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MISIONEROS EN CAMINO: octubre 2009
  • Cállate y sal de él - Por P. Javier Rojas sj Publicado por El Evangelio en Casa Antes de entrar en la reflexión de este pasaje del evangelio conviene hacer una distinción entre...
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sábado 31 de octubre de 2009

Homilías y Reflexiones: LA FIESTA DE TODOS NOSOTROS


Solemnidad de Todos los Santos
Publicado por Iglesia que Camina

El culto a los santos viene desde la primitiva Iglesia en la que ocuparon un lugar central, en primer lugar, los mártires. Sólo a partir del siglo XI la Iglesia comenzó a celebrar la Fiesta de los Santos, mártires o no. Finalmente, en nuestros días hemos comenzado a celebrar la fiesta de la “santidad anónima”, la santidad de “santos desconocidos”. Un poco como esos monumentos que suelen encontrarse en las ciudades donde siempre arde una tea encendida y dos soldados de guardia. Es el monumento al “soldado desconocido”, al que nunca llevó posiblemente galones ni medallas al mérito, pero que dio su vida por la patria.

Nos fijamos mucho en ciertos santos porque la devoción popular los ha hecho milagrosos. No es tanto para recordar su santidad, sino porque Santa Rita es abogada de los imposibles, San Judas Tadeo tiene un poder especial para que ganes dinero o encuentres trabajo, y hasta circulan por ahí cadenas de oraciones que, ¡mucho cuidado! porque si no sacas no sé cuantas copias se te puede incendiar la casa o puedes romperte la crisma.

Los santos no son una especie de “Gamarra espiritual” donde todo se consigue más barato. Los santos son modelos que debieran animarnos a nosotros a ser cada día mejores. Los santos necesitan hacer milagros para ser canonizados, pero antes es preciso declarar la “heroicidad de sus virtudes”, sin este primer paso no hay camino por delante.

Hoy celebramos a los primeros testigos de la fe, los mártires de todos los tiempos. Celebramos a esos cristianos que han vivido heroicamente su fe y la Iglesia los ha puesto en el altar y celebramos también la santidad de esos otros santos que, en vez de estar en el altar están sentados en las bancas de la Iglesia. Hombres y mujeres que cada día están sembrando bondad, generosidad, servicialidad y amor por los caminos de la vida. Es posible que nunca lleguen a los altares, pero son los “santos de las bancas de la Iglesia” que miran a los que están en el altar y se saludan mutuamente.

Celebramos la santidad del Pueblo de Dios, una santidad sin el brillo de los milagros, pero con el brillo de la gracia en sus corazones, con el brillo de su amor y su sonrisa en el alma. Por eso, hoy es la fiesta de todos porque todos formamos esa “familia de los santos” en la Iglesia. Es posible que nadie nos rece un Padre nuestro, pero con nuestras vidas daremos gloria a Dios y glorificaremos su Nombre.



LA SANTIDAD NO ES PARA LOS “GENIOS”

“Como el Concilio mismo explicó, este ideal de perfección no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable sólo por algunos “genios” de la santidad. Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno.” “Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este “alto grado” de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección.” (NMI n.31)

El peor servicio que le hemos hecho a la santidad es verla como algo extraordinario. Como si el hacernos adultos en la vida fuera algo extraordinario. Crecer y madurar en la vida todos lo vemos como algo normal. ¿Por qué el crecimiento y la madurez bautismal la tenemos que ver como algo anormal?

Los Santos aparecen como “extraordinarios” porque los demás nos hemos quedado achatados. Un hombre maduro normal sería algo extraordinario, si todos nos quedásemos achatados y enanos. Los normales son ellos y los anormales somos nosotros.

El Papa cree que ha llegado el momento de proponer “con convicción” la santidad de la vida cristiana a todos. La comunidad y las familias cristianas son llamadas a este camino de madurez en su fe. Por otra parte, el Papa, reitera que los caminos de santidad son muchos y adecuados a cada vocación. El religioso o sacerdote como religioso y sacerdote y los seglares como seglares; la madre de familia como madre de familia dando de mamar a su hijo y limpiándole los pañales; y el obrero poniendo ladrillos y amasando cemento. La santidad debiéramos considerarla como lo normal. Los no santos debieran ser los anormales.



LA SANTIDAD Y LA PASTORAL

Juan Pablo II en su Exhortación de el Tercer Milenio, nos propone siete criterios iluminadores de la nueva pastoral para este siglo XXI. El primero de ellos es la “santidad”, “la llamada de todos a la santidad” y comenta él mismo:

“En realidad, poner la programación pastoral bajo el signo de la santidad es una opción llena de consecuencias. Significa expresar la convicción de que, si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial. Preguntar a un catecúmeno “¿quieres recibir el Bautismo?” significa al mismo tiempo preguntarle, “¿quieres ser santo?” Significa ponerle en el camino del Sermón de la Montaña: “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”. (Mt 5,48)" (NMI. 31)

Juan Pablo II no aboga por una pastoral de “no robar y no matar” ni por la pastoral de “ser buena gente”, sino que quiere que la pastoral presente al bautizado la verdadera meta del ideal que Dios quiere para cada uno de nosotros. No es la pastoral de “lo mínimo”, tampoco “de las medias tintas”, sino la “pastoral del idea supremo del creyente”: la santidad.

No se corre a las exigencias ni cae en el miedo de que la gente se desanime. Al contrario, pretende proponer a la Iglesia ideales altos, elevados, capaces de ilusionar y arrastrar el corazón del hombre hacia las alturas. Dios nos dio pies para pisar tierra y andar, pero también nos ha dado las alas del Espíritu para volar alto.



YO QUERÍA SER SANTO

Sí, yo quería ser santo y me dio miedo.
Y Dios me dijo: si yo estoy contigo.
Yo quería ser santo, pero me sentía pecador.
Y Dios me dijo: si los pecadores son los que me ganan el corazón.
Yo quería ser santo, pero me sentí muy débil.
Y Dios me dijo: es en la debilidad donde yo manifiesto el poder de mi gracia.
Yo quería ser santo, pero no sabía cómo.
Y Dios me dijo: tú déjate llevar por mi Espíritu Santo.
Yo quería ser santo, pero me sentía poca cosa.
Y Dios me dijo: También María, la Madre de mi Hijo, se creía poca cosa.
Yo quería ser santo, pero fácilmente caía en mis debilidades.
Y Dios me dijo: santo es el que se levanta siempre.
Yo quería ser santo, pero también me gustaba el mundo.
Y Dios me dijo: fíjate lo que me gusta a mí que envié a mi Hijo para que lo salvase.
Yo quería ser santo, pero me gustaba también el pecado.
Y Dios me dijo: eso no, hijo, pecado y gracia no pueden estar juntos.

¿Entonces qué hago pues, a pesar de todo, yo quiero ser santo?
Y Dios me respondió: Hijo, muy fácil:
Tú déjate manejar por mí que yo sé muy bien el camino.
Tú no hagas nada, pero déjame hacer a mí en ti.
Tú no eres el que te haces santo, sino yo que actúo en ti.
Los santos no nacieron santos, yo los voy santificando cada día.
Los santos no son los que no tienen debilidades sino los que se fían de mí.
Los santos no son los que nunca pecaron, sino los que siempre se dejaron perdonar.
Los santos no son los grandes, sino los que se sienten pequeños y me necesitan siempre.
Los santos son los que quieren, no los que siempre dudan y viven indecisos.

Señor, pero, ¡yo no sé ni puedo hacer milagros!
¿Y para qué quieres hacer milagros?
Deja que yo haga el milagro de mi amor en ti.
Tú puedes ser el milagro de santidad de mi corazón.
Los milagros los puedo hacer yo en ti, no tú.



SILENCIO

Recordando a nuestros viejos
que se fueron.

Cuando tú te quedes muda,
cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos
y el silencio.

Cuando tú te pongas vieja,
cuando yo me ponga viejo,
nos quedarán los labios
y el silencio.

Cuando tú te quedes muerta,
cuando yo me quede muerto,
tendrán que enterrarnos juntos
y en silencio.

Y cuando resucites,
cuando yo viva de nuevo,
nos volveremos a amar
en silencio.

Y cuando todo se acabe
por siempre en el universo,
será un silencio de amor
el silencio.
(Andrés Eloy Blanco)

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hoy domingo: hoja liturgica de la diócesis de madrid: Solemnidad de Todos los Santos

Publicado por Archimadrid
TODOS LOS SANTOS

Solemnidad de Todos los Santos, que están con Cristo en la gloria. En el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa,todavía peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya compañía alegra los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un día, la corona del triunfo de la visión eterna de la divina Majestad.

Hoy la Iglesia conmemora y celebra a todos los Santos, aunque la mayor parte de sus nombres no figuran en las historias escritas por los hombres ni en el Martirologio. Son los que han pasado del creer y al ver y ven a Dios tal cual es. Son las personas adornadas de limpieza interior y dotadas de un corazón recto que se apartan de la maldad y desconocen la doblez. Son los que colaboran eficazmente en la construcción de la paz universal, asentada en la igualdad como fruto de la justicia. Son los que resisten los embates del mal y no se arredran ante las persecuciones en su proyecto de crear nuevas relaciones con Dios, con los hombres y con la creación tal como lo mostró y enseñó Jesucristo,

Hagamos fiesta con ellos. Nuestra relación con ellos no sólo consiste en pedirles sino de aprender de ellos. Que nos enseñen a vivir nuestro bautismo, por el que nos unimos al Señor y a la Iglesia.

Andrés Pardo


Palabra de Dios:

Apocalipsis 7,2-4. 9-14
Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6
san Juan 3, 1-3
San Mateo 5, 1-12a


Comprender la Palabra

La celebración del Domingo 31° del Año Cristiano queda desplazada este año por la Solemnidad de Todos los Santos, de superior rango.

Como su nombre indica celebramos hoy a todos los santos, no sólo a aquellos, cuyos nombres figuran en el libro de honor de la Iglesia, los beatificados y canonizados, sino también a la muchedumbre incontable (1ª Lectura) de aquellos, cuyos nombres, cuya santidad, sólo Dios conoce.

¿Quiénes son santos? - La respuesta la encontramos en las Lecturas Bíblicas.

Santos son aquellos, en los que se han realizado las Ocho Bienaventuranzas de Cristo (Lectura del Evangelio). Santos son los pobres en el espíritu, es decir, los desprendidos por amor; es decir, los limpios de corazón, los pacientes, los que lloran (con los que lloran), los que aspiran en sus vidas a la justicia, es decir, a la perfección en el servicio misericordioso. Ypor eso son incomprendidos, marginados o abiertamente perseguidos, pues su modo de vida es una incesante acusación (sólo verlos da grima) y resulta intolerable. Y sin embargo en ellos se realiza el Reino (Proyecto) de Dios. Y por tanto "son dichosos -consolados, ven a Dios. Dichosos más allá de este mundo,. dichosos ya en este mundo, no obstante las desdichas pasajeras. Por su dicha imperturbable irradian en este mundo un ejemplo luminoso de verdad, de bondad y de belleza.

Dicho con otras palabras: Santos son los que en la Bienaventuranza eterna "son semejantes a El (a Dios en Jesucristo), porque le ven tal cual es". Pero ya en este mundo, viviendo en puridad de vida como hijos de Dios, transparecía en ellos la Imagen de Dios en Jesucristo.

Y santos son también "la muchedumbre inmensa -a la que nos hemos referido antes (1ª Lectura), que nadie podía contar..", que san Juan contempla y describe en su Apocalipsis. "Los ciento cuarenta y cuatro mil" es expresión equivalente a "muchedumbre incontable". Son el Nuevo Israel. Llevan "vestidos blancos": Son la nueva humanidad, purificada, renovada. Llevan "palmas en las manos": Son los que han vencido a los poderes malignos.

Los santos son perenne actualidad, por mucho tiempo que haya transcurrido y mucho hayan cambiado los tiempos. En sus vidas transparece la perenne actualidad de Dios en Jesucristo por el Espíritu Santo.

Avelino Cayón


SUGERENCIAS LITÚRGICAS
LA SANTIDAD DE MUCHOS

Fruto de la conversión realizada por el Evangelio es la santidad de tantos hombres y mujeres y de nuestro tiempo. No sólo de los que así han sido proclamados oficialmente por la Iglesia, sino también de los que, con sencillez y en la existencia cotidiana, han dado testimonio de su fidelidad a Cristo. ¿Cómo no pensar en los innumerables hijos de la Iglesia, que a lo largo de la historia del Continente europeo, han vivido una santidad generosa y auténtica de forma oculta en la vida familiar, profesional y social? "Todos ellos, como "piedras vivas", unidas a Cristo "piedra angular", han construido Europa como edificio espiritual y moral, dejando a la posteridad la herencia más preciosa. Nuestro Señor Jesucristo lo había prometido: "El que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y las hará mayores aún, porque yo voy al Padre" (Jn 14,12). Los santos son la prueba viva del cumplimiento de esta promesa, y nos animan a creer que ello es posible también en los momentos más difíciles de la historia" (24).

Ecclesia in Europa, n° 14


Celebrar mejor

EL CULTO A LOS DIFUNTOS


Desde los tiempos más remotos de la humanidad, los difuntos han sido objeto de un cuidado peculiar, así como el lugar de sus enterramientos. Nuestra liturgia se acomodó en gran parte a los usos del medio ambiente histórico y cultural en los que florecía, no suprimiendo el culto a los difuntos, sino dándole siempre a todos sus ritos una impronta genuinamente cristiana, sobre todo en cuanto al dogma de la resurrección de los muertos.

Y entre las manifestaciones más importantes de la religiosidad del hombre por su hondo sentido humano y transcendente se encuentra el culto a los difuntos. El ansia de la inmortalidad, la resistencia a la disolución del cuerpo, por una parte, y por otra el deseo de mantener los lazos familiares más allá de la muerte, en su afán de tener cerca todavía a los que se han ido de este mundo, han cristalizado en una gran variedad de usos y costumbres relacionados con los muertos. Cada pueblo ha dado forma propia a la expresión de sus creencias sobre el más allá y sobre el hecho mismo de la muerte.

Cualquier manifestación de recuerdo y de oración por los difuntos en el mes de noviembre se prodigan estas manifestaciones. expresa en primer lugar el sentido pascual de la muerte de aquellos que fueron incorporados a Cristo por el Bautismo, que habiendo compartido ya la muerte de Cristo compartirán también un día su resurrección. Por eso la Iglesia ofrece por los difuntos el Sacrificio eucarístico de la Pascua del Señor y ora y celebra sufragios por ellos.

Por otra parte el cristiano no muere solo, sino rodeado de la comunidad de los creyentes, entre los que se encuentran la familia y los amigos, que le encomiendan a Dios, que celebra la Eucaristía y se reúne para darle el último adiós, con la invocación a la Virgen y a los santos... "La Iglesia peregrinante... tuvo conocimiento de esta comunión de todo el cuerpo místico de Jesucristo, y así conservó con gran piedad el recuerdo de los difuntos" (LG 50). (Cf. Liturgia y piedad popular. Directorio litúrgico-pastoral. Secretariado Nacional de Liturgia. PPC. Colección Documentos y Estudios, n. 140, pp. 82-91).

J.L.O


Para la Semana

Lunes 2:

Conmemoración de los Fieles Difuntos.
Lamentaciones 3,17-28. Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.
Romanos 6,3-9. Andemos en una vida nueva.
Juan 14,1-6. En la casa de mi Padre hay muchas estancias.

Martes 3:

San Martín de Porres (1579-1639), dominico peruano, de vida mortificada, destacó por el amor y cuidado de los pobres.
Romanos 12,5-16a. Cada miembro está al servicio de los otros miembros.
Lucas 14,15-24. Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.


Miércoles 4:

San Carlos Borromeo (1538-1584), cardenal muy joven, arzobispo de Milán, pastor solícito de su grey.
Romanos 13,8-10. Amar es cumplir la ley entera.
Lucas 14,25-33. El que no renuncia a todo, no puede ser discípulo mío.

Jueves 5:

Romanos 14,7-12. En la vida y en la muerte somos del Señor.
Lucas 5,1-10. Habrá alegría en el cielo por un pecador que se convierta.


Viernes 6:

Romanos 15,14-21. Ministro de Cristo Jesús para con los gentiles, para que la ofrenda de los gentiles agrade a Dios.
Lucas 16,1-8. Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.


Sábado 7:

Romanos 16,3-9.16.22-27. Saludaos unos a otros con el beso ritual.
Lucas 16,9-15. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras?.

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EN LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS


LA HOMILÍA MÁS JOVEN
Por Pedrojosé Ynaraja

1.- El concilio Vaticano II estableció que debía renovarse la antigua edición del catalogo de los santos y fue trabajo de bastantes años el conseguirlo. Fue el último documento que se publicó. Su título es Martyrologium romanum. Lo compré en cuanto salió. Se trata de una lista de todas aquellas personas que a lo largo de los siglos se sabe que han vivido cristianamente de tal manera, que su ejemplo, sus escritos, si existen y sus palabras, si son recordadas, son dignas de imitación. Son muchísimos, no los he contado nunca, ni me apetece hacerlo. Añádase a lo dicho, que, en una basílica romana, edificada en una islita del Tíber, reciben homenaje cristiano otras personas, no todas católicas, que han destacado en los últimos tiempos por su vida ejemplar, son los mártires del siglo XX.

2.- No están en la lista de la que os hablaba, pero no se los ha olvidado. Ignoro si han editado un catálogo y mi propósito es visitar esta iglesia la primera vez que pueda ir a la Ciudad Eterna. Han existido muchos más, que ni están catalogados, ni sus reliquias depositadas en la tiberina, pero nadie ha solicitado, y llegado el momento, demostrado, que su vida fue ejemplar. De esta limitación es muy consciente la Iglesia y por ello, un día al año, lo dedica a rendir tributo a todos, los conocidos y los ignotos. Reunirnos y celebrarlo, emociona mucho más que acercarse a monumentos al “soldado desconocido”. En los cementerios de guerra, uno puede leer, junto a las tumbas, el nombre del militar cuyo cuerpo allí está depositado. He visitado algunos, en el sur de Francia, en la Normandía, sin duda los más impresionantes, y en Jerusalén, en el monte de los olivos. Creo que en todos he encontrado alguna inscripción del siguiente tenor: aquí yace un soldado cuyo nombre solo lo conoce Dios. Me ha impresionado mucho siempre. Cuando se trata de santos, de personas que he tratado y he experimentado su bondad, su recuerdo siempre me emociona aun más.

3.- Os cuento, que en mi despedida del día, junto al sagrario que tengo tan cerca, mi oración es una especie de letanía. Cuando llego a los difuntos, voy pronunciando nombres de personas con las que traté, o que de alguna manera conocí, añadiendo a continuación: buenas eternidades, les des, Dios. Es una petición. Con seguridad, mi oración puede ser ayuda. Pero, en ciertos casos, vuelvo a pronunciar los mismos nombres, añadiendo: interceded por nosotros ante Dios. En la Eternidad no hay antes, ni después, todo es actual. De aquí que sea legítima mi oración dirigida en ambos sentidos.

No os puedo negar que a estos a los que les pido que intercedan por mí y por todos, son personas que su historia me resulta atractiva y me siento identificado con ellos. No dudo de la santidad de Serafín de Sarov, que tan admirado es en Oriente, pero a mí, hombre occidental y tecnificado, me cae mejor Guy de Larigaudie, Helder Cámara, Roger de Taizé, o Josefina Vilaseca, la chiquilla mártir a la que he dedicado muchos desvelos, fotografiando lugares con ella relacionados y escaneando sus ingenuos escritos escolares, repletos de piedad cristiana. Cada uno escoge sus amigos protectores y a mí me parece que entre santos, (cuando estamos rezando todos lo somos de alguna manera) la simpatía es mutua. Para otros días del año, dejo a mis predilectos, ya reconocidos, San Abraham, Santa María de Magdala, Santa Juana de Arco, San Juan Bautista etc. (un largo etc.)

4.- Hoy, mis queridos jóvenes lectores, no he comentado las lecturas litúrgicas del día. No quería repetir lo de otros años y, con seguridad, encontraréis quien os las escribirá seguramente mejor que yo. Os propongo, para finalizar, que busquéis santos que tuvieron vuestra misma edad, con quien más fácilmente podáis intimar. Desde san Tarsicio, el simpático mártir romano, muerto a los siete años, Santo Dominguito de Val, zaragozano, San Rafael, el oblato trapense de Dueñas, recientemente canonizado, el beato Castelló, que tuvo la audacia de despedirse serenamente de su hermana, de su novia y de su director espiritual (a este le encomendaba en la carta, el proyecto de una maquina que había imaginado, ¡ya es valentía y esperanza). Lo hacía, el día anterior a su seguro fusilamiento, a causa de su militancia y Fe cristiana. Hay muchísimos más, gracias a Dios

Y no os olvidéis, mis queridos jóvenes lectores, de pedir por vosotros mismos y por mí, que un día formemos parte del desfile glorioso de que nos habla el Apocalipsis. Yo no dejo de hacerlo

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Evangelio Misionero del Día: Domingo 01 de Noviembre de 2009. Solemnidad de Todos los Santos

Todos los santos... y uno más

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 25—5, 12

Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.
Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a El. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».


Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

Una canción inocente —¡y tan inocente, como que era una canción para niños del catecismo!— decía con tonada también muy simple: ¡Al Cielo, al Cielo, al Cielo quiero ir!... Y lo repetía: ¡Al Cielo, al Cielo, al Cielo quiero ir!... Pero ahora se me ocurre preguntar: ¿y no habrá más profundidad de la que imaginamos en un canto que nos gustaba de niños y que ahora ya no entonaríamos por nada?...
Porque la realidad de la Persona humana es ésta: busca la felicidad; una felicidad plena; la felicidad de un amor que le sacie todas las aspiraciones del corazón; una felicidad sobre todo que no acabe nunca; y, por lo mismo, una felicidad que no tenga en perspectiva el final traído por una muerte inexorable...
Esta es la realidad nuestra. La de todo hombre y de toda mujer. La del anciano y la del niño. La de todos sin excepción.
Y, a ver, ¿cuándo y dónde se da esa felicidad en el mundo? Nunca y en ninguna parte. Pues aunque se tenga de momento todo lo que se ha deseado, siempre subsistirá la certeza de que todo ha de acabar un día. Entonces, la vida se convierte necesariamente en un fracaso.
Pero esto no lo podemos decir. Porque sería insinuar una blasfemia contra Dios, que nos habría hecho expresamente para ese fracaso tan cierto, tan seguro, tan destructor.
Por eso acudimos a la fe. Y la fe nos dice todo lo contrario acerca de esa experiencia humana. La fe nos asegura que estamos hechos para una felicidad total, plena, inacabable. Una felicidad, sin embargo, que no es de este mundo sino de otro que esperamos. Felicidad que en el lenguaje cristiano la llamamos Cielo.
Si esto es verdad, ¿cantan o no cantan bien los niños? ¿tenemos para reír o tenemos para meditar con esas palabras y esas notas infantiles?...
Ya se ve a dónde vamos con esta consideración en la Fiesta de Todos los Santos que celebramos hoy. Este día se centra en esa palabra que encierra nuestra esperanza, el Cielo, donde se encuentran ya tantos hermanos nuestros y hacia donde tienden irresistiblemente nuestras almas. Una fiesta hermosa de verdad, llena de dulce nostalgia y que nos estimula a seguir con coraje por el camino de la vida.
Por una parte, es una celebración en honor de todos nuestros hermanos en la fe que ya triunfaron y están en la gloria de Dios para siempre. Cada uno de ellos se merecería una fiesta suya, una fiesta especial. Pero ante esa imposibilidad de millones y millones de fiestas en el apretado calendario de trescientos sesenta y cinco días al año, la Iglesia los engloba a todos en una sola festividad, que es toda para todos los Santos y Santas, y para cada uno en particular como si nadie más estuviera en el Cielo.
Les felicitamos a todos y a cada uno.
Le damos gracias a Dios por la gloria de cada uno en particular.
Y pedimos a cada uno de ellos que interceda por nosotros, hasta que estemos todos juntos en la misma felicidad que ellos ya disfrutan y que nadie les puede arrebatar.
Por otra parte, esta fiesta la celebramos por nosotros mismos como fiesta de nuestra esperanza.
La esperanza no confunde, nos dice el apóstol San Pablo. Quien camina por la vida suspirando por el Cielo, es una persona que no se equivoca nunca. Es la imagen más opuesta al pobre que no sabe de dónde viene ni a dónde va.
Ocurrió en la persecución contra la Iglesia en Vietnam, de la antigua Indochina, donde corrió tanta sangre cristiana. Un niño —inteligente, bien instruido en la doctrina— se encuentra ante el mandarín, y le pide con resolución:
- Mandarín, dame un sablazo en el cuello para poder ir a mi patria.
El Mandarín no entiende nada.
- ¿A tu patria? ¿Dónde está tu patria? ¿Qué no eres de Indochina, o qué?...
- Mi patria está en el Cielo.
- Oye, niño, ¿dónde están tus padres?
- Están en el Cielo, porque murieron por su fe. Yo quiero irme con ellos. Dame un sablazo.
Este muchachito caminaba por la vida con la misma precisión y seguridad que un gran Obispo y Doctor de la Iglesia como era San Basilio, que contestó al ser interrogado sobre su ciudadanía:
- Soy de aquellas inmensas alturas de la grandiosa patria mía.
Cuando suspiramos con vehemencia por aquella felicidad que Dios nos promete, glorificamos al mismo Dios, porque ponemos en ejercicio esa esperanza que, junto con la fe y el amor, nos infundió con la gracia en el Bautismo.
Al soñar en el Cielo, reconocemos que sólo Dios puede llenar todas las aspiraciones de nuestro corazón. Todo lo que no es Dios y no lleva a Dios se resuelve al fin en un fracaso —¡y ése sí que es fracaso de verdad!—, mientras que el tender siempre a Dios hasta poseerlo en su propia felicidad es la realización plena de la persona. No se tiene miedo a nada y se camina con seguridad en todos los pasos de la vida.
Nunca como en esta fiesta nos damos cuenta de la verdad que entraña la frase más repetida del gran san Agustín, que le dice a Dios:
- Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está siempre inquieto, y en continua zozobra, hasta que descanse en ti.
No solamente los niños —los primeros candidatos al Reino de los Cielos—, sino también nosotros los mayores, ¡al Cielo, al Cielo, al Cielo queremos ir!...

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viernes 30 de octubre de 2009

Palabra para la Misión: Los Santos: energía que transforma el mundo


Solemnidad de Todos los Santos - XXXI Domingo del Tiempo Ordinario
Año B – 01.11.2009 / Publicado por Euntes

Apocalipsis 7,2-4.9-14 / Salmo 23 / 1Juan 3,1-3
Mateo 5,1-12

Reflexiones

Las mujeres y los hombres que llenan el calendario anual de los santos y beatos de la Iglesia son muchos, pero los que están inscritos en el Libro de la Vida, en el registro de Dios, son infinitamente más. De todos ellos hace memoria y a ellos se dirige hoy la oración de la Iglesia. Son hombres y mujeres de toda raza, lengua, pueblo, nación, edad, época, profesión, condición social, famosos y desconocidos, ricos y pobres, fieles y pecadores convertidos…, de todas partes, como canta la liturgia cristiana en la solemnidad de Todos los Santos. La universalidad es, por tanto, la primera característica de esta fiesta. Con razón algunos la llaman “fiesta nacional de la Iglesia”, ya que ésta cree y vive en la “comunión de los santos”. Estamos como en una inmensa “catedral de la santidad”, donde hay acceso, lugar y gloria para todos, como lo explica Juan en el libro del Apocalipsis (I lectura). Él habla de “una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar” (v. 9), que celebra una liturgia de alabanza a Dios, el único que posee la salvación y la otorga a todos (v. 10.12). Es, por tanto, una pretensión absurda querer limitar la salvación a los 144.000 marcados (v. 4), o excluir a otros, como quisieran algunas sectas por las razones más disparatadas. (*)

El único tesoro de los santos consiste en ser y vivir como hijos de Dios (II lectura), amados del Padre (v. 1), todos llamados a ser semejantes a Él (v. 2). En el camino de progresiva aproximación al Padre, el creyente es consciente de que ha de hacerse puro (v. 3), coherente con la esperanza que vive en él. Se trata de ser coherentes hasta dar el supremo testimonio en medio de la “gran tribulación”, lavando y blanqueando sus mantos en la sangre del Cordero” (I lectura, v. 14).

Pero ¿quién tiene la razón? ¿Quién ha acertado en la vida? Muchos los consideran pobretones o se ríen de ellos… Jesús en el Evangelio los llama dichosos. Dichosos los pobres, los sufridos, los limpios de corazón, los misericordiosos, los perseguidos, los que trabajan por la paz… Las bieaventuranzas son, en primer lugar, el autorretrato de Jesús, describen sus opciones y su manera de actuar. Son el espejo de Cristo y, por tanto, son el programa de todo discípulo. Las bienaventuranzas son opciones de radicalidad que transforman el corazón de las personas y las convierten en instrumentos de la revolución de Dios y de la transformación del mundo. Una lectura objetiva y serena de la historia pone en evidencia las energías positivas y las fuerzas de transformación, que hombres y mujeres según el corazón de Dios inyectan en la sociedad. Tales son: Agustín y Benedicto, Francisco y Domingo, Catalina de Siena y Teresa de Ávila, Ignacio de Loyola y Francisco Javier, Rosa de Lima y los Mártires de Uganda, Daniel Comboni y Don Bosco, Teresa de Lisieux y Carlos de Foucauld, Teresa de Calcuta y Josefina Bakhita, Oscar Romero y Annalena Tonelli, Gandhi y los trapenses de Tibhirine… Ellos, lo mismo que muchísimos otros, son auténticos bienhechores de la humanidad.

Su testimonio de vida y de doctrina permanece en el tiempo como modelo, ejemplaridad, energía de atracción para nosotros. Los santos y las personas de buena voluntad, aunque lejanos en el tiempo y desconocidos, no son momias secas más o menos inútiles, sino seres vivientes y dinámicos, que ejercen una influencia positiva sobre las personas y los hechos de la historia. Viven en la vida de Dios y siguen amando a Dios y a nosotros. Tienen un poder especial de intercesión en nuestro favor. ¡Son verdaderos bienhechores! Éste es el extraordinario servicio misionero de la oración de intercesión, que ejercen Cristo, el Espíritu, María y los santos; un servicio al alcance de toda persona, viva o difunta. La oración es medio de santificación personal y de intercesión.

La existencia de personas como ellos es la prueba de que vivir como santos, es decir, como discípulos de Jesús, es posible. Para todos. La santidad de vida no es un coto cerrado, reservado para algunos privilegiados o para místicos aislados del mundo… Es una comunidad de vecinos abierta a inquilinos siempre nuevos. No hace falta un pasaporte especial, en cierto sentido tampoco es necessario el sacramento del Bautismo. Vivir como hijos de Dios es un don que Él otorga a todo el que lo busca con corazón sincero. El misionero, hombre y mujer de las Bienaventuranzas, como lo llama Juan Pablo II (RMi 91), anuncia en todas partes, con la vida y la palabra, el plan del Padre, que ha enviado a su Hijo, Jesús de Nazaret, para dar a todos vida y felicidad en abundancia.

La felicidad se realiza en la calidad de vida entregada a Dios y en el servicio a los hermanos. La verdadera felicidad está vinculada a la santidad en la vida cotidiana, afirma Juan Pablo II: “Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este alto grado de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección. Pero también es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona” (NMI 31).

Los santos son la parte mejor y más sana de la planta, la más vital y lozana, la rama más segura, la más agarrada al tronco. Contemplar su desenlace final lleva a reflexionar sobre el después de la existencia terrena, que depende e influye necesariamente en el ahora de la vida. La mejor preparación para el después es ciertamente el uso honesto y creativo de los talentos recibidos; entre éstos, el don de la fe. Una fe vivida con gozo y compartida con humildad. ¡Ésta es misión!


Palabra del Papa

(*) “El mundo se nos presenta como un jardín, donde el Espíritu de Dios ha suscitado con admirable fantasía una multitud de santos y santas, de toda edad y condición social, de toda lengua, pueblo y cultura. Cada uno es diferente del otro, con la singularidad de la propia personalidad humana y del propio carisma espiritual. Pero todos llevan grabado el sello de Jesús (cf Ap 7, 3), es decir, la huella de su amor, testimoniado a través de la cruz. Todos viven felices, en una fiesta sin fin, pero, como Jesús, conquistaron esta meta pasando por fatigas y pruebas (cf. Ap 7, 14)”.

Benedicto XVI
Angelus del 1° de noviembre de 2008


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 1/11: “Solemnidad de Todos los Santos que viven con Cristo en la gloria”, desde donde siguen ofreciendo el servicio misionero de la intercesión en favor de toda la humanidad.
- 2/11: Día de oración por todos los difuntos.- Día de los antepasados.
- 3/11: S. Hermengaudio, obispo de Seu d’Urgell (Cataluña, +1035), uno de los grandes evangelizadores españoles en las tierras rescatadas de las invasiones de los árabes musulmanes.
- 3/11: S. Martín de Porres (1579-1639), mulato que vivió en Lima (Perú), acogido como hermano lego en el Convento de S. Domingo, donde era portero, enfermero, hombre de oración, austeridad y caridad.
- 4/11: S. Carlos Borromeo (1538-1584), arzobispo de Milán, hombre de doctrina y caridad; organizó sínodos y seminarios para la formación del clero y promovió la vida cristiana en asiduas visitas pastorales.
- 5/11: B. Guido María Conforti (1865-1931), obispo de Parma, animador del espíritu misionero en la comunidad eclesial, fundador de los Misioneros Javerianos.
- 7/11: S. Prosdócimo (s. III), fundador de la comunidad cristiana alrededor de Padua y obispo.

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CATEQUESIS: Domingo de Todos los Santos

Publicado por Catequistas.org

1. Notas sobre la Sagrada Escritura. Lecturas Litúrgicas del Domingo actual

La fiesta de todos los Santos es el centro de atención de esta jornada dominical. Y fue establecida para fomentar el recuerdo de todos los santos, los bendecidos por Dios, los de este mundo y los del otro.

Primera lectura: Apocalipsis 7. 2- 4

Se recoge en la lectura un misterioso texto del Apocalipsis que cita los que han llegado a la unión con Dios y se hallan gozando las dichas del encuentro con Dios

“Luego vi a otro Ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo junto a sí.
Gritó con fuerte voz a los cuatro Ángeles a quienes se había encomendado causar daño a la tierra y al mar: "No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios."
Y oí el número de los marcados con el sello: 144.000 sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel.


Segunda lectura:1 Juan 1. 1-3

Los santos son los que han cumplido en el mundo la voluntad de Dios, que fue siempre amar a Cristo y , por Él, amar a todos los hombres.

“Hermanos. Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!. El mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es.
Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.”


Tercera lectura: Mateo 15.1-12

Los santos son los que han cumplido en el mundo la voluntad de Dios, que fue siempre amar a Cristo y , por Él, amar a todos los hombres.

“Hermanos. Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!. El mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es.
Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.”

Sabemos que Dios nos llama a todos los a la salvación y a la bienaventuranza eterna. Y debemos entender el mensaje de las bienaventuranzas como el medio natural de conseguirla esa bienaventuranza total y eterna.

Cuando la consigamos, descansaremos para siempre y veremos las maravillas de Dios, pues eso es la vida eterna. Veremos a Dios tal como es y le amaremos para siempre. ¿Qué otro fin tenemos en este mundo, sino llegar al Reino que no tendrá fin? Porque Dios nos ha puesto en el mundo para conocerle, servirle y amarle y así ir al cielo.

La bienaventuranza nos hace participar de la naturaleza divina, es decir en la Vida eterna. Semejante bienaventuranza supera la inteligencia y las solas fuerzas humanas. Es fruto del don gratuito de Dios. Por eso la llamamos sobrenatural, así como también llamamos sobrenatural la gracia que dispone al hombre a entrar en el gozo divino.



2. Reflexión. ¿Qué nos dicen estas lecturas?

En el Sermón de la Montaña Jesús es el Maestro que enseña a todos con el ejemplo de su vida y con sus palabras a vivir como Hijos de Dios y nos comunica las promesas del Padre

Sus palabras son un programa de vida y una síntesis del Evangelio. Por eso la Iglesia, cuando recuerda a los santos del cielo, alude al programa que en vida cumplieron

Los que vivieron como Jesús, son los que merecieron llegar a la salvación y gozan de Dios eternamente. Viviendo como Él vivió, los que quieran ser sus discípulos aprenderán de él a vivir como Hijos de Dios. De ese modo, el Padre cumplirá en ellos sus promesas, como antes las cumplió con Jesús. No es otra cosa lo que Jesús tiene para enseñarnos: vino a enseñarnos con su ejemplo y su palabra a vivir como Hijos de Dios. No vino a traer doctrinas esotéricas, sino esta única y divina sabiduría. Y esta sabiduría y vida divina de hijos, se ofrece a todos los hombres.

La doctrina de Jesús no es diversa de su vida. Es su vida misma convertida en contenido de su enseñanza. Por eso, no hay mejor comentario para las palabras de la enseñanza de Jesús, cuando no entendamos lo que quiere decir, que observar su propia vida.

Para comprender el alcance y el significado de las Bienaventuranzas, el mejor camino es ver cómo las vivió Jesús y cómo se cumplieron en él lo que prometen. Las Bienaventuranzas son promesas del Padre a los que vivan como hijos. Por eso para comprenderlas hay que ver cómo las vivió Jesús y cómo el Padre le cumplió las promesas. De hecho las Bienaventuranzas se oponen punto por punto a las normas de vida y a las pretensiones de dominio, de placer y poseer bienes que los hombres del mundo colocan en la cima de sus pretensiones.

A nuestro apetito de riquezas oponen la pobreza; a nuestros instintos de fuerza, de violencia y de dominación de los demás, oponen la mansedumbre; a nuestra hambre de autoafirmación y a nuestra sed de disfrutar, oponen el hambre y sed de justicia; y no de cualquier justicia, sino de la que supera la de los escribas y fariseos, es decir, la justicia de los hijos de Dios; a nuestra dureza de corazón, oponen la misericordia de Jesús y del Padre; a nuestra susceptibilidad e inclinación al conflicto, oponen el espíritu de paz; a nuestra vanidad y a nuestra dependencia de la opinión ajena, oponen la libertad de los hijos, que no buscan su propia gloria sino la del Padre.

¿Nos predica el Sermón de la Montaña una moral dura y poco realizable en la vida. ¿Nos sitúa Jesús ante un ideal imposible? No es cierto. El programa de las Bienaventuranzas es realizable y no es otra cosa que la vida de Jesús puesta para que todos sus seguidores la imiten y con ella se conquisten un premio eterno

Lo que pasa es que vivir como hijos de Dios Padre es algo distinto de vivir según el imperio de los instinto y de las malas inclinaciones. El modo de vivir del hombre natural no puede entender el modo de vivir del hombre sobrenatural. El que vive que el ideal centrado en lo terreno no puede descubrir lo hermoso que es vivir en el ideal colocado en lo alto del cielo.

+ + + + + +

El hombre natural se inclina a poner la felicidad en el bienestar de la tierra. Los que aspiran al cielo ponen su mirada más allá de los placeres, más allá del poder y de la vanidad. Lo que Jesús describe en sus bienaventuranzas es una invitación a imitarle y es una gracia singular de fortaleza, de fidelidad y de elevación espiritual.

Nadie puede alcanzarlo por sí mismo. Sería como darse el ser a sí mismo, sin intervención de un padre. La bienaventuranzas revelan que la felicidad no consiste en el bienestar sino en el amor de hijos al Padre y en recibirlo todo del Padre viviendo en su amor.

El Sermón de la Montaña sería una moral inaplicable y un ideal imposible si solamente nos ofreciera una ley como las demás: un texto, un código de conducta, una serie de mandamientos. Pero las Bienaventuranzas son principalmente promesas de la acción del Espíritu santo en el corazón del hombre.

Lo que tienen que hacer los que aspiran a vivir como hijos, es, antes que nada, creer en las promesas del Padre, cumplidas en Jesús y que Jesús nos hace en las Bienaventuranzas. Las Bienaventuranzas contienen las promesas y la revelación de lo que el Espíritu Santo quiere llevar a cabo en nuestras vidas, si nos prestamos a su acción por la fe y la caridad: hacernos vivir como Hijos del Padre. Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible.

El catecismo de la Iglesia católica dice: “Las bienaventuranzas dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad; expresan la vocación de los fieles asociados a la gloria de su Pasión y de su Resurrección; iluminan las acciones y las actitudes características de la vida cristiana; son promesas paradójicas que sostienen la esperanza en las tribulaciones; anuncian a los discípulos las bendiciones y las recompensas ya incoadas; quedan inauguradas en la vida de la Virgen María y de todos los santos.

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Las bienaventuranzas responden al deseo natural de felicidad y llevan esa felicidad por encimas de los sentidos y de las apetencias de la tierra. Este deseo es de origen divino: Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia El, el único que lo puede satisfacer.
Por eso siempre se miraron en la Iglesia las bienaventuranzas como una llamada a la salvación y a la perfección. Los hombres queremos ser felices, pero con una felicidad que dure para siempre, no con felicidad de un tiempo breve que pasa y nos deja la soledad en el alma. Queremos vivir felices y en el género humano no hay nadie que no dé su asentimiento a esta proposición incluso antes de que sea plenamente enunciada

Las bienaventuranzas elevan el alma hacia Dios de una manera veloz y perfecta. Descubren la meta de la existencia humana, el fin último de los actos humanos. Esta vocación la pone Dios en el corazón de cada uno y es el mismo Dios el que le da luz y fuerza para seguirla.



3. Esquema directivo para una Catequesis

1 Experiencia

El hombre aspira a la felicidad en este mundo… Podemos hacer una lista de hombres felices que conocemos…o que aspiran a ser felices: políticos, artistas, deportistas, banqueros, intelectuales, militares… DE los que sea posible se refleja el modo como aspiran a la felicidad: posesiones, fama, dinero, poder, triunfos…

2 Reflexión

El educador o animador hace una reflexión indicando por qué el hombre aspira a la felicidad. Es ley de la naturaleza buscar el placer y rehuir el dolor. Pero los placeres pueden ser de muy diversa naturaleza: psicológicos, corporales, sociales, espirituales

3 Acción

. Buscamos una lista de los placeres que a nosotros nos interesan: amistad, triunfos en los estudios o en los deportes, juegos preferidos, viajes, actividades, adornos. Cada uno dispone una lista de ellos.
Y diseña una clasificación de placeres: cortos y de la larga duración, individuales o grupales, ocasionales y permanentes, sensoriales, afectivos o intelectuales.

Después de la lista y de la clasificación a cada uno se le asigna una “valoración evangélica”. Cuales son los que son compatibles con el Evangelio y cuáles son contrario… Y se indique el por qué.

4. Participación

Se superponen en una hoja grande, o en una pizarra, los modelos que cada miembro del grupo aporta y se discuten las calificaciones evangélicas, indicando con razones el por qué se les considera compatibles con el Evangelio y por qué algunas son contrarias.
Se termina señalando los placeres recomendables por Jesús para los seguidores de sus mensaje

5. Interiorización

Se redacta entre todos una plegaria dando gracias a Dios por haber conocido el Evangelio y cómo es un mensaje alegre, que hace a los hombres más felices si se disponen a cumplirlo.



4. Ejercicios para realizar con los catequizandos

Para pequeños

Se les puede pedir que coloreen el dibujo anexo y que vayan poniendo nombre, oficio y diciendo si cada figura de las muchas que hay en el gráfico es feliz o no. Y el por qué. Interesa que los niños fantaseen

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Para medianos

Buscar una serie de textos en los cuatro Evangelios que hables de cumplir la voluntad de Dios por parte de Jesús. Contraponerlos con los otros que hablan de la penitencia, de la pobre, del sacrificio
Perfilar entre todos un plan de vida para vivir con alegría el espíritu del Evangelio

Para mayores

Tratar de analizar los sistema o las actitudes que se dan en el mundo actual que no conducen a la dicha del evangelio: materialismo, hedonismo, erotismo, biologismo, naturalismo, racionalismo, fanatismo,
Cada uno del grupo recoge un “ismo” antoevangelico y trata de ver cómo se puede vencer es engaño, su falso ideal, y como es más feliz el que vive según el Evangelio

Vocabulario Interesante Felicidad. Gozo. Paz. Alegría. Evangelio. Bienaventuranza. Salud. Bienestar. Ventura. Suerte. Fortuna. Agrado. . Delicia. Dicha. Jubilo. Vida eterna. Entusiasmo. Salvación. Visión Beatífica

Libros interesantes pueden ser

El arte de sr felices.. Serafín Ruiz. Madrid. San Pablo. 1996

Ideas felices: virtudes cristianas para nuestro tiempo. Jean Louis Bruguès. Madrid. Ed. Católica. BAC. 2008

El juego de Dios. Rosa Casaponsa. Edición particular. 2008

Evangelio y felicidad. Matías Castaño. Madrid. Perpetuo Socorro. 2007

El diario de la felicidad. Nicolae Steinhardt Salamanca Sigueme 2007

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Evangelio Misionero del Día: Sabado 31 de Octubre de 2009. XXX SEMANA DEL TO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 14, 1. 7-11

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
«Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: "Déjale el sitio", y asÍ, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: "Amigo, acércate más", y así quedarás bien delante de todos los invita- dos. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado».


Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

La etiqueta en la distribución de los puestos en la mesa según Jesús
Lucas 14,1.7-11
“Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos…”

Veamos las tres partes del pasaje evangélico: (1) una observación, (2) una parábola y (3) la aplicación.

1. Una observación: “Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos” (14,7a)

¿Qué hay detrás de este comportamiento? Una de las necesidades humanas es la estima. Esto se percibe en la aspiración al reconocimiento. El problema en cuando se busca por medio de la competencia: ser superiores a los demás, tener posiciones más altas, estar más adelante. Esto último es lo que Jesús ve en los comensales de aquella mesa: quieren los puestos más visibles (a la cabecera de la mesa o en el centro), los que indican superioridad.

Esto que sucede en las comidas formales también sucede en la convivencia humana y en todos los estratos sociales. No es fácil reconocerles a las otras personas nuestros mismos derechos y nuestro mismo valor. En esta feria de las vanidades, aparece el deseo de la afirmación personal mediante la comparación: lo nuestro es superior o mejor que lo de los otros. De esta comparación proviene un criterio errado de valoración.

2. Una parábola: “Cuando seas invitado…” (14,8)

En una parábola, Jesús propone una regla de comportamiento diferente para los comensales: “Cuando seas invitado a una boda, no te pongas en el primer puesto… no sea que… y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto” (14,8-10). Su frase proviene de la sabiduría popular: quien busca los primeros puestos de manera directa o muy de prisa puede terminar recibiendo más humillación que honra; no hay que correr riesgos.

Sin embargo, detrás de esto puede suceder que no haya verdadera humildad sino una estrategia para salirse con la suya. A lo mejor de esta forma la honra puede ser más evidente ante los demás invitados a la hora en que el anfitrión lo haga ascender de lugar.

Puesto que lo que Jesús quiere no es simplemente recordar una regla de sabiduría sino ir hasta el fondo de las actitudes, es que no hay que perder de vista la idea principal: hay dejarle al patrón de la casa la tarea de la asignación de los puestos. Los puestos no dependen de los méritos que creemos tener sino de la gratuidad del anfitrión.

3. La aplicación: “Todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado” (14,11)

De la parábola se deducen las siguientes enseñanzas e invitaciones:

(1) Poner en crisis este tipo de comportamientos

Toda búsqueda de honor fracasa delante de Dios; es más, tiene un efecto contrario. Dios no está dispuesto a admitir las jerarquías de honor que nos inventamos los hombres. Todo lo que hagamos por dar brillo a nuestro honor, prestigio y esplendor carece de valor en presencia de Dios.

Por eso, en este tipo de cosas no vale la pena gastar energías porque pertenece al mundo de la vanidad, que en el fondo es vaciedad, una forma de egoísmo por la exaltación del propio yo. Es Dios, no nuestra ambición, quien nos da el valor y la importancia que tenemos.

(2) Ponernos bajo la mirada de Dios

De ahí que el verdadero lugar del hombre es el que ocupa ante Dios y no el que puede ganar esforzándose en su propia promoción.

Lo mismo vale para las relaciones entre nosotros. Hay que evitar la autopromoción y más bien actuar desde la humildad, no nos corresponde a nosotros sino los otros la promoción.

(3) Vivir según el principio de vida evangélico

La última palabra sobre el valor de las personas la tiene Dios. Esto ya lo había dicho María en el Magníficat: “Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes” (1,52).

Todas estas actitudes provienen del fondo del corazón, por eso se retoma como conclusión de la parábola de la oración del fariseo y el publicano: “Todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado” (18,14).

La lección se volverá a escuchar en la última cena, donde irónicamente los discípulos van a pelear por los puestos; Jesús les responderá con un llamado al servicio humilde, de lo cual Él es el mejor ejemplo: “¿Quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (22,27).



Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Qué formas –discretas o públicas- tiene hoy la aspiración al honor y al prestigio? ¿Qué podemos decir al respecto?

2. ¿Qué nueva cultura de las relaciones propone Jesús? ¿En qué se basa? ¿Para dónde apunta?

3. Los fariseos basaban su espiritualidad en la lógica de la recompensa. ¿Esto es correcto? ¿Qué es lo que hay que buscar en la relación con Dios y con los demás?

“El que se arrima y allega a Dios, hácese un espíritu con Él,
tocando este soberano matrimonio,
que presupone haberse llegado Su Majestad al alma por unión”
(Santa Teresa de Jesús)


P. Fidel Oñoro, cjm
Centro Bíblico del CELAM

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Noticias Misioneras del Mundo: 30 de Octubre de 2009


* Intención misionera del Papa para el mes de noviembre
* El Congreso de Estados Unidos aprueba una resolución sobre los mártires de El Salvador
* Desde los campos de refugiados congoleños en Angola
* Charlas sobre la Madre Teresa y programa misionero en Radio María
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Intención misionera del Papa para el mes de noviembre

OMPRESS-ROMA (30-10-09) “Para que los creyentes de las diversas religiones, con el testimonio de sus vidas y mediante el diálogo fraterno, ofrezcan una demostración clara de que el Nombre de Dios es portador de paz”, es la intención misionera indicada por el Santo Padre Benedicto XVI para el próximo mes de noviembre.

En el discurso a los líderes religiosos de Galilea durante su visita a Tierra Santa, 14 de mayo de 2009, Benedicto XVI decía:

“La convicción de que el mundo es un don de Dios y que Dios ha entrado en las vicisitudes y en los acontecimientos de la historia humana, es la perspectiva desde la cual los cristianos ven que la creación tiene una razón y un fin. Lejos de ser el resultado de una ciega casualidad, el mundo ha sido querido por Dios, y revela su glorioso esplendor.

En el corazón de toda tradición religiosa se encuentra la convicción de que la paz misma es un don de Dios, aunque no se pueda alcanzar sin esfuerzo humano. Una paz duradera proviene del reconocimiento de que el mundo, en definitiva, no es propiedad nuestra, sino más bien el horizonte en el cual hemos sido invitados a participar del amor de Dios y a cooperar para guiar el mundo y la historia bajo su inspiración. No podemos hacer con el mundo lo que nos place; por el contrario, estamos llamados a conformar nuestras decisiones con las sutiles pero perceptibles leyes escritas por el Creador en el universo, y a modelar nuestras acciones según la bondad divina que penetra el reino de lo creado.

En Galilea, tierra conocida por su heterogeneidad étnica y religiosa, habita un pueblo que conoce bien los esfuerzos necesarios para vivir en convivencia armónica. Nuestras diferentes tradiciones religiosas encierran un potencial notable para promover una cultura de paz, especialmente a través de la enseñanza y la predicación de los valores espirituales más profundos de nuestra humanidad común. Moldeando los corazones de los jóvenes, forjamos el futuro de la humanidad. De buen grado los cristianos se unen a los judíos, a los musulmanes, a los drusos y a las personas de otras religiones con el deseo de salvaguardar a los niños del fanatismo y de la violencia, preparándolos a ser los constructores de un mundo mejor.”



El Congreso de Estados Unidos aprueba una resolución sobre los mártires de El Salvador

OMPRESS-EL SALVADOR (30-10-09) El jueves 21 de octubre la Cámara de Representantes de Estados Unidos ha aprobado una resolución para honrar y conmemorar la vida de los seis jesuitas y dos mujeres asesinados en El Salvador, de cuya muerte se cumplirán 20 años el próximo 16 de noviembre.

La resolución, presentada por el congresista demócrata James McGovern y otros 33 legisladores, “recuerda y conmemora las vidas y trabajo" de los padres Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López, así como de la cocinera de su comunidad, Julia Elba Ramos, y su hija Celina Mariset Ramos, asesinados por hombres armados que el 16 de noviembre de 1989 irrumpieron en la residencia jesuita de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de San Salvador. Son de destacar algunas de las resoluciones recogidas en el documento hecho público por el Congreso norteamericano. El documento “pone de relieve la solidaridad demostrada por el pueblo de los Estados Unidos, instituciones académicas, y las congregaciones religiosas a través de su participación en eventos locales, nacionales e internacionales para conmemorar el 20 aniversario de los asesinatos de seis sacerdotes jesuitas y dos mujeres laicas. Reconoce que las personas asesinadas han dedicado su vida a atender y aliviar las desigualdades sociales y económicas de El Salvador, y que si bien se ha avanzado considerablemente durante el período de posguerra, las dificultades sociales y económicas persisten en muchos sectores de la sociedad salvadoreña. Apoya a las organizaciones públicas, privadas, no gubernamentales y religiosas en los esfuerzos para cumplir con el legado de los jesuitas asesinados para reducir la pobreza y el hambre y promover las oportunidades de educación, derechos humanos, el imperio de la ley y la equidad social para el pueblo de El Salvador.”



Desde los campos de refugiados congoleños en Angola

OMPRESS-ANGOLA (30-10-09) La hermana Liliana López, de la Congregación de la Esclavas del Divino Corazón, misionera en la zona de Angola donde se encuentran desplazados miles de congoleños, ha hecho llegar a sus hermanas de congregación una carta que cuenta la situación que se vive en la frontera entre Angola y el Congo.

“Hola te cuento una experiencia que en estos días estamos viviendo, para que puedas pedir en tus intenciones y oraciones por toda esta gente. Todo esto comenzó el día en la primera semana de octubre. Nos enteramos por las noticias que un obispo cuando estaba en el Vaticano en el sínodo de obispos, denunció que fueron secuestrados sacerdotes en el Congo y además incendiaron una iglesia en el conflicto armado de la República Democrática del Congo. Se dice que algunos sacerdotes fueron azotados y otros se tomaron como rehenes para pedir y exigir un elevado rescate para salvar sus vidas. Esto parece como si la paz y la reconciliación fuese una utopía en estas tierras.

Verdaderamente cuánto sufrimiento pasa la gente por unos malos entendidos entre los grandes.

Hoy visitamos Lubu y el lugar donde están las personas que fueron repatriadas del Congo; fuimos a llevar algunos alimentos y ver como estaba la situación de las familias, eran como más de 20.000 personas. Me llevé una impresión fuerte al ver cuánta gente fue repatriada de muy malas maneras. Eso no se puede hacer con las personas, son vidas las que están sufriendo. Por qué seremos tan cabeza dura con nuestros propios hermanos.

La gente estaba allí al aire libre, sin un lugar digno para estar, con mucho polvo, suciedad. Qué pena daba ver a familias enteras con sus pocas cosas, sin qué comer, ni vestir. Además sin saber a dónde ir, sin documentos, sin trabajo y sin dinero.

Después de su huida al Congo por la guerra y un mejor estar ahora lo tienen que dejar todo y quedarse sin nada. Algunos ya pasaron su vida allí, más de 40, 50 años.

Se me partió el alma cuando de repente al bajar del carro me vi rodeada de niños pidiéndome dinero para comer, qué impotencia y qué rabia.

Menos mal que parece que están pensando mejor las cosas y han dado un alto a todo esto. Ya no van a tirar más personas del otro país vecino. Con la carta de petición de alto a todo esto del presidente parece que se va a calmar todo. Ya al menos no están apareciendo más familias, al contrario se han dispuesto auto-carros para llevar a estas personas que ya están en tierras angoleñas a distintos lugares donde van a vivir por ahora.

Nosotras a nuestro regreso pasamos a unos 20 auto-carros que servirán para el traslado de toda esta gente. Ahora nos queda esperar para los que lleguen a Mbanza Congo y así poder ayudar a ellos de alguna manera mas concreta.

Ya algunos de nuestros profesores del colegio nos han contado que en su casas tienen además de su familia otros familiares más que llegaron del Congo o sea han aumentado en número sin tenerlo pensado y sin tener los medios suficientes para sobrellevar todo esto, pero son parte de su familia y algo tienen que hacer por ellos, es un gesto que marca el corazón. Qué grande es Dios.”



Charlas sobre la Madre Teresa y programa misionero en Radio María

OMPRESS-MADRID (30-10-09) Mañana 31 de octubre comienzan en el Hogar de las Misioneras de la Caridad en Madrid las charlas sobre la Madre Teresa de Calcuta. Desde hace ya cinco años, un sábado al mes, las Misioneras de la Caridad acogen en su casa a aquellas personas que deseen conocer con más profundidad la espiritualidad y el carisma de su fundadora la beata Teresa de Calcuta.

Según informa el Consejo Diocesano de Misiones de Madrid, se trata de unos encuentros dirigidos a todas aquellas personas que quieran unirse a rezar por las Misiones y acercarse a la figura de la Madre Teresa. Comenzarán a las 18,00 horas con la exposición del Santísimo y rezo del Santo Rosario; a continuación tendrá lugar una charla o conferencia. Este sábado 31 de octubre la exposición será “Madre Teresa: el fuego secreto de su corazón”.

Los demás encuentros serán el 28 de noviembre, 16 de enero, 20 de febrero, 20 de marzo, 17 de abril, 22 de mayo y 129 de junio. El Hogar de las Misioneras de la Caridad se encuentra en el Paseo de la Ermita del Santo 46 de Madrid.

Por otro lado, este domingo 1 de noviembre, la Delegación Diocesana de Misiones de Madrid inicia su andadora en las ondas. Será en Radio María todos los domingos a las 23,00 horas. Una hora de radio dedicado a las Misiones, “un reto –dice José María Calderón, delegado de Misiones- que hemos aceptado ante la posibilidad que Radio María nos ha ofrecido para hacer la misión cada vez más presente y que nos pedirá que nos exijamos cada día más”.

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XXXI Domingo del T.O. (Mateo 5,1-12) - Ciclo B: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración

Solemnidad de Todos los Santos


Publicado por DABAR

PARA TODOS

En el texto de las Bienaventuranzas nos presenta Jesús a una panda de gentes sin nombre ni apellido. Sólo los llamados “Bienaventurados”. Imagino que, cuando hablaba de estas personas a sus discípulos, su rostro y su voz serían los que cualquiera de nosotros ponemos cuando hablamos de alguien especialmente querido. Alguien a quien admiramos, que nos enseña con su vida sin hacernos sentir inferiores. Las personas a las que debemos lo mejor de lo que somos y también todo lo bueno que llegaremos a ser.

El contenido es otro cantar. Si para que Jesús hable de nosotros con ese cariño especial, para que nos diga “bienaventurados” hay que pasar por tal cúmulo de desdichas, más de uno nos vamos a pensar lo de ser amigos suyos. Parece que haya que vivir unos especiales malos ratos a lo largo de la vida para llegar a merecer el aprecio de Jesús. Y así nos va, que no nos apuntamos a ese plan ni hartos de vino.

Pero hay otras maneras de oír. Porque habla Jesús de gente de carne y hueso, gente a la que Él ya conoce, gente que existe. No de un elegido y futuro grupo, no. Habla de los que hay. De cualquiera de nosotros. De cualquier santo. De Todos los Santos. Habla para todos.

Porque bienaventurados de éstos los conocemos todos, en nuestro barrio, vecindario, trabajo o parroquia. Son todos los que viven con honradez, con dignidad, con generosidad y desde la conciencia de que lo que tienen les ha sido dado por la largueza de un Padre que cuida de cada uno con mimo.

Y, aún cuando ninguno casemos con todos los rasgos, durante toda nuestra vida, sí tenemos nuestros momentos de “casi” En el humilde empeño de parecernos a Jesús y vivir sencillamente según su mandato, a veces nos acercamos, y mucho, a merecer una bienaventuranza. No a diario. No a bombo y platillo. Pero cuando sabemos que hemos hecho algo bien nos ronda algo del rostro de Jesús cuando hablaba de sus amigos. Sentir eso, una vez en la vida, debería ser suficiente estímulo para repetir.

La expresión de las Bienaventuranzas, todas juntas y de corrido, tira un poco para atrás a la hora de pensar en vivir según su directriz. Pero releídas y repensadas en lo hondo, nos llevan a querer profundizar en las circunstancias de nuestra vida desde la perspectiva de portarnos bien con todos, de hacer nuestro trabajo gustándonos lo que hacemos –y, sobre todo, cómo lo hacemos-, y a merecernos el calificativo de amigos de Jesús.

Aunque parezcan un plan de vida dificilísimo y muy duro, las Bienaventuranzas son sólo un resumen de lo que cabe esperar de cualquier vida cabalmente vivida. Y Jesús las expuso así de crudas para hacernos ver que son para todos, no para unos pocos. Porque todos estamos llamados a ser santos, y a participar de la fiesta de Todos los Santos en homenaje a todos los que, antes y ahora, vivieron y viven en ese espíritu especial de ser, sencillamente, seguidores de Jesús.

A. GONZALO
aurora@dabar.net



DIOS HABLA

APOCALIPSIS 7,2 4.9 14
Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios». Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel. Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!» Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén». Y uno de los ancianos me dijo: «Ésos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?» Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás». Él me respondió: «Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero».

I JUAN 3,1 3
Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

MATEO 5,1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».



EXEGESIS

PRIMERA LECTURA

Está dicho repetidamente en muchos lugares que, si se quiere entender realmente el contenido de pasajes como este no podemos dejarnos engañar por la escenografía apocalíptica (ello vale también en lo relativo al “infierno” aunque el tema no sea de este lugar). Hemos de superar la dificultad inicial para entrar en el mensaje escondido en estos textos más que en otros para el lector actual, lejano en el tiempo, cultura y sensibilidad.

Esto supuesto, la primera parte de la lectura, vv. 2-8, (lo acertadamente omitido en la mera enumeración de las tribus, superflua, y aun un poco ridícula para el público actual) presenta la multitud de los salvados. Percibir que el número 144.000 es simbólico requiere de poca agudeza. De otro modo nos veríamos en las dificultades de algunas sectas que, completado ese número de adeptos, no saben cómo hacerles sitio a los siguientes. Las doce docenas es la perfección de perfecciones, la totalidad. Se salvan todos los que han de salvarse, lo cual se confirma con la alusión a la multitud inmensa de rasgos universales. Se sugiere de algún modo que la salvación supera los límites de la comunidad eclesial, probable interpretación de las tribus de Israel como punta de lanza de los salvados y se extiende a toda la humanidad. Los “santos” pueden ser todos m desde luego no sólo los canonizados.

Hay varios matices importantes: los salvados se salvan porque Dios la da por medio de Cristo, con él y a imitación suya. Ello implica participar en el camino que ha seguido Jesús en su propia historia. No hay garantías de que el final glorioso pase por algo diferente. Más bien lo contrario. Hay que estar preparados en ese sentido.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net



SEGUNDA LECTURA

Estas cortas líneas exponen un tema capital para el cristiano: su filiación divina y la razón de ella En la carta aparece como un exabrupto. Y con la fuerza que indica el “¡lo somos!. Conviene insistir en el punto de la filiación pues, a fuerza de repetirlo, podemos perder la conciencia de lo que significa.

El amor del Padre es el motivo y la realidad de esa condición de hijos. El que Dios nos ame ya nos convierte en hijos. No es que nos de otra cosa: su mismo amor nos transforma en algo que no seríamos sin él. Se trata de una comunicación/relación interpersonal que cambian a quien la establece. En el texto ese hecho está expresado con el semítico “lo veremos tal cual es”, que nos hará ser semejantes a él. Efectivamente, si la relación humana de amor cambia a quien la tiempo, ¡cuánto más cuando se trata de la relación con Dios!.

Esa relación la tenemos en y por el Hijo. Como decían los Padres de la Iglesia, somos hijos en el Hijo. El amor del Padre al Hijo es el que nos tiene a nosotros, unidos con ese mismo Hijo.

La filiación se tiene pero no se goza plenamente. Por eso es motivo de esperanza (v.3). Lo importante es que no creamos que todo ha de venir. En esto la tradición joánica coincide con la paulina. Ya es, aunque todavía no… del todo y a todos los efectos. Lo esencial está ya presente y activo: el hecho de ser hijos de Dios y tener su vida en nosotros. Eso nos hace ser “puros”, no de forma ritual o externa, sino como condensando en sí toda la realidad cristiana. Y lo mismo vale para la santidad. ¿Qué mayor santidad es posible que la de tener la vida de Dios y ser sus hijos?.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net



EVANGELIO

Texto. Con este texto abre Mateo la enseñanza de Jesús a sus discípulos. El versículo inicial describe la situación, diferenciando y recalcando cada uno de los momentos. El resultado es un cuadro hierático, muy probablemente influenciado por el recuerdo del Sinaí, momento constituyente del Pueblo de Dios, monte por antonomasia. En la pluma de Mateo, Jesús emerge en el papel de Yavé confiriendo a Moisés las tablas de la Ley.

Resuenan a continuación nueve bienaventuranzas. Todas, a excepción de la última, están formuladas en tercera persona. Este recurso abre expresamente el texto a los discípulos de todos los tiempos.
A diferencia de Lucas, más atento a situaciones concretas de dificultad, Mateo presta atención a actitudes en medio de la dificultad. Esto es especialmente visible en dos bienaventuranzas comunes a ambos evangelistas. Del bienaventurados los pobres de Lucas se pasa al bienaventurados los que tienen talante pobre de Mateo; del bienaventurados los hambrientos de Lucas se pasa al bienaventurados los hambrientos de justicia de Mateo. Es bastante probable que Lucas haya transmitido la literalidad de las palabras de Jesús. Lo que Mateo ha hecho ha sido ahondar en el sentido de esa literalidad.

Tanto Lucas como Mateo coinciden en el carácter activo de la dificultad. Las bienaventuranzas no tienen su origen en lo que llamamos penalidades de la vida, comunes a todos los mortales, sino en el hecho de ser discípulo de Jesús. Este hecho lleva a adoptar unos compromisos y unas actitudes de los que se derivarán unas dificultades.

La fuente de las bienaventuranzas es Dios y la toma de partido de Dios por el discípulo de Jesús. Esto es lo reflejado en la segunda parte de cada una de las bienaventuranzas y que, salvo en la primera de ellas, está formulado en futuro. Es el futuro de Dios, con vigencia tanto en el acá como en el allá humanos.

Comentario. Leído en el contexto litúrgico del día, el texto se adentra en el tramo correspondiente al más allá humano, cuando el futuro, que para el hombre siempre es Dios, adquiere plenitud de intensidad y de sentido. En esta plenitud están los discípulos que nos han precedido y desde ella nos alientan a adoptar los compromisos y las actitudes de que se habla en el texto.

El texto, en efecto, no habla de resignación o alienación en el acá humano, como desafortunadamente se ha dicho, sino de fuerza y de consuelo divinos ya en el acá humano. Bienaventurados son sólo los que actúan y arriesgan aquí. Así lo confirman quienes ya se han adentrado en la plenitud de Dios. Ellos vienen hoy en apoyo de la verdad de unas actitudes que no siempre gozan de prestigio humano, pero que son las únicas que prestigian al hombre.

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net



NOTAS PARA LA HOMILIA

La santidad es la felicidad, es la bienaventuranza. Celebrar la solemnidad de Todos los Santos y leer el evangelio de las Bienaventuranzas son dos cosas que nos aclaran mutuamente la una sobre la otra. La Buena Noticia que Jesús ha venido a traernos está resumida en el Sermón de la Montaña. Las Bienaventuranzas contienen toda la esperanza cristiana que proclama a los cuatro vientos que Dios tiene preparada la felicidad eterna para quien, en esta vida temporal, no es tratado con dignidad, o es perseguido, o es marginado y excluido, o es de los que lloran y sufren, de los pobres, de los limpios de corazón. Todos aquellos que aspiran a una felicidad que la vida les niega, que esperan una felicidad que nunca llega, que pagan las injusticias de la vida y de los demás, son los preferidos de Dios y están llamados a ser felices para siempre. Porque Jesús nos muestra también su gloria, pero nos la muestra después de la ignominia de la cruz, después del sufrimiento de su pasión, después del dolor de su entrega por amor. Jesús se rebaja hasta el dolor y el sufrimiento de los que más sufren; hasta la marginación de los más excluidos; hasta la soledad de los más abandonados. Dios, sufriendo en Jesús, ha probado los tragos más amargos de la existencia humana. Y ha venido a decirnos que esos padecimientos no son definitivos, que tienen un límite y un final, que la muerte es la liberación, porque el sufrimiento llevado con amor rompe en la explosión de júbilo y de alegría en la resurrección.

Muchos preferirán oír de cómo curar los males en esta tierra, de cómo superar las injusticias, de cómo superar las diferencias entre personas, clases sociales, países, continentes y culturas. Dios no da una solución irrefutable a esos problemas, pero tampoco ha guardado silencio. Para empezar, nos ha puesto en un planeta donde existen recursos suficientes para todos. Y después nos ha enseñado cómo vivir y convivir desde el respeto mutuo, desde el reconocimiento de todos con la misma dignidad, de la igualdad entre todos los seres humanos porque todos son hijos de Dios. Nos ha enseñado a anteponer el amor a todas la discordias entre nosotros y sobre todas las cualidades humanas. Nos ha enseñado también a saber perder para poder ganar. Nos ha pedido que no aspiremos a los bienes de la tierra, sino a los del cielo. Nos ha enseñado, en definitiva, a vivir para Dios, a ser sumisos con Él y ha vivir haciendo su voluntad. Lo que se haya separado de todo esto es la consecuencia del que se interpone entre Dios y nosotros, del que quiere arruinar el plan de Dios: el pecado y el diablo. Si mucha gente no es feliz en esta vida es consecuencia del pecado de otros, que se comen sus recursos o que no respetan su dignidad como seres humanos. Eso Dios no puede arreglarlo. Dios nos ha enseñado el camino para que esto no suceda, pero la buena noticia de Jesús es que también estos gozarán y vivirán una felicidad perpetua, eterna, que no tiene fin. El plan de Dios se realizará cuando ya no dependa de nuestras manos, sino, exclusivamente, de las suyas. Porque esa es su voluntad. Porque ese fue el plan con el que hizo la creación, pues el pecado y el diablo conviven con nosotros en esta vida.

A lo largo de los siglos, una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, ha vivido la cercanía de Dios a pesar de las dificultades y las penurias. Son personas que, en medio de sus padecimientos, no han dejado de ser felices porque han vivido del amor de Dios y a Dios. Son personas que hoy engrosan los coros celestiales y que son celebrados como santos por la iglesia peregrina en este mundo. De ellos toma ejemplo, fuerza y ánimo para ser los que en este tiempo, en este momento y lugar, no pierden la sonrisa, no pierden la alegría, no pierden la amabilidad, viven cerca de Dios y aman como ama Dios, sin condiciones, sin espera en la correspondencia, sin excluir a nadie por ningún motivo por grande que pueda ser. Son gente de esperanza, gente que vive de su fe y que tiene por compañía el amor que recibe de Dios, el mismo amor que él comunica a los demás. Son gente que sabe servir, que sabe denunciar la injusticia, que sabe salir en defensa de los que no tienen defensa. No están entre los poderosos, ni los mandatarios, ni entre los que manejan los hilos de esta enmarañada sociedad. Están entre nosotros; puede ser el que está a nuestro lado, nuestra vecina... o nosotros mismos.

Qué gran fiesta para celebrar a todas estas personas anónimas que han vivido según la enseñanza de Jesús desde que él viniera al mundo. Qué gran fiesta para todos los que se dejan las fuerzas en sacar del fango a sus semejantes. Qué gran fiesta, la de hoy, para celebrar la esperanza en un mundo según el plan de Dios, para recordar que hemos nacido para la felicidad, para la santidad. La Iglesia peregrina de la tierra se siente alentada hoy por la Iglesia gloriosa del cielo, y afianza su esperanza de que las generaciones venideras nos celebren también a nosotros en este día como los santos que viven en la gloria junto a Dios Padre y su Hijo Jesucristo glorificado. Que así sea.

JUAN SEGURA
juan@dabar.net



PARA LA ORACION

Dios bueno, de quien emana todo bien, toda santidad. Mira a tus hijos reunidos en torno a la mesa del altar; abre sus oídos a la escucha de tu Palabra y ayúdales a vivir según el espíritu de las bienaventuranzas, para que vivan felices ya en esta vida temporal y se asocien a la Iglesia de todos los santos el día que los llames a la vida eterna.
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Con la ofrenda de lo que tú mismo nos das, bendice y santifica todas nuestras vidas para que este banquete eucarístico nos adelante la felicidad del cielo.
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En verdad es justo y necesario alabarte con nuestro corazón y con nuestras voces. Porque tú, Padre, has puesto en nosotros la semilla de la santidad; tú nos has mostrado tu propia santidad en la vida y predicación de tu Hijo Jesucristo; con su muerte y resurrección has llevado a la plenitud la obra de la salvación, y, con el envío del Espíritu Santo has dado plenitud a la Pascua de Jesús, de la que surge una nueva creación, una nueva humanidad, reconciliada por tu Hijo en el amor, llamada a vivir en la primera santidad con la que habías creado el mundo y al hombre. Por eso, la Iglesia de la tierra se une a la Iglesia del cielo para cantar, a una sola voz, el himno de tu gloria y tu alabanza.
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Alimentados con el alimento eucarístico, haz Señor que los dones que acabamos de recibir produzcan en nosotros abundantes frutos de santidad en la obediencia a tu voluntad y en el servicio a nuestros hermanos.




LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
Siempre la Iglesia del cielo está unida a la Iglesia de la tierra mediante la Comunión de los Santos. Pero hoy esa unidad la sentimos más estrecha al celebrar a todos esos hermanos nuestros que habiendo vivido ya la vida terrena, gozan de la presencia de Dios para siempre. Es el día de Todos los Santos. En él celebramos la felicidad para la cual Dios nos ha dado la vida, y que es la esperanza de toda nuestra vida. A esa Iglesia del cielo nos encomendamos para formar parte un día de la muchedumbre de los santos.

ACTO PENITENCIAL
-Tú, Buena Noticia para los pobres y los indefensos. Señor, ten piedad.
-Tú, que has bajado a compartir con nosotros el sufrimiento y el dolor. Cristo, ten piedad.
-Tú, que has vencido la muerte con tu resurrección. Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Juan nos describe en esta lectura una liturgia celestial. La figura central es el Cordero; Jesús sacrificado y glorificado. Grupos de personajes se van dando cita en la escena y cantan cánticos de alabanza a Dios. Entre ellos, destaca una muchedumbre inmensa que nadie podría contar.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 23)
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor
Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
San Juan se maravilla del hecho de que seamos hijos de Dios. Jesús, por iniciativa del Padre, nos ha elevado a esa calidad. Pero todo ha sido con motivo del gran amor que nos tiene. Lo que somos y lo que seremos estará siempre marcado por todo lo que Dios nos ama.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
Desde la montaña, con la autoridad del mismo Dios, Jesús va a establecer el nuevo decálogo, la nueva ley, la nueva alianza. El sermón de las bienaventuranzas es de tipo programático, pero es, sobre todo, la meta final, el resultado de la felicidad que se promete a los que ahora no son felices. Jesús recorrerá ese camino por todos.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Nos unimos ahora en una misma plegaria dirigida al Padre, que es la fuente de toda santidad.
-Por la Iglesia peregrina en la tierra para se mantenga en la santidad de Jesucristo, quien la fundó. Roguemos al Señor.
-Para que el Papa, los obispos y los sacerdotes sean ejemplo de santidad en el mundo de los creyentes y los no creyentes. Roguemos al Señor.
-Para que cada bautizado viva en la santidad que le confirió el sacramento del bautismo, renaciendo a una criatura nueva. Roguemos al Señor.
-Para que todas las personas que viven en el mundo descubran que han sido elegidas por Dios para la felicidad eterna. Roguemos al Señor.
-Para que todos los que sufren por tantas causas en el mundo vivan en la esperanza de que ese dolor dará paso a la luz de la vida feliz y eterna. Roguemos al Señor.
-Por todos nosotros, para que sepamos transmitir a los demás la alegría y la felicidad de conocer y seguir a Jesús cada día. Roguemos al Señor.
-Por nuestros familiares y amigos difuntos, para que hayan encontrado la felicidad en la vida eterna junto a Dios. Roguemos al Señor.
Escucha, Padre, nuestra oración. Te la presentamos confiadamente en esta celebración de la Eucaristía, y lo hacemos por medio de JCNS.

DESPEDIDA
Que todos los días podamos decir que somos santos. Que todos los días podamos decir que somos felices. Que todos los días creamos en la firme esperanza de la vida eterna. Podemos ir en paz.


CANTOS PARA LA CELEBRACION
Entrada: Las puertas de la nueva ciudad. Somos un pueblo que camina.
Gloria: De la Misa de Angelis.
Salmo: LdS.
Aleluya: Canta aleluya al Señor (del disco "Ven Espíritu Santo" de L. Alfredo).
Ofertorio: 2 CLN H6.
Santo: De la Misa de Angelis.
Comunión: Cerca de Ti Señor; Bienaventurados (CLN 736).
Final: Hoy Señor te damos gracias (1CLN 604).



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net

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jueves 29 de octubre de 2009

Materiales Litúrgicos y Catequéticos: XXXI Domingo del T.O. (Mateo 5,1-12) - Ciclo B



Monición de entrada
(A)

Hoy, día primero de Noviembre, la Iglesia celebra una fiesta en honor de Todos los Santos. Los Santos son todos los hombres, mujeres, jóvenes y niños que, mientras vivieron en la tierra, amaron mucho a Dios y ayudaron a los demás.
Algunos tienen su día en el calendario. Conocemos su vida, llevamos su nombre: María, José, Ana, Pablo... Pero existen millones de Santos que no aparecen en el calendario, pero han sido formidables.
Se trata de recordar a un gentío enorme. Algo así como una manifestación de gente de todos los pueblos, razas y lenguas.
Los Santos nos esperan en la Casa de Dios, nuestro Padre. Y el camino para llegar a su misma meta lo vamos a descubrir en el Evangelio de hoy: Las Bienaventuranzas. Bienaventurados los que llevan una vida de servicio y amor.

(B)

Lo que vamos a escuchar hoy en el Evangelio no es Buena Noticia para los soberbios, ni para los conformistas, ni para los injustos o violentos, ni para los que tenemos las manos manchadas o el corazón arrugado por el motivo que sea. Las bienaventuranzas sólo son Buena Noticia para los que creen en el Reino de Dios.
Todos estamos llamados a ser santos. Y lo seremos, si nos abrimos al Espíritu de Jesús y vivimos su mensaje, a pesar de nuestras limitaciones y fallos. La fiesta de Todos los Santos nos recuerda la bondad de Dios sobre nuestra pobreza, al elevarnos a la dignidad de hijos suyos y brindarnos gratuitamente la salvación.

(C)

Hoy, miles de personas visitan el cementerio.
Allí hay: oraciones, flores, lágrimas; fruto del buen corazón de las personas y señal del amor existente entre los hombres y las familias. Allí se encuentra el recuerdo:
- del niño y del anciano,
- del joven y del adulto,
- de la madre, del hijo, del esposo, del amigo...
Nos están recordando en la fiesta de hoy: "una muchedumbre inmensa que están con Dios":
- de todas las regiones,
- de todas las naciones,
- de todas las razas,
- de todas las épocas de la historia; pero que algo común les une: "la fidelidad a Dios y haber pasado por el mundo haciendo el bien, como Jesús".
Por eso son santos y están con Dios.

(D)

Hermanos: hoy es un día de fiesta y de alegría para todos. Vamos a celebrar con gozo la Eucaristía en compañía de los hermanos. En este día de TODOS LOS SANTOS, unidos a toda la Iglesia, celebramos no sólo la grandeza de nuestro Dios, sino también la grandeza de tantos hombres y mujeres que han vivido entregados a los demás, siguiendo a Jesucristo, y que son para nosotros modelo de entrega y de servicio.

A todos ellos, conocidos o no, que gozan ya del amor pleno del Padre, honramos y celebramos en esta festividad. Dios Padre -el único santo y origen de santidad- nos da su Espíritu para que lo consigamos. Jesús, nos ofrece un "programa de vida", las bienaventuranzas. Un camino a seguir.
Iniciemos este encuentro de fe.

Pedimos perdón

Tenemos que reconocer que estamos muy lejos de ser Santos. Estamos manchados de mil defectos que nos impiden agradar a Dios y servir a los demás con generosidad. Pero en esta fiesta, Dios y la asamblea de todos sus Santos, quieren salir a nuestro encuentro y olvidar todo el mal que hemos hecho.

Por el gran interés que prestamos a los ídolos del deporte y a las estrellas del cine y la canción, y el poco aprecio que sentimos por los que llevan una vida de entrega y servicio. SEÑOR, TEN PIEDAD...
Por lo mucho que nos preocupa el dinero, el placer y la comodidad, y el poco valor que le damos a la entrega, el sacrificio y la generosidad. CRISTO, TEN PIEDAD...
Por el tiempo que matamos ante la televisión, las horas muertas que pasan sin hacer nada y el poco tiempo que dedicamos a la oración y a hacer cosas por los demás. SEÑOR, TEN PIEDAD...

(B)

Tú que proclamas dichosos a los pobres y misericordiosos. SEÑOR, TEN PIEDAD...
Tú que proclamas dichosos a los que trabajan por la paz y a los que sufren por la justicia. CRISTO, TEN PIEDAD...
Tú que proclamas dichosos a los limpios de corazón y a los que lloran. SEÑOR, TEN PIEDAD...

Gloria

Dios es perdón y no una multa o castigo. Por eso entonamos un grito de alabanza en comunión con todos los seres de la tierra y Santos del cielo por la alegría del perdón...


Escuchamos la Palabra

Monición a las tres lecturas.

Esta primera lectura, en un lenguaje propio del Apocalipsis, nos ofrece un mensaje de esperanza y consuelo: Dios no abandonará a los suyos cuando llegue la hora de la prueba.
Jesús, al hablarnos de las Bienaventuranzas, nos quiere explicar cómo Dios ama a todos, sin excepción. Como en toda familia, los primeros en experimentar ese amor, son los más abandonados, los más débiles.

Primera lectura
Juan, con un lenguaje extraño y simbólico, nos relata su visión del cielo; no podemos explicarlo ni describirlo, pero las palabras de Juan nos aseguran ese futuro junto a Dios, esa esperanza en la vida eterna que es esencia en nuestra fe. Si nuestra esperanza del cielo no está viva, nuestra vida cristiana no tiene sentido

Evangelio
Las bienaventuranzas, o el proyecto del Reino. Todo un camino, un reto, pero en modo alguno algo inalcanzable o reservado para selectos. El plan de Dios está llamado a llegar a todas las personas. Jesús proclama felices y bienaventurados a aquellos que se esfuerzan por expresar en su vida concreta la propia fe.

Las lecturas de la fiesta…

Homilías
(A)

Sabemos que la Iglesia de Dios tiene detrás muchos años de historia. A través de los siglos, en la Iglesia ha habido
muchas personas que se han esforzado por vivir los valores del evangelio. Desde el principio, a todos los cristianos se les llamaba santos, pero en las comunidades cristianas pronto se empezó a mirar con admiración y con un respeto especial a las personas que habían vivido con intensidad su vida cristiana. En las comunidades cristianas, esas personas eran ejemplo, los héroes, los modelos a seguir. Sin duda, esas personas ayudaban a todos a entrar en la hondura hermosa de la experiencia cristiana. Se les llamó santos porque en sus vidas se veía un cierto reflejo de la bondad y la santidad de Dios. Luego, con el correr de los siglos, ha habido tanta gente buena en la Iglesia de Dios que no era posible incluirlos a todos en una lista, ni siquiera recordar sus nombres. Por eso, la Iglesia instituyó la fiesta de Todos los Santos para dar gracias a Dios por tantas personas buenas y para recordarnos a todos nuestra vinculación con ellas.
La primera lectura habla de una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas. Dice que vienen de la gran tribulación. Es decir: no vienen de una vida cómoda, sin esfuerzos, sin luchas. Son personas que abrazaron en sus vidas el evangelio de Jesús y contribuyeron a cambiar nuestro mundo, cada uno desde su sitio y con los dones que Dios les dio. A algunas de esas personas las hemos conocido y hemos llegado a saber sus nombres y algo de su historia. Son los santos, canonizados o reconocidos oficialmente como tales. Pero a otros muchos no los hemos conocido ni hemos llegado a saber sus nombres. Son para nosotros santos anónimos que pasaron su vida haciendo el bien y que, gracias a ellos, nuestro mundo funciona un poco mejor.
Jesús, en el evangelio, enumera algunos detalles de sus vidas. Son pobres porque no pusieron las riquezas como lo principal de sus vidas. Son sufridos porque fueron personas capaces de aguantar mucho y de sufrir malos ratos sin echarse para atrás. Son hombres y mujeres que tienen hambre y sed de justicia porque tuvieron hambre y sed de hacer las cosas bien y reflejaron en sus vidas la bondad de Dios. Son misericordiosos, compasivos, capaces de disculpar y perdonar a todos, pero, sobre todo, capaces de compadecerse de los más desgraciados del mundo. Son limpios de corazón, transparentes como los niños, sin malas intenciones, diciendo siempre la verdad con sus palabras y con sus vidas. Y dice Jesús que les llamarán «hijos de Dios» porque trabajaron por la paz. Son esas personas que contagiaron paz, que daba gusto estar con ellas, que infundían ánimos y esperanza. Recordamos que la paz de Dios nace de las cosas bien hechas. Pero esas personas, igual que Jesús, también sufrieron el rechazo y la oposición de otras gentes. También en eso reprodujeron en sus vidas los rasgos de Jesús. Cada santo es una obra hermosa de Dios, un regalo maravilloso de Dios para nuestro mundo.
Todas esas personas recibieron en sus almas la bondad y la santidad de Dios y han hecho más humano y más habitable nuestro mundo. Quiero pensar que los cristianos que estamos celebrando esta fiesta también participamos de esa santidad que regala Dios. Este día también es nuestra fiesta. Estamos haciendo nuestro mundo más humano y más habitable. Podemos sentirnos miembros de esa familia inmensa de santos en la que Dios también nos regala a nosotros sus rasgos más hermosos.


(B)

Hoy, fiesta en honor de todos los Santos, y mañana, día de recuerdo especial para nuestros familiares y amigos, que se han ido en el ultimo viaje, son fechas que tienen un colorido especial: de añoranza y esperanza, de tristeza y alegría... Viajes a los pueblos de origen, visitas a los cementerios, adorno de las tumbas y panteones familiares, compra de flores, encargo de misas... Todo esto va unido a una antigua tradición familiar cristiana.
Son días de un recuerdo especial para los seres que nos han sido muy queridos que han partido de entre nosotros. Ya no están en la casa, pero de alguna manera los queremos retener por medio de símbolos que expresan amor, como son las flores y la oración.
Son las dos formas que mejor expresan nuestro cariño, como humanos, y nuestro deseo, como cristianos, de que vivan junto a Dios y sean felices para siempre.
Una pequeña flor es símbolo suficiente para expresar nuestro amor y gratitud. Las flores son hermosas y agradables, perfuman y alegran el paisaje. Una flor significa amor, entrega y cariño. Todo lo que se diga de una flor es poco.
Pero en este día se abusa de este símbolo tan hermoso: competencia a la hora de adornar las tumbas, olvido de los que no tienen personas o familiares cercanos...
Con el dinero que gastamos en este día, nuestros cementerios podrían ser unos jardines todo el año, pero, en realidad, son unos
zarzales el resto del año.
Pero los cristianos, en este día, no nos podemos quedar sólo con el símbolo de las flores, por muy bonitas que sean. Los creyentes tenemos que dar un paso más y unirnos a nuestros seres queridos a través de la oración.
Tampoco se trata de encargar muchas misas ni de rezar muchas oraciones de memoria. Se trata de algo muy distinto. Las flores son signo de cariño y amor; la oración es para recordar que están junto a Dios y son felices para siempre.
Nos lo acaba de decir el Evangelio:
Felices los que miran la vida como un servicio y la gastan en hacer dichosos a los demás...
Dichosos los que, a pesar de los golpes de cada día, se levantan de nuevo y siguen adelante...
Alegres los que siempre piensan bien de los demás y tratan de comprender sus defectos...
Afortunados los que no dan ninguna importancia al dinero y les sobra para que los demás puedan comer...
Vamos a seguir unidos a nuestros santos en el cielo y a nuestros seres queridos en la oración más importante que nos concentra a todos los creyentes en Jesús muerto y resucitado. En ella recordamos que Jesús, y todos los que le siguen, han pasado a una vida nueva y feliz para siempre.

(C)

Bernanos se lamentaba de que “puede conocer a un cardenal desde muy lejos por su hermosa capa escarlata, mientras que a un santo durante su vida, no se le distingue por ningún hábito especial...”
Sí, pero es que la santidad no necesita ningún tipo de vestido vistoso. Y normalmente no se abre camino a base de hechos espectaculares...
Cuando uno lee los testimonios presentados en los procesos de canonización de los santos por parte de individuos que han vivido codo a codo con el personaje en cuestión. Muchos exclaman: “Nunca caí en la cuenta de que fuese un santo..” Sí, ciertamente era “bueno, generoso, paciente, rezaba, trabajaba...Pero nada especial...”
En muchas personas todavía está enraizada la idea de que los santos han de caminar con aureola en la cabeza y que su tarjeta de identidad tiene un sello especial del Padre eterno..
La fiesta de hoy sirve, entre otras cosas, para corregir este equívoco.
Nos recuerda que los santos caminan por nuestros caminos, que están en medio de nosotros, se dedican a nuestras mismas ocupaciones ordinarias, y tienen sobre la cabeza, no los soportes de la aureola, sino nuestros mismos problemas, dificultades y preocupaciones.
En una palabra hoy es la fiesta de la santidad anónima, con vestiduras pobres, que pasa inadvertida.
Es la fiesta de los innumerables santos, no relacionados en el calendario oficial de la Iglesia. Gente tan igual a nosotros, y tan distinta al mismo tiempo.
Es, hoy también, una fiesta de la reparación: En el sentido de que hoy se remedian tantos olvidos, tantas distracciones. En efecto, con mucha frecuencia no estamos atentos, no caemos en la cuenta de los santos que viven entre nosotros, porque nuestra enfermedad se llama milagrismo y tenemos necesidad de hechos excepcionales.
Y estos tienen el inconveniente de vivir silenciosamente, se contentan con “ser”. No son expertos en publicidad. No hacen nada por llamar la atención.
Pero al mismo tiempo, es una fiesta incómoda. Porque nos recuerda que la santidad es un asunto, que nos toca de cerca, porque es un compromiso asumido desde nuestro bautismo. ...
Nosotros hemos realizado con los santos una operación de “alejamiento”: Les hemos adornado con vestiduras extraordinarias, milagros en la mano, prodigios a cada paso, los hemos colocado en ornacinas muy altas. Les hemos puesto en unas órbitas que nada tienen que ver con nuestro caminar de cada día.
Les hemos rodeado de veneración, respeto y los mantenemos a una distancia prudente. Pero ni tan siquiera se nos pasa por la cabeza que esa santidad pueda inquietar nuestra vida, nuestros comportamientos y actitudes ...
Hemos construido una santidad que es más para “gigantes” que pertenecen al cielo que a la tierra...Y hemos establecido la mediocridad como la condición común para todos los otros, para los cristianos normales...
La fiesta de todos los santos nos ha de obligar a realizar la operación inversa: en vez de alejarnos, acercarnos a ellos...
La fiesta de hoy nos obliga a tomar nota de una santidad cercana, con el vestido de todos los días, de una santidad a nuestro alcance...
Santo es aquel que alcanza la grandeza envuelto en los trapos de nuestra vida de cada día.
Santo es aquel capaz de realizar una obra de arte con material ordinario y pobre...
Los innumerables santos que hoy recordamos no se van a contentar con que les encendamos algún cirio o les hagamos alguna súplica...
El evangelio de hoy nos ha presentado una serie de “bienaventuranzas”...
Se trata de distintas posibilidades, que nos ofrece Cristo.
Sería oportuno, por lo menos probar.

(D)

Queremos una parroquia que se preocupe de los muertos; pero, por favor, queremos una parroquia que se preocupe más de los vivos que de los muertos.
Un escritor escribía lo siguiente: Esta mañana he recibido esta terrible noticia: «Barnard ha muerto». Barnard era amigo mío y se ha suicidado. Barnard, mi querido amigo, ¿por qué lo has hecho? ¡Quién lo sabe! ¿Tal vez porque te faltó una verdadera amistad, la que hace que el peso que se lleva a cuestas resulta menos pesado porque otros lo llevan contigo?
Voy a ir al entierro. Barnard, estoy seguro de que nunca habrías imaginado la décima parte de las alabanzas que vamos a darte ahora. Seguramente con la mitad o la cuarta parte de esas alabanzas, si te las hubiéramos dado en vida, no te hubieras suicidado porque te darías cuenta de lo importante que eras tú en la vida.
Barnard, hoy he hecho casi doscientos kilómetros para pasar la tarde contigo, cuando estabas muerto; pero cuando estabas vivo, yo nunca hice unos cuantos kilómetros para pasar la tarde contigo. ¿Por qué la amistad sólo se expresa ante un cadáver y no ante un rostro de carne y hueso que vive, mira y espera? Barnard, te prometo que en adelante me voy a preocupar más de los vivos que de los muertos.
Hermanos, una parroquia que celebra la esperanza en Cristo con la misa, cuando un miembro de la comunidad se muere, debe aprender a preocuparse de los vivos. Dejadme que grite: No esperes a que la gente se muera para quererla. A veces las muestras de cariño se las damos después de que se ha muerto. A veces llenamos las carrozas de flores; y cuando esa persona estaba viva, nunca o casi nunca le hemos regalado una flor; aunque lo más importante no son las flores.

Un maestro les preguntó a sus discípulos si sabrían decir cuándo acaba la noche y empieza el día. Uno de ellos dijo:
-Cuando ves un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un caballo.
-No -dijo el maestro.
-Cuando a lo lejos puedes distinguir una oveja de una cabra -dijo otro discípulo.
-Tampoco es así -contestó el maestro.
-Entonces, ¿cuándo, maestro? -preguntaron los discípulos.
Contestó el maestro: cuando miras a un hombre o a una mujer al rostro y reconoces en él a tu hermano, cuando miras a la cara a una mujer y reconoces en ella a tu hermana y vives en conformidad con ese descubrimiento, entonces se ha acabado la noche y nace el día.

Hermanos, para el que reconoce a los demás como hermanos y vive en conformidad con este descubrimiento ha amanecido para él. Ya no anda en la oscuridad, porque sigue a Jesús. Y Jesús ha dicho: Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad.
Tengamos presentes estas palabras de Cristo y no esperemos a que la gente se muera para quererla.


Oración de los fieles

Presentamos a Dios Padre, nuestras necesidades e inquietudes.
(DESDE LOS DOS AMBONES)

1. Felices los de espíritu sencillo, porque suyo es el reino de Dios.
• Que el Señor nos ayude a poner toda nuestra confianza en Él, sabiendo valorar lo sencillo, lo humilde, lo bello y lo pequeño. Roguemos al Señor.

2. Felices los que anhelan que triunfe lo que es justo y bueno.
• Que el Señor nos ayude a trabajar a favor de la justicia y a alegrarnos del bien de los demás. Roguemos al Señor.

3. Felices los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos.
• Que el Señor nos ayude a vivir en la familia, en la comunidad y en la sociedad, siendo tolerantes, comprensivos y misericordiosos. Roguemos al Señor.

4. Felices los que tienen limpia la conciencia, porque ellos verán a Dios.
• Que el Señor nos ayude a tener un corazón limpio, a vivir con transparencia y a actuar sin engaño. Roguemos al Señor.

5. Felices los que trabajan a favor de la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.
• Que el Señor nos ayude a construir la paz, siendo constantemente instrumentos de reconciliación. Roguemos al Señor.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

(B)

A lo largo de estos años han ido muriendo familiares, amigos o personas que nos fueron muy queridas y nos hemos puesto tristes. Hoy les vamos a recordar de nuevo, pero no con pena sino con alegría, porque son felices junto a Dios y nos animan para que sigamos el camino que conduce al cielo.

Por todos los pobres del mundo, por lo que les toca sufrir y llorar, para que encuentren en Jesús el camino en este mundo y la meta en su casa del cielo... Roguemos al Señor.
Por los que se compadecen y ayudan a los demás, por los que son limpios en su corazón y piensan siempre bien de su prójimo, para que descubran a Dios en los que viven a su alrededor... Roguemos al Señor.
Por los que trabajan por la paz, por los partidarios de la no- violencia y de solucionar los problemas por la vía del diálogo y la comprensión para que un día consigan la verdadera paz junto a Dios... Roguemos al Señor.
Por los cristianos perseguidos por ser fieles a su fe, por los que son encarcelados por tener ideales distintos a los demás y por todos los que mueren en la lucha por la justicia, para que Dios les reciba en su casa de amor y de paz. Roguemos al Señor.

Concédenos, Señor, la intercesión de tus Santos, para que por sus méritos y nuestros ruegos, consigamos lo que te pedimos con fe, a ti que vives y reinas por los siglos. Amén.

Ofrendas

PRESENTACIÓN DE UN CENTRO FLORAL

(Puede hacer esta ofrenda uno de los jóvenes de la comunidad)
Señor, traemos a tu altar en este día de fiesta, este centro de flores, como el símbolo de la hermosura y la belleza que han supuesto tantos hombres y mujeres buenos, que han vivido en este mundo y que lo han llenado de tu bondad y de tu misericordia...
Ellos con el testimonio de sus vidas han enriquecido nuestras vidas... Y nosotros hoy queremos expresar con este símbolo, nuestro compromiso de hacer, que allí donde cada uno vivimos, sigan floreciendo tu bondad y tu hermosura...
UNA LLAVE

Si queremos vivir como nos han indicado las bienaventuranzas: siendo mansos y humildes, siendo limpios de corazón, misericordiosos, luchando no sólo por nuestra paz y nuestra justicia, sino por la de todos...
Si queremos caminar por las sendas de la Santidad...
tenemos que dejarle a Dios las llave de nuestro corazón para que pueda entrar en él y transformarlo...

Prefacio...

Te damos las gracias, Señor, por la Fiesta de hoy,
en honor de Todos tus Santos nuestros amigos y hermanos.
Ellos han alcanzado ya la meta, mientras nosotros caminamos hacia su encuentro.
Te damos gracias por habernos enviado a Jesús, el Santo entre los santos.
Él ayudó a todos y convivió con los pobres y necesitados.
Nos enseñó a amarnos y a colaborar unidos.
Nosotros ahora, guiados por el ejemplo de los santos
y ayudados por su intercesión,
Te cantamos mientras vamos de camino, el himno de tu gloria, diciendo...

Santo, Santo, Santo ...

Padre Nuestro

La fiesta de hoy nos está diciendo que Santos son todos los que se toman en serio a Dios. Pero cuesta. Por eso, en el Padre nuestro pedimos que no nos falte el alimento y las fuerzas para seguir trabajando para que su Reino llegue a todos los seres de todos los pueblos, razas y naciones y juntos decimos: Padre Nuestro ...

Nos damos la paz

Antes de acercarnos a la Mesa con Jesús, volvemos a recordar su Mensaje de hoy: “Dichosos los que trabajan por la paz...” Que la paz sea nuestra principal tarea de cada día y de nuestra vida...
Que la paz llegue, por fin, a todos los rincones y corazones.

Compartimos el pan

Jesús nunca viene sólo, viene siempre acompañado de una multitud de pobres, presos, marginados, olvidados... Seres no queridos por nuestra sociedad, pero hijos de Dios como nosotros. No puedo comulgar con Jesús si dejo atrás a los demás...
Dichosos los llamados a la mesa con Jesús...

Despedida

Señor, después de celebrar con gozo esta Eucaristía, te pedimos nos ayudes a vivir, en nuestras vidas, el mensaje de las Bienaventuranzas; y, nuestros corazones se llenen de alegría al saber que estamos llamados a ser felices para siempre en el Cielo. Por JNS.

Ayúdanos con tu Bendición...

Dios nuestro Padre, gloria y felicidad de los Santos, que nos ha concedido celebrar esta fiesta en honor de todos los Santos, nos dé sus bendiciones. Amén.
Que por la intercesión de todos los Santos estemos libres de todo mal y, alentados por el ejemplo de sus vidas, perseveremos constantes en el servicio a Dios y a los hermanos. Amén.
Que Dios nos conceda reunirnos con todos los Santos para gozar de la felicidad plena y eterna del Reino. Amén.
Y que la bendición de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y siempre nos acompañe. Amén

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WebJCP | Abril 2007