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domingo, 30 de octubre de 2011

LA HOMILÍA MÁS JOVEN: EL CATÁLOGO DE LOS SANTOS



1.- Uno de los libros oficiales de la Iglesia, es el catálogo de los santos canonizados. Continúa llamándosele en la actualidad con el nombre antiguo de “Martirologio romano”, aunque no sea exacto el calificativo. No es muy conocido, entre otras cosas porque está editado exclusivamente en latín. Pese a ser el inventario de la riqueza de la Iglesia, ninguna fortuna supera el valor de la santidad, hacía mucho tiempo que no se editaba. Era como un edificio que nunca se reforma, ni pinta, ni siquiera se revisa. Una de las decisiones del concilio vaticano fue que se publicara de nuevo, más cuidado y crítico que anteriormente.
El minucioso estudio de alguno de los supuestos santos, descubrió que su existencia histórica no era segura y se los debía desclasificar, cosa que irrito a algunos. Permitidme que os cuente como anécdota, que Sofía Loren, la famosa y excelente artista de cine, circuló ostensiblemente por Roma, con una imagen de uno de ellos, como señal de protesta. Pero la sangre no llegó al río. También se consideró que a algunos se les debía homenajear en días diferentes de los tradicionales y eso enojó a otros.

Los que aparecen en este libro son los catalogados, con los que la Iglesia solemnemente se ha comprometido. Pero existen muchísimos más, a los que nadie niega su categoría. Porque la Iglesia no hace santos, sino que reconoce la categoría de algunos, y los inscribe en un álbum.

La santidad no es un valor tasable. De alguna manera, sí lo es clasificable. Y a unos los agrupamos como apóstoles, a otros mártires, a otros vírgenes. Evidentemente el primer conjunto se acabó el día que murió San Juan, que parece que fue el último discípulo del Señor y que pereció en Patmos. El de los mártires y los demás continuó y continúa. Por aquello de que ver una película o leer una novela histórica sea cosa fácil, parecía que la época de los mártires correspondía a tiempos muy pretéritos en que dominaba el imperio de la ciudad de Roma. Muchos recordamos filmes de santos y hemos leído relatos emocionantes. No es que esté mal el proceder, pero es equivocado. Me lo decía un día el arzobispo H. Cámara: no pierdas la esperanza, hay más mártires ahora que en los primeros siglos. Y recientemente se habla de esto, dándole la razón. Calculan los estudiosos, que cada cinco minutos muere un cristiano mártir (la verdad es que sumados los ocurridos anualmente y hecha la oportuna división da este resultado). Y lo asombroso es que la noticia la publican medios católicos y de otras confesiones cristianas. Si en la tierra, y en este momento histórico, no hemos logrado una profesión de fe ecuménica, en el Cielo, ellos gloriosamente la celebran. Esto era inimaginable considerarlo antes.

Somos contemporáneos de mártires, son nuestros compañeros, comen un mismo Pan, se alimentan de una misma Palabra, derraman su sangre, que es como la nuestra. Simultáneamente viven entre nosotros, mientras discutimos, malgastamos el tiempo y ambicionamos.

El reconocimiento público por la Iglesia de la santidad vivida no en plena comunión, tal vez empiece el día que al canonizar Pablo VI a católicos mártires africanos, se refiriera a sus compañeros que dieron testimonio de su Fe en Jesús y pertenecían a la Comunión Anglicana. Hoy en día se avanza rápidamente en este sentido, se cita a héroes pertenecientes a otras confesiones en libros de la Fe, tan comunes y universales como el YouCat. En cualquier escrito actual de espiritualidad católica, se habla de San Serafín de Sarov, que pertenecía a la Ortodoxia, y nadie protesta.

Si me he alargado en estas consideraciones, es para que os deis cuenta, mis queridos jóvenes lectores, de que la conmemoración no es de hechos pasados hace siglos. Mártir fue San Esteban y lo han sido los que le han seguido hasta nuestros días. Según dicen, en lo que llevamos de año, escribo el 23 de octubre, ya han dado su vida por la Fe, 50 sacerdotes. A todos ellos hoy les rendimos homenaje.

Los mártires son claveles reventones. Las vírgenes elegantes edelweiss. Los dedicados a los enfermos, a los ancianos y a la infancia abandonada, nenúfares. Los educadores misteriosas flores de eucalipto. Los contemplativos silenciosas violetas. Los misioneros, orquídeas. Los que acogen a quien nadie acepta, atractivas gencianas. Se podría prolongar la descripción del jardín divino. Es otra manera de describir el contenido de la primera lectura de la misa de hoy.

El evangelio describe el substrato donde germinarán estas maravillosas flores. Quien quiera gozar de un bello jardín, debe escoger primero la tierra donde va a plantar la semilla. ¿qué hemos puesto en nuestro corazón para que sea posible que nos hagamos santos?



WebJCP | Abril 2007