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MISIONEROS EN CAMINO: EL BUEN PASTOR DA SU VIDA POR LAS OVEJAS : IV Domingo de Pascua (Jn 10. 11-18) - Ciclo B
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sábado, 28 de abril de 2012

EL BUEN PASTOR DA SU VIDA POR LAS OVEJAS : IV Domingo de Pascua (Jn 10. 11-18) - Ciclo B



● Ruego por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor.
● Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.
● Leo el texto. Después contemplo y subrayo.
● Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... Jesús cuestiona mi relación con el dinero, mi consumo... También me puedo preguntar si todas los otros aspectos de mi vida los intento vivir para Dios.
● Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio... ¿Qué testigos encuentro que son libres ante el dinero, tienen coherencia personal, tienen unidad de vida?
● Llamadas que me hace -nos hace- el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso.
● Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...


"LA FUERZA DEL NOMBRE"

VER

Escuchar el nombre de una persona conocida provoca en nosotros una reacción, para bien o para mal. El nombre es la palabra que designa o identifica seres animados o inanimados. Puesto que el nombre lo identifica, si se trata de alguien querido, al escuchar su nombre notamos alegría, placer, satisfacción… pero si se trata de alguien que no nos cae bien, al escuchar su nombre sentimos enojo, angustia, enfado… Aunque la persona no esté físicamente ante nosotros, su nombre tiene “fuerza” para nosotros.


JUZGAR

En este cuarto Domingo de Pascua la Palabra de Dios nos muestra que el solo nombre de Cristo resucitado tiene fuerza. En la 1ª lectura hemos escuchado que Pedro, tras curar a un paralítico diciéndole: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar (Hch 3, 6), dice ante el Sanedrín: quede bien claro, a vosotros y a todo Israel, que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros.
Como indica el vocabulario bíblico de la Biblia editada por La Casa de la Biblia, para el pueblo hebreo nombre y persona vienen a ser lo mismo (…) Por eso, pronunciar, invocar, conocer, alabar, bendecir el nombre de Dios equivale a relacionarse de forma variada pero íntima con la persona misma de Dios. De ahí, aunque físicamente Jesucristo no esté presente, su fuerza salvadora llega a quienes escuchan su Nombre, ya que hacer milagros, orar, expulsar demonios, bautizar, hospedar a alguien, hablar (o profetizar) en el nombre de Jesús, significa actuar en plena comunión con Jesús, con el mismo poder y la misma autoridad de Jesús.
Y uno de los nombres que Jesús se da a sí mismo, y que desde el principio ha tenido mucha “fuerza” en toda la Iglesia, es el de Buen Pastor, como hemos escuchado en el Evangelio: Yo soy el Buen Pastor… da la vida por las ovejas… conozco a las mías… yo doy mi vida por las ovejas. El nombre de Jesús Buen Pastor ya despertó y despierta en nosotros sentimientos de gratitud, de confianza… El nombre de Jesús Buen Pastor nos revela también algo del Misterio de Dios, por su profunda unión con el Padre: igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre… Por eso me ama el Padre… Este mandato he recibido del Padre. El nombre de Jesús Buen Pastor nos hace recordar que no estamos a merced de un asalariado, que Él nos ama de verdad, que no sólo habló, sino que realmente dio su vida por nosotros. Y el nombre de Jesús Buen Pastor manifiesta su fuerza más allá de lo que nosotros esperamos: yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla.


ACTUAR

¿Qué nombres de personas despiertan en mí reacciones positivas? ¿Por qué? ¿El nombre de Jesús resucitado provoca en mí una reacción similar? ¿Qué me sugiere el nombre de Jesús Buen Pastor? ¿Estoy dispuesto a que mi nombre sea “hijo de Dios” con todo lo que eso significa?
Recordemos las palabras del apóstol san Juan: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Dios en Jesús resucitado no sólo nos revela su Nombre, su Ser, sino que nos da a nosotros un nuevo nombre: “hijos de Dios”, un nuevo ser. El Nombre de Jesús y nuestro nuevo nombre tienen fuerza en sí mismos; acojámoslos y “utilicémoslos” para afrontar nuestra vida, lo bueno y lo malo, con la esperanza de que un día lo veremos tal cual es.


WebJCP | Abril 2007