LUGAR DE ENCUENTRO DE LOS MISIONEROS DE TODO EL MUNDO
MISIONEROS EN CAMINO: julio 2010
NO DEJES DE VISITAR
www.caminomisionero.blogspot.com
El blog donde encontrarás abundante material para orar y meditar sobre la liturgia del Domingo. Reflexiones teológicas y filosóficas. Videos y música para meditar. Artículos y pensamientos de los grandes guías de nuestra Iglesia y Noticias sobre todo lo que acontece en toda la vida eclesial
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

sábado, 31 de julio de 2010

Palabra de Misión: Cosas de hermanos


Por Leonardo Biolatto
Decimoctavo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C – Lc. 12, 13-21

A Jesús se le propone mediar una disputa familiar. Quizás, el fondo del problema sea el mismo que el de la parábola del padre misericordioso de Lc. 15, 11-32: un hermano pide su parte de la herencia en vida. Lo usual es esperar la muerte del padre para repartir la herencia, pero en casos excepcionales se podía pedir por anticipado. Eso es lo que hace el hermano menor de la parábola del padre misericordioso, y eso es lo que pide hoy el que habla desde la multitud. En ambos casos el resultado parece ser la disputa familiar. Al regreso del hermano menor en el capítulo 15 de Lucas, es el hermano mayor quien se enoja y no quiere compartir la alegría del regreso. En la lectura de este domingo, la disputa fraternal ya parece estar instaurada; quien viene a pedir la mediación de Jesús, la pide porque su hermano no quiere partir la herencia todavía.

Hasta aquí, sin avanzar más allá del primer versículo de la perícopa, podemos dar cuenta de la destrucción que genera el dinero. Tanto en Lucas 15 como en Lucas 12, el dinero (la herencia) quiebra las relaciones humanas. Por cuestiones monetarias, la fraternidad se ve amenazada. Si las obras literarias son, en general, un reflejo de lo que acontece en la sociedad de su época y, más precisamente, en el micro-clima donde se gestan, podemos decir que el Evangelio según Lucas refleja la economía del Imperio Romano y la tensión ricos-pobres de la comunidad cristiana a la que pertenece el autor. Jesús, en Lucas, es el que vino a anunciar la Buena Noticia a los pobres (cf. Lc. 4, 18), el que trata a los pobres de bienaventurados (cf. Lc. 6, 20), el que le recuerda a Juan Bautista, ante su incredulidad, que los pobres son evangelizados (cf. Lc. 7, 22) y eso es signo mesiánico, el que narra parábolas sobre pobres sentados en la mesa escatológica del Reino (cf. Lc. 14, 13.21), el que invita a venderlo todo para dárselo a los pobres (cf. Lc. 18, 22), el que logra la conversión de Zaqueo que se manifiesta en los bienes que reparte a los pobres (cf. Lc. 19, 8), el que alaba la ofrenda de la viuda pobre (cf. Lc. 21, 3-4), el que se lamenta del sino de los ricos (cf. Lc. 6, 24), el que no invita a los ricos al banquete del Reino (cf. Lc. 14, 12), el que asegura que no se puede servir a Dios y al dinero (cf. Lc. 16, 13), el que narra la parábola del rico epulón y el mendigo Lázaro (cf. Lc. 16, 19-31), el que compara la entrada al Reino de un rico con un camello que pasa por el ojo de una aguja (cf. Lc. 18, 25). Será en la voz de María que podrá expresarse la acción de Yahvé: “Dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” (Lc. 1, 51b-53).

Lucas sabe que las diferencias económicas, que la brecha entre ricos y pobres, que la abundancia de algunos pocos y la carencia de muchos destruye la comunidad. Lucas sabe que la religión no puede ser ajena a la realidad socio-económica. Lucas sabe que el cristianismo no se vive desencarnado, sino en una opción concreta que es opción por el pobre, marginal y desvalido. Los hermanos de sangre que se pelean por el dinero son, en proyección, los hermanos cristianos que se pelean también por el dinero. Por eso Jesús no puede legislar sobre una disputa concreta; no hay solución real en un arbitrio específico. La solución real es la que ataca la raíz del problema; raíz que reside en la codicia/avaricia. La codicia es el afán desordenado por obtener cada vez más bienes materiales; la avaricia es el afán desordenado por acumular e incrementar el tamaño de lo que se acumula. De una u otra manera, el problema es que el ser humano se mira el ombligo y deja de mirar el rostro del hermano. Sólo importa mi necesidad en este instante y en este lugar. Sólo importa acumular por el hecho de acumular. Lucas sabe que la codicia/avaricia es diametralmente opuesta al Evangelio del darse por entero sin pedir nada a cambio.

La parábola del codicioso no viene a dar solución a la disputa de los hermanos en un término inmediato. La solución que trae Jesús es a todos los hermanos de la gran familia humana. Si no se destierra la codicia/avaricia, si todos son como el hombre de la parábola, desesperados por agrandar los graneros mientras falta el pan a diestra y siniestra, el mundo se cae, se despedaza, y la vida es pisoteada. En un segundo plano, pero muy importante, la lectura de hoy opone los términos vida a riquezas. Éstas últimas no aseguran la vida de nadie, ni mucho menos la vida que transmite Dios. Filosóficamente, sería ilógico que un don tan grande como la existencia, regalada por el Padre, pueda encontrar sus cimientos en lo mercantil, en la compra/venta. La codicia/avaricia se opone al Evangelio porque se opone a la gracia, y la gracia es amor que genera vida. El codicioso no vive (muere en la parábola) porque, en realidad, está viviendo para sí mismo, y al encerrarse en él, se ahoga hasta morir. El que se entrega por los hermanos, en cambio, vive porque se va haciendo pleno en la entrega. El que se entrega no se preocupa por la herencia que le corresponde, sino por la que le corresponde al hermano. Dios llama al codicioso de la parábola con el término griego afron, compuesto por la partícula negativa a y el término derivado de fren, que significa mente. O sea, se trata del que no tiene mente figuradamente, el que no tiene sentido común, el sin-razón. El mismo término utilizó Jesús para referirse a los fariseos en Lc. 11, 40 en una disputa sobre la pureza ritual que derivará en los ayes (cf. Lc. 11, 42-52). Así como es sentido común que Dios no puede condenar por el supuesto incumplimiento de prescripciones litúrgicas, debiese ser sentido común que no se puede vivir para almacenar bienes que no se comparten. Es un insensato, un sin-razón quien hace de la avaricia/codicia su estilo de vida.

Quizás, actualizar la lectura hoy signifique algo más que plantearse el sentido definitivo de los valores solidarios. Quizás, la lectura en un mundo capitalista y consumidor tenga que ver con el dinero depositado en los bancos que no vuelven al pueblo para generar mejor calidad de vida. Quizás, tenga que ver con el capitalismo eclesial que ha generado un mercado propio y que se ha amigado con las fuerzas mercantilistas. Las luchas iniciadas y mantenidas por la codicia/avaricia son las luchas de todos los días. Se arman guerras y se desarman relaciones en pos de aumentar el capital personal o grupal. Se destruye la vida del otro por creer que así se asegura la vida propia. Se desalojan pueblos originarios, se deforesta, se niegan derechos fundamentales, se hacen campañas de desprestigio, se compra como baratija la tierra, se engaña y manipula, se envían matones, se quitan fuentes de trabajo… todo se hace con el objetivo de asegurarse una estabilidad que provenga de lo económico. La premisa de la madurez, en el mundo que habitamos, es lograr una situación laboral que asegure un futuro relajado, sin preocupaciones, donde el dinero se genere (en beneficio propio) sin mover un dedo. De ninguna manera puede pretenderse Reino de Dios donde el rey es el dinero, donde el amo y señor es la acumulación que asegura bienestar. No se puede vivir la gran utopía de la humanidad, por ejemplo, cuando la desnutrición se solucionaría con los depósitos bancarios inmóviles. En la época de Jesús no existían las bancas, y sin embargo la raíz del problema era la misma: la avaricia/codicia. No está de más recordar, constantemente, que el ser humano mure de todas formas, con bienes o sin bienes, pero que la vida (la manera de vivir) se hace plena dándose al otro o se atrofia en uno mismo. Lo que se puede elegir es cómo vivir, porque el hecho de la muerte ya está asegurado. En esa perspectiva, es insensato acumular hacia la muerte; lo lógico sería desprenderse para vivir plenamente.

SEGUIR LEYENDO

Espiritualidad de la Prosperidad

por J. B. Libanio sj
publicado por Adital

Los sistemas políticos y económicos no viven solo de ideología y dinero. Política y economía satisfacen las necesidades básicas del ser humano. Pero dejan al descubierto su lado espiritual, religioso. Por eso, todo sistema económico crea su espiritualidad o aprovecha algo ya existente, imprimiéndole su marca.
Los ideales socialistas casaban muy bien con la teología de la liberación, así como con la lucha de las comunidades eclesiales de base en sus reivindicaciones fundamentales. Sin transformarse en ideología socialista, la espiritualidad de la liberación alimentaba y alimenta hasta hoy, a las personas que asumen las prácticas transformadoras de la realidad en la línea de la emancipación y promoción de los pobres.
Y ahora, ¿qué espiritualidad puede responder al triunfo del neoliberalismo? ¿Dónde puede buscar apoyo espiritual para llenar el vacío que el puro consumismo y el materialismo dejan tras de sí?
Muchas iglesias pentecostales y neo-pentecostales han elaborado la espiritualidad de la prosperidad y con eso, mantenido a las personas en las redes del neoliberalismo, sustentadas por una visión religiosa de la realidad. ¿En qué consiste esta espiritualidad?
A la base está el individualismo neoliberal con su concepción de concurrencia y competencia de modo que vencen los más fuertes, los más astutos, los más "vivos". De esa lógica resulta el progreso. Peor par quien queda fuera de esos circuitos. Dicho de esta manera ruda, podría doler a los oídos cristianos. Ahí entre una "pitada" de espiritualidad que todo sazona.
Dios quiere la felicidad, la riqueza, los bienes materiales, la felicidad, la salud, aquí y ahora, para sus hijos. Quienes son ellos, si no los cristianos? Pensar de manera diferente es caer en la alienación tradicional. Esta prometía los bienes solamente para la vida eterna que se obtenía con los sufrimientos aquí en la tierra.
Cristo ya sufrió en nuestro lugar. Ahora viene a nosotros la bendición de Dios. Somos "hijos del Rey". Si vamos para el cielo, ¿por qué no anticipar un poco de él ésta vida?
¿Y los pobres? Siempre los tendremos entre nosotros, como dice el Señor. Ellos son los perdidos. Son perezosos, viciosos e idólatras. Si ellos van al infierno, ¿por qué no ensayar un poco aquí en la tierra? "El tercer Mundo es pobre porque es idólatra", predicaba Luis Palau, evangelista argentino naturalizado estadunidense. Dos hermanos nordestinos sentenciaban, en São Paulo, ‘que la culpa de la pobreza del Nordeste es la devoción idólatra al Padre Cícero.
Si los cristianos no consiguen hacerse ricos, es por falta de fe. El obstáculo viene de algunos pecados ocultos. Confesándolos, conocerán la prosperidad. Pero aún así, si no consiguen quedar ricos, es por culpa de algún antepasado.
En esta espiritualidad, no hay lugar para la solidaridad ni para opciones por los pobres. Es estrictamente individualista. ES una espiritualidad de los resultados. Los ricos ya están bendecidos. Encuentran la bendición en la paz interior, tomando en cuenta que ya poseen los bienes materiales. Los pobres deben buscarla para sí y sus familiares, recorriendo a ritos religiosos, como el de bendecir o uncir con óleo santo los carnets de trabajo.
Para la Iglesia Universal del Reino de Dios la vida espiritual es una transacción financiera con el cielo. A mayor oferta, mayor bendición. La espiritualidad de la prosperidad es el corazón de esa Iglesia. Ella incentiva más que tener buscar un trabajo formal, con seguridad social, la creación de microempresas. Un obispo de la Universal, moviéndose en un lujoso carro del año, decía: "Yo enseño la prosperidad y vivo la prosperidad".
SE recurre entonces a un "poder" de las palabras el cual libera "energías positivas" y combate el ‘bajo astral’ con efecto sobre las cosas, las enfermedades. La realización de esta espiritualidad es "vida larga y próspera".
Otra expresión de ella, es la idea de que Dios no hizo a su pueblo para ser "cola" el mundo, si no su "cabeza". Incentivase a los cristianos a ambicionar puestos de mando en la tierra. A los "perdidos" hay que imponerles obediencia y evitar que hagan males mayores.
La participación en política, no es para una transformación social, más bien, se debe trabar la lucha del bien contra el mal, sin lugar para pluralismo. El bien se identifica con los ideales e intereses de la propia iglesia y de sus dirigentes. Se regresa a la vieja idea de la batalla espiritual que transforma en enemigo, todo aquello con lo que esa espiritualidad no está de acuerdo. Divide el mundo en dos campos: el lado de Dios (el lado de la iglesia) y el lado del mal, del demonio: todas las fuerzas que difieren de su manera de ver la realidad.
La espiritualidad de la prosperidad es una respuesta al momento actual. Corresponde muy bien al clima dominante de la cultura pos-moderna al servicio del neoliberalismo. De ahí su seducción. Ofrece el camino rápido del éxito sin pasar por el trabajo, por la renuncia, por el esfuerzo. El éxito económico aún el logrado por caminos sospechosos. Es señal de la bendición de Dios. La riqueza es vista como un valor en sí misma, sin ninguna responsabilidad social. Muy lejos de la doctrina social de la Iglesia que defiende la hipoteca social sobre toda propiedad. Los bienes materiales son vistos como privilegio y bendición para algunos escogidos de Dios, no son destinados para todos los seres humanos. Se produce una identificación rápida entre la bendición de Dios y los bienes materiales de los ricos.
Esta espiritualidad se atiene a una interpretación liberal y unilateral del Antiguo Testamento. Olvidando que Jesús vino da darle a este, el verdadero sentido No se tiene la mínima sensibilidad por la dimensión social, ni por el amor predilecto de Dios por los pobres. Los verdaderos bienes para los cristianos, se encuentran retratados por Jesús en el Sermón de la Montaña y en su propia vida.
Jesús proclama Bienaventurados los pobres y no aquellos que nadan en las riquezas y las ambicionan para sí. Jesús cuestiona aquel rico que sólo pensaba en almacenar más y más bienes. :"Insensato! Esta misma noche tu vida te será reclamada, y lo que acumulaste, ¿para quién será? Y concluye con una frase lapidaria: "He aquí lo que ocurre a quien reúne un tesoro para sí mismo, en vez enriquecerse delante de Dios" (Lc. 12, 16-21).
Como puede observarse, esto es exactamente lo opuesto de la espiritualidad de la prosperidad que solo piensa en el enriquecimiento individual, y cuanto más, mejor. Olvida la condición de mortal.
Demos un paso más. Jesús se refiere directamente a la fragilidad de los bienes terrestres que la polilla y los gusanos corroen, que los ladrones roban. Y Concluye: acumulen para ustedes tesoros en el cielo, donde la polilla y los gusanos no causan daños, donde los ladrones no rompen ni roban. Y concluye con refrán de sabiduría: "donde está tu tesoro, ahí está tu corazón" (Mt 6, 19-21).
La enseñanza de Jesús sobre el seguimiento se sitúa en una posición diametralmente opuesta a la espiritualidad de la prosperidad. En su base está el desprendimiento y no la acumulación. "Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo" (Lc 14, 33).
Se necesita tener una absoluta ceguera ante el evangelio de Jesús, para proponer una espiritualidad de la prosperidad como expresión del Proyecto de Dios. Este se manifestó en su plenitud en predicación y en la persona de Jesús. Los pasajes del Antiguo Testamento, que parecen identificar la bendición de Dios con la abundancia de bienes, revelan un aspecto de su proyecto creador. Los bienes creados están destinados a todos los seres humanos y no a ser privilegio de algunos engordan y derrochan, mientras otros carecen de todo. El Nuevo Testamento avanza . Relativiza los bienes materiales en la perspectiva del hermano, del servicio a los demás, de la propia misión.
La espiritualidad de la prosperidad invierte el sentido cristiano. Es materialista, pagana. Nada cristiana. No se opone al canto de sirena del neoliberalismo, capitula. Es la espiritualidad que justifica la injusticia social, tranquilizando la conciencia con un barniz religioso. Camufla la verdad de la injusticia social, transfiriendo a Dios, bendición y maldición - la diferencia social entre los humanos, fruto del sistema económico, al menos, en su forma actual.

SEGUIR LEYENDO

Homiliías y Reflexiones para el XVIII Domingo del Tiempo Ordinario (Lucas 12. 13-21) - Ciclo C


Publicado por Iglesia que Camina

GRANDES GRANEROS

A mayores graneros, corazones más pequeños. A medida que construimos nuevos y más grandes graneros, más se empequeñece el corazón. Esto es lo que viene a decirnos la parábola de Jesús hoy en el Evangelio.

No es fácil entender el corazón humano, ni el nuestro ni el de los otros porque, como alguien escribió, por mucho que lo disimulemos, todos llevamos un corazón capitalista. Es decir, un corazón acaparador, que no se llena con nada, que lo quiere todo. Cuanto más busca “almacenar” sus bienes, menos piensa en compartir con el resto de necesitados.

La parábola es bien gráfica. Agrandar los graneros, llenarlos hasta arriba. ¿Y todo para qué? Para repetirse secretamente a sí mismo: “Hombre tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.” A mayores bienes mayor egoísmo y mayor frialdad para con los demás. A mayor abundancia de bienes, una mayor materialización del corazón que se insensibiliza y sólo piensa en tumbarse, en comer, en beber y en darse la gran vidorra.

Es que cuanto más llenamos el corazón de cosas, más tenemos que vaciarlo de personas. Si llenamos el corazón de amor y generosidad, si lo llenamos de amor para con los demás, pareciera que no hay espacio ya para las cosas. Mientras que cuanto más lo llenamos de cosas queda menos espacio para que puedan entrar en él las personas.

No es una parábola en la que Jesús impida tener bienes. Es una parábola en la que Jesús quiere plantearnos el problema de la codicia de tener más, querer más. No es una parábola contra la abundancia de bienes ni contra una buena y abundante cosecha. Es una parábola del corazón. De un corazón que ama o de un corazón insensible ante las necesidades de los demás. De un corazón que pone su tesoro no en las personas sino en las cosas.

Hace unos años, me contaba una mamá el tremendo problema que tenía con su hijita de ocho años. Había amontonado diez muñecas y orgullosa se fue el Colegio haciendo exhibición de su almacén de muñecas. Era feliz con sus diez muñecas. Cuando de pronto salió otra que exclamó: “¡Qué poquitas, yo tengo quince!” Ahí se armó el lío. Era todo un llanto exigiendo que su mamá le comprase más muñecas. Es que, en realidad, la competencia del tener más que los demás la llevamos en el corazón desde niños. No es una cosa cultural. No es algo que digamos que es de nuestra cultura. Es cosa del corazón, del corazón que o piensa en compartir o piensa en acaparar.




JESÚS “ALBACEA” ENTRE HERMANOS

Jesús ha pasado por todas. Por eso su tremenda experiencia del corazón humano. Le pedimos cualquier cosa. Ya no es la salud, ni la buena suerte. Le pedimos que haga de “repartidor” de herencias.

A Jesús le gusta muy poco la casuística. No sienta a los dos hermanos y trata de convencerles para que se pongan de acuerdo. Se ve que lo padres habían muerto sin dejar testamento y ahora quieren que sea Él quien haga de juez para que haya un equilibro en el reparto.

Por eso, Jesús, no se mete en el lío. Lo único que hace, como suele suceder siempre, es dar los criterios para que ellos mismos sean justos en el reparto. Les dice que, antes de repartir, sanen sus corazones de “toda codicia” porque la fuente de las desigualdades en todo reparto es la codicia de cada uno. Todos se creen con más derechos que los demás. Todos quieren aprovecharse de los demás. Y así no hay equidad ni justicia. Hay que sanar el corazón, hay que limpiarlo. El egoísmo, la codicia, la avaricia, son enfermedades propias del corazón y es inútil que alguien pretenda dar nuevas leyes, porque no son las leyes las que crean la verdadera justicia entre hermanos, sino la libertad del corazón.

La felicidad y la vida no dependen tanto de cuanto tenemos sino de cuanto amamos y cuán generosos somos. Jesús lo dice con claridad: “La vida no depende de los bienes.” La verdadera vida depende del amor. La medida de la grandeza de nuestro corazón es la generosidad, la bondad, el amor, el compartir. Aunque parezca mentira, solo el amor ensancha el corazón, las cosas lo estrechan y achican.





¡PAPÁS, HAGAN TESTAMENTO!

Son muchos los que tienen miedo a hacer testamento. Se imaginan que al hacer testamento ya se están sentenciando a muerte, que yo sepa, nadie a muerto de víspera por hacer testamento a tiempo.

¿Por qué hacer testamento? Por una razón muy sencilla. Para evitar líos entre hermanos. Porque luego que ustedes se mueran los hijos más que hermanos parecen una jauría de leones sobre la presa que han cazado.

Muchas familias se han destruido por peleas de “cuanto me toca a mí y cuánto te toca a ti”. Todos se creen con privilegios y entonces viene la lucha del más fuerte. Somos hermanos mientras viven los viejos, pero cuando éstos se nos van, nos olvidamos de ser hermanos y nos convertimos en hienas que cada una lucha y pelea por su presa.

¿Qué problema hay en hacer el testamento a tiempo? Total, los bienes siguen siendo de ustedes mientras vivan porque el testamento sólo vale después de la muerte de ustedes y no saben cuántos líos y problemas se evitarían si se tomaran la molestia de hacer ese papelito que llamamos “ultima voluntad” o “testamento”. Así cada uno sabe cuánto es lo suyo y se acabaron las peleas internas que dividen a los hermanos porque luego nadie se imagine que Jesús hará de albacea, repartiendo los bienes del difunto.

No hay cosa que me repugne más que cuando vienen quejándose de que no se hablan entre hermanos desde que murieron los viejos por causa de la lucha de herencia. Algo que parece le sucedía a este del Evangelio que le pide a Jesús interceda para que “su hermano reparta la herencia”.

Hacer el testamento no significa que ya me voy a morir, sólo significa que quiero dejar las cosas claras y evitar luego peleas y líos entre los hijos. Porque en vida todos son un encanto, pero cuando ven la presa por delante, se convierten en fieras. Por eso, una súplica a todos los padres: “Hagan testamento a tiempo.”





PARA PENSAR UN POCO

Las riquezas son un don de Dios,
pero en mis manos las hago mías y dejan de ser un don.
Dios lo pone todo al servicio de todos,
pero mi corazón lo pone todo a mi servicio.
Dios da vida a las semillas sembradas,
pero yo me hago dueño de las espigas y de los granos.
Dios regala la riqueza para que podamos vivir con dignidad,
pero nosotros la convertimos en algo que nos esclaviza.

Jesús siendo rico se hizo pobre por nosotros.
Nosotros podemos ser ricos empobreciéndonos por los demás.
Compartir no es empobrecerse.
Compartir es hacer que otros sean menos pobres.
Compartir es hacer que lo que tenemos tenga sentido humano.
Compartir es liberarnos de la codicia de amontonar.
Compartir es disfrutar de lo que tenemos haciendo felices a otros.

Lo que Dios nos regala es para nosotros y también para los demás.
Dios regala a los demás a través de lo que yo les regalo.
Cuando extiendo mis manos,
Dios extiende las suyas en las mías.
Mis manos pueden ser la prolongación de las manos de Dios.
Mi generosidad es el sacramento de la generosidad de Dios.
Mi abundancia me habla de la generosidad de Dios.
Compartir de mi abundancia es expresar la generosidad con los demás.

Las cosas son buenas. Así las vio Dios al crearlas.
Las cosas pueden ser malas en el uso que hacemos de ellas.
No culpemos a Dios del hambre que hay en el mundo.
Será mejor que primero miremos la verdad de nuestro corazón.

Dios no tiene molinos para moler nuestros granos,
pero nosotros podemos regalar la harina molida.
Dios no tiene hornos para cocer el pan,
pero yo puedo compartir el que se cuece en mi horno.





CLASES DE HOMBRES

El hombre "araña". No. No es el de la televisión. Es el hombre que como la araña teje su tela sólo para sí y si alguien se le acerca lo atrapa en ella. Tú no puedes ser el egoísta que excluye al resto y te tragas a todo el mundo que se te acerca.
El hombre "lobo". Tampoco es el de la película. Es el hombre a quien todos tienen miedo. Lo ven falso y peligroso. ¿Inspiras confianza? ¿Inspiras amabilidad? ¿Se te acerca la gente o más bien te tienen miedo y tratan de huir de ti? En vez de ferocidad, ¿por qué no revelas y manifiestas cariño y bondad?
El hombre "hormiga". Es el hombre callado, silencioso, que se pasa el día haciendo cosas sin levantar la voz. No cae en el consumismo de cada día. Piensa que mañana también tendrá necesidades. ¿Eres de los que hablas, pero no haces nada? ¿Eres de los que sin ruido no se cansan de hacer el bien?
El hombre "canario". Es el hombre que se pasa el día cantándole a la vida. ¿Por qué canta? Por nada. Canta porque le sale de dentro. Su plenitud interior le hace expresarse en canto. Me encantan los hombres que cantan. Me fastidian los hombres que sólo se lamentan.
El hombre “cucú”. Sí, que también los hay. El cucú no hace nido. Pone sus huevos en los nidos ajenos, para que otros cuiden y den de comer a sus hijos. ¿Serás de los que engendra hijos por ahí, en nidos ajenos, para que otros se hagan cargo de ellos, les den de comer, los eduquen? ¿Y tú, bien gracias…?
El hombre “mosquito”. Esos fastidiosos insectos que no los puedes sacar de encima y lo único que hacen es picar a los demás. ¿Eres de esos tipos insoportables que se meten en todo y en todas partes lo único que hacen es fastidiar, incomodar? Qué lindo cuando alguien puede decir de ti, qué pena que ya se va…
El hombre que ha tomado en serio ser hombre… No quiere ser sino eso, hombre. Y que no es fácil. Porque ser caballero, sí lo puede ser cualquiera. Pero ser persona… ser responsable, ser libre, ser coherente… ser él mismo… es empresa que requiere mucho esfuerzo. El que me supongo que tú mismo estás haciendo.

SEGUIR LEYENDO

Evangelio Misionero del Dia: 01 de Agosto de 2010 - DOMINGO XVIII DURANTE EL AÑO - Ciclo C

Pobre por amor

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 12, 13-21

Uno de la multitud dijo al Señor: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia».
Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?» Después les dijo: «Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».
Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: "¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha". Después pensó: "Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida".
Pero Dios le dijo: "Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?"
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios».

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

¿Quién es el dueño del mundo? Aquel a quien todo el mundo obedece. ¿Y a quién obedece el mundo?... Todos lo sabemos muy bien: al dinero, a la plata. El becerro de oro tiene demasiados adoradores, que caen rendidos a sus pies, y el dinero se ha convertido en un auténtico dios. ¿Por qué?...
El hombre busca su seguridad. No quiere problemas en la vida. Y ansía también pasarla lo mejor que pueda: ¡a disfrutar, a gozar cuanto más mejor!...
Para ello, es necesario el dinero, y entonces el dinero es la primera ilusión, el principal motor de toda la actividad humana, aunque para conseguirlo haya que cometer los mayores crímenes e institucionalizar la misma injusticia...
El Evangelio de hoy se encuentra con esta realidad, y Jesús le aplica un remedio eficaz y decisivo. Eficaz y decisivo, claro está, si le queremos hacer caso a Jesús y aceptamos su norma sabia y amorosa.
La ocasión se la ofrece aquel buen hombre que le pide:
- Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo.
Jesús se desentiende del caso, y le responde:
- ¿Y quién me ha constituido a mí juez en estos asuntos?...
Entonces se vuelve a su auditorio, y les amonesta:
- Guardaos bien de toda avaricia. Porque, aunque uno abunde en riquezas, su vida no depende de sus bienes.
Como siempre, más que a sentencias y pensamientos fríos, Jesús recurre a comparaciones inolvidables. Y propone una parábola breve, pero cargada de sicología y profunda a más no poder.
- ¿Sabéis lo que le pasó a aquel terrateniente? La cosecha del año fue enorme, no sabía cómo arreglárselas, y empezó a discurrir: ¿Qué hago, si no sé dónde meter tantos sacos de trigo?... Ya sé lo que debo hacer. Voy a derribar los graneros actuales, construiré nuevos almacenes, meteré en ellos toda la cosecha, y después me diré a mí mismo: ¡Alma mía, tienes bienes para muchos años! Ahora, túmbate, descansa, come, bebe, pásala bien, date a la buena vida...
Así iba discurriendo el ricachón. Soñaba, soñaba en una felicidad copiosa y duradera, cuando, de repente, se le desmoronó toda ilusión. Porque, en medio de sus sueños fantásticos, oyó la voz de Dios en lo íntimo de su conciencia:
- ¡Necio! ¡Tonto rematado! Esta noche vas a morir. Y todos los bienes que has acumulado, ¿de quién van a ser, a qué manos irán a parar?...
Jesús, saca la conclusión, que se clava como un puñal en la mente, y hace pensar tanto:
- Esto le pasa al que acumula mucho dinero para sí, y no se hace rico delante de Dios.
Es natural que todos busquemos la seguridad en la vida. Entra en los planes de Dios, y Dios es el primero en pedirnos diligencia y trabajo para vivir honestamente, cómodamente, colaborando así con su Providencia. Y Dios es el primero también, antes que nosotros, en maldecir la injusticia que reina en el mundo y que tiene esclavos del hambre a millones de hermanos nuestros, los cuales carecen de lo más elemental que exige su dignidad de hombres.
Lo que Jesús nos dice y sobre lo que nos hace discurrir es algo muy distinto. Jesús nos insta evitar toda avaricia, causa de tantos males en la vida personal y en la sociedad, y a buscar lo que vale más, como son los bienes eternos.
El afán del dinero es causa de la división en muchas familias. Da miedo cuando se acerca la muerte del dueño y vienen las exigencias, los pleitos y las peleas de los herederos...
El afán del dinero es causa de muchas vidas inmorales, pues se rompen todos los moldes para conseguirlo y, cuando se tiene, comienza una conducta de despilfarro y tal vez de vicio degradante...
El afán del dinero es causa de todas las calamidades que gravan hoy la sociedad. El tráfico de drogas, el mercado de la prostitución, los manejos de la mafia, la injusticia de tantas multinacionales, la preponderancia de las naciones ricas sobre las pobres, el tráfico de armas nuevas y cada vez más terribles, la opresión del trabajador, los jornales escasos... —¿para qué seguir señalando más?— roban al pobre, acumulan cantidades ingentes de dinero en pocas manos, mueven puñales, aprietan gatillos y declaran guerras atroces o nos amenazan con ellas quitándonos toda paz...
Esta es la dura realidad de los males causados por la avaricia personal o colectiva modernas.
El mundo, en una sociedad de capitalismo salvaje, se ha vendido al dios dinero y ese dios nos está pagando con su propia moneda: la insatisfacción de los corazones, aparte de la injusta desigualdad social.
Jesús lo ve, y pone el remedio con su consejo atinado:
* El dinero? ¿la riqueza? ¿los bienes perecederos?..., nada de eso traspasa la frontera de esta vida ni le libra a ninguno de pasar por la muerte. Entonces, ¿cuál es su valor real?... Mientras que poner la seguridad de la vida en la Providencia de Dios —que cuida de nosotros— y acumular tesoros para el Cielo, eso no falla nunca y es la sabiduría consumada.
¡Señor Jesucristo!
Hoy no gritas contra la avaricia. No maldices. No lanzas anatemas.
Te contentas con avisar, y nos dices lo que enseñas siempre: que los pobres de espíritu son unos ricos de verdad, porque se fían de Dios y tienen más seguro que nadie el Reino de los Cielos.
¡Haznos amar, Señor Jesús, los bienes de allá arriba, los que duran para siempre!...

SEGUIR LEYENDO

viernes, 30 de julio de 2010

Alma de Cristo


Por San Ignacio de Loyola

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.

SEGUIR LEYENDO

La soledad


XVIII Domingo del Tiempo Ordinario (Lucas 12. 13-21) - Ciclo C
Por Bernardo Baldeón
Publicado por Antena Misionera Blog

Desde que el hombre es hombre, si duda uno de sus grandes problemas es el de la soledad.

Cierto que existen momentos de “soledad fecunda”. Esos que nos ayudan a encontrarnos con la verdad de nuestro “yo” y desde ahí podemos crecer como personas.


Pero me refiero a la “soledad mala”. Esa que nos aísla de los demás y nos centra sobre nosotros mismos de manera enfermiza.

Es lo que le pasa al protagonista de la parábola del evangelio de hoy.

Aparentemente las cosas le han ido bien. Ha tenido una cosecha más que excelente. Hace sus cálculos y administrando con inteligencia sus ganancias de ese año ya tiene para vivir bien el resto de sus días.

No es malo que a alguien le vaya bien. Su problema es que a partir de cálculos económicos considera que ya no va a necesitar de los demás. Tiene que defender su capital. Eso le lleva a aislarse de los demás. Y a partir de ahora sólo será capaz de hablar consigo mismo.

Revisemos el comienzo de las frases que pronuncia: “¿Qué haré?’”. “Y se dijo”. “Derribaré y construiré”. “Y entonces me diré a mí mismo”.

Ya no tiene con quien hablar. Corta toda relación con los demás. Vive frente a un espejo. Se augura un futuro feliz y sin problemas.

Y entonces surge la voz de Dios: “Necio, esta noche se te va a exigir la vida”. Hoy mismo se te va a pedir cuenta de tu vida y ¿qué podrás decir?

Al encerrarse en sí mismo se suicidó como persona. Perdió todo valor frente a los demás y frente a Dios.

Es el drama de la soledad buscada. Jesús lo expresó en otro momento con otras palabras: “el que intente guardar su vida la perderá y el pierda su vida por los demás la encontrará”.

Quizás ahí se encuentre una de las claves para encontrar el sentido y la felicidad de la existencia humana.

Si el primer objetivo de todo hombre es desarrollar al máximo su humanidad y el evangelio nos dice que tener más no nos hace más humanos, la conclusión es muy sencilla en teoría: la posesión de bienes de cualquier tipo, no puede ser el objetivo último de ningún ser humano.

La trampa de nuestra sociedad de consumo está en que no hemos descubierto que cuanto mayor capacidad de satisfacer necesidades tenemos, mayor número de nuevas necesidades nos creamos; con lo cual no hay posibilidad alguna de marcar un límite.

Por ese camino nunca llegaremos a ser felices.

SEGUIR LEYENDO

JESUS NO TIENE DOCTRINA SOCIAL


XVIII Domingo del Tiempo Ordinario (Lucas 12. 13-21) - Ciclo C
Por R. J. García Avilés

RICOS, DOS VECES NECIOS

Nuestro mundo juzga inteligente a quien es capaz de acumular mucho dinero, de amasar grandes riquezas; nuestro mundo con sidera una vida segura la que se cimenta en una sólida cuenta corriente; el evangelio tiene un concepto muy distinto sobre lo que son la inteligencia y la seguridad de la vida.


JESUS NO TIENE DOCTRINA SOCIAL

Uno de la multitud pidió:

-Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia Le contestó Jesús:
-Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o arbitro entre vosotros?

Muchas de las ideologías que proponen un determinado modelo de sociedad han pretendido apropiarse del evangelio; desde los que hablan de Jesús como el primer socialista hasta los que se adueñan del término «cristiano» y lo usan como apellido de su partido, como si esa opción política fuera la única permitida a los seguidores de Jesús. Este interés supone, por un lado, el reconocimiento de que el evangelio tiene una indiscutible dimensión social; pero encierra un grave peligro: confundir el evangelio con una opción política más, reducir el evangelio a pura teoría socioeconómica (esto no quiere decir que los diversos sistemas económicos y políticos sean indiferentes, desde el punto de vista del evangelio, sino que éste no es una alternativa política o económica más; es otra cosa).

«Uno de la multitud» pretende que Jesús intervenga para decidir en un asunto de este tipo: el reparto de una herencia; pero Jesús se niega. El no tiene respuesta para ese litigio, porque, entre otras cosas, si diera una respuesta supondría que acepta el principio de que los individuos tienen derecho a apropiarse de determinados bienes de la tierra. Pero, sobre todo, porque su mensaje no ofrece soluciones concretas a los problemas concretos de los hombres; esas respuestas, desde que Dios dijo a la primera pareja «dominad la tierra» (Gn 1,28), es el hombre el que debe buscarlas. El objetivo de Jesús es hacernos caer en la cuenta de un hecho: que los hombres, al buscar la solución a nuestros problemas, lo hacemos obsti nadamente en una dirección equivocada; aquel hombre, segu ro que pensaba que, si obtenía un buen pellizco de la herencia paterna, tendría el futuro asegurado, tendría asegurada la vida. Esa opinión, que la riqueza es seguridad para la vida, es lo que desautoriza Jesús en su respuesta.


GUARDAOS DE TODA CODICIA

Entonces les dijo:

Mirad, guardaos de toda codicia, que, aunque uno ande sobrado, la vida no depende de los bienes.

Jesús, para ilustrar su afirmación, propone a las multitudes -la opción por la pobreza es una exigencia evangélica para todos, no es un consejo para los que quieren ser más perfectos- una parábola: un terrateniente, feliz porque ha obtenido una excelente cosecha, decide construir graneros más grandes, y se dice a sí mismo: «Amigo, tienes muchas provisiones en reserva para muchos años: descansa, come, bebe y date a la buena vida»; pero su vida ha llegado ya a su término y no podrá disfrutar de su riqueza un solo día: «Pero Dios dijo: Insensato, esta misma noche te van a reclamar la vida. Lo que tienes preparado, ¿para quién va a ser?»

El sentido de la parábola es muy claro: la vida está en manos de Dios y sólo él puede asegurarla, por encima incluso de las limitaciones propias de la naturaleza humana, ante las cuales nada pueden hacer unos almacenes repletos de provi siones; es una insensatez pensar que la vida puede ser buena por el simple hecho de tener las despensas llenas, es una necedad pensar que una buena manera de vivir es... la buena vida, descansar, comer y beber.


DOS VECES NECIOS

Esto es lo que le pasa al que amontona riquezas para sí y no es rico para con Dios.

Hoy siguen muchos pensando como aquel rico: conside ran que la felicidad puede llegar por medio de la riqueza de acuerdo con esta proporción: a más riqueza, más felicidad; por eso muchos ni siquiera se dan a la buena vida, como el rico de la parábola: dedican todo su tiempo a acumular más y más riquezas, consagran su existencia a dar culto al dios dinero: por él se sacrifican y a él ofrecen incluso sacrificios humanos (¿no se pueden considerar víctimas ofrecidas a este dios los millones de seres humanos que mueren cada año a causa del hambre y la miseria? Véase comentario núm. 34). Y así son dos o tres veces necios: la primera, porque pretenden asegurar su vida con el dinero; la segunda, porque muchos ni siquiera disfrutan de lo que se puede conseguir con el dinero, y la tercera, porque siendo causa del sufrimiento de muchos inocentes, se cierran la puerta a otra vida buena, a una felicidad de otra clase, la que sólo se alcanza en la expe riencia del amor compartido.

Por eso dice Pablo (primera lectura) que los cristianos deben extirpar «todo lo que hay de terreno» en ellos y, en especial, «la codicia, que es una idolatría». Los seguidores de Jesús han de poner su seguridad, y también la seguridad de que no va a faltar ese mínimo necesario para una vida digna, en la realización del reino de Dios (Lc 12,31-32), en la solida ridad y en el «amor mutuo, que es el cinturón perfecto» (Col 3,14).

SEGUIR LEYENDO

31 de Julio: Día de San Ignacio de Loyola

Patrono de los Ejercicios Espirituales y
Fundador de la Compañía de Jesús
Biografía publicada por Jesuitas.es

Su nombre era Iñigo López de Loyola, que cambió entre 1537 y 1542 por el de Ignacio «por ser más universal», o «más común a las otras naciones». Según la tradición, fue el último de los ocho hijos varones de Beltrán Ibáñez de Oñaz, señor de Loyola, y Marina Sánchez de Licona.

Sobre su fecha de nacimiento oscilaron las opiniones de los contemporáneos. En su epitafio, tras seria deliberación, se fijó su muerte a los 65 años de edad, lo que equivalía a decir que había nacido en 1491. Nada cierto se sabe sobre su primera educación familiar. Su madre debió de fallecer antes de 1506; su madre, poco después de otorgar testamento el 23 octubre 1507. Por estos años, el joven Iñigo se incorporó en Arévalo (Avila) a la familia del contador mayor [ministro de Hacienda] de los reyes, Juan Velázquez de Cuéllar. Allí pasó unos diez años, en los cuales tuvo ocasión de acompañar al contador durante sus viajes a la corte y otros lugares. Con los libros de su protector pudo adquirir una cierta cultura y perfeccionar su escritura, que le mereció ser considerado «muy buen escribano». Tras la caída en desgracia y sucesiva muerte de Velázquez de Cuellar en 1517, su viuda, María de Velasco, se preocupó del porvenir de Iñigo y le dio 500 escudos y dos caballos, para poder dirigirse a Navarra y servir como gentilhombre al virrey, Antonio Manrique de Lara, duque de Nájera. Allí dio muestras de hombre «ingenioso y prudente en las cosas del mundo» y de tener «grande y noble ánimo y liberal», como escribió Juan Alfonso Polanco, sobre todo en dos ocasiones: cuando ayudó a la pacificación de algunas villas de Guipúzcoa, divididas por el nombramiento de Cristóbal Vázquez de Acuña como corregidor, y cuando la villa de Nájera se sublevó contra su señor durante la rebelión de las Comunidades (1520-1522).

Tomó parte en la defensa de Pamplona al ser atacada (1521) por el ejército francés. Incitó a sus compañeros de armas a resistir en el castillo, pero fue herido por una bala que le rompió una pierna y le lesionó la otra. Desde Niccolo Orlandini, la tradición ha situado la providencial herida en el 20 mayo 1521, lunes de Pentecostés. La rendición del castillo se produjo el 23 ó 24 del mismo mes. La herida de Iñigo fue grave, como consta por la deposición del alcaide del castillo, Miguel de Berrera. Tras las primeras curas, practicadas por los franceses, fue llevado por sus paisanos a su casa de Loyola, donde sufrió una dolorosa operación, soportada con gran fortaleza. Su estado fue empeorando y el 28 junio fue el día crítico, pero aquella misma noche empezó a mejorar. Una vez repuesto, quiso que le cortasen un hueso de la pierna, que le habría impedido calzarse una bota «muy justa y muy polida» que deseaba llevar.



II. CONVERSIÓN y PEREGRINACIONES (1521-1524)

Durante su convalecencia pidió que le diesen libros de caballerías para entretenerse, pero al no encontrarse en la casa, le dieron a leer la Vida de Cristo por el cartujo Ludolfo de Sajonia, traducida al español por Ambrosio Montesino y publicada en Alcalá hacia 1502 o 1503. También le ofrecieron el Flos Sanctorum de Jacobo de Varazze, en una traducción prologada por el cisterciense Gauberto Maria Vagad. La lectura de estos libros le provocó una lucha interior que le abrió el paso a su conversión, a través de la discreción de espíritus. Se dio cuenta de que, cuando se entretenía en pensamientos mundanos, entre los que dominaban los servicios que podría hacer en favor de una dama innominada, encontraba gusto en ellos, pero después se sentía árido y descontento; mientras que cuando pensaba en imitar a los santos, cuyas vidas estaba leyendo, no sólo se consolaba con estos pensamientos, sino que después de dejados, quedaba contento y alegre. La pregunta que se hacía a sí mismo era: «¿Qué sería si yo hiciese lo que hicieron Santo Domingo y San Francisco? y se proponía: ¿Santo Domingo hizo ésto? Pues yo lo tengo de hacer. ¿San Francisco hizo ésto? Pues yo lo tengo de hacer.» Decidió romper con su vida pasada y empezar una nueva. Su primer propósito fue realizar una peregrinación a Jerusalén. Para imitar a los santos se daría a largas oraciones y penitencias.
Rompiendo la resistencia que le opuso su hermano mayor, salió de Loyola en febrero 1522, con el plan de dirigirse a Barcelona y de allí a Roma, para procurarse el necesario permiso del Papa en orden a su peregrinación. Se detuvo en el santuario mariano de Aránzazu, donde probablemente hizo voto de castidad. Él nos dice que este voto lo hizo en el camino hacia Montserrat, donde se preparó por un tiempo a una confesión general, que duró tres días, y a la vela de armas, que realizó ante la imagen de la Virgen morena en la noche del 24 al 25 marzo 1522.
El 25 marzo «en amaneciendo, partió por no ser conocido, y se fue, no el camino derecho de Barcelona, donde hallaría muchos que le conociesen y le honrasen, mas desvióse a un pueblo, que se dice Manresa». Su idea era quedarse en Manresa algunos días en un hospital y anotar algunas cosas en un libro «que él llevaba muy guardado y con el que iba muy consolado»- De hecho, su estancia en Manresa se prolongó unos once meses, y puede dividirse en tres períodos: uno de calma casi en un mismo estado interior; el segundo, de terribles luchas interiores, dudas y escrúpulos acerca pasadas, con tentaciones de suicidio; el tercero consolaciones e ilustraciones divinas, que tuvieron por objeto el misterio de la Eucaristía y otros. Por efecto de estas luces llegó a decir que, aunque no hubiese la Sgda. Escritura, él creería en los artículos de la fe solamente por la luz que había recibido en Manresa. La más extraordinaria de estas gracias fue la que suele llamarse “eximia ilustración”, que recibió a orillas del río Cardoner, una vez que se dirigía al monasterio de San Pablo. No precisó a su confidente, el P. Luis Gonçalves da Càmara lo que allí se le comunicó, pero sí que desde aquel momento “Le parecía como si fuese otro hombre y tuviese otro intelecto que tenía antes». Añadió que, si juntase todas las ayudas que había recibido de Dios hasta entonces (en 1555), «no le parece haber alcanzado tanto como de aquella vez sola». A esta ilustración aludía, con toda probabilidad, al fin de su vida cuando, al ser preguntado por algunas cosas introducidas en la CJ, se refería a «un negocio que pasó por mí en Manresa). Lo que allí vio, probablemente, fue el nuevo rumbo que había de imprimir a su vida: cambiar el ideal del peregrino solitario por el de trabajar en bien de las almas, con compañeros que quisiesen seguirle en la empresa. En este sentido deben entenderse las meditaciones del Reino y de las Banderas, de los Ejercicios, en las que Jerónimo Nadal vio una estrecha relación con el fin que se había de dar a la Compañía de Jesús. En este tiempo de Manresa hizo «cuanto a la substancia», según expresión de Diego Laínez, los Ejercicios Espirítuales, que practicó antes de escribirlos. Como dice Polanco. «después el uso y experiencia de muchas cosas le hizo más perfeccionar su primera invención; que, como mucho labraron en su misma ánima, así él deseaba con ellos ayudar a otras personas”.
En febrero 1523 dejó Manresa para ir a Barcelona, desde donde, hacia el 20 marzo, se embarcó para Gaeta, para proseguir viaje a Roma. El documento pontificio concediéndole el permiso para peregrinar a Jerusalén lleva la fecha del 31 marzo 1523. Después de pasar en Roma la fiesta de Pascua (5 abril), el 13 ó el 14 emprendió el viaje a Venecia. Allí participó, junto con los demás peregrinos, en la procesión del día de Corpus. No teniendo dinero para pagarse el viaje a Jerusalén ni queriendo servirse de los buenos oficios del embajador de España, gracias a la recomendación de un español que le había socorrido a su llegada a Venecia, tuvo una audiencia con el dux Andrea Gritti, quien mandó que fuese admitido en el barco que llevaba a Chipre al nuevo embajador de la Serenísima. De la peregrinación a Jerusalén se tienen detalles, además de los consignados por Iñigo en sus memorias, por las relaciones escritas por dos de sus compañeros: el zuriqués Meter Füssly y el estrasburgués Philipp Hagen. Embarcándose en Venecia el 14 de julio de 1523, llegaron a Jerusalén el 4 de septiembre. Iñigo siguió a sus compañeros en la visita a los Santos Lugares. Pero su intención secreta era quedarse allí establemente, en parte para satisfacer a su devoción y en parte para ejercitar su apostolado con sus habitantes. Con todo, el provincial de los franciscanos, encargados de la Custodia de la Tierra Santa, se opuso tenazmente a aquel proyecto por el peligro que corría la seguridad personal de los forasteros en la región. Iñigo se vio, pues, forzado a renunciar a su sueño y emprender el viaje de vuelta. Salió de Jerusalén el 23 de septiembre y, tras muchas peripecias, llegó a Venecia a mediados de enero de 1524.


III. ESTUDIOS (1524-1535)
Durante todo el viaje estuvo pensando qué haría en adelante. Su decisión fue estudiar en Manresa, bajo la dirección de un monje cisterciense del monasterio de San Pablo, pero cuando fue a visitarlo, se enteró de que había muerto. Se instaló entonces en Barcelona, donde una bienhechora, Isabel Roser, se comprometió a cuidar de su sustento, y un maestro de gramática, el bachiller Jerónimo Ardévol, a enseñarle gratis. Así, a sus 33 años, empezó a estudiar latín. Tropezó con una dificultad, que resolvió con el recurso al discernimiento espiritual. Cuando se ponía a estudiar, le venían grandes ilustraciones espirituales que, al estorbarle en el estudio, vio que no procedían del buen espíritu. Prometió, entonces, en la iglesia de Santa María del Mar, a su maestro que asistiría a sus lecciones por dos años, mientras encontrase pan y agua para sustentarse. Con esta reacción eficaz venció aquella tentación contra sus estudios. Sin embargo, no pudo menos de dar desahogo a su celo, conversando con personas espirituales y dando los ejercicios a algunas de ellas. Además, reunió a sus tres primeros compañeros, que le siguieron a Alcalá y Salamanca.

Pasados dos años, siguió el consejo de su maestro y se trasladó a Alcalá para cursar la filosofía. Estuvo en la ciudad desde marzo 1526 a junio 1527, dedicado más a sus actividades apostólicas que al estudio. Dio a algunas personas los Ejercicios leves, según las normas de la anotación 18º del libro. El extraño modo de vestir que él y sus compañeros usaban y sus reuniones para hablar de cosas espirituales, infundieron sospechas en las autoridades eclesiásticas, precavidas contra las desviaciones de los alumbrados de la región. Se le hicieron tres procesos. En el primero, los inquisidores interrogaron a algunos testigos, tras lo cual dejaron la causa en manos del vicario diocesano en Alcalá, Juan Rodríguez de Figueroa. Este impuso a Iñigo y a sus compañeros que tiñesen sus vestidos. Pasando adelante en los interrogatorios, fue-encarcelado por espacio de cuarenta y dos días. El 1 junio 1527 se dio la sentencia, por la que se les mandaba que cambiasen sus vestidos por los ordinarios de los estudiantes y que no enseñasen a nadie los mandamientos ni otras cosas de la fe católica, hasta haber estudiado tres años cumplidos. Viendo que se le impedía ayudar a las almas, decidió seguir sus estudios en Salamanca, donde encontró las mismas dificultades. Sus conversaciones espirituales suscitaron sospechas entre los dominicos del convento de San Esteban, que le sometieron a interrogatorio: hablar de cosas de Dios sólo podía hacerlo quien hubiese estudiado o quien recibiese luz especial del Espíritu Santo. Iñigo no había estudiado, luego hablaba por el Espíritu; y esto es lo que a ellos les hacía sospechar. Si en Alcalá había prevención contra los alumbrados, en Salamanca la había contra el movimiento erasmista. Iñigo y Calixto de Sa, su compañero, fueron puestos en la cárcel durante un proceso que llevó adelante el bachiller Sancho Gómez de Frías. A éste dio Iñigo «todos sus papeles, que eran los Ejercicios», para que los examinase. El punto más delicado en el que se fijaron los jueces fue el de la distinción entre pecado mortal y pecado venial. La duda fue la misma que en Alcalá: ¿cómo podía hablar de aquellas materias sin haber estudiado? A los veintidós días de cárcel, se les comunicó la sentencia: no había nada contra su vida o doctrina, pero se les ordenó que no declarasen si una cosa era pecado mortal o venial hasta después de haber estudiado cuatro años. La sentencia, pues, recalcaba la de Alcalá. Quedó libre, pero viendo que se le cerraban las puertas para el apostolado, se determinó ir a París para proseguir sus estudios.

Llegó a París el 2 febrero 1528 y decidió repetir los estudios de humanidades en el colegio de Montaigu. Para su alojamiento escogió el hospicio de Santiago, destinado a los peregrinos de Compostela, pero, a causa de la distancia del colegio, tuvo que procurarse otra habitación. Pensó ponerse al servicio de algún profesor, pero no lo halló. Decidió entonces ir cada año a Flandes a pedir ayuda económica a los mercaderes españoles de Brujas y Amberes. Estos viajes los hizo en 1529, 1530 y 1531.
Este último año fue a Londres, volviendo con más dinero que otras veces. Con lo que recaudaba, podía no sólo proveer a su mantenimiento, sino aun ayudar a otros estudiantes.
Al regreso del primero de estos viajes intensificó sus conversaciones espirituales y dio los ejercicios a tres estudiantes, que cambiaron totalmente su vida. Esto disgustó al rector del colegio de Santa Bárbara, que amenazó a Iñigo con el castigo llamado la sala, consistente en azotar al castigado en una sala del colegio. Delatado al inquisidor Mateo Ory, Iñigo se presentó ante él, que le dijo que en efecto se le habían quejado sobre su conducta, pero que no pensaba imponerle ninguna sanción. Cursó la filosofía en el colegio de Santa Bárbara, donde tuvo como compañeros al saboyano Pedro Fabro y al navarro Francisco Javier. Maestro de todos ellos era Juan Peña, de la diócesis de Sigüenza. Los estudios filosóficos comprendían tres cursos: los dos primeros trataban las súmulas y la lógica, el tercero la física, metafísica y ética de Aristóteles. Iñigo obtuvo el grado de bachiller en Artes en 1532, el de licenciado en 1533 y el de maestro en 1535, aunque el diploma lleva la fecha de 14 marzo 1534, al estar datado al modo de París, donde el año comenzaba a partir del día de Pascua, que en 1534 cayó en el 5 abril. Estudió teología durante año y medio, teniendo que interrumpirla por motivos de salud.


IV. HACIA LA FUNDACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS (1535-1540)

Entre tanto se habían juntado con Iñigo los compañeros que habían de fundar con él la Compañía de Jesús. Todos ellos se proponían «servir a nuestro Señor, dejando todas las cosas del mundo», como escribió Laínez, uno de ellos . Este plan se concretó en el voto de Montmartre, que pronunciaron el 15 agosto 1534 y lo renovaron el mismo día los dos años siguientes. En aquel voto prometieron vivir en pobreza y realizar una peregrinación a Jerusalén. Si esperado un año, la peregrinación resultase imposible, se ofrecerían al Papa, para que él los enviase allá donde juzgase más conveniente. Hubo un punto que dejaron en suspenso: si, una vez llegados a Jerusalén, permanecerían allí o regresarían. Por primera vez aparece en este voto la persona del Papa como vicario de Cristo.

Iñigo salió de París para su tierra natal a principios de abril. Al motivo de cuidar de su salud, se añadía el de visitar a los parientes de sus compañeros españoles, que no pensaban volver a su tierra, y resolver allí sus asuntos pendientes. Llegado a Azpeitia, estuvo tres meses, viviendo en el hospital, sin querer hospedarse en su casa de Loyola, a pesar de los ardientes ruegos de su hermano. Aprovechó aquella estancia para promover por todos los medios que pudo el bien espiritual y moral de sus paisanos. Hizo que se tocasen cada día las campanas de la parroquia y de las ermitas del término de Azpeitia para que al oirlas, todos rezasen un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri por los que estuviesen en pecado mortal. Cortó los abusos del juego, los amancebamientos y uniones ilícitas. Promovió la creación de una obra para el socorro de los pobres vergonzantes. Logró poner fin a una larga controversia que oponía al clero y al patrono de la parroquia de Azpeitia con un convento de monjas de la Tercera Orden de san Francisco. Estando él allí y actuando como testigo, se firmó el 18 mayo 1538 un acuerdo entre las partes.
Iñigo salió de Azpeitia el 23 julio 1535 y se dirigió al pueblo de Obanos (Navarra), donde entregó una carta de Javier a un hermano suyo. Pasó a Almazán (Soria), y visitó al padre de Laínez, Otras etapas de su viaje fueron Sigüenza, Madrid y Toledo.

En la cartuja de Vall de Cristo (Segorbe) visitó a su antiguo ejercitante de París, Juan de Castro. Prosiguió a Valencia, desde donde se embarcó para Italia.

Pasó todo el año 1536 en Venecia, completando sus estudios teológicos y ejercitando el apostolado con conversaciones y Ejercicios. Allí vivió con las limosnas que le enviaron sus amigos de Barcelona y fue acogido en su casa por un señor «muy docto y bueno», que parece haber sido Andrea Lippomano, prior de la Trinidad. Mientras tanto esperaba compañeros que salieron de Paris el 15 de noviembre de 1536. Tras un viaje de cincuenta y cuatro días en medio de las inclemencias del invierno llegaron a Venecia el 8 enero 1537. Todos ellos, menos Ignacio, salieron el 16 marzo para Roma, a pedir permiso al Papa para peregrinar a la Tierra Santa. Lo obtuvieron el 27 abril, al mismo tiempo que la licencia para recibir las órdenes sagradas los no sacerdotes, de parte de cualquier obispo, aunque fuese fuera de las cuatro Témporas del año. El día de Corpus, 31 mayo, participaron en la procesión, junto con los demás peregrinos de Jerusalén. Pero este año no salió ningún barco con peregrinos, por los insistentes rumores de guerra con los turcos.

Ignacio y sus compañeros recibieron las órdenes de mano de Vicente Negusanti, obispo de Arbe (actual Rab, Croacia). Ignacio difirió la celebración de su primera misa año y medio, hasta la noche de Navidad de de 1538. Deseaba prepararse mejor para acto tan importante, aunque quería, además, celebrarlo en Belén o en otro de los lugares de la Tierra Santa. El grupo de compañeros tuvo que reconocer finalmente que la proyectada peregrinación era imposible y, en consecuencia, decidió ponerse a disposición del Papa. Pero antes de salir de Venecia Ignacio tuvo que resolver un caso judicial. Había sido acusado de ser un fugitivo de España y de París, perseguido por la Inquisición. El legado pontificio Verallo confió la causa a su vicario Gaspar de’Dotti, quien instituyó un proceso en toda regla, tras el cual pronunció una sentencia absolutoria, el 13 octubre 1537. Ignacio emprendió el viaje a Roma, con Fabro y Laínez, a fines de octubre. Durante todo el viaje experimentó muchos sentimientos espirituales, especialmente al recibir la comunión. Uno prevaleció sobre los demás: una gran confianza de que Dios les sería propicio en Roma. Al llegar a un lugar, llamado La Storta, a 16,5 kilómetros de Roma por la vía Cassia, tuvo una experiencia espiritual de excepcional trascendencia. Relata en su Autobiografía (n. 96) que "haciendo oración, tuvo tal mutación en su alma y ha visto tan claramente que el Padre le ponía con Cristo, su Hijo, que no sería capaz de dudar de que el Padre le ponía con su Hijo». Con esta expresión reveló la unión que desde entonces sintió con Cristo. Laínez completó estos datos, añadiendo que la visión fue trinitaria, y que en ella el Padre, dirigiéndose al Hijo, le decía: " Yo quiero que tomes a éste como servidor tuyo.» y Jesús, a su vez, volviéndose hacia Ignacio, le dijo: " Yo quiero que tú nos sirvas» (FontNarr 2:133). La idea del servicio divino, tan central en los ejercicios, recibía una confirmación definitiva. Aparte del influjo que ejerció en la vida interior de Ignacio, esta visión tuvo claras repercusiones en la fundación de la CJ, empezando por el nombre de la nueva Orden, un nombre que era todo un programa: ser compañeros de Jesús, alistados bajo su bandera, para emplearse en el servicio de Dios y bien de los prójimos.

En noviembre 1537, Ignacio entró definitivamente en Roma. Allí, mientras los otros compañeros se dedicaban a otras tareas apostólicas, él daba Ejercicios. Merecen señalarse los que dio en Montecassino al doctor Pedro Ortiz, durante la cuaresma de 1538. En este año tuvieron que sufrir los ataques de algunas personas influyentes, que esparcieron rumores contra su vida y doctrina, repitiendo la acusación de que eran fugitivos, ya procesados en otras ciudades por la Inquisición. La consecuencia fue que los fieles se iban alejando de ellos; pero el mayor peligro consistía en que, si las calumnias prosperaban, les sería imposible realizar los proyectos que iban madurando. Por eso Ignacio quiso firmemente que se instruyese un proceso formal, acabado con una sentencia. Procuró y obtuvo una audiencia del Papa en Frascati, que mandó al gobernador de Roma, encargado de la justicia, que instruyese un regular proceso. Fue providencial el por aquel tiempo coincidiesen en Roma todos aquellos que habían juzgado a Ignacio en Alcalá, París, principales del nuevo Instituto. Fueron aprobadas por los seis Padres presentes en Roma. Tras este paso, el 8 abril se procedió a la elección de su primer General, que recayó, por voto unánime, en Ignacio. Éste había dado el suyo a aquel que tuviese más votos. Conocida su elección, pidió que se repitiese después de una más madura reflexión. Pero la segunda votación, del día 13, arrojó el mismo resultado. Entonces, Ignacio pidió tiempo para deliberar, y puso el asunto en manos de su confesor, el franciscano Teodosio de Lodi, del convento de San Pedro in Montorio. Allí Ignacio, en una confesión que duró tres días, expuso a su confesor toda su vida y su estado presente, con enfermedades y miserias corporales. El franciscano fue de parecer que debía aceptar y, a petición de Ignacio redactó un informe escrito. Entonces, Ignacio aceptó la designación. Era el 19 abril. Tras la elección del General, el 22 del mismo mes hicieron todos los presentes la profesión en la basílica de San Pablo extramuros; los ausentes la hicieron en fechas y lugares diferentes.

V. ACTIVIDAD EN ROMA COMO GENERAL (1540-1556)

Salvo brevísimas ausencias, Ignacio permaneció en Roma el resto de su vida. Resumiento su actividad durante el generalato, pueden distinguirse en él dos aspectos: su apostolado directo en la ciudad de Roma y su acción de gobierno de la Compañía de Jesús.

En los quince años de su gobierno logró dar a la CJ una organización ejemplar, infundirle un espíritu y abrirle las puertas hacia un apostolado universal. Fue más hombre de acción que un especulativo. En la estructura que dio a la CJ introdujo novedades que chocaron con la mentalidad de su tiempo.
No quiso tener hábito propio ni coro ni penitencias impuestas por regla ni tiempos determinados de oración para los jesuitas formados. Todo ello para que los jesuitas tuviesen aquella movilidad y disponibilidad que exigía su forma de vida y su proyecto apostólico. Por lo mismo, no admitió una rama femenina de la CJ ni quiso aceptar el cuidado habitual de religiosas sujetas a su obediencia. Tampoco admitió dignidades. eclesiásticas o civiles.

Ignacio fue, a un mismo tiempo, un incansable hombre de acción y un ferviente contemplativo. Su más noble ideal fue promover la mayor gloria de Dios por todos los medios a su alcance. Como hombre de gobierno, dirigió a sus súbditos con prudencia y discreción. Amaba a todos con amor de padre, y todos se sentían amados por él. Puso un acento especial en la virtud de la obediencia, tanto como ejercicio de virtud, como por ser instrumento de cohesión y eficacia en la labor apostólica. En su vida personal fue un gran contemplativo, que experimentó especiales comunicaciones divinas. Su unión con Dios adquirió un tono más elevado en la celebración de la Misa, durante la cual fue dotado del don de lágrimas. A veces no podía celebrarla por la debilidad de su salud, a la que perjudicaban tan fuertes emociones.

Además del tiempo dedicado a la oración formal, practicaba y recomendaba a los demás el ejercicio de buscar a Dios en todas las cosas o, como escribió Nada! con frase feliz, fue contemplativo en la acción.

Su salud se resintió toda la vida de las ásperas penitencias practicadas después de su conversión. Siempre tuvo dolores de estómago; pero la autopsia, que le practicó el mismo día de su muerte el cirujano Realdo Colombo, demostró que su enfermedad consistía en una litiasis biliar, con reflejos que repercutian en el estómago. Murió en la madrugada del 31 julio 1556. Su cuerpo fue sepultado en la pequeña iglesia de Santa Maria de la Strada y, en sucesivas traslaciones, depositado en el actual altar de dedicado a él en la iglesia del Gesù. Beatificado el 27 julio 1609 fue canonizado por Gregorio XV el 12 marzo 1622 junto con Javier, Teresa de Jesús, Isidro Labrador y Felipe Neri. Pío XI le nombró (1922) patrono de los Ejercicios Espirituales y de las obras que los promueven.

SEGUIR LEYENDO

Evangelio Misionero del Dia: 31 de Julio de 2010 - SEMANA XVII DURANTE EL AÑO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 1-12

La fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes, y él dijo a sus allegados: «Éste es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos».

Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.

El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, su hija, también llamada Herodías, bailó en público, y le agradó tanto a Herodes que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.
Instigada por su madre, ella dijo: «Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y ésta la presentó a su madre. Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

El costo de ser profeta
“Su bandeja fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha”

Ante la persona de Jesús siempre se toma alguna posición. En el texto de ayer vimos la reacción de las personas familiarizadas con Jesús desde pequeños, hoy vemos la reacción de uno que ni siquiera lo ha visto, uno –por así decir- extraño a Jesús: el rey Herodes, rey (con título de Tetrarca) de la región donde Jesús está evangelizando.

Con el rey Herodes como protagonista tenemos hoy el segundo cuadro de la galería de las experiencias de fe. Pero de nuevo tenemos la antítesis de la fe: un hombre que no comprende la identidad de Jesús (dice: “Ese es Juan el Bautista, él ha resucitado...”), que saca conclusiones rápidas acerca de Jesús (“... por eso actúan en él fuerzas milagrosas”). Para Herodes la persona de Jesús es el fantasma de su víctima.

El texto de hoy lo podemos leer desde tres ángulos:

1. La evangelización llega al rey. El evangelio no sólo llega a los ambientes populares sino que resuena también en el palacio del rey (“Se enteró el rey Herodes de la fama de Jesús”). Esta es la evangelización que toca las estructuras del poder, los centros de decisión. Y también aquí encontramos resistencias para que el nombre de Jesús sea aceptado de manera que todos se descubran amados, perdonados y salvados. El evangelio llega allí donde pueden incubarse actitudes de sometimiento del otro para generar un hombre nuevo, no centrado en sí mismo sino en el servicio (ver Mt 20,25-26).

2. La falsa idea que el rey se hace de Jesús. Las “fuerzas milagrosas” de Jesús tienen su explicación –según Herodes- en un eventual resurrección de Juan Bautista y no en la novedad del Reino predicada por Jesús y de la cual el Bautista había sido el precursor y el último de sus profetas (ver 11,13). El rey no es capaz de dar un paso adelante en el itinerario histórico-salvífico. La actitud de Herodes ante Jesús concuerda mucho con el sentir popular que se expresará más adelante cuando Jesús pregunte qué es lo que la gente piensa de él (ver Mt 16,13-14).

3. El pecado del rey. Cuando Herodes escucha hablar de Jesús lo que emerge en su conciencia es la historia de su pecado (“lo que sucedió es que...”, v.3): el asesinato de Juan Bautista víctima de su negativa para cambiar su vida de pecado (14,4), de su miedo a la impopularidad (14,5) y de su estupidez como gobernante (14,7 y 9). La historia del martirio de Juan en realidad le hace un juicio al rey, poniéndose así de relieve para nosotros los lectores, cómo es un modo de pensar y de actuar incompatible con el evangelio.



Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Qué cobertura tiene mi acción evangelizadora? ¿Me preocupo por llevar la Palabra hasta los centros de decisión que hay hoy? ¿Qué es lo que Jesús quiere transformar allí?

2. ¿Quién era Jesús para Herodes? ¿Quién es Jesús para mí?

3. ¿Qué me enseña la historia del martirio de Juan? ¿Cuál es mi pecado que me puede llevar a hacer a otros “víctimas” de mis errores?


“Mirad a los hombres, vuestro prójimo, imagen de la Santísima Trinidad, hecho para compartir su Gloria, con el universo a su servicio, miembros de Jesucristo, rescatados a toda costa de tantos dolores, oprobios y sangre. Mirad su inmensa miseria (…).
Si considerarais atentamente la obligación que tenéis de centraros en el honor de Jesucristo y la salvación de los hombres, veríais qué deber es para vosotros el estar listos para todo trabajo y esfuerzo a fin de llegar a ser aptos instrumentos de la gracia de Dios”
(Carta de San Ignacio de Loyola a los hermanos de Coimbra)

SEGUIR LEYENDO

jueves, 29 de julio de 2010

LA HOMILÍA MÁS JOVEN: LAS MANOS VACÍAS


XVIII Domingo del Tiempo Ordinario (Lucas 12. 13-21) - Ciclo C
Por Pedrojosé Ynaraja

1.- El título obedece a que muchos recordamos una película de los años cincuenta, cuyo leitmotiv eran precisamente estas palabras. Frase por otra parte que puede resumir la enseñanza global de las lecturas de hoy. Ocurría la aventura fílmica entre gente joven, en un ambiente burgués de una gran población. El protagonista, un balarrasa, acude en un determinado momento a asistir a su hermana que está muriéndose, víctima de un accidente de circulación. Ella le dice: mira mis manos, están vacías. Escucharlo, cambia su vida y da sentido al argumento de la producción cinematográfica.

El fragmento evangélico de la misa de hoy quiere enseñarnos que, pese al interés por acumular, enriquecerse en títulos, en currículos y en dinero, de tanta gente, para nada de esto ha venido el Hijo de Dios al mundo. Alguien le había pedido al Señor que le ayudara en el reparto de una herencia y Él le dice que no es esta la misión que le ha encargado el Padre. A continuación explica la parábola.

2.- Sin querer mejorar al Maestro, ni rectificar sus enseñanzas, deseando únicamente actualizar su lenguaje, me atrevo a contároslo de la siguiente manera. Al Consejero-delegado de la filial de una multinacional, le echaron de la empresa, cosa común hoy en día, eso sí, le indemnizaron como le correspondía, y un poquito más, para que no protestase. Calculó él, que durante su vida había ido adquiriendo acciones de la compañía que se cotizaban bien en bolsa y, que añadiéndole lo recibido por el despido, sumaban una gran fortuna. Suficiente para que, adecuadamente invertido, pudiera vivir holgadamente el resto de sus días. Acudió a un banco y redondeo la operación. Fue entonces cuando quiso celebrarlo con los conocidos, los convocó a un restaurante, les explicó su nueva situación, comieron y bebieron en abundancia y, cuando el anfitrión se dirigía a su domicilio que, dicho sea de paso, no compartía con nadie, ya que no había tenido tiempo en su azarosa vida de gran ejecutivo, para enamorarse, fue entonces, al cruzar la calle, que se sintió mal y se derrumbó en la vía pública. Lo llevaron de inmediato a un hospital. Sufría un “accidente vascular cerebral”. Pese a haber perdido el conocimiento y sufriendo parálisis casi total, en un breve momento, recobró la conciencia y se vio rodeado de tubos y monitores, acompañado de profesionales de la medicina, que ni sabían su nombre, ni les interesaba, pues en la recepción de urgencias ya les habían dicho que no tenía parientes próximos conocidos.

Desafortunadamente se le iluminó la mente y pensó en el capital depositado, era una gran suma de la que se sentía satisfecho. Satisfecho ¿para qué? Le estaba atendiendo la medicina pública como a cualquier ciudadano, sin fijarse si era rico o pobre. Se dio cuenta de que ni siquiera se le había ocurrido hacer testamento. Testamento ¿para qué? Testamento ¿a favor de quien? Se hundió el estado de ánimo del ricachón, sufrió una crisis y los facultativos que ni sabían el motivo, ni a ellos les importaba, decidieron sedarlo. Lentamente se fue oscureciendo su mente, mientras iba pensando: tanto dinero ¿para qué?

3.- Queda muy bien explicaros esto a vosotros jóvenes y referirlo a un hombre provecto. Podéis pensar que no os pasará esto ahora, que es cosa que os puede suceder en todo caso, dentro de bastantes años, cuando seáis viejos. Pero quisiera que reflexionarais y pensarais que, ya ahora, muchos de vosotros, estaréis acumulando conocimientos académicos, para vivir ricamente el día de mañana. Varias lenguas, que es cosa que se valora mucho cuando uno busca colocación. Buena presencia, resultado de entrenamientos y sesiones de gimnasio. Relaciones públicas bien cuidadas y conservadas, que son las que abren más puertas en la vida. Sí, tal vez no tengáis mucho dinero en metálico, vuestra riqueza seguramente es de la índole descrita. Enorme fortuna espiritual, de la que no goza la juventud del Tercer Mundo. Asegurados además a todo riesgo en vuestros desplazamientos. ¿Qué más queréis?

4.- Un accidente de circulación. Una meningitis vírica que paraliza y conduce a un rápido fatal desenlace, sin saber nadie de donde salió el “bichito” que invadió el cerebro. Un sarcoma que cuando se manifestó como un dolor en la rodilla, ya había hecho metástasis en diversos lugares. Son algunas de historias que yo he conocido y sufrido, pues, se trataba de gente joven amiga.

¿De qué sirven entonces los títulos, los carnés federativos o el certificado de inglés?

5.- Vanidad de vanidades, dice Qohelet. Son las palabras de la primera lectura de hoy. Lamento cuando algún padre me dice que su hijo, que todavía no ha llegado a la edad de establecerse por su cuenta, ni acabados los estudios, ya está de monitor de colonias, cobrando un buen sueldo de la institución pública que lo ha contratado. U otro que me cuenta que el cursillo que hizo durante el invierno en la Cruz Roja, lo aprovecha ahora para trabajar de socorrista en una piscina, que le pagan bien. O el que me explica que ayuda a su primo que tiene un negocio de informática, durante este mes que se le van de vacaciones los técnicos.

Me alegro cuando me entero de que la hija va a un asilo a colaborar con las buenas monjas que cada vez son más viejas y disponen de menos personal. O aquella que ha organizado una especie de guardería escuela de verano, para los chiquillos hijos de emigrantes que aprovechan para trabajar todo lo que pueden y no disponen de tiempo para cuidarlo y progresen, por supuesto que la iniciativa es totalmente gratuita. O los o las, que encuentro en la casa de vacaciones del Cottolengo cuando voy a celebrar misa.

Cuando yo era pequeño mis padres me decían: no somos ricos y no os podemos dejar una buena herencia. Heredaréis los cuatro una carrera. Fueron generosos con nosotros, a los estudios que nos matricularon se juntaban ejemplos de vida cristiana. Ayudaron ellos a los necesitados, visitaron al pariente encarcelado, nos dieron testimonio también de piedad. Murieron satisfechos, no se fueron con las manos vacías. Me siento responsable de esta herencia y creo que alguna cosa buena que hago, Dios la contará también a su favor.

SEGUIR LEYENDO

Protagonismo laical

Por Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

VER. La semana pasada realizamos el II Encuentro de Laicas y Laicos de las tres diócesis de nuestra Provincia de Chiapas, con el objetivo de impulsarles más y sean fuerza de renovación misionera de las comunidades parroquiales.Resalto algunos datos de su análisis sobre cómo perciben a los laicos en sus parroquias. Entre las luces, señalaron que hay muchos dispuestos a servir en la Iglesia, en su mayoría mujeres; se trabaja según el plan diocesano; se han delimitado las diversas pastorales; hay sacerdotes y religiosas que les acompañan; se evangeliza a domicilio; apertura a nuevos movimientos; preocupación por la pastoral urbana; más ministerios y procesos de formación espiritual e intelectual; se predica más el kerigma a adolescentes, jóvenes y adultos; misiones; buena voluntad e iniciativas para mejorar la pastoral; procesos de inculturación del Evangelio en pueblos indígenas, etc.

Como sombras, enumeraron: Antitestimonios, alcoholismo, fiestas paganas, falta de unidad y comunicación interna; apatía de algunos párrocos y laicos; poca apertura de sacerdotes a nuevos movimientos y a otras pastorales; falta más formación; invasión de sectas; algunos laicos se aferran a su cargo y no dan oportunidad a otros; unos siguen a una persona, más que a Cristo; falta mayor participación en los político, social y económico; incoherencias en la vida diaria; falta comprensión de la labor misionera y mayor compromiso.

JUZGAR

Después de este análisis, se reflexionó sobre la figura de muchos laicos en el Nuevo Testamento, resaltando su importancia en la tarea evangelizadora confiada por Jesús a su Iglesia. También se meditaron documentos de la Iglesia, en particular el de Aparecida:

“Los mejores esfuerzos de las Parroquias, en este inicio del tercer milenio, deben estar en la convocatoria y en la formación de laicos misioneros. Solamente a través de la multiplicación de ellos podremos llegar a responder a las exigencias misioneras del momento actual. También es importante recordar que el campo específico de la actividad evangelizadora laical es el complejo mundo del trabajo, la cultura, las ciencias y las artes, la política, los medios de comunicación y la economía, así como los ámbitos de la familia, la educación, la vida profesional, sobre todo en los contextos donde la Iglesia se hace presente solamente por ellos” (174).

ACTUAR

Para impulsar más el protagonismo laical, propusieron que cada parroquia tenga programas de formación para ellos, que se haga un plan diocesano para la Misión Permanente, que haya más unidad con los movimientos y de éstos con la diócesis, difundir documentos de la Iglesia, promover más el encuentro con Cristo, usar medios electrónicos para evangelizar, realizar más encuentros de laicos, ser auténticos discípulos de Jesús, para poder ser misioneros, trabajar en unidad, fraternidad y comunión, actualizarse, unificar criterios dentro de la jerarquía, abrir los ojos y reconocer los retos de la realidad, tener un corazón sensible hacia los necesitados, fomentar la defensa de los valores cristianos, como la familia, la vida y el medio ambiente, y exigir leyes que los respeten; en una palabra, ser católicos coherentes y activos.

Dijeron textualmente: Es urgente ser más protagonistas en la transformación de este mundo según Cristo; involucrarnos en las necesidades de este mundo globalizante, procurando primero el encuentro personal con Cristo, y así el Espíritu Santo nos dará el impulso para llevar el anuncio del proyecto de vida que nos ofrece Jesús; ser evangelizadores con un nuevo ardor y una nueva metodología. Que nuestros líderes políticos y sociales, sobre todo los legisladores, reciban una formación cristiana que coadyuve a una sociedad más justa y fraterna. Ser líderes católicos de fuerte personalidad, que participen en el ámbito político, cultural, social y económico, anunciando con alegría y valentía la Palabra de Dios. Fortalecernos en la Eucaristía.

Se formó una comisión de laicos de las tres diócesis, para continuar este proceso de formación e integración provincial.

SEGUIR LEYENDO

EL TIEMPO ES IMPLACABLE - XVIII Domingo del Tiempo Ordinario (Lucas 12. 13-21) - Ciclo C



El retorno de las estaciones, con todos los fenómenos que les acompañan, nos recuerdan entre otras cosas lo que la primera lectura expresa: ¡todo es vanidad! La primavera, que reviste a los campos con bellos mantos, da lugar al verano que los amarillea, al otoño que los desnuda o al invierno que los adormece. Y, el hombre, aun asistiendo a esta realidad… le parece que, su existir, va a ser eterno. Qué razón tenía un ponente cuando afirmaba que “a las nuevas generaciones se les incita a vivir pero no se les enseña a morir, y cuando lo descubren, les resulta traumático el seguir adelante como si, con ello, fueran a detener el paso del tiempo”.

1.- El vivir al día, además de incentivar el alma creativa de las personas, nos hace sentirnos vivos y, sobre todo, disfrutar con todo su colorido e intensidad la misma vida. Pero, cuando el ser humano se empeña en acaparar con las armas de la codicia o la avaricia, se transforma en una cosechadora de bienes en detrimento de su propia felicidad. Ya sabemos, y muy bien, que el dinero ayuda. Pero ¿lo es el todo? ¿Por qué –entonces-cuando surge la enfermedad, el llanto, las pruebas o los sufrimientos, se queda tan corto y ofrece tan pocas respuestas? Siempre es bueno recordar aquello del famoso millonario neoyorkino: “la mayor de mis fortunas no me ha servido, frente a un cáncer, para alargar mi vida ni un solo año”. Y es que, no siempre la opulencia o la avaricia, son soluciones que nos proporcionen bienestar. En más de una ocasión todo lo contrario: insatisfacción.

2.- Desde siempre, en el hombre se ha dado ese deseo de tener, de acaparar, de posesión y que, San Juan, ya lo define como “codicia de los ojos”. ¿Qué hacer, en este momento en que en gran parte del mundo, sentimos los latigazos de una crisis que se ceba especialmente con los más pobres? Ni más ni menos que, desde nuestras posibilidades, compartir aquello que podamos tener de más con aquellos que lo necesitan para seguir viviendo. En tiempos de dificultades, son muchos los hermanos los que –desde la orilla de la pobreza- rezan y miran a Dios exclamando: “¡diles a los cristianos que no se olviden de nosotros!”.

3.- El Señor, al hilo del Evangelio de hoy, no está para custodiar nuestras riquezas. Entre otras cosas porque, El en persona, ha venido a proclamar otros bienes que están muy por encima de los materiales.
Que el Señor nos haga descubrir la verdad o la mentira de nuestra fe. Un medidor, auténtico y fiable, será el si somos capaces de ver como polilla aquello que nuestros ojos contemplan como preciado capital y observar como un auténtico tesoro aquello que, la pantalla del mundo nos hace creer que vale poco o nada.
Dios no es ningún aguafiestas ni mucho menos. Simplemente nos alerta de una gran realidad: la codicia, el consumo, la apariencia, la riqueza…no son garantes de una vida feliz ni eterna. ¿O no?

4.- QUE NO SEA NECIO, SEÑOR
Que nunca, en mi vida,
se anteponga una pequeña colina
ante la gran cumbre que arriba me espera.
Que, lo que tengo entre manos,
no me obstaculice para trabajar
por aquello que me aguarda en el alto cielo.
Que, mi avaricia, sea el tenerte a Ti,
el poseerte a Ti, el conservarte a Ti,
frente a otras monedas de cambio
que dejan tristeza y ansiedad en mi camino

QUE NO SEA NECIO, SEÑOR
De creer que, la luz artificial,
es más brillante que la del sol
Que, mi abrazo definitivo contigo,
no vale nada comparado con los amores del mundo
Que, el tesoro que me aguarda el día de mañana
no merece la pena ser buscado y conquistado.

QUE NO SEA NECIO, SEÑOR
De pensar que soy pobre si no tengo
ni de soñar con ser rico teniendo lo que no poseo
Pues bien sé, mi Señor,
que mi vida, es más vida,
cuando disfrutando con lo que Tú me regalas
lucho por vivir con la luz de tu Palabra
con la gracia de tus sacramentos.
Ayúdame, Señor, a no ser necio:
a no arrodillarme frente a ningún “dios” fuera de Ti
a no dejarme seducir por riquezas efímeras
a buscar, el caudal que llueve todos los días
por el Espíritu Santo que habita en mi alma.
Amén

SEGUIR LEYENDO

Testigos del Amor: La pobreza no es sólo falta de dinero


–Entrevista a Peter Kodwo Turkson, presidente
del Pontificio Consejo Justicia y Paz–

El cardenal ghanés Peter Kodwo Turkson, es arzobispo emérito de Cape Coast y relator del último Sínodo para África. Es un hombre con valor para señalar a Occidente como culpable de algunos problemas que sufre África. Reclama justicia social, no caridad, y exige límites morales y éticos al capitalismo, que gobierna el mundo con su avara búsqueda del beneficio por encima de cualquier consideración. Este cardenal aporta una nueva explicación al recelo del Primer Mundo frente a la inmigración: la angustia por un cambio en la sociedad debido a la bajísima natalidad de los locales y al gran número de hijos de los extranjeros.

¿Qué impacto puede tener el reciente Sínodo para África en aquella Iglesia?
–La Iglesia africana afronta diversos desafíos, como el religioso, que viene del encuentro con el islam, con las creencias tradicionales, entre ellas el vuduismo, y con los movimientos cristianos evangélicos, que cuentan con el apoyo de grupos estadounidenses. La población se siente atraída hacia estas Iglesias, que cuentan con importantes fondos económicos. En el Sínodo, la Iglesia universal se ha reunido para considerar la situación de la Iglesia africana. La cuestión de base es ser y hacer Iglesia a través de lo que siempre se ha hecho: la predicación del Evangelio y encomendarnos a Dios a través de la oración. En el Sínodo hemos renovado las cuestiones tratadas en la Asamblea de Obispos para África, subrayando la unión como pueblo de Dios entre las distintas tribus y nacionalidades.

¿Cómo se han tratado las cuestiones de la reconciliación y de la justicia?
–No tiene caso hablar de comunión si no existe una reconciliación previa. Para ello, hay que alcanzar la justicia, que es la que sana las heridas. Hemos hablado de estas cuestiones en el Sínodo sin olvidar la relación entre la población y los empresarios, entre los obreros y los patrones. El objetivo de este Sínodo es estudiar los elementos que pueden ayudarnos a vivir como una Iglesia en comunión con el Papa y entre nosotros como familia de Dios.

Una de las responsabilidades del dicasterio que usted preside es luchar por la justicia social. ¿De dónde vienen las principales dificultades en este trabajo?
–Cuando se describe una cultura como pobre debemos prestar atención. La pobreza no es sólo falta de dinero. Hay personas que no tienen recursos económicos pero disfrutan de una vida llena de satisfacciones. Visto desde fuera, se concluye que es pobreza todo lo que no sea vivir con los parámetros occidentales. El bienestar no sólo se identifica con la presencia de dinero: hay muchos ricos que no están contentos y también hay personas que no tienen una cuenta bancaria y son felices. La situación podría ser más favorable en estas naciones en donde no hay tanto dinero si existiera seguridad alimentaria y acceso a las medicinas.

¿La cuestión clave es, entonces, la justa distribución de la riqueza?
–Por mucho tiempo hemos luchado para que los agricultores tengan acceso con sus productos al mercado mundial. Tanto Europa como Estados Unidos ayudan a sus campesinos con subvenciones que no tienen las naciones menos desarrolladas. Aunque hagan el mismo trabajo y cultiven los mismos productos, el acceso al mercado no es igual de fácil para los africanos. Este desequilibrio es una de las causas de la pobreza.

¿Quién tiene la culpa de estos desequilibrios, el sistema capitalista?
–Sí, en parte. El sistema económico mundial está gobernado por la búsqueda del beneficio: ésta es el alma del capitalismo. Hay que controlar el ansia por las ganancias por medio de la moralidad y la ética ya que, de lo contrario, se convierte en algo exagerado. Cuando la búsqueda del beneficio es la ambición principal, la persona no se da cuenta de los efectos que esa ambición provoca. Por ejemplo, cuando una compañía minera va a un país africano y tala un bosque, no se plantea que, cuando acabe la explotación, deja un enorme agujero donde la gente ya no puede vivir ni obtener recursos.

Una de las consecuencias de la pobreza es la emigración. ¿Qué le parece la postura que Occidente tiene hacia los inmigrantes?
–Siempre ha existido la inmigración. Es un fenómeno universal que sólo es percibido como problema cuando una determinada zona del mundo la encuentra inconveniente. El movimiento de personas de un lugar a otro ha existido desde siempre. Lo que pasa es que, ahora, algunas naciones reaccionan de manera diferente respecto a los inmigrantes. La emigración siempre ha estado en curso; sólo ahora se diferencia entre las poblaciones que son aceptables y las que no lo son.

Las nuevas leyes sobre la inmigración están relacionadas con la demografía. Ha caído drásticamente la natalidad, que es la que sostiene a una población. Se teme que ésta cambie con la llegada de inmigrantes, que tienen muchos hijos. En el pasado, nadie se planteó que fuera un problema que los musulmanes construyeran mezquitas en Europa con minaretes. Ahora sí que lo es. Hay otro factor, que es la conexión que se hace entre ciertos países pobres y terrorismo. Eso contribuye a que las puertas se cierren aún más.

¿Cuál es al situación del catolicismo hoy en África?
–Al hablar de la Iglesia africana debemos tener en cuenta tres contextos regionales diferentes. El primero es el norte, donde la mayoría de la población es de origen árabe y su religión es el islam. Allí el carácter del ministerio del apostolado es de presencia. No se intenta realizar la evangelización y la conversión porque está prohibido por la ley. La Iglesia debe mantener su presencia. Más al sur están los países subsaharianos. Cuando se habla de la expansión de la Iglesia africana, se tiene en cuenta esta zona. Es cierto que el catolicismo crece, pero eso no significa que no deba afrontar desafíos. Uno de ellos es el islam, que pretende hacer de África tierra musulmana. Otro desafío es el de las religiones tradicionales. El tercero es el de la parte meridional del continente. Hay que recordar que esta zona estuvo dominada por el régimen del apartheid. La Iglesia con mayor presencia era la Iglesia reformista holandesa. El catolicismo es una minoría con ganas de crecimiento.

Publicado por Esquila Misional

SEGUIR LEYENDO


WebJCP | Abril 2007