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MISIONEROS EN CAMINO: noviembre 2010
  • Cállate y sal de él - Por P. Javier Rojas sj Publicado por El Evangelio en Casa Antes de entrar en la reflexión de este pasaje del evangelio conviene hacer una distinción entre...
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martes 30 de noviembre de 2010

Noticias Misioneras del Mundo: 30 de Noviembre de 2010


- Intención misionera para el mes de diciembre de 2010
- La misión de cara a la JMJ: encuentro en las Obras Misionales
- Mención honorífica para tres obispos colombianos por su compromiso por la paz
- Rastrillo misionero en la Parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Madrid

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Intención misionera para el mes de diciembre de 2010
OMPRESS-ROMA (30-11-10) Para que los pueblos de la tierra abran las puertas a Cristo y a su Evangelio de paz, fraternidad y justicia es la intención misionera indicada por el Santo Padre para el mes de diciembre de 2010.
Precisamente el Papa Benedicto XVI en su reciente viaje apostólico a España hacía referencia en la Plaza del Obradoiro de Santiago, el pasado 6 de noviembre, a la necesidad de esta apertura a Dios y a Cristo en el caso de Europa:
“Europa ha de abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que habían descubierto las mejores tradiciones: además de la bíblica, fundamental en este orden, también las de época clásica, medieval y moderna, de las que nacieron las grandes creaciones filosóficas y literarias, culturales y sociales de Europa.
Ese Dios y ese hombre son los que se han manifestado concreta e históricamente en Cristo. A ese Cristo que podemos hallar en los caminos hasta llegar a Compostela, pues en ellos hay una cruz que acoge y orienta en las encrucijadas. Esa cruz, supremo signo del amor llevado hasta el extremo, y por eso don y perdón al mismo tiempo, debe ser nuestra estrella orientadora en la noche del tiempo. Cruz y amor, cruz y luz han sido sinónimos en nuestra historia, porque Cristo se dejó clavar en ella para darnos el supremo testimonio de su amor, para invitarnos al perdón y la reconciliación, para enseñarnos a vencer el mal con el bien. No dejéis de aprender las lecciones de ese Cristo de las encrucijadas de los caminos y de la vida, en el que nos sale al encuentro Dios como amigo, padre y guía. ¡Oh Cruz bendita, brilla siempre en tierras de Europa!
Dejadme que proclame desde aquí la gloria del hombre, que advierta de las amenazas a su dignidad por el expolio de sus valores y riquezas originarios, por la marginación o la muerte infligidas a los más débiles y pobres. No se puede dar culto a Dios sin velar por el hombre su hijo y no se sirve al hombre sin preguntarse por quién es su Padre y responderle a la pregunta por él. La Europa de la ciencia y de las tecnologías, la Europa de la civilización y de la cultura, tiene que ser a la vez la Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros continentes, al Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero. Esto es lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre, desde la comprensión que de ambos se nos ofrece en Jesucristo”.


La misión de cara a la JMJ: encuentro en las Obras Misionales
OMPRESS-MADRID (30-11-10) El pasado sábado 27 de noviembre tuvo lugar en la sede de las Obras Misionales Pontificias un encuentro informativo acerca de las diversas iniciativas de animación misionera de jóvenes para la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011. A él acudieron representantes de las diversas zonas pastorales y de asociaciones, movimientos y grupos misioneros juveniles de ámbito nacional, que expusieron sus iniciativas e inquietudes. Por ejemplo, Marisa Jiménez Buedo, Directora del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Juventud (SIJ) de Cataluña, expuso cómo la preparación de los días previos a la JMJ en las diócesis catalanas va a enfocarse en sentido misionero, de acercamiento a los jóvenes más alejados de la Iglesia y que hay diversas iniciativas sobre el diálogo entre fe y cultura. Luis Cachaldora, CSsP, de la Delegación de Misiones de Córdoba, explicó que esta diócesis va a ser la última en recibir la Cruz de los Jóvenes y que por eso se está trabajando mucho para que la peregrinación diocesana de la Cruz tenga una fuerte connotación misionera para prepararse de forma inmediata a la JMJ. También las diócesis extremeñas quieren llenar de detalles misioneros la peregrinación de la Cruz y los días previos a acogerla (vigilias, testimonios misioneros, proyección de vídeos, etc.). En Salamanca se prepara una exposición misionera.
Estas son algunas de las iniciativas que ya están en marcha, una pequeña muestra del interés para que los jóvenes descubran y se afiancen en su compromiso misionero. A continuación, José María Calderón, Delegado Episcopal de Misiones de Madrid, manifestó cómo el interés de la misión y el mundo de los jóvenes unían a todos los presentes. Por otro lado, expuso a los presentes el proyecto que se ha presentado a la Secretaría General de la JMJ y sobre el cual ya está trabajando el grupo “Jóvenes para la misión” de la Delegación. Pidió colaboración para llevar a cabo, en los días de la celebración de la JMJ, una muestra sobre el compromiso misionero de los jóvenes, un espacio de oración misionera y un encuentro internacional misionero de jóvenes. Los participantes estuvieron de acuerdo en la importancia de hacer ver el compromiso misionero de los jóvenes en la JMJ y ofrecieron su disponibilidad para el proyecto. También se presentó “Compartir la misión”, la guía de experiencias misioneras elaborada por las OMP.


Mención honorífica para tres obispos colombianos por su compromiso por la paz
OMPRESS-COLOMBIA (30-11-10) Ha sido entregado en Colombia el Premio Nacional de Paz 2010 que galardona a los que promueven la paz, la humanización, la solidaridad y el entendimiento civilizado entre los colombianos. Este año a los obispos se les ha otorgado una mención honorífica por su incansable labor en defensa de la vida y la reconciliación. Los obispos galardonados han sido Mons. Luis Augusto Castro Quiroga, Arzobispo de Tunja; Mons. Nel Beltrán Santamaría, Obispo de Sincelejo; y Mons. Leonardo Gómez Serna, Obispo de Magangué.
Este premio honorífico y fuera de concurso fue un reconocimiento a sus gestiones y a su trabajo durante años en defensa de la vida, la promoción de los derechos humanos y de una salida pacífica al conflicto social y armado en Colombia.
"Trabajamos en silencio, pero un evento como este debe ayudar a despertar el deseo de trabajar por la paz", aseguró Mons. Castro Quiroga al diario colombiano El Tiempo.
Desde su creación en 1999 el Premio Nacional de Paz se otorga a una o varias personas o entidades que contribuyan de manera destacada a concretar y desarrollar procesos de paz locales, regionales o nacionales, que aporten a la solución del conflicto armado. Este premio lo otorga el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, El Tiempo, Caracol Radio, Caracol Televisión, la Revista Semana y la Friedrich Ebert Stiftung en Colombia.
Entre las 114 postulaciones recibidas, el Jurado tomó la decisión entregar un premio compartido, una mención especial y un premio honorífico compartido (fuera de concurso). El Premio Nacional se le otorgó a la Fundación Social Macoripaz (Riosucio – Chocó), compuesta por un grupo de mujeres desplazadas y viudas a causa del conflicto armado que se unió en 2003 para cambiar el destino de sus hijos y de su municipio. Desde entonces se han convertido en agentes activas del desarrollo económico y social de esta población del Chocó, promoviendo la creación de pequeños negocios, la educación de niños y jóvenes, y espacios de practica deportiva y cultural.
También a la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (Antioquia, Sur de Bolívar). Una población rural de 25.000 personas constituye la base de esta asociación, que promueve desde los años noventa el desarrollo sostenible de las comunidades asentadas en la Zona de Reserva Campesina en el Magdalena Medio. Su trabajo se basa en la defensa de la vida y del territorio, su vocación agrícola, la protección del medio ambiente, la vivienda digna y el acceso a la salud, la educación y la justicia.
Recibió una mención especial la Corporación VallenPaz, una alianza entre el sector privado, pequeños agricultores, comunidades afectadas por el conflicto armado en el sur occidente del país, iglesias, gobiernos locales y departamentales y ONG, que durante los últimos 10 años ha consolidado una propuesta de desarrollo sostenible y generación de ingresos, como una manera de promover y construir paz.


Rastrillo misionero en la parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Madrid
OMPRESS-MADRID (30-11-10) Los días 11 y 12 de diciembre, de 10 a 21 horas, tendrá lugar en los locales de la parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Avda. de Pío XII nº 21, en Madrid, el "Rastrillo Misionero" en beneficio, como todos los años, de los hogares infantiles que los Misioneros del Sagrado Corazón atienden en el barrio de Soldati, en Buenos Aires.
Organizado por la “Fraternidad Misionera”, ONG que colabora con los Misioneros del Sagrado Corazón presentes desde hace más de cincuenta años en los arrabales de Buenos Aires, supone una gran ayuda para estos hogares que acogen, mantienen y proporcionan una educación a más de cien niños del barrio.
Los hogares, que llevan por nombre “Fundación Infantil Verónica”, se iniciaron en 1979 con pocos medios, pero ya en 1994 crecieron para convertirse en un complejo de viviendas anejas a la Escuela Nuestra Señora de Fátima, también iniciada y atendida por los Misioneros del Sagrado Corazón.
El objetivo de estos hogares es “acoger al niño desvalido y con carencias para lograr de él, por medio del desarrollo de sus posibilidades, un hombre de bien que sea capaz de integrarse en la sociedad y en el mundo del trabajo de una forma normal. Y su fundamento teológico está en la fidelidad a la Misión desde la profundidad de la Fe, la Esperanza y el Amor, que Dios da a cada hombre”, explica a OMPress el padre José Mª Álvarez, Misionero del Sagrado Corazón.

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¿Qué es el Adviento?


Es la alegría
que siente todo cristiano ante la llegada inminente
del que nos trae todo: JESUS.

Es la esperanza
que no defrauda al saber que, los hombres, no estamos solos.
Que Alguien sale nuestro encuentro. Que Dios apuesta
fuertemente por el hombre.

Es la inquietud de algo que nos impresiona y que nos conmueve:
EL AMOR DE DIOS EN UN PESEBRE

Es el hombre que,
por soñar, sueña con un mundo nuevo,
con un orden distinto: LA FRATERNIDAD

Es el deseo de mejorar, de perfeccionar nuestras actitudes
ante el nacimiento de un Niño

Es saber que, la Navidad, no es del color que nos
la pinta la sociedad. Que, la Navidad, tiene su tono divino:
DIOS SE HACE HOMBRE

Es comprender que,
ser hombre, es algo grande. Que despreciar la vida
o aniquilarla, es dejar muchos pesebres sin contenido
y muchos corazones destrozados

Es creer que,
Dios, se hace pequeño y, porque se hace pequeño,
es necesario construir una puerta humilde para entrar a verle

Es despertar
en nuestras familias los deseos de una Navidad
santa y cristiana; apartando de ella lo que la degrada y,
recuperando para esos días, lo que la santifica:
oración, Belén, caridad

Es ponerse en camino hacia Belén.
Es no detenerse a pesar de que, algunos, nos digan que Dios
se ha desentendido de nuestro mundo. Es saber que,
en el inmenso campo de nuestra vida, los ángeles nos darán
una buena noticia: para vosotros, Dios, ha nacido

Es sentirnos libres de muchas esclavitudes.
Es buscar al gran libertador. Al que, sin más armas que la inocencia
y el amor, será capaz de ganar las grandes batallas
que anidan en nuestros corazones

Es huir de la autosuficiencia. Es defender a Jesús
de tantos “Herodes” que intentan aniquilar su presencia en nuestro mundo.
El adviento nos convierte en centinelas. Nos hace permanecer en pie
para que, cuando el Señor aparezca en el horizonte, seamos capaces
de gritar a los cuatro vientos:
¡Gracias Señor! ¡Has venido a salvarnos!

P. Javier Leoz

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Evangelio Misionero del Dia: 1 de Diciembre de 2010 - SEMANA I° DE ADVIENTO - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 15, 29-37

Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña, se sentó. Una gran multitud acudió a Él, llevando paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y Él los sanó. La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban sanos, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.
Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino».
Los discípulos le dijeron: «¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?»
Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen?»
Ellos respondieron: «Siete y unos pocos pescados».
Él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo; después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los daba a los discípulos, y ellos los distribuían entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron llenaron siete canastas.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Los signos del Mesías
“Este es Yahveh en quien esperábamos; nos regocijamos y nos alegramos por su salvación”

El monte Sión, el lugar de las visiones y de los amplios horizontes, donde se capta lo que Dios hace y quiere hacer por su pueblo, en el cual convergen las naciones en busca del proyecto “comunidad” (profecía de anteayer) y en el que el Mesías hace brotar una nueva vida en la justicia y la fraternidad (profecía de ayer), se convierte hoy en el escenario de un gran banquete festivo en el que
• Dios, presentado como rey, reparte sus mejores dones (25,6-8)
• la comunidad salvada entona un cántico de victoria al Señor (25,9-10ª).

La obra salvífica de Dios y la liturgia de la comunidad se aúnan en una nueva y maravillosa escena bíblica. El tema: los signos de los nuevos tiempos que trae el Mesías. Veámoslos en la lectura profética de hoy.


1. La invitación a la fiesta (v.6)

Dios se presenta con la grandeza de un rey, quien en su magnificencia, durante la fiesta de su entronización, hace gala de su generosidad:
• la lista de los invitados no tiene límites: “todos los pueblos”,
• el menú es variado, abundante y de la más alta calidad: los manjares son “frescos” y “suculentos”, los vinos son “añejos” y “seleccionados”.

La cita, como ya dijimos, es en el monte del Señor, allí donde el pueblo se hizo comunidad y donde, en el conocimiento del Señor, se comenzó a tejer la paz. Ahora se está dando un paso hacia delante: Dios invita a todos los hombres a hacer de la vida una fiesta y para ello ofrece sus dones en calidad y abundancia. Dios responde a las necesidades humanas y no de cualquier forma. Cómo lo muestran los detalles de esta escena de banquete, todos quedarán satisfechos.


2. Los regalos de la fiesta (vv.7-8)

Ocurre como en la antigüedad: una vez que comienza la fiesta, el anfitrión pasa frente a los invitados repartiendo sus regalos. Así también es Dios.

Las imágenes de la comida que no se raciona, sumado al hecho de que alcance para todos, contrasta con el espectáculo habitual de una humanidad en la que se pasa hambre y los bienes se reparten de manera desigual. Dios viene al encuentro de las esperanzas humanas y va mucho más lejos de lo que en un primer momento se podría aguardar. Él no sólo ofrece bienes, sino que sus dones están relacionados consigo mismo y éstos eliminan las necesidades más profundas del hombre.

Es tan honda la acción de Dios que la profecía presenta el efecto de sus dones con la repetición del verbo “aniquilará”. Se aniquilará (1) “el velo que cubre a todos los pueblos” y la (2) “muerte definitivamente”.

Los regalos de Dios tienen un valor incalculable y son:

• El don de su misma presencia y manifestación (v.7). Con la imagen de un “velo” que se quita, se quiere decir que se destapa el “rostro” de Dios de manera que pueda ser conocido. El gesto representa una invitación a la amistad basada en el conocimiento y al gozo de la contemplación. Nada puede ser mayor que la relación, en permanente cercanía, con Dios, fuente de todo bien.
• El don de la vida eterna (v.8). Del “velo” de Dios se pasa al “velo” del hombre. Este segundo “velo” representa el vestido de luto que cubre a los que están haciendo duelo. Pues bien, Dios lo arranca porque al concederle la vida plena por medio de la comunión con Él, el hombre ya no tiene motivos para llorar: “Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los rostros”. Y no se trata de consuelos pasajeros, porque la muerte, la primitiva maldición (ver Génesis 3), la mayor contradicción en la historia del hombre, se aniquilará para siempre.


3. Los cánticos de la fiesta (25,9-10ª)

Una vez realizada la comida y recibidos los dones, la comunidad festiva irrumpe alborozadamente con canciones alegres. Unos a otros se invitan a cantar. Se celebra la victoria de Dios sobre sus enemigos ―en un difícil combate― representados simbólicamente en el pueblo de Moab (v.10b). En este enemigo, real en la historia de Israel, se simboliza todo lo que causa tristeza, dolor y luto en la gente. Es sobre estas realidades que se proclama la victoria de Dios y de su pueblo.

La letra de la primera canción tiene como tema “la salvación” y dice, en pocas palabras, que quien era la esperanza ha sido por fin la salvación de su pueblo (25,9). La comunidad tiene clara conciencia de lo que es la salvación.

Una nueva imagen repunta al final de la letra de la canción y le da un nuevo colorido: “la mano de Yahvé” (25,10ª). Se trata de la “mano” poderosa del Dios de los ejércitos (“Yahvé Sebaot”) que combate contra mil manos en la batalla. Los factores generadores del hambre, del dolor, de la muerte y de la tristeza de la gente son muchos, pero no son más poderosos que Dios. Curiosamente la ambivalencia del símbolo muestra al mismo tiempo que la mano que castiga al enemigo es también la mano tierna, paterna y protectora de Dios que cuida con amor a su pueblo.



Y esta profecía se realiza en Jesús, el Mesías (Mateo 15,29-37)

En el relato de la multiplicación de los panes y de los peces, ocurrido también en un monte (v.29), Jesús preside la fiesta de la vida que cambia el destino de una humanidad que sufre (“cojos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros”, v.30), entre los cuales están los que pasan hambre (vv.32-37). La cantidad y la calidad de los dones de Jesús son evidentes.

Frente a esta realidad humana, Jesús da pasos concretos: (1) cura y alivia el dolor de la gente, (2) alimenta “una multitud muy grande” en el desierto, (3) hace recoger las sobras de la cena para que haya siempre comida para todos, incluso para los que no han estado en la cena.

Tanto en la profecía como en su realización en Cristo, prima lo que Dios “hace” por nosotros. Jesús transforma la vida humana a fondo, sanando las penas de cada uno y formando comunidad, como un pastor que cuida y congrega a su rebaño. Cuando ponemos la vida bajo el cuidado de Jesús hacemos posible el don más grande de toda Biblia, profetizado por Isaías: “Consumirá a la Muerte definitivamente. Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra” (Is 25,8). De este modo la venida del Señor tiene sabor a Pascua.


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón:

Anteayer vimos la comunidad mesiánica, ayer se hizo una presentación del Mesías y hoy nos colocamos frente a los signos del Mesías. En anuncio profético revive nuestra esperanza, rescata nuestros ideales más altos, nuestros deseos más profundos: una vida sin dolor y sin lágrimas, un mundo en el que nadie pasa hambre ni le falta lo esencial, una humanidad que se permite celebrar la fiesta de la vida. Esta esperanza comienza a hacerse concreta en el compromiso: ¡Seamos como Él, hagamos amigos y compartamos de manera que no falte el pan en ninguna mesa!


1. ¿Mi vida es una continua fiesta? ¿Tengo motivos para celebrar? ¿Hay lutos en mi vida? ¿Cuál es mi canto de fiesta?

2. ¿Qué me que invita a vivir el Señor gracias a su venida?

3. ¿Me parezco al Señor en el compartir con los demás? ¿Qué pasa con las sobras de las mesas abundantes?

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El Testigo: hombre del diálogo


Publicado por Antena Misionera

Hablábamos en el número anterior del encuentro del testigo con los no creyentes.
Para dejarnos estimular y enriquecer por los no creyentes, hemos de adoptar algunas actitudes básicas.

Lo primero es tomar en serio la postura del otro, del diferente. Comprender su posición desde sí mismo y no en relación a nuestra propia fe. Nosotros lo llamamos «increyente» pero, en realidad, es una persona con sus propias convicciones. No hemos de calificarlo nosotros. Él sabe mejor que nadie quién es y qué es lo que quiere.

Hemos de entender de manera positiva la posición del no cristiano. Vivir abierto a Dios es una de las posibles respuestas al misterio de la vida (para el creyente, la respuesta auténtica), pero el increyente es un hermano o hermana en el que puedo reconocer y valorar otros caminos del Espíritu.

Hemos de respetar sinceramente su postura. Nuestra reacción no ha de ser tratar de anular a toda costa la diferencia descalificando su posición como fruto del orgullo, la mala fe y el pecado, o tratando de debilitar a toda costa las razones que presenta para no creer. La intolerancia con el diferente no es signo de fe profunda y convencida sino indicio de inseguridad y debilidad. El que vive arraigado profundamente en la experiencia de Dios es tolerante y comprensivo, no necesita defenderse, no teme perder nada.

Hemos de comprender también su rechazo a la fe y a la religión. Nosotros hablamos a veces de un cristianismo ideal pero ellos ven el cristianismo real, el que se ha dado a lo largo de la historia y el que captan hoy. Es bueno escuchar sus prejuicios y críticas para conocernos mejor. Es sano conocer la imagen que tienen de nosotros: a veces nos ven como idealistas e ingenuos, poco libres para pensar por nuestra cuenta, poco valientes para cuestionarnos nuestra fe, frenados por la jerarquía, sin capacidad de sacudirnos de encima «dogmas increíbles». Al escucharlos, no es tan difícil intuir que en cada uno de nosotros hay un creyente y un increyente, y que no siempre es fácil trazar entre ambos una frontera clara.

Lo que siempre podemos compartir es la experiencia humana, nuestro deseo común de paz y de justicia para todos, el dolor ante quienes sufren violencia, hambre o miseria. Podemos captar su manera de ver la vida, sus razones para vivir, sus luchas y esperanzas. Pronto descubrimos que no tenemos los cristianos el monopolio del amor y la generosidad ni de la pasión por la justicia y la verdad.

El espíritu y la práctica del diálogo
No parece superfluo añadir todavía algunos aspectos a cuidar en la práctica concreta del diálogo. No hablo de estrategias sino del espíritu que ha de animar al testigo.

La actitud básica en el diálogo es el amor. Desde esa experiencia vive el testigo todo acercamiento al otro. No es posible el diálogo si no amamos al hombre y a la mujer de hoy, tal como son, con sus debilidades y contradicciones, con sus interrogantes y su búsqueda. El diálogo es una forma de amor.

Dialogar significa más en concreto compartir una búsqueda común del Misterio de Dios que nos desborda a todos. En el diálogo cada uno aporta sus experiencias, convicciones, interrogantes, dudas y deseos. Cada uno dialoga desde su propia fe o su propia posición, sabiendo que es siempre una aproximación parcial y fragmentaria a la verdad.

En el fondo de todo diálogo sincero hay una búsqueda de verdad y de conversión a Dios. No se trata de renunciar a mi fe ni de convertir al otro, sino de sentirnos los dos llamados a creer en Dios o a buscar la verdad con más sinceridad.

Desde la perspectiva del creyente no hemos de olvidar en ese diálogo la presencia de un tercero, el Espíritu de Dios que actúa con los corazones.

Dialogar significa escuchar la verdad del otro, hacerle un espacio en mi conciencia, dejarme interpelar, no tanto sobre la fe sino sobre mi fe, la que realmente anima mi vida. El diálogo comienza cuando estoy convencido de que tengo algo que aprender del otro. De lo contrario, todo puede quedar en estrategia. El diálogo supone, por tanto, una actitud básica de confianza en el otro.

En el verdadero diálogo el testigo se implica, confiesa su propia fe, habla en primera persona del singular, sin necesidad de estar apelando a la doctrina dogmática o al magisterio de la Iglesia. Por otra parte, el diálogo supone un cierto despojamiento pues acepto la mirada del otro sobre mí. Dialogar significa dejarme afectar por el otro.

El diálogo no ha de evitar cuestiones difíciles y problemáticas que a todos nos pueden dejar callados: el sufrimiento, la fuerza del mal, la muerte. Por otra parte, en el diálogo se tocan las cuestiones vitales que afectan al ser humano. No deberíamos olvidar las palabras de Simone Weil: «Cuando quiero saber si alguien es creyente, no escucho en primer lugar lo que me dice de Dios sino cómo me habla del hombre».

Proponer la fe
El testigo sabe también proponer su fe a quienes deseen conocerla.
Proponer no es imponer ni presionar. Es una invitación. Es presentar mi fe sometiéndola a la posible adhesión o rechazo. Se trata de proponer sin imponer, despertar las conciencias sin buscar dominarlas, dar testimonio de un sentido sin esperar que será reconocido por todos, anunciar la fe cristiana en el seno de múltiples mensajes: ‘Si tú quieres’ repetía Jesús. Lo mismo la Iglesia: su misión es hacer una llamada a la libertad de las personas y a sus conciencias.

El testigo propone la fe no como un sistema obligatorio sino como una invitación a vivir. Para muchos, la religión católica consiste fundamentalmente en aceptar un conjunto de creencias y cumplir una serie de leyes y prácticas para alcanzar la vida eterna. Por tanto, si no se aclaran las cosas, aceptar la fe significa aceptar una «carga», recortar la libertad, ahogar el deseo que hay en nosotros de vivir plenamente.

El testigo sólo ofrece su experiencia y, desde ahí, su palabra, su compañía, su escucha y su estímulo.

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Dios Llora en la Tierra (I)


UNA NIÑEZ DE PERSECUCIÓN PREPARÓ
AL PASTOR DE LA IGLESIA EN BIELORRUSIA (I)

Entrevista con el arzobispo Tadeusz Kondrusiewicz

MINSK, domingo 28 de noviembre de 2010 (ZENIT.org). – Crecer en una situación de discriminación debido a su fe católica sólo robusteció su amor por la Iglesia y preparó al arzobispo Tadeusz Kondrusiewicz a su ministerio entre los cristianos perseguidos.
En esta entrevista, el arzobispo de Minsk-Mohilev hablaba sobre la historia de su vocación y los desafíos de trabajar en un ambiente comunista.
Nacido en Odelsk, cerca de Grodno, en Bielorrusia, la moderna Belarus, en 1946, fue ordenado sacerdote en 1981. En 1989 era consagrado obispo.
El arzobispo Kondrusiewicz está al frente de la archidiócesis de Minsk-Mohilev desde el 2007.

- Usted creció en Bielorrusia bajo un régimen ateo. ¿Cómo era vivir como creyente bajo un sistema como ese?
Monseñor Kondrusiewicz: Bien, fue una época difícil especialmente para los creyentes. Recuerdo en el colegio, algunas veces, que el profesor me pedía que me pusiera frente a la clase, siempre me estaban incomodando, acusándome de ir a la Iglesia, de ser creyente, de rezar y celebrar las fiestas religiosas. No era fácil.
- ¿Se sabía que usted era cristiano, que era católico?
Monseñor Kondrusiewicz: Sí, sí. En nuestra aldea éramos prácticamente todos creyentes. Yo fui monaguillo.
El sacerdote era muy activo, jugaba al fútbol con nosotros, y nos ayudaba en la organización. Todo el mundo podía ver que yo estaba siempre con el sacerdote.
- ¿Y por eso hablaban de usted y era discriminado? ¿Cómo sucedía?
Monseñor Kondrusiewicz: Bien, de joven resultaba difícil escuchar estas acusaciones.
Al mismo tiempo esto me preparaba para mi futuro papel como sacerdote durante los tiempos soviéticos – un tiempo de persecución. Fue duro. Debes creer y tienes que servir a la Iglesia a pesar de las dificultades.
- ¿Y sus padres? ¿Qué sacrificios tuvieron que hacer como creyentes?
Monseñor Kondrusiewicz: ¡Oh, tantas veces fueron convocados al colegio!
Normalmente se llamaba desde el colegio a los padres porque su hijo o su hija había hecho algo malo, lo que es algo normal, pero a mis padres se les llamaba porque yo era creyente, porque había hablado con alguien, un compañero, sobre la Iglesia y que íbamos a ir para ser monaguillos.
Era como un agente de la Iglesia y ellos siempre convocaban a mis padres para advertirles de que no lo hacía bien debido a mis creencias. Mis padres fueron varias veces a la escuela y finalmente se decidieron por no volver, diciéndome que no volverían: “Si haces algo mal, sí, serás castigado, pero por estas cosas, somos creyentes, no iremos”.
- ¿Durante la época soviética, sufrió su padre, por ejemplo, como consecuencia de su propia fe?
Monseñor Kondrusiewicz: No tuvimos sacerdote en la aldea ni en nuestra parroquia durante mucho tiempo, y todos sufrieron.
Mi padre era muy activo. Viajaba mucho a Lituania, a Letonia, donde había más sacerdotes o parroquias vecinales, buscando un sacerdote para celebrar misa durante las fiestas importantes. Se le pedía que encontrara a un sacerdote para nuestra parroquia porque sabía a dónde ir. Era práctico. Era un hombre sencillo que trabajaba en la agricultura y los funcionarios no podían castigarle. Él ya estaba en los campos.
- ¿Había una iglesia en su aldea? ¿Cómo se celebraba la Misa?
Monseñor Kondrusiewicz: Teníamos una iglesia. La iglesia estaba abierta, pero durante cinco o seis años no tuvimos sacerdote. El viejo sacerdote murió y no tuvimos un reemplazo.
Gracias a la sólida fe de mis abuelos, mis padres, y luego yo, nuestra fe sobrevivió y ocurrió lo mismo con los demás. La costumbre era que los domingos – a pesar de no tener Misa – íbamos a la iglesia.
- ¿Y qué hacían allí?
Monseñor Kondrusiewicz: Rezábamos el rosario, las letanías y las estaciones del viacrucis… Crecí en aquel ambiente y en el modo de pensar de que el domingo debía estar en la Iglesia.
- ¿Cómo era la vida de oración en casa?
Monseñor Kondrusiewicz: Rezábamos juntos cada día por la mañana con nuestros padres. Se convirtió en costumbre.
Después de que nuestros abuelos y padres nos enseñaran el catecismo. Fue un formato muy sencillo de pregunta y respuesta y era cada tarde, cada día. Fue muy bueno. Fue mi formación.
Hoy pregunto a los padres y a los hijos abiertamente: “¿Están rezando juntos? ¿Van juntos a la Iglesia? ¿Practican y reciben los sacramentos y sus hijos son testigos de ello?”. Es una pregunta difícil de hacer.
- Su persecución por la fe no acabó frente a su clase. También le costó un año de universidad. ¿Era el departamento de física y matemáticas de la universidad? ¿Qué ocurrió?
Monseñor Kondrusiewicz: Comencé en la universidad matemáticas y física. Me gustan mucho estas materias.
Después, se escribieron algunos papeles, algunos documentos sobre mí. “¿Cómo va a ser este un futuro profesor de la juventud?”. Ya sabía entonces que no acabaría mis cursos.
Encontraron muchas excusas, acusaciones para culparme de algo – no sé. Me gustaba la universidad, los profesores y el rector y no quería que tuvieran una situación difícil. Cogí mis documentos y trabajé durante un año. Fui luego a Leningrado – hoy San Petersburgo – y me apunté en la Universidad Politécnica.
- ¿Y allí pudo completar sus estudios?
Monseñor Kondrusiewicz: Sí. La situación en Leningrado era distinta. Después como obispo también lo noté.
En Leningrado hay tolerancia religiosa. Y la había durante la época soviética. Mi primer paso al inscribirme en la Politécnica pudo haber sido el último. Traje todos mis documentos conmigo. No los envié por correo.
Cuando llegué a la Politécnica fui a sacar mis documentos de la chaqueta y se los presenté a una señora. Me miró y me pidió que extendiera la mano. No comprendí la petición. Hice lo que me decía y me puso algo en la mano diciéndome que no se lo enseñara a nadie. Era la cruz de mi bolsillo. No sé qué había ocurrido pero de alguna manera la había mezclado con mis documentos y había salido. Ella podía haberme despedido de modo inmediato.
- Usted tuvo una vocación relativamente tardía. Entró en el seminario con 30 años. ¿Cuándo sintió usted su vocación?
Monseñor Kondrusiewicz: Eran tiempos difíciles y el número de sacerdotes en Bielorrusia estaba disminuyendo. Conocí a muchos sacerdotes y empecé a pensar y rezar.
Una vez volví a casa a Grodno. Tomé el libro de oraciones de cada y me fui a la iglesia. Pensé que el libro de oraciones era el mío, pero no lo era. Todos los libros parecían iguales porque venían de Polonia. Era el libro de oraciones de mi madre.
Abrí el libro y encontré un pequeño icono y la oración de una madre por la vocación sacerdotal de su hijo. Mi madre nunca me habló de ello. Nunca mencionó ni una palabra pero comprendí que estaba rezando.
Mi padre me decía a veces que no me casaría, que quizá me hiciera sacerdote, pero mi madre nunca dijo nada. Descubrí que siempre había rezado por mi vocación.
Yo también recé y un día en Vilna, en la Capilla de Nuestra de la Misericordia, tomé la decisión. Después llegaría a ser sacerdote coadjutor de esa misma capilla.

*Esta entrevista fue realizada por Mark Riedemann para “Dios llora en la Tierra”, un programa semanal radiotelevisivo producido por la Catholic Radio and Television Network en colaboración con la organización católica Ayuda a la Iglesia Necesitada.
Más información en www.ain-es.org, www.aischile.cl

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lunes 29 de noviembre de 2010

¿Comprender es acceptar?


Jaume Patuel
Publicado por Atrio

El libro que acaba de aparecer LO QUE QUIERO ES COMPRENDER de Hannah Arendt (1906-1975) me da al título del artículo reflexión de este mes. Una actitud muy humana es querer comprender siempre y diríamos fruto de la inquietud. Y esta inquietud es de siempre.

Desde el templo de Delfos, en el mundo occidental, con el Conócete a ti mismo hasta la Sabiduría Humana del siglo XXI, fruto de la globalización, siempre ha acompañado y acompaña al género humano, junto con la crueldad humana.

El filósofo alemán, contemporáneo de Goethe, Friedrich Von Schiller (1759-1805) dijo esta frase: Si quieres conocerte, observa la conducta de los demás. Si quieres comprender a los demás, mira en tu propio corazón

O la idea formulada por Sigmund Freud (1856-1939) que la psicología social no es más que la psicología personal proyectada afuera sin negar la importancia del ambiente.

Pues bien, el trabajo de comprender el exterior como el interior humano es todo un trabajo o una buena tarea o una gran aventura de observación, tanto del exterior como del interior, acompañado de una introspección donde la dinámica priva por encima de cualquiera estadística. No son las veces sino la calidad del hecho interior como el exterior.

Comprender, entender la mente humana o el comportamiento humano no quiere decir que se haya de aceptarlo. Dicho de otra forma, comprender una cosa no quiere decir que uno deba estar conforme.

Pero sí que es preciso cambiar, transformar este ser depredado humano con una inteligencia suficiente para captar la realidad, regida por un egoísmo feroz para poder sobrevivir. Cerrado en su clan –que actualmente se manifiesta de muchas formas–, para mantener la supervivencia de la especie. Agresor para conquistar los mínimos materiales para situarse adecuadamente en su territorio marcado por el más fuerte. Todo esto es preciso conocerlo. Conocerlo y comprenderlo no quiere decir estar de acuerdo o la aceptación de la realidad.

Pero pasando hacia el interior de la mente humana, será preciso aceptarlo. No un aceptar resignado o pasivo, sino aceptarlo por haberlo comprendido y así poder hacer el cambio partiendo de la realidad psíquica aceptada. Y así ir al camino del cambio, de la transformación, del mejoramiento. Partir de la realidad aceptada, pero no estancada.

Comprender esta profundidad es aceptar como es. Partiendo de cómo es y poderlo ir cambiando. Pero negar la realidad es no comprenderla e hacer imposible su trasformación.

El ser humano tiene unas fuertes resistencias al cambio o a la transformación. Los mecanismos emocionales son muchos. Una cosa es entender el problema con la cabeza, de forma racional, pero que en el momento de la realidad establece una defensa al cambio. Comprendiéndolo ya tengo bastante, me decía una persona. Pero viendo que no cambiaba, se molestaba y se agredía emocionalmente a sí misma, intensificando el sentimiento de culpabilidad, haciéndose la víctima por la falta de comprensión de los que vivían a su alrededor. Entendía con la cabeza, pero no comprendía con el corazón. Por lo tanto, no podía ni cambiar ni transformar en nada su mundo interior. Es más, hacía uso de otros recursos emocionales, como la proyección. Ponía en los demás sus limitaciones, sus fallos y su mala intención.

Como dice Schiller que gracias a esta comprensión del interior o del corazón uno puede comprender a los demás, que no quiere decir que se tenga que aceptar, pero sí que permite indicar caminos de transformación.

Comprender incluye y excluye al mismo tiempo la aceptación de la realidad. Pero, la excluye si no quiere hacer el cambio y la incluye si desea realizarlo. No se puede cambiar aquello que no se comprende por mucho que uno lo acepte.

En este comprender y/o no aceptar, conviene pensar que nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión. Me viene a la memoria una frase de Blaise Pascal (1623-1662): Muy débil es la razón si no llega a comprender que hay muchas cosas que la sobrepasan. Aquí añado que entra en juego el narcisismo humano, característica de nuestra sociedad actual y ha devenido una nueva psicopatología. Y para acabar una frase de George Herbert (1593-1633) que es preciso pensar y reflexionar porque puede poner el colofón al artículo: ¿Por qué se ha de temer a los cambios? Toda la vida es un cambio. ¿Por qué hemos de temerle?

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Noticias Misioneras del Mundo: 29 de Noviembre de 2010


* Encuentro de jóvenes con experiencias misioneras
* II Congreso Continental Latinoamericano sobre vocaciones
* Mercado solidario de juguetes y libros en Gernika
* Comida solidaria del centro Agora Francesco a favor de la Amazonia Peruana
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Encuentro de jóvenes con experiencias misioneras
OMPRESS-MADRID (29-11-10) La Delegación de Misiones de Madrid ha organizado un encuentro para jóvenes con experiencias misioneras que tendrá lugar la víspera del Día de San Francisco Javier, jueves día 2, a las 8 de la tarde en la sede de la delegación en la calle Zabala, número 10.
“Invitamos a todos los jóvenes que, con el saco de dormir a cuestas, se fueron a Etiopía, a la República Dominicana, a Tánger y Casablanca, a Rumania, a la India, a Argentina, Perú o Bolivia... A compartir la vida misionera de nuestros religiosas y religiosos, sacerdotes y seglares que pasan su vida en aquellos lugares durante el verano pasado. Invitamos también a sus amigos, compañeros, personas interesadas en la misión... Celebraremos la Eucaristía y compartiremos un buen rato con la alegría de lo vivido en verano.”, manifiesta José María Calderón, delegado de misiones de Madrid.
Recordando la figura de San Francisco Javier, José María Calderón comenta que “son pocos los hombres que tienen el corazón tan grande como para responder a la llamada de Jesucristo e ir a evangelizar hasta los confines de la tierra. San Francisco Javier es uno de esos. Con razón ha sido llamado: «El gigante de la historia de las misiones» y el Papa Pío X lo nombró patrono oficial de las misiones extranjeras y de todas las obras relacionadas con la propagación de la fe. La oración del día de su fiesta dice así: «Señor, tú has querido que varias naciones llegaran al conocimiento de la verdadera religión por medio de la predicación de San Francisco Javier». Su recuerdo nos trae a la memoria las misiones de la Iglesia y cuantos en ella trabajan, sacerdotes, religiosas y laicos”.

II Congreso continental latinoamericano sobre vocaciones
OMPRESS-COSTA RICA (29-11-10) Con el objetivo de “Fortalecer la cultura vocacional para que los bautizados asuman la llamada a ser discípulos y misioneros de Cristo en las circunstancias actuales de América Latina y el Caribe”, el Departamento de Vocaciones y Ministerios del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, en coordinación con otros organismos eclesiales, han organizado para el 2011, el II Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones, que tendrá lugar del 31 de enero al 5 de febrero en Costa Rica.
Este Congreso es una respuesta a los desafíos de Aparecida, puesto que en lo que se refiere a la formación de los discípulos y misioneros de Cristo, “ocupa un puesto particular la pastoral vocacional, que acompaña cuidadosamente a todos los que el Señor llama a servirle a la Iglesia en el sacerdocio, en la vida consagrada o en el estado laical. La pastoral vocacional, que es responsabilidad de todo el pueblo de Dios, comienza en la familia y continúa en la comunidad cristiana, debe dirigirse a los niños y especialmente a los jóvenes para ayudarlos a descubrir el sentido de la vida y el proyecto que Dios tenga para cada uno, acompañándolos en su proceso de discernimiento. Plenamente integrada en el ámbito de la pastoral ordinaria, la pastoral vocacional es fruto de una sólida pastoral de conjunto, en las familias, en la parroquia, en las escuelas católicas y en las demás instituciones eclesiales”, afirman en su número 314 el Documento de Aparecida.

Mercado solidario de juguetes y libros en Gernika
OMPRESS-VIZCAYA (29-11-10) Ayer domingo 28 de noviembre, Gernika acogió la tercera edición del mercado de juguetes y libros “Ume solidarioak” organizado por los grupos de catequesis de Urdaibai, en la plaza del mercado de la localidad. A las once y media de la mañana se celebró una misa en la parroquia de San Bartolomé y durante toda la mañana hubo juegos para los más pequeños.
El dinero recaudado en este mercado solidario irá destinado a la ONG Lihuk Panaghisa, fundada por los misioneros Miguel Remírez y Agustín Maiz, en 1995. Su actividad se centra en Filipinas, en las ciudades de Cebú y Talisay. Lihuk cree en su visión de una sociedad solidaria en la cual el mensaje del Evangelio es práctico para promover voluntariado y solidaridad a favor de la gente más pobre.
Lihuk cubre las necesidades educativas de los niños más necesitados, proporcionándoles la ayuda económica necesaria (alimentación, transporte, material escolar,…). Cuida también de su crecimiento espiritual y psíquico para que puedan tener una vida equilibrada como personas cristianas responsables. Actualmente, Lihuk tiene 300 escolares, 162 en Calamba (Cebu City) y 138 en la Talisay City. Los ex alumnos son el mayor logro de Lihuk: durante 14 años se han formado ingenieros, enfermeras, profesores además de otros profesionales.

Comida solidaria del centro Ágora Francesco a favor de Amazonia peruana
OMPRESS-CÁCERES (29-11-10) El pasado sábado el centro Ágora Francesco de Cáceres, junto a la Iglesia de Sto. Domingo, tuvo lugar una comida solidaria a beneficio de Perú y Haití. Los fondos se coordinarán con la colaboración de la ONG Hesed Perú para el desarrollo de la Amazonía Peruana. Se pudo colaborar también a través de una "fila cero" para aquellas personas que no pudieron asistir.
Hesed Perú se gestó gracias a un grupo de seglares y religiosos franciscanos que solían reunirse en Valencia cada quince días. En este grupo surgió el deseo y la necesidad de colaborar en alguna tarea humanitaria que fuese expresión del compromiso cristiano de todos ellos. La Orden Franciscana tiene un compromiso con la selva peruana desde, prácticamente, la llegada de los españoles a tierras peruanas. Ya en el siglo XVI grupos de misioneros franciscanos surcaron los ríos de la Selva Amazónica entablando contacto con las tribus autóctonas.
El trabajo de los franciscanos en aquellas tierras ha continuado hasta nuestros días. Precisamente uno de los principales promotores de la ONG es Mons. Juan Oliver Climent, franciscano y desde 2004 Vicario Apostólico de Requena, Perú.

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Evangelio Misionero del Dia: 30 de Noviembre de 2010 - SEMANA I° DE ADVIENTO - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 18-22

En aquel tiempo:
Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar, porque eran pescadores. Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres».
Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, ya su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.
Inmediatamente, ellos dejaron la barca -y a su padre, y lo siguieron.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

La vida del discípulo es la respuesta a una vocación
“Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”

La celebración de la fiesta del apóstol Andrés, el hermano de Pedro, uno de los primeros cuatro vocacionados del Evangelio, llamado en medio del placido ambiente del lago de Galilea y de la cotidianidad de su oficio de pescador, nos hace retroceder a toda velocidad hasta el punto de partida de todo el proceso es decir, de la vida del discípulo como respuesta a una vocación.

La vocación es una experiencia de la Palabra de Dios, una palabra que, al interpelarnos, nos hace salir de nosotros mismos y arroja nuestra existencia hacia Dios y hacia los demás. La Palabra nos hace “ser” verdaderamente porque sólo quien se autotrasciende puede vivir plenamente. El llamado del Señor genera, en quien escucha y responde, una existencia radicalmente nueva, que es una obra inédita del Dios creador.

La vocación, entonces, es la roca sobre la cual se construye todo el edificio de la vida cristiana. No sabríamos que hacer con ninguna de las enseñanzas que nos ha dado Jesús si no tuviéramos claro que la escucha y vivencia del evangelio no es más que una respuesta cotidiana a la vocación. Cada día, apoyados en el evangelio, es un paso más en la peregrinación, un ladrillo nuevo y hermoso en la edificación de nuestra vida.

La palabra que escuchó en aquella mañana de su vocación el apóstol Andrés, lo hizo salir de sí mismo en una doble dirección:
­ En el “Venid conmigo”, invitación que compartió con su hermano Pedro, su existencia encontró un nuevo horizonte: el estar siempre con el Señor compartiendo sus días y sus noches. Su vida maduró en esta relación.
­ En el “Os haré pescadores de hombres”, entendió que su vida tenía sentido en cuanto viviera una misión, una misión compartida junto con la comunidad de Jesús, una misión que era la misma de Jesús.


Apoyados en la experiencia fundamental del apóstol Andrés, revisemos el proceso que hemos hecho, A LA ESCUCHA DEL MAESTRO.

1. ¿Cuánto he crecido en mi vida de discipulado, teniendo en cuenta que cada día Jesús me estuvo dando una nueva enseñanza?

2. ¿Cuáles son los indicadores concretos de este crecimiento? ¿Otros lo pueden confirmar?

3. ¿Qué he ido captando que tengo que hacer en mi familia, en mi comunidad, en mi entorno social? ¿Cómo se ha ido delineando la misión que el Señor quiere que yo realice?

4. ¿Hacia dónde va mi vida? ¿Cuál es mi esperanza?

5. Con la mirada puesta en el futuro, ¿Qué debe caracterizar mi estilo de vida, la vida nueva en el Señor en el “hoy” de mi historia?

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domingo 28 de noviembre de 2010

Evangelio Misionero del Dia: 29 de Otubre de 2010 - SEMANA XXX DEL TIEMPO ORDINARIO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 8, 5-11

Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, rogándole: «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente». Jesús le dijo: «Yo mismo iré a sanarlo».
Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: "Ve", él va, y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "Tienes que hacer esto", él lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos».

Compartiendo la Palabra
Por CELAM -CEBIPAL

Velar en la oración
“Estén siempre despiertos, para escapar de todo lo que está por venir”

La conclusión del discurso escatológica de Jesús en el evangelio de Lucas sitúa al discípulo ante las actitudes concretas que debe tomar ante la venida de Jesús.

Este pasaje, que repite tres veces el verbo “venir” (por parte de Jesús), intenta movernos para que vayamos al encuentro de Jesús de manera activa y no aguardemos el futuro con los brazos cruzados.

A pesar de todos los signos descritos (ver de manera especial 21,25-28), el día del Señor vendrá inesperadamente y cogerá a algunos por sorpresa. Por eso Jesús, instruye a sus discípulos sobre la manera de hacer la preparación: (1) Primero da una lección en negativo y (2) segundo da una lección en positivo.

(1) Una lección en negativo (21,34-35)

El imperativo “guardaos” es una invitación al discernimiento de los acontecimientos de la vida. Hay que estar listos para reconocer los signos.

Pero hay algo que puede entorpecer este discernimiento: la modorra espiritual (ver Sabiduría 9,15) que Jesús describe como “corazón pesado”. Éste tiene sus indicadores:
(a) El libertinaje, la pérdida de los valores, de los criterios en el comportamiento.
(b) La fuga de la realidad por el abuso del alcohol.
(c) Dejarse absorber por los oficios, por las preocupaciones del mundo (el stress de la vida).

Cuando esto sucede sencillamente perdemos la tensión espiritual, la atención del corazón para captar el rostro del Señor que viene a nuestro encuentro. La advertencia es clara: que no se diluya la atención a las cosas espirituales por las cuestiones terrenas.

La exigencia vale “para todos los que habitan la faz de la tierra”. Y el discípulo puede caer si no está debidamente preparado.

(2) Una lección en positivo (21,36-37)

En la segunda parte del pasaje de hoy, encontramos la otra cara de la moneda: una exhortación positiva para la fortaleza espiritual. Jesús no solamente dice el “qué” sino también el “cómo”.

Jesús pide que se asuma la actitud de la vigilancia y para ello indica el camino de la oración. La oración constante (“en todo tiempo”) es el ejercicio de la vigilancia del corazón porque mantiene la atención fija en lo esencial, porque hace pasar por la presencia de Dios todas vivencias y las somete a su valoración, porque anticipa la comunión de amor definitiva que le da sentido a todo lo que hacemos y endereza cada paso en la dirección en la que la vida se plenifica y mantiene siempre ardiendo el corazón.

Y, ¿qué sucede con el corazón que siempre vigila en la oración? Jesús enseña no sólo el “qué” y el “cómo” sino también el “para qué”. Dice Jesús:
- Para “tener fuerza”: el cristiano está llamado para amar y servir con vigor en el mundo, Jesús lo capacita para que genere transformación.
- Para “escapar” de la tentación de salir corriendo ante los problemas. Unido a lo anterior, se entiende que por la fuerza de la oración, el orante aprende a salir ileso de los conflictos.
- Para “estar en pie” delante de Jesús para poner continuamente la vida a su servicio, pero también, cuando llegue el momento final, para aguardar sin bochorno alguno el veredicto favorable sobre el camino de vida.

Por lo tanto, el tiempo final no se prepara haciendo calendarios sobre el momento en que se acabará el mundo, sino vigilando constantemente desde el corazón orante y sacando de ahí la rectitud personal y la fuerza para luchar para que el mundo tenga el rostro de aquél que nos redimió con su sangre.


Para cultivar la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón:

Mañana comenzaremos el tiempo fuerte del adviento, el tiempo de la espera vigilante de la venida del Señor.

1. ¿Qué elementos encuentro en el evangelio de hoy para diseñar una espiritualidad del adviento?

2. ¿Cuál va a ser mi programa espiritual para las próximas cuatro semanas que vienen?

3. ¿Qué decisiones debo tomar con relación a mi estilo de vida y en mi agenda para que este programa sea posible?

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EN PERMANENTE ADVIENTO


Por Fray Marcos
I Domingo de Adviento (Mt 24, 37-44) - Ciclo A

Hoy, primer domingo de Adviento, comenzamos un nuevo año litúrgico. El tiempo de adviento se caracteriza por su complicada estructura.

Por una parte recordamos el largísimo tiempo de adviento que precedió a la venida del Mesías. Esta es la causa de que encontremos en el AT tantos textos bellísimos sobre el tema. Fue un tiempo de sucesivas expectativas, porque las promesas no terminaban nunca de cumplirse.

Hay que decir con toda claridad que esas expectativas eran equivocadas, porque suponían una intervención directa, externa y puntual de Dios a favor de un pueblo. Todas las lecturas del AT van en este sentido y pueden despistarnos. Aun entendiendo todas las “profecías-promesas” metafóricamente, no termina de solucionarse el malentendido.

Por otra parte tenemos la aparición histórica de Jesús. Aunque no sabemos ni el día ni el año de su nacimiento, se trata del punto de partida imprescindible para comprender nuestras expectativas como cristianos. Jesús hizo presente el Reino de Dios en su persona, a través de su trayectoria humana.

La primera e imprescindible referencia para nosotros es su vida terrena, por eso empieza el año litúrgico ocupándose de su nacimiento. La preocupación por el “Jesús histórico”, que se ha despertado en nuestro tiempo con tanta fuerza, es el punto de partida para todo lo que podemos decir de Jesús teológicamente. Todo lo que sabemos de Dios nos lo ha manifestado él con su vida terrena.

Jesús no sólo hizo presente el Reino, sino que hizo una propuesta a todos los hombres de todas las naciones, de todas las culturas, de todas las religiones. Se trata de una oferta de salvación definitiva para el hombre. Él quiso indicar, a todos los seres humanos, el camino de la verdaderasalvación.

Celebrar el adviento hoy sería tomar conciencia de esta propuesta de salvación y hacerla realidad. Esa posibilidad de plenitud humana, tenía que ser nuestra verdadera preocupación.

Ebeling decía: lo más real de lo real no es la realidad misma, sino sus posibilidades. Jesús, viviendo a tope una vida humana, desplegó todas las posibilidades encerradas en cada ser humano y propuso esa misma meta para todos.

Hay otro aspecto del adviento que es necesario tener muy claro. Al constatar, siglo tras siglo en la historia de Israel, que las expectativas no se cumplían, se fue retrasando el momento de su ejecución, hasta que se llegó a colocarlo en el final de los tiempos. Surgió así la escatología, un genero literario que nos dice muy poco hoy día.

Es sorprendente que ni siquiera la venida de Jesús se consideró definitiva para los cristianos. Es la mejor prueba de que la salvación que él propuso no nos convence. Por eso los cristianos sintieron la necesidad de inventar una segunda venida que sí traería la salvación que todos esperamos.

Armonizar esta múltiple perspectiva es muy complicado para nosotros hoy. El tiempo anterior a Jesús, la vida terrena de Jesús, nuestra propia realidad histórica y el hipotético futuro escatológico nos puede llevar a una dispersión que convierta el adviento en un batiburrillo que nos impida enfocar bien su celebración.

Creo que lo más urgente para nosotros hoy, es centrarnos en hacer nuestro el mensaje de Jesús y vivir esa posibilidad de plenitud que él vivió y propuso. Partiendo de su vida y su mensaje, debemos tratar de dar sentido a la nuestra.

Recordar su trayectoria humana, empezando por su nacimiento, tiene que espabilarnos y motivarnos para encontrar el camino que nos marcó y que es el único que puede motivarnos para seguir caminando hacia la meta que el alcanzó.

La visión de Isaías es fantástica, pero aún está muy lejos de ser una realidad. Es la utopía que puede mantenernos firmes dentro de una realidad que sigue siendo sangrante. La realidad no debe eliminar la esperanza de un mundo más humano. Debemos aferrarnos a la utopía de que otro mundo es posible.

La esperanza se funda en que Dios no nos puede abandonar ni retirar la oferta de esa plenitud que anhelamos. Esa esperanza, a la que nos invitan las lecturas, no es de futuro sino de presente. La percibimos como de futuro, porque todavía no hemos hecho nuestras todas las posibilidades que tenemos a nuestro alcance.

Lo que comenzó en la primera Navidad estará siempre ahí. La posibilidad de descubrirlo y vivirlo está siempre presente a pesar de que las apariencias puedan desanimarnos.

Pablo nos repite que ya va siendo hora de espabilarse, pero seguimos portándonos como verdaderos insensatos. Seguimos caminando en una dirección equivo cada. Las advertencias que hace Pablo a los romanos, son las mismas que tendríamos que hacer hoy: nada de comilonas y borracheras, lujuria y desenfre no, riñas y pendencias. El excesivo cuidado de nuestro cuerpo, fomentará los malos deseos. El hedonismo que pretende el placer inmediato en nuestro proyecto vital, terminará por aniquilar nuestro verdadero ser.

El evangelio nos invita a estar vigilantes. Estar despiertos es la condición mínima indispensable para desarrollar nuestra humanidad. Yo creo que estamos bien despiertos, pero para todo lo terreno y material. Esa excesiva preocupación por lo material, es lo que la Escritura llama “estar dormido”.

Hoy empezamos el Adviento, preparación para la Navidad, pero los grandes almacenes, y todos los medios de comunicación ya hace casi un mes que han empezado su preparación.

Menos de un 15 % de nuestra sociedad escuchará unos minutos cada domingo el anuncio de que Jesús nace, frente a las muchísimas horas que va a soportar la propaganda consumista. ¿Será suficiente para contrarrestar su efecto devastador? Incluso los cristianos sinceros nos sentimos en la necesidad de armonizar el aspecto religioso de este tiempo con la ineludible necesidad de consumir.

Todo lo que nos ha aportado la evolución nos lleva a la comodidad. Solo la parte verdaderamente humana de nuestro ser nos exige esfuerzo y superación. Halagar la parte instintiva es mucho más fácil que espolear el espíritu.

Esta realidad ha sido siempre explotada por todos los dirigentes. Los emperadores romanos ofrecían pan y circo a las masas para que no exigieran otras cosas. Hoy la oferta tranquilizante es fútbol y tele. Los políticos prometen un maravilloso e ilimitado progreso material.

Nuestra religión, olvidando el evangelio, ha caído también en la trampa de una salvación acomodada a las apetencias de la inmensa mayoría. Ofrece al hombre la eliminación de sus limitaciones radicales: el dolor, el pecado, la muerte. Como eso es imposible aquí y ahora, porque son inherentes al ser humano, se ha proyectado la salvación para un más allá, a costa de dejar de ser seres humanos. Pero Dios quiere la plenitud para todos aquí y ahora, mientras aún somos humanos.

Adviento no es solo la preparación para celebrar dignamente un acontecimiento que se produjo hace más de veinte siglos. El adviento debe ser un tiempo de reflexión profunda, que me lleve a ver más claro el sentido que debo dar a toda mi existencia.

No hay tiempos más propicios que otros para afrontar un tema determinado. Soy yo el que tengo que acotar el tiempo que debo dedicar a los asuntos que más me interesan. Y lo que más me debía interesar, tal como nos lo advierte la liturgia, es mi verdadero ser, no mi falso ser.

Dios está viniendo en todo instante, pero sólo el que está verdaderamente despierto se dará cuenta de esa presencia. Si no me espabilo y descubro esa presencia, mi vida puede transcurrir sin enterarme de la mayor riqueza que está a mi alcance.

Dios no tiene que venir en ningún momento ni de ninguna parte, porque es la base y fundamento de mi ser y si se separara de mí un solo instante, mi ser volvería a la nada. Lo que llamamos Dios está en mí como fundamento aunque yo no descubra su presencia. Pero como ser humano, mi más alta posibilidad de plenitud consiste precisamente en descubrir y vivir conscientemente esa realidad. Dios está en todo, pero solo el ser humano se puede enriquecer de esa presencia.

Tampoco tengo que esperar tiempos mejores para poder realizar mi proyecto como persona humana. Si tengo que esperar a que Dios cambie algo o cambien los demás para encontrar mi salvación, es que no he descubierto lo que soy ni lo que es Dios. La salvación que Jesús desplegó y predicó, no está condicionada por circunstancias externas. Aun en las situaciones más adversas, está siempre a nuestro alcance (bienaventuranzas).

En cualquier momento puedo hacer mía esa salvación. En cualquier instante de mi vida puedo descubrir la plenitud en mí. Yo no tengo que esperar que cambie nada. Tengo que descubrir mi salvación en la circunstancia actual que me envuelve. Si no soy capaz de descubrir mi salvación en esta situación en que hoy me encuentro, no seré capaz de descubrirla nunca, porque ningún acontecimiento externo va a provocar ese descubrimiento.

El error en el que estamos instalados, es esperar que esa salvación venga de fuera; y Dios viene siempre desde dentro. Aquí puede que esté la clave para cambiar nuestra mentalidad. Pero preferimos seguir pensando en el Dios todopoderoso que actúa a capricho y desde fuera. De esa manera no hay forma de hacer nuestro el Reino de Dios que está ya dentro de nosotros. Si el encuentro no se produce es porque seguimos dormidos.



Meditación-contemplación


“Daos cuenta del momento en que vivís”.
Se trata de despertar, de tomar conciencia de las posibilidades.
Soy un ser humano, no simple biología.
Mi meta, mi plenitud está más allá de toda materialidad.
...............

“Comían, bebían, se casaban...” ¿Qué hay de malo en ello?
Lo único malo es poner el objetivo de tu vida en comilonas y borracheras.
El fallo está en vivir enredado en las cosas de este mundo.

..................
“¡Caminemos a la luz del Señor!”
Aun desde las tinieblas, podemos vislumbrar esa luz que nos guíe
si estamos despabilados, bien despiertos y ojo avizor.
No me lo va a pedir el cuerpo. Hay que hacer un esfuerzo.
Pero merece la pena porque en ello nos va la Vida.
.................

Fray Marcos

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sábado 27 de noviembre de 2010

Palabra de Misión: Darle sentido a la historia / Primer Domingo de Adviento – Ciclo A – Mt. 24, 37-44



La liturgia católica determina que el tiempo ordinario de cada Ciclo culmine con una mirada escatológica y comience con otra en la misma línea. El penúltimo domingo del tiempo ordinario se lee una sección del pequeño apocalipsis sinóptico, el último domingo es la Fiesta de Cristo Rey donde la escatología se explica desde la cruz, y el primer domingo de adviento se lee otra sección del pequeño apocalipsis sinóptico. De esta manera, simbólicamente, lo que comienza y lo que culmina se resume en el resumen de la historia, que es Jesús crucificado y, rebeldemente, resucitado. Siguiendo con el simbolismo, podemos decir que no hay más historia que la historia del crucificado resucitado. La vida de cada ser humano, de cada varón, de cada mujer, tiene sentido en esa condensación de Dios que es Jesús de Nazareth. La escatología no es algo para ir buscando al final del camino, sino algo para ir caminando, para desentramar los acontecimientos y mirarlos con nueva luz. La dicotomía histórica de la injusticia humana (que crucifica a Jesús) y la justicia divina (que lo resucita) es aplicable a cada instante, y no solamente en un juicio universal final. Hay juicio/discernimiento en las acciones cotidianas, en las decisiones de todos los días. Por eso es importante estar preparados, atentos, velando. El discurso de Jesús no busca generar temor (el temor es anti-evangélico), sino confianza y actitud de vida. Velar no es tener un ojo abierto para ganarle de mano a Dios. Velar es vivir con la certeza de la presencia constante del Cristo. Velamos por fe, no por miedo. Para recalcar esto, Mateo añade al discurso apocalíptico conservado en los Evangelio sinópticos, un capítulo completo elaborado según la redacción mateana. Si recordamos bien, la estructura básica de los capítulos 13 de Marcos y 21 de Lucas (apocalipsis sinópticos), consiste en un agrupamiento de frases y sentencias del Señor sobre la caída del Templo de Jerusalén, el final de los tiempos, las tribulaciones que acontecerán a los discípulos y la exhortación a estar velando. Mateo recoge lo mismo (con algunas particularidades) en el grueso de su capítulo 24, pero añade tres parábolas sobre el tema de la vigilancia y una mirada sorprendente sobre el juicio final que realizará el Rey del Universo. Este añadido mateano refleja su estilo literario por dos cuestiones: porque las parábolas son propias del Jesús Maestro, que es una de las imágenes preferidas de Mateo para presentar a Jesús; y porque la idea de juicio es una herencia del judaísmo del que proviene el autor. Las tres parábolas son la del siervo fiel (Mt. 24, 45-51), las diez vírgenes (Mt. 25, 1-13) y los talentos (Mt. 25, 14-30). El cierre de esta sección está en Mt. 25, 31-46 con el juicio que distribuye a la izquierda los que han despreciado al hambriento, al sediento, al que estaba de paso, al desnudo, al enfermo y al preso; y a la derecha del Hijo del Hombre a los que tuvieron la actitud contraria, de empatía con el hermano sufriente. O sea que, el juicio según Mateo, es el discernimiento de aquellos que vivieron como vivió Jesús, saciando el hambre y la sed, acogiendo, vistiendo, curando enfermos y visitando a los presos. El que supo hacer del hermano necesitado su norma de vida, ha entendido en qué dirección quiere Dios que vaya la historia humana.

La contraparte de esta actitud de vida vigilante y comprometida, es lo que sucedía en tiempos de Noé. El libro del Génesis es lapidante al respecto: “Cuando el Señor vio qué grande era la maldad del hombre en la tierra y cómo todos los designios que forjaba su mente tendían constantemente al mal, se arrepintió de haber hecho al hombre sobre la tierra, y sintió pesar en su corazón” (Gn. 6, 5-6). La lectura que hace Jesús difiere de esta visión terrorífica de la humanidad. Para Él, el problema de los días del diluvio reside en que la vida se vivía como si nada, sin sentido. Los seres humanos hacían las mismas acciones que ahora (comer, beber, casarse), pero sin incluir a Dios y a sus planes en sus existencias. Entonces, cuando vino el diluvio, acción de Dios y planificada por Él según el relato, se los llevó a todos. Noé se salvó en el arca porque estaba atento a las señales divinas; supo escuchar el plan y, por estar atento, se salvó. Esta re-lectura que hace Jesús es significativa. El problema no es tanto la maldad de los humanos como su dejadez, su vida sin sentido. Comen, beben y se casan sin saber a dónde se dirigen, por qué lo hacen, y qué sentido tiene que estén en la tierra. Esta forma de existencia no es vivir, sino sobrevivir. Es la manera más dilatada de malgastar la existencia. Para el relato del Génesis la clave del diluvio está en una maldad activa; para Jesús es una maldad pasiva, la maldad de no hacer nada, de dejar las cosas así, de no preocuparse por los otros, de no valorar la vida. Como en aquel tiempo el diluvio arrasó con todos porque no prestaban atención a Dios, de la misma manera la venida del Hijo del Hombre será un cataclismo histórico, porque nadie la estará esperando como es debido, o sea, viviendo sus vidas con sentido. La frase que describe lo que algunos llaman arrebatamiento está construida de tal manera, que en su composición semita, se explica a sí misma. La frase se estructura como un paralelismo entre dos que están en el campo y dos que están moliendo (los vocablos griegos y el contexto permiten inferir, cosa que hacen las traducciones, que los dos primeros son varones y las dos segundas son mujeres), resultando que, de cada par, uno es tomado/recibido (ambas son las acepciones del verbo paralambano) y el otro dejado. Por lo tanto, realizando la misma actividad, puede que alguien la realice como algo más rutinario (serán los dejados) y otro reconozca un sentido profundo en su trabajo, y a partir de ese sentido lo plenifique (serán los tomados). Esto vale para toda la humanidad, para varones y para mujeres, para los que trabajan en el campo y los que usan la piedra de molino. Cada instante de la existencia necesita cobrar sentido, y sobre todo, un sentido de trascendencia que remita a Dios.

Si Dios está en el horizonte de lo que hacemos, entonces estaremos velando, como el dueño de casa que, a sabiendas del horario del ladrón, no deja perforar sus paredes. El recurso a esta imagen del ladrón que perfora las paredes ya ha sido utilizada por Mateo en el primer discurso de Jesús: “No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben” (Mt. 6, 19-20). Nuevamente, la estructura literaria de la frase responde al paralelismo, y además al antagonismo. Vemos cómo el mismo tema de los ladrones que perforan paredes se encuentra en plano escatológico, más allá de ser una metáfora propia del ambiente palestino con casas de paredes de barro que, fácilmente, son destruidas por los bandidos. El tesoro no-material no puede ser robado, porque es tesoro que custodia Dios mismo.

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Adviento suele ser el tiempo litúrgico que refuerza la espera. Estamos ante las puertas de una llegada, de la encarnación. Esperamos a Alguien que viene y que es digno de ser esperado. Pero también es cierto que esperamos porque la liturgia nos marca la espera; de lo contrario, esta época podría ser como cualquier otra, un período más. Y eso es lo que no quiere Dios: que vivamos sin sentido. Dios quiere seres humanos atentos a su proyecto del Reino; seres humanos que se den por enterados de que Él existe, que está entre nosotros y que quiere plenificar nuestras vidas. Cuando los varones y mujeres viven desentendidos de lo trascendente, dejando a Dios afuera, lastiman su más íntima humanidad. Porque el ser humano sólo puede entenderse a sí mismo desde Dios; cualquier otra aproximación, por más técnica, científica o filosófica que sea, siempre es limitada. Lo técnico suele dar un sentido de productividad laboral a la vida, pero nada más. La plenitud parece estar en producir más en menor tiempo y a buen precio. Lo científico se encamina al descubrimiento, con la tentación de descubrir para aumentar el conocimiento que es aumento del poder. La plenitud es saberlo todo, ser omniscientes. Lo filosófico es una reflexión de ejercicio de la mente, pero muchas veces absorbe al ser humano como un objeto de estudio desprendido de su realidad ontológica en Dios. La plenitud, en este caso, es llegar a una reflexión sin errores que responda las preguntas sin respuestas. Cualquiera de las tres vías, por sí sola, encuentra un límite infranqueable. Para lo técnico el límite es el mismo varón o mujer que no pueden vivir para trabajar. En lo científico, el límite es el mundo de las experiencias sentimentales, de la fibra íntima de cada uno. Para lo filosófico son las preguntas que nunca tendrán respuesta definitiva, como las referentes a la muerte o el sufrimiento.

Adviento es Dios que viene para abarcar al ser humano con toda la divinidad encarnada. Jesús es el abordaje más completo de la humanidad porque es la locura de un Dios que se hace hombre. ¿Cómo no darle sentido a la vida a partir de Jesús? ¿Cómo dejar pasar el hecho del regalo de que estemos existiendo? De la nada hemos sido llamados a una vida que, para ser vida con mayúsculas, debe ser algo y no, justamente, nada. No podemos comer, beber y casarnos como si se tratara de una representación social que hay que seguir para subsistir. En el fondo, lo que Jesús quiere es que no nos conformemos con el aire que respiramos; ese aire tiene que valer hasta la última gota. Para eso, la actitud de vida ha de ser la actitud de Jesús de Nazareth. Ni comer por comer, ni beber por beber. Todo de cara a Dios, o sea, todo de cara a los hambrientos, sedientos, forasteros, enfermos, desnudos y presos. En ellos cobra sentido la vida. Y si la vida cobra sentido en ellos, entonces la misión también. ¿Nuestras celebraciones son celebradas por celebrar? ¿Nuestros actos evangelizadores se hacen para cumplir una rutina anual? ¿Cómo respondemos a los hambrientos, a los sedientos, a los forasteros, enfermos, desnudos y presos? ¿Respondemos? Adviento es una advertencia para que evangelicemos como Jesús, atentos al proyecto del Reino y no a los proyectos institucionales, porque lo que viene a nuestro encuentro no es algo (no es una iglesia ni un templo ni una moral); lo que viene es Alguien, es Jesús.

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Evangelio Misionero del Dia: 28 de Noviembre de 2010 - DOMINGO I° DE ADVIENTO - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 24, 37-44

Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé. En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado. De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada.
Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada».

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

¡Alerta! ;Cuidado! ¡A vigilar!... En estas tres expresiones podríamos resumir todo el Evangelio de este domingo.
Al comenzar el Año Litúrgico, el Año religioso de la Iglesia, miramos a Jesús y lo vemos en una actitud algo misteriosa. Parece que tiene los ojos clavados en la lejanía, mira el día último del mundo, cuando vendrá a juzgar a todos y a cerrar la Historia, y se siente preocupado. Ya había dicho una vez:
- Pensáis que cuando yo vuelva encontraré fe en la tierra'?...
Ahora, diríamos, se siente inquieto. Sabe que aquel día último ya no habrá remedio para tantos, y les previene:
- ¿No os habéis fijado en lo que pasó durante los días de Noé? Lo veían las gentes construir el arca, y se reían de él, aunque les avisara: ¡Que va a llegar un enorme diluvio!... Pero no le hacían ningún caso, y le contestaban: ¡Allá tú, si lo crees! Nosotros, a comer, a beber, a casarnos y a pasarla bien!... Sin embargo, llegó el día fatal. Noé se metió en el arca, y comenzaron los cielos a descargar aguaceros imponentes que se engulleron a todos. Pues esto mismo, esto mismo, va a acontecer al final de los tiempos, porque me presentaré a la hora menos pensada.
¿Qué les ocurre a muchos cuando oyen estas palabras del Evangelio? Se dicen muy convencidos:
- No, si yo voy a contradecir a Jesucristo. Pero el día final está muy lejos... Vete a saber cuántos milenios faltan todavía.
Estamos muy acordes al pensar así. Quizá faltan muchos siglos para que se acabe el mundo. Dios quiere que su Cielo esté muy poblado, y se da mucho tiempo para que se llene bien. Hace dos mil años que vino Jesucristo, y a lo mejor estamos nada más que comenzando el tiempo de la Redención. ¿Cuánto falta para que se acabe el mundo? No lo veremos nosotros, seguramente...
Sólo que esta pregunta se vuelve demasiado punzante cuando se cambia por esta otra, y que viene a significar lo mismo: Y a mi, ¿cuánto tiempo me falta para acabar mi vida, para que el mundo se acabe para mi?...
Entonces, la palabra de Jesús es tremendamente actual: Vigila tú, porque no sabes la hora en que me voy presentar precisamente por ti.
Esta es la realidad más preocupante a nivel personal. El mundo puede durar muchos siglos y muchos milenios. Pero, para mí, el mundo tiene un límite muy concreto: el día en que Dios me llame. Y ese día es incierto del todo.
Por eso, cada uno se da a Jesucristo cada día y cada momento, y lo espera en el espacio de tiempo que se le concede a él en concreto. El creyente sabe repetir con gran convencimiento: Señor, para cuando vengas, yo y todo lo mío somos enteramente para ti.
Estamos hechos a ver tipos muy raros en la sociedad, y a propósito de este Evangelio se dio un caso muy divertido en Inglaterra hace algunos años.
Aquel señor debía ser bastante excéntrico y en el testamento dejó toda su fortuna, convertida en dinero contante —en concreto, veintiséis mil libras esterlinas—, en favor de Jesucristo para cuando vuelva a la tierra. Una cláusula del testamento extiende la validez hasta dentro de ochenta años. Como la ley es ley, los ejecutores del testamento no saben
qué hacer. El Tesoro Inglés se hace cargo de esta cantidad por el momento, y si dentro del tiempo establecido no se ha presentado el beneficiario, Jesucristo, al que se le debe entregar —dice el testamento— “una vez obtenida la prueba de su identidad”, se piensa que el Tesoro del Estado se quede con el dinero, junto con todos los intereses acumulados durante ochenta años, o bien se lo entreguen a algún descendiente lejano del desquiciado testador... (Ernest Digweed + 20-lX-1976. Confiado al Public Trustee Office.- I1 Tempo 24-lX-1997)
Nos podemos reír si queremos. Pero de la risa pasamos a lo serio. ¿Es esto lo que Jesucristo nos pide ante la seguridad de su vuelta?
La espera del que tiene fe es muy diversa a la de este infelizote.
Nuestra espera consiste en ilusión por unirnos con Jesucristo y el complacerle con nuestra vida entera.
Isaías nos presenta la venida del Señor como un monte inundado de luz deslumbrante. San Pablo, por su parte, nos hace ver en ello la claridad de nuestra fe, que se traduce en deseo ardiente de encontrarnos con el Señor, para lo cual nos preparamos con toda suerte de obras buenas.
El cristiano no teme el encuentro con Jesucristo. Al contrario, este futuro encuentro es la mayor ilusión de su vida.
El trato ininterrumpido con Jesucristo mediante la oración le hace entablar una amistad con el Señor que aleja radicalmente del alma todo temor. Por eso, la fe se alimenta de la oración: quien ora sabe creer, sabe esperar y sabe amar. Quien ora está inmerso plenamente en la luz de Dios.
Y el que sabe que cada día está más cerca del Señor, vive con gozo la esperanza, convencido de que Jesús viene a buscarlo para meterlo en su misma gloria.
Hoy llevan muchos una vida perfectamente computarizada: el negocio, el dinero, la diversión están programados al detalle... ¿Lo está también la fe? ¿Se está al tanto de la proximidad del Señor?
En el mundo se vive con más atención la palabra de los paisanos de Noé —¡a divertirnos!—, que la prudente de Jesucristo: ¡Vigilad!... Nosotros preferimos vigilar, por si acaso...

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Vivir vigilantes


Por José Mª Castillo

No es posible saber con seguridad si Jesús pronunció las palabras que nos recuerda este evangelio. Y menos aún podemos saber si Jesús dijo estas cosas tal como aquí han quedado escritas. En todo caso, lo que no se puede admitir es que Jesús hablara en tono de amenaza. Por lo que nos cuentan los evangelios,

Jesús no pasó por la vida amenazando a la gente. No era ésa su mentalidad. Ni era ése su estilo. Este texto se redactó de forma para entender la venida de Jesús como un diluvio devastador. O (lo que es más repugnante) como un ladrón que llega a su casa, con nocturnidad y alevosía, para robar. Jesús no se puede comparar ni con una catástrofe, ni con un bandido. Sugerir eso de Jesús es casi una blasfemia.

Según el mismo evangelio de Mateo, Jesús pidió a sus discípulos que estuvieran vigilantes, que no se dejaran dominar por el sueño. Eso es lo que les dijo en la noche trágica de la pasión, cuando oraba en el huerto de Getsemaní: “Manteneos despiertos conmigo” (Mt 26, 38.40.41). Estar vigilantes con Jesús no es estar asustados, temerosos ante una probable desgracia, o acechando por si viene un ladrón. El que ve así a Jesús no cree en Jesús. Cree en un ser peligroso y amenazante, que puede arruinar a cualquiera para siempre. Jesús no trajo un mensaje de terror, sino una “buena noticia” de ilusión, paz y esperanza. Tal es el sentido del Adviento.

Vivir vigilantes con Jesús es estar en la misma disposición que el propio Jesús les pedía a los que le acompañaban la noche de la pasión. Es vivir con tal honradez, en el sitio y trabajo en que cada cual esté, que se vive en la disposición constante de que hago lo que tengo que hacer, y digo lo que tengo que decir, aunque eso represente para mí una seria amenaza, un peligro que puede llegar a ser mortal. Jesús no mete miedo, nos propone un proyecto de responsabilidad ante la tarea que cada cual tiene que llevar adelante en la vida.

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Domingo, día de los sin techo


Cáritas Española, FACIAM y la Federación de Entidades de apoyo a las Personas Sin Hogar (FEPSH- antigua Feantsa España) dan comienzo, en este año 2010, a la Campaña de las Personas Sin Hogar “Nadie sin Derechos. Nadie sin hogar” 2010-2015, enmarcada, acompañada y participada en la que, junto a FEANTSA Europa (Federación Europea de Organizaciones Nacionales que trabajan con Personas Sin Hogar), decenas de entidades sociales de la Unión Europea, llevan a cabo con el lema “Acabar con el sinhogarismo es posible”.
Tenemos delante de nosotros un objetivo cuantificable… quizás irreal, utópico. Pero el mismo en muchos países, en cientos de ciudades, en miles de pueblos. Seguramente el año 2015 sea más que un final, un comienzo… Porque nos ayuda a todos a poner voz y mirada a los silenciados e invisibilizados de la sociedad. Las Administraciones estatales, autonómicas y locales; las entidades sociales, las organizaciones de ciudadanos, sindicales, empresariales… los estudiosos e investigadores trabajando y coordinándose por afrontar este signo del fracaso de nuestra sociedad: el que en Europa haya cientos de miles de personas viviendo sin hogar.
Las Campañas de las Personas sin Hogar, los Días de los sin Techo de los próximos cinco años vuelven, volverán cada mes de noviembre, a gritar ante la sociedad, ante todos nosotros, que todo ser humano tiene derecho a vivir su dignidad, única, esencial, irrepetible e imborrable.
El próximo domingo 28 de noviembre se celebra el Día de los Sin Techo, con actividades en muchas ciudades españolas. Consulta las que se celebrarán en tu ciudad a través de la web de tu Cáritas Diocesana. También te animamos a consultar los materiales de esta campaña (para trabajar con niños, jóvenes, grupos parroquiales… guión litúrgico… trabajo de canciones…).

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Homilías y Reflexiones para el I Domingo de Adviento (Mt 24, 37-44) - Ciclo A


Publicado por Iglesia que Camina

AHORA LE TOCA A LA ESPERANZA

Todos los tiempos son tiempos de fe porque sin fe todo carece de base y fundamento. Todos los tiempos son tiempos de amor y caridad porque sin amor la vida carece de sentido. ¿Y dónde están los tiempos de la esperanza? Cada año comenzamos el Adviento como tiempo de esperanza, pero en realidad le damos poca importancia. Como decía Peguy la esperanza es la “hermana menor”, pero luego añade que es “la hermana preferida de por Dios”.

Sin la fe carecemos de base y sin amor, carecemos de vida; pero sin esperanza carecemos de futuro. Sin esperanza no hay amanecer. Sin esperanza no hay ilusión y nos quedamos todos encerrados en el pasado que ya no existe. Sólo la esperanza es capaz de sacarnos del poco de nuestras desilusiones y fracasos y abrirnos al cambio y a lo nuevo. Sin esperanza la vida es como un camino que tropieza contra un muro sin saber lo que hay al otro lado.

Dios es amor, pero también es esperanza. Vive de la esperanza de un nuevo futuro, un nuevo mundo, un hombre nuevo, por eso el libro del Eclesiástico nos dice: “ No preguntes: ¿Por qué los tiempos pasados fueron mejores que los presentes? Eso no lo pregunta el sabio”. (Ecl 7,10)

Hemos hablado mucho de la fe, ahora le toca a la esperanza, hemos hablado mucho de la caridad, ahora la toca a la esperanza. Nos han hablado mucho de la fe, ahora le toca el turno a la esperanza. Nos han hablado mucho de la caridad, ahora le toca el turno a la esperanza.

Nuestra vida cristiana tiene necesita del trípode de la fe, la caridad y de la esperanza. Si le falta una de las patas al trípode, el resto se nos viene abajo. La fe sostiene la esperanza, pero la esperanza da futuro a la fe. Sin esperanza somos pasado, es decir, ya no somos.

José Luís Martín Descalzo escribía en el Prólogo a su libro Razones para la esperanza: “Dicen que la gran enfermedad de ese mundo es la falta de fe o la crisis moral que atraviesa. No lo creo. Me temo que en nuestro mundo lo que está agonizando es la esperanza, las ganas de vivir y luchar, el redescubrimiento de las infinitas zonas luminosas que hay en las gentes y en las cosas que nos rodean.”

Por eso es maravilloso que el Ciclo o Año Litúrgico comience siempre con el Adviento como tiempo de Esperanza. Tiempo de espera. De espera del triunfo definitivo de Jesús al final de los tiempos, pero la espera de algo más inmediato que es la venida misma de Jesús en Navidad. Esa es la gran espera de Dios durante siglos. Nosotros celebramos esa espera y esperanza de Dios para convertirla también en esperanza nuestra.

Esperar es saber que hay un futuro distinto. Cuando descubrimos este futuro como cierto y como “realidad positiva, se hace llevadero también el presente”. ¿Reconocemos a la Navidad como algo que esperamos no por los regalos sino porque con ella podemos encontrar la razón de nuestras vidas?”




LAS ALMAS CRECEN DE NOCHE

Bueno, también de día.
Pero a mí me encantan las almas que crecen de noche.
Son la mayoría aunque nadie las cuente.

Almas que crecen en el dolor.
Almas que crecen en la oscuridad del sufrimiento.
Almas que crecen en las dificultades de la vida.
Almas que crecen en silencio de la soledad.
Almas que crecen en el silencio de la indiferencia de los demás.
Almas que crecen en el silencio de las ofensas.
Almas que crecen sin que nadie les dé importancia.
Almas que crecen en el abandono del ser amado.
Almas que crecen en el dolor del hijo que sufre.
Almas que crecen en el dolor de la pobreza.
Almas que crecen cuando no son correspondidas.
Almas que crecen cuando alguien las humilla,
Almas que crecen cuando nadie reconoce su bondad.
Almas que crecen cuando su corazón llora.
Almas que crecen cuando todo lo ven negro.
Almas que crecen cuando todo lo ven imposible.
Almas que crecen cuando sienten el silencio de Dios.
Almas que crecen tienen hambre de amor.
Almas que crecen cuando nadie cree en ellas.
Almas que crecen en el silencio de su corazón.
Almas que crecen en sus días de tristeza.

Son almas que crecen de noche como las flores.
No hacen ruido pero son almas llenas de grandeza.
Almas que no hacen ruido porque la bondad no hace ruido.
Almas que no hacen ruido porque Dios tampoco lo hace.

Dios suele trabajar en el silencio y en la noche.
Como dice Descalzo:
“No gritan. Pero aman. No son ilustres, pero están vivas.
No salen en los periódicos, pero sostienen el mundo.”





LA ESPERANZA Y LA REALIDAD

No se trata de cerrar los ojos a la realidad, se trata de verla de otra manera.

Se trata de ver:
Que el mundo está mal,
pero ver que puede estar mejor.
Que el matrimonio anda mal,
pero ver que podemos vivirlo mejor.
Que los esposos no se entienden,
pero ver que somos capaces de dialogar.
Que los hijos ya están perdiendo la fe,
pero ver que las semillas que sembramos pueden brotar en cualquier momento.
Que sólo existe justicia para el que puede pagarla,
pero ver que algún día puede haber justicia también para los pobres.
Que existe mucho individualismo,
pero ver que algún día nos sentiremos solidarios.
Que existen demasiados hombres y mujeres que viven en esteras,
pero ver que algún día podrán tener una casa digna.
Que existe demasiada infidelidad conyugal,
pero ver que algún día podremos ser fieles a nuestra palabra comprometida.
Que existe demasiada mentira en el mundo,
pero ver que algún día podremos vivir en la verdad.
Que vivimos sin conocernos,
pero ver que algún día todos nos sentiremos hermanos.

No, no es una utopía porque entonces Jesús sería el más utópico.
Él nos enseñará que todo eso es posible
porque Jesús desde su misma cuna hará posible que todo pueda cambiar y ser distinto.

Celebrar la Navidad no es celebrar un simple nacimiento, es celebrar que desde el pesebre de Belén todo puede comenzar a ser diferente. Porque Jesús no se encarnó entre nosotros por simple utopía, aunque sea la utopía de Dios, sino porque Él nos mostrará el camino de lo nuevo.





INVOCACIONES DE LA ESPERANZA

Que en el desaliento,
alumbre la esperanza.
Que en el cansancio,
se encienda la esperanza.
Que en el sufrimiento,
se encienda la esperanza.
Que en la falta de trabajo,
se encienda la esperanza.
Que ante los problemas,
nos ilumine la esperanza.
Que ante las dificultades,
nos ilumine la esperanza.
Que cuando todo lo veamos negro,
nos ilumine la esperanza.
Que ante la muerte,
nos ilumine el camino la esperanza.
Que ante los imposibles,
se encienda un rayo de luz de la esperanza.
Que cuando sientas que no puedes,
la esperanza levante tu espíritu.
Que cuando sientas que ya no hay nada que hacer,
sientas que aún queda la esperanza.
Que cuando todo lo veas perdido,
sientas que aún queda la esperanza.
Que cuando lo pierdas todo,
aun te queda la esperanza.
Que cuando te digan que no hay nada que hacer,
aún no ha dicho su palabra la esperanza.
Que cuando te digan que es inútil luchar,
enciendas la luz de la esperanza.
Que cuando te digan que pierdes el tiempo,
que se encienda en ti la esperanza.

Hasta el refrán lo dice:
“Cuando lo pierdas todo, que no pierdas la esperanza.”
Porque sólo la esperanza nos dará ánimos para luchar.
Porque sólo la esperanza nos hará fuertes ante los imposibles.
Porque sólo la esperanza nos hará ver luz en la oscuridad.
Dios esperó siglos para encarnarse y no se cansó de esperar.
Por eso Dios no es solo amor, es también esperanza.





¡¡¡VEN, SEÑOR JESÚS!!!

Es el grito del Adviento y es el grito de las almas que esperan.
Es el grito de los que se han decepcionado de la vida y esperan un rayo de luz que les anuncie un amanecer.
Es el grito de cuantos sienten el vacío de Dios, pero en el fondo secreto de sus almas lo necesitan.
Es el grito de tantos hombres y mujeres que esperan que el mundo pueda cambiar su suerte.
Es el grito de cuantos desean la paz en las familias, en la sociedad y en el mundo.
Es el grito de cuantos desean un mundo más humano y menos injusto.
Es el grito de cuantos desean un hogar con más calor humano.
Es el grito de tantos hijos que ni siquiera conocen a sus padres.

Es el grito de tantos que viven esclavos de sí mismos y buscan la libertad que se les escapa de las manos. “Quiero y no puedo”.
Es el grito de los hombres que esperan al Mesías prometido durante siglos.
Es el grito de Dios que les dice a los hombres que ya es el tiempo de su llegada.
Es el grito de cuantos tenemos fe y lo esperamos en Navidad.
Es del grito de cuantos esperan al Mesías y solo reciben paquetes de regalos.
Es el grito de cuantos quieren vivir sin Dios, pero no pueden vivir sin Él.
Es el grito de cuantos decimos creer en Él, pero vivimos como si no existiese.
Es el grito de cuantos estamos bautizados, pero vivimos como paganos.
Es el grito de cuantos a pesar de todo seguimos creyendo que Él es la respuesta que necesitamos.

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WebJCP | Abril 2007