en conflictos, "abajate" si es necesario, pon la otra mejilla. Ganarás esa paz interior que tanto necesitas.
5.- Bienaventurados los pobres de espíritu. Se siente uno tan bien cuando necesita tan pocas cosas...
¡¡Qué grandísima revelación es la Buena Noticia!! Y Jesús nos la reveló para tuviéramos vida en abundancia. Pero ¡qué necios somos por no intentar aprovechar este gran secreto!... Esta es la "hoja de ruta", si queremos seguirla, tenemos la seguridad de ser felices. Si no, nos arrepentiremos de nuestra manera insulsa de vivir.

PARA CANTAR
(hombre casado, con un hijo, cantautor y productor de música cristiana)
No hay canción comparable con esta gran declaración de principios que son las bienaventuranzas... pero siempre, al leerlas, recuerdo éstas, cantadas por Serrat, que si bien no son la vocación directa del seguidor de Jesús, son sin duda una llamada a ver y vivir la vida en actitud de agradecimiento. Para sentirnos afortunados, agradecidos, dichosos... bienaventurados, siempre y a pesar de cualquier pesar!

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Materiales liturgicos y catequeticos: II Domingo del T.O. (Jn 1, 29-34) - Ciclo AIV Domingo del T.O. (Mt 5,1-12a) - Ciclo A:



Monición de entrada

(A)
El mensaje de la Palabra de Dios hoy está centrado en el Sermón de la Montaña. El evangelista nos va señalando las pistas que, según Jesús, conducen a la verdadera felicidad: los que viven según el estilo del Reino y encarnan estas actitudes, aunque sean perseguidos, serán dichosos y tendrán su recompensa en Dios.
Las bienaventuranzas no son una ley, ni un código, ni unas normas morales; son EVANGELIO, anuncio gozoso del Reino.
Le pedimos al Señor que nos despierte por dentro y nos conceda el don de vivir con intensidad esta celebración.

(B)
Un domingo más nos reunimos, como una familia, para celebrar la Eucaristía y enriquecer nuestra vida al escuchar a Jesús y alimentarnos de su mismo Espíritu. Hoy nos propone las bienaventuranzas como el camino de la felicidad, él es el Camino.

Conscientes de la gozada que es poder celebrar nuestra fe, comenzamos la Eucaristía cantando.



(C)



Bienvenidos a la celebración. Nos reunimos contando con la presencia de Jesús. Tenemos la ocasión, una vez más, de purificarnos en contacto con la Palabra de Dios. Hoy nos vuelve a presentar el ideal de las Bienaventuranzas. Este texto tan conocido condensa como ningún otro lo esencial del Evangelio, revela nuestra mejor identidad y nos recuerda el encargo de crecer hasta la plenitud que podemos alcanzar.





Saludo



En el nombre del Padre...

La paz de Dios, nuestro Padre, y el amor de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros...





Pedimos perdón



(A)



En un momento de silencio nos arrepentimos de las veces que buscamos la felicidad por caminos equivocados, y pedimos perdón.



Tú, Jesús, que quieres que seamos felices. SEÑOR, TEN PIEDAD...

Tú, Jesús, que nos invitas a trabajar por la justicia y por la paz. CRISTO, TEN PIEDAD...

Tú, Jesús, que nos animas a tener un corazón limpio de odios y rencores. SEÑOR, TEN PIEDAD...



Dios, nuestro Padre, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.



(B)





La celebración de hoy gira en torno a una idea fundamental de nuestra fe cristiana.
Y se reafirma en todas las lecturas que vamos a proclamar: Dios es quien salva a los hombres.
Pero solamente podrá conseguirlo si encuentra en el hombre una actitud de humilde acogida y el reconocimiento de la necesidad de salvación.
Por eso, desde el comienzo de nuestra celebración hemos de avivar una sincera actitud de apertura a Dios y de confianza en la salvación venida de El. Pedimos perdón por nuestros pecados.

-Cuando nuestra confianza se basa sólo en el prestigio social, en la grandeza aparente, pero no en Dios. SEÑOR, TEN PIEDAD.
-Cuando nos gloriamos de nuestro saber; pero no de la debilidad que nos hace fuertes en Dios. CRISTO, TEN PIEDAD.
-Cuando creemos que las bienaventuranzas son algo inalcanzable, reservado para unos pocos. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Muéstranos, Señor, tu misericordia y tu perdón, como lo esperamos de ti. Por Jesucristo.

(C)


• Porque nos amas, Señor, ten piedad.

• Porque llegaste hasta el martirio por nosotros, Cristo, ten piedad.

• Porque contagias santidad, Señor, ten piedad.



(D)



Por las veces que nos distraemos y no escuchamos tu Palabra. SEÑOR, TEN PIEDAD...

Porque muchas veces oímos la Palabra de Dios como quien oye llover. CRISTO, TEN PIEDAD...

Porque las cosas de la Biblia nos parecen bonitas, pero luego no las hacemos. SEÑOR, TEN PIEDAD...







Escuchamos la Palabra


Monición a las lecturas

(A)

El Profeta Sofonías indica al pueblo, obsesionado por la idolatría fácil, que la justicia y la humildad son los únicos caminos seguros para alcanzar la verdadera paz.
En el Evangelio escucharemos las bienaventuranzas; una invitación de Jesús a vivir con un corazón abierto a la Palabra de Dios dando acogida a sus promesas.

(B)


Una de las características de Dios es que tiene la manía de salvarnos. Y lo hace por medio de un Jesús sencillo, que elige vivir a ras de suelo para estar cercano a todos, pero lleno de mensaje.

La Palabra bíblica resalta hoy que Dios escoge lo pequeño y humilde para confundir falsas sabidurías y posturas orgullosas. El prefiere la pobreza de espíritu, la limpieza de corazón, la misericordia, el hambre y sed de justicia, la paz...

Merece la pena comparar nuestra vida con las Bienaventuranzas y sacar conclusiones.





Lectura de la profecía de Sofonías

Buscad al Señor, los humildes, que cumplís sus mandamientos; buscad la justicia, buscad la moderación, quizá podáis ocultaros el día de la ira del Señor.
«Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor.
El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.»



Palabra de Dios.



Salmo responsorial
R. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.





EVANGELIO

Dichosos los pobres en el espíritu

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Palabra del Señor



Evangelio dialogado (niños)



Jesús nos enseña a ser felices y promete el cielo a los que hacen el bien (Mt. 5, 1-12)



Narrador: Un día que Jesús estaba predicando, tenía tanta gente a su alrededor que subió a un montículo para que le oyeran mejor. Se sentó y comenzó a decirles:

Uno: - Dichosos los que son sencillos y se hacen pobres porque comparten con los demás. Dios les dará el cielo.

Otro: - Dichosos los que se sacrifican para que otros sean felices. Dios les dará el cielo.

Uno: - Dichosos los que no usan la violencia ni abusan de los débiles. Dios les dará el cielo.

Otro: - Dichosos los que saben ser justos y buenos con todos. Dios les dará el cielo.

Uno: - Dichosos los que tienen un corazón

misericordioso y son cariñosos con todos. Dios les dará el cielo.

Otro: - Dichosos los que tienen un corazón sin mentiras ni engaños. Dios les dará el cielo.

Uno: - Dichosos los que no insultan ni se pelean y

trabajan para que haya paz entre todas las personas: Dios les dará el cielo.

Otro: - Dichosos los que no les importa que se rían de ellos porque saben perdonar, compartir sus cosas y decir la verdad. A todos ellos, Dios les dará el cielo.

Narrador: Toda la gente se quedaba admirada de aquellas palabras que decía Jesús.



Palabra del Señor




Homilías



(A)



La madre Teresa de Calcuta, que entregó su vida al servicio de los más pobres sin importarle ni el color de la piel, ni la religión, ni la clase social de tantos necesitados -a los que dedicaba todo su amor y toda su ternura-, recogió un día por la calle a una mujer que parecía estar muriéndose de hambre. Le ofreció un plato de arroz. Se quedó mirándolo un largo rato. La madre Teresa trató de convencerla para que comiera. Dijo entonces con sencillez y naturalidad: «Yo no... No puedo creer que sea arroz. Llevo mucho tiempo sin comer». No se quejó contra nadie. Contra nadie pronunció palabras amargas. Simplemente, no podía creer que fuera arroz.

Estos pobres sencillos, estos pobres que no odian ni maldicen a nadie, son los pobres de espíritu de los que nos habla el Evangelio de hoy, a los que Jesús llama dichosos porque de ellos es el reino de los cielos.

En el mundo no sólo hay hambre de pan. Hay también hambre de cariño, tal vez en nuestras propias familias.

Una noche, cuando la madre Teresa hacía un recorrido en busca de personas abandonadas, se encontró con un jovencito con cabello largo muy bien cuidado. Estaba sentado y pensativo. La madre Teresa le dijo: «No deberías estar aquí a esta hora. Deberías estar con tus padres. No es lugar apropiado para ti estar sentado aquí a estas horas y en una noche tan fría». Le miró a los ojos y le dijo: «Mi madre no me quiere porque tengo el pelo largo».

Esa era la única razón. ¡Un joven echado de casa por los suyos, por su propia madre! Quizá esa madre se preocupaba por los hambrientos de la India, de Africa o de Latinoamérica. Es posible que tuviera deseo de remediar el hambre de todos menos el hambre de cariño que tenía su propio hijo. Ignoraba que esa hambre existía en su propia casa, ignoraba que en su propia casa había un necesitado. ¡Ay! ¡Cuántas veces ignoramos detalles de amor que necesitan nuestros familiares, detalles de amor que lamentaremos no haberlos tenido cuando ya hayamos perdido a esos familiares!

La misma madre Teresa nos cuenta: Otra noche salimos por Calcuta y recogimos cuatro o cinco personas por las calles. Por su estado las llevamos a nuestra casa del Moribundo. Entre ellas había una anciana que se encontraba muy grave. Dije a las hermanas: «Yo me ocuparé de ella».

Cuando la puse en la cama, me cogió la mano mientras en su rostro aparecía una sonrisa maravillosa. Pronunció una sola palabra: «Gracias», al tiempo que se moría.

Hermanas y hermanos: cuando damos a los necesitados es mucho más lo que recibimos que lo que damos. Al otro lado tendremos una gran recompensa; pero ya en este mundo, cuando damos de corazón, la satisfacción que sentimos vale más que lo que damos.

La madre Teresa se sintió más que pagada por aquella palabra «gracias» y aquella sonrisa de la anciana moribunda. Esta anciana, en sus últimos momentos, vería en la madre Teresa un reflejo del amor de Dios, que la esperaba con los brazos abiertos. Que nadie diga que no es rico para poder dar. Todos podemos dar bondad, dar amor.

Dios nos habla de su amor por medio del sol que nos alumbra, del agua que bebemos, del aire que respiramos y de tantos otros dones. Pero Dios nos habla de una manera especial de su amor cuando alguien nos ama de verdad o cuando de verdad amamos a alguien.

Dios es amor y por lo tanto, pase lo que pase, debemos esperar siempre de Él lo mejor. Es verdad que a lo largo de la vida tenemos contratiempos y no por eso nos abandona Dios. También hay días nublados y a veces nos envuelven las sombras y no por eso nos abandona el sol.

Esta es nuestra fe; sin ella la muerte no tiene sentido. Con ella la muerte es la puerta que se abre a la eternidad feliz.





(B)



En una reunión para preparar una Eucaristía alguien dijo: “Se ve claramente que Dios prefiere a los pobres y a los sencillos». Entonces acordamos escribir con letras grandes en un panel junto al altar, para que lo vieran todos: «¡Señor, somos tus pobres!» Y comentaban que a Jesús se le acercaban los más pobres, la gente sencilla, los más despreciados, mientras que los ricos y los influyentes no tenían tanto entusiasmo en acercarse a Jesús, porque lo veían pobre y a favor de los pobres, y esto les sentaba mal hasta llegar a criticar a Jesús porque iba rodeado de esas personas. Es verdad que en Jesús se ve ese cuidado especial por los más pobres, por los que más sufren, por los más despreciados. y ese cuidado especial de Jesús y su cariño quedó reflejado en las bienaventuranzas del evangelio de este día.

Todas las bienaventuranzas empiezan proclamando: «Dichosos». Jesús quería decirles a los pobres cosas muy bonitas para que no se sintieran tristes, porque contaban con el cariño de Dios. A los pobres les dice que Dios les dará el Reino. A los sufridos les dice que poseerán la tierra. A los que lloran, que Dios los consolará. A los que tienen ganas de ser buenas personas les dice que se saciarán de bondad. A los misericordiosos les dice que serán tratados con misericordia. A los limpios de corazón les dice que verán a Dios. A los que trabajan por la paz, que se les dará un nombre bonito: hijos de Dios. Y a los perseguidos les dice que se pongan contentos, porque Dios tiene cosas muy hermosas preparadas para ellos en el cielo. Jesús quiere decir con todo esto que Dios tiene un destino hermoso para sus hijos más pobres, que Dios no los olvida, que no los abandona en sus sufrimientos, que cuentan siempre con el cariño de Dios. Y estas cosas las decía Jesús cuando tenía delante un «gentío» entre el que estaban pobres, gentes sencillas, hambrientos, despreciados y oprimidos. Algunos años después, san Pablo les pide a sus cristianos de Corinto que se fijen en su comunidad para que vean que allí no están los sabios ni los poderosos ni los aristócratas según el mundo. Allí está lo necio, lo despreciable, lo que no cuenta, y Dios lo ha escogido para anular lo que cuenta.

Con frecuencia yo también miro a las gentes de mi parroquia y no veo allí a los sabios según el mundo ni a los poderosos ni a los aristócratas. Veo gentes sencillas, curtidas por las penalidades y los desengaños, con conciencia de ser poca cosa en este mundo. Quizás nadie los tomó nunca en serio. Podemos decir también: «Señor, somos tus pobres». Y tengo conciencia de que Dios nos ha elegido para darnos su Reino, para que disfrutemos de su cariño y para humillar a listos y poderosos según el mundo. Estoy convencido de que nosotros, que no sabemos, que no tenemos medios, que nos sentimos incapaces, que somos gentes insignificantes, haremos cosas muy bonitas en nuestro entorno. Cada día la vida será más hermosa y nos sentiremos más a gusto. No nos tocarán las quinielas o la lotería. Seguiremos siendo pobres, pero contaremos con el cariño de nuestro Dios, que se vuelca en sus hijos. No nos gloriamos en nuestras capacidades, que no tenemos. Nos gloriamos en el amor gratuito de nuestro Dios, que no nos abandona en nuestras pobrezas. Y reconocemos que Dios también nos ha asignado a nosotros una tarea bonita: hacer presente el amor gratuito de Dios entre los pobres y las gentes sencillas. Jesús, en este evangelio, nos enseña un nuevo camino para ser dichosos. Lo disfrutaremos con la gracia de Dios.



(C)



Todos experimentamos que la vida está sembrada de problemas y conflictos que en cualquier momento nos pueden hacer sufrir. Pero, a pesar de todo, podemos decir que la «felicidad interior» es uno de los mejores indicadores para saber si una persona está acertando en el difícil arte de vivir. Se podría incluso afirmar que la verdadera felicidad no es sino la vida misma cuando está siendo vivida con acierto y plenitud.

Nuestro problema consiste en que la sociedad actual nos programa para buscar la felicidad por caminos equivocados que casi inevitablemente nos conducirán a vivir de manera desdichada.

Una de las instrucciones erróneas dice así: “ Si no tienes éxito, no vales». Para conseguir la aprobación de los demás e, incluso, la propia estima hay que triunfar.

La persona así programada difícilmente será dichosa. Necesitará tener éxito en todas sus pequeñas o grandes empresas. Cuando fracase en algo, sufrirá de manera indebida. Fácilmente crecerá su agresividad contra la sociedad y contra la misma vida.

Esa persona quedará, en gran parte, incapacitada para descubrir que ella vale por sí misma, por lo que es, aún antes de que se le añadan éxitos o logros personales.

La segunda equivocación es ésta: «Si quieres tener éxito, has de valer más que los demás». Hay que ser siempre más que los otros, sobresalir, dominar.

La persona así programada está llamada a sufrir. Vivirá siempre envidiando a los que han logrado más éxito, los que tienen mejor nivel de vida, los de posición más brillante.

En su corazón crecerá fácilmente la insatisfacción, la envidia oculta, el resentimiento. No sabrá disfrutar de lo que es y de lo que tiene. Vivirá siempre mirando de reojo a los demás. Así, difícilmente se puede ser feliz.

Otra consigna equivocada: «Si no respondes a las expectativas, no puedes ser feliz». Has de responder a lo que espera de ti la sociedad, ajustarte a los esquemas. Si no entras por donde van todos, puedes perderte.

La persona así programada se estropea casi inevitablemente. Termina por no conocerse a sí misma ni vivir su propia vida. Sólo busca lo que buscan todos, aunque no sepa exactamente por qué ni para qué.

Las Bienaventuranzas nos invitan a preguntarnos si tenemos la vida bien planteada o no, y nos urgen a eliminar programaciones equivocadas. ¿Qué sucedería en mi vida si yo acertara a vivir con un corazón más sencillo, sin tanto afán de posesión, con más limpieza interior, más atento a los que sufren, con una confianza grande en un Dios que me ama de manera incondicional? Por ahí va el programa de vida que nos trazan las Bienaventuranzas de Jesús.



(D)



Unos amigos me confidenciaban su dolor de padres al ver que sus hijos no les hacen caso. Se empeñan en vivir a su manera trasnochando hasta bien entrada la mañana, consumiendo de manera que no hay dinero que les llegue, durmiendo mal, comiendo peor, fumando mucho y, en consecuencia, llevando mal sus estudios. "A mí me va esta vida, papá; es lo que hacen todos los compañeros; yo soy feliz así y punto". En algunos casos, he sabido de padres, cuyo hijo mayor es modélico y feliz, que lo han esgrimido como argumento para el hijo desmadrado. Un compañero testimonió que en una ocasión en que su hermano había llegado muy tarde, como dormía en la misma habitación, le despertó, y al ver que venía un tanto "cargado", le espetó a bocajarro: "¿No te das lástima destrozando tu vida de esta manera?". De momento, el reproche del hermano le resbaló, pero, al despertar, sereno ya, se convirtió en un revulsivo que le cambió el corazón. Esto es lo que, en cierta medida, les falta a muchos ¿"cristianos"? Preferimos ser felices a nuestra manera.

¡Cuántas personas sin fe andan errabundas buscando el sentido de su vida por diversos caminos y formas: espiritualidad oriental, yoga, filosofías modernas, diversos maestros que salen al camino...! Viven atormentadas por la incertidumbre: "¿Habré dado con el camino verdadero o estaré equivocado?". Nosotros sabemos que nos ha hablado el mismo Dios por su propio Hijo, el Maestro insuperable. Nos cuesta darnos cuenta de este privilegio. Él nos ofrece un sentido, una forma de vivir. Corremos el peligro de no valorarlo, de escucharlo como música muy oída, como orientaciones muy espirituales que no nos dicen gran cosa...

Cuando Gandhi leyó por primera vez las bienaventuranzas, le produjeron una grata y profunda emoción: "Esto es lo que

he estado buscando desde hace años, pero no acertaba a formularlo tan sabiamente". Débil por una huelga de hambre, tuvo que pedir una silla porque se sentía desmayar por la emoción.

Jesús exclamaba: "¡Bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra!" (Lc 11,28). ¡Bienaventurados nosotros que hemos podido escuchar estas palabras centrales de su Evangelio! Nos sale del hondón del alma la exclamación de Pedro: "Señor, ¿a quién vamos a ir si sólo tú tienes palabras de vida eterna?" (Jn 6,68).



UN CANTO AL AMOR



Jesús proclamó: "Toda la ley y los profetas se condensan en dos consignas: Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo" (Mt 22,40). En la última cena concentró todavía más su mensaje: "Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado" (Jn 13,34). No se desdice al proclamar las bienaventuranzas, porque éstas no son más que variaciones del amor.

Bienaventurados los que confían en Dios y en los verdaderos valores humanos. Bienaventurados los que buscan el "ser" antes que el "tener" y consideran los bienes como un medio, no como un fin. Bienaventurados los que "comparten" y no "acumulan",

Bienaventurados los que, llevados del amor, hacen suyas las penas y alegrías de los demás; los que, como aconseja Pablo, "lloran con los que lloran y ríen con los que ríen" (Rm 12,15), porque su corazón es ancho, luminoso y soleado, una casa hermosa y no una pobre madriguera.

Bienaventurados los sencillos, transparentes, sin segundas intenciones ni trampas, como niños según el evangelio, que se relacionan con los demás con confianza, como hermanos, porque se ahorran los sufrimientos de las sospechas, de los juicios temerarios, de miedos inútiles, y tendrán muchos y buenos amigos, vivirán en paz con la gente y gozarán del encuentro con Dios.

Bienaventurados los comprensivos, los misericordiosos que miran a los demás con sensibilidad de hermanos, porque tendrán el corazón en paz. El P. Granada afirmaba: "Hemos de tener para con Dios corazón de hijos, para con los demás corazón de madres, y para con nosotros corazón de juez".

Bienaventurados los que, movidos por el amor a los maltratados y atropellados, dan la cara por ellos, por el vecino, por el compañero de trabajo, por el familiar, aunque les caiga algún bofetón. "Defendí a un vecino del portal con el que eran

injustos, me costó malas caras, silencios, pero no me importa; tengo la satisfacción y la paz de conciencia de haber logrado que le hicieran justicia".

Bienaventurados los que saben comprometerse, los que construyen el Reino con su fidelidad profesional, con sus compromisos por una Iglesia y una sociedad mejores, porque

se librarán del hastío, no se contentarán con satisfacciones superficiales, tendrán la alegría de sentirse útiles y una vida con pleno sentido.

Jesús promete felicidad, bienaventuranza, con este programa de vida. Dice bienaventurados, pero muchos entienden: "Sí, bienaventurados y felices, pero en la otra vida". Entienden que esta vida es como el negativo de la otra; lo que aquí está oscuro, allí estará claro, y los que aquí lloran, allí reirán. Pero no: lo que nos hará felices allí, nos hace felices también aquí; lo que es bueno para allí, es bueno para aquí. Lo que es fuente de felicidad para allá, es fuente de felicidad para acá. Es más, aunque sea una comparación demasiado materialista, hay que decir que las verdaderas alegrías de esta vida son los pinchitos del gran banquete de la gloria. Lo que pasa es que aquí lo tomamos en pequeñas raciones y a veces no del todo bien cocinado y sazonado. El Evangelio es el manual del verdadero humanismo y, por lo tanto, de la verdadera felicidad. Por eso, aunque se diera el imposible de demostrar que el cristianismo ha sido un sueño utópico, un piadoso engaño para ingenuos, habría que seguir viviendo el Evangelio porque es el mejor proyecto de vida.



FELICES LOS POBRES, LOS SENCILLOS Y SINCEROS



Sí, bienaventurados ya en este mundo los que no ponen

su seguridad en los bienes materiales, sino en los valores del espíritu. La excesiva preocupación por los bienes materiales crea dependencia, esclaviza y provoca incontables sufrimientos. Pablo escribe a su discípulo Timoteo: "Los que sueñan con hacerse ricos, caen en tentaciones, trampas y mil afanes

insensatos y funestos, que hunden a los hombres en la ruina

y en la perdición; porque la raíz de todos los males es el amor al dinero; por esta ansia algunos se desviaron de la fe y se infligieron mil tormentos" (1Tm 6,9). Los pobres, los que buscan

primordialmente los verdaderos valores, son felices. Preguntémoselo a Francisco de Asís que se desposó con la pobreza. San Antonio María Claret, pobre de solemnidad, testificaba: "No están tan contentos los ricos con su riqueza como yo con mi amada pobreza". La madre Teresa de Calcuta, hablando desde su experiencia, afirmó: "La fe es pobreza; la pobreza es libertad; y la libertad es alegría". Ésta es una experiencia que proclaman todos los pobres según el Evangelio. Es una realidad que se comprueba palpablemente en muchas personas que ponen los bienes materiales en el lugar que les corresponde, personas que podrían acumular para vivir con lujo y ostentación y que, sin embargo, prefieren compartir.

También los sencillos y sinceros son más felices. Tendrán que soportar desengaños, zancadillas; frecuentemente les tocará perder a nivel social, donde abundan los pillos y tramposos, pero en su corazón reina la paz profunda.

Por lo demás, como asegura Jesús, los sencillos y sinceros "verán a Dios", gozarán de las experiencias humanas más profundas: amistad, comunión, convivencia gozosa, encuentro con Dios... Jesús oró con ternura: "Te doy gracias, Padre, porque revelaste estos misterios a los sencillos, mientras que han permanecido ocultos a los sabiondos" (Mt 11,25). El convertido C. Péguy decía bellamente: "Nos salvaremos por lo que quede en nosotros de niños".



LA DICHA DE AMAR



Decía que las bienaventuranzas son variaciones sobre el amor. Y el amor necesariamente entraña felicidad. "Dios es amor" (1 Jn 4,8); no sabe hacer otra cosa que amar. Y es felicidad infinita. Sólo amando alcanzaremos felicidad. Por eso, quien vive encerrado en la madriguera de su egoísmo no puede ser feliz de ninguna manera por más que carcajee con todas sus ganas.

El amor es libertad. San Agustín afirmaba: "Ama y haz lo que quieras". Confesaba Aranguren: "Creo que soy feliz, que he sabido poner las cosas importantes en su justo lugar; y en ese orden el amor ha ocupado el lugar de honor". Revisando fichas de los que han vivido o viven heroicamente las bienaventuranzas, todos, absolutamente todos, han confesado o confiesan que son felices.

Nosotros mismos tenemos experiencias de felicidad cuando vivimos las bienaventuranzas. Muchos, que han cambiado el gusto de los pseudovalores mundanos por el de los valores evangélicos, testifican como el convertido Leonardo Mondadori: "Yo he pasado del vacío a la alegría".

Las bienaventuranzas son diversas formas de saborear la felicidad ahora y siempre.



Cuento:



La niña salió a dar un paseo. En su camino halló una mariposa,

prendida entre las zarzas y agitando sus débiles alas.



La niña cogió con todo cuidado a la mariposa y la echó a volar.



Ya libre, la mariposa se convirtió en un hada que, agradecida, dijo a la niña:



- Quiero agradecerte tu favor. Pídeme el deseo que más quieras, que te lo concederé. Dime cuál es tu mayor deseo.



La niña le dijo con sinceridad:



- Quiero ser feliz. Indícame cuál es el camino de la felicidad.

La hada se lo susurró al oído, y se fue volando.



Desde ese momento la niña empezó a ser otra, feliz. Nadie en el pueblo era tan feliz como aquella niña. La gente empezó a interesarse, y curiosa le preguntaba continuamente por el secreto. Pero la niña evadía siempre la respuesta diciendo que eran un secreto, el secreto del hada. Así llegó a anciana y seguía siendo la mujer más feliz del pueblo, una viejecita realmente feliz, y eso que en su vida, como en la de las demás gentes, no faltaron dificultades.



Temerosos de que muriera y se llevara el secreto a la tumba, las gentes del pueblo le insistían más que nunca que les dijese el secreto. Al fin, un día, la viejecita, sonriendo, accedió a descubrírselo. Y les dijo:



- Lo que la hada me susurró es muy sencillo; pero para mí ha sido, a lo largo de toda mi vida, el secreto de mi felicidad. Y les dijo:



Aunque las personas parezcan que no necesitan de nadie, no lo creas. Todos te necesitan... Yo he vivido siempre con la seguridad de que todos necesitaban de mí; me he dado a ellos, y eso me ha hecho feliz.





Oración de los fieles



(A)



Presentamos a Dios nuestro Padre, lo que más necesitamos.



1. Para que la Iglesia, con su doctrina y su ejemplo siga proclamando que la salvación viene de Dios y no del poder humano. Roguemos al Señor.

2.- Por todos los cristianos; para que seamos capaces de descubrir las señales del Reino de Dios, en medio de un mundo violento, competitivo y egoísta. Roguemos al Señor.

3. Para que, todos los ciudadanos y en especial, nuestras autoridades orientemos esfuerzos y recursos hacia los más pobres y necesitados de este mundo. Roguemos al Señor.

4.- Para que nuestra comunidad parroquial, abra sus puertas y sus voluntades a todo proceso humano que busca el bien desinteresado de los demás. Roguemos al Señor.



Señor, concédenos lo que tú bien sabes necesitamos. Por JNS.



(B)



Pidamos a Dios Padre con confianza que nos ayude a vivir con entrega y esperanza, y que atienda nuestra oración; nos unimos a cada petición diciendo: ¡Escúchanos, Señor!



‑ Para que la Iglesia destaque en medio de la sociedad por su defensa de la vida, por la búsqueda de la paz, por su apoyo a los más necesitados de la sociedad. Oremos.

‑ Para que todos nosotros, conscientes de nuestra misión evangelizadora, aprendamos siempre de Jesús a descubrir que la grandeza está en la debilidad y en el servicio. Oremos.

‑ Para que el Señor nos ayude a ser sencillos, misericordiosos, humildes, pacificadores, limpios de corazón. Oremos.

‑ Para que nuestra comunidad parroquial descubra que la verdadera espiritualidad va unida a buscar la justicia y que el amor hay que expresarlo en obras concretas. Oremos.


Escúchanos, Señor, y ayúdanos a vivir con el estilo de las Bienaventuranzas, para que podamos decirnos, y ser en verdad, discípulos de Jesús. Que vive y reina.

(C)


Cuando nos alegramos y hacemos a otros partícipes de nuestra alegría, cambiamos un pequeño trozo del mundo. Por eso hoy te pedimos:



• Por todos los que pueden consolar y animar a los demás; para que tengan unos ojos abiertos a las necesidades del prójimo. Roguemos al Señor.

• Por todos los que están solos y no tienen a nadie que les dé amor: haz que nos demos cuenta de cuando una persona en nuestra cercanía padece la soledad. Roguemos al Señor.

Por todos los que viven en la pobreza; aviva en el corazón de los cristianos el fuego de tu amor para que reconozcan en los pobres a sus hermanos y les ayuden en su necesidad. Roguemos al Señor.



Pues, tú, Jesús, nos has dicho cómo podemos llegar a ser dichosos, y tú mismo has vivido este camino. Ayúdanos a marchar contigo. Por JNS...




Prefacio (con los niños)


Hecho el ofertorio y después del diálogo sacerdote - asamblea ("El Señor esté con vosotros... Levantemos el corazón... Demos gracias al Señor nuestro Dios") los niños van al micro para leer estas frases de acción de gracias. Todos pueden responder con una frase como "Te damos gracias, Señor" o un estribillo de acción de gracias.



1. Te damos gracias, Señor, por nuestros ojos, que son como dos ventanas abiertas de luz. Te damos gracias porque con ellos podemos leer y mirar las cosas bellas. ¡Te damos las gracias, Señor!

2. Te damos las gracias Padre Nuestro, porque podemos oír todas las cosas. La música del viento y el eco de las montañas. El canto de los pájaros y el ladrido de los perros. Porque podemos escuchar nuestros nombres cuando nos llaman y podemos distinguir unos sonidos de los otros. ¡Te damos las gracias, Señor!

3. Gracias, Padre por nuestras manos. Con ellas podemos dibujar y dar palmadas, saludar y escribir. Rascamos la cabeza y acariciamos a los animales. Te damos gracias también por las alas de los pájaros, por las aletas de los peces, por las patas de lo perros y las pezuñas de los caballos. ¡Te damos las gracias, Señor!

4. Te damos las gracias, Padre Nuestro, porque nos has dado los pies y las piernas para caminar e ir de un sitio a otro. Para correr y saltar, para jugar a la goma o al balón. ¡Te damos las gracias, Señor!

5. Te damos las gracias, Padre Nuestro, porque nos alimentas con los frutos de la tierra y nos haces distinguir unos sabores de otros. Te damos las gracias por las patatas fritas y los tomates. Por las naranjas y los plátanos. Por el helado de chocolate y los caramelos. ¡Te damos las gracias, Señor!

6. Te damos las gracias, Padre Nuestro, porque nos has hecho el agua para calmar nuestra sed.

Te damos las gracias por los manantiales y las fuentes. Por los ríos y por los mares. Por la lluvia y el rocío de la mañana. ¡Te damos las gracias, Señor!

7. Te damos gracias, Padre Nuestro, por todas las cosas bonitas del mundo. Por el sol, la luna y las estrellas. Por el canario, la mariposa, la hierba del campo y los árboles del parque. ¡Te damos las gracias, Señor!

8. Gracias, Señor, porque nos has enviado a tu Hijo para salvarnos. Gracias porque nos has dado un amigo que nos escucha y nos comprende cuando le hablamos. Gracias a ti también, Jesús, porque nos ayudas cuando te necesitamos. ¡Te damos las gracias, Señor!



Sacerdote: Y por todo eso y mucho más te cantamos un cántico de alabanza:



Santo, Santo, Santo...





(B)

Prefacio...

Te bendecimos, Padre,
con todas las fuerzas de nuestro corazón.
Nuestras palabras son cortas y pobres,
pero la osadía del amor es ilimitada.
Por eso te alabamos por medio de Jesucristo.
En él ha brillado la luz del mundo:
compartió su pan con el hambriento,
se solidarizó con los marginados,
anunció la liberación a los oprimidos
y proclamó bienaventurados a los pobres,
a los que lloran, a los que sufren,
a los que buscan la justicia...;
es decir: proclamó dichosos a todos
los que la sociedad desprecia como marginados.
Ahora nosotros, unidos a todos aquellos
que en medio de nuestro mundo
tratan de devolver al ser humano su verdadera dignidad, queremos proclamar tu gloria diciendo:

Santo, santo, Santo...





Padrenuestro

Conscientes de que dependemos de Dios,
digamos juntos la oración confiada
de su propio Hijo Jesús.
R/ Padre nuestro…




Bendición



Hermanos: Felices y dichosos nosotros si vivimos el mensaje de alegría de Cristo.

Bienaventurados nosotros si podemos entregarnos confiadamente en las manos de Dios.

Bienaventurados nosotros cuando Dios nos bendice.

Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.



Reflexión




SE BUSCA GENTE...

Se busca gente sin ambición. Dispuestos a desprenderse de todo lo que aún con un trabajo honrado, sencillo y constante, pueda uno poseer, (no digamos lo demás).
Se necesita gente acostumbrada al trabajo duro, que hayan sido víctimas de las ambiciones de los demás y continúen su labor sin desanimo.
Se requiere gente curtida en el dolor, pero que sean capaces todavía de llorar, abstenerse los que sus penas o sufrimientos sean consecuencias de peleas o aventuras egoístas.
Hace falta encontrar personas que todos los días se levanten indignadas por las diferencias sociales, por las consecuencias negativas derivadas de la partitocracia o por cualquier poder fáctico y que su intranquilidad no les lleve a tomar sedantes y drogas narcóticas.
"Queremos encontrar almas caritativas que no se pregunten de si son paternalistas y que se desprendan de todo, aunque quien lo reciba se lo gaste o lo venda en donde sea.
Urge encontrar gente cándida, inocentes y tal vez ingenuos, inmaduros, que todo lo vean transparente y cuando acontezca algo malo, se les ensucien las gafas y no puedan distinguirlo bien.
Plazas vacantes para personas que tengan las manos abiertas para el abrazo, dispuestos a besar caras sucias. Deben también tener espaldas fuertes para cargar armas y llevarlas al estercolero.
Que se presenten inmediatamente, sin informes, sin curriculums escritos a mano, confiamos en la buena fe de los solicitantes.
Incorporación inmediata. Contratos permanentes.
Razón el Reino. Abstenerse los que desconozcan la identidad de la empresa.





(B)

¿EN QUÉ SE ME NOTA QUE SOY HIJO DE DIOS?



Los hijos de Dios se notan fácilmente. Tienen un encanto especial. Son alegres y acogedores. No se dan importancia ni buscan aplauso o recompensa de cualquier tipo. Están siempre dispuestos a aceptar los trabajos más duros o más humildes. Son sinceros y responsables. No tienen miedo o saben vencer el miedo. No se echan para atrás. Son colaboradores, participativos, imaginativos. Siempre hombres de esperanza, positivos. Y son especialmente amistosos y pacificadores cálidos y cercanos, personas de toda confianza.



Viven o se esfuerzan por vivir las Bienaventuranzas.



• No aman la riqueza por encima de todo, son austeros, sin apegos, saben compartir, incluso de lo que necesitan. Hacen opción por los pobres y se esfuerzan por ser pobres. No consienten la pobreza miserable para ningún hijo de Dios.

• No cultivan el orgullo ni se creen superiores. No envidian ni se comparan. Son humildes, vacíos de sí mismos. Es la pobreza interior, la más difícil. Por eso son sufridos, llenos de paciencia y mansedumbre. No se sienten ofendidos, porque no viven para sí.

• No son indiferentes ante los demás, sino sensibles y compasivos. Saben llorar con los que lloran, perfectos consoladores. Otros lloran por los golpes que reciben, porque la vida les trata mal. ¡Cuántas lágrimas amargas e inocentes!. No se rebelan ni odian ni se desesperan, pero lloran.

• No toleran la injusticia, aunque sea al más pequeño. Luchan por un mundo solidario, en que todos consigan su dignidad y sus derechos. Sueñan con un mundo nuevo, la civilización del amor.

• No son duros inquisidores, sino comprensivos y compasivos. Tienen entrañas de misericordia. Saben perdonar, estar cercanos, volcarse sobre las miserias humanas. Se conmueven ante cualquier sufrimiento, como Dios.

• No aman la impureza o la mentira. Tienen el corazón limpio. Son libres, no les esclavizan los vicios. Son auténticos, transparentes, verdaderos. Se lavan con agua de arrepentimiento, reconocen su fallo o su error.

• No utilizan la violencia, sólo para sí mismos. Pero irradian la paz, y la crean, la defienden. Amigos del diálogo y promotores de reconciliación y del perdón.

• No se acobardan a la hora de defender al oprimido. Lo defienden siempre aún a riesgo de ser criticados y perseguidos. Son profetas de la libertad y la justicia, y tantas veces son mártires.

¿ME REFLEJO EN ALGUNO DE ESTOS RASGOS?

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WebJCP | Abril 2007