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MISIONEROS EN CAMINO: Homilías y Reflexiones para el XXXI Domingo del T.O. (Mt 23,1-12) - Ciclo A
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sábado, 29 de octubre de 2011

Homilías y Reflexiones para el XXXI Domingo del T.O. (Mt 23,1-12) - Ciclo A


Publicado por Iglesia que Camina

ESCRIBIR CON LA MANO Y BORRAR CON EL CODO

“Haced lo que dicen”, pero no seáis como ellos. Una frase bien comprometedora para todos porque para todos resulta serio que nuestras vidas estén en desacuerdo con lo que predicamos o decimos, que nuestra vida “desmienta” nuestras palabras. Porque entonces sólo habla la lengua, pero no la vida. “Borramos con el codo lo que escribe la mano.”
De los laicos se habla mucho, de la separación entre “fe y vida”. Otro tanto se pudiera decir de los pastores. No sé si separación entre “fe y vida” o, al menos, entre “palabra y vida”. Que en otros términos, viene a decir incoherencia y falta de autenticidad.

¿Qué incoherencias establece Jesús? Muchas, pero fundamentalmente las siguientes:

“No hacen lo que dicen.” Es decir “no viven lo que predican”. Acusación seria, que no obliga a todos, pastores, padres de familia, educadores, a la revisión de nuestras vidas.
“Cargan fardos pesados a la gente.” Somos muy exigentes con los demás. Una exigencia, por otra parte, que crea esclavitudes y no hombres y mujeres libres. Eso es utilizar a los otros, mientras nosotros, no movemos “un dedo para empujar”.
“Exhibicionismo.” “Alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto.” El exhibicionismo no pasa de ser un figuretismo delante de los demás.
“Buscan los primeros puestos.” Algo que atenta frontalmente contra el sentido del Evangelio que nos pide “ser servidores y no servidos”, “ocupar el último lugar”.

Jesús es muy claro en cuál tiene que ser la realidad del Reino. Aquí no hay títulos que nos hagan ser más que los otros. Por eso no hay “maestros”, ni “señores” ni “consejeros”. Lo único que Jesús quiere para su Reino es que “todos seamos hermanos”. Comunidad de fraternidad. Comunidad familiar. Alguien escribió algo que, personalmente, me agradó: “Nosotros los sacerdotes no hacemos hijos sino hermanos.” Hacemos “hijos de Dios” por el Bautismo, pero todo el resto debe ser una “fraternidad”. Nuestra misión es lograr una Iglesia fraterna. Nacidos de un mismo bautismo, tenemos un solo Padre que es Dios. La universalidad de la paternidad divina tiene que engendrar una “fraternidad universal”.

Los pastores estamos llamados a servir “a todos”. Estamos llamados a trabajar “para” todos y, como todos somos hermanos, estamos llamados a trabajar “con” todos. Algo que San Agustín expresaba con aquella frase: “Para vosotros soy Obispo, pero con vosotros soy cristiano.”




LO BUENO NO ESTÁ EN LO PESADO

A veces me quedo pensando en la mentalidad de la gente. Muchos me dicen: “Padre, yo no hago nada, porque lo que hago lo hago a gusto, a mí no me cuesta.” Mi respuesta es: “Pues, te felicito.” Entonces me insisten: “¿Pero y qué valor tiene si no me cuesta hacerlo?”

Diera la impresión de que para que algo agrade a Dios tiene que ser difícil, pesado, duro, doloroso.

Jesús va por otros caminos: “No echéis cargas pesadas sobre los hombros de los demás.” Por el contrario, critica a quienes cargan fardos pesados sobre los otros. ¿Por qué lo bueno tiene que ser siempre doloroso? Hay cosas sencillas que hacemos y las hacemos con alegría y son muy del agrado del Señor.

No es el sufrimiento lo que le agrada a Dios, sino la alegría con que hacemos las cosas.
No es lo pesado que encorva a los demás, sino “mi carga que es ligera y mi yugo es suave”.

Por eso ataca a quienes, sintiéndose superiores, prefieren caminar a caballo y látigo como señores, les gusta ver a los demás como esclavos cargados y encorvados bajo el peso de su esclavitud.

No es cuestión de sufrimiento, es cuestión de amor, es cuestión de alegría y de generosidad, es cuestión de libertad. ¿Qué lo que haces lo haces a gusto? Da gracias a Dios. Dios mira esa generosidad de tu corazón y no la pesa en la balanza. Dios no es como cuando viajas que al confirmar tu boleto te pesan la maleta y te cobran el exceso de kilos.





NO TE HAGAS MALA SANGRE

¿Que estás aburrido? El aburrimiento es la voz del vacío del corazón. Llena tu corazón y verás que el aburrimiento es el vacío que tú tenías que llenar.

¿Que te sientes aburrido cuando estás solo? ¿Pero alguna vez estás solo realmente? Te olvidas que alguien te habita por dentro. Mira un poco más lo que llevas dentro y te darás cuenta que Él estaba ahí. Tal vez callado porque nadie le dirigía la palabra, pero ahí estaba escuchando tu propia soledad.

¿Que te sientes aburrido en casa? ¿No te das cuenta cuántos están esperando una palabra tuya, una sonrisa? Regálale una sonrisa a tu esposa, a tu marido. Obséquiales una palabra a tus hijos. ¿Todavía sigues aburrido?

Dices: "Los demás no reconocen lo que hago por ellos." ¿Recuerdas a los diez leprosos? Sólo uno volvió a darle gracias a Jesús. ¿Y los otros nueve? Sin embargo, quedaron curados lo mismo. Lo que importa es hacer el bien.

Dices: "Estoy harto de ser siempre yo quien ceda en todo." Pues, mira, ¿te imaginas las veces que Dios ha tenido que ceder para aguantarte a ti, las veces que ha tenido que ceder ante tu libertad? Fíjate que Dios no está todavía harto de ti. Te aguantará cuantas veces sea necesario.

Dices: "¿No tengo también yo derecho al descanso?" Derecho, no; tienes obligación de descansar. Para ello, Dios te ha regalado al menos un día entero a la semana, el domingo. ¿Ya descansas ese día?

Dices: "Uno ya no puede tener fe en nadie." Claro, te engañan hasta los amigos. Pues, sí, es posible que hasta los amigos te engañen. ¿Por qué no haces como Dios? Sabe que queremos engañarlo con nuestros cuentitos y Él no se los cree. Sabe que en el fondo somos buenos chicos.




CONSEJOS BARATOS

En vez de obligar a los demás, procura hacerlo tú mismo.
En vez de mandar gritando, díselo con amabilidad.
En vez de mandar a los demás lo más difícil, eso lo dejas para ti y a ellos encomiéndales lo más fácil.
En vez de hacer esclavos, hazlos a todos libres.
En vez de ser tú el Señor, hazlos señores a los demás.
En vez de ser exigente con los otros, exígete a ti mismo.
En vez de ser duro con los otros, trata de comprenderlos.
En vez de ser intransigente con ello, ponte en su lugar.
En vez de aprovecharte de los demás, deja que se aprovechen de ti.
En vez de servirte de los demás, sé tú servidor de ellos.
En vez de utilizarlos a los demás, déjate utilizar a ti mismo.
En vez de sentirse dueño de los otros, déjales que cada uno sea dueño de sí mismo.
En vez de ser el amor, conviértelos en amos tuyos.
En vez de ponerles cara de tranca a los demás, sonríeles amablemente.
En vez de amargar a los demás, hazles sentir la dulzura de tu corazón.
En vez de que te tengan miedo, procuran que tengan confianza en ti.
En vez de hacer que se alejen de ti, haz que se sientan atraídos por ti.
En vez de asustar a los demás con gritos, acércalos con tu sonrisa.

¿Verdad que son baratos?
No cuestan nada ni suben de precio.
¡Cuánto nos ayudaría a cambiar nuestras relaciones familiares, sociales y laborales y eclesiales?





CORRE O AL MENOS CAMINA

Para correr bien hay que despojarse de toda la ropa inútil que estorba. Jesús dijo: "Deja todo lo que tienes, dáselo a los pobres, ven y sígueme." Es difícil seguirle cargados con todo lo que tenemos.

Para correr bien hay que entrenarse, someterse a disciplina. Para ser cristiano de verdad necesitas la disciplina de la fe, el ejercicio de la caridad y el entrenamiento de la esperanza.

Si no puedes correr, camina, anda. Todo menos quedarte sentado a la vera del camino mirando cómo corren los demás. Llega, aunque no seas el primero, pero llega a la meta.

Si no puedes correr al ritmo de los demás, no importa. Tú corre al ritmo que Dios quiere de ti. Así siempre llegarás al final.

Para competir se prohíbe el doping, pero nadie te prohíbe que refuerces tus fuerzas y energías con una gran dosis de confianza y esperanza en Dios.
El camino no se hace en un día.
Sí caminando todos los días.
Recorre cada día lo del día.
No dejes lo de hoy para mañana.
Mañana sería demasiada tarea.

Cuando no puedas más, cuando ya te sientas cansado y derrotado, aún no estás vencido. Todavía queda Dios para hacer posible lo que tú solo no puedes.

Cuando hayas corrido la etapa de este día, no pienses que se ha terminado el camino. Mañana hay una nueva etapa. Tú la puedes ganar.


WebJCP | Abril 2007