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MISIONEROS EN CAMINO: IV Domingo de Pascua (Jn 10. 11-18) - Ciclo B: Una parábola de Jesús resucitado
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sábado, 28 de abril de 2012

IV Domingo de Pascua (Jn 10. 11-18) - Ciclo B: Una parábola de Jesús resucitado



Escuchamos en este tiempo festivo de Pascua una parábola de Jesús conocida por todos, del buen Pastor. Jesús la presentaba a una comunidad rural, que conocía la vida del pastor y de su relación con su rebaño. Nosotros de cultura urbana podemos captar su mensaje, sin duda válido para nuestros días. Es bueno tener presente lo que Jesús nos quiere comunicar hoy.

En un símil nos dice Jesús que él es el buen Pastor, nosotros las ovejas, él nos guía en nuestro caminar por pastos buenos, con su vida y su palabra nos abre a la verdad de Dios. El pone su vida por todos, nos orienta en nuestro vivir, si alguien se pierde, deja todo y le busca hasta reencontrarse con él. La parábola, ante todo, quiere trasmitirnos la relación de confianza, de intimidad que Dios quiere tener con cada uno de nosotros para ser capaces de cumplir con nuestros compromisos de cristianos. Él nos conoce, en nuestra individualidad, desea que lleguemos también a tener la mayor confianza, intimidad con él. Es el mensaje de esta bella parábola.

Ante todo, no nos confunda el símil del rebaño. En la parábola Jesús no afirma que las personas seamos ante Dios una masa confusa, que vive en manada, que deben ir todos a donde la llevan ciertos jefes que buscan intereses personales, como puede suceder por nuestras tierras, sin poder tomar nosotros a penas iniciativa alguna.

Los humanos tenemos cada uno nuestra personalidad, deseamos escoger con libertad nuestra vida, en familia, profesión, vida social. Dios nos ha dotado para que vivamos en libertad, para que organicemos nuestra vida conforme a nuestros deseos. Dijo al principio de los tiempos: ”poblad la tierra y gobernadla”, aunque lo busquemos, son deseos bastante alejados de nuestra realidad, otros no nos lo permiten.

El buen pastor conduce las ovejas que le siguen, pero hay algunas que se alejan del rebaño, se pierden, no siempre por decisión personal, a veces el buen pastor es suplantado por jornaleros que descuidan el rebaño, interesados en su propio beneficio, olvidan el de las ovejas. Hay ovejas que también abandonan el rebaño por no encontrar acogida entre los que conviven, o por tener que soportar normas intransigentes que rigen el rebaño, que les impide realizar una vida digna, en libertad, respetando sus derechos.

El buen pastor sale en busca de esas ovejas, trata de hacer lo posible por que en el redil exista armonía, buena convivencia, ninguna se vea forzada a abandonarlo. Cuando encuentra a ovejas perdidas regresa con júbilo al redil.

La parábola es una la llamada de Jesús a todos para convivir en la gran familia de los hijos de Dios, que es la humanidad, todos somos hijos suyos.

Alguno podrá preguntar si hoy en día puede tener alguna actualidad esta parábola. Tratemos de descubrir alguna.

El rebaño al que Jesús alude no es solo mi pequeño grupo o comunidad. Hoy día proliferan grupos/comunidades pequeños, se creen los llamados, los salvadores, que es necesario entrar en ellos para salvarse. Jesús llamó a unos discípulos, vivían, sí, en grupo, pero su misión era vivir abiertos a todos, él decía que debían ser como la levadura dentro de la masa.

Al pastor le preocupan todas las ovejas. Es contrario a su voluntad el que nosotros cerremos la puerta del redil, guardando dentro nuestro pequeño rebaño, nuestra pequeña comunidad, para protegerles, pensando que somos los únicos que seguimos a Jesús, en vez de ir como Él, a buscar y a tratar de ayudar a todos, los de dentro y los de fuera, a vivir con la dignidad de personas, no seamos nosotros con nuestra intransigencia los que apoyemos la ruptura de una verdadera convivencia humana, que es lo que Dios Padre desea.

Jesús nos recalca que hay algo fundamental en esta vida, que los seres humanos nos amemos, nos tratemos todos como hermanos, nos ayudemos en nuestras dificultades, que todos puedan vivir con la dignidad con Dios ha pensado, es su mandamiento para quien desee seguirle, somos hijos del mismo Padre, y hemos de vivir ya aquí hermanados, como en nuestra vida futura, para ella nos ha destinado.

No nos asusten ciertas diferencias que existan entre nosotros junto a nuestra vida. En un rebaño cada oveja es diferente, el pastor pone su nombre a cada una, Jesús no nos quiere clonados, somos nosotros lo que a veces parece que lo pretendemos, marcando normas y principios doctrinales rígidos de convivencia obligatoria, pero sí, que a nadie le falte lo necesario para una vida digna, es responsabilidad de toda la comunidad.

Qué bueno llegar a descubrir que el seguir a Jesús no implica esquemas rígidos, que se puede seguirle conviviendo armoniosamente con quienes también aman y siguen su palabra, aunque tengan otros modos de expresarse diferentes a los nuestros, y a los que con frecuencia osamos condenar por ser de otra cultura, o color.

Jesús nos asegura con rotundidad que es Él quien nos ayuda a indicar las señales del buen camino, pocas normas fundamentales, con pocas prohibiciones, que Él nos acompaña con su presencia en nuestro andar en esta vida, con su Espíritu presente en nosotros, nos alienta, nos sostiene. Es un apoyo excepcional el poder tener la certeza de que vivimos ante Alguien que nos conoce, nos comprende, nos ama, es lo que lo que de verdad tiene fuerza de conmovernos interiormente, de esclarecer el verdadero sentido de nuestra existencia y darnos fortaleza para pasar por alto persecuciones vanas que pudiéramos sufrir por ser fieles a nuestra conciencia.

Jesús nos llama hoy a poner la vida al servicio de todos, amar sin condiciones, dar sin esperar nada a cambio, el gran apoyo para seguir ese camino, a veces difícil y contra corriente, está en el descubrimiento y en el trato personal con Jesús.

En la parábola de hoy todo seguidor de Jesús está llamado a seguir su andadura, a ser pastor como lo fue Él para las personas que viven a lo largo y ancho del planeta.

Jesús con esta parábola nos brinda el regalo más maravilloso, que abre nuestra fe a una realidad que nunca pudiéramos pensar. Nos repite una vez más que nos ama y nos llama a sentirnos amados, a vivir en trato íntimo con Él, participando de algún modo de la intimidad que tiene con el Padre. Sentirse amado es el fundamento de la vida interior. Sentirnos amados así por Jesús ha de ser el fundamento del seguimiento, de nuestro amor y de nuestra entrega a Él y a los hermanos.

Aceptemos su palabra generosa. Saldremos ganando, es lo que él quiere.


WebJCP | Abril 2007