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MISIONEROS EN CAMINO: mayo 2010
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lunes, 31 de mayo de 2010

Sacerdote de Cristo en camino con los hermanos

Quizá debería escribir menos ‘en caliente’, pero hace meses que me pidieron estas líneas y las semanas han ido pasando. Hace unos días recorrí las calles de Madrid, junto a miles de personas, para protestar contra las nuevas leyes españolas que plantean el aborto como un derecho merecedor de ayudas y mediaciones públicas que ya quisieran para sí muchos de los llamados habitualmente ‘derechos fundamentales’ y para mostrar mi rechazo como ciudadano a una mentalidad que frivoliza la vida y que creo está haciendo mucho daño a nuestras sociedades, sobre todo a la gente más joven.

No es la primera vez que me manifiesto. Más aún, me cuesta hacer memoria de las anteriores. He salido a la calle muchas veces: bastantes para decir que la violencia y el terrorismo no son camino para nada; otras para rechazar guerras como la emprendida contra el pueblo iraquí, para defender los derechos de los llamados ‘sin papeles’, de los desempleados o de grupos castigados por políticas económicas injustas como los trabajadores del campo o de la siderurgia; otras para protestar contra la tortura, la pena de muerte o el castigo penal a quienes se negaban a hacer el servicio militar… A veces he caminado con miles de personas, como el otro día; otras, no pocas, con poco más de una o varias docenas.

Alguien puede preguntar qué tiene que ver todo esto con mi sacerdocio. A mí me parece que mucho; sobre todo con mi condición de religioso sacerdote (una especificidad de la que en este Año Sacerdotal se está hablando bastante poco). Desde el día de mi ordenación diaconal, muy ayudado por los Obispos que me ungieron para la Confirmación, el Diaconado y el Presbiterado (D. Gabino Díaz Merchán, D. Mauro Rubio y D. José Sánchez), he querido tener muy presente que quien es llamado a participar del ministerio de Cristo Pastor y Maestro no puede olvidar que siempre será discípulo -‘oveja’- y que no ha de caminar con el Pueblo de Dios, sino con el resto del Pueblo de Dios. Esa es también lección que me enseñaron mis mejores educadores, empezando por mis padres y abuelos y siguiendo por mis formadores, compañeros de camino y profesores. Desde mi ordenación presbiteral, y así quedó escrito en los papeles que la recuerdan, me he sentido muy llamado a colaborar con el Señor en su empeño por “reunir a los hijos de Dios dispersos” (Jn 11, 52). Veinte años después el tono y el contenido del Mensaje que los Obispos de España nos han dirigido a los sacerdotes con motivo del Año Sacerdotal me ha llenado de alegría: ¡gracias!

La gracia de compartir la Vida en la vida

Para mí hay dos momentos del año especialmente significativos para mi servicio. Uno acontece el Viernes Santo, cuando el resto del Pueblo de Dios se acerca a adorar la Cruz que a mí me toca sostener después de haber pasado un rato postrado en el suelo en la misma postura en la que escuché pedir para mí solemnemente los dones del Espíritu el día de la ordenación. Otro tiene lugar en el Tiempo de Navidad, cuando mis hermanos y hermanas hacen también fila, esta vez para adorar al Niño. En ambos casos veo sus rostros según se acercan y en la medida en que he podido compartir con ellos vida, intuyo la ilusión, la preocupación, el esfuerzo, y los profundos y hermosos sentimientos con los que vienen.

La vida del presbítero es dura; la de algunos de mis hermanos sacerdotes muy dura. También lo es (¡y no pocas veces mucho más!) la de quien ha sido llamado a vivir como seglar en medio del mundo. Pero en mi opinión y experiencia, la vida sacerdotal tiene en ese compartir en profundidad la vida de las personas una de sus principales gracias y satisfacciones. Quien abre su corazón al presbítero -a aquel al que una campesina boliviana hablando a su hija definía como “el hombre encargado de hablar a Dios de nosotros”- muestra muchas veces sus pecados, su impotencia, la cara oscura de su vida, que llenan al ministro de dolor y tristeza; pero también le da a conocer realidades, sueños, empeños e ilusiones a menudo ignorados por la inmensa mayoría de la gente, que permiten percibir de modo privilegiado las semillas de Reino que Dios ha puesto en el corazón de tantos millones de personas.

Con muy buenos maestros

La formación que muchos ordenados después del Concilio Vaticano II hemos recibido, no carente de fallos pero globalmente tan sobresaliente, nos ha enseñado que nada es comparable a la grandeza de Dios y que nosotros, sus pobres siervos, nos limitamos a secundar lo que su Espíritu hace, a participar del infinito amor que Él tiene por el mundo y por su pueblo. Hemos podido aprender que no llevamos al Señor a ningún sitio donde Él no haya llegado antes ni tenemos gracia alguna que nos permita sentirnos superiores a los demás o creer que ya estamos convertidos del todo. Lejos de nosotros pensar que hemos sido ‘elevados’ a dignidad alguna distinta de la que nace de la Cruz a la que Jesús fue alzado para salvación de todos. ¡Quiera el Espíritu que nunca se nos olviden estas enseñanzas!

Cientos de sacerdotes, despreciados a veces en la misma comunidad cristiana como si no hubieran sabido vivir su ministerio por contemporizar demasiado “con el mundo” o fueran responsables de la increencia que nos rodea, nos han enseñado todo esto con su vida, su amor a la Iglesia y su entrega callada y generosa: ¡gracias! Perdonad que no hayamos alzado lo suficiente la voz para agradecer todo lo que nos habéis aportado. ¡Qué buenos sacerdotes regaló el Espíritu a la Iglesia de España durante el siglo XX! Quiera el Señor que los presbíteros de los dos últimos tercios del siglo XXI (¡qué los habrá, y buenos!) puedan decir que han visto en nosotros, las generaciones del cambio de siglo, por lo menos algún destello de vuestra categoría ministerial y creyente.

Pedro Belderrain - 45 años; 20 de ministerio
Misionero Claretiano. Madrid (España)
Publicado por Ciudad Redonda

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San Francisco de Borja: “Sólo quiero a Jesús”

La conversión del caballero Francisco de Borja
(Moreno Carbonero. Museo del Prado. Madrid)

Celebramos este año el V Centenario del nacimiento de San Francisco de Borja. Se ha hablado mucho de la presencia de la muerte en su vida desde que ante sus ojos fue descubierto el féretro de la bella emperatriz Isabel, que había acompañado desde Toledo a la catedral de Granada. Y de su famosa frase entonces: “Nunca volveré a servir a señor que se me pueda morir”. No obstante hay algo más importante que su obsesión por las verdades eternas o la idea de que conventualizó un tanto a la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio. Desde luego más importante de que fuera grande de España, amigo personal del emperador, duque de Gandía, virrey de Cataluña, músico y escritor notable, confidente de santos, como Teresa de Jesús o biznieto natural del papa Alejandro VI por parte de padre y de Fernando el Católico, a través de un arzobispo, por parte de madre. Y fue su amor a Jesucristo, que resumo en sus últimas palabras a la hora de su muerte: “Sólo busco a Jesús”

El hermano Melchor se acercó de nuevo al lecho del moribundo. Su rostro enflaquecido y lívido, la nariz afilada, los ojos llenos de párpado, poco recordaban ya de aquel caballero altivo y orondo, grande de España, caballerizo de la emperatriz, virrey de Cataluña y duque de Gandía.

El hermano cogió su esquelética mano amarilla.

–¿Deseáis algo, padre Francisco?

–Sólo quiero a Jesús.

Fueron sus últimas palabras. Así, cogido de la mano de Melchor, al amigo que en vida había visto predestinado a la gloria, expiró Francisco de Borja-

Era medianoche del 30 de septiembre de 1572.

El tercer general de los jesuitas yacía inmóvil ante la mirada sobrecogida de sus hermanos.

Pocos hombres han sabido afrontar la muerte como él, porque pocos hombres han pensado tanto en la muerte durante su vida.

Hay quienes hoy sostienen que Borja desvió, conventualizándolo, el primer estilo de Ignacio, dadas sus primeras amistades e influjos franciscanos. Hay en esto algo de cierto, como prueban sus escritos puesto que él siempre se debatió entre la dicotomía de Marta y María, la acción y la contemplación, que le tocó reglamentar quizás más que Ignacio e impuso a los jesuitas un horario a la oración. Pero la intuición del de Loyola no se equivocó con él, pues al cabo su vida fue la de un contemplativo en la acción y su amor a la orden era tan profundo como indiscutible. En un pedazo de papel escribe esta significativa frase: “Morir en la Compañía, o me lleve antes de sacarme de ella, o sea para mayor gloria suya”. Y añadía que se ofrecía por entero con este fin “sangre y vida”.

El último viaje dipolomático que le encomendó Pío V para arreglar matrimonios a favor de la Liga Santa por Francia, España y Portugal fue como retornar al mundo, el “polvo de Egipto”, como él lo llamaba, pero desde el desprendimiento y la sabiduría que le había proporcionado su vida religiosa, su experiencia mística, los sufrimientos y las persecuciones. En una palabra, pese a su renuncia y su identidad de jesuita, Borja no dejó de ser Borja en ningún momento. No dejó de ser padre de ocho hijos, hermano de sus hermanos, abuelo de sus nietos, amigo de reyes, cardenales, obispos y también de sus últimos servidores, del hermano Melchor y del acemilero Antón, que estuvieron en su corazón incluso en el momento de su muerte. Tuvo fuerzas hasta para cerrar completamente ese círculo y, con apenas un hálito de vida, regresar a Roma y bendecir antes de morir a sus hermanos en religión

A los tres días de su llegada la ciudad eterna falleció- Fue beatificado por Urbano VIII el 24 de noviembre del año 1624, y canonizado por Clemente X el 12 de abril de 1671. Sus restos, después de mil vicisitudes y traslados y la quema de conventos de la iglesia de los jesuitas de la calle La Flor se encuentran actualmente en el templo de Sagrado Corazón y San Francisco de Borja en la esquina de las calles Serrano y Claudio Coello de Madrid.

Desde el primer momento en que decidió seguir el camino de la fe cristiana con mayor sinceridad, tuvo que esforzarse en enderezar el tronco de un árbol que él sentía torcerse hacia otro lado, quizás al buen comer y beber, o a la vida muelle que en un tiempo gozó a las orillas del Mediterráneo y a su pasión por los caballos y la caza. Las cosas del mundo le pesaban y pedía continuamente un amor que le permitiese “olvido de lo de acá” y “vivir en el Señor, como si no viese sino a él” o “vivir como quien está para morir”.

Se diría que luchaba para cerrar los ojos y ver el paisaje interior. Pero ¿cómo podía realizar esto un hombre que todavía, por su misión, también de jesuita, hollaba alfombras, comía con príncipes, era a diario obsequiado por los poderosos? Procuraba, como él decía, “concertar el reloj del alma”, controlar sus sentidos, “limpiar el espejo del ánima”. Quizás esta faceta, que yo creo estaba muy ligada a su natural sensualidad mediterránea, a su “carácter Borja” (estirpe de los famosos Borgia que han dado lugar hasta hoy a novelas y films, verdaderos thrillers medioevales), ha ofrecido un perfil de Francisco demasiado ascético. Por eso debo añadir que detrás de ese esfuerzo se ocultaba una plenitud mística y mucho amor: “Al Espíritu Santo se pidió amor para quitar el amor a todas las cosas, por ponerle en él, y amar del amor que fuimos amados”.

Lo que le dijo a Melchor en el lecho de muerte lo había repetido muchas veces antes:“Tener el corazón sin apetecer sino a Dios” y a “todas las creaturas en él”, hasta llegar a “ver las cosas en el Señor, y por él olvidarlas todas”.

Un momento que veo así:

SOLO QUIERO A JESÚS



Sólo busco a Jesús, el tiempo es ido;

velas blancas me llaman en Gandía

y el aire está sereno como antaño

en el palacio aquel donde nacía

para ganar el reino de este mundo.



Un mundo que se escurre de mis manos

como la hermosa Isabel, desconocida

se pudre en el sepulcro de Granada

y se nos va en un soplo la alegría.



Sólo quiero a Jesús, hermanos míos.

Decid al duque mi hijo que a porfía

mi amor avive en todos muy presente

como presentes andan en mi vida.

En Dios todas las cosas las olvido

y en Dios toda creatura se ilumina.



Sólo quiero a Jesús, mi dulce compañero

para servir aquí en su Compañía.

Perdonadme si erré, el tiempo es ido,

mi leño es fuego, la senda está encendida.

Con un amor de cielo soy abrazo,

velas blancas me llaman en Gandía.



P.M.Lamet

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Evangelizar es dialogar



La Biblia no pretende hacer una narración histórica de la creación del hombre. Usa un lenguaje simbólico para presentarnos verdades profundamente humanas.

Nos dice que Dios bajaba todos los días a hablar con el hombre. Esto significa que pone a la persona humana a su nivel. La relación entre Dios y los hombres estará desde el principio basada en el diálogo, no en la imposición.

Dios ve que no es bueno que el varón esté solo y crea a la mujer. La Biblia afirma que la persona humana no puede llegar a su plenitud sino es a través del diálogo y la comunicación con quienes son sus semejantes.

Como afirma Nicolás Castellanos, quien fuera obispo de Palencia y dejó la diócesis para irse como misionero a América Latina: “El diálogo se impone en todas las direcciones: en el ámbito religioso, con el ‘Totalmente Otro’, con los creyentes, con los grupos eclesiales; en el ámbito ecuménico, con las otras confesiones y credos, y también con la increencia; en el ámbito civil, con las culturas, con la mujer y el hombre de hoy, con los grupos humanos diversos y hasta opuestos (las prostitutas os precederán en el Reino), con los marginados, con los indígenas… Ahí se revela la posibilidad de recrear una nueva humanidad, de alumbrar a la mujer y al hombre nuevos y despertar la esperanza de un mundo por venir”.

“El diálogo exige condiciones: el respeto y el reconocimiento del otro como igual; el salir del propio egocentrismo; el olvidarse un tanto de sí; el escuchar con humildad… Se reconoce el derecho a la diferencia y nos dejamos enseñar por el otro. Buscar juntos la verdad con libertad”.

La Iglesia sigue todavía anunciando un «sistema religioso» con la pretensión secreta de encuadrar a todos en la institución eclesial: exposición de una doctrina que se ha de aceptar obligatoriamente; catequesis totalizante que dicta a todos lo que se ha de creer, cumplir y practicar (sin escuchar a las personas, su trayectoria, sus posibilidades y necesidades); código de obligaciones y prohibiciones. Hemos de aprender un estilo nuevo de proponer la fe en la sociedad actual.

Sólo entonces podremos proponer algo a otras “instituciones” sociales.

En ningún momento Jesús impuso una doctrina. Propuso un mensaje y respetó en todo momento la libertad de sus interlocutores (Juan 6, 66-67).

La evangelización sólo puede hacerse desde el diálogo y a través del diálogo. Hemos de entrar decididamente por la vía del diálogo aunque no sabemos por tradición qué es una Iglesia dialogante (a no ser por estrategia). El documento «Diálogo y Misión» llega a afirmar que «el diálogo es la norma y el estilo indispensable de toda misión cristiana y de cada una de sus formas, ya se trate de la simple presencia y del testimonio, del servicio o del anuncio directo. Una misión que no estuviera impregnada del espíritu de diálogo sería contraria a las exigencias de la naturaleza humana y a las enseñanzas del Evangelio» (1984).

Los misioneros creemos en el diálogo como único cauce para anunciar la Buena Noticia del Evangelio, aunque tengamos que pedir perdón de muchos pecados a lo largo de la historia. Pero una de las realidades que nos dificulta más nuestro trabajo es la falta de diálogo dentro de la misma Iglesia, donde las cosas que son de todos deben ser tratadas por todos. Nadie tiene la exclusividad del mensaje evangélico.

El diálogo es posible, factible y realizable tanto en el ámbito de la Iglesia como en su tarea evangelizadora y misionera. Sólo hace falta fe y confianza en el Espíritu Santo y un poco más de creatividad.

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Haití se levanta lentamente del terremoto


El terremoto de magnitud 7.0 que sacudió a Haití el 12 de enero del 2010 causó la muerte de unas 230 mil personas y afectó a otras 3 millones. Pero a pesar de la devastación, este país caribeño continúa la ardua tarea de reconstruirse.

A cuatro meses del terremoto, las señales de progreso son cada vez más evidentes en la capital, Puerto Príncipe: tiendas y kioscos de comida han florecido en los campamentos. Las montañas de escombros están desapareciendo, y el Gobierno haitiano ha avanzado en la elaboración de una estrategia a largo plazo para transferir a la gente de los campamentos a los hogares.

Una buena parte del progreso se debe a las organizaciones no gubernamentales que han invertido dinero y recursos humanos a la reconstrucción de Haití. Una de esas Organizaciones es Catholic Relief Services (CRS), que durante los últimos cuatro meses ha promovido comida, servicios médicos y provisiones a cientos de miles de personas necesitadas.
Gracias a donativos privados, CRS planea invertir otros 200 millones de dólares durante los próximos cinco años.

Uno de los esfuerzos más exitosos de CRS ha sido programa trabajo-por-dinero, que ha empleado a más de 1,700 haitianos.

La contratación de residentes para ayudar a limpiar los escombros representa una inyección de dinero esencial en la economía local. Que los participantes obtengan dinero en efectivo tiene un efecto dominó en la comunidad. Sus compras proporcionan trabajo a los comerciantes, quienes a su vez dan trabajo a los distribuidores, quienes a su vez proporcionan puestos de trabajo para los productores.

Los participantes de este programa han sido esenciales en la limpieza de los canales de aguas negras que rodean algunos de los campamentos provisionales con el fin de evitar el brote de enfermedades.

CRS también han participado en campañas de salud pública a través del arte y la distribución de botiquines de higiene, instalación de sistemas de agua potable, drenaje, saneamiento, bombas de mano, entre otras cosas.

Tú también puedes ayudar haciendo una donación deducible de impuestos a CRS, para que así puedas participar en la reconstrucción total de uno de los países más pobres de Latinoamérica.

Noticias AOL
27/05/2010

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Noticias Misioneras del Mundo: 31 de Mayo de 2010


* Intención misionera para el mes de junio
* Asamblea General Extraordinaria San Vicente de Paúl
* El misionero Francisco González escribe desde Mozambique
* Bangladesh: cambiar el alcohol por el rosario

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Intención misionera para el mes de junio
OMPRESS-ROMA (31-05-10) Para que las Iglesias en Asia, que constituyen «una pequeña grey» entre poblaciones no cristianas, sepan comunicar el Evangelio y testimoniar con gozo su adhesión a Cristo, es la intención misionera indicada por el Santo Padre Benedicto XVI para el mes de junio. El Papa Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica Postsinodal “Ecclesia in Asia”, exponía que:
“Un repaso de las comunidades católicas en Asia muestra una espléndida variedad por origen y desarrollo histórico, así como por las diversas tradiciones espirituales y litúrgicas de los diferentes ritos. Sin embargo, todas están unidas para proclamar la buena nueva de Jesucristo mediante el testimonio cristiano y las obras de caridad y solidaridad humana. Mientras algunas Iglesias particulares cumplen su misión en condiciones de paz y libertad, otras se encuentran en situaciones de violencia y conflicto, o se sienten amenazadas por varios grupos a causa de motivos religiosos u otras razones. En el variado mundo cultural de Asia, la Iglesia afronta retos filosóficos, teológicos y pastorales específicos, y su tarea resulta aún más difícil por el hecho de que constituye una minoría, con la única excepción de Filipinas, donde los católicos son mayoría.
En cualesquiera circunstancias, la Iglesia en Asia se encuentra insertada entre pueblos que muestran un intenso anhelo de Dios y sabe que ese anhelo puede ser plenamente satisfecho por Jesucristo, buena nueva de Dios para todas las naciones. Los padres sinodales expresaron su ardiente deseo de que esta exhortación apostólica postsinodal centrara su atención en ese anhelo e impulsara a la Iglesia en Asia a proclamar vigorosamente, con palabras y obras, que Jesucristo es el Salvador.
El Espíritu de Dios, que actúa siempre en la historia de la Iglesia en Asia, sigue guiándola, y los múltiples elementos positivos que se encuentran en las Iglesias locales, frecuentemente recordados en el Sínodo, fortalecen la esperanza de una «nueva primavera de vida cristiana». Una sólida razón de esperanza es el incremento de laicos más formados, entusiastas y llenos de Espíritu, cada vez más conscientes de su vocación específica dentro de la comunidad eclesial. Entre estos en especial son dignos de encomio los catequistas. Además, los movimientos apostólicos y carismáticos son un don del Espíritu, dado que aportan nueva vida y vigor a la formación de los laicos, de las familias y de la juventud. Por último, las asociaciones y los movimientos eclesiales que se dedican a la promoción de la dignidad humana y de la justicia hacen accesible y tangible la universalidad del mensaje evangélico de nuestra adopción como hijos de Dios.
Al mismo tiempo, hay Iglesias que viven en circunstancias dificilísimas y «están sufriendo intensas pruebas en la práctica de la fe». Los padres sinodales se conmovieron por los relatos de testimonio heroico, perseverancia inquebrantable y crecimiento continuo de la Iglesia católica en China; por los esfuerzos de la Iglesia en Corea del sur para prestar asistencia al pueblo de Corea del norte; por la humilde firmeza de la comunidad católica en Vietnam; por el aislamiento de los cristianos en lugares como Laos y Myanmar, y por la difícil coexistencia con la mayoría en algunos Estados donde predominan los musulmanes. El Sínodo prestó también atención especial a la situación de la Iglesia en Tierra Santa y en la ciudad santa de Jerusalén, «corazón del cristianismo», ciudad querida para todos los hijos de Abraham. Los padres sinodales expresaron la opinión de que la paz en la región, e incluso en el mundo, depende en gran medida de la reconciliación y de la paz por largo tiempo ausente en Jerusalén.


Asamblea General Extraordinaria San Vicente de Paúl
OMPRESS-ROMA (31-05-10) Desde el 28 de mayo al 1 de junio 2010, se celebra en Salamanca, España, la Asamblea General Extraordinaria de la Confederación Internacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl, convocada para la elección de su decimoquinto presidente internacional.
La Confederación, organización miembro del Pontificio Consejo Cor Unum, reúne 51.000 Conferencias nacionales en 142 países, con más de 700.000 miembros, apoyados por un millón y medio de voluntarios. De esta manera, puede llegar a 37 millones de pobres. Interviene en beneficio de las víctimas de los desastres naturales - como en tiempos recientes los tifones en Asia, los terremotos en Indonesia y Chile, las inundaciones en la India, etc. - con la ayuda distribuida por la Familia Vicentina y sus voluntarios. En Haití, por ejemplo, donde está presente en las zonas más pobres, ha creado la red Zafén, que facilita a las pequeñas empresas y artesanos el acceso al crédito.
El presidente de Cor Unum, cardenal Paul Josef Cordes, fue invitado por los responsables de la Confederación a dar una conferencia a todos los delegados que asistirán a la Asamblea. El purpurado hablará del beato Federico Ozanam, en referencia a las cuestiones que interesan hoy a Cor Unum, como la identidad específica de las organizaciones católicas de ayuda y de asistencia.
Durante su estancia en Salamanca, el cardenal ha presidido la solemne Eucaristía de ayer domingo 30 de mayo, junto con el obispo de Salamanca Carlos López Hernández, en la que tuvo la oportunidad para despedirse del presidente de la Confederación, José Ramón Díaz-Torremocha, que termina su mandato y que ha servido durante mucho tiempo esta institución.


El misionero Francisco González escribe desde Mozambique
OMPRESS-MOZAMBIQUE (31-05-10) El 6 de mayo pasado, partía para Mozambique, el sacerdote Francisco González Jiménez, de la diócesis de Coria-Cáceres. Desde allí escribe contando su primera impresión de llegada a la misión:
Queridos amigos: Hubiese querido comunicar mi feliz llegada a Mozambique nada más llegar al país pero el acceso al correo electrónico por el momento me es más complicado de lo que suponía. Hice un muy buen viaje con escalas en Londres –cuando yo pasé, sin problemas de nubes de polvo del volcán de Islandia–, en Johannesburgo, y escala final en Maputo. Allí me esperaban los compañeros del IEME con los que voy a compartir misión. En este momento en Mozambique hay cinco sacerdotes diocesanos españoles: Vicente Berenguer (Diócesis de Valencia), Jesús Torres (Segovia), José Casas (Zamora), Alberto Font (Gerona) y Manuel Ramírez (Canarias), y conmigo ahora ya somos seis en un país en el que en algún momento ha llegado a haber más de treinta sacerdotes del Instituto Español de Misiones Extranjeras.
Estos días está previsto que vaya visitando a todos los compañeros en sus misiones para conocer la realidad en la que viven y el trabajo que en cada lugar se desarrolla. Una vez concluido este recorrido, tendremos una reunión en la que entre todos decidiremos en qué lugar me integraré. Mientras tanto estamos disfrutando del reencuentro con este hermoso país y de la convivencia con los compañeros, sus comunidades y el apasionante trabajo que cada uno realiza en esta iglesia. Un gran abrazo desde Mozambique.


Bangladesh: cambiar el alcohol por el rosario
OMPRESS-BANGLADESH (31-05-10) “Antes, solía gastar la mitad de mis 150 taka (2,14 dólares) diarios de ingresos en alcohol. Pero ya no lo hago porque cada tarde rezo el rosario con mi familia”, declaraba a la agencia católica UCA News Tarcisius Biswas, de 37 años, un católico de la tribu Paharia de la parroquia Bonpara, en la diócesis de Rajshahi, Bagladesh.
Biswas es uno de los católicos cercanos a la hermana Celine Marandi y su grupo de siete miembros que comenzaron a promover el rosario en familia a través de esta diócesis mayoritariamente tribal en el 2007.
Además de la religiosa, que es la coordinadora diocesana de servicios familiares, el grupo también incluye un sacerdote y cinco universitarios católicos.
Se organizan para visitar 44 aldeas en 11 de las 14 parroquias de la diócesis para difundir la devoción mariana.
“Tradicionalmente muchos hombres de estas tribus tienen el hábito de beber un licor producido a nivel local y esto ha causado problemas familiares”, afirmaba la religiosa de las Hermanas Catequistas del Inmaculado Corazón de María. “Las cosas ahora van mejor”. Su grupo enseña a la gente de las aldeas cómo rezar el rosario usando poesía e imágenes. También les proporcionan libros sobre esta devoción.
Sus esfuerzos parecen haber tenido éxito puesto que algunos hombres han comenzado a rezar el rosario con sus familias en lugar de beber.
El rosario en familia se difundió después de la llegada al país, en 1955, del padre Patrick Peyton, conocido popularmente como el “sacerdote del rosario”, que dio a conocer esta devoción.

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Evangelio Misionero del Dia: 01 de Junio de 2010


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 13-17

Le enviaron a Jesús unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. Ellos fueron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarlo o no?»
Pero Él, conociendo su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario».
Cuando se lo mostraron, preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?».
Respondieron: «Del César».
Entonces Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».
Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Los conflictos que enfrenta Jesús (I):
La imparcialidad de un corazón centrado en Dios
Marcos 12, 13-17
“Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios”


Jesús está en Jerusalén, en la explanada del Templo, donde propone su enseñanza (ver Marcos 11,27). Precisamente en esta ciudad, Jesús se mueve en medio de un campo conflictivo, de fuertes tensiones entre personas que detentan el poder y gente orgullosa.

Frente a Jesús pasan diversos grupos de presión política y religiosa. Los intereses de cada uno de los grupos se van haciendo sentir: las autoridades (11,27), la coalición religioso política de los fariseos y los herodianos (12,13), los saduceos (12,18) y los maestros de la Ley (12,28). En el ir y venir de la plaza del Templo se habla también de los intereses de la potencia dominadora romana, de las fricciones con la autoridad judía, del estado de ánimo del pueblo.

La gente toma partido por algunos de estos grupos o corrientes e incluso está dispuesta a usar la violencia para defender o promover sus intereses. El ambiente conflictivo envuelve a Jesús cuando, al principio del pasaje que leemos hoy se dice: “Y envían donde él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra” (12,13).

Con una pregunta tratan de encasillarlo en alguna de las tendencias políticas conocidas (12,14b). Pero frente a todos ellos Jesús se presenta como determinado solamente por Dios, cuando al final dice: “Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios” (12,17). Este es el tema del pasaje de hoy.


1. La valoración que los adversarios hacen de Jesús y la pregunta (12,13-15)

Los “fariseos y herodianos” ya habían sido presentados al comienzo del evangelio de Marcos como los enemigos de Jesús: “Los fariseos se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle” (3,6). Y en una ocasión, en la mitad del evangelio, Jesús le pidió a sus discípulos que no imitaran el comportamiento de ellos: “Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes” (8,15).

Cuando se dice que éstos vinieron “para cazarle en alguna palabra” (12,13a), sabemos que pretenden arrinconarle –como ya se había dicho- “para eliminarle” (3,6). La intención es violenta.

Los adversarios afirman inesperada pero correctamente que Jesús es “veraz”, que no mira “la condición de las personas”, sino que enseña “con franqueza el camino de Dios” (12,15a). Es como si le dijeran, en otras palabras: “Tú no estás preocupado por la apariencia y el poder de los hombres sino que te atienes únicamente a la verdad; tú enseñas el camino recto de Dios sea que le agrade o no a los poderosos y sin mirar las consecuencias que pueda tener para ti; la voluntad de Dios está por encima de tu misma seguridad, comodidad y tranquilidad”. Se reconoce así la imparcialidad de Jesús.

Por primera vez los enemigos de Jesús dicen lo contrario de lo que siempre han afirmado sobre Él: que actúa en contra de Dios (ver 2,17.16; 3,22; 7,5; y la acusación final de 14,64). Pero es claro que se trata de una adulación, no de una convicción, que arrastra hacia la trampa. Jesús es puesto en medio de dos poderes en conflicto:
(1) Si se pronuncia a favor del impuesto de vasallaje, se gana la enemistad del pueblo.
(2) Si se pronuncia en contra, da pretexto para que lo acusen ante el imperio romano y lo eliminen.


2. Una respuesta brillante que causa admiración (12,15-17)

Jesús había planteado antes una pregunta embarazosa (ver 11,30), ahora le devuelven una similar. Pero, a diferencia de la anterior, esta vez Jesús suscita admiración con su respuesta: “Y se maravillaban de él” (12,17b).

Jesús se comporta exactamente como lo han descrito: no trata de ganarse el favor de ninguno. Y lo mejor: tampoco cae en la trampa. Procede así:
(1) Percibe y desvela la hipocresía (12,15a).
(2) Pide que le traigan un “denario” (moneda equivalente a un día de salario) para verlo y les pregunta por la identidad de la figura que aparece acuñada –que debía ser la del emperador Tiberio- y la inscripción –que debía decir “Tiberio César, Augusto hijo de Dios Augusto”- (12,15b-16a).
(3) Frente a la respuesta evidente, hace una declaración que los deja a todos en silencio (12,16b-17a).

Analicemos bien este procedimiento:
(1) Jesús eleva la pregunta a otro nivel: no contrapone a Dios con el emperador, puesto que lo político y lo religioso tienen su propio ámbito de competencia. En otras palabras: la fidelidad a Dios no se demuestra con el rechazo del pago del tributo al emperador.
(2) Jesús acude al mismo comportamiento de quienes lo interrogan y les exige coherencia entre enseñanza y vida. Si ellos tienen la moneda e identifican en ella al emperador, es porque se han estado sirviendo de él, en la práctica viven bajo su señorío; por tanto, ¿si usan su moneda cotidianamente, por qué no la quieren usar para el pago del tributo? Si eso era un problema, ¿por qué no comenzaron por ahí? Hay una incoherencia entre la pregunta y el comportamiento personal.

Cuando Jesús dice “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (12,17a) quiere decir:
(1) Por una parte, que la fidelidad a Dios, a quien Él conoce y anuncia, no excluye el tributo al César. La responsabilidad con Dios no descarta la responsabilidad política ciudadana.
(2) Por otra, y en esto no debe haber equívocos, precisamente porque son diferentes, lo que se le da a Dios no se le debe dar al César: la divinidad y el poder absoluto sólo es de Dios y no de ningún hombre ni autoridad terrena. Las exigencias de Dios superan abismalmente las del César. Si bien Dios respeta el ámbito de las autoridades terrenas, estas últimas se relativizan puesto que nunca deben pretender para sí los atributos de Dios: “¡Dad a Dios lo que es de Dios!”.


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Qué nos quiso enseñar Jesús con la expresión: “Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios?”¿Cómo es posible hacerla vida en el mundo de hoy?

2. A Jesús lo “determinó” únicamente la Voluntad de Dios. ¿En mi vida diaria, qué me impulsa a actuar? ¿De qué tipo son mis motivaciones personales? (humanas, sociales, políticas, de fe, etc.)

3. ¿En qué forma favorezco en mi familia o comunidad la vivencia de una ciudadanía evangélica que no excluya la responsabilidad frente a una política ciudadana?


“Corazón admirable de mi Jesús, me llena de alegría contemplar en ti las grandezas, tesoros y maravillas de todos los seres creados e increados” (San Juan Eudes, “Llamas de amor”).

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sábado, 29 de mayo de 2010

LA PALABRA DEL PROFETA


Solemnidad de la Santísima Trinidad (Juan 16,12-15)
Por Jesús Peláez

Sobre la humanidad se ciernen nubarrones de tragedia, una ola de muerte asedia a nuestro planeta, la destrucción colectiva puede ser la terminal de la historia, la carrera de ar mamentos se puede volver contra los que la corrieron, el ma ñana puede que no llegue nunca: no hace falta ser profeta para adivinarlo.

Estamos destruyendo poco a poco la naturaleza, derrocha mos los recursos humanos, se contaminan mares y ríos, se exterminan las especies animales, la humanidad, en su gran mayoría, padece hambre y violencia endémica. Por estos caminos no se llega al futuro.

La violencia, la guerra, la muerte y la destrucción han to mado la sartén del mundo por su mango y se han convertido en los auténticos señores de una humanidad esclavizada que ve aproximarse irremediablemente su trágico final.

Hoy, sin más necesidad de futurólogos, profetas o adivi nos, estamos en condiciones de prever el posible fin de nuestro mundo. Hacia él vamos a pasos agigantados, hacia él nos mal-llevan los grandes de la tierra con una hipocresía rayana en la locura cuando bautizaron al verdugo de la humanidad, el terrible misil MX, con el nombre de 'guardián de la paz'.

'Si quieres la paz, prepara la guerra': es la consabida tác tica por siglos recomendada. Y no saben que por el camino de las armas no se llega al paraíso de la paz, ni por el del con sumo a la felicidad compartida, ni por el de la droga al mundo feliz, ni por el de la violencia al orden justo.

Pero si para predecir el trágico final de la humanidad no es necesario ser profeta, no por ello los profetas se deben apuntar al paro. Hacen falta más que nunca profetas que ejer zan y recuperen su primigenia tarea, su auténtica vocación, reducida por el diccionario a la parcela de predecir el futuro.

El profeta es algo diferente del adivino, del futurólogo, del agorero. En tiempos de Jesús, la gente intuyó su misión. Cuenta el evangelista Lucas que, tras curar al siervo del cen turión, «Jesús fue a un pueblo llamado Nain, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Cuando se acercaba a la en trada del pueblo, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; un gentío considerable del pueblo la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima de ella y le dijo: -No llores. Acércandose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: -¡Escúchame tú, mu chacho, levántate! El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos quedaron sobrecogi dos y alababan a Dios diciendo: -Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo» (Lc 7,11-16).

«Gran profeta» es quien, como Jesús, devuelve la vida, la ilusión, la esperanza, la confianza en el futuro, a un mundo que, como la viuda de Nain, ha perdido su porvenir, su único hijo.

Quienes no creen en la profecía, en la fuerza de la palabra, piensan que todo está perdido, que sólo nos queda asistir al entierro del planeta, como el pueblo de Nain.

Pero los que se suman al grupo de los profetas están so ñando en otro mundo, anunciando por doquier que todavía es posible la vida, otra vida para los que malvivimos la pre sente. Eso sí, hoy, tal vez, no sea ya suficiente con un profeta: necesitamos grupos de profetas cada vez más numerosos que se levanten contra las armas, contra la destrucción sistemática de la naturaleza, contra la explotación, la marginación, la gue rra, la violencia, la insolidaridad humana. Y «ojalá que todo el pueblo profetizara», alzándose con el arma de la palabra contra este desorden establecido que lleva a la humanidad a la catástrofe. Entonces comprenderíamos que la palabra del pro feta es más poderosa que el ruido de los cañones.

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Evangelio Misionero del Dia: Domingo 30 de Mayo de 2010. FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD

Trinidad el mejor equipo para el mundo.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 16, 12-15

Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos:
Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, Él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío.
Por eso les digo: Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

Si miramos el mar inmenso, ¿qué adivinamos detrás de aquella cinta azul que se pierde en la lejanía?... Si miramos el cielo en la noche callada, ¿cuándo llegamos al final de aquella infinidad de estrellas?...
Al mirar el mar o contemplar el cielo, nos quedamos extasiados, nos rendimos ante la imposibilidad de contemplar con nuestros ojos el término de aquellas inmensidades, y dejamos a la imaginación que siga en la búsqueda de lo que para nosotros no tiene fin.
Esto es un pálido reflejo de lo que nos acontece ante el misterio de la Santísima Trinidad, la verdad más profunda que Dios nos ha revelado de Sí mismo, a saber:
- Que es UN Dios, UNO sólo; - que tiene TRES Personas, cada una de las cuales es Dios, pero no son tres dioses, - sino que es UN SOLO Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¿Que no entendemos esto? ¡Claro que no! Si lo comprendiéramos, Dios sería tan pequeñito como nuestro entendimiento o nosotros seríamos tan grandes como Dios.
Pero esto tan ininteligible es también nuestro anhelo supremo:
- ¡Yo sé, mi Dios, que Tú eres así! ¡Yo te quiero ver tal como eres Tú! ¡Yo te busco, sabiendo que Tú estás delante de mí, como un misterio, pero presente y llenando todo mi ser! ¡Yo quiero tu misma gloria, esa gloria que a ti te hace infinita y eternamente feliz!...
Los filósofos y los teólogos nos dictaban muchas unas lecciones sobre Dios muy profundas, pero de muy poco provecho en realidad. Nos decían siempre que Dios es todopoderoso, sapientísimo, eterno, y no sabemos cuantos atributos más nos dictaban uno tras otro... Todo eso es verdad. Todo eso nos asombra. Todo eso lo creemos y lo confesamos.
Pero preferimos que nos digan esto de hoy: lo que es la vida íntima de Dios, aunque no la comprendamos; y que nos digan sobre todo que ese Dios Uno y Trino es nuestro Padre, un Padre que nos ama y que nos quiere meter en lo más hondo de su vida divina.
Nada como el misterio de la Santísima Trinidad nos revela lo que es la vida cristiana y lo que será el término final de nuestra vocación.
Es un venir de ese Dios que nos crea a su imagen y semejanza, y nos elige desde toda la eternidad para ser santos e inmaculados en su presencia.
Es un vernos hijos del Padre en su Hijo Jesús, el Primogénito entre una multitud inmensa de hermanos.
Es un sentirnos absorbidos por el Amor infinito de Dios, el Espíritu Santo, derramado en nuestros corazones para hacernos morada de la Divinidad.
Es un formar entre todos nosotros la familia de Dios, que nos quiere unidos como hermanos dentro de su Iglesia, con una unión y un amor igual al que se tienen las Tres Divinas Personas en el seno de su Trinidad Santísima.
Es un ser llamados a participar un día y para siempre de la misma felicidad que goza ¡todo un Dios!...
Todo esto lo tenemos, lo vivimos y lo disfrutamos ya ahora en fe. Mañana será en gloria. Lo ha expresado como nadie Teresa de Lisieux, la joven y santa Doctora de la Iglesia, cuando nos dice: No comprendo bien lo que se me dará después de mi muerte que no posea ya ahora... Veré a Dios, es verdad; pero en cuanto a estar unida con Él, ya lo estoy enteramente en la tierra.
Esta es la vida de la Santísima Trinidad en nosotros. Como una aspiradora, nos ha metido dentro de Sí, estamos metidos en ella, absorbidos por su amor y su gracia, y no falta sino que esta realidad se convierta en gloria después de la muerte.
Entonces, ¿dónde está la verdad y el valor de nuestra vida? Está sólo en buscar a ese Dios que así se nos ha revelado. Mejor dicho, no está en buscar a Dios, pues ya lo tenemos, sino en avivar la conciencia de lo que llevamos dentro, de lo que nos ha hecho Dios, de lo que somos, y de lo que vamos ser un día cuando nos veamos transformados en su gloria.
¡Cuánto que vale la vida, cuando la llena Dios! ¡Cuánto que se ama a los hermanos y se trabaja por ellos, cuando nos vemos unidos todos, como vemos unidas en Dios a las Tres Divinas Personas!
¡Cómo se pasa por este mundo, disfrutándolo conforme al querer de Dios, pero sin apegarse demasiado a él, sabiendo que un día u otro termina! Y nadie es tan tonto que, por las cosas temporales quiera perder las eternas..., la vida divina que llevamos dentro y la gloria futura que esperamos.
Esta es la única verdad, la que hoy nos enseña el Espíritu Santo prometido por Jesús. El Espíritu que nos lleva a Jesús, para que Jesús, nuestro Mediador, nos lleve al Padre.
¡Padre Eterno, Padre de nuestro Señor Jesucristo y Padre nuestro Celestial!
¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor!
¡Espíritu Santo, amor del Padre y del Hijo, y huésped de mi corazón!
Yo te adoro, Trinidad Santísima, que por tu gracia habitas en mi alma.
Trinidad Santísima, que por tu gracia habitas en mi alma, haz que te ame siempre más.
Trinidad Santísima, que por tu gracia habitas en mi alma, santifícame más y más.
Trinidad Santísima, que por tu gracia habitas en mi alma, sé Tú mi verdadero gozo aquí en la tierra, como vas a ser mi felicidad y mi alegría y mi gloria allá en el Cielo...

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viernes, 28 de mayo de 2010

Solemnidad de la Santísima Trinidad (Juan 16,12-15): Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Publicado por DABAR

Jesús nos introduce en ese tan complejo, y a la vez tan sencillo, mundo de la Trinidad. Un solo Dios en el que habitan tres personas: Padre, Hijo y Espíritu.

Digo complejo porque nos empeñamos en entender, con lo sencillo que es confiar,… o ¿no es tan sencillo?

Jesús nos abre a las dos realidades: “cuando venga el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena”… y comprenderemos; y en cuanto a la confianza, él mismo es ejemplo y camino de confianza en Dios.

El Espíritu; el de Jesús, el de Dios o él en sí mismo (¡qué más da!), es el empuje, el ánimo, el que sopla, el que ilumina, el que nos hace andar en la luz, en la verdad… , es todo aquello que debemos pedir al Padre: concédeme la fuerza del Espíritu para creer, esperar y amar.

Tantas veces no entendemos situaciones y momentos de la vida que de pronto te desinstalan, es como si la vida que conocemos se detuviera y tuviéramos que reemprenderla de nuevo desde otra perspectiva, o incluso desde otro “plano” diferente.

Hay desengaños afectivos que nos rompen: familia, parejas, amigos,...; hay enfermedades propias o cercanas que nos descoloran; hay momentos laborales que nos hunden: incluso momentos de fuerte frustración e impotencia que nos colocan en un hoyo del que no vemos salida.

Todos nosotros conocemos y tenemos experiencia de momentos así.

Yo, personalmente, también he tenido momentos así, unos más intensos que otros, unos más fáciles y otros más difíciles, unos más cortos y otros larguísimos; pero siempre, antes o después he sentido una fuerza que no me pertenece, que no soy yo y mi voluntad o valentía o aguante…, no, una fuerza “regalada” y, hasta hace poco, no pedida, que me empujaba, que me animaba, que me apoyaba. A veces sentida en lo más profundo de mi realidad, a veces en personas que se me han dado, que se me han “derramado” en esos momentos, a veces en la soledad y el silencio…

Esta fuerza, este Espíritu, no es un “resuelveproblemas”, no es la solución fácil y grata, es la fuerza que nos sostiene en la dificultad, la que nos ayuda a afrontarla, a reconocerla y a vivirla, unas veces desde la aceptación y otras desde la oportunidad.

He dicho aceptación, que no resignación y oportunidad como camino.

El Espíritu se nos regala, se nos da, pero hay que aceptarlo, abrirle paso, acogerlo, saberlo ver en mis hermanos, en todos los que se acercan a mí diaria u ocasionalmente, en sus actos, en sus palabras, en sus silencios. Verlo en las oportunidades, en los momentos cálidos y sencillos, en la dificultad, en la alegría, en el tumulto y en el sosiego.

Hay que dejarse impregnar, abrirle paso en nuestra vida para que pueda “trabajar”, transformar y realizar la voluntad de Dios en nosotros.

Pidámoslo al Padre, o al Hijo, ¡qué más da!, pero pidámoslo como acto de confianza en un Dios que se nos entrega en Amor.

CONCHA MORATA
concha@dabar.net



DIOS HABLA

PROVERBIOS 8, 22 31
Así dice la sabiduría de Dios: «El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas. En un tiempo remotísimo fui formada, antes de comenzar la tierra. Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas. Todavía no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada. No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe. Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba el cielo en la altura, y fijaba las fuentes abismales. Cuando ponía un limite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres».

ROMANOS 5,1 5
Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

JUAN 16,12 15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. El me glorificará, porque recibirá de mi lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará».



EXEGESIS

PRIMERA LECTURA
• Contexto. -Es uno de los dos grandes discursos sobre la Sensatez o Sabiduría (el otro en 1,20-33), tras precavernos el autor contra las malas compañías (6,12ss) y la mujer prostituta (cap.7). El cap. 8 es una unidad literaria, dividida en tres estratos (1.10; 12-21 y 22-31). La liturgia sólo se fija en la tercero.
-En los vs. 1-10, la Sensatez, en forma de mujer (# Prov 7), empieza a hablar sin que nadie le haya dado la palabra. Su discurso no se dirige a gente selecta sino a todo el mundo, por eso habla en lugares públicos invitando, con machaconería, a prestar atención a sus consejos, más preciosos que cualquier riqueza (vs. 10-1l). ¿Qué valores son éstos? Tal vez se refiera a los proverbios de los cap. 10-30 (Prov 1-9 sirven de introducción). El que se consagra a la sabiduría practica la verdad y justicia, evita el engaño y el mal comportamiento.
-En la segunda estrofa (vs. 12-21), la Sensatez se presenta a sí misma adornada con las cualidades de todo buen consejero real: inteligencia, madurez mental, saber obrar y valentía. Salomón las ponderó, Y. también el futuro Mesías. De la sabiduría depende el recto orden social y el justo ejercicio del poder que exigen actuar conforme a derecho y justicia, siendo un bien superior al oro y la plata; la sabiduría lo otorga no sólo a los poderosos (vs. 15s) sino también a los pobres (vs. 20ss). Por la sabiduría nuestra conducta será justa, auténtica; por eso hay que amarla y desearla ardientemente.
• Texto. -En esta tercera estrofa (vs. 22-31), la Sensatez intenta convencernos de su capacidad y habilidad para implantar el orden entre los mortales. Se mueve entre el Dios creador (v.22) y las criaturas (v. 31, final de la estrofa). Es primogénita y mediadora, y, cuando Dios impone orden y estabilidad en el universo, está junto a El como primera criatura. El orden de nuestro mundo depende de ella.
-Al principio de la estrofa habla de sus relaciones con la divinidad (el nombre del Señor sólo aparece en el v.22; el v. 13a es una glosa). Engendrada (v.22), en sentido figurado, tejida con nervios y huesos como todo embrión humano en el seno de su madre (v.23), fue dada a luz con dolor por el Señor (v.24). Anterior al mundo que contemplamos (cfr. el doble ‘antes’ de los vs. 23-26), está junto a Dios cuando lo organiza (cfr. las conjunciones 'cuando' en los vs. 26-29), pero no juega papel activo alguno en la creación (v.30); es como un niño de pecho en el que Dios pone sus complacencias y sus delicias consisten en estar junto a los hombres (vs. 30ss). En la Capilla Sixtina, Miguel Ángel, al pintar la creación de Adán, representa a la sabiduría como a un niño jugando en el taller de su padre.
-La Sensatez establece un lazo entre Dios y los humanos para que la verdad y la justicia reinen en nuestro mundo.
• Reflexiones. -Todo hombre debe escuchar, hacer caso, amar... la Sensatez porque proporciona vida, verdad, justicia... (vs.31-36); pero especialmente los políticos para que, adornados con las cualidades inherentes de la madurez y valentía, implanten la justicia, el derecho, la verdad... y así eviten tanto corrupción, engaño... ¡los pueblos lo están anhelando!
-Por ser la primogénita, los Padres han visto en la Sensatez o Sabiduría personificada un símbolo del Verbo, de Jesús, primicia de toda la creación (Col 1, 15; Ap 3,14). Otros Padres, como Ireneo, la consideran símbolo del Espíritu Santo.

EQUIPO DABAR



SEGUNDA LECTURA
El texto no es, a primera vista, muy trinitario sino habla de la relación del ser humano con Dios en una típica terminología paulina, la de la justificación. Y esto es muy significativo del modo en que Pablo habla de Dios Uno y Trino. No especula sino intenta presentar la realidad humana en contacto con ese Dios. Se trata, en términos técnicos, de una Trinidad funcional y no ontológica. Y tal es la forma de que resulte significativa para los creyentes.
El Hijo Jesucristo es el fautor de nuestra nueva relación con Dios, la cual, en este texto, recibe el nombre de justificación, pero que puede llamarse de otros modos, lo que aquí mismo aparece al denominarnos hijos de Dios. Es lo mismo Todo es un don recibido por medio del Señor Jesús para unirnos con el Padre de la manera más profunda que nos resulta posible.
Ello crea una manera de ser del creyente que supera las dificultades y lo hace esperanzado aun en medio de ellas.
Y ahí está la clave de todo: el amor de Dios hacia los seres humanos mediado también por el Espíritu.
Puede ser que en Pablo no haya una coherencia total en la presentación y lenguaje sobre los Tres de la Trinidad, en especial en lo relativo al Espíritu Santo.. Pero lo esencial es vivir el punto central de sentirse querido, amado, por Dios con las consecuencias que eso tiene.
El Padre es Padre, porque lo es de su Hijo Jesús y de sus hijos los seres humanos. Y ello no por magia sino porque los ama y con ello y en ello los hace hijos. En eso consiste, al final, la Trinidad.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


EVANGELIO

1. Aclaración de términos
V.13 La verdad: la revelación de quién y cómo es Dios. Guiar hasta la verdad plena. ¿Hasta o en? ¿Hasta la verdad o en la verdad? La traducción litúrgica opta por hasta. El texto griego aconseja en. Comunicar lo que está por venir: no es prever el futuro, sino aclarar lo que la verdad significa en cada época.

2. Texto
Jesús habla a sus discípulos de un proceso de maduración para poder llegar a la comprensión plena de lo que han vivido en su compañía. Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora. Comprender la verdad que Jesús ha traído no es algo que los discípulos puedan hacer de una vez por todas; es más bien un camino, un proceso.
Este proceso, este camino, no lo van a hacer ni lo van a recorrer los discípulos en solitario y por su cuenta y riesgo. Van a contar con el Espíritu, que les guiará en la verdad plena.
Hablar de la Verdad que Jesús ha traído es hablar del Padre, en quien Jesús tiene sus raíces. Todo lo que tiene el Padre es mío.
El Espíritu tiene sus raíces en Jesús y en el Padre. Por eso puede desentrañar la Verdad. Hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

3.Comprensión actualizante
La liturgia del día nos invita a centrar nuestra atención en Dios: Padre, Hijo y Espíritu.
El punto de partida con garantía absoluta debe ser Jesús, explicado por el Espíritu.
Al acercarnos a Jesús empezamos descubriendo en él una persona humana extraordinaria.
Poco a poco, este descubrimiento inicial se nos va quedando corto. El Espíritu nos va haciendo descubrir en Jesús una persona divina, que nos revela en Dios al Padre, con quien Jesús está en cercanía y familiaridad humanamente inexplicables.
El trato con Jesús, el conocimiento de él nos van llevando a la certeza total de Dios, uno y trino, aunque no acertemos a explicar esa Trinidad.
Desde Jesús, Dios va adquiriendo perfiles cada vez más y mejor delimitados, que explican y dan respuesta a nuestras más hondas aspiraciones y anhelos.
Gracias a Jesús, estamos absolutamente seguros de que nosotros no fabricamos ni explicamos a Dios a partir de nosotros mismos, sino que somos nosotros quienes adquirimos explicación a partir de Dios y que, por eso, nuestra vida tiene sentido pleno.

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net



NOTAS PARA LA HOMILIA

¿INVENTAMOS NOSOTROS A DIOS?
Una fiesta que era tradicional en las primaveras de nuestros mayores y marcaba algunas de las faenas que debían acometer en los ciclos de la plantación de los huertos. Hoy, urbanitas incluso los del mundo rural, la asociamos con un mundo que explota en la inmensa variedad de formas vitales a las que podemos asomarnos en los parques, si guardamos alguna sensibilidad curiosa por el mundo natural.

Es posible que al mirar la televisión, sin mirar por la ventana los brotes del jardín o las yemas de los árboles callejeros, descubramos la inmensidad de un cosmos en el que estamos inmersos como pequeñísimas partes de un conjunto que nos desborda y maravilla.

La perplejidad se apodera de nosotros sintiendo el peso volátil de nuestra identidad en tan vasto escenario y cayendo en un mutismo, más reflejo de impotencia que de indiferencia, porque nos deja mudos un mundo tan hermoso, pero, a la vez, interesados en lo que somos y en lo que seremos. ¡Cómo será nuestro futuro!

Nos hacemos muchas preguntas porque ni la cabeza ni el corazón se resignan a la apariencia, bien visible, de acabar nuestros días disueltos en la materia, convertidos en polvo interplanetario, viajando a velocidades de vértigo arrastrados por las tormentas y explosiones que se van sucediendo en la larga historia cósmica.

Siempre hay alguien que, ante la insistente pretensión humana de elevarnos por encima del polvo y soñar con realidades trascendentes, nos recuerda nuestra condición y remite nuestros sueños a la evidencia. Todo es muerte, o, como se dice ahora, todo es entropía.

Siempre, también, resistimos la invitación a abrazar el nihilismo y, con excepciones temporales y personales, porque hay épocas en que parece ponerse de moda y da la impresión de extenderse hasta convertirse en cultura general, mantenemos la esperanza o la ilusión de otro mundo y otra realidad más allá de tanta evidencia miope. Tiene que haber algo más.

Nuestras aspiraciones y nostalgias dan pie para pensar con esperanza o… con ilusión. Entonces decimos que tiene que haber algo y construimos fantasías que respondan a nuestros deseos. Fabricamos dioses y futuro. De nuevo el aguafiestas revisa nuestras proyecciones y destroza nuestros tenderetes y quioscos religiosos. Alguien se une a la destrucción con acusaciones de inventos, negocios, tinglados y opios.

Y, efectivamente, reconocemos que en un mundo lleno de drogas, opios y ocios, evasiones y futbol, bufones y aduladores variados, la religión también puede ser, en ocasiones, una invención, un tinglado,… pero que hay algo más escondido en esa expresión externa, procedente de un recoveco interior muy profundo, que nadie logra extirpar de la sociedad humana, ni siquiera con la ayuda de cirujanos bien cualificados en la larga lista de técnicos laicistas y ateos.

JESÚS NOS DES-CUBRE, RE-VELA, DES-VELA Y DES-NUDA
Todavía perplejos con la inmensidad del cosmos y nuestra pequeñez soñadora, tal como canta el libro de Los Proverbios en la primera lectura, recibimos la visita inesperada de Jesús, el de Nazaret, a quien muchos habían anunciado y a quien esperábamos de otra manera, y nos dice que Dios lo envía para… ¿Para qué?

Para re-velar (¿se acuerdan Uds de cuando las fotos se revelaban en un cuarto oscuro y aparecía, de repente, una imagen?) a Dios y revelarnos a nosotros mismos. O sea, para mostrar la imagen que se corresponde con la realidad. Para des-velar (¿se acuerda alguien cuando, de repente, nos abrían los juguetes para Reyes?). Para des-cubrir (¿se acuerdan cuando la policía, de repente, resolvía el caso del robo en…?). Para des-nudar (¿se acuerdan de aquello del nudo gordiano o del nudo en la garganta o del nudo en el problema de matemáticas?)

Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora”. Poco a poco, en un proceso apasionante de resistencias y aclaraciones, de oscuridades y de claridad, de búsquedas impacientes y cansancios agotadores, de entusiasmos y frustraciones, de credibilidad y desconfianza. Poco a poco, tal y como somos los humanos de lentos, críticos y, por otra parte, necesitados. Así es nuestro proceso de relación con una Dios que se nos presenta como respuesta a nuestra ansiedad más profunda y fuerte, a la vez, que como misterio fugitivo y desbordante.

No conviene imaginarlo, nos confundiremos. Mejor esperar que se nos descubra. Y nadie mejor que Jesús para conocer bien a Dios y conocernos bien a nosotros mismos.

JOSE ALEGRE ARAGÜES
pepe@dabar.net




PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS
El Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
(Jn 16, 13)

Preguntas y cuestiones
- ¿Me siento amado por Dios?.
- Revisar el concepto de Dios Uno y Trino. ¿Me sirve por algo o es un mero dogma abstracto?


PARA LA ORACION

Dios, a quien debemos la vida y la belleza de un mundo que nos desborda con sus manifestaciones, a quien sentimos en el interior de todo lo que nos rodea. Abre nuestros ojos para que tu presencia nos anime a buscar y encontrar a quien necesita nuestra ayuda para que te ayudemos a hacer un mundo más humano y solidario.
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El Pan que simboliza la vida con sus esfuerzos, trabajos y angustias es la expresión de nuestras búsquedas y el alimento de nuestro ánimo, al ofrecerlo queremos que lo transformes como signo de nuestra propia transformación para cambiar el mundo. Unimos también el vino de la alegría que anima nuestro corazón y nos empuja a la relación, la conversación y la generosidad, sin olvidar que hace presentes a todas las víctimas de la violencia y nos convoca a la construcción de la paz y la unión.
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La vida es una bella experiencia cargada de emociones, tensiones y fatigas. La disfrutamos con la misma intensidad que la sufrimos, la admiramos con la misma frecuencia que la maldecimos. Pero, en verdad, la queremos y sentimos la necesidad imperiosa de hacerla grata y placentera para todos.
La muerte nos refleja el apego que sentimos por ella. La insatisfacción nos grita cómo nos gustaría mejorarla y la convivencia nos acusa de las dificultades que en ella introducimos.
Pero no estamos solos. Jesús vino para vivir con nosotros y participar de nuestras emociones aportándonos la paz de tu perdón y la esperanza de tu acción en la historia.
Testigos son todos los que deciden participar contigo en la hermosa tarea de hacernos más humanos ayudando a tantos hermanos.
Todo ello nos llena de alegría y gratitud que reflejamos en nuestro canto y celebramos en esta fiesta de la vida a la que cada semana somos convocados
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Dios de amor y perdón, de esperanza y alegría, de ánimo y superación, haznos portadores del sentido festivo de la vida y de la dimensión comunitaria de nuestra fe, para que vivamos con tu estilo y hagamos posible una comunidad realmente unida, solidaria y humana



LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
Bienvenidos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, el Dios que se nos manifiesta en comunidad, en relación y en apertura, el Dios con corazón familiar, palabras humanas y calidez de amigo. El Dios que nos convoca a la celebración de esta vida que explota en luz, calor y formas, en este tiempo que anuncia ya el verano que arropa y contagia, como Él.

ACTO PENITENCIAL
Porque Dios es relación comunitaria y nos ha contagiado esa tendencia de necesitar a los otros con quien no siempre nos llevamos bien, le expresamos nuestras limitaciones
-Tú que eres amor comprensivo y abierto aceptando nuestra condición defectuosa y difícil. Señor, ten piedad
-Tú que eres el cauce de Dios con nosotros haciéndote Palabra, imagen y camino de perdón y esperanza. Cristo, ten piedad
-Tú que impulsas y animas nuestro caminar para superar nuestras frustraciones y desalientos. Señor, ten piedad
Dios nos hace presente su aceptación, nos acoge en su corazón y, así, nos hace presente su perdón para que lo hagamos llegar y disfrutar a los demás.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Desde la alegría y la admiración que despierta la contemplación de un universo hecho con tanta sabiduría, el corazón se remonta al Espíritu que anima toda la realidad desde el interior. Un juego creativo e imaginativo que expande gozo, contagia vitalidad y denota un sentido, una orientación, un universo, que indica la finalidad que le ha inoculado su creador.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 8)
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar.
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
Ya no hay miedo a Dios, estamos en paz con Él. Jesús, el Cristo y Señor, se ha encargado de restablecer la paz en el corazón temeroso de una humanidad que no termina de fiarse y entender que Dios pueda ser tan generoso. Pero es verdad, en Jesús hemos encontrado esa relación impensable de ser queridos y aceptados como los hijos son queridos y aceptados en la casa de sus padres.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
En la complicada búsqueda de plenitud y en la incesante aspiración a la felicidad, la humanidad ha buscado, imaginado e inventado muchas formas e imágenes de Dios para hacérselo a su medida. Un día, para superar lo falso y confirmar lo cierto, Dios decide ponerse en contacto con nosotros y hablarnos. Pero no lo hace de golpe, lo inicia en un proceso, con Jesús, que con su Espíritu nos irá haciendo descubrir algo nuevo de Alguien que nos desborda, pero que nos explica nuestra propia realidad.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Ante Ti, Señor, que muestras interés con lo que has hecho y nos has confiado, presentamos las muchas necesidades que sentimos y vemos
-Para que los creyentes seamos transmisores de tu Palabra de amor y perdón dirigida a todos los que se sienten alejados de Ti. Roguemos al Señor
-Para que los más necesitados de la tierra, cerca o lejos, sientan tu preocupación y nos vean solidarios y sensibles ayudándoles. Roguemos al Señor
-Para que nuestras relaciones humanas se tiñan del amor que se da en la relación de la comunidad divina. Roguemos al Señor
-Para que seamos estrellas que ayudan a seguir el camino de la vida a quienes no encuentran la estrella polar con la que guiarse. Roguemos al Señor
Oración: Escucha, pues, Dios bueno y cercano, nuestra oración. Ella refleja la inquietud de nuestra vida, los problemas de nuestra convivencia y la necesidad de quienes sufren. Atiéndela por eso y porque te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.



CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada: Juntos como hermanos; Alabaré, alabaré; Me adelantaré (tercera estrofa).
Salmo: Señor, Dios nuestro (1CLN-501).
Aleluya: 2CLN-E 4.
Ofertorio: Quiero estar, Señor, en tu presencia, del disco “Cantos para participar y vivir la Misa”
Santo: de Palazón
Comunión: Como brotes de olivo (1CLN-528) Cerca de Ti, Señor (1CLN-702)
Final: Por tantas cosas (1CLN-615)



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net

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Palabra de Mision: El Dios que se revela / Fiesta de la Santísima Trinidad – Ciclo C – Jn. 16, 12-15



El misterio central de la fe cristiana es el misterio trinitario. A partir de él se estructura todo el contenido de nuestra creencia. Ese es el Dios en el que depositamos nuestra confianza: un Dios comunitario, de relaciones íntimas de amor, en misión constante hacia el ser humano. La Iglesia y la evangelización sólo pueden entenderse y hacerse desde la realidad trinitaria; cuando se parte desde otros puestos u otras perspectivas, se pierde el sentido real y concreto de lo que somos y de lo que hacemos. No hay Iglesia verdadera si no se esfuerza por reflejar la Trinidad, y no hay misión verdadera si no se reproduce el estilo misionero trinitario. Que la fiesta que celebramos este domingo esté a continuación del bautismo eclesial que significa Pentecostés, es una invitación renovada a plantearse cómo queremos ser comunidad y cómo queremos ser evangelizadores.

Hoy seguimos profundizando en el Espíritu Santo y en la realidad de la época de salvación que nos toca vivir. Clásicamente, la teología habló de las dispensaciones o tiempos de acción prioritaria de las tres Personas de la Trinidad. Así, el Antiguo Testamento, por decirlo de alguna manera, desde la Creación hasta Jesús, es el tiempo prioritario de la acción del Padre. En Jesús tenemos el tiempo prioritario del Hijo, que se encarna, muere, resucita y asciende. Posterior a eso, comienza el tiempo del Espíritu Santo, que es el tiempo de la Iglesia. Las tres Personas son inseparables, pero las dispensaciones nos ayudan a entender, desde nuestra situación humana, la historia de la salvación y la presencia transformada de Dios. Él no desaparece, sino que transforma su existencia entre los seres humanos. Como lo entendimos en la fiesta de la ascensión, Jesús no se eleva para irse y dejarnos, sino que se eleva para abarcar el cosmos, y en el cosmos, al varón y la mujer. La historia de la salvación se desarrolla progresivamente, por pasos, con pedagogía. Nada sucede de golpe, de un día para el otro; Dios no fuerza el reconocimiento de su presencia, ni fuerza la fe. Sin embargo, a pesar de la falta de reconocimiento, Dios sigue estando, acompañando, y revelándose.

Así como, en el Evangelio según Juan, Jesús es el revelador del Padre, según la expresión de Jn. 1, 18: “A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado”, y la respuesta de Jesús a Felipe: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn. 14, 9), de la misma manera el Espíritu Santo viene a ser un revelador de la Trinidad. El Hijo da a conocer al Padre y el Espíritu Santo da a conocer la plenitud de la verdad revelada por Jesús. No se trata de que el Espíritu complete algo que faltaría en la revelación obrada por el Hijo, ya que el misterio de la encarnación-muerte-resurrección es la Palabra definitiva de Dios. Se trata, más bien, de la progresión en la comprensión humana de esa Palabra que ya fue completa en Jesús. Por eso le advierte el Maestro a sus discípulos sobre la existencia de cosas con las que no pueden todavía. El texto en griego del primer versículo que leemos hoy, si quisiésemos traducirlo más literalmente, no tendría que decir no podéis con ello, sino que no son capaces de llevar esa carga, que es lo expresado por la palabra griega bastazo. El mismo vocablo se utiliza en Jn. 10, 31, por ejemplo, cuando se dice que “los judíos cargaron otra vez piedras para apedrearle”. Al momento en que Jesús les habla, todavía no son capaces de cargar el sentido fundamental de verdades tan importantes como la realidad mística de la unión a Cristo (cf. Jn. 15, 1-8), el mandamiento nuevo del amor (cf. Jn. 15, 9-17), las tribulaciones que acontecen a los que depositan su fe en el Cristo (cf. Jn. 15, 18 – 16, 4) y la presencia del Paráclito (cf. Jn. 16, 5-11). Son verdades pesadas, y sólo con la ayuda del Espíritu Santo es posible avanzar en profundidad. Será este Espíritu el que acompañará en el discernimiento del pecado, la justicia y el juicio (cf. Jn. 16, 8). El pecado porque señalará que lo bueno y lo perfecto está en Jesús, y que sólo en su seguimiento verdadero y real es posible hacer plena y santa la vida (cf. Jn. 16, 9); la justicia porque el Hijo no vuelve al Padre para planear una venganza sobre los que lo asesinaron, sino que asciende para abarcar la Creación (cf. Jn. 16, 10); y el juicio porque las fuerzas del mal han sido derrotadas en la Pascua, y el amor de Dios triunfó sobre cualquier forma de opresión (cf. Jn. 16, 11).

Entender el verdadero significado del pecado, la justicia y el juicio es necesario para no tergiversar a Dios Trinidad. Cuando pecado es una idea amenazante para exhortar, inútilmente, a llevar una vida buena, cuando la justicia es un ideal que sólo se concretará en el más allá, y cuando el juicio es la delicia de predicadores que atormentan con imágenes de fuego y destrucción, entonces le faltamos el respeto a Dios. Porque en lugar de una Trinidad que ama, que se comunica y se quiere comunicar, que interviene en la historia, que salva y que derrama su gracia (que es la Trinidad verdadera), fabricamos una imagen que nada tiene de trinitario. Construimos un dios del odio y de la amenaza, ajeno a la problemática humana, casi en acuerdo con los demonios para entregarle a los perdidos. Nos salteamos, así, la gran revelación realizada en Jesucristo: Dios salva y ama por sobre todas las cosas. Al saltearnos esa revelación, nos estamos olvidando de la acción del Espíritu que, en nuestro tiempo, tiempo de la Iglesia, quiere llevarnos hasta la verdad más grande, quiere hacernos más comprensible el Evangelio, sin apurarnos y sin hacer antes lo que debe estar después.



A cada generación le corresponde escuchar lo que el Espíritu dice a las Iglesias (cf. Ap. 2, 7.11.17.29; Ap. 3, 6.13.22). Y lo que dice no es algo nuevo en el sentido de algo inventado, sino que es el desarrollo de la única Palabra absoluta de Dios dicha en Jesucristo. El Evangelio no fue algo bueno y entendible sólo hace dos mil años en Palestina. No fue una teoría/teología de Saulo de Tarso. No es una construcción dogmática de la institución eclesial. El Evangelio es la Buena Noticia del amor de Dios, y como tal, es propiedad pública, es conocimiento para el pueblo, es regalo para todos. Por eso, somos responsables de que en cada época y en cada lugar, el Evangelio encuentre actualización y cabida. La tarea hermenéutica sobre la Palabra de Dios (en el amplio sentido, no sólo bíblico) es una tarea que culminará cuando culmine la historia. Mientras tanto, nos vemos sumergidos en una dinámica de cambios que nos impulsan a re-leer la experiencia de Dios en la historia para asumir nuestro presente y proyectar nuestro futuro.

La ventaja de nuestra situación es que contamos con un acervo de experiencias anteriores. En primer lugar, tenemos los dos mil años de historia de la Iglesia; en segundo lugar, la experiencia de Israel; en tercer lugar, la experiencia humana en general. Todo habla de Dios, a su manera y desde distintos ángulos, pero si no incorporamos el movimiento hermenéutico, los acontecimientos, las circunstancias, los momentos, la historia misma, es muda y nosotros los sordos. Darle sentido a la realidad humana es una tarea evangelizadora. Todo debe ser revestido de la Palabra trinitaria. Todo salió de la Trinidad, y todo adquiere veracidad en ella.

Cuando la Iglesia pierde tiempo en condenar la historia humana (inclusive con lo condenable que hay en ella), en realidad pierde el tiempo precioso que podría invertirse en ayudar a que el otro descubra el sentido que tiene la vida, y más aún, el sentido trinitario. Estamos hablando de una obra que exige escuchar atentamente al Espíritu, para llegar a la profundidad de la dimensión del Hijo y, así, conocer verdaderamente al Padre. Si nos animamos a la hermenéutica, nos animamos a dejarnos llenar por la dinámica de la Trinidad, y eso es dejarse llenar por una dinámica de amor y de comunión. Quien no está dispuesto a dejarse amar y a vivir en comunidad, no está dispuesto a actualizar la Palabra divina. Darle a cualquier ser humano la oportunidad de dejarse llenar por el Evangelio, a pesar de que éste haya salido de la boca y de las manos de Jesús hace dos mil años en un lugar perdido del Imperio Romano, es arriesgarse a una aventura que no tiene límites, y que difícilmente sea comprendida por una sociedad que se afana por disfrutar entre los excesos un presente que quiere capturar para siempre. En una cultura dominada por el deseo de juventud eterna y por el desprecio de lo llamado antiguo, cuesta presentar la hermenéutica como proceso válido. Se supone que la Biblia es un libro mítico y viejo, que sus letras están muertas, y que Jesús estuvo bien para su época y para su espacio. Nosotros, en cambio, creemos que la Palabra de Dios es Palabra viva (cf. Hb. 4, 12; 1Ped. 1, 23), y que no está estancada, sino que es una Palabra emprendedora. Como es ya clásico escuchar en la exégesis, la palabra en griego que designa al Espíritu, es pneuma, que igualmente significa viento. En hebreo, paralelamente, la palabra es ruah, que también puede traducirse por viento o aliento. El Espíritu de Dios es equiparable al viento por su fuerza y su empuje, porque se encuentra siempre en movimiento, y porque siendo movimiento, moviliza a los demás. El Espíritu es animador porque mueve, porque anima. La esencia del Espíritu, por lo tanto, es el cambio; un cambio que no afecta la Verdad fundamental, pero que la hace entendible y expresable para cada tiempo y para cada lugar. El signo de que la Iglesia está oyendo al Espíritu de Dios y que está dispuesta a configurarse con la Trinidad, es una Iglesia que se anime a cambiar.

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NO DESPERDICIEIS LA VIDA PRESENTE


Solemnidad de la Santísima Trinidad (Juan 16,12-15)
Por R. J. García Avilés

Esta vida tiene toda su importancia. Aunque tengamos la espe ranza de que llegue a ser mucho mejor; esta vida es un regalo de Dios, y sí nosotros lo queremos, puede ser ya el definitivo don de Dios.


NO HABRA LLANTO, NI LUTO...

Según el Nuevo Testamento, con Jesús empieza la escato logía. Esta palabreja sirve a los estudiosos para referirse a la definitiva y última etapa de la historia de las relaciones de Dios con la humanidad: la etapa que estamos viviendo y que ya no acabará. La escatología, pues, es el presente y el futuro y el inmediato pasado. Esa etapa, a su vez, puede dividirse en dos sectores: antes y después de la muerte del cuerpo. En la primera la incorporación al reino de Dios puede ser deci dida o rechazada por el hombre, y la vida de los que han optado por incorporarse a ese reino discurrirá en medio de conflictos y de persecuciones. El segundo momento será el de la paz definitiva, cuando «ya no habrá más muerte ni luto, ni llanto ni dolor, pues lo de antes ha pasado», según la descripción que hace el Apocalipsis (21,4), que añade en seguida: «Escribe, que estas palabras son fidedignas y verídi cas... Ya no son un hecho» (21,5-6). Esto es lo que da unidad a esos dos momentos: que, por lo que se refiere a Dios, todo es ya definitivo.

Este es el significado de estos relatos de milagros en los que Jesús resucita a los muertos: la vida ya ha comenzado a vencer a la muerte, la esperanza en una vida definitiva ha dejado de ser esperanza para convertirse en realidad presente; la escatología no es una simple promesa: para el que quiera, puede ser un hecho.



EL HIJO DE LA VIUDA DE NAÍN

Después de esto fue a una ciudad llamada Naín, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Cuando se acercaba a las puertas de la ciudad resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda...

A continuación del relato de la curación del siervo del centurión (véase comentario núm. 37) coloca Lucas este otro. Si el paganismo estaba poniendo al pueblo en peligro de muerte, el judaísmo...

La viuda es Israel, la nación israelí que, habiendo tenido marido, Dios, ahora ya no lo tiene (véase Jr 51,5); pero el que ha muerto no es su marido, sino su hijo. El hijo muerto es el pueblo, que camina hacia la tumba en la que su muerte se hará definitiva. Y en ese camino el encuentro con Jesús evita, al menos por el momento, el desastre.

Acercándose, tocó el ataúd... y dijo:

-¡Joven, a ti te hablo, levántate!

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.

La muerte de aquel hijo no había sido accidental. El haber abandonado a su Dios era lo que había alejado a aquel pueblo de la vida. Pero Jesús no viene a condenar, sino a ofrecer una nueva oportunidad. Por encima de las normas religiosas que habían llevado a la muerte a aquel pueblo (estaba prohibido tocar un ataúd; el que lo hacía quedaba impuro y no podía participar de la vida social y religiosa con los demás), Jesús actúa y lo devuelve a la vida... y a su madre, que si libremente lo quiere, podrá dejar de ser viuda: «Dios ha visitado a su pueblo» (Lc 1,68).



NO NOS ARREBATEIS EL PRESENTE

Lo que hace definitiva la historia humana, en lo que a las relaciones con Dios se refiere, no es la muerte, sino la vida. Y la vida está garantizada por la presencia de Dios. En el momento en que un grupo de personas decide dejar que Dios sea su Padre y empieza a vivir como hijos y hermanos, en ese mismo momento se hace firme la oferta de Dios y les comunica su propia vida, que por ser suya es indestructible, eterna, definitiva. Cuando un grupo de personas decide adoptar el amor al estilo de Jesús como única norma de comportamiento, en ese mismo momento Dios se viene a vivir con ellas. Y para esas personas, hombres o mujeres, ya ha empezado la escato logia. Y asumen el compromiso y adquieren el derecho de luchar por que en el mundo presente vayan desapareciendo la muerte, el luto, el llanto, el dolor..., anticipando, adelantan do la participación plena en la ya definitiva victoria de la vida sobre la muerte.

Nadie tiene derecho a arrebatar a hombres y a mujeres esta posibilidad. Nadie tiene derecho a hacer creer a quienes sufren, a tantos que atraviesan la existencia como un permanente y angustioso esfuerzo por sobrevivir, por escapar a la muerte, al luto, al llanto y al dolor..., que es voluntad de Dios el que tengan que esperar a morirse para poder vivir, para poder encontrarse con el, con la justicia, el amor, la alegría la felicidad... Nadie tiene derecho. Y quien lo haga estará enviudando de la misma manera que enviudó Israel: alejando a Dios de su lado. Y llevando a los hombres a una muerte que, si Dios no lo remedia, será defintiva.

Quien esté sufriendo las consecuencias de una muerte que se resiste a dejarse vencer, que escuche hoy las palabras del Señor: «¡Joven, a ti te hablo, levántate! »

No desperdiciemos la ocasión. ¡Hay que vivir!

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Comentario seglar al Evangelio del domingo 30 de mayo

Publicado por Ciudad Redonda

NOTAS BÍBLICAS
(por equipo coordinador, con asesoramiento de un biblista)
Este trozo del discurso de Jesús durante su última cena ha sido escogido para la fiesta de la Santísima Trinidad.
En él se muestra la unidad del Padre, del Espíritu de la verdad y de Jesús: "Todo lo que tiene el Padre es mío" -afirma Jesús-, y el Espíritu "tomará de lo mío".
Ya Jesús ha afirmado antes su identificación con el Padre: "os he dado a conocer todo lo que oído a mi Padre" (15, 15), y lo repetirá después: "Les he comunicado las palabras que tú me diste... todo lo mío es tuyo y lo tuyo, mío" (17, 8 ss)
La misión del Espíritu es guiar a los discípulos hasta la verdad plena, con la que no pueden cargar por ahora ("Ya está aquí la hora de que os disperséis cada uno por vuestro lado" 16,32 cf 13,33). Esa verdad plena aclarará "lo que está por venir", que en el marco de este evangelio parece referirse a los frutos de su muerte -recordemos que éste es su discurso de despedida-, muerte cuyo sentido a los discípulos "por ahora" les resulta incomprensible ("no pueden cargar" con él) , pero les será explicado por el Espíritu.
De esta forma el Espíritu manifestará la gloria de Jesús, pues su exaltación consiste en dar su vida por sus amigos (cf 15,13)

DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Muchas cosas quedan por decir, por hacer, por vivir. Con esa esperanza vivimos en pareja, en la familia, con los amigos. Lo mejor está por venir. Pero en este día, el que nos inspira es el Espíritu de Dios. Porque si no estuviera el Espíritu de Dios inspirándonos, si Jesús, al marcharse, no nos hubiera dejado su Espíritu, no habría futuro. Todo se hubiera acabado, como un buen sueño, pero no, no existe el final, sino siempre principio. El nos guiará, El buscará como unirnos, como amarnos, El llenará el vacío que a veces tenemos en casa; El dará consuelo en los momentos más aciagos; El llenará de calor cuando en las relaciones se produzca frialdad; Y brisa fresca, cuando nos asfixiemos de todas las “cosas” que tenemos que hacer, planear, hacer números, trabajar, cuidar de los que lo necesitan más… Muchas cosas quedan por decir, pero el Espíritu ya se encargará de susurrárnosla.

DESDE LOS ABUELOS
(matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
El Evangelio de hoy está impregnado de la pedagogía de Juan, pues es conciso y claro: todo lo que es del Padre es mío y todo lo mío os será, A SU DEBIDO TIEMPO, revelado por el Espíritu, que es portador de la verdad. ¿Cabe mayor claridad en tan pocas palabras?.
Señor, ayúdanos a abrir las puertas de nuestra memoria, nuestro entendimiento y nuestra voluntad, en definitiva nuestra alma entera a la tercera persona de la Santísima Trinidad, para que el rayo de su luz ilumine nuestros pasos en esta vida, encienda nuestro amor para que prospere la fraternidad y, por consiguiente, la solidaridad entre los seres humanos, que, como dice una canción, que su don renovador engendre nuevos hombres y mujeres con nuevo corazón. Que ilumine nuestra fe, tan quebradiza, en estos tiempos de increencias.
Señor, en este día, tan señalado para nosotros, en que recibe la primera comunión nuestra nieta mayor, que el Espíritu infunda en ella su fuerza y su valor y la acompañe, todos los días de su vida, en su cristianismo activo, a ella y a todos los niños que en este mes de Mayo reciben la Sagrada Eucaristía.

DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
En nuestra vida solemos actuar de mediadores. Algunas veces, sin quererlo, haciendo mal al prójimo. Queremos creer que más veces somos mediadores haciendo el bien. Cuando mediamos para que se restablezca el diálogo entre familiares, para que el ambiente en que trabajamos no esté tan tenso, incluso para que alguien se acerque al sacramento de la reconciliación después de varios años, como nos ha pasado esta semana. Dios Padre nos pone en medio para actuar, para colaborar, para hacer llegar su Espíritu, para comprender todo el amor que nos regala a través de Jesús. Esto lo pueden ir aprendiendo y practicando nuestros hijos dando un abrazo en medio de una discusión entre hermanos, traduciendo cuando las conversaciones entre los compañeros de colegio se malinterpretan, comprendiendo la discapacidad de su hermano y aceptando la riqueza que conlleva, visitando al vecino que les resulta gruñón y descubriendo después que es un gran contador de historias… También termina mayo, un mes especial para la Virgen María la “mediadora” por excelencia entre nosotros y Dios. Quizás podamos dedicarle un ratito este fin de semana y darle gracias y también pedirle, con su ejemplo, que nos enseñe a ser mediadores del amor de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.


PARA REZAR
(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Dios Padre nuestro, Bueno y Misericordioso,
haz que tu Espíritu de la Verdad
nos guíe e ilumine a lo largo de nuestra vida
hasta que podamos alcanzar la Verdad plena
reflejada en tu Hijo Jesucristo.
¡Que Tu Espíritu Santo nos transforme
y nos haga ser valientes seguidores de tu Hijo Jesucristo
para poder comunicar a todas las personas que nos rodean
lo que tu Espíritu nos anuncia cada día en nuestro corazón!
¡Transfórmanos, Dios nuestro, en buenos evangelizadores tuyos
y portadores fieles de tu Palabra de Vida entre nuestros hermanos!
Tú que eres Dios Amor, Uno en la Santísima Trinidad,
haznos capaces de unirnos en la pluralidad de cada hermano.
Que tu Amor de Dios Padre nos conmueva y nos enseñe
a ser misericordiosos con cada hermano.
Que tu Amor derramado al mundo en tu Hijo Jesucristo,
nos ayude a entregarnos a las personas que más nos necesitan,
y a servir con generosidad a todos los que nos soliciten ayuda.
Que el Amor de tu Espíritu Santo no nos deje caer
en la tentación del desánimo, apatía o desesperanza,
y Él nos impulse a generar ilusión, alegría y esperanza a todos.
Ayúdanos, Dios Uno y Trino, a ser puentes de encuentro
entre las personas y Tú, Dios nuestro, para que todos juntos
podamos rezarte, conocerte, amarte, servirte y alabarte. Amén.


PARA VIVIR ESTA SEMANA
(matrimonio, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Cuando nos preguntan por lo que es la Santísima Trinidad, puede que recurramos a aquella definición del catecismo “del tres en uno”, que tal vez incluso tenemos aprendida de memoria. Tan fácil y tan complejo. Aunque de decir lo que es a experimentar en nuestra vida esa Trinidad…
Dios es un misterio, algo inabarcable. Mucho más de lo que podemos expresar con palabras, mucho más de lo que pueden llegar a imaginar nuestros pensamientos. Solo desde el tener como ejemplo a Jesús y tratando de imitarle, dejaremos que venga a nosotros el “Espíritu de la verdad”, que nos guiará hasta aproximarnos más y más a la “verdad plena” de Dios. Y solo desde esa apertura al Espíritu y desde esa fe en Dios, podremos imitar a Jesús.
Os invitamos durante esta semana a que cada jornada, en la noche:
Revisemos las pequeñas o grandes obras de amor, que hayamos hecho durante el día, al estilo de las de Jesús, Hijo de Dios. Os sugerimos que tratemos de fijarnos especialmente en la que más nos haya costado.
Presentemos esas obras de amor al Padre, mostrando nuestra confianza en Él, que nos seguirá “anunciando” al día siguiente, el camino a seguir, con muchos y diferentes signos, si estamos atentos.
Pidamos que el Espíritu Santo venga a nosotros y que nos de la valentía para “sacar” en el nuevo día que llegará, lo mejor de nosotros mismos. Pidámosle constantemente que nos de a conocer, lo que debemos hacer para desarrollarnos plenamente cómo personas y tener una vida útil, al servicio.
Hagamos durante esta semana de nosotros mismos “templo de la Santísima Trinidad”.

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WebJCP | Abril 2007