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MISIONEROS EN CAMINO: EL TATIC DE LOS POBRES INDÍGENAS
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lunes, 31 de enero de 2011

EL TATIC DE LOS POBRES INDÍGENAS



El lunes 24 amaneció helado en Mallorca y una noticia aún más fría se caló hasta el alma: al “tatic” (el papaíto o Abba) de los más pobres, después de 51 años de entrega incondicional por su pueblo, se le ha parado su cuerpo. No puedo hablar de muerte, prefiero hablar sólo del funcionamiento de su cuerpo.

Yo no creo que haya muerto, lo mismo que las mujeres junto al sepulcro de Jesús no podían creer que hubiera muerto el hombre más bueno. No podía haber muerto. Porque no puede morir la bondad, ni la lucha incondicional por la justicia. No muere el servicio por la paz y la entrega. No muere la honradez. No puede morir el aliado y cuidador de los más desamparados…, porque entonces, ¿quién cuidaría de ellos?

El “obispo de los pobres” no ha muerto; su cuerpo envejeció por el amor y el servicio. Y sus fatigas y tantas amenazas de muerte, han ido haciendo mella en su cuerpo, hasta que quedó inmóvil.

Ahora ha adquirido más altura y más grandeza que el quetzal, la hermosa ave de plumas verde, como la bandera de Jcanan Lum (protector y guía del pueblo) que le habían entregado los indígenas en Amatenango, el día que dejó el episcopado.

Samuel es el ave de la libertad que planea sobre su diócesis, ya sin ningún límite, para cuidar por siempre a los que tanto amó.

Hoy indígenas tzeltales, tzotziles, tojolabales, zoques y choles, no pueden dejar de llorar porque les cuesta creer que ya no van a ver a su Tatic. Tal vez consulten el libro sagrado de los toltecas, el Tonalpohualli, para saber qué dicen sobre este día y qué augurios les cabe esperar.

Yo también he tomado mi libro sagrado, el Evangelio, buscando en las palabras de Jesús explicación para esta noticia:

Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de Dios.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por la justicia, porque de ellos es el Reino de Dios.

Gracias, Samuel, por tu vida y la de tantas y tantos otros como tú. Habéis hecho vida estas palabras que nos alientan y nos confirman un horizonte de esperanza por encima de tantas contradicciones personales, sociales, políticas, económicas y eclesiales.

Nos contagiáis ánimo para apuntarnos a las filas de las últimas y los últimos y del trabajo callado, a tareas diarias por los demás, a querer ser buenas y buenos y sacar lo mejor de nosotras/os mismas/os.

Quisiera que todos los diarios del mundo se hicieran eco de la buena noticia de tu vida, porque sería hablar de una talla especial de humanidad que dignifica nuestra especie.

Sin embargo, intuyo que no será así, que ni el Vaticano sacará una nota de prensa para elogiar a un obispo ordenado a la edad de 35 años en una de las diócesis más pobres de México a la que se dedicó enteramente ¡Qué triste! Pero Samuel no podía ser más que su maestro. Así le pasó también a Jesús. Sólo los suyos vivieron el drama, para los demás pasó inadvertido.


WebJCP | Abril 2007