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MISIONEROS EN CAMINO: octubre 2011
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lunes 31 de octubre de 2011

1 de Noviembre, Fiesta de Todos los Santos (Mt 5,1-12a): Nadie nace Santo


Por P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

Durante la lucha civil y religiosa del cisma de Inglaterra, los Rounheads Protestantes entraban en las iglesias y destruían todos los símbolos religiosos. En la catedral de Winchester hicieron añicos una magnífica vidriera.
Los cristales multicolores yacían esparcidos por el suelo. Imposible recomponerla. ¿Qué hacer con todos esos diminutos cristales?
Los feligreses los recogieron con mucho cuidado y amor.

Mucho antes de que naciera el arte abstracto, los conjuntaron todos y los colocaron en una gran ventana.
Hoy, 300 años más tarde, el mismo sol brilla a través de los mismos hermosos colores, un kaleidoscopio de cristalitos, colocados de distinta manera pero formando un cuadro más significativo.
La luz de Dios tiene que seguir brillando a través de nosotros que somos santos pero con coronas rotas.
LA LISTA de los santos no se agota en el martirologio, ni en los nombres conocidos: Saturio, Calasanz, Teresa de Avila, Francisco de Asís...
Ni los santos oficiales, ni los santos anónimos fueron perfectos.
Pedro, cobarde, negó a su Señor.
Pablo, misógino, tiene ramalazos de arrogancia.
Juan y Santiago, ambiciosos, querían ser number one.
Agustín, lujurioso, aprendió a dominar la carne.
Dorothy Day, en sus años locos, abortó y se divorció.
Nadie nace Santo. Los santos hacen la diferencia, amorosa diferencia, desde su debilidad y desde su fe, porque intentaron servir a Dios y al prójimo. Esta diferencia hace que den gloria a Dios y reaviven la chispa divina que anida en sus corazones.
La iglesia es, tal vez, uno de los pocos lugares que nos quedan donde podemos encontrar gente que son diferentes de nosotros pero con los que podemos formar una familia más grande. Henry Nouwen
UN SANTO: un pecador muerto pero revisado y corregido. Ambrose Bierce.
UN SANTO es alguien que hace la bondad atractiva.

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Evangelio Misionero del Día: 01 de Noviembre de 2011 - Todos los Santos (Solemnidad)


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 25—5, 12

Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.
Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a El. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».

Compartiendo la Palabra
Por José Antonio Pagola

LA FELICIDAD NO SE COMPRA

Nadie sabemos dar una respuesta demasiado clara cuando se nos pregunta por la felicidad. ¿Qué es de verdad la felicidad? ¿En qué consiste realmente? ¿Cómo alcanzarla? ¿Por qué caminos?
Ciertamente no es fácil acertar a ser feliz. No se logra la felicidad de cualquier manera. No basta conseguir lo que uno andaba buscando. No es suficiente satisfacer los deseos. Cuando uno ha conseguido lo que quería, descubre que está de nuevo buscando ser feliz.
También es claro que la felicidad no se puede comprar. No se la puede adquirir en ninguna planta de ningún gran almacén, como tampoco la alegría, la amistad o la ternura. Con dinero sólo podemos comprar apariencia de felicidad.
Por eso, hay tantas personas tristes en nuestras calles. La felicidad ha sido sustituida por el placer, la comodidad y el bienestar. Pero nadie sabe cómo devolverle al hombre de hoy el gozo, la libertad, la experiencia de plenitud.
Nosotros tenemos nuestras «bienaventuranzas». Suenan así: Dichosos los que tienen una buena cuenta corriente, los que se pueden comprar el último modelo, los que siempre triunfan, a costa de lo que sea, los que son aplaudidos, los que disfrutan de la vida sin escrúpulos, los que se desentienden de los problemas...
Jesús ha puesto nuestra «felicidad» cabeza abajo. Ha dado un vuelco total a nuestra manera de entender la vida y nos ha descubierto que estamos corriendo «en dirección contraria».
Hay otro camino verdadero para ser feliz, que a nosotros nos parece falso e increíble. La verdadera felicidad es algo que uno se la encuentra de paso, como fruto de un seguimiento sencillo y fiel a Jesús.
¿En qué creer? ¿En las bienaventuranzas de Jesús o en los reclamos de felicidad de nuestra sociedad?
Tenemos que elegir entre estos dos caminos. O bien, tratar de asegurar nuestra pequeña felicidad y sufrir lo menos posible, sin amar, sin tener piedad de nadie, sin compartir... O bien, amar... buscar la justicia, estar cerca del que sufre y aceptar el sufrimiento que sea necesario, creyendo en una felicidad más profunda.
Uno se va haciendo creyente cuando va descubriendo prácticamente que el hombre es más feliz cuando ama, incluso sufriendo, que cuando no ama y por lo tanto no sufre por ello.
Es una equivocación pensar que el cristiano está llamado a vivir fastidiándose más que los demás, de manera más infeliz que los otros. Ser cristiano, por el contrario, es buscar la verdadera felicidad por el camino señalado por Jesús. Una felicidad que comienza aquí, aunque alcanza su plenitud en el encuentro final con Dios.

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Noticias Misioneras del Mundo: 31 de Octubre de 2011


- Intención misionera para el mes de noviembre
- Lotería solidaria en las farmacias de Córdoba para enviar medicamentos a Bangassou, Rep. Centroafricana
- Encuentro de las OMP en el África de habla inglesa: la Iglesia africana origen de misioneros
- Una artista de Kolkata, India, reúne en una exposición de pintura sobre la Madre Teresa
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Intención misionera para el mes de noviembre
OMPRESS-ROMA (31-10-11) Para que el continente africano encuentre en Cristo la fuerza para realizar el camino de reconciliación y justicia señalado por el segundo Sínodo de los Obispos de África, es la intención misionera indicada por el Santo Padre Benedicto XVI para el mes de noviembre.

En la homilía que dirigió el Papa Benedicto XVI con motivo de la apertura de la II Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos en octubre del 2009 señalaba que: “Para ser luz del mundo y sal de la tierra hay que aspirar siempre a la "medida elevada" de la vida cristiana, es decir, a la santidad. Los pastores y todos los miembros de la comunidad eclesial están llamados a ser santos; los fieles laicos están llamados a difundir el buen olor de la santidad en la familia, en los lugares de trabajo, en la escuela y en cualquier otro ámbito social y político. Que la Iglesia en África sea siempre una familia de auténticos discípulos de Cristo, donde la diferencia entre etnias se convierta en motivo y estímulo para un recíproco enriquecimiento humano y espiritual.
Con su obra de evangelización y promoción humana, la Iglesia puede ciertamente aportar en África una gran contribución para toda la sociedad, que lamentablemente conoce en varios países pobreza, injusticias, violencias y guerras. La Iglesia, comunidad de personas reconciliadas con Dios y entre sí, tiene la vocación de ser profecía y fermento de reconciliación entre los distintos grupos étnicos, lingüísticos y también religiosos, dentro de cada una de las naciones y en todo el continente. La reconciliación, don de Dios que los hombres deben implorar y acoger, es fundamento estable para construir la paz, condición indispensable del auténtico progreso de los hombres y de la sociedad, según el proyecto de justicia querido por Dios. Así, África, abierta a la gracia redentora del Señor resucitado, será iluminada cada vez más por su luz y, dejándose guiar por el Espíritu Santo, se convertirá en una bendición para la Iglesia universal, aportando su propia y cualificada contribución a la edificación de un mundo más justo y fraterno.”



Lotería solidaria en las farmacias de Córdoba para enviar medicamentos a Bangassou, Rep. Centroafricana
OMPRESS-CÓRDOBA (31-10-11) Las farmacias cordobesas van a poner a la venta lotería navideña, con el objetivo de obtener 2 euros de donativo por décimo, y reunir 10.000 euros para comprar medicamentos con destino a la misión de Mons. Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, República Centroafricana.
Los farmacéuticos cordobeses, que desde hace años son muy solidarios con la Fundación Bangassou (que apoya la misión de este obispo cordobés en el país africano), van a volver a realizar una nueva campaña a favor de esta población. El presidente del Colegio de Farmacéuticos, Práxedes Cruz, ha presentado esta iniciativa por la que las farmacias cordobesas se han prestado para la venta de décimos de lotería de Navidad, que para poder recaudar dinero, costarán 2 euros más de lo habitual. “Obteniendo 2 euros de donativo por cada décimo queremos recabar unos 10.000 euros para poder enviar a Bangassou un contenedor con medicamentos valorado aproximadamente en esa cantidad”, señaló Cruz.
La idea partió del farmacéutico Antonio Perea, de Castro del Río, y en la venta de décimos participarán voluntariamente todas las farmacias de la provincia que lo deseen. Por su parte, el presidente de la Fundación Bangassou, Miguel Aguirre, agradeció, en nombre de su hermano, el obispo Juan José Aguirre, esta nueva campaña de los farmacéuticos cordobeses, que ya en otra ocasión contribuyeron a la puesta en marcha de la primera farmacia rural en esta región centroafricana. Farmamundi (la ONG Farmacéuticos Mundi) colaborará con esta iniciativa para que los medicamentos cuenten con todos los permisos legales para llegar a su destino y tratar al máximo número de personas.



Encuentro de las OMP en el África de habla inglesa: la Iglesia africana, origen de misioneros
OMPRESS-KENIA (31-10-11) El Secretario General de la Obra de la Propagación de la Fe, una de las Obras Misionales Pontificias, el padre Timoteo Lehane ha pedido a la Iglesia católica en África que envíe misioneros a evangelizar al resto del mundo.
"El Santo Padre mira a África para enviar misioneros. Los Papas, desde Pablo VI, Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI han pedido misioneros a las iglesias locales de África", declaraba el padre Lehane a la agencia católica de noticias CISA en una entrevista el pasado 27 de octubre, durante un encuentro en Nairobi de las Obras Misionales Pontificias para los países de habla inglesa de África.
Los delegados de las Obras Misionales Pontificias de 13 países de habla inglesa deliberaron sobre qué debe hacer la Iglesia Católica en África para que sea más misionera a la luz de la Nueva Evangelización.
El padre Lehane alentó a la Iglesia en África a enviar misioneros y señaló que “el crecimiento del cristianismo en África y de la religión católica ha aumentado en un 18 por ciento en los últimos 50 años. Así que tenemos una gran número de jóvenes que nos están pidiendo ir a la misión".
"La Iglesia en África tiene que entenderse a sí misma como una iglesia evangelizadora que evangeliza el mundo. Reconocerse a sí misma como un regalo para el mundo ", señalaba el padre Lehane. También instó a la Iglesia en África a ser autosuficiente y encontrar formas de autofinanciación, porque la cantidad de dinero que solía venir a África de las Iglesias de Europa ha bajado.
Se espera que la reunión de las OMP sirva de impulso a la hora de compartir experiencias e ideas y les anime en su trabajo en sus respectivas diócesis y países. "Una de las cosas más importantes es que los directores de OMP no se vean solos, sino como una familia universal, como el animador misionero del Santo Padre en su propia diócesis y país".
El director nacional de las OMP en Nigeria, Jorge Ajana manifestó a la agencia CISA que uno de los desafíos que se enfrentan en el curso de su trabajo es vender la idea de OMP. "Las OMP son aún desconocidas. Muchas personas nunca han oído hablar de ellas, ya sean sacerdotes, religiosos y laicos.".
El encuentro finalizará el próximo jueves 3 de noviembre con la presentación por parte de los delegados de las directrices surgidas del mismo. Estos encuentros, que tienen lugar cada dos años y esta es la primera vez que se celebra en Kenia”.



Una artista de Kolkata, India, reúne en una exposición de pintura sobre la Madre Teresa
OMPRESS-INDIA (31-10-11) Una artista y colaboradora durante mucho tiempo de la Madre Teresa ha organizado una exposición de una semana con pinturas inspiradas en la “santa de los pobres" y ganadora del Premio Nobel, con ocasión del 101 aniversario de su nacimiento.
La exposición celebrada en la Galería Abanindranath Tagore del Consejo Indio de Relaciones Culturales, en Kolkata, comenzó en el aniversario de la beatificación de Madre Teresa, 19 de octubre – la beatificación tuvo lugar el 19 de octubre de 2003 - y ha concluido este pasado 24 de octubre.
Los visitantes de la exposición se sorprendieron ante la labor de la Madre Teresa con los más pobres de los pobres a través de 45 pinturas de Ritu Singh, creadas durante casi 50 años. También se presentó una serie de 12 pinturas que representan los signos del zodiaco. Singh explicaba su significado: "la madre es universal y para todas las personas”. Otro de los cuadros presentaba a la Madre Teresa en medio de las nubes para indicar que está dejando el mundo y yendo al cielo.
Otro cuadro presenta la prarthana (oración), y capta a la Madre Teresa en un estado de ánimo meditativo y con una corona de espinas es una sinfonía en blanco y gris. Singh explica: "Es un símbolo que muestra que estaba rodeada de agonía."
Una de las pinturas (Ven, sé mi luz) fue presentada al Papa Juan Pablo II en el Vaticano, 19 de octubre de 2003, con motivo de la beatificación de la Madre.
Las obras se han llevado a cabo con técnicas mixtas - tinta, acrílico, pastel, carbón y óleo, y hay retratos de la Madre también en esmalte.
Ritu Singh relata como su madre solía acompañar a la Madre Teresa a los barrios marginales “y yo me quedaba en la Casa de la Madre, al cuidado de las hermanas. Siempre fui considerada como una hija de la Madre. Mientras esperaba a que mi propia madre volviera, me gustaba dibujar a la Madre y a las hermanas. Así es como he desarrollado mi pasión por el arte, que más tarde hice mi profesión".

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domingo 30 de octubre de 2011

LA HOMILÍA MÁS JOVEN: EL CATÁLOGO DE LOS SANTOS



1.- Uno de los libros oficiales de la Iglesia, es el catálogo de los santos canonizados. Continúa llamándosele en la actualidad con el nombre antiguo de “Martirologio romano”, aunque no sea exacto el calificativo. No es muy conocido, entre otras cosas porque está editado exclusivamente en latín. Pese a ser el inventario de la riqueza de la Iglesia, ninguna fortuna supera el valor de la santidad, hacía mucho tiempo que no se editaba. Era como un edificio que nunca se reforma, ni pinta, ni siquiera se revisa. Una de las decisiones del concilio vaticano fue que se publicara de nuevo, más cuidado y crítico que anteriormente.
El minucioso estudio de alguno de los supuestos santos, descubrió que su existencia histórica no era segura y se los debía desclasificar, cosa que irrito a algunos. Permitidme que os cuente como anécdota, que Sofía Loren, la famosa y excelente artista de cine, circuló ostensiblemente por Roma, con una imagen de uno de ellos, como señal de protesta. Pero la sangre no llegó al río. También se consideró que a algunos se les debía homenajear en días diferentes de los tradicionales y eso enojó a otros.

Los que aparecen en este libro son los catalogados, con los que la Iglesia solemnemente se ha comprometido. Pero existen muchísimos más, a los que nadie niega su categoría. Porque la Iglesia no hace santos, sino que reconoce la categoría de algunos, y los inscribe en un álbum.

La santidad no es un valor tasable. De alguna manera, sí lo es clasificable. Y a unos los agrupamos como apóstoles, a otros mártires, a otros vírgenes. Evidentemente el primer conjunto se acabó el día que murió San Juan, que parece que fue el último discípulo del Señor y que pereció en Patmos. El de los mártires y los demás continuó y continúa. Por aquello de que ver una película o leer una novela histórica sea cosa fácil, parecía que la época de los mártires correspondía a tiempos muy pretéritos en que dominaba el imperio de la ciudad de Roma. Muchos recordamos filmes de santos y hemos leído relatos emocionantes. No es que esté mal el proceder, pero es equivocado. Me lo decía un día el arzobispo H. Cámara: no pierdas la esperanza, hay más mártires ahora que en los primeros siglos. Y recientemente se habla de esto, dándole la razón. Calculan los estudiosos, que cada cinco minutos muere un cristiano mártir (la verdad es que sumados los ocurridos anualmente y hecha la oportuna división da este resultado). Y lo asombroso es que la noticia la publican medios católicos y de otras confesiones cristianas. Si en la tierra, y en este momento histórico, no hemos logrado una profesión de fe ecuménica, en el Cielo, ellos gloriosamente la celebran. Esto era inimaginable considerarlo antes.

Somos contemporáneos de mártires, son nuestros compañeros, comen un mismo Pan, se alimentan de una misma Palabra, derraman su sangre, que es como la nuestra. Simultáneamente viven entre nosotros, mientras discutimos, malgastamos el tiempo y ambicionamos.

El reconocimiento público por la Iglesia de la santidad vivida no en plena comunión, tal vez empiece el día que al canonizar Pablo VI a católicos mártires africanos, se refiriera a sus compañeros que dieron testimonio de su Fe en Jesús y pertenecían a la Comunión Anglicana. Hoy en día se avanza rápidamente en este sentido, se cita a héroes pertenecientes a otras confesiones en libros de la Fe, tan comunes y universales como el YouCat. En cualquier escrito actual de espiritualidad católica, se habla de San Serafín de Sarov, que pertenecía a la Ortodoxia, y nadie protesta.

Si me he alargado en estas consideraciones, es para que os deis cuenta, mis queridos jóvenes lectores, de que la conmemoración no es de hechos pasados hace siglos. Mártir fue San Esteban y lo han sido los que le han seguido hasta nuestros días. Según dicen, en lo que llevamos de año, escribo el 23 de octubre, ya han dado su vida por la Fe, 50 sacerdotes. A todos ellos hoy les rendimos homenaje.

Los mártires son claveles reventones. Las vírgenes elegantes edelweiss. Los dedicados a los enfermos, a los ancianos y a la infancia abandonada, nenúfares. Los educadores misteriosas flores de eucalipto. Los contemplativos silenciosas violetas. Los misioneros, orquídeas. Los que acogen a quien nadie acepta, atractivas gencianas. Se podría prolongar la descripción del jardín divino. Es otra manera de describir el contenido de la primera lectura de la misa de hoy.

El evangelio describe el substrato donde germinarán estas maravillosas flores. Quien quiera gozar de un bello jardín, debe escoger primero la tierra donde va a plantar la semilla. ¿qué hemos puesto en nuestro corazón para que sea posible que nos hagamos santos?


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Evangelio Misionero del Día: 31 de Octubre de 2011 - XXXI Semana del T.O - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 14, 1.12-14

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente.
Jesús dijo al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos! »

Compartiendo la Palabra
Por Fernando Prado, cmf

Es fácil amar lo amable. Lo difícil es amar lo que nadie ama. Dar sin esperar a recibir, en medio de una cultura en el que a veces da la sensación de que el único desprendimiento que hay es el “desprendimiento de retina”, resulta incluso contracultural. Y no sé porqué, pero hay algo en esa gratuidad que recuerda al Evangelio. Quizá por este camino se halle la respuesta a la nueva evangelización. Es tiempo de una nueva forma de vivir, o de una forma de vivir nueva, renovada, que rompe la lógica a la que nos vamos acostumbrando. Es la novedad que introduce la gratuidad, que, lejos de buscar el mayor beneficio para uno mismo, busca el beneficio de todos y recrea todas las cosas.

Hoy el Señor te hace una propuesta concreta: acércate a los pobres, a los que nadie ama, gratuitamente, sin esperar nada a cambio. Déjate sorprender por la fuerza del amor que desencadena tu gesto. Hay mucha gente esperando que alguien como tú les ame, les haga un guiño, una señal de que les quieres y te importan. Puede ser una palabra; tal vez un pequeño saludo, una sonrisa, una carantoña; quizá una moneda, un “te quiero”, una mirada cómplice en medio de algunos sufrimientos; una invitación a café, un “¿qué tal?”, una llamada; un mensaje de texto, un email, una postal… quizá un pequeño “me gusta” en el facebook. Eres capaz de hacer feliz a mucha más gente que la que te imaginas y de mostrar que eres capaz de ser gratuitamente contracultural. Tan solo acepta la invitación y sal un poco de ti; hazlo con generosidad, sin esperar nada a cambio.

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¿Qué tiene de malo celebrar Halloween?


Por Lilián Carapia Cruz*
Publicado por FAST

Más que decir que celebrar el halloween «es malo», se trata de conocer las razones por las cuales puede, en ciertas circunstancias, ser incompatible con la fe en el único Dios verdadero y en Jesucristo, su enviado. De ahí, podremos tomar una decisión libre: porque si no se dan esas circunstancias en el halloween, no habrá por qué estarse cuidando de él; y si se dan en alguna otra costumbre, es esa costumbre la que hay que evitar por amor a Dios y a los hermanos…

¿Cómo surgió el halloween? Se sabe que los antiguos celtas acostumbraban celebrar en el Samhain, es decir, el final del verano, con una fiesta en honor de Pomona, diosa de los árboles frutales, con motivo de las cosechas y el inicio del «año nuevo celta», el 31 de octubre. Aquellos celtas creían que en esta época se estrechaba la línea que une a este mundo con el Otro Mundo, permitiendo a los espíritus ‒tanto benévolos como malévolos‒ pasar a través de ella. De modo que invitaban a su celebración del Samhain a los ancestros familiares, y ahuyentaban a los espíritus dañinos a través del uso de trajes y máscaras con apariencia de un espíritu maligno. No falta quien sataniza ya de entrada estas celebraciones, pero es una exageración, porque se trata sólo de elementos culturales como los que hay en cualquier pueblo antiguo o contemporáneo.

Así, en sus orígenes el halloween no tiene nada de «diabólico», aunque tampoco de cristiano. Tiene mucho de pagano y de supersticioso; paganos son aquellos elementos de la cultura de un pueblo que no han sido iluminados por el Evangelio de la vida, y supersticiosas las formas deformadas de la religión. Fue por ello que, cuando tuvo lugar la evangelización de los celtas, los Papas Gregorio III (731–741) y Gregorio IV (827–844) intentaron introducir los elementos que dieran un significado pleno a esta creencia en la presencia de los «buenos espíritus de los ancestros familiares». Lo hicieron trasladando a las vísperas del 1 de noviembre (31 de octubre por la tarde) la solemnidad de «Todos los Santos», celebrada hasta entonces el 13 de mayo en Occidente latino. A esta «nueva fiesta», ya cristianizada, la Iglesia la llamó All hallow’s eve, que significa, en el inglés antiguo, «víspera de todos los santos». A estas palabras se les dio más tarde la pronunciación abreviada de «halloween». Entonces, el mismo nombre es de origen cristiano…

Dadas las características que adquirió esta tradición irlandesa al fundirse con la cultura norteamericana a finales del siglo XIX y XX, del halloween original no queda prácticamente nada; acaso la costumbre en la que los niños se divierten portando disfraces y gastando bromas a cambio de dulces. O también, la ocasión para el consumismo principalmente entre los jóvenes. Si no se confundiera el juego con la celebración religiosa todo estaría bien. La educación religiosa es muy importante. Si el niño y el joven saben que el día siguiente es la celebración de Todos los Santos, y dan a Dios, que es quien santifica a sus hijos, el lugar que sólo a Él le corresponde, no habría problema. Pero si se le prohíbe lo primero sin cuidar lo segundo el problema persiste.

Sin embargo, hay que advertir que, en todo el mundo, los adoradores de la muerte ‒satánicos y «fieles» de la santa muerte‒ han fundido con el halloween costumbres que sí son peligrosas para el resto de la sociedad. Y en este sentido, el halloween sí es «muy malo». Por ejemplo, está comprobado que los satánicos celebran el 31 de octubre el «festival de la muerte y la entrada del año nuevo satánico», y que para ello realizan una serie de sacrificios humanos ‒especialmente de niños y adolescentes‒ y misas negras. En Colombia, por ejemplo, la Policía incrementa también su actividad en estos días dado el incremento de asesinatos y desapariciones de niños. Se ha llegado a recomendar que los niños: eviten el uso de máscaras que cubran sus ojos; porten disfraces con colores claros; recolecten caramelos en casas y vecindarios bien iluminados y conocidos; caminen de la mano de sus padres, y que éstos se aseguren de inspeccionar los caramelos…

En mi humilde opinión yo recomendaría a los padres hacer gustar a los pequeños el amor por los santos, que son amigos de Dios. Esto mismo les ayudará a ellos a dar más importancia a la celebración cristiana y a darse cuenta que no tiene sentido andar por las calles y correr riesgos innecesarios sólo por hacer lo que los otros hacen y sin saber siquiera por qué…

* Lilián Carapia Cruz es licenciada en Filosofía y religiosa del Instituto de Hermanas Misioneras Servidoras de la Palabra, en México.

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1 de Noviembre, Fiesta de Todos los Santos (Mt 5,1-12a): ¿SEGUIR A JESUS? ¡POR QUÉ NO!



“Los santos son los que cambian el mundo” Con esta impresionante frase, el Papa Benedicto XVI, se dirigía a los fieles congregados en la plaza de la Catedral de Erfurt (Alemania) el pasado mes de septiembre. Y nos recordaba, entre otras cosas, que aunque sean pocos, fueron y son sal y luz. Son grandes porque grande fue amor radical a Dios y al prójimo.

1. - En esta festividad de Todos los Santos, hemos de caer en la cuenta de una gran herencia: ser santo significa participar de la santidad de Dios. Un cristal por el que, la presencia del Señor, se ve nítidamente por las obras o un balcón abierto por el que, cuando se asoma, se escucha en toda su pureza la Palabra que nos ilumina.


Celebrar esta fiesta es sentirnos fascinados por lo alto. Cuando ascendemos a las montañas vienen a nuestros ojos imágenes de valles y de ríos, de cielos estrellados o de horizontes lejanos. En esta jornada de Todos los Santos no nos conformamos con subir a los cerros. Trepamos más arriba. Elevamos nuestros ojos a esa realidad que ha sido la razón y el motor, el existir y el triunfo definitivo de tantos hombres y mujeres que se dejaron seducir por la beldad de Dios. No se conformaron con lo que encontraban en el suelo, con las propuestas caducas de felicidad, con los atajos traicioneros. Los santos apostaron fuerte: descubrieron que Dios era lo máximo y dieron firme testimonio de El.

2.- ¿Es posible seguir a Jesús en estos tiempos?- ¿Está de moda ser santo? Interrogantes que sólo esperan y merecen una respuesta: ¡SI! ¡Es posible seguir a Cristo en medio de tanta mediocridad! ¿Cómo? Siendo diferentes a los modelos que nos propugna una sociedad saturada de falsos ídolos pero necesitada de auténticos referentes de justicia y de paz, de amor y de verdad. ¿Acaso podremos encontrar la santidad en las revistas que aceleran y confunden el corazón? ¡No! Las bienaventuranzas son, hoy más que nunca, “la cosmética esencial” para cuidar el alma y el rostro de un cristiano. Para saber si estamos en onda con Jesús de Nazaret. Para comprobar si, nuestros anhelos de santidad, son ciertos o –por el contrario- se quedaron en buenos propósitos.

Es posible seguir a Jesús porque, otros hermanos nuestros (también de carne y hueso, no de yeso o madera) lucharon por ello y, entre otras cosas, fueron inmensamente felices así. Es más, cerraron los ojos al mundo, y están viendo –cara a cara- a ese Dios con el cual tanto soñaron, por el que tanto se desvelaron y por el cual dieron hasta el último suspiro.

3.- ¿Dónde está entonces el secreto de la felicidad de Todos los Santos? En la belleza interior. Como nosotros tuvieron un punto de salida (el Bautismo) pero se tomaron como una fascinante tarea el llegar a la santidad desde Dios y sin olvidar nunca a Dios.

-Unos, sin quererlo, no pasaron desapercibidos. Fueron exigentes consigo mismos y dejaron huella allá por donde caminaron. Fueron fuego vivo y, desde lejos, se veía el humo de su vida cristiana.

-Otros, porque así lo quisieron, brillaron sólo para Dios. Tan sólo El, hoy seguimos sin saberlo nosotros, conoce quienes son, en qué altar de tierra o perdidos en el ancho horizonte se encuentran. Pero…fueron santos. Fueron brisa suave...pisada sin ruido….

-Otros, como dice el Papa Benedicto XVI, están vivos. Son los santos del próximo siglo. Hombres y mujeres que, en tiempos de muros para la fe, proclaman con valentía y con espíritu bienaventurado que seguir a Jesús es lo más grande que una persona puede hacer y brindar a la humanidad.

Y, en medio de todo ello, nosotros. ¡Sí! ¡Nosotros! También estamos convocados a no quedarnos bajo mínimos. Podemos alcanzar altas cotas de perfección y de santidad, de caridad y de amor, de alegría verdadera y de esperanza cristiana.

4.- Mirar o festejar a estos grandes deportistas de la fe (conocidos o anónimos) no significa quedarnos en una simple contemplación (sería una traición a su gran obra). Honrar la memoria de Todos los Santos es recoger la antorcha que ellos sostuvieron en sus manos: la adhesión a Jesucristo muerto y resucitado, y saber crecer espiritualmente aún en medio de defectos o debilidades. ¿Cómo? Optando claramente, una y otra vez, por el camino de la conversión, la reconciliación y el perdón.

¿A que es posible? ¡Todos los Santos…nos dicen que sí! ¡Avancemos por el sendero que ellos nos dejaron iluminado!

5.- ¿QUIÉNES SON TODOS LOS SANTOS?

Son, ni más ni menos, aquellos

que en la Montaña de las Bienaventuranzas

encontraron y renovaron, una y otra vez,

su pasión y su carnet de identidad

Los que, abriendo la ventana de su corazón,

permitieron que entrase la luz divina y, con esa luz eterna,

agradar totalmente a Dios sin olvidar al hombre.

Son, esos hermanos nuestros, que sin hacer cosas extraordinarias

fueron grandes por su inmensa sencillez;

en la oscuridad, nunca se cansaron de buscar al Señor

y en la luz del mundo, nunca lo dejaron perder.



¿QUIÉNES SON TODOS LOS SANTOS?

Son aquellos/as que fueron fieles al Señor

sin doblegarse o arrodillarse a los pies de otros dioses

Los que, en el sufrimiento, nunca se acobardaron

y, en el éxito, no quisieron dar la espalda al Evangelio

Los que, ante la injusticia, eran altavoz de los que no tenían voz

o los que, ante la pobreza, sabían sembrar a Dios como riqueza



¿QUIÉNES SON TODOS LOS SANTOS?

Tal vez los que, sin levantar mucho ruido,

hicieron un bien inmenso en tantos hombres y mujeres del mundo

Aquellos que, en la soledad, acompañaron con horas sin término

Los que, obligados a renunciar a su fe, prefirieron el martirio

Los que, enmudecidos por muchos intereses, nunca callaron

Los que, presionados por la hostilidad, sólo predicaron la paz



¿QUIÉNES SON TODOS LOS SANTOS?

Son los que, lejos de dejarse seducir por la palabrería barata

se dejaron llevar por la Palabra de Jesucristo

Son los que, tentados por los mil sabores de la tierra

no quisieron jamás apartarse del alimento del cielo: la Eucaristía

Son los que, perseguidos por proclamar la verdad

se crecieron y fueron fuertes hasta el último instante de sus vidas

Son los que, además de amar con pasión la creación,

nunca olvidaron que, Alguien, era su Creador



¿QUIÉNES SON TODOS LOS SANTOS?

Son los que pretendieron un mundo diferente

atravesado por la estrella de la fe e iluminado por el Espíritu Santo

Los que esperaron y soñaron con Dios como recompensa final

Los que, sin ser entendidos ni comprendidos,

han sido recibidos con un abrazo gratificante en el cielo

Los que, con su vida y en su vida, por su vida y desde su vida

quisieron y disfrutaron llevando a Dios

hasta lo más hondo de su existencia.

Esos son… nuestros santos.

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NO LLAMÉIS A NADIE ‘PADRE’: XXXI Domingo del T.O. (Mt 23,1-12) - Ciclo A


Por Fray Marcos

CONTEXTO

Seguimos con el mismo discurso. Después de la controversia, que duró varios domingos, Mateo sigue hablando para su comunidad y poniendo en boca de Jesús lo que quiere decir él a aquellos cristianos. Su intención es hacer ver la diferencia entre el antiguo Israel y la nueva comunidad.
En el relato de hoy, Jesús no habla a los fariseos, sino a la gente y a sus discípulos. Este texto prepara las siete maldiciones que pone el evangelio en boca de Jesús: “Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas...” Mateo pide a su comunidad que no caiga en los mismos errores que critica. Su preocupación está justificada, porque el cristianismo cayó muy pronto en un fariseísmo mayor que el judío

EXPLICACIÓN

Nos llevaría demasiado tiempo el explicar cada una de las frases que hemos leído. Vamos a revisar sólo algunas. La verdad es que hoy no se necesita ninguna exégesis especializada. Se entiende todo perfectamente. Otra cosa es que nos interese, de verdad, seguir las directrices del evangelio.

De muchos, que se encuentran hoy sentados en cátedras, se podía decir lo mismo que el evangelio dice a los fariseos. ¡Qué poco han cambiado las cosas! El texto sigue teniendo hoy una rabiosa actualidad.

El ambiente reflejado en este texto, no es el del tiempo de Jesús, sino el de la comunidad de Mateo, cuando escribe su evangelio. El judaísmo del tiempo de Jesús, estaba integrado por numerosas organizaciones, partidos y sectas, que tenían distinta manera de ver y practicar la religión. Jesús, criticó a muchos de esos grupos, pero los furibundos ataques contra los fariseos que aparecen en los evangelios, seguramente no corresponden a Jesús, sino a una situación que comienza a partir de la destrucción de Jerusalén en el año 70.

Fue entonces cuando, desaparecido el sacerdocio, los fariseos se hicieron con el absoluto control del judaísmo e impusieron a todos su manera de pensar. Solo entonces decidieron expulsar del judaísmo a los cristianos y declararles formalmente herejes.

Lo que reflejan los evangelios es la reacción de los cristianos contra esos fariseos, que se mantuvo a través de los siglos. En el texto de hoy encontramos dos pistas para descubrir que esas palabras no las dijo Jesús:

a) Nunca pudo decir que el único Señor era él mismo.

b) La denominación de “hermanos”, que el evangelista pone en boca de Jesús, fue un distintivo de la primera comunidad cristiana.

El saber que no lo dijo Jesús no resta un ápice la importancia de la advertencia a aquellas primeras comunidades.

“Ellos no hacen lo que dicen”. No es exacto que los fariseos fueran por definición “fariseos”. Eran cumplidores, pero su rigorismo en la interpretación de la Ley les obligó a disimular que eran incapaces de cumplirla, para poder seguir exigiendo a los demás lo que ellos no hacían. Pero el engaño mayor consistía en exigirles en nombre de Dios unas prácticas que no les podían traer salvación, porque no eran más que preceptos humanos.

“Cargan a la gente con fardos pesados e insoportables”. Eran 613 los preceptos que tenía que cumplir todo israelita para ser fiel a la Ley y, según algunos, todos tenían la misma importancia. En ese fárrago de prescripciones, la vida humana quedaba aprisionada y las personas sumidas en una frustración alienante. Recordemos que Jesús había dicho: “Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

“Todo lo que hacen es para que los vea la gente”. Cuando se pone la perfección en el cumplimiento de normas externas, sólo caben dos salidas:

En la medida que la alcances, la soberbia. Soy más que los demás y puedo mirarlos por encima del hombro.

En la medida que no la alcanzas, la simulación. Lo que los demás piensen de mí es más importante que lo que soy realmente. De ahí el afán por exagerar todos los signos externos de religiosidad. Hoy sigue habiendo cristianos que están es esa misma dinámica.

“Vosotros, en cambio...” Aquí tenemos la clave del texto. La nueva comunidad no debe comportarse como los fariseos, sino desde la autenticidad. Esto es lo que quiere dejar claro Mateo. El mensaje central del evangelio consiste en abandonar todo intento de superioridad y entrar en una dinámica de servicio incondicional a los demás. Cuando Juan habla del pecado del mundo, se refiere siempre al oprimir o al dejarse oprimir.

“No os dejéis llamar maestros, no llaméis a nadie padre, no os dejéis llamar jefes”. ¡Qué poco dura lo auténtico! Seguramente ya se empezaba a estructurar la comunidad y ya había, en aquella época, quien quería ser más que los demás. Los seres humanos somos capaces de remover el cielo y la tierra, con tal de justificar el estar pon encima de los demás y de alguna manera someterlos y utilizarlos en beneficio propio.

“El primero entre vosotros será vuestro servidor”. Jesús exige lo que él vivió. El mismo Jesús comenta esto en otro lugar: “lo mismo que el Hijo de hombre no ha venida para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Recordad que cuando Juan dice “dar su vida”, no emplea “zoe” ni “bios”, sino “psiques”. No está hablando de la vida biológica o zoológica, que entregó en la cruz, sino de la vida sicológica (propiamente humana) que pone al servicio de los demás durante su vida biológica.

El que se ensalza se humilla y el que se humilla se ensalza”. Pensamiento clave para entender a Jesús. Siempre que pretendemos estar por encima de los demás, nos deshumanizamos y nos rebajamos como seres humanos, y viceversa.

APLICACIÓN

Sería muy fácil quedarnos en la consideración de lo malos que eran aquellos hipócritas fariseos. O de la reprimenda que les cae hoy a los superiores. Siempre estaremos inclinados a descubrir lo que las Escrituras exigen a los demás. Pero el texto dice: no os dejéis llamar... y no llaméis a nadie... Parece que la advertencia es para todos.

Ciertamente, a primera vista el principal reproche se hace a los superiores. A ello nos empuja también la primera lectura. Sin duda ninguna la jerarquía debería hacer un serio examen de conciencia partiendo de estas palabras del evangelio y de otras que van en la misma dirección, pero los títulos se los damos nosotros: Muy Reverendo Padre Superior, Eminencia Reverendísima, santísimo Padre. Una vez más debemos recordar que Jesús no lanza sus diatribas contra la autoridad, sino contra la autoridad que se ejerce como poder y opresión. El que quiera ser primero que sea el último y el servidor de todos.

La Iglesia empezó muy pronto a organizarse copiando en su estructura el organigrama de las instituciones civiles, sobre todo las del imperio. Lo malo fue que, poco a poco, olvidándose del evangelio, le fue dando más y más importancia al poder como tal, y terminó sacralizándolo, en contra del evangelio. Una vez que entró por esa dinámica, no ha visto la manera de salir de ella.

Desde la Edad Media, se han alzado en todas las épocas voces en contra de la estructura de poder (jerarquía) de la Iglesia Romana. Muchos vieron la necesidad de reformarla, pero nadie ha sido capaz de emprender con éxito esa renovación. Juan Pablo I lo anunció, pero no vivió para realizarla. El poder absoluto corrompe absolutamente. Y no hay poder más absoluto que el que se ejerce en nombre de Dios.

El domingo pasado hablábamos del peligro de las instituciones, porque no pueden dar lo que verdaderamente pidió Jesús: el amor. Las instituciones son imprescindibles, porque el ser humano es un ser social, y para vivir en sociedad hay que organizarse. Lo que no podemos consentir es que la institución se considere fin en sí misma. Todas tienen que estar al servicio del hombre.

Una sola persona debe estar siempre por encima de cualquier institución, aunque sea la sacrosanta institución eclesial. Todas las agrupaciones humanas deben ser medios para que el ser humano pueda alcanzar más fácilmente su plenitud.

Pero estaríamos completamente equivocados si creyésemos que toda la culpa la tienen los superiores. Un examen cuidadoso de la sicología humana, nos llevará a descubrir, que somos los inferiores los que tendemos a buscar el refugio de otras personas en las que depositamos la confianza para encontrar seguridad, a cambio de que nos liberen de las responsa­bilidades más acuciantes y más comprometidas, aunque eso suponga un cierto grado de sumisión.

Aparentemente la carga de que me libero, es mayor de la que supone la sumisión. Esta es la trampa, porque actuando de esta manera renunciamos a la libertad, sin la cual no puede haber persona humana, y renunciamos al compromiso, sin el cual no hay crecimiento.

Obedecer órdenes no garantiza el cumplimiento de la voluntad de Dios. Ser fiel a Dios es ser fiel a ti mismo, a tu auténtico ser. Lo que Dios quiere de ti, te lo está diciendo Él desde dentro de ti mismo.

Entre Dios y tú no puede haber intermediarios. Todo el que quiera doblegar tu voluntad en nombre de Dios, te está engañando. Es verdad que nunca podremos alcanzar la plenitud en soledad, pero los demás, todos los demás, tienen que ayudarme a descubrir el camino de esa plenitud, mostrándome la posibilidad de alcanzarla o los errores que me lo puedan impedir.


Meditación-contemplación


No llaméis a nadie… No os dejéis llamar…
En el orden espiritual, nadie es más que nadie.
Todo lo que somos se lo debemos a Dios
y Dios da a todos lo mismo porque se da Él mismo.
…………….

No quiere decir que no nos necesitemos unos a otros.
Sin ayuda yo no llegaría a ninguna parte.
La energía para caminar ya la tengo.
Falta saber en qué dirección tengo que orientar mis pasos.
…………….

Sólo el que ha subido antes a la cumbre
Estará en condiciones de mostrarme las dificultades del camino.
Siempre que el objetivo sea llegar a la cumbre,
y no hacerte dar vueltas para provocar tu dependencia.
………………..


Fray Marcos

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El primero entre vosotros será vuestro servidor: XXXI Domingo del T.O. (Mt 23,1-12) - Ciclo A



Jesús ahora habla con los discípulos y les dice que no hagan las cosas para que la gente las vea, sino que hagan las cosas de corazón, porque las sienten, y no para quedar bien.
Porque Jesús nos dice que decir y no hacer es de personas poco auténticas.. Exigir a los demás y no exigirse a uno mismo no está bien, no es coherente.
Jesús nos invita a hacer el bién a los demás en lo escondido, es decir, que no hace falta que todo el mundo se entere de lo que hacemos por ayudar a los demás. Lo importante es que como cristianos hagamos el bien entre nuestro amigos, compañeros de cole, en nuestra familia, en el barrio o pueblo en el que vivo...


Coomo dice el Evangelio de hoy:

“El primero entre vosotros será vuestro servidor”.
● ¿Eres de los que hacen el bien a los demás sin necesidad de que todo el mundo se entere? ¿Te gusta ayudar a los demás?

● Los cristianos... ¿podemos decir una cosa, pero después hacer justo lo contrario de lo que hemos dicho? ¿Puede ser distinto lo que decimos de los que hacemos o de lo que sentimos?

● Es momento de compromiso. toma una decisión, y esta semana que viene, haz algo bueno por un compañero de clase, por un amigo, por alguien de tu familia, y hazlo "en lo escondido", sin necesidad de que todo el mundo lo sepa.
QUIERO SER SERVIDOR DE TODOS
Jesús,
tu me enseñas
que para seguir tus pasos
hay que servir a los demás.
Ayúdame
a ser servicial,
a preocuparme por los demás,
a vivir pensando en ellos.
Enséñame a ayudar
a ser generoso y abierto,
a estar siempre dispuesto
para dar una mano.
Quiero dar muchos frutos
de buenas acciones.
Quiero ser solidario
y amar a los demás
con gestos, hechos y actitudes,
no sólo con palabras.
Ayuda a que mi semilla pueda dar
muchos frutos de cosas buenas.

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XXXI Domingo del T.O. (Mt 23,1-12) - Ciclo A: De apropiaciones y despojos


Publicado por De todos los Días

Nos gusta mucho la pompa y el boato: nos aferramos con fruición a lo multitudinario, es decir, se nos ha vuelto imprescindible las ansias de mostrar y demostrar/nos que cuando nos reunimos somos muchos, muchísimos, y acumulamos una fuerza compacta y demoledora de nuestros enemigos.
Es claro de que no se trata de denostar esa necesidad de pertenencia e identidad; sin embargo, es menester recobrar la identidad evangélica, el carisma de Buena Nueva de Jesús de Nazareth que a través de la historia nos hemos esforzado con denuedo en desdibujar y disfrazar a través de juiciosos razonamientos, la apropiación de la Palabra por unos pocos en aras de la ortodoxia, justificando cuestiones que lejos están del espíritu del Reino.

Podemos caer en una tentación cuando leemos la Palabra para el día de hoy: la de volvernos hijos perpetuos de la crítica inmisericorde, vacía de compasión en una postura anárquica y cuasi adolescente que juzga con dureza a la jerarquía por la jerarquía misma.
Sin embargo la Buena Noticia no puede alambrarse ni acorralarse en determinados parámetros de exclusividad.

La interpelación vá dirigida a los apropiadores de toda la historia, los pasados, los presentes y los que se están formando y preparando en el detentar el poder religioso en desmedro de sus hermanos.
Esta interpelación se nos puede hacer ingenua, y adquirir ciertos visos románticos o utópicos ¿acaso podremos sobrevivir sin jerarquías ni estratificaciones eclesiásticas claramente definidas?

Habrá que animarse a la santa locura del Reino que nos ofrece nuevamente -a diario- el Resucitado, esa ilógica que más allá de todo razonamiento nos dice que la felicidad radica en despojarse de lo inútil, de lo que perece para dejar espacios a lo trascendente y eterno, a despreocuparnos de títulos y prebendas y recuperar lo verdaderamente valiosos de nuestra identidad primera, y que es el servicio, la entrega generosa y desinteresada.

Volverse hermanos como nos insiste el Maestro, y aunque en apariencia signifique ir a contramano de toda costumbre, tradición y razonabilidad, implica que los pequeños y los que nadie escucha son el centro de la atención de toda comunidad, y que no hay tarea más urgente que la de aliviar tantos hombros cansados de cargas que se han impuesto con puntillosa exactitud; entonces sí, tal vez, podamos comenzar a descubrir que eso que llamamos Iglesia es una familia grande de hermanos y amigos, en donde los primeros son los que han negado fervorosamente a sí mismos para que el otro viva, una Iglesia en donde todos cuentan y en donde los primeros son los que han sido abandonados y olvidados a un costado del camino

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sábado 29 de octubre de 2011

Palabra para la Misión: La Misión como experiencia de fraternidad


Domingo XXXI del T. O. / Por EUNTES
Año A - Domingo 30.10.2011

Malaquías 1,14-2,1-2.8-10 / Salmo 130 / 1Tesalonicenses 2,7-9.13
Mateo 23,1-12

Reflexiones

La creciente tensión entre escribas y fariseos aliados contra Jesús está llegando al punto de fractura, que culminará en la pasión y muerte del Mesías. Dan prueba de ello los pasajes del Evangelio de hoy y de los domingos anteriores, con los repetidos choques y preguntas insidiosas. Tras múltiples llamados al culto autentico, a la conversión del corazón y de las costumbres, Jesús (Evangelio) desenmascara la hipocresía de los escribas y fariseos “porque ellos no hacen lo que dicen” (v. 3). Aun reconociendo su autoridad (“cumplan lo que les digan…”), Jesús denuncia su ansia de poder (cargan fardos pesados en los hombros de la gente, v. 4), y pone en evidencia su vanidad en buscar los primeros puestos, saludos y elogios (v. 5-7). Jesús enseña a sus discípulos que el título de Padre compete solo al Padre del cielo, y que el título de Maestro-Señor corresponde solo a Cristo. Los únicos títulos de honor que competen a los discípulos son los de: hijo, hermano, servidor: “Todos ustedes son hermanos” (v. 8); “el primero entre ustedes será su servidor” (v. 11).

Solo Dios es grande; todos nosotros somos hijas/hijos de un único Padre y Creador, como lo enseña hoy también el profeta Malaquías (I lectura): “¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado a todos un mismo Dios? ¿Por qué, pues, el hombre traiciona a su hermano?” (v. 10). Dios nos confía una responsabilidad sobre los hermanos (‘¿dónde está Abel, tu hermano?’) y rechaza la perfidia de quien contesta: “¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?” (Gn 4,9). La verdadera grandeza de una persona consiste en reconocerse hijo del Padre del cielo, hermano/hermana de todos, servidor de los demás, por amor. Como Jesús, que se hecho hermano y siervo. Recuerdo la convicción y el gozo interior de un compañero de misión que solía decir: ‘Nunca me he sentido tan grande como cuando me he sentido hermano’.

El que hace experiencia de fraternidad siente una responsabilidad misionera específica y tiene un estilo peculiar de evangelizar: siente la urgencia de comunicar a otros la buena noticia de Cristo, comparte los bienes espirituales y materiales, sabe valorar la diversidad de dones que el Padre distribuye a cada uno, ayuda a todos a superar fronteras, ideologías, divisiones de raza, casta, clases sociales... Por eso, Juan Pablo II define al misionero como el hermano universal, subrayando esta característica de la espiritualidad misionera. (*) Vivir la fraternidad hacia todos es una urgencia en muchos lugares donde se desarrollan actividades misioneras, dada la frecuencia de conflictos y la necesidad de reconciliación.
El Beato Carlos De Foucauld (1858-1916) ha dejado un espléndido testimonio misionero vivido bajo el signo de la fraternidad universal. Optó por vivir los últimos años en el desierto argelino del Sahara, primero en Beni Abbès y luego en Tamanrasset entre los Tuaregs del Hoggar. Una vida de oración, meditación de la Sagrada Escritura, adoración eucarística, acogida y escucha de los beduinos de paso, con el incesante deseo de ser, para cada persona, el hermano universal, viva imagen del Amor de Jesús. “Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: Si tal es el servidor, ¿cómo entonces será el Maestro? Quiso gritar el Evangelio con su vida. Al atardecer del 1° de diciembre de 1916 fue matado por una banda de predadores de paso.

En la fiesta del DOMUND del domingo pasado, hemos recordado que el anuncio del Evangelio constituye el primero y el más positivo servicio que la Iglesia puede brindar a la humanidad. Los misioneros son servidores y portadores de este mensaje. Que tiene como destinatarios a todos los pueblos. San Pablo (II lectura) marca el estilo de la misión: con humildad y la conciencia de que el mensaje es más grande que nosotros, “como Palabra de Dios” (v. 13); con entrega total y ternura de una madre (v. 7-8); trabajando día y noche (v. 9); anunciando el Evangelio con gozo y libertad de corazón; involucrando a todos para que tomen parte activa en la más noble aventura por Cristo. Con espíritu de fraterna colaboración, como lo sugiere también un proverbio africano de Burkina Faso: “Si las hormigas se ponen de acuerdo, logran transportar un elefante”. La tarea es exigente, pero posible y necesaria.


Palabra del Papa

(*) “El misionero es el hombre de la caridad: para poder anunciar a todo hombre que es amado por Dios y que él mismo puede amar, debe dar testimonio de caridad para con todos, gastando la vida por el prójimo. El misionero es el hermano universal; lleva consigo el espíritu de la Iglesia, su apertura y atención a todos los pueblos y a todos los hombres, particularmente a los más pequeños y pobres. En cuanto tal, supera las fronteras y las divisiones de raza, casta e ideología: es signo del amor de Dios en el mundo, que es amor sin exclusión ni preferencia”.

Juan Pablo II
Encíclica Redemptoris Missio, (1990), n. 89

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 30/10: B. Alejo Zaryckyj (1912-1963), sacerdote greco-católico de Ucrania, que murió mártir en un campo de concentración en Dolinka, en Kazajistán.
- 1/11: “Solemnidad de Todos los Santos que viven con Cristo en la gloria”, donde continúan ejerciendo el servicio misionero de intercesión en favor de la familia humana.
- 2/11: Día de oración por todos los difuntos. - Día de los antepasados.
- 3/11: S. Ermengaudio, obispo de Seu d’Urgell (+1035), uno de los grandes evangelizadores españoles en las tierras rescatadas después de las invasiones de los moros.
- 3/11: S. Martín de Porres (1579-1639), mulato que vivió en Lima (Perú), acogido como hermano lego en el Convento de Santo Domingo; portero, enfermero, hombre de oración, austeridad y caridad.
- 4/11: S. Carlos Borromeo (1538-1584), arzobispo de Milán, hombre de doctrina y caridad; organizó sínodos y seminarios para la formación del clero y promovió la vida cristiana mediante asiduas visitas pastorales.
- 5/11: S. Guido María Conforti (1865-1931), obispo de Parma, animador del espíritu misionero en la comunidad eclesial, fundador de los Misioneros Javerianos.

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Evangelio Misionero del Día: 30 de Octubre de 2011 - XXXI Domingo del T.O - CICLO A

No busquen en lo alto a quién está en los pequeños

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 23, 1-12

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:

Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar "mi maestro" por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar "maestro", porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen "padre", porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco "doctores", porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
El mayor entre ustedes será el que los sirve, porque el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.

Compartiendo la Palabra
Por José Antonio Pagola

ES RESPONSABILIDAD MÍA

No son pocos los que se han alejado de la fe escandalizados o decepcionados por la actuación de una Iglesia que, según ellos, no es fiel al evangelio, ni actúa en coherencia con lo que predica.
También Jesús criticó con fuerza a los dirigentes religiosos: «No hacen lo que dicen». Sólo que Jesús no se quedó ahí. Siguió buscando y llamando a todos a una vida más digna y responsable ante Dios.
A lo largo de los años también yo he podido conocer, incluso de cerca, actuaciones de la Iglesia poco coherentes con el evangelio. A veces me han escandalizado, otras me han hecho daño, casi siempre me han llenado de pena. Hoy, sin embargo, comprendo mejor que nunca que la mediocridad de la Iglesia no justifica la mediocridad de mi fe.
La Iglesia tendrá que cambiar mucho, pero lo importante es que cada uno reavivemos nuestra fe, que aprendamos a creer de manera diferente, que no vivamos eludiendo a Dios, que sigamos con honestidad las llamadas de la propia conciencia, que cambie nuestra manera de mirar la vida, que descubramos lo esencial del evangelio y lo vivamos con gozo.
La Iglesia tendrá que superar sus inercias y miedos para encarnar el evangelio en la sociedad moderna, pero cada uno hemos de descubrir que hoy se puede seguir a Cristo con más verdad que nunca, sin falsos apoyos sociales y sin rutinas religiosas. Cada uno ha de aprender a vivir de manera evangélica el trabajo y el erotismo, la actividad y el silencio, sin dejarse modelar por la sociedad y sin perder su identidad cristiana en la frivolidad moderna.
La Iglesia tendrá que revisar a fondo su fidelidad a Cristo, pero cada uno ha de verificar la calidad de su adhesión a él. Cada uno ha de apreciar y cuidar su fe en el Dios revelado en Jesús. El pecado y las miserias de la institución eclesial no me dispensan ni me desresponsabilizan de nada.
La decisión de abrirme a Dios o de rechazarlo es sólo mía.
La Iglesia tendrá que despertar su confianza y liberarse de cobardías y recelos que le impiden contagiar esperanza en el mundo actual, pero cada uno es responsable de su alegría interior. Cada uno ha de alimentar su esperanza acudiendo a la verdadera fuente.

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Palabra de Misión: Que haya hermanos / Trigésimoprimero Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A – Mt. 23, 1-12 / 30.11.11



El de hoy es un texto crítico. Criticar es dar una opinión personal sobre algún tema. Etimológicamente, crítica proviene del griego krino (discernimiento), que procede a su vez de krinein (separar). Cuando se realiza una crítica, no se está remarcando lo malo exclusivamente, sino que se está opinando con discernimiento, separando lo rescatable de lo desechable, lo que sirve de lo que no sirve, lo elogiable de lo detestable. El de hoy, por supuesto, es un texto crítico. Jesús hace una crítica a los escribas y fariseos. Marcos tiene una pequeña referencia que podría ponerse en paralelo (cf. Mc. 12, 38-40), referida sólo a los escribas. Lucas también la conserva en Lc. 20, 45-47. Ambos paralelos están situados, cronológicamente, sobre el final de la vida de Jesús, coincidiendo con el texto que leemos este domingo perteneciente a Mateo. Pero además, Lucas tiene otro texto que es mucho más similar a Mt. 23, 1-12, aunque con dos notables diferencias: se ubica en el capítulo 11, casi a la mitad del libro, y separa las críticas a los fariseos de las críticas a los escribas. Mateo parece responder a una necesidad histórica de su comunidad unificando escribas con fariseos. Tras la caída de Jerusalén en el año 70 d.C., el farisaísmo se hace con el control del judaísmo y los escribas vienen a ser el fundamento teológico-exegético de este judaísmo fariseo. En la época de Jesús, entre los fariseos no existían muchos escribas, sino que más bien se trataba de comerciantes, artesanos y campesinos que decidían consagrarse voluntariamente a una forma de vida sumamente estricta respecto a las leyes de pureza/impureza y respecto a las prescripciones de la Torá. En esto parece más preciso Lucas que separa la crítica a los fariseos (cf. Lc. 11, 39-44) de la crítica a los escribas (cf. Lc. 11, 46-52). A los primeros les remarca la hipocresía, la forma de vida estereotipada que busca el aplauso humano. A los segundos su aire de superioridad, de estar por encima del pueblo interpretando la Palabra y haciéndolo a su antojo, para su propia conveniencia, sin reconocer que el Espíritu (Sabiduría) es el que habla, no la ciencia. El fragmento real, en el Evangelio según Mateo, se extiende hasta el versículo 35 por lo menos, con ayes y palabras cada vez más agresivas. La liturgia católica ha decidido detenerse en el versículo 12.

Mateo, haciendo actualización de Jesús para su comunidad presente, sabe que la crítica de Jesús no es sólo para escribas, ni sólo para fariseos. La crítica no es sólo para los que se declaran judíos. Es una crítica universal y atemporal para todos los que, de manera hipócrita, hacen de la religión un teatro, y para todos los que esgrimen ciencia teológica intentando validar posiciones propias antes que la posición de Dios. Mateo sabe que la crítica de Jesús llega hasta su comunidad eclesial, hasta él mismo. Lo que los escribas y fariseos hacen es lo que los cristianos también hacen, porque la tentación trasciende los límites de la denominación religiosa. Hay un error repetitivo en la historia religiosa: el olvido del servicio al ser humano. Cuando la religión (cualquiera que esta sea) se olvida del hermano, del prójimo, pierde su razón de ser, su conectividad con lo sobrenatural. La religión no está en el mundo para autoensalzarse. La religión está para mejorar el mundo, para cambiarlo en un camino de plenitud. Cuando los dirigentes religiosos pierden este rumbo, desfiguran a Dios. Crean una imagen divina acorde a sus intereses, predican esa imagen y falsean al Dios verdadero. Eso le molesta a Jesús. Gran parte de su misión está centrada en acercar al pueblo la imagen más perfecta y verdadera del Padre, su amor, su misericordia. En esta misión de revelación, se ve obligado a criticar a quienes deforman a Dios presentándolo con características que, en realidad, le son ajenas. Por eso es una crítica que sirve para hoy, y servirá para mañana, y sirvió para la comunidad mateana que, lentamente, iba configurando un Dios a su imagen y semejanza.

La crítica comienza con una afirmación: los escribas y fariseos se sientan en la cátedra de Moisés. Las cátedras son asientos, los principales de la sinagoga, desde donde se imparte la instrucción. Por lo tanto, es un lugar de poder. Quien ocupa la cátedra es el que explica las Escrituras, el que tiene dominio sobre la Palabra. Históricamente, no es tan correcto asociar a los fariseos a la cátedra de Moisés, sino más bien a los escribas, estudiosos de la Ley. Es posible escucharlos, pero no tomarlos como ejemplo. Puede que ciertas interpretaciones que hacen sean correctas, sin embargo, su vida, su praxis, no se condice con lo que dicen. En la visión de Jesús, eso es un problema de autoridad. ¿Cómo creerle y aprender de alguien que disocia su vida de sus palabras? La coherencia de Jesús los confronta: habla de la Palabra y vive la Palabra con una radicalidad que da consistencia a su proclamación del Reino. Por esa vivencia en carne propia, no ata pesadas cargas sobre los demás. Estas cargas son las prescripciones/interpretaciones que los escribas y fariseos hacían sobre la Ley. Todo ese detalle y rigorismo respecto a lo que se pude y lo que no se puede hacer, tiene otra perspectiva en Jesús, que ofrece un yugo suave y ligero (cf. Mt. 11, 30). Los escribas y fariseos han fabricado una complicada red que se vuelve pesada, que oprime. Jesús ha resumido la Ley en el mandamiento de amar a Dios y amar al prójimo (cf. Mt. 22, 37-40), haciendo de la Ley una posibilidad de liberación en el amor. Por eso no puede avalar las imbricadas vueltas y volteretas tejidas alrededor de la Palabra de Dios. Eso también es una manera de falsear al Padre, de hacerlo inaccesible. ¿Y para qué? Para privatizarlo, para que sólo sea propiedad de una élite, de manera que este grupo sea reconocido. Este es el sentido de las filacterias agrandadas. Las filacterias eran envolturas de cuero que llevaban en su interior fragmentos de la Torá y que los fariseos se ataban al brazo izquierdo y a la frente, según la tradición de pasajes como Ex. 13, 9.16; Dt. 6, 8 y Dt. 11, 18, que hablan de llevar la Palabra del Señor siempre presente, en el corazón, atada a las manos y como marca sobre la frente. Del mismo modo, según Nm. 15, 38-39, los flecos en los mantos tienen la función de recordar al israelita los mandamientos para que sean cumplidos. Las filacterias y los flecos tienen una función hacia dentro, hacia el que los lleva, para que recuerde que hay una Palabra divina pronunciada y que debe actuar en consecuencia; Jesús critica el uso hacia fuera, el uso demostrativo, teatral, que busca reconocimiento externo. Eso no es lo que pide la Ley, ni tampoco es el espíritu de la tradición. Jesús ya se había referido al peligro de hacer las cosas para ser vistos (cf. Mt. 6, 1-18). Es el peligro del amor propio que desplaza los otros dos amores principales: a Dios y al prójimo.

Haciendo el salto cronológico hacia su comunidad, Mateo introduce una recomendación para los cristianos. Los discípulos también corren el riesgo de todas las religiones. Por eso deberían ser radicales en su organización. La comunidad mateana (en Antioquia, quizás) parece haber contado con varios ministerios (profetas, sabios, escribas, según Mt. 23, 34), lo que habla de un estadio avanzado institucional. Seguramente, algunos de los ministros comenzaron a pretender ciertos honores desprendidos de su rol. Algunos habrían pedido ser reconocidos como maestros, y tener la estima que se tiene a los rabinos. Otros pedirían ser llamados padre, quizás por su condición de ancianos de la comunidad o directores generales. Mateo cree que eso debe extirparse raíz. A nadie debe llamársele maestro (rabí según la versión original), porque Maestro hay uno solo. El uso de rabí no era exclusivo de los rabinos maestros de la Ley en el siglo I d.C., sino que se aplicaba a otras personalidades. Lo mismo sucedía con padre (pater en el original), que podía aplicarse en la familia, en religión para los dirigentes y hasta para el emperador romano, considerado padre de Roma, padre de la patria y padre del mundo entero. Pues bien, nadie debería recibir ese título, porque es propiedad de Dios. Para ser llamado padre en la tierra hay que tener el mismo corazón que el Padre celestial. Finalmente, el tercer título a desterrar es el de kathegetes (doctor para varias traducciones, instructor para otras, preceptor en algunas más). Lo llamativo de esta frase es que incluye una autoreferencia de Jesús a sí mismo como Mesías, lo que lleva a cuestionar la originalidad histórica del dicho, haciéndolo muy probablemente redaccional, ya que Jesús fue reacio a designarse como el Mesías esperado por el judaísmo. De todas maneras, la intención es la misma: una comunidad eclesial sin títulos honoríficos.



¿Es posible? ¿Podríamos tener una Iglesia sin títulos? ¿O ya es demasiado tarde y los títulos son parte de nuestro acervo dogmático? Quizás no sea la solución adecuada, pero Mateo parecía considerar oportuno desterrar los títulos. Que abunden los ministerios, que haya profetas y sabios, que florezcan los carismas, pero que nadie obtenga beneficio de ello, más que la comunidad entera. Que los maestros enseñen sin esperar el reconocimiento, que los profetas profeticen sin añorar una devolución, que los sabios estudien y disciernan sin tener mejor lugar en la asamblea. Que los mejores lugares y los honores sean para los hermanos más pequeños, para los frágiles, para los pobres. Mateo propone una Iglesia deshonrada, sin motivo de orgullo mundano. Una Iglesia desentendida de las pirámides sociales jerárquicas. ¿Es posible? Con nuestra organización eclesial actual nos parece un disparate. Y es que, como buenos fariseos, hemos construido un entretejido de justificativos alrededor de nuestra organización interna. Tenemos justificaciones sacrales, bíblicas y de curioso respeto. Damos el primer asiento a los dirigentes, no al pobre, pero nos justificamos. Damos la palabra a los científicos de la Biblia que han estudiado en reconocidas universidades, pero no escuchamos al profeta de barrio. Damos primacía a la parafernalia, al teatro religioso, a las grandes multitudes concentradas para peregrinar, pero poco se dice de las comunidades reunidas en las casas, en los salones comunitarios, siendo apenas un puñado. Ustedes no sean así dice Jesús. Que no haya jefes ni mejores ni dueños de nada: que haya hermanos.

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Homilías y Reflexiones para el XXXI Domingo del T.O. (Mt 23,1-12) - Ciclo A


Publicado por Iglesia que Camina

ESCRIBIR CON LA MANO Y BORRAR CON EL CODO

“Haced lo que dicen”, pero no seáis como ellos. Una frase bien comprometedora para todos porque para todos resulta serio que nuestras vidas estén en desacuerdo con lo que predicamos o decimos, que nuestra vida “desmienta” nuestras palabras. Porque entonces sólo habla la lengua, pero no la vida. “Borramos con el codo lo que escribe la mano.”
De los laicos se habla mucho, de la separación entre “fe y vida”. Otro tanto se pudiera decir de los pastores. No sé si separación entre “fe y vida” o, al menos, entre “palabra y vida”. Que en otros términos, viene a decir incoherencia y falta de autenticidad.

¿Qué incoherencias establece Jesús? Muchas, pero fundamentalmente las siguientes:

“No hacen lo que dicen.” Es decir “no viven lo que predican”. Acusación seria, que no obliga a todos, pastores, padres de familia, educadores, a la revisión de nuestras vidas.
“Cargan fardos pesados a la gente.” Somos muy exigentes con los demás. Una exigencia, por otra parte, que crea esclavitudes y no hombres y mujeres libres. Eso es utilizar a los otros, mientras nosotros, no movemos “un dedo para empujar”.
“Exhibicionismo.” “Alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto.” El exhibicionismo no pasa de ser un figuretismo delante de los demás.
“Buscan los primeros puestos.” Algo que atenta frontalmente contra el sentido del Evangelio que nos pide “ser servidores y no servidos”, “ocupar el último lugar”.

Jesús es muy claro en cuál tiene que ser la realidad del Reino. Aquí no hay títulos que nos hagan ser más que los otros. Por eso no hay “maestros”, ni “señores” ni “consejeros”. Lo único que Jesús quiere para su Reino es que “todos seamos hermanos”. Comunidad de fraternidad. Comunidad familiar. Alguien escribió algo que, personalmente, me agradó: “Nosotros los sacerdotes no hacemos hijos sino hermanos.” Hacemos “hijos de Dios” por el Bautismo, pero todo el resto debe ser una “fraternidad”. Nuestra misión es lograr una Iglesia fraterna. Nacidos de un mismo bautismo, tenemos un solo Padre que es Dios. La universalidad de la paternidad divina tiene que engendrar una “fraternidad universal”.

Los pastores estamos llamados a servir “a todos”. Estamos llamados a trabajar “para” todos y, como todos somos hermanos, estamos llamados a trabajar “con” todos. Algo que San Agustín expresaba con aquella frase: “Para vosotros soy Obispo, pero con vosotros soy cristiano.”




LO BUENO NO ESTÁ EN LO PESADO

A veces me quedo pensando en la mentalidad de la gente. Muchos me dicen: “Padre, yo no hago nada, porque lo que hago lo hago a gusto, a mí no me cuesta.” Mi respuesta es: “Pues, te felicito.” Entonces me insisten: “¿Pero y qué valor tiene si no me cuesta hacerlo?”

Diera la impresión de que para que algo agrade a Dios tiene que ser difícil, pesado, duro, doloroso.

Jesús va por otros caminos: “No echéis cargas pesadas sobre los hombros de los demás.” Por el contrario, critica a quienes cargan fardos pesados sobre los otros. ¿Por qué lo bueno tiene que ser siempre doloroso? Hay cosas sencillas que hacemos y las hacemos con alegría y son muy del agrado del Señor.

No es el sufrimiento lo que le agrada a Dios, sino la alegría con que hacemos las cosas.
No es lo pesado que encorva a los demás, sino “mi carga que es ligera y mi yugo es suave”.

Por eso ataca a quienes, sintiéndose superiores, prefieren caminar a caballo y látigo como señores, les gusta ver a los demás como esclavos cargados y encorvados bajo el peso de su esclavitud.

No es cuestión de sufrimiento, es cuestión de amor, es cuestión de alegría y de generosidad, es cuestión de libertad. ¿Qué lo que haces lo haces a gusto? Da gracias a Dios. Dios mira esa generosidad de tu corazón y no la pesa en la balanza. Dios no es como cuando viajas que al confirmar tu boleto te pesan la maleta y te cobran el exceso de kilos.





NO TE HAGAS MALA SANGRE

¿Que estás aburrido? El aburrimiento es la voz del vacío del corazón. Llena tu corazón y verás que el aburrimiento es el vacío que tú tenías que llenar.

¿Que te sientes aburrido cuando estás solo? ¿Pero alguna vez estás solo realmente? Te olvidas que alguien te habita por dentro. Mira un poco más lo que llevas dentro y te darás cuenta que Él estaba ahí. Tal vez callado porque nadie le dirigía la palabra, pero ahí estaba escuchando tu propia soledad.

¿Que te sientes aburrido en casa? ¿No te das cuenta cuántos están esperando una palabra tuya, una sonrisa? Regálale una sonrisa a tu esposa, a tu marido. Obséquiales una palabra a tus hijos. ¿Todavía sigues aburrido?

Dices: "Los demás no reconocen lo que hago por ellos." ¿Recuerdas a los diez leprosos? Sólo uno volvió a darle gracias a Jesús. ¿Y los otros nueve? Sin embargo, quedaron curados lo mismo. Lo que importa es hacer el bien.

Dices: "Estoy harto de ser siempre yo quien ceda en todo." Pues, mira, ¿te imaginas las veces que Dios ha tenido que ceder para aguantarte a ti, las veces que ha tenido que ceder ante tu libertad? Fíjate que Dios no está todavía harto de ti. Te aguantará cuantas veces sea necesario.

Dices: "¿No tengo también yo derecho al descanso?" Derecho, no; tienes obligación de descansar. Para ello, Dios te ha regalado al menos un día entero a la semana, el domingo. ¿Ya descansas ese día?

Dices: "Uno ya no puede tener fe en nadie." Claro, te engañan hasta los amigos. Pues, sí, es posible que hasta los amigos te engañen. ¿Por qué no haces como Dios? Sabe que queremos engañarlo con nuestros cuentitos y Él no se los cree. Sabe que en el fondo somos buenos chicos.




CONSEJOS BARATOS

En vez de obligar a los demás, procura hacerlo tú mismo.
En vez de mandar gritando, díselo con amabilidad.
En vez de mandar a los demás lo más difícil, eso lo dejas para ti y a ellos encomiéndales lo más fácil.
En vez de hacer esclavos, hazlos a todos libres.
En vez de ser tú el Señor, hazlos señores a los demás.
En vez de ser exigente con los otros, exígete a ti mismo.
En vez de ser duro con los otros, trata de comprenderlos.
En vez de ser intransigente con ello, ponte en su lugar.
En vez de aprovecharte de los demás, deja que se aprovechen de ti.
En vez de servirte de los demás, sé tú servidor de ellos.
En vez de utilizarlos a los demás, déjate utilizar a ti mismo.
En vez de sentirse dueño de los otros, déjales que cada uno sea dueño de sí mismo.
En vez de ser el amor, conviértelos en amos tuyos.
En vez de ponerles cara de tranca a los demás, sonríeles amablemente.
En vez de amargar a los demás, hazles sentir la dulzura de tu corazón.
En vez de que te tengan miedo, procuran que tengan confianza en ti.
En vez de hacer que se alejen de ti, haz que se sientan atraídos por ti.
En vez de asustar a los demás con gritos, acércalos con tu sonrisa.

¿Verdad que son baratos?
No cuestan nada ni suben de precio.
¡Cuánto nos ayudaría a cambiar nuestras relaciones familiares, sociales y laborales y eclesiales?





CORRE O AL MENOS CAMINA

Para correr bien hay que despojarse de toda la ropa inútil que estorba. Jesús dijo: "Deja todo lo que tienes, dáselo a los pobres, ven y sígueme." Es difícil seguirle cargados con todo lo que tenemos.

Para correr bien hay que entrenarse, someterse a disciplina. Para ser cristiano de verdad necesitas la disciplina de la fe, el ejercicio de la caridad y el entrenamiento de la esperanza.

Si no puedes correr, camina, anda. Todo menos quedarte sentado a la vera del camino mirando cómo corren los demás. Llega, aunque no seas el primero, pero llega a la meta.

Si no puedes correr al ritmo de los demás, no importa. Tú corre al ritmo que Dios quiere de ti. Así siempre llegarás al final.

Para competir se prohíbe el doping, pero nadie te prohíbe que refuerces tus fuerzas y energías con una gran dosis de confianza y esperanza en Dios.
El camino no se hace en un día.
Sí caminando todos los días.
Recorre cada día lo del día.
No dejes lo de hoy para mañana.
Mañana sería demasiada tarea.

Cuando no puedas más, cuando ya te sientas cansado y derrotado, aún no estás vencido. Todavía queda Dios para hacer posible lo que tú solo no puedes.

Cuando hayas corrido la etapa de este día, no pienses que se ha terminado el camino. Mañana hay una nueva etapa. Tú la puedes ganar.

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XXXI Domingo del T.O. (Mt 23,1-12) - Ciclo A: Actitudes humanas



v. 1. Para empezar, Jesús no se dirige a letrados y fariseos, sino a la gente y a sus discípulos. Su denuncia pretende abrirles los ojos para que conozcan la calidad de los que se proclaman maes­tros y se liberen de su yugo.

v. 2. En Dt 18,15.18 se anunciaban profetas como los sucesores de Moisés. El puesto de los profetas lo han tomado los doctores de la Ley y sus observantes. Se ha sustituido la referencia a Dios, propia de los profetas, por la referencia a Un código minuciosa­mente comentado e interpretado, que ahoga al hombre en la ca­suística. Recuérdense los 613 mandamientos que se distinguían en la Ley, todos obligatorios por igual.


v. 3. Los puntos suspensivos indican la ironía de la frase. El segundo miembro neutraliza al primero, pues nadie hace caso de maestros sabiendo que son hipócritas. Esta interpretación se con­firma por el hecho de que Jesús ataca no sólo la conducta, sino también la doctrina de los fariseos (15,6-9.14; 16,12; 23,13.15.16-22). No puede, por tanto, estar recomendando que hagan lo que dicen.

v. 4. «Los fardos pesados» se oponen a «la carga ligera» de Je­sús (11,30). La doctrina propuesta por los letrados es una carga insoportable. Es más, ellos, que la proponen como obligatoria, no ayudan en nada a su observancia, se desentienden de los que ten­drían que observarlas. No pretenden, por tanto, ayudar a los hom­bres, sino dominar por medio de su doctrina.

v. 5. «Se ponen distintivos ostentosos», lit. «ensanchan sus filac­terias». Este término significa «medio de protección» contra el mal, y en el contexto judío, probablemente «medio de custodian conservar en la memoria» la ley de Moisés; consistían en unos colgantes que llevaban escritos ciertos pasajes de la Ley (Dt 11,13-22; 6,4-9; Ex 13,11-16.2-10) y eran el cumplimiento material de Ex

13,9.16; Dt 6,8; 11,18 («meteos estas palabras mías en el corazón y en el alma, atadlas a la muñeca como un signo, ponedlas de señal en vuestra frente»). Se colgaban en la frente y en la muñeca los días de trabajo para la oración de la mañana y se pronunciaba una bendición a Dios. Los fariseos devotos las llevaban puestas todo el día, y más grandes de lo ordinario, para ostentar su fidelidad a la Ley.

No existe equivalente exacto en nuestra cultura, lo más aproximado serían los distintivos ostentosos de la propia piedad o consagración a Dios. La traducción más cercana al original será: «se cuelgan amuletos anchos/insignias/distintivos ostentosos»; el objetivo de aquella exhibición ha de ser explicado.

vv. 7-8. «Señor mío», «monseñor», significado de «rabbí» en la época de Jesús; era título dado a los maestros eminentes de la Ley. De ordinario se traduce «maestro», pero en este texto, donde Mt opone el término hebreo al griego, es mejor conservarle su sentido de título.

Aunque el texto no lo indica, estas palabras de Jesús están dirigidas a sus discípulos. Jesús insiste en la igualdad entre los suyos. Nadie de su comunidad tiene derecho a rango O privilegio; nadie depende de otro para la doctrina: el único maestro es Jesús mismo: todos los cristianos son «hermanos», iguales. De hecho es Jesús solo quien puede revelar al hombre el ser del Padre (11,27). Esta es la verdadera enseñanza, que consiste en la experiencia que procura el Espíritu. Esto indica que en su comunidad lo único que tiene vigencia es lo que procede de él, que nadie puede arrogarse el derecho a constituir doctrina que no tenga su fundamento en la que él expone y su base en la experiencia que él comunica, y que en esta tarea todos son iguales.

v. 9. «Y no os llaméis padre»: título de los maestros y de los miembros del Gran Consejo (Hch 7,2; 22,1).

El título «padre» se usaba para los rabinos y los miembros del Gran Consejo. «Padre» significaba transmisor de la tradición y modelo de vida. Jesús prohibe a los suyos reconocer ninguna paternidad terrena, es decir, someterse a lo que transmiten otros ni tomarlos por modelo. Lo mismo que él no tiene padre humano, tampoco los suyos han de reconocerlo en el sentido dicho. El dis­cípulo no tiene más modelo que el Padre del cielo (cf. 5,48) y a él sólo debe invocar como «Padre» (6,9). Se adivina en las pala­bras de Jesús la relación que crea el Espíritu: él es la vida que procede del verdadero Padre, y el agente de la semejanza del hom­bre con el Padre.

v. 10. El término usado por Mt significa el consejero y guía es­piritual. Lo mismo que el título de Maestro, Jesús se reserva tam­bién éste y previene contra toda usurpación. Es él, en cuanto Me­sías, el que señala el camino y es objeto de seguimiento.

v. 11. Establecida la diferencia entre el comportamiento de los rabinos y el de los discípulos (8-10), define Jesús cuál es la ver­dadera grandeza, en oposición a las pretensiones de los letrados y fariseos; prescribe el espíritu de servicio, en contraste con la falta de ayuda de los maestros de la Ley a los que tienen que cumplirla (v. 4).

v. 12. Contra el deseo de preeminencia, enuncia Jesús el principio que ha de orientar a su comunidad. El sujeto no indicado de los verbos «lo abajarán, lo encumbrarán» es Dios mismo. El principio enuncia, por tanto, un juicio de Dios sobre las actitudes humanas. La estima que pretenden los rabinos ante los hombres, es deses­tima a los ojos de Dios.

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Evangelio seglar para el Domingo 31º del Tiempo Ordinario (31 de Octubre de 2011)


Publicado por Ciudad Redonda

NOTAS BÍBLICAS
(por equipo coordinador, con asesoramiento de un biblista)

Puede que la "cátedra" fuese una silla física en las sinagogas, pero aquí tiene un sentido figurado: se refiere a la autoridad de la enseñanza de Moisés, considerado el dador de la "Ley", de la que son continuadores los "escribas" y los fariseos.
Seguramente cuando Jesús ordena "haced lo que os dicen" tales autoridades, se refiere al contenido de la "Ley", y no a otras enseñanzas que son desautorizadas por el mismo Jesús en diversas partes de este evangelio, y en este mismo párrafo, donde las califica de "fardos pesados".
Jesús hace una muy dura crítica a estas autoridades que parece reflejar más bien las relaciones de la comunidad cristiana a la que escribe Mateo y las autoridades judías de su tiempo. En tal caso, el evangelista le estaría invitando a "cortar" con los escribas y fariseos, salvando la "Ley", de la que ya había avisado que no se puede saltar ni una tilde.
De ahí que prohíba reconocer cualquier autoridad a los mismos: no son ni los "maestros", ni los "guías", ni "los padres" (no se refiere el texto a los padres de familia, sino a quien se le reconoce autoridad con ese título).
Y afianza en la comunidad fraterna -de "hermanos"- la única autoridad de Jesús, el "Maestro" y el "Guía", y del "Padre" único, el suyo.
El mal de la autoridades judías es su hipocresía, "no hacen lo que dicen", junto a la soberbia; frente a la que propone la coherencia y la humildad: Dios (que no es nombrado expresamente pero al que se sobreentiende) humillará al que se ensalce y ensalzará al que se humille.


COMENTARIOS DE SEGLARES


DESDE LA ENFERMEDAD
(Mujer casada, madre de dos hijas, una de ellas enferma crónica, trabaja, enferma de cáncer)

Cuando soy capaz de amar a Dios con todo mi ser y no solo de cabeza, es cuando puedo dejarme llevar por él. Aceptar la vida como Él la proponga. Incluso las distintas piedras que encontramos en el camino.
Aceptar y dar gracias por ello es amar a Dios también. Hasta hace algunos días no he sido capaz de dar gracias a Dios por la situación de enfermedad que estoy viviendo.
Es su camino propuesto para mí. Que transformará la forma de pensar y actuar en mi vida. Sabiendo que El es el camino, le doy gracias.

DESDE LA ACCIÓN MISIONERA
(Hombre soltero, trabaja, participa en grupo cristiano, ha realizado varias experiencias solidarias y misioneras)

La lectura de la palabra de este domingo debería hacernos reflexionar tanto a los cristianos de a pie, como a la propia jerarquía de nuestra Iglesia, sobre las actitudes y comportamientos que, en nuestro día a día proyectamos a las personas que nos rodean. Jesús es claro refiriéndose a la jerarquía :" porque ellos no hacen lo que dicen". Después de tantos siglos aún sigue vigente esta máxima. La hipocresía de algunos de sus miembros y su falta de humildad hacen que esta palabra en pleno siglo XXI aún
esté en plena vigencia.
"El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". La humildad, la sencillez, la coherencia, la transparencia y , sobre todo, el AMOR a Dios y a los hermanos más desfavorecidos y excluidos es la auténtica fijación de Jesús. Ésta debería ser también la nuestra, sin perdernos en el bosque.

DESDE LOS ABUELOS
(Mujer, casada, madre tres hijos, cinco nietos, voluntaria de Cáritas)

Con éste evangelio el Señor me hace pensar en que no debo exigir a mi gente cercana comportamientos que yo no soy capaz de llevar a cabo .
Y si en conciencia creo que vivo como Dios quiere que lo haga, no debo mostrarme vanidosa ni presumir de mi comportamiento, debo ser humilde y pensar que si en algún momento actúo como Dios quiere que lo haga , es porque el me envía su Espíritu y me ilumina para que actúe así, ya que por mis medios nunca sería capaz.
Para que yo pueda llegar con el evangelio a mis hermanos tengo que hacerlo desde la humildad.
Si yo quiero llegar a mis hijos, nueras, y nietos , no puedo hacerlo altivamente y decirles que actúan mal, tendría que hablarles con cariño y humildad y decirles lo que Dios espera de ellos.

PARA REZAR
(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Dios Padre nuestro, te damos Gracias y te Bendecimos
porque Tú eres Verdad, Todo Amor y Misericordia.
Tú nos llamas hoy a seguirte siendo humildes
y servidores de cada hermano nuestro, por amor.
Tú nos pides ser instrumentos de tu Ternura y Misericordia
en medio del mundo y en nuestra sociedad.
Haznos Tú ser humildes y sencillos de corazón
para responder con fidelidad y valentía
a la Llamada de Amor que Tú nos haces hoy,
y que nos invitas también a responderte día a día.
Dios Padre nuestro, ten Misericordia de nosotros
y no nos dejes caer en la tentación de sentirnos prepotentes
ni superiores a los demás, o merecedores de privilegios.
¡Líbranos, Dios nuestro, de nuestro propio orgullo!
No permitas, Dios Padre Bueno y Misericordioso,
que tengamos actitudes contrarias a tu Evangelio de Vida,
ni tampoco permitas que caigamos en la tentación
de dejarnos seducir por la fama, prestigio ni soberbia.
Dios Padre Bueno y Misericordioso, danos Tú la capacidad
de ser solidarios con cada uno de nuestros hermanos,
y especialmente, con los más débiles y que más nos necesitan.
Te pedimos, Dios Padre nuestro, que tu infinita Bondad
llene nuestros corazones para poder ofrecer a los hermanos
un testimonio coherente con nuestra propia vida
y anunciando a todos la Buena Noticia de tu Amor. Amén

PARA VIVIR ESTA SEMANA
(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Vamos a intentar hacer durante esta semana un ejercicio de humildad ante las distintas circunstancias y personas que nos encontremos.
Y para ello, en cada caso que se nos presente, aunque en una primera impresión nos parezca un "flagrante incumplimiento de las normas establecidas", haremos un ejercicio de buscar alguna disculpa de por qué ha actuado así, en vez de culpabilizar esa conducta sin analizar para nada los atenuantes que haya podido tener.
Para entenderlo vamos a poner algún ejemplo:
Voy a salir del bloque, y el portero, no me saluda. De primeras podemos pensar: es un estúpido, un maleducado, hay que echarlo...
Con nuestra actitud humilde, podemos pensar: quizás tiene un mal día, le agobia algún problema y no se ha dado cuenta... Nos acercamos a él y nos interesamos por su familia, por su salud... Al final nos enteramos que a su padre, la noche de antes le han diagnosticado un cáncer y está muy preocupado y triste. Nos ofrecemos a ayudarle en lo que podamos y, aunque sabemos que en estas cosas se puede hacer poco, lo decimos que lo sentimos y que lo tendremos presente en nuestras oraciones. ¿verdad que varía substancialmente la relación con este hombre de lo que pensábamos al principio a lo segundo?
Y todo ¿por qué?: por que hemos dejado atrás nuestra prepotencia, nuestro orgullo, hemos hecho el esfuerzo de disculpar y no culpar, y ha nacido una relación de amor hacia el otro en vez de ese odio inicial.
Por tanto, pensemos que cada persona, cada situación es un mundo, todo tiene un trasfondo, que no conocemos, y no es lo que parece. ¿Quienes somos nosotros para convertirnos en jueces y señores?. Ya hay un Padre que ve en lo escondido y desborda misericordia para con sus hijos. Disculpar, disculpar siempre...Es un ejercicio estupendo, te da una paz tremenda y sobre todo, te acerca a Dios.

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WebJCP | Abril 2007