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sábado, 29 de octubre de 2011

Palabra para la Misión: La Misión como experiencia de fraternidad


Domingo XXXI del T. O. / Por EUNTES
Año A - Domingo 30.10.2011

Malaquías 1,14-2,1-2.8-10 / Salmo 130 / 1Tesalonicenses 2,7-9.13
Mateo 23,1-12

Reflexiones

La creciente tensión entre escribas y fariseos aliados contra Jesús está llegando al punto de fractura, que culminará en la pasión y muerte del Mesías. Dan prueba de ello los pasajes del Evangelio de hoy y de los domingos anteriores, con los repetidos choques y preguntas insidiosas. Tras múltiples llamados al culto autentico, a la conversión del corazón y de las costumbres, Jesús (Evangelio) desenmascara la hipocresía de los escribas y fariseos “porque ellos no hacen lo que dicen” (v. 3). Aun reconociendo su autoridad (“cumplan lo que les digan…”), Jesús denuncia su ansia de poder (cargan fardos pesados en los hombros de la gente, v. 4), y pone en evidencia su vanidad en buscar los primeros puestos, saludos y elogios (v. 5-7). Jesús enseña a sus discípulos que el título de Padre compete solo al Padre del cielo, y que el título de Maestro-Señor corresponde solo a Cristo. Los únicos títulos de honor que competen a los discípulos son los de: hijo, hermano, servidor: “Todos ustedes son hermanos” (v. 8); “el primero entre ustedes será su servidor” (v. 11).

Solo Dios es grande; todos nosotros somos hijas/hijos de un único Padre y Creador, como lo enseña hoy también el profeta Malaquías (I lectura): “¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado a todos un mismo Dios? ¿Por qué, pues, el hombre traiciona a su hermano?” (v. 10). Dios nos confía una responsabilidad sobre los hermanos (‘¿dónde está Abel, tu hermano?’) y rechaza la perfidia de quien contesta: “¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?” (Gn 4,9). La verdadera grandeza de una persona consiste en reconocerse hijo del Padre del cielo, hermano/hermana de todos, servidor de los demás, por amor. Como Jesús, que se hecho hermano y siervo. Recuerdo la convicción y el gozo interior de un compañero de misión que solía decir: ‘Nunca me he sentido tan grande como cuando me he sentido hermano’.

El que hace experiencia de fraternidad siente una responsabilidad misionera específica y tiene un estilo peculiar de evangelizar: siente la urgencia de comunicar a otros la buena noticia de Cristo, comparte los bienes espirituales y materiales, sabe valorar la diversidad de dones que el Padre distribuye a cada uno, ayuda a todos a superar fronteras, ideologías, divisiones de raza, casta, clases sociales... Por eso, Juan Pablo II define al misionero como el hermano universal, subrayando esta característica de la espiritualidad misionera. (*) Vivir la fraternidad hacia todos es una urgencia en muchos lugares donde se desarrollan actividades misioneras, dada la frecuencia de conflictos y la necesidad de reconciliación.
El Beato Carlos De Foucauld (1858-1916) ha dejado un espléndido testimonio misionero vivido bajo el signo de la fraternidad universal. Optó por vivir los últimos años en el desierto argelino del Sahara, primero en Beni Abbès y luego en Tamanrasset entre los Tuaregs del Hoggar. Una vida de oración, meditación de la Sagrada Escritura, adoración eucarística, acogida y escucha de los beduinos de paso, con el incesante deseo de ser, para cada persona, el hermano universal, viva imagen del Amor de Jesús. “Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: Si tal es el servidor, ¿cómo entonces será el Maestro? Quiso gritar el Evangelio con su vida. Al atardecer del 1° de diciembre de 1916 fue matado por una banda de predadores de paso.

En la fiesta del DOMUND del domingo pasado, hemos recordado que el anuncio del Evangelio constituye el primero y el más positivo servicio que la Iglesia puede brindar a la humanidad. Los misioneros son servidores y portadores de este mensaje. Que tiene como destinatarios a todos los pueblos. San Pablo (II lectura) marca el estilo de la misión: con humildad y la conciencia de que el mensaje es más grande que nosotros, “como Palabra de Dios” (v. 13); con entrega total y ternura de una madre (v. 7-8); trabajando día y noche (v. 9); anunciando el Evangelio con gozo y libertad de corazón; involucrando a todos para que tomen parte activa en la más noble aventura por Cristo. Con espíritu de fraterna colaboración, como lo sugiere también un proverbio africano de Burkina Faso: “Si las hormigas se ponen de acuerdo, logran transportar un elefante”. La tarea es exigente, pero posible y necesaria.


Palabra del Papa

(*) “El misionero es el hombre de la caridad: para poder anunciar a todo hombre que es amado por Dios y que él mismo puede amar, debe dar testimonio de caridad para con todos, gastando la vida por el prójimo. El misionero es el hermano universal; lleva consigo el espíritu de la Iglesia, su apertura y atención a todos los pueblos y a todos los hombres, particularmente a los más pequeños y pobres. En cuanto tal, supera las fronteras y las divisiones de raza, casta e ideología: es signo del amor de Dios en el mundo, que es amor sin exclusión ni preferencia”.

Juan Pablo II
Encíclica Redemptoris Missio, (1990), n. 89

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 30/10: B. Alejo Zaryckyj (1912-1963), sacerdote greco-católico de Ucrania, que murió mártir en un campo de concentración en Dolinka, en Kazajistán.
- 1/11: “Solemnidad de Todos los Santos que viven con Cristo en la gloria”, donde continúan ejerciendo el servicio misionero de intercesión en favor de la familia humana.
- 2/11: Día de oración por todos los difuntos. - Día de los antepasados.
- 3/11: S. Ermengaudio, obispo de Seu d’Urgell (+1035), uno de los grandes evangelizadores españoles en las tierras rescatadas después de las invasiones de los moros.
- 3/11: S. Martín de Porres (1579-1639), mulato que vivió en Lima (Perú), acogido como hermano lego en el Convento de Santo Domingo; portero, enfermero, hombre de oración, austeridad y caridad.
- 4/11: S. Carlos Borromeo (1538-1584), arzobispo de Milán, hombre de doctrina y caridad; organizó sínodos y seminarios para la formación del clero y promovió la vida cristiana mediante asiduas visitas pastorales.
- 5/11: S. Guido María Conforti (1865-1931), obispo de Parma, animador del espíritu misionero en la comunidad eclesial, fundador de los Misioneros Javerianos.


WebJCP | Abril 2007