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MISIONEROS EN CAMINO: junio 2010
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miércoles 30 de junio de 2010

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Lc 10, 1-12.17-20) - CICLO C: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Vivir en la alegría de Cristo, siempre es misión.
Publicado por DABAR

Jesús nos envía, no solos, acompañados. Envió a “otros” 72, y nos envía en su última aparición. “La mies es abundante y los obreros, pocos”. La misión es urgente pero dichosa, vivida en relación, en compañía, compartiendo camino y vida, afrontando peligros y desalientos y gozando de la alegría juntos; mejor juntos.
A veces nos parece más fácil vivir nuestro cristianismo en solitario porque los demás no comparten nuestra forma de ver y sentir el camino, o porque la exigencia es mayor vivida en comunidad.

Pero, ¿dónde encontramos a Cristo?, ¿sólo en el Sagrario?

Por supuesto que es imprescindible la oración personal, el silencio, el encuentro del corazón con su Palabra. Pero Jesús no fue un monje de Qumran aislado. Él creó una comunidad donde se compartía la vida. Claro que en ocasiones se sintió solo, incomprendido, pero el calor del corazón de sus amigos y amigas también le ayudó en su misión, en sus dudas, en su cotidianeidad, en sus sufrimientos; y ahí también estaba Dios.

Últimamente os voy contando mi vida, mis experiencias en “entregas”, a modo de radionovela (o culebrón). Nada hay más humano y más divino a la vez que ver la mano del Espíritu en la vida.
Como ya sabéis, llevo un curso “entretenido” con los problemas de salud de mis padres: dos operaciones de mi madre, un ingreso de mi padre y sus dos meses de convalecencia en mi casa.
A principios de Abril todo volvió a la normalidad: mis padres se fueron a su casa y retomaron su vida casi con normalidad, y yo la vida colegial con un poco más de paz.
Ahora, a mitad del mes de Mayo, todo se precipita de nuevo: los exámenes, las celebraciones, los cantos, las fiestas escolares, el viaje de dos días de 4º de la ESO, y… ¡operan a mi padre!
A mí la primavera no me sienta muy bien: es un momento de “subi-baja” anímico que me cuesta remontar. El día que mi padre me dijo que lo operaban hoy pensé de nuevo: “Dios mío, ¿cómo voy a llegar a todo? Ayúdame, yo sola no puedo; sostenme Tú”
Aunque hay personas que siempre están ahí y a las que les debo mucho (mi marido, sobre todo), comenzaron a surgir amigos, amigas, compañeros y compañeras que asumían con alegría mis tareas. Y cuando digo con alegría es no con resignación, sino con sincero cariño y apoyo. ¡Todo un lujazo!

Me he sentido querida y arropada, protegida, SOSTENIDA.
Me he vuelto a encontrar con Cristo en todos y cada uno de ellos.
Mi comunidad, la que crece y avanza conmigo, la que trabaja conmigo, la que ama conmigo, reacciona al unísono desde nuestra diferencia pero, sobre todo, desde nuestro sentir común, desde nuestro sentirnos COMUNIDAD unida por un profundo amor y por la fuerza del Espíritu que nos sostiene.

Busquemos siempre el silencio y la soledad de la oración personal, tan necesaria para nuestro camino. El encuentro es pan que alimenta. Pero, sobre todo, vivámosla en comunidad, porque en ella está el agua fresca del Espíritu, que no por nada se les donó a los apóstoles “estando reunidos”.

CONCHA MORATA
concha@dabar.net




DIOS HABLA

ISAÍAS 66,10 14c
Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto. Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes. Porque así dice el Señor: «Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados. Al verlo, se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos».

GÁLATAS 6,14 18
Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino una criatura nueva. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios. En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

LUCAS 10,1 12.17 20
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios”. Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: “Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo». Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del ene¬migo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; es¬tad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».



EXEGESIS

PRIMERA LECTURA

Contexto: Hacia una teología de la ciudad.
'El renacer de Jerusalén aún es posible': conclusión a la que llegan, tras varios siglos de experiencia (VIII V a.C.), tres profetas cuyo mensaje aparece en este libro, llamado Isaías. Jerusalén, ciudad madre de 'ubres abundantes' para todos sus hijos (época de Is I) ha perdido todo su esplendor religioso y cultural (inicio del s. VI a.C.). La ciudad fue arrasada y muchos de sus habitantes desterrados a Babilonia (a. 538 a.C.).
Is II pintó de color de rosa la vuelta del destierro, pero la cruda realidad fue más prosaica: la ciudad había sido devastada, las tierra enajenadas, el odio y la envidia reinaban por doquier. ¿aún era sensato soñar con el renacer de la ciudad?

Texto: 'renace un pueblo'
A los escépticos y desilusionados israelitas Is III les dirige un mensaje de consuelo y esperanza. Is 66,7 14 leedlo sin recortes expone, con la imagen de un parto inesperado, el renacer del nuevo pueblo. Judá que tenía a sus hijos en el destierro (= muertos) contempla su vuelta (=re nacer); el parto ha sido milagroso ya que nace antes que la madre sienta los espasmos (=sin guerras, sin revoluciones, vs.7.8b).
El inesperado y gozoso acontecimiento sorprende a todos: '¿Quién ha oído tal cosa ... ? ¿Se engendra todo un país en un solo día...?' (v.8a). El escepticismo cunde entre los que han vuelto del destierro y viven la dura realidad de una ciudad en ruinas, corroída además por la envidia humana; por eso preguntan: ¿Será posible el cambio? El poeta sale al paso de todas estas objeciones con estas palabras: 'Abro yo la matriz, ¿y no haré que de a luz?' (v.9). El que hizo posible la vuelta de Babel, ¿no será capaz de completarla? El obrar de Dios en el pasado hace surgir la esperanza del presente. Espera esperanzadora.
El poeta está tan seguro del éxito que invita ya a todos al gozo y alegría (vs. 1 Os). El parto inesperado, milagroso de la ciudad debe transformar los sentimientos de todos sus hijos: así se convierte '... el traje de luto en perfume de fiesta' (61,3.10); los huesos calcinado florecen como el prado (v. 14); Jerusalén, madre de ubres abundantes, es capaz de saciar todos los deseos insatisfechos de los que volvieron del destierro. Y esta madre no sólo es fecunda, sino también femenina, tiema (v. 13) que lleva a sus hijos en brazos y acaricia a todos los que están hambrientos de consuelo, de liberación. Ternura capaz de convertir lo árido, la angustia, la desolación... en verdor, gozo, esperanza...
Y con este nuevo re nacer brota la paz y la abundancia. Paz, meta de todo progreso y desarrollo; todo sufrimiento debe acabar en alegría; la muerte, en resurrección... (v. 12; cfr. 60,5s. 13; 61,6). Esta es la verdadera esperanza: la esperanza esperanzadora. Dejar al humano en el dolor sin intentar aliviarle es puro 'opio'.

Reflexiones: lo acaecido en Jerusalén se aplica a toda ciudad.
Desilusionada y falta de esperanza está también nuestra gente, nuestros pueblos y naciones... Sólo por captar votos, nuestros políticos pintan, en campaña electoral, un cuadro idílico: distribución de la riqueza, mayor justicia social, miles de millones para los marginados, paz, bienestar para todos, prosperidad, libertad, abundancia.. La realidad es mucho más prosaica: ¿Dónde está esa leche abundante? Si las ubres estaban repletas, ¿a dónde han ido a parar? ¿A los famélicos o a los rollizos y devotos incondicionales? El luto impera, falta la alegría, las ganas de reír los chistes, la fiesta... El pueblo continúa escéptico, y razones no le faltan.
Desilusionado y falto de toda espera está también el pueblo de Dios. La nueva Jerusalén, la Iglesia, debería ser madre, con ubres abundantes de buena leche, que alimenta, sobre todo, a los más desheredados, a los desnutridos... Debería ser madre tierna que acariciara y mimara, que fuera capaz de convertir la tristeza, el luto... en gozo, en alegría. La realidad es más prosaica: en esta ciudad también reina la envidia, el odio, la incomprensión, el afán por el poder, por dominar... El pueblo se siente escéptico, y razones no le faltan.
Y en medio de tanta oscuridad, desilusión y escepticismo deben resonar, de nuevo, las palabras de Is 111. Por encima de las palabras de líderes religiosos y políticos más que discutibles y frente a las que es necesario no quedarse con los brazos cruzados debe brillar siempre la espera esperanzadora, el mensaje profético. El que actuó en el pasado del pueblo no puede dejar de atenderle hoy y en el futuro: "Abro yo la matriz, ¿Y no haré que de a luz?".



SEGUNDA LECTURA

Este final de la carta, escrito probablemente, a diferencia del resto, por el propio Pablo, recoge algunos de los temas tratados previamente. Así el recuerdo al Señor Jesús como único sentido de la vida de Pablo, expresado en la enigmática frase de la crucifixión del mundo para Pablo y de Pablo para el mundo. Ello no implica menosprecio alguno de la realidad, sino que, en comparación con el Señor Jesús, aludido en el término "crucificado", nada tiene importancia.
La expresión de las marcas de Jesus no resulta clara. Puede entenderse en forma de señal o señales físicas de diversos tipos o en sentido moral, porque "cuerpo" no ha de leerse en sentido griego como contrapuesto a alma, sino que puede designar, y de hecho designa en muchos lugares paulinos a la totalidad de la persona. Pero no se puede identificar en concreto. Pero en todo caso alude a una profunda identificación entre Pablo y su Señor. En relación con ella nada importa.
El otro tema es la nueva situación en Cristo, donde no importan las diferencias por importantes que previamente fueran, como los símbolos religiosos de circuncisión e incircuncisión, o sea, judíos y no judíos. Esta nueva situación es llamada "creatura" o "creación" nueva. Lo cual indica la radicalidad de esta novedad y la hondura de esa transformación en Cristo. Esta hondura y radicalidad pasa frecuentemente desapercibida en muchos ambientes que se dicen cristianos. Por carecer de un punto de comparación anterior en el que Cristo no fuera conocido resulta difícil, a veces, sentir la novedad de lo cristiano y de lo que el Señor ha aportado a la existencia.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


EVANGELIO

1. Observaciones al texto
V.1 Designó otros setenta y dos. El verbo empleado da al hecho solemnidad e importancia. Otros hace referencia al anterior envío de mensajeros a Samaría en 9,52.
V.4 No llevar sandalias. No es ir descalzo, sino limitarse a las sandalias puestas, sin llevar otras de repuesto. Esto se deduce del verbo empleado en griego. No detenerse a saludar por el camino. Un judío podía seguir el camino que atraviesa Samaría, pero con la condición de no hablar con nadie. En la práctica, los judíos evitaban atravesar Samaría. La actitud de Jesús sorprende por su libertad.
Vs.5-6 Paz. Sentido religioso: bendición o estado de bienestar que tiene su origen en Dios. Gente de paz. Traducción de la expresión hebrea hijo de la paz. Persona abierta a la paz que viene de Dios.
V.7 Quedaos en la misma casa. Traducción incorrecta. Quedaos en la casa, en la que os reciba. Están en la casa haciendo el bien a sus moradores. Son trabajadores que tienen derecho a un salario. El pago, en especie, es la manutención, debida por las reglas de la hospitalidad.
Vs.8-11 Se aplica a los núcleos de población lo dicho de las familias. Estos núcleos se regían por sus propias reglas; velar por el cumplimiento de las mismas corría a cargo de los responsables de la ciudad o pueblo. En este sentido, la presencia de alguien de fuera podía ser aprobada o rechazada. Aceptar a alguien conllevaba ofrecerle comida.
Vs.9 y 11 La forma verbal empleada en griego para hablar del Reino de Dios favorece más una traducción en términos de presencia que de cercanía: Ha llegado el Reino de Dios, en lugar del está cerca el Reino de Dios de la traducción litúrgica.
V.11 Sacudirse el polvo. Acción simbólica expresando ruptura entre las partes.
V.12 Aquel día. El día del juicio. Ese día se pondrá de manifiesto la enorme gravedad de haber rechazado el Reino de Dios. Este rechazo es el mayor de los pecados.
V.17 Señor. Interpelación bíblica por antonomasia para dirigirse a Dios. ¡Hasta los demonios se nos someten! Exclamación de espontánea admiración ante un hecho totalmente inesperado para los setenta y dos.
V.18 Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. No es tanto una visión exterior, cuanto una imagen para expresar una realidad de orden moral: la derrota de Satanás, su quedar desposeído del poderío que se había arrogado. Del cielo no quiere decir de junto a Dios; el cielo tiene aquí la altura de la soberbia. El ojo interior de Jesús captaba este hecho espiritual sin necesidad de una visión exterior. Del cielo no quiere decir de junto a Dios; el cielo tiene en este caso la altura de la soberbia.
V.20 El adversativo inicial sin embargo habría que sustituirlo por el asertivo a decir verdad. Más que a alegrarse por lo primero, Jesús les invita a alegrarse por lo segundo. Vuestros nombres están inscritos en el cielo. Imagen tomada de la costumbre administrativa de registrar los nombres por escrito. Forma al servicio del siguiente fondo: los enviados tienen el favor y la aprobación de Dios.

2. Texto
A los setenta y dos los envió Jesús con el mismo cometido suyo: anunciar la llegada del Reino de Dios. Anuncio que Jesús sintió y vivió como urgente en razón de la importancia del mismo.
Urgían personas que lo dieran a conocer. Así se lo explicitó Jesús a sus enviados sirviéndose de términos agrícolas: La mies es abundante y los trabajadores pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que mande trabajadores a su mies. Todo lo que Jesús les pedió era que tuvieran conciencia de la importancia de esta misión y que actuaran en consecuencia, sin ocultarles los riesgos: Corderos en medio de lobos.
El resultado será ya responsabilidad grave y exclusiva de los receptores del mensaje. La gravedad se pondrá de manifiesto en el juicio al final de los tiempos.
Los enviados retornaron rebosantes de alegría, impresionados por haber acontecido un hecho que no esperaban: ¡Hasta los demonios se nos someten en tu nombre! Jesús ratifica el hecho: Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Pero les advierte que no es ese poder lo que les debe producir alegría; su fuente de alegría tienen que buscarla en Dios y, en concreto, en el hecho de saber que gozan del favor y del beneplácito de Dios.
Texto todo él urgente, expresivo, realista, arraigado en las condiciones sociológicas de la época.

3. Comprensión actualizante
Nada es igual y sí todo es diferente si el Reino de Dios ha llegado. Hoy como ayer sigue válida la urgencia de anunciar el Reino de Dios. Un anuncio que nunca es imposición y siempre es ofrecimiento.
Sigue urgiendo proclamar que el Reino de Dios ya ha llegado. Tarea nada fácil, porque siempre habrá lobos ansiosos de carne de enviado.
Urgen enviados, gente con garra y sin miedo a los riesgos personales.
Urge vivir desde la alegría de saber que el demonio no es todopoderoso, porque el Todopoderoso es Dios.
La realidad del Reino de Dios es la gran esperanza para la humanidad toda.

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net




NOTAS PARA LA HOMILIA

¡ANIMAOS!
Es el comienzo del verano. Precisamente este fin de semana muchos comienzan sus vacaciones y sus desplazamientos. Han elegido sus lugares de descanso y en ellos pasarán algún tiempo de relax. Los que se van y los que se quedan vivimos un tiempo distinto. Todos nos contagiamos de un aire nuevo y el verano parece entrarnos desde fuera contagiando a nuestro interior.
También las lecturas de hoy nos invitan a asumir otro aire, a vivir de otra manera, a cambiar algunas de las muchas actitudes y hábitos que arrastramos cansina y rutinariamente desde tiempos inmemoriales.
Muchos de nuestros contemporáneos andan a la greña con nuestra religión y nuestra comunidad porque, dicen, repetimos siempre las mismas cosas con espíritu tenebroso, amonestamos todavía con acontecimientos apocalípticos, avisamos de un sinfín de desgracias a un mundo que no nos hace caso y pronosticamos la debacle y el caos por descreídos.
Pero en medio de estas jornadas iniciales del verano resuenan preciosas las palabras de Isaías dirigidas a un mundo, el suyo, sordo a los profetas y cansado de vivir bajo el peso de su propia culpa.
Es hora de cambiar, de aire y de personas. El aire porque un espíritu desolado y acabado no se corresponde con el Jesús en quien creemos. Las personas porque una comunidad tan clerical como la nuestra ha agotado un modelo que se entendía en clara dependencia de estructuras clericales y cerraba las iniciativas y responsabilidades de otros miembros de la comunidad reduciéndolos a meros comparsas, monaguillos y actores de quien escribía el guión.
La Iglesia no puede permitirse ser identificada con el tenebrismo, el desánimo o la tristeza. Encargada de la esperanza del mundo no puede aislarse angustiada a llorar su mala suerte y su incomprensión. Debe manifestarse segura y convencida del evangelio de Jesús: Una buena noticia para todos, sin excepción, y un motivo de confianza siempre para el futuro. Responsable de levantar el ánimo de todos, especialmente de los más atribulados y angustiados, no puede caer en discursos repetidos y en mensajes archisabidos. La buena noticia debe tener siempre el frescor de lo nuevo, de lo novedoso y significativo.
Pero hay que hacerse una nueva criatura, nos dice S. Pablo. Hay que caer en la cuenta de que la paz y la misericordia de Dios vienen para todos; también para nuestra comunidad tan necesitada de aires nuevos, tan anclada en sus estereotipos y en sus formas que reclaman renovación.

¡PARTICIPAD!
Para hacer posible esa renovación, el Señor nos dirige a todos los creyentes, a todos los miembros de la comunidad, la invitación que no puede restringirse a un solo grupo: ¡Poneos en camino! ¡Marchad! Decid a todos lo cerca que está el reino de Dios. Llenaos de alegría y de ánimo, transmitidla a todos, porque Dios no es inasequible ni su realidad nos es ajena ni extraña ni temerosa. Dios es la alegría mayor de una humanidad bastante desangelada y de una iglesia bastante entristecida.
Y sin embargo, hasta las mayores alegrías pueden quedar oscurecidas por el ánimo alicaído de unas personas cansadas que necesitan ayuda en la tarea apasionante de presentar al mundo el mensaje de un Dios lleno de comprensión, perdón y acogida para todos.
Cristianos, al escuchar hoy el envío que Jesús hizo a todos los que le rodeaban, debemos entenderlo dirigido a todos nosotros y asumirlo como encargo, invitación y tarea, convirtiéndonos en predicadores de su amor y en compañeros de camino de todos los que formamos esta comunidad que puede renovar su aire, sus instituciones y sus formas, pero que nos necesita a todos para seguir haciendo su misión.

JOSE ALEGRE ARAGÜES
pepe@dabar.net



PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS

Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus;
es¬tad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo
(Lc 10, 20)

Preguntas y cuestiones
-¿Qué pesa más en nosotros y en la Iglesia hoy, el ‘mirad que os mando como ovejas en medio de lobos’ o ‘el Reino está cerca de vosotros?



PARA LA ORACION

Es tiempo de descanso y reencuentros, pero la vida no para y las necesidades del mundo no descansan, tampoco cierta sensación de desánimo y cansancio vital. Ayúdanos, Señor, a presentar tu mensaje de alegría y esperanza en los ambientes a los que acudimos. Haznos testigos de tu amor y perdón a la vez que trabajadores por la justicia y la paz.
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En el pan y en el vino están presentes quienes hacen de la vida un largo esfuerzo por remediar las carencias materiales e inmateriales más importantes de nuestra existencia. Están quienes sufren de tantas formas como el dolor se hace presente. Estás, también y sobre todo, Tú Dios que compartes el mundo con nosotros y nos invitas a compartirlo con todos
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Porque Eucaristía es acción de gracias, porque la vida es un maravilloso regalo, porque el mundo está adornado con las mejores galas para recibirnos cuando nacemos y cada mañana al despertar el alba, porque podemos descubrirte a nuestro lado, siempre pendiente, siempre preocupado, siempre invitando a seguir sin desánimo, porque podemos llamarte Padre con toda propiedad, porque podemos sentirnos contigo con la misma confianza que en nuestra casa, porque nos acoges como somos y porque Jesús nos ha dado a conocer tu forma de ser con nosotros que, siendo un misterio insondable, eres cercano y cariñoso, porque tu amor no tiene fin ni límites, porque eres quien sustenta y da sentido amoroso a nuestra vida. Te damos gracias.
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Participar en la celebración comunitaria de cada semana alimenta nuestra agotada despensa de esperanza, incrementa la luz que llevamos con cierto riesgo de apagón, despierta nuestro ánimo para seguir haciéndonos compañeros de tantos hermanos cansados, nos llena de confianza sabiéndonos acompañados y nos anima a cambiar las cosas de nuestra comunidad que se vuelven obsoletas y cambiarlas por otras que nos hagan llegar mejor a nuestros contemporáneos. Haz, pues, que la participación no sea un cumplimiento rutinario sino una necesidad sentida y agradecida.




LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
Sed bienvenidos, en el comienzo del verano, a la celebración de la vida que los creyentes hacemos cada semana convocados en el nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Con los calores propios del momento y con las circunstancias que marcan la situación de nuestro mundo, teniendo muy cerca de nosotros la realidad de quienes sufren, vamos a presentar a Dios, como ofrenda, nuestra intención de ayudarle a salvar al mundo.

ACTO PENITENCIAL
Porque Dios conoce muy bien nuestra condición personal y todo lo que bulle en nuestro interior vamos a reconocerlo para experimentar su amor y su perdón.
-Tú que sabes cómo pensamos, sentimos y actuamos, más allá de nuestras dulces palabras. Señor, ten piedad
-Tú que también conoces nuestros cansancios, debilidades y defectos, que sabes cómo nos cuesta caminar. Cristo, ten piedad
-Tú que puedes cambiar nuestro aire cansado y rutinario en otro estilo de novedad y ánimo. Señor, ten piedad
El Dios del amor y del perdón, el Padre que nos conoce y comprende, el Hermano que ha compartido nuestra historia y el Espíritu que puede renovarlo todo, nos acepta, nos quiere y nos anima a vivir con entusiasmo nuestra fe.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
El pueblo de Isaías había conocido muchas crisis, todas las había superado porque Dios se empeñaba a pesar de las condiciones de unos miembros duros. Pero ahora es otra cosa. En tiempos del profeta la crisis se hace más seria y más larga. El desánimo cunde entre muchos. Parece que todo ha llegado a un final infeliz. El futuro se vuelve incierto, oscuro y dudoso. Pero el profeta nunca desfallece en esperanza. Podrá cansarse, pero su confianza en Dios no quiebra.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 65)
Aclamad al Señor, tierra entera.
Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre; cantad himnos a su gloria; decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!»
Aclamad al Señor, tierra entera.
Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres.
Aclamad al Señor, tierra entera.
Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente.
Aclamad al Señor, tierra entera.
Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica, ni me retiró su favor.
Aclamad al Señor, tierra entera.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
Una señal nos distingue: La Cruz de Jesús es la marca que todos llevamos, es el signo de nuestra fe, también la referencia de nuestra vida, de toda vida humana. La Cruz es, a la vez, la expresión del sufrimiento, de la impotencia humana y de la solidaridad de un Dios que no nos deja nunca. Por eso es la expresión, también, de la esperanza.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
Un número que simboliza a todos es la forma utilizada para dirigirnos la invitación urgente a participar en la tarea de la comunidad cristiana. La Iglesia no puede ni debe limitarse a una estructura ya caduca de personas que monopolizan la proclamación y la transmisión del mensaje al mundo. Nuestros contemporáneos necesitan escuchar la buena noticia de la esperanza, del perdón y del amor. Que no seamos nosotros los obstáculos a este mensaje.

ORACIÓN DE LOS FIELES
A Dios, atento siempre a lo que nos ocurre y preocupa, podemos dirigirle nuestra petición de ayuda y socorro
-Para que los creyentes no seamos pasivos sino miembros activos y responsables de nuestra comunidad. Roguemos al Señor
-Para que hagamos presente un mensaje de alegría, esperanza y ánimo a todos los que esperan para trabajar por el mundo. Roguemos al Señor
-Para que quienes sufren, quienes se cansan de tanta injusticia, quienes se ven solos, quienes no ven claro, no caigan en el desánimo. Roguemos al Señor
-Para que los responsables de nuestra comunidad no monopolicen la dirección ni el aire de una Iglesia que debe cambiar hacia la alegría y la esperanza. Roguemos al Señor
-Para que quienes comienzan sus vacaciones las disfruten solidariamente y sean solidarios con quienes trabajan. Roguemos al Señor.
Oración: Escucha, Dios bueno, nuestras súplicas. Haz que sintamos tu mirada sobre nosotros para tener segura tu protección. Por Jesucristo Nuestro Señor.



CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada: Alégrate y goza, Jerusalén (disco “Salmos al Creador”); Qué alegría cuando me dijeron; En la fiesta del domingo (disco “Nuevos cantos para el años litúrgico”).
Salmo: Aclama al Señor (1CLN-517); LdS.
Aleluya: 2CLN-E 4.
Ofertorio: Quiero estar, Señor, en tu presencia (disco “Cantos para participar y vivir la Misa”).
Santo: Gregoriano (2CLN-I 1); Santo (disco “12 Canciones religiosas y litúrgicas para el siglo XXI” de Erdozáin).
Aclamación al Memorial: Por tu cruz (1CLN-J 31).
Comunión: Pescador de hombres (de Gabaráin); No podemos caminar (1CLN-O 13); Oh, Señor, yo no soy digno (popular).
Final: Id por el mundo; Id y proclamad (disco “Ven y sígueme”).



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net

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PROVOCACIONES MISIONERAS: Humildad del testigo

Publicado por Antena Misionera

No se ha de confundir nunca el testimonio auténtico con el testimonio espectacular. El testigo no es una «vedette». Sin duda, hay personas excepcionales, fuertes, emprendedoras (M. Lutero King, Oscar Romero, L’abbé Pierre, Madre Teresa de Calcuta).
Están los santos, cuya vida idealizada por la tradición, puede atraer e invitar a la experiencia de Dios. Sin embargo, lo que hace que la experiencia cristiana se vaya comunicando de unas generaciones a otras son los pequeños testigos, sencillos, discretos, conocidos sólo en su entorno, personas profundamente buenas y cristianas.
Es peligroso hablar de «testigos profesionales». Puede ser una ilusión falsa pensar que la «vida consagrada» o el «ministerio presbiteral» hacen sin más del religioso/a o del presbítero un «testigo de Dios». La calidad del testigo y su credibilidad provienen de su persona y no tanto de su función o estado de vida. Sin ser ni menos testigos que sus hermanos, ellos y ellas contribuyen desde su vida a transmitir la experiencia cristiana.


Desde la debilidad Ser testigo es una gracia y una exigencia que le va cogiendo al creyente. No tiene por qué envanecerse ni gloriarse de nada. No tiene por qué quejarse de ninguna ingratitud o ausencia de fruto. El verdadero testigo se alegra en su propia experiencia, no se quema ni se hunde en el desaliento.

El testigo es consciente de sus limitaciones y debilidades. Lo que venimos diciendo del testigo no ha de llevarnos a un cierto «idealismo» del testimonio. Nuestro testimonio nace de la debilidad y del pecado. Nunca estamos a la altura de lo que anunciamos. No podemos legitimar nuestra palabra con nuestra santidad personal ni con la de la Iglesia. Nuestra experiencia de Dios «la llevamos en vasijas de barro para que parezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros» (2 Co 4,7). Por otra parte, tampoco nuestras debilidades y pecados son un signo en contra decisivo. La fuerza del testigo está en su voluntad sincera de vivir desde la fe. Ya encontrará Dios su camino hacia cada persona. Lo que no ha de hacer el testigo es vivir tenso e inquieto.

No hemos de olvidar, además, que el testimonio de cada uno es parcial. Otros testigos lo pueden enriquecer y ampliar. En unos se destacará más la solidaridad con el débil y el excluido; en otros la alegría y la esperanza, en otros la acogida o la lucha por la justicia o la oración. No creo que el testigo ha de forzar su propia estructura sicológica; lo importante es testimoniar lo esencial.

A veces el testigo se siente rodeado de indiferencia o rechazo. El testimonio del cristiano apenas encuentra hoy apoyo social o cultural. El pluralismo actual invita al relativismo, la desconfianza y la dispersión de la atención; la fuerza del testimonio parece diluirse y perderse. Esta «desnudez» es dura pero a veces permite al testigo ofrecer su testimonio con menos ambigüedad y sin apoyos socio-culturales que oculten a Dios.

Testigos del Misterio
La verdadera humildad y fragilidad del testigo proviene, sin embargo, de otro hecho fundamental: Dios es Misterio.

Lo que testifica el creyente es algo que lo supera y transciende; algo que no puede demostrar a nadie, sólo sugerir, señalar, invitar.

Dios es siempre un Dios escondido que se revela ocultándose, Presencia que nos transciende.

Dios es el que es (Ex 3,14). Siempre permanece en el misterio. «Dios es siempre una vivencia, pero jamás una posesión». Nos atrae, lo buscamos, nos abandonamos a su Misterio de amor, pero sin poder verlo «cara a cara» (Ex 33, 18-23). Así habla Job de la presencia de Dios: «Si pasa junto a mí, no lo veo; me roza y no me doy cuenta» (Jb 9,11).

Sin embargo, el testigo vive esta experiencia insondable con firmeza y con gozo, con seguridad interior porque el Misterio de Dios es Misterio pero cercano.

Dios no es una lejanía que se difumina en el enigma total; es Misterio que envuelve mi ser y me penetra, Misterio que envuelve la vida, las cosas, el mundo. El mundo es de Dios; la vida fluye de él; él llena la creación entera. Vivimos en Dios.

No es la separación sino la comunión y la cercanía total lo que nos hace vivir en el misterio de Dios. «Su presencia es tan cercana, tan sin distancia, que es posible perder la perspectiva y no verle». Esta trascendencia de un Dios inmanente y cercano no conduce al olvido sino que intensifica la búsqueda y el deseo; es una cercanía que hace crecer la relación amorosa. El testigo sabe que sólo puede hacer presente a este Dios de manera simbólica. Los símbolos, los gestos, las palabras son «signos humildes» que pueden invitar a ir más adelante, a buscar más hondo.

Por eso, el testigo acompaña, defiende, levanta, acoge, se acerca, abraza, perdona, se compadece sabiendo que, a pesar de su pecado y debilidad, su vida y su persona pueden ser para alguien «símbolo» de la presencia de Dios.

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LA HOMILÍA MÁS JOVEN: FERMENTO REVOLUCIONARIO


XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Lc 10, 1-12.17-20) - CICLO C
Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Genial parecía el reclamo de aquel que estimulaba a unirse todos los proletarios del mundo para conseguir la igualdad de clases sociales, oprimidas las bajas, los pobres, por el capitalismo. Subversiva era la consigna, pero, según dicen, el día que el obrero consiguió un estatus mejorado, se hizo conservador. Proclamó posteriormente otro, que el fermento revolucionario estaba en los jóvenes estudiantes, más libres de ataduras. Algo de ello había en el mayo francés de 1968. Vosotros, mis queridos jóvenes lectores, no lo habréis vivido, evidentemente, pero tal vez sabréis algo. Ahora bien, las becas, los intercambios escolares, la facilidad de conocerlo casi todo acudiendo a internet, ha quitado garra a la juventud. Y no creo que la razón de que se sienta fracasada, desilusionada y hasta asqueada, resida en haberse dejado esclavizar por la droga. Quizá sea esta, consecuencia del gran desánimo en que cayó, al constatar que muchos de sus líderes, huían de los principios que habían defendido públicamente. Fenómeno que no podemos ignorar. Pero limitándonos al ahora, pienso que perjudica a una juventud muy joven, valga la redundancia, la actitud de muchos padres y educadores.

2.- El ímpetu que se siente, o el ensueño que arrebata a la totalidad de un joven idealista, se puede ahogar, ofreciéndole entretenimientos electrónicos que tanto abundan. O, si se puede, regalándole un coche. Paso a otro campo, que es el mío. Cuantas veces se dice: los jóvenes de hoy en día no están para misas, ni largas ni cortas. Ni siquiera para leer lo que tú escribes. Deberías limitarte a unas pocas líneas, de muy poco contenido. No te esfuerces, de lo que tú digas, captarán muy poca cosa. Si quieres verlos contentos, ofréceles conciertos de conjuntos que estén de moda. Si logras que se reúnan, organiza juegos de ciudad, para que la descubran y se interesen por no ensuciar ni contaminar los ríos. La liturgia no la entienden, ni la aprecian, pasan olímpicamente de ella. Si no se puede prescindir, amenízala con “guitarreiros” que canten y entretengan. Procura, eso sí, que se sientan acogidos y que se crean que son muchos, aunque proporcionalmente no sean tantos y estén carentes de iniciativas y coraje. No quieras lograr algo más, que la colaboración transitoria en alguna ONG, eso será suficiente. Eso me dicen, gente bien pensante.

3.- Os creen incapaces, mis queridos jóvenes lectores, del heroísmo, del sacrificio. Os tratan como a perritos falderos, a los que se les da un bocado para que no molesten. Sé que he sido muy duro al juzgar a los que dirigen vuestro entorno, a lo que añadiré, para más inri, que aprovechándose de vosotros, muchos se enriquecen. Os toca ahora estudiar la situación y ver si es verdad. Por mi parte, no pretendo desanimaros. Quiero que sepáis cual es el proceder del Señor, qué piensa y qué espera de vosotros. En primer lugar se os confía. Os muestra la realidad, que Él conoce mucho mejor que vosotros, sumergidos como estáis en ella. La historia ha dado muchas vueltas y ha pasado por muchos paisajes. Por diferentes que sean, tienen mucho en común. Él los ha conocido y conoce todos.

4.- Cuando residió el Maestro física e históricamente en la tierra, la gente que le rodeaba se veía envuelta en intrigas de grupos de presión (fariseos, saduceos, zelotas, etc.). La situación política propiciaba arrimarse a los influyentes, la alta jerarquía del Templo, o a los pudientes: los constructores de nuevas ciudades: Séforis, Tibérias, etc. Muchos pasaban hambre, pocos tenían posibilidad de estudiar. Jesús no se lo oculta a los que le acompañan. Pese al pequeño número de los que le acompañan y a lo heterogéneo de su composición, confía en ellos, no les oculta sus planes, no pretende que sean sus criados, los eleva a la categoría de colaboradores.

La labor es ingente, no os desaniméis, les dice. Buscad, en todo caso, vosotros mismos, compañeros que colaboren. No sabían ellos casi nada de los planes de Jesús y se atreve a encomendarles la misión de ser los que lo anuncien. Este comportamiento lo juzgaran muchos imprudente.

5.- Cuando leáis el fragmento de la misa de hoy, es preciso que sepáis traducir su lenguaje. No se siembra ni se siega a mano el trigo hoy. No podemos creer que la suplica a la que nos invita es a rogar al amo de la mies que envíe maquinaria de última generación. Debemos pasear por los barrios marginales, llámeseles banlieue, favelas o ciudades dormitorio. Respirar su ambiente. Sentir entonces la misma sensación que tendrían aquellos 72 discípulos, mientras se desplazaban por la baja Galilea o, posteriormente, Pedro y Pablo, cuando recorrían las calles de Roma. Yo, como vosotros, no soy ajeno a la dificultad que implica la evangelización hoy, por eso, para recobrar ánimos, cuando voy a Roma, y hace pocos días he tenido la oportunidad de estar, me gusta desplazarme por lo que queda de aquel tiempo, meterme en la piel de los primeros cristianos y caminar por sus veredas o atravesar algún puente que aun queda de entonces y que con seguridad ellos o sus compañeros, decepcionados a veces, ilusionados otras, pero siempre con el firme propósito de confiar en las proposiciones que hace el Señor, recorrieron.

6.- Viajar sin tener asegurado el alojamiento en hoteles, confiando en la bondad de los que podamos encontrarnos, temiendo la indiferencia de algunos y su reproche, teniendo en la mente como única moneda la plegaria: Señor, quisiera ser recibido en su casa, como yo recibo en la mía. Estando dispuestos a dormir, si es preciso, en un descampado, en un pajar o en la cuneta de una carretera secundaria. (Para viajar, son necesarias dos cosas: un smoking y un saco de dormir, decía Guy de Larigaudie). Sufriendo humillaciones o recibiendo regalos de desconocidos, que se comportan benévolamente, por el solo hecho de haber llamado a su casa. Pasar por tales trances, os lo cuento por experiencia propia, de tiempos de juventud y de los actuales, es la más maravillosa aventura que se pueda experimentar.

Cuando uno cumple, cuando acaba la etapa, puede contar los prodigios que ha vivido, como hicieron aquellos primeros amigos. Dejadme que os diga, que un día pasé por un trance semejante a lo que cuenta el fragmento de hoy. Fue cuando sentí en mi dedo un pinchazo y sacudí la mano. Vi que acababa de tratar de picarme un escorpión, pero que no había conseguido hacerlo. Me alegré mucho, se cumplía en mí, al pie de la letra, aunque en pequeña medida, no merezco otra cosa, lo que el Señor había anunciado.

7.- Pasó Karl Marx y Erich Fromm, que en su tiempo entusiasmaron, personajes que os mencionaba al principio y de los que seguramente vosotros, mis queridos jóvenes lectores, sabéis muy poco. Continúa siendo actual el Evangelio, que da sentido, que empuja a muchos a la gran aventura de la vida. Por pesados que parezcan los planes de Jesús, todavía interesan y muchos nos sentimos satisfechos de haber colaborado, confiando que nuestra gran suerte es que estemos inscritos en el Cielo, es decir, tengamos sitio reservado en el Reino del Señor, para la gran fiesta eterna.

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XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Lc 10, 1-12.17-20) - CICLO C: LAS MEDALLAS Y EL ANUNCIO


A tal mérito tal medalla. El mundo nos tiene tan acostumbrados al agasajo o trofeo por lo que se realiza, que resulta difícil emprender una gesta, sea pequeña o grande, sin correr el riesgo de pensar en el premio correspondiente. Alguien sentenció, con cierta razón, “que la condecoración es motor para el trabajo”.

1.- Cuando uno se acerca al Evangelio, en este domingo de verano, sabe de antemano que el anuncio del mensaje de Jesús conlleva (sobre todo en estos tiempos que nos toca vivir) no precisamente distinción, privilegio, clase, sino todo lo contrario: rechazo. Vamos que, el que pretenda lucir hoy una medalla en su pecho, el camino del Evangelio no es precisamente un podium para conquistarla ni merecerla a los ojos de la sociedad. Pero Jesús, que siempre tiene palabras de ánimo, nos orienta y empuja de nuevo hacia la misión.

2.- ¡Poneos en camino! Muchos intentarán que os quedéis quietos. Que vuestros criterios queden sepultados en el olvido. Responded con la fuerza de vuestras convicciones más profundas: lo que no hagáis nadie lo hará por vosotros.

3.- ¡Mirad que os mando como corderos en medio de lobos! Pensaréis que muchos estarán con vosotros y, luego, os daréis cuenta que viven de espaldas con lo que dicen creer. Responded con la constancia de vuestro trabajo. Las fieras también se pueden domesticar.

4.- ¡No andéis cambiando de casa! Entrad para conocer muy de cerca la realidad de los hombres y mujeres que os rodean. Pero, que esas circunstancias, no os impidan vivir con intensidad y con libertad vuestra relación con otras personas. Que la espesura del bosque no obstaculice la visión del horizonte al que estáis llamados.

5.- ¡No llevéis alforja, ni sandalias! Tened las manos libres para abrazar con libertad y sin condiciones. Soltad el volante de las falsas seguridades para agarraros a mi Palabra que nunca os ha de faltar ni defraudar

6.- ¡Está cerca el reino de Dios! No perdáis la esperanza. Aunque todo os parezca estío e infructífero; vuestros esfuerzos baldíos; la siembra aparentemente perdida; la creatividad puesta en tela de juicio: pensad que Yo estoy cerca de vosotros. En la prueba y en el sufrimiento, en las dudas y en el esfuerzo es donde lleváis las mismas marcas que el anuncio del reino dejó en mi cuerpo

7.- ¡Vuestros nombres están inscritos en el cielo! Cesan las luchas en la tierra y comienza el descanso celeste. Se apagan las luces del mundo y se enciende la antesala del cielo. Cicatrizan las heridas causadas por el anuncio y empieza a divisarse aquello por lo que dimos la vida, las horas, la creatividad, el impulso, la sangre, y por lo que vertimos tantas lágrimas a tiempo y destiempo.

¡Gracias, Señor, Tú eres la medalla de oro a la que yo aspiro!

8.- AQUÍ ESTAMOS, SEÑOR

Para ser altavoces de tu Palabra,

allá donde, tal vez, no seas conocido

en aquellos rincones donde, tal vez,

seas despreciado o ignorado

¡No somos dos, Señor!

¡Somos muchos más!

Pero, no siempre, tenemos el valor suficiente:

Para dar razón de tu presencia

Para ser tus testigos con todas las consecuencias

¡Ayúdanos, Señor, a ponernos en camino!

Sin más amparo que el ancho cielo

Sin más apoyo que tu Espíritu

Sin más riqueza que la Eucaristía

Sin más aliento que tu Palabra

AQUÍ ESTAMOS, SEÑOR

Para ser reflejo de tu amor y de tu paz

Llevando al mundo esperanza

e ilusiones a los hombres que no la tienen

Aportando coraje donde exista debilidad

y caridad donde surja la pobreza

Tu Reino, donde reine la injusticia

y tu vida, donde hable demasiado la muerte

AQUÍ ESTAMOS, SEÑOR

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Noticias Misioneras del Mundo: 30 de Junio de 2010

Publicado por OMPRESS

* Intención misionera para el mes de julio
* La dimensión misionera de Manuel Lozano Garrido, "Lolo", en la web de OMP
* XI Congreso Nacional Misionero en Colombia
* Día de los misioneros salmantinos


Intención misionera para el mes de julio
OMPRESS-ROMA (30-06-10) Para que los cristianos se comprometan a ofrecer en todas partes, especialmente en los grandes centros urbanos, una contribución válida a la promoción de la cultura, de la justicia, de la solidaridad y de la paz, es la intención misionera indicada por el Santo Padre Benedicto XVI para este mes de julio.
En su encíclica Caritas in Veritate, sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad, hablaba sobre el llamamiento de todo cristiano, según su vocación, a incidir en la pólis y a buscar el bien común:
“Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él. Junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Es el bien de ese «todos nosotros», formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social. No es un bien que se busca por sí mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad social, y que sólo en ella pueden conseguir su bien realmente y de modo más eficaz. Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Trabajar por el bien común es cuidar, por un lado, y utilizar, por otro, ese conjunto de instituciones que estructuran jurídica, civil, política y culturalmente la vida social, que se configura así como pólis, como ciudad. Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales. Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. Ésta es la vía institucional —también política, podríamos decir— de la caridad, no menos cualificada e incisiva de lo que pueda ser la caridad que encuentra directamente al prójimo fuera de las mediaciones institucionales de la pólis. El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. Como todo compromiso en favor de la justicia, forma parte de ese testimonio de la caridad divina que, actuando en el tiempo, prepara lo eterno. La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana. En una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él, han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, dando así forma de unidad y de paz a la ciudad del hombre, y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras”.


La dimensión misionera de Manuel Lozano Garrido, “Lolo", en la web de OMP
OMPRESS-MADRID (30-06-10) Con el título “Lolo, beato y enfermo misionero”, Obras Misionales Pontificias dedica una nueva sección en su web para presentar el perfil misionero de Manuel Lozano Garrido, “Lolo” (1920-1971), beatificado el pasado 12 de junio en Linares. El nuevo beato —que pasó veintiocho años en silla de ruedas y los nueve últimos, además, ciego— estuvo muy vinculado a la Unión de Enfermos Misioneros y además, como escritor y periodista, fue colaborador habitual en revistas de OMP. Por ello, la nueva página ofrece materiales que ayudan a descubrir el profundo espíritu misionero que animaba su vida y sus escritos.
Esta nueva sección de la web (encuadrada en el apartado dedicado a Enfermos Misioneros) se abre con un artículo de presentación sobre la vertiente misionera de Lolo. Desde allí se puede acceder a la semblanza de Lolo ofrecida por el obispo de Jaén y presidente de la Comisión Episcopal de Misiones de la CEE, Mons. Ramón del Hoyo, en la ceremonia de la beatificación; a una bibliografía con la relación de artículos publicados por Manuel Lozano Garrido entre 1959 y 1971 en las revistas Enfermos Misioneros Orate, Catolicismo y Pueblos del Tercer Mundo, todas ellas de OMP; a diversas oraciones y escritos de Lolo relacionados con su vivencia como enfermo misionero; y, por último, a un poema a él dedicado.
http://www.omp.es/OMP/formacion/enfermosmisioneros/Lolo/beatololo.htm
Miembro de Acción Católica, Manuel Lozano Garrido fue un seglar que ejerció con entusiasmo el apostolado, incluso cuando la enfermedad le obligó a permanecer inmóvil en su silla de ruedas. Como resaltó el Papa Benedicto XVI en la carta apostólica de su proclamación como beato, tuvo en la oración, la Eucaristía y la devoción a la Virgen los grandes pilares de su vida. A través de sus escritos, de su honda y desbordante alegría, y del ofrecimiento de su dolor como sacrificio corredentor unido al de Cristo, se descubre una figura cristiana —y, consecuentemente, misionera— de rasgos sorprendentes y de gran actualidad.


XI Congreso Nacional Misionero en Colombia
OMPRESS-BOGOTÁ (30-06-10) Entre el 2 y 4 de julio tendrá lugar en Bogotá el XI Congreso Nacional Misionero. Este evento, que tiene como tema central “Jesucristo el enviado del Padre en el hoy de Colombia”, está organizado por el Centro Nacional Misionero y la Comisión de Pastoral Misionera de la Conferencia Episcopal de Colombia.
Este XI Congreso Nacional Misionero tiene como objetivo general “Vivir una experiencia de discipulado y conversión para fortalecer la misión de la Iglesia en y desde Colombia en sus 200 años de independencia”.
Otras finalidades son: ver la realidad evangelizadora en Colombia a partir de experiencias misioneras en acción; provocar la conversión misionera iluminados por la pedagogía de Jesús; y sacar unos desafíos, líneas y propuestas orientadoras para la misión en y desde Colombia.
El primer Congreso Nacional Misionero tuvo lugar en Bogotá en agosto de 1924. Posteriormente se han efectuado estos eventos en: Medellín, en 1977; Cali, en 1982; Bogotá, en 1987; Medellín, en 1988; Bogotá, en 1991, 1994, 1998, 1999; y el X en Bogotá del 27 al 30 de junio de 2002.


Día de los Misioneros Salmantinos
OMPRESS-SALAMANCA (30-06-10) El próximo sábado 3 de julio tendrá lugar la Jornada de los Misioneros Salmantinos, organizada por la Delegación Diocesana de Misiones. Este año se celebrará en Santiago de la Puebla con el lema “Con Santiago, apóstoles y misioneros”.
Con motivo del Año Jacobeo, han elegido volver a Santiago de la Puebla, del arciprestazgo de Peñaranda, donde ya se había celebrado hace años.
La jornada comenzará con la salida de Salamanca, a las 10,30 h. para llegar sobre las 12 a Santiago de la Puebla donde les acogerá el párroco Victoriano Pascual, quien explicará la historia, la tradición y la vida actual de la parroquia. A las 13,00 h. se celebrará la Eucaristía. Después de una comida al aire libre, habrá testimonios de misioneros en la parroquia y un breve acto Eucarístico.
La diócesis de Salamanca cuenta con 351 misioneros, de 90 congregaciones, 141 hombres y 210 mujeres. La mayor parte de ellos, 249, realizan su labor misionera en América, mientras que 38 lo hacen en el continente africano, 25 en Asia y 30 en Europa.

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Evangelio Misionero del Dia: 01 de Julio de 2010 - XIII Semana del T.O. Ciclo C


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 1-8

Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados».
Algunos escribas pensaron: «Este hombre blasfema». Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo del, hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados ,ti -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
El se levantó y se fue a su casa.
Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.

Compartiendo la Palabra
Por Severiano Blanco cmf

Queridos hermanos:

En nuestra cultura de superespecialización han ido desapareciendo los médicos integrales, aquellos que ejercían simultáneamente la medicina y el humanismo. Para ellos el ser humano no era simplemente la más lograda combinación de elementos químicos o una feliz chiripa biológica. Tampoco profesaban ningún dualismo espíritu-materia, sino que percibían esos dos aspectos en la más harmónica síntesis.

Cuando ante Jesús aparece un enfermo, un sufriente, él le contempla con esa profundidad, percibiendo una trabazón profunda entre lo biológico y lo espiritual. Se considera a sí mismo llamado a sanar integralmente, comenzando por lo más íntimo del hombre: su harmonía con el creador. Los desequilibrios físicos son para Jesús “somatizaciones”, muestra exterior de lo que acontece en lo profundo del hombre. Por eso su primera receta es la “anulación” del pecado.

Cierto que en esa concepción puede introducirse a veces algún rasgo mítico, considerando que toda dolencia tiene un origen moral y hasta pudiera ser castigo divino. Pero más allá de ese condicionante de la época, tenemos que salvar la gran intuición: el ser humano es un todo harmónico e interdependiente en el que una carencia particular afecta al conjunto.

Desgraciadamente en la actualidad, influenciados por un mundo de sentidos y de estímulos exteriores, con frecuencia se olvida esa profundidad humana y se llega a considerar que unos cuantos bienes materiales, junto con una suficiente salud biológica y algo de reconocimiento social, son capaces de llevarnos a la plenitud.
Hoy Jesús nos invita a ver las cosas de otra forma; él cura nuestras cegueras o, al menos, miopías. El verbo utilizado para indicar que el paralítico “se levanta” es el mismo que se usa en las narraciones de “resurrección”; más allá de la mera curación física, Jesús “resucita” a quien se sitúa ante él con disponibilidad y apertura. Todos quedamos invitados a experimentar un “estremecimiento” ante el poder de Jesús, y, desde ese estupor, a “dar gloria a Dios”, como hicieron los testigos de la curación del paralítico.

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lunes 28 de junio de 2010

Evangelio Misionero del Dia: 29 de Junio de 2010 - Fiesta de San Pedro y San Pablo


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 13-19

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?» Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».

Compartiendo la Palabra
Por Severiano Blanco cmf

Queridos hermanos:
Con muy buen criterio, la liturgia concede al recuerdo de los Apóstoles categoría de “fiesta”; pero, tratándose de Pedro y Pablo, el rango es superior: Solemnidad. Desde los orígenes, la iglesia vio en estos dos Apóstoles los dos puntales de su existencia y de su fe, los primeros eslabones de su rica Tradición (con mayúscula), creadores incluso de gran parte de esa Tradición. Parece que es a ellos a quienes se refiere el último libro del Nuevo Testamento, el Apocalipsis, al hablar de “los dos testigos”, “los dos olivos”, y “los dos candelabros”, que sufrieron el martirio y fueron glorificados por Dios, ya que habían sido el tormento de los habitantes de la tierra (Ap 11,3-12). Como Jesús, también Pedro y Pablo trajeron fuego, y espada (cf. Lc 12,49s). Entregaron sus vidas al plan de Dios y resultaron socialmente incómodos, insoportables, y, por eso, mártires.
Pablo es el personaje mejor conocido del Nuevo Testamento, y, seguramente, el que más cooperó a la difusión del cristianismo y a la comprensión del proyecto de Dios. Fue misionero y teólogo. Nos seguimos nutriendo de su saber, plasmado en sus deliciosas cartas. La causa de Jesús fue para él más importante que la propia vida. Hoy nos es presentado como el “hombre fiel”, perseverante en el camino que Jesús le marcó.
Pedro destacó entre los seguidores de Jesús por su entusiasmo; frecuentemente hizo de “portavoz” del grupo, y hasta “fanfarroneó” un poco de ser más fiel que los otros seguidores: “aunque todos te abandonen, yo no” (Mc 14,29). Pero a la hora de la verdad le pudo la cobardía, y negó ser discípulo de Jesús. La nobleza no elimina la debilidad. Sin embargo Jesús, como no había venido a apoyarse en grandezas humanas, renovó a Pedro su confianza, y, después de las negaciones y la pasión-resurrección, le confirmó en la primacía: “apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas” (Jn 21,15-17); no le retiró la función de “atar y desatar”.
Pedro y Pablo fueron hombres débiles. Pablo no siempre supo dominar sus modales, no se distinguió por su mansedumbre. Y Pedro fue de cortas entendederas: por no haber aprendido lo de “la otra mejilla”, sacó la espada para defender (?) al Maestro. En algún momento estos dos grandes Apóstoles no se entendieron en cuanto a cómo liderar lo de Jesús (Gal 2,11-15). Pero amaron intensamente lo que se les había encomendado, se entregaron a ello en cuerpo y alma, y así echaron para la iglesia cimientos perdurables en los que nosotros nos seguimos apoyando.
Pedro y Pablo nos invitan a no cejar en nuestros intentos, a seguir ofreciendo suelo sólido a los creyentes del futuro, sin que nuestras limitaciones nos acobarden al enfrentarnos con tan noble tarea. Lo importante es que, a la pregunta que Jesús dirigió a Pedro y que hoy nos dirige a nosotros, respondamos también valientemente (y humildemente): “Señor, tú sabes que te quiero”. Asegurado esto, lo demás corre por su cuenta.


Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

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domingo 27 de junio de 2010

Evangelio Misionero del Dia: 28 de Junio de 2010 - XIII Semana del T.O. Ciclo C


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 8, 18-22

Al verse rodeado por la multitud, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla. Entonces se aproximó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas».
Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre».
Pero Jesús le respondió: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

Compartiendo la Palabra
Por Por JOSÉ ANTONIO PAGOLA

Es muy difícil que una persona haga el recorrido de su vida sin preguntarse nunca por el sentido de su existencia. Por muy monótona y rutinaria que sea su vida, tarde o temprano terminará por escuchar las preguntas que lleva en el fondo de su ser: «¿de dónde vengo?», «¿a dónde voy?», «¿qué me espera?», «¿qué sentido tiene todo?»

Estas preguntas pueden brotar en momentos de crisis y desgracia o en las horas de gozo más intenso. Le pueden sorprender durante el silencio de la noche o en el bullicio de una fiesta. Se las plantea el esposo feliz rodeado de su esposa e hijos, y el vagabundo que camina solitario por las calles. La mujer que sufre en la cama de un hospital y la que se broncea al sol en una playa de moda.

Es inútil que algunos filósofos nos digan que «no tiene sentido buscar sentido a la vida» (J. Sádaba). El ser humano quiere saber de dónde viene y a dónde va. En este nuevo milenio se seguirán haciendo las mismas preguntas que en milenios anteriores, pues la cuestión del sentido de la vida no es un entretenimiento para personas desocupadas, sino un asunto en el que «nos va la vida».

Por eso es tan grave que el hombre moderno se vaya quedando sin Dios y sin nada que pueda dar coherencia y sentido, fundamento y finalidad a la vida. Ya no se aceptan verdades ni metas absolutas. Hay que aprender -se dice- a vivir sin un sentido último. Según el filósofo de Turín, Gianni Váttimo, la tarea actual de la filosofía ha de ser «enseñar a vivir en la condición de quien no se dirige a ninguna parte».

Pero, ¿cómo vivir sin dirigirse a ninguna parte?, ¿qué le espera al ser humano si ya no sabe cuándo progresa y cuándo retrocede, cuándo construye y cuándo se destruye? El hombre de hoy no parece sentir necesidad de una «salvación religiosa» del pecado y de la muerte, pero necesita ser salvado del nihilismo y el sinsentido que parece invadirlo todo.

Tarde o temprano, el verdadero creyente se sitúa ante Cristo con este tipo de preguntas: ¿qué es para Jesús vivir?, ¿cómo entiende la vida?, ¿dónde está el secreto de su estilo de vivir? No lo hace para encontrar recetas con las que resolver problemas concretos de su vida, sino para orientar y dar sentido a su existencia entera. Es más tarde cuando, atraído por la vida de Jesús, dice convencido: «Te seguiré a donde vayas.»

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sábado 26 de junio de 2010

PALABRA PARA LA MISIÓN: Discípulos libres y fieles para amar y servir

XIII Domingo del T. O.
Año C - 27.6.2010 / Publicado por Euntes

1Reyes 19,16.19-21 / Salmo 15/16 / Gálatas 5,1.13-18
Lucas 9,51-62

Reflexiones

¿Por qué Jesús se encamina con paso firme hacia Jerusalén? Lucas escribe un preámbulo importante (Evangelio): para Jesús se iba cumpliendo el tiempo de su Pascua de muerte y resurrección y Él “tomó la decisión de ir a Jerusalén” (v. 51; cf Jn 13,1). Para indicar una decisión firme, en el lenguaje bíblico (cf Is 50,7) se diría: Jesús ‘endureció el rostro’; hoy nosotros diríamos: ‘apretó los dientes’ y emprendió ese viaje decisivo. En el trayecto de este gran viaje, Lucas condensa 10 intensos capítulos de enseñanzas, milagros, parábolas de Jesús. Toda la vida de Jesús se presenta como un viaje: un viaje desde el Padre al mundo y del mundo al Padre, pero, a la vez, un viaje por las rutas del mundo, caminando con la humanidad y con la Iglesia: “Yo estoy con ustedes todos los días” (Mt 28,20).

Igualmente, la vida del discípulo se presenta como un camino siguiendo los pasos de Cristo. Creer significa caminar con Él, recorrer con Él la misma ruta. En el libro de los Hechos, Lucas llama todo el movimiento inaugurado por Jesús con el nombre de “Camino” (Hch 9,2; 19,9; 19,23; 24,22). En este Camino, es decir, en el seguimiento de Cristo, los discípulos van a encontrar obstáculos, impedimentos, caídas, derrotas... Lo mismo que le ocurrió a Jesús. Él acaba de emprender, con determinación, la ida hacia Jerusalén y enseguida los samaritanos le impiden el paso. Pero Jesús no los condena, antes bien enseña a los discípulos a no vengarse con amenazas de fuego (v. 54-56). El único fuego que Jesús ha venido a traer (Lc 12,49) y que la tierra necesita es el Espíritu Santo, el único capaz de transformar el corazón de las personas.

Jesús emprende enseguida su camino, un camino imparable. Y “mientras iban de camino” (v. 57) -es el camino de Jesús y el de sus discípulos- Lucas coloca emblemáticamente tres casos de vocaciones, con las correspondientes respuestas de Jesús, todas proverbiales y radicales. En los tres casos aparece el verbo ‘seguir’ (v. 57.59.61), como para indicar el movimiento propio del discípulo que sigue los pasos del Maestro. En el primer caso, Jesús detiene al espontáneo, invitándolo a discernir sobre las consecuencias del seguimiento (v. 57-58). En el segundo, Jesús estimula al tradicionalista para que vaya más allá de las costumbres de siempre (v. 59-60). En el tercero, Jesús exhorta al perezoso a asumir la urgencia prioritaria del Reino que ha de anunciar y servir (v. 61-62). En este contexto vocacional, la liturgia de hoy presenta también la invitación al nuevo profeta Eliseo, llamado a suceder a Elías (I lectura).

Son exigencias que corresponden a todo cristiano, llamado a seguir los pasos de Cristo. Con atención particular para las vocaciones de especial consagración. (*) Sin embargo, más que de exigencias, hay que hablar de ‘tres dones de libertad’, que el Señor hace a los que Él llama y que deciden seguirle. En efecto, Jesús libera de las esclavitudes que radican en las cosas (algunas pueden incluso faltar), en los afectos (el anuncio del Reino vale más que los lazos familiares), en el propio pasado (la novedad del Reino es prioritaria). La fidelidad al llamado de Cristo nos hace libres para amar y servir mejor a los hermanos (oración colecta). Tal es el gozo pleno para el que sigue al Señor “en el sendero de la vida” (salmo responsorial). Es el gozo de quien experimenta la libertad de Cristo (II lectura).


Cabe recordar en este contexto el comentario de un amigo periodista: “Hoy, igual que hace dos mil años, Cristo pide a millones de personas que lo sigan con una decisión radical, sin añoranzas. ¡La llamada! No para el servicio militar o para embarcarse, ni para un puesto de trabajo... Sino para decidir sobre la propia vida. No existe, quizás, un momento más solemne, cargado de consecuencias para cada uno, cuando se escucha la llamada y uno decide. Para todos llega ese momento. Para millones de hombres y mujeres, esa llamada viene de un personaje histórico preciso: Jesús de Nazaret. Su voz, descodificada de mil maneras, tiene siempre el mismo imperativo: ‘Sígueme’. Obviamente, esto no es asunto sólo de monjes, religiosas, curas o contemplativos. Hay para cada uno una vocación al seguimiento, al discipulado de Jesús: soltero, casado, intelectual, comerciante, actriz...” (Horacio Petrosillo). Libertad, fidelidad, gozo, son las notas de una persona llamada a llevar por doquier el Evangelio… hasta la última llamada del Señor.



Palabra del Papa

(*) “El corazón del creyente, lleno de amor divino, se ve empujado a dedicarse totalmente a la causa del Reino... Según el explícito mandato del Señor, hemos de implorar el don de la vocación en primer lugar rezando incansablemente y juntos al «dueño de la mies». La invitación está en plural: «Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 38)... El buen Pastor nos invita, pues, a rezar al Padre celestial, a rezar unidos y con insistencia, para que Él envíe vocaciones”.

Benedicto XVI
Mensaje para la Jornada mundial de Oración por las Vocaciones, (2007)



Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 27/6: Día para la Caridad del Papa.

- 28/6: S. Ireneo (135-202 ca.), nacido en Esmirna (Asia Menor), discípulo de S. Policarpo, fue obispo de Lyon, gran evangelizador de Francia; es uno de los Padres de la Iglesia.

- 29/6: SS. Pedro y Pablo, Apóstoles, misioneros y fundadores de la Iglesia de Roma, martirizados bajo el emperador Nerón (+64-67 ca.).

- 29/6: B. Ramón Llull (Mallorca, 1235-1316), terciario franciscano, estudioso y escritor; fue como misionero a África para instaurar un diálogo fraterno con los sarracenos; fue encarcelado y martirizado.

- 30/6: B. Basilio Velyckovskyj (1903-1973), obispo y mártir greco-católico ucraniano; perseguido duramente en su patria, fue expulsado y murió exiliado en Winnipeg (Canadá), debido a una dosis de veneno de efecto lento, que le administraron antes de la expulsión (1972).

- 1/7: S. Oliverio Plunkett (1629-1681), nacido en Irlanda, estudió en Roma y enseñó teología en el Colegio de Propaganda Fide; fue arzobispo de Armagh (Irlanda) y martirizado en Londres.

- 1/7: B. Ignacio Falzon, clérigo de Malta (La Valeta, 1813-1865), entregado a la instrucción cristiana y a la conversión de militares y marineros.

- 1/7: B. Antonio Rosmini (1797-1855), sacerdote y fundador, hombre de extraordinaria profundidad de pensamiento y vida cristiana. Por algunos escritos fue incomprendido y condenado injustamente por la Iglesia, hacia la cual mantuvo siempre amor y obediencia. Fue beatificado en 2007.

- 3/7: S. Tomás, apóstol, profesó su fe en Cristo resucitado y, según la tradición, evangelizó en la India.

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Evangelio Misionero del Dia: 27 de Junio de 2010 - DOMINGO XIII DURANTE EL AÑO - Ciclo C

Déjalo todo y sígueme

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 51-62

Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de Él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?» Pero Él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo.
Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!»
Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Y dijo a otro: «Sígueme». Él respondió: «Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

En una de esas guerras sin sentido que nos ha tocado ver en nuestros días, concretamente en una nación de Asia, no había soldados que quisieran ir a luchar en el frente. Y, como no valían las objeciones de conciencia, los generales iban reclutando hombres forzados, y tan forzados que los hubieron de llevar atados con cuerdas hasta que los colocaban delante del enemigo...
Es natural. Si no tenían ningún estímulo, ningún ideal, ¿quién era el tonto que quisiera morir sin más por una causa meramente política? ¿Qué les importaba una forma de gobierno u otra?...
Bien, traigo esto a cuento porque el Evangelio de hoy es la estampa más al revés de la actitud de esos soldados.
Jesucristo va reclutando voluntarios para el Reino, hombres y mujeres que sepan ju-garse por Él la vida, y no admite a ningún forzado.
Solamente valen para seguir a Jesucristo los que tienen ideal. Solamente valen los que quieren salvar al mundo.
Solamente valen los que están dispuestos a todo, hasta morir si es preciso.
Empieza por hacerlo el mismo Jesús ante el querer de Dios su Padre. Cuando ve que debe morir por la salvación del mundo, sin pensárselo dos veces, con decisión, se pone en marcha hacia Jerusalén dispuesto a parar en la cruz. ¿Cómo deben portarse entonces sus seguidores?
Lucas nos lo dice con la historia de tres llamados por Jesús.
Uno le quiere seguir, y le dice entusiasmado:
- Maestro, me quiero ir contigo adondequiera que tú vayas.
Jesús se alegra, pero le advierte de lo que le espera:
- ¿Ya te has dado cuenta de que las zorras tienen sus madrigueras en los montes y que los pájaros tiene sus nidos? Pues, mira, yo no tengo ni una almohada donde reclinar mi cabeza. ¿Estás dispuesto tú a llevar una vida dura como la mía, sin ninguna seguridad?...
Otro le contesta que sí, que quiere seguirle, pero le pide antes:
- Déjame que vaya primero a enterrar a mi padre, que se ha muerto, y después te sigo inmediatamente.
Jesús se muestra inflexible:
- Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú, ven y sígueme.
Lo más probable es que Jesús exageró su palabra para darnos la lección, y que pudo añadir condescendiente:
- Está bien. Cumple con ese deber filial. Pero ten presente que es más importante se-guirme a mí que detenerse en contemplaciones con la familia.
Lo cual es lo mismo que responde a un tercero:
- ¿Que quieres ir antes a despedirte de los tuyos? No te entretengas en pequeñeces ni te distraigas de lo más importante. Para el Reino de los cielos no vale el que pone la mano en el arado y vuelve la vista para atrás.
Con estas historias viene a decirnos Jesús a cada uno de los que le queremos seguir:
- ¡Deja todo, y actúa con generosidad!... ¡Entrégate del todo y sin miedos!... ¡No te preocupes de nada más que del Reino de Dios!...
Dejando ahora lo que este lenguaje fuerte de Jesús tenga de parábola o hipérbole, es decir, de exageración, la realidad que el Señor nos enseña es clara: el cristiano, antes que dejar a Jesús, está dispuesto a todo.
A dejar todo por Jesús.
A no medirse en la generosidad, porque a Jesús se le da todo.
El cristiano, como Jesús, no tiene ningún miedo cuando se trata de cumplir el querer de Dios, como no lo tuvo Jesús cuando se trató de subir a Jerusalén para ir a la cruz.
El cristiano, al seguir a Jesús, no se tira para atrás en ningún deber: lo mismo nosotros los seglares en el matrimonio y en nuestra profesión, que el cura y la religiosa en el servicio de la Iglesia...
Ciertamente, que esas expresiones del Evangelio, como el no ir a enterrar al padre o despedirse de los familiares, son exageraciones que no hay que tomar al pie de la letra, como si Jesús nos quisiera arrancar el corazón de carne y ponernos en su lugar un corazón de piedra. No. Lo que expresan es la superioridad de la fe en Jesús sobre toda consideración humana.
Fe es la adhesión a la Persona de Jesucristo.
Fe es darse a Jesucristo sin reservas.
Fe es entregar el corazón a Jesucristo sin guardarse para sí ninguna fibra.
Entendiendo así la fe, se entienden las expresiones tan fuertes del Evangelio. Es como decirse: ¿Nada vale lo que vale Jesucristo? Entonces, a Jesucristo no se le niega nada y por Jesucristo se hace todo.
Este es el modo de hablar de los amantes verdaderos de Jesucristo
¡Señor Jesús!
Para irme contigo, no hace falta que me aten a mí con cuerdas ni con cadenas.
Eso, yo lo dejo para soldados flojos y sin ideal.
Por mí, me basta el amor que te tengo, para poder seguirte adondequiera que Tú vayas...

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XIII Domingo del T.O.(Lc 9, 51-62) - Ciclo C: EN LUCHA POR LA LIBERTAD



Jesús fue a Jerusalén, símbolo de (a institución religiosa, con el ánimo de enfrentarse a ella pata liberar a los hombres de un modo de entender la religión que los convertía en esclavos de Dios e incapaces para la solidaridad con los hermanos. Dio su vida para hacernos libres para el amor. Nada más y nada menos.


A ENFRENTARSE CON JERUSALEN

Cuando iba llegando el tiempo de que se lo llevaran a lo alto, también él resolvió ponerse en camino para encararse con Jerusalén.

La parte central y más larga del evangelio de Lucas (casi diez capítulos: 9,51-19,46) trata de la subida de Jesús a Jeru salén. En ella se narran los acontecimientos que sucedieron a Jesús desde el momento en que decidió ir a Jerusalén (el evangelio de hoy) hasta la expulsión de los mercaderes del templo. No es un acercamiento pacífico, sino polémico: Jesús va a enfrentarse, «a encararse», con las instituciones judías, en especial con la institución religiosa.

Cabe preguntarse por qué los evangelistas dedican tanto espacio a contarnos los conflictos de Jesús con los dirigentes de Israel. ¿A qué se debe este afán de Jesús por entrar en conflicto con las instituciones religiosas judías? ¿Cómo es posible que la ciudad que los salmos dicen que fundó el mismo Dios (Sal 187) y que los profetas anunciaron que sería el centro de atracción para todos los pueblos, sea ahora el centro de todas las acusaciones de Jesús? ¿Qué ha pasado desde entonces? ¿Qué representa ahora Jerusalén?

Las razones de este enfrentamiento que acabará con la muerte de Jesús, las expone Lucas a través de la narración de los acontecimientos que se van sucediendo y de los temas que Jesús trata en su enseñanza a lo largo de este viaje.

El centro del viaje está ocupado por el lamento-denuncia que Jesús denuncia a Jerusalén cuando unos fariseos le sugieren que se vuelva, pues Herodes quiere matarlo. «Jesusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!» (Lc 13,34); esta denuncia está incluida entre dos sectores del evangelio que tratan acerca de la relación entre la Ley de Moisés y el reino de Dios (13, 10-17M 14m 1-6), y al mismo tiempo, todo el viaje está incluido en otras dos secciones en las que también se trata el tema de la ley 10, 25-37, la parábola del buen samaritano, que muestra cómo los cumplidores de la ley no se sienten obligados a amar al prójimo y 10,18-30, el episodio del rico observante, que muestra cómo es posible cumplir toda la ley y ser adorador del Dinero y, por eso, negarse a seguir a Jesús. Este es el motivo principal del enfrentamiento de Jesús con la religión judía; esto es lo que significa Jerusalén: el modo de entender la relación del hombre con Dios, lo mantiene en una permanente minoría de edad y hace que el hombre tenga para el hombre menos importancia que un burro o un buey (Lc 10,5).



VOCACION DE LIBERTAD

Para que seamos libres nos liberó el Mesías; con que manteneos firmes y no os dejéis atar de nuevo al yugo de la esclavitud...

A vosotros hermanos, os han llamado a la libertad; solamente que esa libertad no dé pie a los bajos instintos. Al contrario, que el amor os tenga al servicio de los demás...



Pablo era fariseo, esclavo de la ley, hasta que Jesús lo tiró del caballo en el camino de Damasco (Hch 9,1-9) y descubrió el gozo de la libertad; desde entonces se dedicó a anunciar el mensaje de Jesús, expresando con apasionada claridad su carácter liberador.

Según la segunda lectura de hoy, la vocación cristiana es una llamada a la virtud o a la perfección, es una invitación a la libertad, y para eso, para que los hombres pudiéramos responder a esa invitación, subió a Jerusalén, se enfrentó con la institución judía, se jugó la vida y la perdió, y de tal modo esto es así, que si alguien intenta volver la vista atrás y pretende someterse o someter a otros a la ley está haciendo inútil la muerte del Mesías (Gál 2,21; véase comentario núm. 39).

La ley para Pablo mantiene al hombre en minoría de edad (Gál 3,24), y sólo liberándose de ella el hombre puede llegar a ser hijo de Dios (Gál 4,5) por medio del Espíritu (Gál 4,6; Rom 8,15-17), que es incompatible con la ley, pues «donde hay Espíritu del Señor hay libertad» (2 Cor 3,17).

Por supuesto que libertad no es lo mismo que libertinaje. Pablo ya tiene esto al descubrir el cauce por el que la libertad se deberá desarrollar: el amor. Y el que ama de verdad, nunca podrá ser considerado un libertino. El hombre libre de la ley tiene capacidad para profundizar, por medio del amor, en el camino de la libertad que conduce a la vida y la paz (Rom 8,6); el que ama, guiado por el Espíritu, nunca realizará «los deseos de la carne», nunca se dejará dominar por los «bajos instintos» que consisten precisamente en la fuerza contraria al amor, contraria al Espíritu y, por tanto, a la libertad; son el impulso que nos lleva a actuar de tal manera que rompamos la armonía en las relaciones humanas: la falta de respeto a la dignidad y libertad de los demás (en el terreno de la sexualidad y en todos los terrenos); los bajos instintos «tienden a la muerte; el Espíritu, en cambio, a la vida y la paz» (Rom 8,6), y en especial a la «codicia, que es una idolatría» (Col 3,5); en una palabra : son el libertinaje «las pasiones pecaminosas que atiza la ley» (Rom 7,5)

Por eso se enfrentó Jesús a Jerusalén, a la ley; para liberarnos de ella dio su vida. ¿Estamos seguros de que en la Iglesia de Jesús no nos hemos dejado "atar de nuevo al yugo de la esclavitud", a la esclavitud de la ley?

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XIII Domingo del T.O.(Lc 9, 51-62) - Ciclo C: Homilias y Reflexiones


Publicado por Iglesia que Camina

LIBRES EN EL SERVICIO

La segunda lectura de la Liturgia de hoy está tomada de la Carta a los Gálatas y es todo un llamado al cristiano a vivir en “libertad”. Jesús no vino a hacernos esclavos sino a liberarnos de la esclavitud de la Ley. Hoy todos somos conscientes de que “somos libres”. Es, tal vez, uno de los mayores descubrimientos de la antropología moderna. A su vez, es como un encuentro con el Evangelio que es la Buena Noticia y anuncio de que Dios nos quiere libres.

Una de las primeras experiencias del joven hoy es saber que él es libre. Lo malo es que no ha sabido todavía encontrar el verdadero sentido de lo que significa ser libre. Con frecuencia entiende por libertad, no hacer caso a nadie, no obedecer a nadie, no someterse a nadie. Ni a sus padres, ni a la Iglesia ni a la ley civil. En el fondo, muchas de nuestras libertades hoy no pasan de ser “yo hago lo que me da la gana”. Esto no es libertad sino una nueva esclavitud. Se puede ser incluso esclavo de la libertad.

San Pablo nos marca los verdaderos caminos de cómo realizarnos en la libertad y ser realmente libres en Cristo. Cristo ha venido y nos ha hecho libres de la ley, pero no por eso nos ha dicho “hagan lo que les venga en ganas”. La libertad tiene también su marco de referencia.

Lo primero que nos pide Pablo es que nos mantengamos “firmes” y no nos “sometamos de nuevo al yugo de la Ley que esclaviza”. Todo aquello que nos esclaviza nos impide ser libres. Nosotros mismos podemos ser esclavos de nuestras ideas, de nuestras pasiones, de nuestros instintos. ¿Qué más da liberarnos de los otros, si luego nosotros nos esclavizamos a nosotros mismos?

Pablo da un paso más adelante y nos pide la “libertad del servicio a los demás”. Es decir, ser libres en el amor al hermano. “Vuestra vocación es la libertad”, pero “sed esclavos unos de otros”. La verdadera libertad está para Pablo en el amor al hermano. El amor nos hace libres, igual que el egoísmo nos hace esclavos. En realidad, esa fue también la libertad de Jesús. Fue libre hasta la muerte. La misma muerte fue un acto de libertad porque fue un acto de amor. El mismo lo dijo “nadie me quita la vida, yo la entrego”.

No podemos hacer mejor uso de nuestra libertad que amar y amar sin condiciones. Cuando uno ama de verdad, aún lo difícil se le hace fácil y lo imposible se le hace posible. Cuando amamos a los hermanos no les tenemos miedo porque los sentimos hermanos, prójimos, cercanos. Cuando amamos sentimos que nuestro corazón se siente libre, siempre disponible, siempre atento y siempre con deseos de entregarse. El amor es nuestra verdad. Jesús mismo nos dijo que “la verdad os hará libres”.




LA VENGANZA NUNCA ES BUENA

Tampoco los discípulos eran mansos corderos. También a ellos les costó entrar por el camino de los criterios de Jesús. Cuando se sienten rechazados por los Samaritanos, no encuentran mejor solución que “pedir fuego al cielo para que los abrase y acabe con ellos”. Esto lo piden nada menos y nada más que los “buenacitos” del grupo: Santiago y Juan. Me imagino qué habrían dicho los otros, mucho más violentos. Pero Jesús no anda con esos juegos y “les regañó”. Se enfadó con ellos y les corrigió con dureza.

No es fácil entrar por la mentalidad del Evangelio. Todos encontramos razones para juzgar y condenar a los demás. Todos encontramos razones para “no hablar con el hermano o la hermana”. “Es que me han hecho, es que han dicho de mí...” y no sé cuántas razones humanas más.

Muchos no se hablan hoy porque se han sentido ofendidos y porque el otro no les ha pedido perdón. Esto se da incluso entre esposos, entre padres e hijos, entre hermanos. Es el “pan nuestro de cada día”.

Siempre tendremos razones suficientes para amar y perdonar, pero nunca habrá razones suficientes para odiar, para negar nuestra palabra, para marcar distancias. Cuando lo hacemos estamos actuando con criterios y con lógica humana, pero nos estamos olvidando de la lógica de Dios que “ama a los malos” y “perdona a todos, incluso a aquellos que lo han condenado a la Cruz”. Hasta se permite el lujo de disculparlos: “No saben lo que hacen.” La venganza nunca es buena. La venganza nunca libera nuestra mente de los malos recuerdos, ni nuestro corazón de los resentimientos. Además, la venganza, el odio, el resentimiento estrujan nuestro corazón, lo empequeñecen y terminamos por ser como los que nos han hecho daño. Podremos sentir dolor, porque eso es humano, pero siempre tendremos la oportunidad de ser más y olvidar y perdonar.





LA VIOLENCIA EN CASA

No hace falta ir muy lejos para encontrarnos con la violencia de los corazones. La tenemos cerca. Tan cerca que todos la llevamos escondida en nuestros corazones. Y tan cerca que, posiblemente, la descubramos en el propio hogar.

Hay una violencia física tanto a nivel de esposos como a nivel padres e hijos.
Hay una violencia silenciosa. Es la violencia del silencio como una manera de castigar a los demás.
Hay la violencia verbal a la que, frecuentemente, damos poca importancia y que, sin embargo, muchas veces es todavía peor que la violencia física.

La violencia verbal: el grito, el mal humor, el decir las cosas ofendiendo al otro, el decir las cosas con palabras estridentes.

Esta violencia verbal nos impide escuchar la verdad. Cuando alguien me corrige, pero lo hace con malas maneras, termino quedándome con los ásperos modales del que me corrige y no presto atención a la verdad que se me quiere decir.

Nos quedamos con el envoltorio de la verdad y no atendemos a la verdad en sí misma. Todos somos testigos de ello. Se pueden decir las verdades y se pueden y aun deben corregirse muchos errores, pero cuando lo hacemos de mala manera, la conclusión suele ser: “Hoy está con un humor de perro.” Nos quedamos con el mal humor y con la herida que llevamos dentro, pero no valoramos lo que se nos ha dicho.

¿Qué es preciso corregir a los hijos? También a los mayores. La verdad tiene valor y fuerza por sí misma y no por el volumen de voz y con la rabia con que la decimos. ¿Por qué será que los hijos nos hacen tan poco caso? ¿No será que no sabemos decirles las cosas con bondad y amabilidad? Los médicos cuando van a hacer alguna intervención quirúrgica primero nos ponen anestesia y luego cortan sin que duela y así nos curamos. ¿Alguien se dejaría operar sin anestesia? ¿Por qué será que los esposos se escuchan tan poco el uno al otro? Revisa cómo le hablas. Revisa tu tono de voz. Revisa tu estado de ánimo. Es posible que ahí encuentres la respuesta.





NECESITAMOS SERENIDAD

Señor: Ya lo estás viendo:
Todos andan nerviosos, inquietos.
Todo el mundo preocupado.
No podemos con nuestros nervios.
He venido al jardín a visitar mis flores.
Las veo serenas, tranquilas.
Las veo apacibles y sonrientes,
ajenas a nuestras ansiedades.

Necesitamos la serenidad de las flores.
Serenidad para nuestras conciencias.
Serenidad para nuestras mentes.
Serenidad para nuestros corazones.
Serenidad para ver nuestros problemas.
Serenidad para responder a los demás.
Serenidad para tomar decisiones.
Serenidad para no herir con las palabras.
Serenidad para no herir con los gestos.
Serenidad para escuchar a los nuestros.
Serenidad para pensar.
Serenidad para amar.
Serenidad para dar paz a los demás.
Serenidad para escucharte.
Serenidad para escucharme.
Señor da calma nuestro espíritu,

Con el don de tu paz.
Que la violencia perturba nuestra alma.
Que la violencia perturba nuestro espíritu.
Que la violencia hace violenta nuestra convivencia.
Que la violencia nos hace duros con los demás.
Que la violencia ciega nuestras mentes.

Pidiendo fuego “que acabe con ellos”
no ablandamos sus corazones.
Pidiendo fuego “que acabe con ellos”
no se nos abrirán las puertas.





PARA TOMAR DECISIONES

Cada decisión que tomas en tu vida, de alguna manera te hace o te destruye. Es importante saber decidir:

Entre la duda de hacer el bien o el posible mal, elige siempre el bien.
Entre la verdad y la mentira, escoge siempre la verdad, aunque de momento pueda complicarte la vida.
Entre criticar o alabar, es preferible que alabes siempre.
Entre murmurar de alguien o hablar bien de él, es mucho mejor hablar bien, incluso aunque te equivoques.
Entre gritar o hablar con serenidad, es mejor que escojas la serenidad. El grito déjalo para otros.
Entre hacer algo por los demás o servirte de ellos, siempre será preferible que los sirvas a ellos en vez de servirte de ellos.
Entre hacer algo o no hacer nada, escoge siempre el hacer algo. Quien hace tiene derecho a equivocarse. El que no hace nada ya se equivocó.
Si hablan mal de ti, entre defenderte o callar, mucho mejor es que te calles. Tu silencio te hace más digno que tu protesta.
Entre mirar al futuro o encerrarte en el presente, mejor que apuntes lejos, al mañana, sin olvidarte por ello del hoy.
Entre una cara seria y una sonrisa, regala siempre una sonrisa. Así siempre quedarás bien.
Entre ser santo o un pecador, decídete por la santidad. Es mucho más elegante.
Entre la vulgaridad o lo grande, decídete por lo grande. Te sentirás mejor.
Entre amar o ser amado, decídete por amar. Así te amarán todos.
Entre lamentar o hacer algo, siempre será mejor que hagas algo. Te aburrirás menos.
Entre encerrarte en tu egoísmo o preocuparte de los otros, no dudes en preocuparte por los demás.
En toda decisión siempre hay otra posibilidad. Tú escoge siempre:

Lo difícil y no lo fácil.
Lo que exige y no lo cómodo.
Lo riesgoso y no lo seguro.
Lo que más te acerque a Dios y no lo que te aleje de Él.
Lo que más te acerque a los demás y no lo que te distancie.

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WebJCP | Abril 2007