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jueves 31 de marzo de 2011

IV Domingo de Cuaresma (Jn 9,1-41) - Ciclo A: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Publicado por DABAR

Pedid y se os dará

El tiempo de Cuaresma es un tiempo litúrgico por el que solemos pasar de puntillas. Nos motiva más prepararnos para la Navidad, que suscita mejores sentimientos, y vivimos con pasión la Pasión. La Cuaresma, con su tinte gris de ceniza y sus días largos, dedicados a meditar sobre las dificultades de nuestra vida cristiana, las tentaciones y los peligros, se convierte en una época con pocos adeptos. Como mucho, nos fijamos en la parte gastronómica de la cosa (¡ay!, el potaje de vigilia que hacía mi madre), y poco más.

Desde Navidad y los propósitos de Año Nuevo, han pasado varias semanas. En las tres últimas hemos vivido en el desierto, subido a la montaña, y nos ha entrado una sed que sólo se sacia con el agua que nos da Jesús. Ahora topamos con otra necesidad vital: no vemos nada de nada, y no nos gusta estar a la vera del camino, sin enterarnos de qué va la fiesta y dependiendo de la buena voluntad ajena.

Será por eso que el ciego, un poco harto de su situación, pensando en resolverla de una vez y llevado de su fe (o del espíritu de ¿qué puedo perder?) espera a Jesús y desea con fuerza que se detenga. Recuperar el sentido de la vista es lo mejor que le puede pasar. Y el ciego reza en su interior para que ocurra lo que tanto desea.

¿Qué pedía el ciego? ¿Qué pediríamos nosotros en su lugar? Pedir ver, que se nos abran los ojos, tiene sus riesgos. Si nosotros sólo queremos ver, simplemente, como cualquier otra persona; disfrutar de las puestas de sol y del desfile de las nubes; sonrisas, paisajes, belleza… quizá un buen cirujano de ojos nos resuelva la papeleta. Pedirle a Jesús que nos devuelva la vista es otro cantar. Porque todos podemos –y debemos- pedirle ver bien. Los ojos que abre Jesús descubren realidades inéditas que no ven los demás ojos. Cuando vemos como ve Él nos asomamos al mundo en el que la adúltera es perdonada, el que enterró los talentos es expulsado y a los niños se le anima a estar en el centro, junto al invitado principal. Las personas son lo que guardan en su interior, y las normas están para estirarlas más allá de su mero cumplimiento. La vista que devuelve Jesús sirve para ver lo mejor y para fijarse en el objetivo de llevar a cada uno a su máximo potencial. Con los ojos de Jesús se ve el Reino, no el mundo. Por eso el ciego no sabe donde se mete cuando acepta que le pongan barro en los ojos. A partir de ese momento es un apestado para los fariseos, y se encuentra listo para que Jesús sea su Señor.

Pedimos tantas cosas todos los días… Nos sentimos ciegos, cojos, sordos y empobrecidos. Sólo con mirar a quien tenemos al lado se nos ocurren montones de cosas que nos faltan. Pero no somos conscientes de nuestras verdaderas carencias. Nuestros ojos no ven y nuestros oídos no oyen. Sólo cuando Jesús pasa a nuestro lado y aceptamos su compañía nos sentimos preparados para aceptar al Señor como jefe.

Debe ser que nuestra oración no está muy bien orientada, porque nunca pasamos de tener una agudeza visual mediocre. Si nos dan lo que pedimos, y tenemos lo que tenemos, es que no pedimos bien. Nos da miedo que se nos abran los ojitos demasiado, y empezar a ver cosas, realidades frente a las que es imposible quedarse cruzados de brazos. No queremos conocer realidades, sólo disfrutar de las vistas.

El ciego de la historia no sabía qué iba a pasarle, pero confió en Dios y una vista nueva se le ofreció para hacerle vivir una vida nueva. Nosotros le insistimos al Padre para que nos dé lo que -creemos- es su verdadero espíritu. Es urgente pedir capacidad de aceptar lo que Él quiera enviarnos. Por mucho miedo que tengamos de lo que pasaría si aceptáramos los dones del Padre, peor será quedarnos con los sentidos cerrados para siempre.

A. GONZALO
aurora@dabar.net


DIOS HABLA

I SAMUEL 16,1b 6 7.10 13a
En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena tu cuerno de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey». Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido». Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón». Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor». Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?» Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas». Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue». Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste». Samuel tomó el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

EFESIOS 5,8 14
Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad justicia y verdad son fruto de la luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz».

JUAN 9,1.6 9.13 17.34 38
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: «Que es un profeta». Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.



EXEGESIS

La lectura de hoy sobre la vocación de David no debería albergar dudas sobre el sentido más general de la llamada: es el Señor quien elige. Y elige ‘lo débil de este mundo (1Co 1,26-29: “Considerad si no, hermanos, vuestro grupo de llamados: no hay muchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; Dios eligió lo que el mundo tiene por necio para humillar a los sabios; lo débil, para humillar a los fuertes; lo vil, lo despreciable, lo que es nada, para anular a los que son algo; para que nadie presuma delante de Dios”). Esta aparente ‘arbitrariedad’ en la elección va encaminada a que luego, en su tarea ‘vocacional, ‘nadie pueda engreírse frente a Dios’

Y con la elección va la fuerza necesaria para cumplir la misión recibida “En aquel momento invadió a David el espíritu del Señor y estuvo con él en adelante” (v.13ª). De esta transformación efectuada por el directo deseo de Dios nos hablan las otras lecturas. En Efesios se nos dice ‘ahora sois luz, entonces ‘erais tinieblas’. Y lo mismo, pero más plásticamente, se nos advierte en la transformación profunda de quien ha sido tocado por el dedo de Dios: los mismos que lo conocían advierten el cambio y se decían: ‘Es el mismo’, y otros: ‘No pero se le parece’. Y él decía: ‘Soy yo’. El convertido, el ungido, el curado por el Señor tiene ya otra vida, siendo el mismo. Pero algo maravilloso ha sucedido en su ser que el ungido se vuelve intocable, sagrado, para los demás (1Sam 10,1, 24,7). Como el mensajero adquiere la dignidad de quien lo envía.

No puede leerse, por ello, hoy este texto sin el contexto bautismal tan fuerte en la lectura evangélica. Así el bautismo es una elección/vocación. Nos elige el Señor ‘para estar con el y enviarnos’; como a los apóstoles, el Señor llama también a estas personas con las que quiere contar como protagonistas en la historia de la Salvación de manera personal, sorprendente y provocativa para el ‘mundo’. Moisés mismo le reconoce al Señor: ‘No sé hablar’ (Ex 4,10). Lo mismo que Jeremías: ‘¡Ay, Señor, que no sé hablar; que soy un muchacho’ (Jer.1,6) E incluso Isaías dirá ‘soy hombre de labios impuros’ (Is,6,3).

Pero es el Espíritu de Dios quien nos transforma, nos ‘recrea’ para llevar a cabo algo que supera con mucho nuestras fuerzas. Basta serle dóciles. Y cuenta el Señor con nosotros. Se sirve de lo más débil, pero él nos hará lo más fuerte si nos dejamos agarrar por él. En la medida de nuestra docilidad el Señor nos moldeará para la misión: ‘No les tengas miedo que yo te meteré miedo a ti’ Yo te convierto en plaza fuerte, columna de hierro…’ (Jer 1,16-17). Este joven que no sabía hablar, será oráculo del Señor. Por esos caminos terminará el episodio de hoy sobre David, el pequeño pastor de Israel, ignorado hasta por su padre.

TOMÁS RAMÍREZ
tomas@dabar.net


SEGUNDA LECTURA

En la sección exhortativa de Efesios se encuentra este párrafo. Se trata de animar a los cristianos a vivir como gente consciente de su vocación y coherentes con ella.

Para ello se emplea le metáfora de la luz y las tinieblas, tan frecuente en la literatura religiosa de muchas partes sin que sea preciso buscar para ella orígenes gnósticos o de otro tipo.

Se complementa la imagen, suficientemente comprensible sin grandes especulaciones, con el contraste entre lo que eran los destinatarios del escrito antes de su conversión y su conducta de entonces con la que en la actualidad se espera que lleven. Conectada con ese contraste está la contraposición entre la el comportamiento de los cristianos con el de los que no lo son.

Ambos contrastes eran bastante fáciles de percibir en aquel momento, en el cual casi todos los cristianos habían sido paganos adultos. También estaban rodeados de paganos cuya forma de proceder era fácilmente comparable. Quizás ahora sea preciso establecer otros puntos de comparación, lo cual tampoco es demasiado difícil dadas las circunstancias actuales.

Con todo lo esencial no es comparar y, mucho menos, sentirse hipotéticamente superiores, sino caer en la cuenta de que estamos obligados a vivir conforme a lo que profesamos so pena de incoherencia y, en último término, engaño existencial.

La exhortación es de tipo general. Las concretizaciones de esos principios han de sacarlas los interesados teniendo presentes las circunstancias en que se encuentran. Esta es la tarea de los cristianos del siglo XXI

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


EVANGELIO

1. Observaciones previas
V.2 ¿Quién pecó, él o sus padres, para que naciera ciego? A pesar del libro de Job, en tiempos de Jesús todavía estaba en vigor la antigua idea de que entre pecado y enfermedad había una relación directa.
V.7 Enviado. Se trata probablemente de una adaptación etimológica libre del evangelista, explicitando la referencia a Jesús, el Enviado de Dios por antonomasia.
Vs.13,15 y 16 Los fariseos. Vs.18 y 22 Los judíos. Designaciones de la autoridad religiosa judía de tendencia farisea.
V.22.34.35 Excluir, expulsar de la sinagoga. Excomunión, es decir, exclusión permanente de alguien de la comunidad de Israel.

2. Texto
El relato empieza en el v.1 con la figura de un ciego que recupera la luz y finaliza en el v.41 con los fariseos que se han vuelto espiritualmente ciegos. En realidad, el relato refiere dos historias: la del que desde la tiniebla termina en la luz (ciego de nacimiento) y la del que desde la luz termina en la tiniebla (fariseos). Mientras el ciego de nacimiento, recobrada ya la vista, va abriendo gradualmente sus ojos a la verdad sobre Jesús, los fariseos se obcecan cada vez más en su incapacidad para ver esa verdad.
La evolución del ciego puede seguirse a través de sus respuestas a las preguntas que le formulan. Cuando le preguntan los vecinos (vs.8-12), todo lo que es capaz de responder es que su bienhechor es ese hombre que se llama Jesús (v.11). En el primer interrogatorio de la autoridad religiosa (vs.13-17), el interrogado llega a confesar que Jesús es un profeta (v.17), situando ya a Jesús en el ámbito divino, al igual que ya hiciera la samaritana el domingo pasado. En el segundo interrogatorio de la autoridad religiosa (vs.24-34), el interrogado se convierte en ardiente defensor de Jesús: Si éste no viniera de Dios, carecería de todo poder (v.33). Vale la pena releer con calma este segundo vibrante interrogatorio. Por último, en el momento culminante del relato (vs.35-41), el que había sido ciego reconoce a Jesús como el Hijo del Hombre y le confiere el título divino de Señor (vs.35-38).
En contraste con el que había sido ciego, la autoridad religiosa judía va perdiendo gradualmente la visión. En el primer interrogatorio, está dividida acerca de si Jesús deba o no debe ser considerado hombre de Dios (vs.13-17); en el segundo, desaparece en ella todo interés por conocer la verdad sobre Jesús (vs.24-34). Al final del relato, en el momento culminante del mismo, Jesús constata la ceguera de la autoridad religiosa judía (vs.39-41).
Es importante observar que el relato llega a su culmen cuando Jesús va al encuentro de quien acaba de ser excluido de la comunidad de Israel. Mientras el excluido está en el día, en la noche quedan quienes no son conscientes de su ceguera. Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean y los que ven queden ciegos.

3. Comprensión actualizante
El ciego ve porque acude a Jesús, el Enviado de Dios por antonomasia. Donde está Jesús está la Luz.
Acercarse a Jesús es acercarse a la Luz. Alejarse de Él es entrar en la Tiniebla.
El ciego llega a creer, porque tiene la humildad de acudir con su ceguera al Enviado, entre el enfado, la descalificación y hasta la exclusión de los que están orgullosos de ver.
Excluido por los videntes, el ciego es buscado y encontrado por el Señor. Esa es su fuerza y su alegría.
¡Pobres los videntes que por cobardía o por orgullo se inhabilitan para acudir al Enviado! El Señor no acude al encuentro de quien no quiere ser encontrado.

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net


NOTAS PARA LA HOMILIA

Con cada vez mayor frecuencia, las diferentes sensibilidades que conformamos la Iglesia, decimos y nos decimos que tocan tiempos difíciles para la tarea evangelizadora.

De hecho, tanto en la documentación eclesial última -cartas papales, circulares episcopales- como en nuestros numerosos encuentros, congresos, foros, publicaciones, etc., parece que nos encolumnáramos cada vez más, detrás de la sensación común de no saber qué hacer, por qué camino conducir nuestros pasos.

De ahí, las palabras recurrentes, los planteamientos gastados, las iniciativas estériles, etc., etc., como sí algo ajeno a nosotros nos impidiese ver dónde está la salida; pues si bien de vez en cuando ha surgido algún nuevo “profeta” atrayéndonos con sus propuestas, ya hemos comprobado que la cosa no era tal, que aquello no era novedad, sino solo vetustez maquillada, disimulada.

¡Que en fin! ¡Que estamos como dando palos de ciego!

Por eso no puede ser más oportuno el pasaje joánico del ciego de nacimiento. De camino a la Pascua, a la luz, a la generación de lo nuevo que nos ofrece el Resucitado, el Evangelio según Juan pinta de cuerpo entero nuestra propia encrucijada eclesial.

De hecho, leer el episodio de hoy como metáfora del crecimiento en la fe, tan sólo desde la perspectiva de lo personal o individual, sería un error respecto a la intencionalidad del mismo. Esto por tratarse de un pasaje en el que la oposición cristiano-judía/sinagoga, viene a dar cuenta precisamente de la dimensión comunitaria de la misma fe. Es ella -dicha dimensión comunitaria- el marco, la condición de posibilidad para la auténtica relación donde debe darse el despertar a la fe… el nacer de y para la luz que es y nos da el Señor Jesús.

De ahí, que mientras el ciego viene a representar el proceso ascendente que supone recobrar la vista, hacerse hijo y testigo de la luz, enfrente, lo falsamente comunitario de vecinos y fariseos, desciende a los márgenes de la incomprensión y la expulsión por no querer ver. Por miedo a que abriendo los ojos, la oscuridad de los propios montajes, de las cegueras estructurales del no preguntarse y del nulo interés por la verdad, queden al descubierto.

Todo un mensaje a esas vivencias nuestras de la fe, que sistemáticamente buscan eludir ver hondo y profundo en los acontecimientos de la historia y de la propia existencia.

Un mensaje duro, interpelante, por otra parte, si consideramos que las actitudes del ciego son todo un desafío y una enseñanza de cara a la iluminación y trabajo que Jesús desea realizar en todos, pero ello de manera conjuntada, comunitaria.

Frente a los límites auto-impuestos o no, la fe como camino progresivo de evolución, es la vía de salida para nuestros atascos eclesiales, para nuestro no ver por dónde seguir andando en esta hora compleja, inédita que como Iglesia nos toca.

Por eso, como Iglesia, veamos que:
Alguien viene,
nos dirige su palabra,
una palabra que comprendemos
porque es clara.
afecta a nuestras miserias,
cura viejas heridas
y deshace tantos insoportables esfuerzos y montajes…

SERGIO LÒPEZ
sergio@dabar.net



PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS

Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento
(Jn 9,1)

Preguntas y cuestiones
-Jesús, de pasada como quien no quiere la cosa, ve a un hombre que no le puede ver…no es simplemente una llamada a la lástima, sino que le pone en acción, liberando al ciego de su ceguera. ¿Vamos por la vida descubriendo las cegueras a nuestro alrededor y nos ponemos en acción, o miramos a otro lado, o sencillamente nos quedamos en un ‘pobrecico’?
-También nosotros hemos estado ciegos…¿reconocemos a Jesús como quien nos ha sanado de nuestras cegueras… y eso nos ha llevado a reconocerlo como Señor?


PARA LA ORACION

Celebrando la cuaresma, Señor, caemos en la cuenta de que nuestros ojos están, con frecuencia, obcecados con prejuicios y marcados por la incipiente catarata de una religiosidad poco flexible. Ayúdanos a ser siempre tan humanos y comprensivos como Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
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En el camino de la vida añoramos compañeros que nos acojan, nos animen y nos hagan ver lo que el mundo nos oculta. Conviértenos en lazarillos de quienes no te conocen para conducirlos hacia Ti que eres el Dios de la luz y de la vida
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Con toda la alegría del mundo queremos expresarte nuestro agradecimiento por la suerte de haberte encontrado en nuestro caminar. Tú nos haces ver el mundo, surgido de tus manos para nuestro servicio y convivencia. Tú nos lo has entregado para administrarlo y gestionarlo de modo que a todos lleguen los regalos que en él has sembrado y que podremos recoger si los cultivamos con esmero y precaución. Nos invitas a compartirlos entre todos y nos animas cuando el desaliento se apodera de nuestro espíritu tantas veces alicaído por la tarea que tiene por delante.
Sentimos la presencia de Jesús junto a nosotros y nos hace ver que la esperanza no es una palabra más sino la convicción de tu poder entre nosotros actuando a nuestro lado y transformando el mundo y, sobre todo, nuestro corazón. Por eso y por tantas cosas que todos sabemos podemos y debemos darte gracias.
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Que nuestra experiencia de Ti, Señor, sea motivo de abrir nuestros brazos a todos, aceptando que cada uno tiene su proceso propio y que al final siempre estás saliendo al encuentro de quien te busca y te necesita.



LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
Somos la comunidad de quienes hemos encontrado a Jesús en nuestra vida. Cada uno lo ha encontrado de una manera distinta, personal. A veces ese encuentro ha sido tan natural, tan humano, que casi ha pasado inadvertido, pero ha dejado huella, nos ha hecho sentir de cerca que Dios es perdón, que Dios nos ayuda a vivir más intensamente, que abre nuestros ojos a realidades y dimensiones que, sin Él, nos pasarían inadvertidas.
Celebremos, pues, que Él realiza en nosotros el milagro de abrir nuestros ojos a la vida, de devolvernos la luz que tantas veces parece desaparecer y de mostrarnos su amistad y cercanía.

SALUDO
Que Dios abra nuestros ojos para poder descubrir su mensaje y nuestro corazón para aceptarlo en esta celebración en que le daremos gracias por estar presente misteriosamente entre nosotros.

ACTO PENITENCIAL
A Ti, Dios bueno, que aceptas a todos con su pesada carga de problemas, defectos y pecados, nos dirigimos al comenzar nuestra celebración:
-Tú que conoces el mundo y sabes que estamos hechos de barro con todas las cosas que escondemos en nuestro interior. Señor, ten piedad
-Tú que has compartido nuestra existencia y te has encontrado con nosotros en la calle, en casa y en el trabajo y sabes muy bien cómo somos. Cristo, ten piedad
-Tú que siempre nos acoges, nos comprendes, nos das esperanza y nos animas a seguir nuestro camino habiendo aligerado nuestra carga. Señor, ten piedad.
Dios nos acepta, nos muestra su amistad, nos perdona y nos invita a compartir la vida eterna

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Ya en uno de los libros más antiguos de la Biblia se nos dice que Dios no nos quiere por nuestra apariencia, ni por nuestros méritos, ni por nuestras cualidades. Dios nos quiere porque sí. Todos podemos ser sus colaboradores en hacer que otros lo conozcan.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 22)
El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
A los creyentes se nos dirige esta lectura que evoca muchas cosas y no necesita explicación. Estando atentos caeremos en la cuenta de la invitación que nos hace a vivir en la luz y siendo luz. Es decir, a ser cables por los que pueda pasar la luz de Dios a nuestro mundo.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
Narración llena de detalles irónicos en los que podemos vernos reflejados. Cada cual verá dónde se descubre, si en el ciego que consigue superar su situación, si en los padres que no se atreven a verse comprometidos, si en los guardianes de una religiosidad que, en lugar de favorecer la relación con Dios, impedía la experiencia cercana y bondadosa de Dios.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Desde la contemplación que cada día hacemos de las necesidades del mundo nos dirigimos a Ti, Dios bueno, queriendo reflejar en nuestras peticiones esas necesidades y problemas que parecen desbordarnos.
-Por los creyentes cristianos, para que nunca seamos un obstáculo y un impedimento para quienes te buscan desde su angustia. Roguemos al Señor
-Por todos los que te buscan con anhelo para que puedan ver que estás cerca de quienes sufren. Roguemos al Señor
-Por todos los necesitados que pueden abrir nuestros ojos a la vida real y a tu presencia misteriosa, para que vivan con esperanza y nos sientan próximos. Roguemos al Señor.
-Por los que celebramos la cuaresma y nos acercamos a vivir la dimensión profunda de la vida en la Semana Santa, para que no nos desvíen la atención los preparativos externos. Roguemos al Señor
Oración: Escucha, Padre de bondad, estas súplicas que salen de nuestros corazones conmovidos por lo que vemos a nuestros alrededor, hazlo porque lo necesitamos y porque te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.


CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada: Cristo es el camino, del disco "Dios es amor"; El Señor es mi luz (1 CLN505); Qué alegría cuando me dijeron.
Salmo: El Señor es mí pastor (Gelineau, ficha F 22).
Ofertorio: Llevemos al Señor del disco "l 6 Cantos para la Misa".
Santo: de Palazón.
Doxología: 1 CLN K 3.
Paz: 1 CLN N 1.
Comunión: Creo en Jesús (1 CLN 274); Delante de ti (Amazing Grace), en la versión que se encuentra en el casete "Cantos para participar y vivir la Misa", de Carmelo Erdozáin; El pan de los creyentes (1 CLN O 7); Alabad al Señor.
Final: Himno a Jesucristo, tomado del disco "l2 Canciones religiosas y litúrgicas para el siglo XXI".



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net

SEGUIR LEYENDO

CATEQUESIS: IV Domingo de Cuaresma (Jn 9,1-41) - Ciclo A: El Señor nos salva


Publicado por Catequistas.org

1. Lecturas de la palabra de Dios

La salvación sólo viene por Jesús. El vino a la tierra como reparador del pecado de Adán y de todos los pecados de la humanidad. Por eso es importante entender cualquier fragmento de la Sda. Escritura a la luz de este gran principio teológico

Primera lectura: 1 Samuel 16. 1 y 6-7

“El Señor dijo a Samuel: "¿Hasta cuándo vas a estar lamentándote por Saúl, si yo lo he rechazado para que no reine más sobre Israel? ¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey".
Samuel respondió: "¿Cómo voy a ir? Si se entera Saúl, me matará".
Pero el Señor replicó: "Llevarás contigo una ternera y dirás: ‘Vengo a ofrecer un sacrificio al Señor’. Invitarás a Jesé al sacrificio, y yo te indicaré lo que debes hacer: tú me ungirás al que yo te diga".
Samuel hizo lo que el Señor le había dicho. Cuando llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a su encuentro muy atemorizados y le dijeron: "¿Vienes en son de paz, vidente?".
"Sí, respondió él; vengo a ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio". Luego purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio. Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: "Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido".

Pero el Señor dijo a Samuel: "No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón".





Lectura Segunda: Efesios 5. 8-14



San Pablo recuerda a los Efesio que han sido elegidos por Dios para formar un nuevo pueblo, el Pueblo de la Alianza Nueva. Despierta tú que duermes, que ha nacido una nueva humanidad.

“En otro tiempo fuisteis tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor. Vivid como hijos de la luz; pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad.
Examinad qué es lo que agrada al Señor y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas.
Cierto que ya sólo el mencionar las cosas que hacen ocultamente da vergüenza; pero, al ser denunciadas, se manifiestan a la luz.
Pues todo lo que queda manifiesto es luz. Por eso se dice: Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo”.




Tercera Lectura: Juan 9. 1-41




“En aquel tiempo vio Jesús, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: "Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?"
Respondió Jesús: "Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo."
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: "Vete, lávate en la piscina de Siloé" (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.
Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: "¿No es éste el que se sentaba para mendigar?"
Unos decían: "Es él". "No, decían otros, sino que es uno que se le parece." Pero él decía: "Soy yo."
Le dijeron entonces: "¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?"
El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: "Vete a Siloé y lávate." Yo fui, me lavé y vi."
Ellos le dijeron: "¿Dónde está ése?" El respondió: "No lo sé."
Llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista.
El les dijo: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo."
Algunos fariseos decían: "Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado." Otros decían: "Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?" Y había disensión entre ellos.
Entonces le dicen otra vez al ciego: "¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?" El respondió: "Que es un profeta."
No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: "¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?"
Sus padres respondieron: "Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntad a él; edad tiene; puede hablar por cuenta de sí mismo."
Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: "Edad tiene; preguntad a él."
Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: "Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador."
Les respondió: "Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo."
Le dijeron entonces: "¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?"
El replicó: "Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?"
Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: "Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es."
El hombre les respondió: "Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha.
Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada."
Ellos le respondieron: "Has nacido todo lleno de pecado ¿y nos das lecciones a nosotros?" Y le echaron fuera.
Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: "¿Tú crees en el Hijo del hombre?"
El respondió: "¿Y quién es, Señor, para que crea en él?"
Jesús le dijo: "Le has visto; el que está hablando contigo, ése es."
El entonces dijo: "Creo, Señor." Y se postró ante él.
Y dijo Jesús: "Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos."
Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: "Es que también nosotros somos ciegos?"
Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: "Vemos" vuestro pecado permanece en vosotros.”


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Comentario

El milagro del ciego, y también el coloquio que mantienen con él los fariseos en busca de datos para ir contra Jesús, es una de las páginas más hermosas que hay en el texto de Juan. Cualquiera que no esté ciego del alma se rinde ante alguien que cura a un ciego de cuerpo.

Este milagro tiene varias características: una vez más fue realizado en sábado, en contra de las tradiciones rigoristas del os fariseos. Se hace sobre alguien a quien conoce todo el pueblo, pues vivía de pedir limosnas a la puerta del templo. Consigue que el ciego diga verdades contundentes que muchas gentes sencillas pensaban y no se atrevían a decir.

Todo comenzó ante una pregunta de los discípulos al ver a un ciego de nacimiento en el Templo."Le preguntaron sus discípulos: Rabbí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?". La Escritura relacionaba el dolor, la enfermedad y la muerte con el pecado. Jesús quiso con este espectacular milagro desautorizar semejante prejuicio popular. La enseñanza de Jesús también fue contundente: "Respondió Jesús: Ni pecó éste ni sus padres, sino que eso ha ocurrido para que las obras de Dios se manifiesten en él".

Jesús aprovechó para dejar las cosas claras, repitiendo que "es necesario que nosotros hagamos las obras del que nos ha enviado mientras es de día, pues llega la noche cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo soy luz del mundo"(Jn). El término día en la boca de Jesús alude al tiempo en el que su permanencia entre los hombres se convierte en tiempo de luz y de salvación. Luego vendrá la noche, cuando su muerte llegue. Entonces vendrá un tiempo de desconcierto y de lágrimas. Jesús recomienda que se preparen sus seguidores para cuando lleguen los días oscuros.

Jesús hizo una interesante alusión a la pequeñez de los hombres y la sencillez de las cosas. Pensó tal ven en Adán, hecho de lodo de la tierra, y "escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, aplicó lodo en sus ojos y le dijo: Anda, lávate en la piscina de Siloé”. La obediencia tuvo un premió: la curación de la ceguera, del mismo modo que la desobediencia de Adán tuvo un castigo: la pérdida de la luz.

Por otra parte, al hacer lodo en sábado, que equivale a trabajar, sugiere que Jesús les dice a los que le observan y a los que van a preguntar al ciego, que El es “Señor del sábado”, que está por encima de las leyes de Moisés y que su vida y sus gestos anuncian una nueva época en la Historia del pueblo de Dios.

El ciego no sabía quién era el que le manchó su cara con aquel barro misterioso. Cuando lo supo adoptó una postura de defensa agresiva ante los fariseos y tuvo la suerte de ser expulsado de la sinagoga, ser “echado fuera”.

El ciego decía a todos: Si soy yo, me dijo lávate, me lavé y veo. Si este hombre fuera pecador, no podría hacer nada de lo que hace. Es un profeta… Desde que el mundo es mundo nadie hace lo que este hombre- Este hombre viene de Dios

La curación del ciego no fue un milagro más de Jesús. Fue un desafió en el corazón de la ciudad santa. Fue un gesto portentoso que suscitó una reacción violenta en sus enemigos. La tensión terminó como termina el relato de Juan. Al aludir Jesús a que había otros ciegos que no querían ver y que su pecado era muy grande, los fariseos le desafiaron: ¿Acaso, nosotros somos también ciegos? Y se suscitó la tremenda respuesta de Jesús: “Si fuerais ciegos no tendríais pecado. Pero como andáis diciendo que veis, vuestro pecado está dentro de vosotros”

+ + + + +

La ceguera de los judíos y de los pecadores es como la del ciego. Sólo si Jesús dice: “Vete y lávate”, y se le obedece, se puede curar y llegar a la luz. Eso supone humildad como el ciego: Fue, se lavó o volvió viendo. Todo lo contrario de los fariseos que le decía: Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese que te ha curado en sábado es un pecador

La respuesta del ciego es una confesión agradecida de su salvador: “Si es un pecador yo no lo sé. Sólo sé una cosa: que yo era ciego y ahora veo. El ciego, que ya no sólo tiene la vista de los ojos, sino que está poseído por una luz misteriosa en el alma, les formula una lección de teología sublime: “Esto es precisamente lo admirable, que vosotros no sepáis de dónde es y que me abriera los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que, si uno honra a Dios y hace su voluntad, a éste le escucha Dios. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si ése no fuera de Dios no hubiera podido hacer nada".

El discurso del ciego que ahora ve está lleno de lógica y de fe. Todos los pasos de su razonamiento son coherentes. El que no los acepta es porque está ciego de malicia y de rencor; es por que no quiere ver.

+ + + +

La luz de Jesús era para el ciego más fuerte la luz recién estrenada en sus ojos. El había sido objeto de una elección divina y debía ser fiel a ella. Era ya más fuerte que sus padres, los cuales no quisieron comprometer confesando la grandeza misteriosa del curador de su jo: “Edad tiene. Preguntádselo a él”

El ciego se fue de la sinagoga lleno de confusión y dolor por haber sido excomulgado, expulsado de la familia judía, como pena de haber sido defensor valiente de Jesús. Pero seguramente quedó lleno de alegría y de confianza en quien la había devuelto la luz de los ojos. Es maravillosa la conclusión del relato:

"Oyó Jesús que lo habían echado fuera, y encontrándose con él le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre? El respondió: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Lo has visto; el que habla contigo, ése es. Y él exclamó: Creo, Señor. Y se postró ante Él.

Uno de los primeros cristianos nació a la luz de la fe así: invitado por Jesús, recién salido de la sinagoga, en donde no le había dado la luz. DEsde entonces, con toda seguridad, como pasaría a lo lar de miles de años con todos los seguidores de Jesús. El ciego vivió en la luz. Comenzó a ver las cosas con el cuerpo y con el alma. Supo que Dios tiene misericordia de los hombres. Supo que ese hombre que le untó de barro los ojos era el Hijo del hombre profetizado por Daniel, que Jesús era el Mesías, y que para él comenzaba una nueva vida en una nueva Iglesia o reunión de los seguidores del Salvador.


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3. Modelo de Catequesis

1. Experiencia

Preguntando a algún ciego como “ve” él las cosas desde su oscuridad corporal, se pueden los alumnos o catequizandos hacer idea de lo que es un ciego. Pueden acaso entender lo que tuvo que ser para el ciego su curación y lo que tuvo que pasar por su mente y por su corazón .
Si es fácil y asequible algunos miembros del grupo puede hacer unas preguntas a un ciego y luego relatar sus impresiones a los demás. Si no es fácil es bueno simula una ceguera y realizar algunas tareas (andar, tocar, escribir, moverse) con los ojos cerrados

2. Reflexión

El educador de la fe puede hacer que el grupo perfile una tipología de cegueras: ceguera corporal, ceguera cultural, ceguera estética, ceguera moral o espiritual, ceguera por amor, ceguera por odio
Y puede resaltar lo importante que saber ver en todo lo contrario a esas cegueras presentadas.
Puede entonces formular una reflexión personal sobre lo que sentí el ciego del evangelio antes y después de recobrar la vista.

3. Acción

Un trabajo en grupo puede resultar interesante. Cada grupo puede hacer un cuadro sobre como se ve las cosas un hombre concreto s) desde el amor o desde el odio, b) desde la ilusión o desde la desesperación, c) desde la claridad de ideas o desde el desconcierto, d) desde la amistad o desde la soledad. Cada uno puede pensar, elegir y comentar una perspectiva humana
Luego de preparado el cuadro para exponer ante los demás lo pone a disposición de todos o lo expone por escrito para que quede uno o dos días para observación de los demás.

4 Colaboración

La colaboración puede esta vez ir por el camino de la experiencia. Formular tres perspectivas: por ejemplo, un programa de un partido político, un personaje público o una noticia de prensa. Realizar una encuesta a tres personas: una de edad, un niño y uno joven o una joven, y se anotan sus ideas o propuestas.
Luego se propone la misma cuestión a uno que trate de situarse desde la perspectiva de un ciego de nacimiento, antes y después de haber recobrado milagrosamente la vista.

5. Interiorización

Recitar una plegaria en forma de salmo compuesto por todos, al estilo del Himno de los tres jóvenes en el horno. Se puede entregar una copia de este fragmento de libro de Daniel y que cada uno prepare un fragmento por juntar a los demás y constituirlo en una plegaria del grupo.
Enseñar a pedir la luz para diversas cosas de la vida, sobre todo para ver las cosas de Dios: caridad, oración, valores espirituales


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4. Ejercicios para la catequesis

- De Pequeños

- Dramatizar la escena del ciego. Primero se narra brevemente. 2ª se reparten los personajes, de manera muy amplia (se pueden introducir nuevos personajes. Se escenifica. El profesor o catequista va señalando las enseñazas de cada paso de la representación

De Medianos

Preparar un concurso de “representaciones gráficas del hecho milagroso. El tema será realizar individualmente o por grupos un cuadro ( o un dibujo) pero añadiendo un boceto o plano del gráfico justificando personajes, colores , detalles, figuras.
Previamente se lee detenidamente el texto y se pone como objetivo claro el lograr que cada rasgo o cada objeto que se ponga tenga un significado muy preciso


- De Mayores y Preadolescentes

Buscar los milagros de Jesús sobre ciegos y hacer un cuadro comparativo de los rasgos que acontecen en cada uno de ellos. Resaltar los original del que se toma como referencia en la presenta jornada dominical

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Complementos para la reflexión

Términos del Diccionario de Catequesis.

Ciego, Luz divina, Gracia, Divinidad de Jesús, Fariseos,

Milagro, Mesías, Señor del sábado, Sábado judío, Fiesta, Curación,


Libros interesantes

El ciego de nacimiento. Martin Pavia y Antonio Carlos Ambrosio. Madrid. San Pablo 2003

¿Crees en el hijo del hombre?: Para renovar nuestro camino de fe con el ciego de nacimiento. Dionigi Tettamanzi. Valencia. Comercial Editora de Publicaciones. 2006

Los milagros de Jesús; perspectivas metodológicas plurales. Rabel Aguirre Navarra. Verbo Divino. 2002

Los milagro de Jesús. Symons Roberts. Barcelona. Ed. Folio 2006

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LA HOMILÍA MÁS JOVEN: ¿QUIEN TIENE LA CULPA?


IV Domingo de Cuaresma (Jn 9,1-41) - Ciclo A
Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Cuando ocurre algo desagradable y que no hemos podido controlar, siempre queremos dar la culpa a alguien, o dárnosla a nosotros mismos. Y tal vez nadie la tenga. Admitir nuestra ignorancia, aceptar el misterio, es imposible para algunos. Uno de los motivos que se aducen para justificar el propio ateísmo, es el de no haber encontrado ninguna religión, que dé una explicación al mal. ¿No sería más correcto, en todo caso, que nos preguntásemos la causa de lo ocurrido? Ciertamente que cuesta aceptar el sufrimiento atroz de un niño, Albert Camus atribuía a esto su falta de Fe (en La peste). Pero Enmanuel Mounier, decía que nada se parece tanto a Cristo crucificado, como la inocencia sufriente (y él tenía en su familia un hijo que le interrogaba con su desgracia). Los animales no se hacen preguntas, los hombres sí y exigen respuestas inmediatas. Lo primero es prueba de humanidad, lo segundo de orgullo.

2.- Se encuentran por Jerusalén a un pobre hombre ciego de nacimiento y de inmediato surge la pregunta: ¿Quién pecó, él o su padre? La respuesta de Jesús no es sencilla, exige la aceptación humilde del misterio, los animales no son capaces de ello. Dios es misterio, decía Einstein, pero no engaña. Añadiría yo, que no nos toma el pelo. La culpa de la desgracia de aquel hombre, no es el pecado de alguien, si le ocurre esta desgracia, es para que se manifiesten las obras de Dios, afirma Jesús. De tantos hijos de vecino que por entonces pululaban por la ciudad y que mirarían, correrían y trabajarían, nada sabemos. De este buen hombre, sí. Su ceguera permitió que se manifestase el poder del Señor, fue un colaborador directo suyo. Y esta fue su gran suerte. Añádase que al recobrar posteriormente la visión, pudo gozar de ella en este mundo y en la Eternidad sería recibido con gozo. El buen hombre no era un desconfiado, como entre nosotros abundan. Embadurnar los ojos con barro, parece aberrante, pero él lo acepto sin recelo. Se encontraba al borde, en el inicio, de la Fe y se puso en sus manos. Y se fue sin pereza a lavarse al lugar que el Señor le indicaba, pudiendo hacerlo más cerca.

3.- (Siloé era un gran depósito de agua, que se alimentaba del manantial del Guijon, a través del prodigioso túnel de Ezequías, que aún hoy admiramos. Me comunica un amigo, que no hace mucho se han encontrado restos arqueológicos de lo que fue esta gran piscina, de la que se aprovechaban los servidores del Templo y la misma población. Hasta ahora lo que creíamos lo era, y que he visitado bastantes veces, no se trataba más que de un remanso de la corriente que se deslizaba, ya al aire libre, hasta descansar un centenar de metros más abajo, en este depósito llamado justamente “del enviado”. Si el encuentro con el Señor fue por el centro de la ciudad, le tocaría caminar un buen trecho, ya que Siloé está a las afueras del núcleo, próximo a la muralla).

4.- Mis queridos jóvenes lectores, nos toca ahora observar las reacciones personales de los diferentes actuantes. El grupo fariseo se fija únicamente que el milagro se ha realizado en sábado y ellos se consideran custodios de las tradicionales leyes, sin tener en cuenta que las reveló Dios y el que tienen allí, es su Hijo Unigénito. Pero hay gente que esta inclinada a considerar que todos son malos, excepto ellos, sea cual sea su comportamiento.

Que nazca un hijo ciego, no es ninguna bicoca y la desgracia la sufrirían los padres cuando era niño. De mayor no podrían aprovecharse de él que no contribuiría a mejorar la economía familiar. Seguramente estaban hartos. Escurren el bulto, son cobardes. No quieren dar gloria a Dios, pese a que les ha favorecido al curarlo. Que se lo pregunten a él mismo, que ya es mayorcito, contestan. El buen hombre, pese a que su desgracia no le hubiese permitido tener estudios teológicos como los de sus interlocutores, es valiente y lo dice con sinceridad: le ha curado Jesús, que deduzcan ellos la respuesta, si es que están tan interesados. Vistas las buenas consecuencias que ha tenido su encuentro con Él, piensa y se lo dice, que debe tratarse de un profeta…

Eso si que no, de ninguna manera le contestan, vomitando de inmediato, su intencionado acervo cultural. Carece el que fue ciego de erudición, pero no de sentido de la ironía, una buena ayuda dialéctica, y les dice a bocajarro: ¿queréis vosotros también ser seguidores suyos?

5.- ¡Buena la ha hecho! Acuden entonces a un arma que todavía usan los que son tan pobres, tan pobres, que no tienen más que poder de prohibir, y le insultan y marginan. Queda excluido de la sinagoga. Excomulgado, diríamos hoy.

Es muy posible que si en vuestra vida sois leales a Jesús, por parte de los que detentan el poder, mis queridos jóvenes lectores, a vosotros también os marginen. Escuece sufrirlo, pero hay que aceptarlo con serenidad. Comprobaréis que Dios no os ha marginado y si, como los discípulos continuáis con Él, os daréis cuenta de que uno puede vivir felizmente, pese a ser ignorado por los que mandan.

Pero tened en cuenta que la fidelidad no consiste en renunciar a interrogarse. Quien abandona la inquietud, es señal de que empieza a morir, dijo algo así, el presidente Franklin, y estoy totalmente de acuerdo. Los apóstoles le siguieron, pero no como mansos e insulsos borregos. El que nos relata esta escena, es el mismo que al final de su evangelio, junto a las aguas de Genesaret, después de escuchar lo que el Maestro dice a Pedro, le pregunta por su futuro.

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Evangelio Misionero del Día: 01 de Abril de 2011 - III SEMANA DE CUARESMA - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 28b-34

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?»
Jesús respondió: «El primero es: "Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único. Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas". El segundo es: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". No hay otro mandamiento más grande que éstos».
El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que Él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios».
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Nuestro amor a Dios se expresa en el amor fraterno
“No existe otro mandamiento mayor que esto”

Hemos recorrido ya una buena parte de nuestro itinerario cuaresmal. En este día penitencial, tenemos la oportunidad de verificar el camino recorrido e intensificar nuestro proceso de conversión, escuchando y siguiendo las enseñanzas de Jesús, nuestro Maestro.

En el Evangelio de hoy Jesús vuelve a enfocar la característica fundamental de nuestro discipulado: el amor a Dios y el amor al prójimo, como expresión máxima de la voluntad del Padre sobre nosotros.


1. EL amor es lo primero

Después de haber escuchado la discusión de Jesús con los saduceos sobre la resurrección de los muertos, “un escriba se acercó a Jesús, y le preguntó: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’” (Marcos 12,28).

La pregunta que el escriba le dirige a Jesús es simple y directa, no tiene asomo de hostilidad o ironía. De la manera como concluye el diálogo entre los dos (ver 12,32-34) podemos pensar que este hombre se ha acercado a Jesús con un sincero deseo de aprender de él.

Jesús le responde: “El primero es: ‘Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor, y amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’” (12,29-30). Y “El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’” (12,31). En su respuesta Jesús está uniendo dos citas del Antiguo Testamento: la primera de Deuteronomio 6,4-5, que sintetiza la profesión de fe del pueblo de Israel, y la segunda de Levítico 19,18, referida al amor al prójimo.

Notemos que el escriba en su pregunta hace referencia a un solo mandamiento: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús, por el contrario, le responde añadiendo un segundo, y concluye afirmando que es uno solo: “No existe otro mandamiento mayor que estos” (12,31).


2. Amar a Dios en el hermano

La originalidad de Jesús está en unir los dos mandamientos en uno solo y afirmar que éste es mayor de todos los mandamientos. Notemos cómo la palabra que conecta a los dos mandamientos y hacen de ellos uno solo es precisamente la palabra Amor.

Jesús siempre unió el amor a Dios y el amor al prójimo hasta el punto que no se puede vivir el uno sin el otro. Juan, el discípulo amado, supo expresar estupendamente, es su primera carta esta síntesis del amor aprendida en la escuela del Maestro “pues quién no ama a sus hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido del Él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4, 20-21).

Jesús es la expresión viva de esta síntesis: El, el Hijo amado, quien vive con el Padre en una relación de amor indescriptible, hace visible este amor, amándonos a nosotros hasta el extremo de entregar su propia vida (ver Romanos 5,81). Recordemos de nuevo el pensamiento de Juan: “En esto hemos conocido lo que es el amor, en que dio su vida por nosotros” (1 Juan 3,16).

En la cuaresma, El Maestro de la Vida nos está pidiendo con insistencia este ejercicio de amor, amar como somos amados por el Padre, amarnos unos a otros como Jesús nos ha amado.


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
1. Según Jesús: ¿cuál es el primero y mayor de los mandamientos?
2. ¿En qué forma mi relación con Dios incide en mi relación con los demás?
3. ¿Cómo podemos hacer vida en nuestra familia o en nuestra comunidad el mandamiento que Jesús nos dejó?


“Debemos amar la oración.
La oración dilata el corazón hasta el punto de hacerlo capaz
de contener el don que Dios hace Sí mismo”
(Beata Teresa de Calcuta)

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IV Domingo de Cuaresma (Jn 9,1-41) - Ciclo A: Unos ojos nuevos

Reflexión para Niños

En aquellos tiempos pensaban cosas muy raras. Pensaban que si un niño nacía ciego... era porque él (antes de nacer) o sus padres habían cometido un pecado muy gordo. Jesús ya sabía que esto no tenía sentido... y decidió curar al ciego.

Aquel hombre, tras encontrarse con Jesús, recuperó su vista y cambió su vida... Desde el principio supo que Jesús no era como los demás hombres. Supo que Jesús era el Señor y creyó en Él. Para el ciego y para la gente sencilla, la vida cambia al creer en Jesús.

Pero por allí también estaban los fariseos... que no soportaban que Jesús ganara más seguidores. Estaban muertos de envidia... y además de no querer creer en el milagro que hizo Jesús... se empeñaron en encontrar algo malo para criticarlo.

Y tuvieron la ocurrencia de decir que Jesús hizo mal en curar al ciego en sábado... que entonces era el “día del Señor”.

Nosotros a veces también actuamos como los fariseos: nos creemos mejores que los demás, y buscamos criticar hasta lo bueno que hacen otros. La soberbia, la envidia y el orgullo, no nos dejan ver nuestros propios defectos. Y peor aún... no nos permiten aceptar a Jesús, reconocer y arrepentirnos de nuestros pecados y estar en paz.

En cambio, en un corazón sencillo, Jesús puede entrar y “devolverle la vista”, para reconocer nuestros fallos y ver lo bueno que hay en los demás.

Si vemos con los ojos de Jesús, siempre podemos descubrir algo bueno en todos los que nos rodean y en todo lo que nos sucede.
● ¿Cómo actuas cuando alguien cerca de ti... hace algo bien y recibe felicitaciones? ¿Te alegras y reconoces lo bueno? O... ¿te sienta mal... y tratas de buscar fallos?

● Seguro que has oido el refrán “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”... ¿Qué significa?

● Y tú... ¿tienes algún “defecto” que tengas que cambiar... antes de criticar lo mismo en los demás?

¡ÁBREME LOS OJOS, SEÑOR!

¡Ábreme los ojos, Señor!
Para verte en el sol, en el cielo
y en la naturaleza.

Para ver tus obras y darte gracias.

Para ver con tus ojos a los otros.

Para descubrir lo bueno que
hay en mis amigos, en mis padres.

Para ver el bien que hay en mí.
¡Ábreme los ojos, Señor!

Para descubrir el mal que me hace tropezar.

Para descubrir los caminos equivocados.
Para reconocerte y darte gracias.

Cuando me ciegue el mal
¡Ábreme los ojos, Señor! Amén

Publicado por Acción Católica General

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Materiales liturgicos y catequéticos: IV Domingo de Cuaresma (Jn 9,1-41) - Ciclo A



Monición de entrada

(A)
Hay muchas cosas necesarias y, cuando nos faltan, nos sorprenden incómodamente.
Así ocurre, por ejemplo, con el agua y con la luz.
De ambas cosas nos habla el Señor como "signo" de lo que es él para nosotros.
Si el domingo pasado el Señor se nos presentaba como Agua que calma la sed de todo hombre que se acerca a él con buena voluntad, hoy se nos presenta como Luz que ilumina nuestra vida.
Cristo-Jesús se nos ofrece como Luz. Nosotros no siempre caminamos iluminados por su resplandor, sino que recaemos en la oscuridad del pecado.
(B)

En la celebración de hoy, el Señor nos propone hacer nuestra la experiencia del ciego de nacimiento; de alguna manera, somos ciegos. Pasamos unos junto a otros y no nos vemos. Miramos a las cosas y se nos escapa su sentido. El problema no es de nuestros ojos, sino del corazón. Es una alegría poder acudir con sencillez, a Jesús y decirle: “Creo, Señor”.
Él nos dará un corazón y una mirada nueva. Con esta confianza comenzamos la Eucaristía.


(C)

El ciego de nacimiento del Evangelio de hoy nos representa a todos.
Nuestra ceguera espiritual es importante, porque sólo vemos lo superficial, sólo nos fijamos en las apariencias; ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos, ni conocemos a los demás, ni conocemos a Dios.
Cristo es LUZ, porque ve lo que hay en el corazón del hombre; porque nos enseña lo que es el hombre; porque nos dice lo que es Dios; porque nos da la luz de la fe.
Que la fe en Cristo ilumine la oscuridad de nuestra vida y que nuestra fe sirva de ayuda a otras personas.


(D)

El pasaje del ciego al que Jesús hizo ver nos prepara para la fiesta de la luz en la solemne Vigilia Pascual. La luz de la fe ilumina toda nuestra vida. Quien peca contra luz corre el riesgo de permanecer ciego para siempre.
Espiritualmente todos somos al menos parcialmente ciegos a quienes Jesús tiene que dar la visión nueva de la fe. La fe o el aumento de la fe no produce cambios externos, pero ayuda a ver a interpretar y valorar las cosas de manera nueva y más profunda.


Pedimos perdón

(A)

Como los discípulos de Jesús, pedimos aumento de fe y perdón por nuestra poca fe.

Nuestros ojos se llenan de escamas y no sabemos verte. Y construimos un dios a nuestra imagen. SEÑOR, TEN PIEDAD...
Nuestros ojos se hacen a la oscuridad, nos resistimos a las obras de la luz. CRISTO, TEN PIEDAD...
Nuestros ojos necesitan el barro que sana y limpia y hace ver la novedad que Tú, Señor, nos das en Jesús, tu Hijo. SEÑOR, TEN PIEDAD...

(B)

Aunque una madre se olvide del hijo de sus entrañas, el Señor no se olvida de nosotros. SEÑOR, TEN PIEDAD...
Aunque una madre se olvide del hijo de sus entrañas, el Señor no se olvida de nosotros. CRISTO, TEN PIEDAD...
Aunque una madre se olvide del hijo de sus entrañas, el Señor no se olvida de nosotros. SEÑOR, TEN PIEDAD...

Sacerdote: A veces decimos: “El Señor me ha olvidado; el Señor ha sido injusto conmigo; el Señor no se acuerda de mí; tantas novenas, tantas oraciones, tantas cosas hechas por Dios y ahora Dios me paga así, no atiende mis súplicas, no hace lo que le pido”. Así decimos, así nos comportamos con Dios. Así demostramos que no creemos en Dios y que queremos que Dios esté a nuestro servicio.
Hoy, Señor, reconocemos que somos pecadores y que nuestra fe es pobre. Hoy recordamos que tú no nos olvidas, aunque una madre se olvide de su hijo. Tus entrañas son entrañas de misericordia. Hoy, Señor, pedimos perdón de nuestra ceguera y de nuestras pretensiones y exigencias. Hoy, Señor, reconocemos que somos pecadores e imploramos que tengas misericordia de nosotros, perdones nuestros pecados y nos lleves a la vida eterna.

Todos: Amén

(C)

Por todas las veces que, ante las injusticias, ante acontecimientos inadmisibles, hemos permanecido fríos, callados, paralizados y, con ello, hemos preferido la muerte: SEÑOR, TEN PIEDAD...
Por todas las veces que, por miedo a hacernos notar y perder así algunas ventajas, hemos preferido callar, dejar hacer y, con ello, hemos preferido la muerte: CRISTO, TEN PIEDAD...
Por todos los cambios que no hemos querido realizar en la familia, en las condiciones de trabajo, en la Iglesia y, por ello, haber preferido la muerte: SEÑOR, TEN PIEDAD...



Escuchamos la Palabra

Monición a las lecturas

Dios no se fija en las apariencias, sino en el corazón; y sabe que, muchas veces, no tenemos vida en nuestro interior. Hoy, su Palabra nos llama a levantarnos, a dejar curar nuestras cegueras, y a caminar como hijos de la luz.

Monición a la lectura

El relato de esta elección, llena de encanto, parece una florecilla. Contrastan los juicios y los gustos de los hombres con los de Dios. Los hombres optan por lo grande, por lo fuerte, por lo bien presentado. Dios no se fija en la presencia, en la apariencia, sino en el corazón. Y Dios prefiere lo pequeño, lo olvidado, lo que no cuenta. Así será siempre. “La mirada de Dios no es como la mirada del hombre”. Por eso no es de extrañar que Dios tenga que curar nuestros ojos ciegos.

Lectura del libro primero de Samuel

En aquellos días, dijo el Señor a Samuel: “Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me elegido un rey”. Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: “Seguro, el Señor tiene delante a su ungido”. Pero el Señor le dijo: “No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón”. Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: “Tampoco a éstos los ha elegido el Señor”. Luego preguntó a Jesé: “¿Se acabaron los muchachos?”. Jesé respondió: “Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas”. Samuel dijo: “Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue”. Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Anda úngelo, porque es éste”. Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

Palabra de Dios

Monición al Salmo:

Hay muchos momentos en la vida en que tenemos miedo: miedo a los demás, miedo a mí mismo, miedo al futuro. Miedo a morir. Sí, tenemos miedo a pasar por esa “cañada oscura de la muerte”.
Pero tú quitas todos los miedos. Tú siempre nos acompañas como buen pastor. Nunca nos dejas solos.
Gracias por la calma y la paz que pones en nuestro corazón. Gracias porque eres nuestra alegría y nuestro sosiego.

Salmo: El Señor es mi pastor, nada me falta

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios

Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz (toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz) buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien poniéndolas en evidencia. Pues hasta ahora da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: “Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”.

Palabra de Dios

Monición al Evangelio:

El drama de la luz y las tinieblas es uno de los favoritos del evangelio de Juan. Luz y tinieblas en permanente lucha. Viene la luz y las tinieblas resentidas, se oponen. Ven en peligro su reino. La luz insiste y va ganando parcelas a la oscuridad. El evangelio de hoy es una pequeña victoria de la luz.
El ciego de nacimiento tiene que encontrarse con la luz, abrirse a ella, confiar en ella, dejarse guiar, reconocer su ceguera, lavarse en la piscina y creer.
Otros no se abren a la luz y se quedan con su orgullo y su ceguera.

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.. Y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?”. Jesús contestó: “Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé” (que significa Enviado). Él fue, se lavó, y volvió con vista.
Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: “¿No es ése el que se sentaba a pedir?” Unos decían: “El mismo” Otros decían: “No es él, pero se le parece”. El respondía: “Soy yo”. Y le preguntaban: “¿Y cómo se te han abierto los ojos?” Él contestó: “Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver”. Le preguntaron: “¿Dónde está él?”. Contestó: “No sé”.
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso barro en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?”.
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?”. Él contestó: “Que es un profeta”. Le replicaron: “Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros? Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del Hombre? Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que crea en él?” Jesús le dijo: “Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y se postró ante él.

Palabra del Señor

Homilías

(A)


El ciego de nacimiento es el hombre, todo hombre. Andamos muy ciegos por la vida. ¿De quién es la culpa? De nosotros y de nuestros padres.
De nuestros padres que nos enseñaron a mirar solamente la materialidad de las cosas y no nos enseñaron a mirar más allá de su superficie, penetrando en el misterio del ser y de la vida. Y así no hemos aprendido a tratarnos con profundidad, porque sólo vemos las apariencias.
La culpa es también nuestra, porque nos fascina lo externo y nos quedamos ahí, deslumbrados ante el brillo pasajero de las personas y las cosas. Nosotros miramos las apariencias y no miramos el corazón.
Vemos y valoramos a las personas por su tener, por su poder, por su saber, no por lo que verdaderamente son. No captamos su misterio, ni siquiera el nuestro propio.
Nuestra ceguera es grave. Tan grave que muchas veces sólo valoramos las cosas y sobre todo a las personas cuando las perdemos...
Pero en toda vida humana hay un momento en que damos la vuelta a los prismáticos: y todo lo que visto con cristales de aumento nos parecía enorme y cercano... se aleja de repente y se vuelve diminuto y distante.
Esa vuelta a los gemelos la damos cuando nos llega un gran dolor o se descubre un gran amor...
Recuerdo, la experiencia de una mujer que había vivido este cambio cuando su padre se puso seriamente enfermo y amor y dolor hicieron que todo su mundo cambiara de color. “¡Cuántas cosas –decía- por las que antes luchaba y me angustiaba se me han vuelto fútiles e innecesarias!¡Qué tontas me parecen algunas ilusiones sin las que antes me parecía imposible vivir! ¡Cómo se vuelve todo de repente secundario y ya sólo cuenta la lucha por la vida y la felicidad de los seres que amas!”.
Es cierto: la gran enfermedad de los hombres es la ceguera, esa ceguera que nos conduce cada día a equivocarnos de valores...
Yo me he preguntado muchas veces qué le pediría a Dios si él me concediera un día un milagro. Y creo que le suplicaría el VER, el ver las cosas como él las ve, desde la distancia de quien entiende todo, de quien conoce las auténticas dimensiones de las cosas.
Si tuviera ese don, ¡qué distinta sería mi vida! ¡Cuánto más amaría y cuánto menos me preocuparía por otras cosas!
Esa chica, seguía diciendo: “Ahora gano mis tardes haciendo crucigramas con mi padre. Soy feliz viéndole sonreír. A su lado no tengo prisas. Cada minuto de compañía se me vuelve sagrado. Y cuando por la noche regreso a mi casa sin haber “hecho nada”, nada más que amar, me siento llena y feliz.
Le veo feliz de tenerme a su lado. No hay premio mejor en este mundo. Sé que un día me arrepentiré de millones de cosas que he hecho en mi vida. Pero nunca de esas horas “perdidas” a su lado”.
Esta chica tiene razón. Ha vuelto sus prismáticos y de repente el cristal de aumento de su corazón le ha hecho descubrir lo que la mayoría de los seres humanos no llegamos ni siquiera a vislumbrar. Y todo lo demás se ha vuelto pequeñito y lejano: muy secundario.
Hoy Jesús, en el personaje del ciego, nos invita a dar la vuelta a los prismáticos.
Pidamos a aquel que dijo: “Yo soy la Luz del mundo”, que cure nuestra ceguera y nos enseñe a no fijarnos en las apariencias, sino a ver como Él , el corazón de las personas y de las cosas.

(B)

Un joven vivió hace ya un tiempo, una tremenda enfermedad de los ojos que amenazaba con dejarle sin vista. Y contaba, en vísperas de su operación, que su madre no dejaba de rezar y rezar. "No sé para qué rezas tanto -le dijo el joven-. Tú sabes que las probabilidades de recuperación de la vista son mínimas". Y le llegó, conmovida, la voz de su madre: "Hijo, es que no rezo sólo para que veas mejor, sino sobre todo para que veas más hondo".
Seis meses después, tras una operación afortunada, el joven decía que ha recuperado bastante más que la vista, que su enfermedad le ha ayudado a entender mejor el mundo, a organizar mejor su vida, a revisar la escala de valores, poniendo en primer plano cosas antes olvidadas y haciendo regresar al papel de minucias muchas de las luchas que antes le obsesionaron como fundamentales.
Lo tremendo es que tengan que venir los grandes golpes de la vida para que empecemos a "ver" cosas elementales, que seamos todos "ciegos que ven" o que creen que ven, cuando tal vez se les está escapando el mismo jugo de la vida.
Efectivamente, ver bien es mucho más importante que ver, y la mayor parte de las cegueras es, con frecuencia, tener el alma amodorrada. Y así es como hay en el mundo millones de personas que creen ver el mundo que les rodea, cuando en realidad sólo se ven a sí mismos... Todos necesitamos ser curados de la vista para ver las cosas con mucha más claridad y sin deformaciones, para vernos y ver a los demás con más objetividad, sin aumentos ni reducciones, sin deformaciones ni daltonismos.
Escuché la confidencia de tres personas: Un religioso que estuvo a punto de ser asesinado, un sacerdote que iba a ser operado de corazón a vida o muerte, gravísimo, y un seglar al que se le declaró un cáncer fulminante. Los tres dijeron exactamente lo mismo: "En estos momentos se me han abierto los ojos y veo las cosas de distinta manera... Lo que antes me parecía muy importante, en estos momentos me hace reír"...
Lo Triste del caso es empezar a ver y valorar las cosas cuando ya casi no hay tiempo para actuar.
Nosotros mismos nos damos cuenta de cómo nuestra visión de la realidad se ha vuelto mucho más lúcida con el paso de los años. ¡Lo que hemos cambiado en la visión de las cosas desde nuestra adolescencia! Hoy nos reímos de aquella ingenuidad y simpleza con que veíamos la vida, el matrimonio, el trabajo, el amor.
A este respecto, hay que preguntarse: ¿Hemos cambiado en la misma media en la visión de las realidades trascendentes: el sentido de la vida, los valores esenciales, el amor, los bienes de este mundo, la fe o seguimos con la visión miope de un adolescente o de un niño?
¿Qué hemos de hacer para curar los ojos del espíritu?
Admitir que podemos estar medio ciegos, que tal vez vemos borrosa o deformadamente las cosas, las personas, a nosotros mismos, a los demás, a Dios, la vida, los valores verdaderos. Por eso, lo prudente es tener una sospecha saludable y, desde luego, estar seguros de que padecemos algún defecto de visión.
- Hacer como el ciego: acercarse a Jesús, pedirle a gritos la curación: "¡Señor, que vea!". Es la oración del que sabe que necesita ser salvado.
Este acercarse a Jesús implica "escucharle" para asimilar su pensamiento, criterios, valoraciones sobre las distintas realidades, para hacer nuestra su sensibilidad y poder ver las cosas como él las ve.
- Para ser curados por el Señor necesitamos, como el ciego, dejarnos tocar por él. Jesús le ungió los ojos con barro. El evangelista alude con este gesto a los signos sacramentales mediante los cuales Jesús actúa. Dejarse tocar por el Señor es recibir el gesto del perdón en el sacramento de la reconciliación, participar de su cuerpo en la Eucaristía.
- Para ser curados por el Señor de nuestras deficiencias en la visión necesitamos un ambiente comunitario. Compartiendo con los demás la visión que cada uno tiene de las cosas, del mundo, de la fe, de la vida...
Necesitamos vivir nuestra fe en comunidad. Con toda razón afirma el dicho castellano: "Ven más cuatro ojos que dos".
Toda la vida del cristiano es tiempo de iluminación, pero especialmente la Cuaresma. Dejémonos curar por el Señor. Con una visión más clara de la realidad seremos más felices y nuestra felicidad rebosará hacia los demás.
¡Qué satisfechos y felices se sienten los operados de cataratas que han recobrado una visión clara! Más felices todavía se sienten los que, en el orden psicológico, empiezan a ver claro. El Señor Jesús se nos ofrece como médico y como luz. ¿Quién va a ser el insensato que no se deje curar por él?


(C)

La oscuridad siempre es triste. Sólo la buscamos para dormir o para esconder aquello que no queremos que los otros vean.
Una planta sin luz se muere. Una habitación oscura nos da miedo. Un ciego privado de la luz del día, nos da lástima.
El evangelio de este domingo nos habla de la curación de un ciego de nacimiento. Jesús le devuelve la vista corporal y con ella ilumina también su interior.
San Pablo nos recuerda que “en otro tiempo éramos tinieblas, pero que ahora somos luz en el Señor”. Ya nos lo había dicho Jesús: “Yo soy la luz del mundo. Quien me siga no andará en tinieblas”. Y nos pedía a sus discípulos que seamos también luz del mundo.
Ser luz significa mucho más que vivir en la luz. Cuando hay luz en el interior, todo aquello que no está limpio y transparente aparece y pide ser limpiado. Por eso Pablo continúa diciendo: “Caminad como hijos de la luz (toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz), buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras de las tinieblas, sino más bien poniéndolas en evidencia”.
En la oscuridad no se ve ni el polvo ni la suciedad. En cambio, cuando la luz es intensa, el polvo y las manchas aparecen y nos molestan. Sentimos la necesidad de quitarlas inmediatamente.
La luz que viene de Jesús ponen en evidencia nuestro polvo, nuestra suciedad... y han de suscitar en nosotros el deseo de limpiarlo.
El ciego de nacimiento nos representa a todos. Nuestra ceguera es importante. Vemos escasamente la superficie de las personas, de las cosas y de los acontecimientos, pero no vemos su verdadera y profunda realidad... O dicho bíblicamente: “El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón”.
Cristo es la luz, porque nos descubre el misterio de Dios y nos habla del Padre. Cristo es la luz, porque nos revela el misterio del hombre y nos enseña lo que es y lo que está llamado a ser. Cristo es luz, porque nos hace ver el valor de los pequeños, de los pobres y de los que sufren. Cristo es luz, porque conoce lo que hay en el corazón de cada hombre y no se fija sólo en las apariencias. Cristo es luz, porque clarifica los valores, poniendo como centro y fundamento de todo al amor. Cristo es luz, porque nos señala el camino de la felicidad, recitándonos las Bienaventuranzas.
En Cristo todo es luz: su persona, su vida, su muerte, su Resurrección, sus palabras, su enseñanza, todos sus gestos de servicio, de ayuda, de perdón. Su luz se encuentra sobre todo en su potente corazón...
Y cuando esta luz se acerca a nosotros pone de manifiesto nuestra oscuridad, nuestra suciedad, nuestro polvo...
Esta página evangélica constituye una llamada enérgica a la CONVERSIÓN, para vivir una vida mejor y más auténticamente humana, para eliminar de nosotros todo aquello que sea oscuridad.
La Cuaresma es buen momento para dejar entrar la luz y poner orden en nuestro interior. Si nos hemos acostumbrado a la oscuridad, es posible que estemos demasiado abúlicos y adormecidos para sentir la necesidad de la luz. Tendremos que escuchar la frase con que san Pablo acaba la lectura de hoy: “Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”...
La escucha asidua y atenta de la Palabra de Dios durante este tiempo de Cuaresma y la oración, es decir, el diálogo amigable y frecuente con el Señor nos ayudarán a descubrir y a acoger la LUZ que nos vienen de Dios.
Como al ciego del evangelio, Jesús probablemente nos pedirá que vayamos a lavarnos a la piscina de Siloé, que para nosotros quiere decir, que nos acerquemos al Sacramento de la Misericordia y pongamos en orden nuestro interior. Que dejemos que la luz de Cristo ilumine todos los rincones de nuestra vida y cure nuestra ceguera, y que al mismo tiempo, seamos con nuestra claridad, luz para cuantos nos rodean.

(D)


Siempre que hablamos de ciegos, de ceguera, pensamos en la gente que no ve, pero casi nunca nos paramos a pensar que –aunque veamos- podemos estar ciegos para ver las cosas, para profundizar en las cosas.
Casi siempre vemos, solamente, la superficie de las cosas, de los acontecimientos, de las personas, pero no vemos su verdadera y profunda realidad.
O dicho con palabras de la Biblia: “El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón”.

Los acontecimientos:
Los contemplamos como algo rutinario; nos hemos acostumbrado a ellos. Quizás nos admiramos y sorprendemos por los acontecimientos, pero superficialmente, sin que nos dejen huella. A lo más, hacemos un leve comentario.
¿Quién se deja interpelar por los acontecimientos de cada día?. A diario estamos viendo: “Violencia, terrorismo, hambre, pobreza, paro, explotación, dolor...etc.
¿Cómo me interpelan estas situaciones?
¿Cómo me impactan estos acontecimientos?
¿Qué veo detrás de cada lágrima?

Las personas:
A veces las vemos, las contemplamos, las tratamos tan superficialmente que las convertimos en cosas,
¿Qué valor tienen para mí las personas?
¿Cuál es mi actitud hacia los demás: respeto, cariño, ayuda, indiferencia, desprecio?
“Quien no ama a su hermano, permanece en la muerte”, nos ha dicho Cristo.

Nosotros mismos:
A veces estamos también ciegos para vernos a “nosotros mismos”. Nos cuesta vernos y reconocernos tal como somos: con nuestros aciertos, pero sobre todo con nuestros fallos y defectos, que enseguida disculpamos y justificamos.

De todas estas cegueras nos quiere curar Jesús.
No olvidemos nunca sus palabras:
“Yo soy la luz del mundo”
“El que me sigue no anda en tinieblas”
“El que cree en mí, se convierte en luz para los demás”.


Plegaria de los fieles

(A)

Con la esperanza que nos da la fe en la Palabra de Dios dirijamos nuestra oración al Padre, unidos a Cristo. A cada petición, contestamos: Abre nuestros ojos, Señor, que podamos verte.

1.- Oremos por la Iglesia, por todos los bautizados, para que, podamos mirar a nuestros hermanos con la fuerza, la ternura y la comprensión de Jesús. Oremos.
2.- Oremos por los pueblos que viven en tinieblas, sin una paz estable, para que les llegue la luz de la justicia y la concordia. Oremos.
3.- Oremos por los miembros de nuestra comunidad que ya no pueden venir por encontrarse enfermos o incapacitados; oremos por los invidentes y los que sufren minusvalías, para que encuentren el respeto, la estima y la ayuda que necesitan. Roguemos al Señor.
4.- Oremos también, por los ciegos en el espíritu, para que puedan comprender la verdad de su existencia abriéndose a los profundos interrogantes de la vida. Roguemos al Señor.
5.- Oremos por los que estamos celebrando la Eucaristía, celebración de nuestra fe, que sea realmente fuente de luz y de liberación, como lo fue para el ciego el encuentro con Jesús. Roguemos al Señor.

Te lo pedimos por JNS


(B)


Todos: Haz brillar sobre nosotros, la luz de tu rostro, Señor.

Por los que no ven...
Por los que caminan en las tinieblas...
Por los que no soportan la luz, y la combaten...
Por los que se empeñan en negar la luz...
Por los que se creen ellos la luz y desprecian la Luz...
Por los que se lavan las manos ante la luz...
Por los que tienen miedo a ver...
Por los que llevan a otros a las tinieblas...
Por los que son hijos de la luz...
Por los que trabajan siempre en las tinieblas...
Por los que caminan en la luz y son luz en el camino...

(C)

A Dios, Padre de toda gracia, le pedimos desde nuestra oscuridad, que ilumine nuestra vida con la fe y le decimos:

Todos: AUMENTA, SEÑOR, NUESTRA FE.

Para que sepamos escuchar tu Palabra y progresemos en el conocimiento de Jesucristo. OREMOS...
Para que seamos testigos de la LUZ, viviendo con fuerza la fe, la esperanza y el amor. OREMOS...
Para que sepamos descubrir a Jesucristo en las personas, especialmente en las más necesitadas. OREMOS...
Para que cures nuestra ceguera, nos saques de la oscuridad e ilumines nuestra vida con tu luz. OREMOS...

Ilumina, Señor, nuestro espíritu con la luz de tu verdad y enciende nuestro corazón con el fuego de tu amor, para que seamos testigos de Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

(D)

Porque muchas veces nos cuesta reconocernos ciegos y necesitados de tu luz y de tu amor, nos dirigimos confiadamente a Ti, Padre, fuente de la luz y del amor.

Te pedimos por toda la Iglesia, para que la presencia luminosa de tu Hijo la purifique de aquellas adherencias mundanas que la impiden ser luz para el mundo. ROGUEMOS AL SEÑOR...
Te pedimos por todas aquellas personas que no quieren o no pueden ver la luz que nos viene de tu Hijo. Para que algún día lleguen a reconocerlo como la única luz salvadora en su camino. ROGUEMOS AL SEÑOR...
Te pedimos por todos aquellos que luchan, trabajan y se arriesgan por ser testigos de tu Hijo. Para que siempre encuentren en Ti y en sus hermanos la fuerza alentadora que les reconforte. ROGUEMOS AL SEÑOR...

Haznos dóciles, Padre, y arranca de nosotros todo aquello que nos impide caminar con ilusión y esperanza hacia la celebración de la Pascua de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Ofrendas

Dos símbolos: Bastón de ciego y vela

Bastón de ciego:

La “ceguera” es un mal que aqueja a mucha gente y la gente que está ciega necesita un “bastón” para poder andar por la vida.
Nosotros –aunque veamos físicamente- podemos padecer ceguera espiritual, porque sólo vemos lo externo, lo superficial, nos fijamos solamente en las apariencias.
Jesús nos invita a ver: Jesús quiere que sepamos ver las cosas y los acontecimientos en profundidad, no superficialmente.

Vela:

“Yo soy la Luz del mundo -nos dice Jesús-. El que me sigue no anda en tinieblas”.
Jesús es la Luz que necesitamos para no vivir en tinieblas, porque Jesús es:
La Luz que ilumina nuestra vida.
La Luz que brilla en las tinieblas.
La Luz que cura nuestra ceguera.

Y nosotros los cristianos –los hijos de la Luz- tenemos que ser LUZ para los que viven en tinieblas; tenemos que iluminar con nuestra fe y con nuestras obras la vida de los demás.
“Vivamos como hijos de la Luz”.


Prefacio...

Es justo y necesario darte gracias, Señor,
porque son admirables tus obras.
Nos habíamos olvidado de ti
y tú, como Dios de entrañas de misericordia,
has sido fiel más allá de nuestra misma fidelidad.
Te damos gracias, sí, Dios nuestro,
porque nos has escogido portentosamente
y tus ojos no se han apartado de nosotros.
Nos miras con mirada de padre
y nos cubres con las palmas de tus manos.
Cuando huíamos como locos,
siguiendo el camino de las tinieblas,
apareciste como luz en medio de la noche
y nos gritaste: “Venid a la luz”.
¿Quién puede hacer las obras que tú haces?
¿Quién tiene un corazón como tu corazón?
Señor, eres incomparable,
ningún dios es grande como tú, Señor,
a quien ahora cantamos con los ángeles y los santos
diciendo:

Santo, Santo, Santo...


Padre nuestro

Pidiéndole a Dios, nuestro Padre, luz para cumplir en todo momento su voluntad, dirijámosle ahora la misma oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro...

Nos damos la paz

Desde la experiencia de que Dios nos saca de las tinieblas y de la oscuridad y llena nuestro corazón de su luz y de paz, compartimos con todos la paz del Señor...

Compartimos el pan

Vamos a alimentarnos con el pan de vida. Jesús mismo se nos ofrece como alimento. La comunión con Jesús nos ayuda a ver en profundidad y a ser hijos de la luz.

Oracion


Encendemos mil luces, farolas, focos, carteles luminosos;
vamos al oculista y tenemos todos bien controlada la visión.
Iluminamos nuestras casas, tiendas, recintos, templos...
todo rebosa luz, pero estamos tan ciegos como el del evangelio, no conseguimos ver.

Tú, Jesús, pasaste a su lado y te fijaste en él.
Saliste a su encuentro.
Haz hoy lo mismo con cada uno de nosotros
para que sepamos ver aquello que es necesario ver con el corazón.
Limpia nuestros ojos de ver lo negativo,
de ver con mirada juzgadora,
con exigencia, con intolerancia.
Limpia nuestros ojos de ver la vida sólo desde nuestro lado,
en vez de saber verla desde el lado de los demás, que se ve diferente.

Te compadeciste del ciego, porque tú has venido para sanarnos,
para no dejarnos más tiempo en tinieblas.

Nuestro mundo está oscuro,
y necesita que nos abras los ojos:
para que no veamos las guerras como algo normal
que ocurre siempre,
para que no nos acostumbremos
al que vive a nuestro lado y nos necesita,
para que abramos los ojos ante los diferentes,
los inmigrantes, los que sufren,
para después de mirarles, abrirles el corazón y tenderles la mano.

Danos mirada de hermanos,
danos ojos de niño que se sorprende,
haznos ver, como las madres, con cariño y ternura,
danos vista de lince para detectar la necesidad del hermano,
y cierra nuestros ojos para descansar en ti, al caer la tarde,
sabiendo que tú estás más interesado
aún en cada uno que nosotros mismos.
Tú que vives...


Bendición:

Danos, Señor, tu bendición y que nos acompañe siempre para que no seamos causa de tinieblas ni de oscuridad y proyectemos sobre los hombres la luz y la mirada salvadora de tu Hijo.
Que la Bendición de Dios Todopoderoso...

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IV Domingo de Cuaresma (Jn 9,1-41) - Ciclo A: VER O NO VER, ESA ES LA CUESTIÓN

Por P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

Llevaron a seis ciegos a ver el elefante y les permitieron tocarlo.
Uno toco su enorme tripa y dijo que era una pared.
Otro tocó su trompa y dijo que era una serpiente.
Otro tocó su colmillo y dijo que era una lanza.
Otro tocó una pata y dijo que era un árbol.
Otro tocó una oreja y dijo que era un abanico.
Otro tocó su cola y dijo que era una soga.
Cada uno de los hombres ciegos tenía parte de razón, pero todos estaban equivocados. Tocaron una partecita del elefante, se les escapó el todo.
La cueva oyó un día una voz que le decía: “Sal a la luz. Ven y contempla el brillo del sol.”.
La cueva respondió: “No sé lo que dices, yo soy todo oscuridad”.
Después de muchas invitaciones, la cueva se aventuró, salió y se sorprendió al ver tanta luz por todas partes.
La cueva miró al sol y le dijo: “Ven conmigo y contempla mi oscuridad”.
El sol aceptó y entró en la cueva.
Ahora, le dijo el sol, enséñame tu oscuridad, pero ya no había oscuridad, todo era luz.
Los psicólogos dicen que las personas que viven en Alaska y en los países nórdicos durante los días de prolongada oscuridad tienden más a sentirse deprimidos que las personas que viven más al sur.
Le llaman Desorden Afectivo de Temporada. Un tratamiento que dicen da resultados positivos es sentarse bajo una bombilla de luz natural durante un rato cada día.
El tratamiento también sirve para las personas que se deprimen en la larga oscuridad de los días de invierno.
Necesitamos la luz para sentirnos más vivos y más enérgicos.
Me contaba un dominico que cuando el filósofo Unamuno visitaba el claustro de San Esteban de Salamanca se dirigía al pozo, metía la cabeza en el brocal y gritaba: Luz. Luz. Quiero ver.
Unamuno no era ciego, pero quería ver lo que sus ojos no le permitían ver, quería tener la certeza de que existía otra luz además de la luz del sol.
Felices las parroquias que acompañan a los catecúmenos hasta la piscina bautismal.
La Palabra de Dios, estos domingos de Cuaresma, es todo un programa de vida para los futuros cristianos.
Purificación en la piscina de Siloé, romper aguas, nacer, ver a Jesús y confesar como el ciego de nacimiento: “Creo, Señor”.
Los catecúmenos son los que mejor pueden apropiarse el papel del ciego de nacimiento.
La noche de la Vigilia Pascual reciben los sacramentos de la iniciación cristiana: bautismo, eucaristía y Confirmación. Noche de la luz y de una existencia nueva.
Las parroquias de la vieja Europa vacías de jóvenes y con un puñado de seniors preguntan como los discípulos del evangelio de hoy: “Maestro, ¿quién pecó?”
Nos gusta hacer de detectives del pecado.
Nos gusta encontrar a los culpables, a los malos, a los causantes de tantos atascos eclesiales y sociales.
Hoy a nadie le gusta ser espiado y a nadie le gusta que le prohíban hacer lo que le gusta y Jesús ni fue ni es un detective ni un profesor de moral.
Nuestra ceguera consiste en que estamos tan obsesionados con nuestra innata maldad que no podemos ver ni celebrar las acciones maravillosas de Dios.
Para nuestra pobre visión, el libro del Apocalipsis nos aconseja ponernos “un colirio para untarte los ojos a fin de que veas”.
La oración colecta del domingo pasado terminaba con una frase que siempre me da escalofríos: “restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas”. ¿Tan malos somos? Si Jesús no me condena, ¿quién me puede condenar?
Jesús es mucho más optimista y comprensivo que sus seguidores.
No busquéis pecados, buscad a quien alabar, cantad las obras de Dios, abrid los ojos, celebrad la salvación, asistid al banquete del amor y no olvidéis la historia de la justicia y de la paz de Dios.
A los hombres, a los guardianes de la ley, les gustaría que Dios no actuara. Cuando Dios actúa pierden el control de la situación (sólo dos versículos para el milagro) y desconcertados como los fariseos condenan (39 versículos) y necesitan quejarse, justificarse y convencerse de que ellos tienen la razón.
Nosotros, los que estamos aquí en el área de descanso este domingo, no debemos asumir el papel del ciego de nacimiento.
Estamos bautizados, somos los iluminados.
Recitamos el Credo, confesamos la fe.
Conocemos a Jesús, le llamamos Salvador.
Sólo podemos recibir bendiciones, todo es gracia para nosotros.
No nos han excomulgado, formamos la asamblea cristiana.
Nosotros los que amamos a Jesús sin haberlo visto, justificados por la fe, somos llamados a crecer en Jesús y a tener encendida la luz de la fe bautismal.
Pero sí podemos asumir el papel de los fariseos del evangelio.
Guiados más por la moral que por la ley del amor, más por las teorías que por la praxis, más por el complejo de superioridad que por la compasión, juzgamos, condenamos y excomulgamos a los ciegos de nacimiento, a los pecadores, y a los que no ven la vida como nosotros la vemos.
“La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, el hombre mira las apariencias, el Señor mira el corazón”.

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WebJCP | Abril 2007