Señor,
los caminos de la vida
están llenos de sorpresas,
y más si vamos por la periferia
siguiendo tus huellas;
pues aunque tratemos de ocultarlos,
antes o después, se hacen presentes
quienes están condenados,
por nuestras leyes y costumbres,
a ser invisibles.
Y poco importa
que sean leprosos y samaritanos,
o emigrantes, negros, sin papeles,
enfermos crónicos, parados,
mujeres, niños, mayores,
los nadie...,
los que salen a nuestro encuentro
y gritan sus necesidades.
Ellos son, nos guste o no,
seres humanos como nosotros
con la misma dignidad y derecho...
Danos tus ojos,
tu corazón,
tus entrañas,
tu empatía
y compasión más viva...
Y líbranos
de pedirles y exigirles
lo que no les dignifica:
que cumplan nuestras leyes
estrictamente.
Ayúdanos, Señor,
a seguir tus pasos,
a dejarnos sanar
para sanar a los hermanos...
Y si brota el agradecimiento,
que sea desde lo más hondo:
libre,
sincero,
espontaneo...
como el del leproso samaritano.
Florentino Ulibarri
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domingo, 13 de octubre de 2013
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