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MISIONEROS EN CAMINO: Materiales litúrgicos y Catequéticos: V Domingo de Cuaresma (Jn 12,20-33) - Ciclo B
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viernes, 23 de marzo de 2012

Materiales litúrgicos y Catequéticos: V Domingo de Cuaresma (Jn 12,20-33) - Ciclo B



Monición de entrada

(A)
Seguramente la mayoría de vosotros habéis plantado alguna vez en un algodón o en una maceta un garbanzo, una judía o una lenteja. Para que salga la nueva planta, la semilla tiene que estar a oscuras, tiene que destruirse y tiene que morir. ¿Recordáis? De estas imágenes negativas hablábamos el domingo pasado. Hoy es el último domingo de Cuaresma. En estas Eucaristías hemos celebrado que, aunque hay malos momentos, tentaciones, destrucción, oscuridad y muerte, Jesús lo vence todo con su amor, porque él es vida y luz. Jesús es nuestro letrero indicador que nos conduce por el camino de la felicidad.

(B)

En este domingo de Cuaresma se nos recuerda algo que es, al mismo tiempo humano y sobrecogedor: Que Jesús tuvo miedo.
Jesús sabía o intuía lo que le iba a suceder y suplicó a Dios que le librara de aquel sufrimiento, pero que no se hiciera su voluntad, sino la de Dios.
Y Jesús, obedeciendo a Dios nos da ejemplo y sufriendo nos demuestra su gran amor.

(C)

El evangelio de hoy es uno de esos discursos extraños y nostálgicos de Jesús.
Se acerca a Jerusalén y siente, y sabe, que está cercana su muerte.
Su corazón se desborda y salen fuera sus sentimientos:
“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”. Nos dice Jesús.
Está anunciando su muerte próxima y el fruto de ella: la salvación de la humanidad.
Cercana ya la Semana Santa, vamos a reflexionar sobre esto en esta Celebración de la Eucaristía.

(D)

Nos hemos reunidos para celebrar la Eucaristía en el último domingo de Cuaresma.
Ante la proximidad de su Pasión, Jesús nos va a indicar cuál es el camino de los que le buscan sinceramente: "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto".
Por eso, si el corazón se encoge de tristeza en el Viernes Santo, ante la Cruz de Cristo, no puede menos que llenarse de esperanza y alegría el día de Pascua porque se llena de Vida.
Es la propuesta del Señor para que nuestras vidas den fruto abundante. Merece la pena fiarse de Él.


Saludo:

Que la gracia y la paz de Cristo, el Señor, muerto por nosotros y resucitado para nuestra salvación, esté con todos vosotros...

Pedimos perdón

(A)

Ante la Cruz que preside nuestra celebración, donde Cristo sigue crucificado por los pecados de los hombres, nos arrepentimos de nuestros pecados.

Por nuestros egoísmos, por nuestras comodidades y por nuestras faltas de generosidad que te siguen clavando en la Cruz. SEÑOR, TEN PIEDAD...
Por nuestra insolidaridad y por nuestras discriminaciones, que te siguen clavando en la Cruz. CRISTO, TEN PIEDAD...
Por nuestro conformismo, por nuestras desilusiones y por nuestras cobardías que te siguen clavando en la Cruz. SEÑOR, TEN PIEDAD...

(B)

El Señor siempre nos ofrece su perdón a quienes nos acercamos a Él contritos y humillados; abramos, pues, nuestros corazones a su misericordia:

Tú que te opones a todo mal. SEÑOR, TEN PIEDAD...
Tú que has sufrido por nosotros. CRISTO, TEN PIEDAD...
Tú que nos impulsas a ser santos. SEÑOR, TEN PIEDAD...


(C)

Hermanos, antes de iniciar nuestra celebración nos reconocemos pecadores ante el Señor y abrimos nuestros corazones a su perdón:

Por las veces que, ante las injusticias, ante acontecimientos inadmisibles, hemos permanecido callados. SEÑOR, TEN PIEDAD...
Por las veces que, por miedo a hacernos notar y perder así algunas ventajas, hemos preferido callar. CRISTO, TEN PIEDAD...
Por todos los cambios que no hemos querido realizar en la familia, la Iglesia y en nosotros mismos. SEÑOR, TEN PIEDAD...


Escuchamos la Palabra

Monición a las lecturas

Próximos ya para nosotros los días de la pasión del Señor, Jesús reflexiona hoy en el evangelio acerca del sentido de su muerte. Igual que sucede con el trigo, la muerte de la semilla es la que produce la fecundidad. Jesús continuará en las espigas de sus discípulos, en su comunidad.


Lectura del profeta Jeremías

Mirad que llegan días –oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la que hice con vuestros padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Ellos, aunque yo era su Señor, quebrantaron mi alianza –oráculo del Señor-. Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días –oráculo del Señor.
Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: Reconoce al Señor. Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande –oráculo del Señor-, cuando perdone sus crímenes, y no recuerde sus pecados.

Palabra de Dios

Salmo: Oh Dios, crea en mí un corazón nuevo. (salmo 50)

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos gentiles; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: - Señor, quisiéramos ver a Jesús.
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó: - Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mimo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.
Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.
Entonces vino una voz del cielo: - Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: - Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacía mí.
Esto decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Palabra del Señor

Homilías

(A)

El evangelio de hoy es de una gran profundidad. De todos los versículos que hoy se citan, a mí me ha hecho especial impresión la frase de aquellos griegos que llegaban a Jerusalén. Y me ha impresionado el papel de uno de los protagonistas del acontecimiento: Felipe.
1.- La Frase: “Queremos ver a Jesús. Y cuando, Jesús, se entera de que quieren verle, se alegra. Es la alegría de pensar que unos querían verle, conocerle, saber qué decía, qué pensaba y cómo actuaba.
La postura de búsqueda de aquellos griegos, es importante.
Es importante “querer ver a Jesús”. Y es importante hacer notar que la mayoría de los cristianos, no tenemos interés por “ver” a Jesús, no sentimos la necesidad de preguntar por él, de saber lo que él dice, lo que él piensa...
Basta contemplar la religiosidad general de los cristianos para darnos cuenta de que nuestra fe carece de vitalidad, de ilusión, para buscar de verdad a Jesús.
A mí me impresionan muchísimo nuestros lugares de culto (nuestras iglesias), en las cuales apenas se palpa vida, ilusión, entusiasmo. Donde se dicen oraciones, sin saber lo que estamos diciendo, de forma distraída y desinteresada.
Aquí, en nuestra Iglesia, es muy difícil que alguien que nos contemplara pudiera sacar la conclusión, de que los que estamos aquí queremos “ver” a Jesús, de que queremos “oír” a Jesús... La mayor parte de las veces salimos igual que hemos entrado, y aquí no ha sucedido nada que haya transformado ni nuestra fe, ni nuestra vida.
Y si del culto (de lo que hacemos aquí en la Iglesia), pasamos a la vida ( a lo que hacemos en la vida del pueblo)... Todavía el panorama es aún más desolador.
2.- Interesante, también, el papel de Felipe. Es alguien a quien dirigen la pregunta...
Aquellos que preguntaban por Jesús, tuvieron suerte, porque se encontraron con un hombre que les llevó a Jesús...
Hoy es posible que muchos hombres y mujeres tengan en el fondo de sus almas el mismo deseo de aquellos griegos... ¿A quién irán para que les lleve a Jesús?
Lo lógico sería que fueran donde aquellos que dicen que ya lo han encontrado. Y aquí viene la tremenda pregunta: ¿podemos nosotros llevar a alguien a Jesús? ¿Puede, alguien, que se acerque a mí, descubrir el rostro de un Dios capaz de dar la vida por la oveja perdida, de abrir los brazos sin reproche, para acoger en ellos al hijo pródigo? ¿Si alguien se acerca a mí es posible que se encuentre con un Dios que nació en la pobreza, vivió en la más absoluta pobreza y murió dejando sólo una túnica? ¿Podrían?
Pues no lo sé...
Es posible que si se acercasen a algunos cristianos, podrían encontrarse con Jesús (Estoy pensando, por ejemplo, en los cristianos que están dando el testimonio de su vida en América Latina o en otros lugares conflictivos y comprometidos) Pero es muy posible que si se encontrasen con otros cristianos, con muchos otros cristianos... les sería difícil llegar hasta a Jesús.
Hermoso, el papel de Felipe y tremenda nuestra responsabilidad.
Pues ése es sencillamente el papel de un cristiano que lo quiera ser sinceramente.

(B)
“Queremos ver a Jesús...”
Es la demanda más urgente del mundo de hoy a los cristianos.
La vida cristiana o es epifanía, manifestación de Dios o es una horrible charlatanería.
Creyente, si el Señor a quien has entregado tu vida no te ha defraudado, intenta tú no defraudar las esperas de los hermanos.
El mundo está hoy orgulloso de todas sus conquistas y se jacta de estar bajo el signo del progreso. Y todos los hombres están atrapados por un ritmo frenético y agitado de vida... Corren y corren, pero en esa carrera han terminado por dejar a las espaldas muchas cosas importantes: Dios, la oración, la atención, los ideales...
Es más, muchas veces se ha olvidado de sí mismo, ha perdido su propia identidad. El hombre está desmemoriado y atolondrado.
Pero también: el hombre está insatisfecho.
Sobrealimentado, puede disponer de placeres y comodidades que le ofrece la técnica y el confort... Pero le falta algo...
No tiene necesidad de dinero, sino simplemente de todo aquello que el dinero no puede dar...
Y se trata de despertar la nostalgia de lo que ha perdido. En una palabra, se trata de devolverle el deseo de Dios...
Sucede, con frecuencia, que nos lamentamos de la indiferencia, del desinterés de los hombres y mujeres de nuestro tiempo hacia Dios, hacia las cosas del “espíritu”.
Un sacerdote decía: “En mi parroquia tengo la impresión de estar en medio de una manada de individuos que roncan”.
Pero en estas circunstancias es honesto que nos preguntemos: Y nosotros ¿qué hacemos para despertarles? ¿Qué capacidad tenemos de inquietarles? ¿Qué imagen de Dios podemos presentar?
Saint- Exupéry dice amargamente: “Dejamos dormir a mucha gente”.
Entonces, ¿cuál es la misión fundamental del cristiano en relación al mundo moderno? Creo que es precisamente el don de la nostalgia.
Nostalgia de otra cosa. Nostalgia de OTRO.
El hombre además del coche, el televisor, el ordenador y una colección discreta de ídolos, posee en las profundidades de su ser: la marca de fábrica. Podríamos decir: la cicatriz de Dios. “Y dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza...”.
En cada hombre y mujer existe esa marca de fábrica, quizá sepultada bajo montones de polvo y... sueño.
Nuestra tarea es precisamente hacer de espejo. Despertar esa imagen, sacarla a la luz.
Quisiera dejaros amigos, al terminar esta reflexión, un ejercicio de fantasía.
Intentad imaginar que alguien, hoy, os aborda y os lanza la misma petición que a Felipe: - Quisiera ver al Señor... ¿Cómo nos las arreglamos?
Y una última imagen para nuestro examen:
Cuando murió el sacerdote Amadeo Ayfre, tenía cuarenta y dos años. Con su pequeño coche se había estrellado contra un árbol. Su epígrafe más hermoso fue dictado, aunque involuntariamente, por una actriz: - Qué quiere que le diga –confesó a una periodista que la entrevistaba- era un hombre que, cuando te encontrabas con él, te hacía que te entrarán las ganas de Dios...
Pensad un poco. ¿Os ha ocurrido alguna vez que hayáis provocado en alguien el deseo de Dios?...

(C)

Me encuentro más de una vez con personas cansadas de discursos eclesiásticos, sermones rutinarios y palabras vacías. Quisieran encontrar algo más vivo y auténtico. Me lo decía hace unos días un joven: “Callaos, dejaos de rollos y ayudadme a encontrar a Dios”. Sus palabras me recordaban las de San Juan de la Cruz. Las cito de memoria: “No quieras enviarme ya más mensajero, que no saben decirme lo que quiero”.
He pensado de nuevo en ello al leer en el texto evangélico el deseo de aquellos gentiles que se acercan a Felipe con este deseo: “Quisiéramos ver a Jesús”. A quienes están cansados de “oír a los curas” les invito a hacer una experiencia diferente. Consiste en leer despacio el Evangelio fijándose bien en qué dice y qué hace Jesús. De esta manera podrán descubrir por sí mismos a Jesucristo, la persona que ha despertado más esperanza y ha generado más amor y solidaridad que nadie en toda la historia de la humanidad.
Mucha gente no tiene claro quién fue Jesús y por qué ha tenido tanta influencia en la historia. Se preguntan por qué es tan diferente de otros personajes y qué puede aportarnos en nuestros días. A mi juicio, el mejor camino para sintonizar con él es acercarse personalmente a los evangelios y conocer directamente el relato de los evangelistas.
Jesús no deja a nadie indiferente. Sus palabras penetrantes, sus gestos imprevisibles, su vitalidad y amor a la vida, su confianza total en el Padre, su manera de defender a los desgraciados, su libertad frente a todo poder, su lucha contra la mentira y los abusos, su comprensión hacia los pecadores, su cercanía al sufrimiento humano, su acogida a los despreciados, su interés por hacer más digna y dichosa la vida de todos... nos ponen ante la persona más excepcional que jamás haya existido y suscita un interrogante: ¿qué misterio se encierra en este hombre?
Quien se acerca directamente a Jesucristo y sintoniza con él descubre todo lo que él puede aportarnos para encontrar un sentido acertado a nuestra vida, para vivir con dignidad y sensatez, y para caminar día a día movidos por una esperanza indestructible.

(D)

El hombre de hoy puede parecer muy indiferente frente a lo religioso. Sin embargo, cuando uno entra en esas intimidades del corazón humano, uno percibe que, en el fondo, el hombre quiere ver a Dios, como aquellos que se acercaron a Felipe diciéndole: “Señor, queremos ver a Jesús.”

Estoy convencido de que el hombre de hoy también nos está diciendo y gritando a nosotros los cristianos: “Queremos ver a Jesús, queremos ver a Dios.” No queremos que nos deis explicaciones sobre Dios, no queremos teorías sobre Dios. El hombre de hoy quiere ver, quiere tocar, quiere experimentar.

En la Iglesia hablamos mucho de Dios. Es posible que muchos ya estén cansados de escucharnos siempre las mismas cantinelas y las mismas explicaciones que, con frecuencia, son más ideas estudiadas que experiencias vividas. Hablamos de lo que sabemos, más que de lo que vivimos.
Nos puede pasar como aquel joven…

Un joven inquieto se presentó a un sacerdote y le dijo: -'Busco a Dios'.
El reverendo le echó un sermón, que el joven escuchó con paciencia. Acabado el sermón, el joven marchó triste en busca del obispo.
-'Busco a Dios', le dijo llorando al obispo.
Monseñor le leyó una pastoral que acababa de publicar en el boletín de la diócesis y el joven oyó la pastoral con gran cortesía, pero al acabar la lectura se fue angustiado al papa a pedirle:
-'Busco a Dios'.
Su santidad se dispuso a resumirle su última encíclica, pero el joven rompió en sollozos sin poder contener la angustia.
-'¿Por qué lloras?', le preguntó el papa totalmente desconcertado.
-'Busco a Dios y me dan palabras' dijo el joven apenas pudo recuperarse.
Aquella noche, el sacerdote, el obispo y el papa tuvieron un mismo sueño. Soñaron que morían de sed y que alguien trataba de aliviarles con un largo discurso sobre el agua.

La Iglesia no anda mal de doctrinas, pero lo que necesita son testigos…

No niego que muchos no tengan interés alguno por Dios. Pero sí creo que la mayoría, en el fondo de su corazón busca algo más que las cosas de la tierra. Como también es posible que muchos lleven ese deseo como escondido dentro. No en vano decimos que “hemos sido creados por Él y para Él” y que Dios no es ningún accidente en nuestras vidas sino algo esencial. “Nos has hecho Señor, para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”, decía San Agustín.

Pero el hombre, sobre todo el de hoy, necesita ver. Y el único espacio donde el hombre pueda ver a Dios es en el testimonio de la Iglesia y de la vida de cada cristiano, pero sin tantos rodeos como los de Felipe que no se atreve a dar cara y acude a Andrés. También nosotros podemos caer en la tentación de decir: que eso lo tienen que hacer los demás… Los curas, las monjas… Todos somos rostros de Dios y todos estamos llamados a hacerlo visible.

Cuando murió el sacerdote Amadeo Ayfre, tenía cuarenta y dos años. Con su pequeño coche se había estrellado contra un árbol. Su epígrafe más hermoso fue dictado, aunque involuntariamente, por una actriz: - Qué quiere que le diga –confesó a una periodista que la entrevistaba- era un hombre que, cuando te encontrabas con él, te hacía que te entrarán las ganas de Dios...
Pensad un poco. ¿Os ha ocurrido alguna vez que hayáis provocado en alguien el deseo de Dios?...

Sería bueno que pusiésemos un gran letrero en las Iglesias que nos recordara el testimonio que como cristianos tenemos que dar y que dijera: “¡QUEREMOS VER AL SEÑOR!”

(E)

Cuenta una fábula que un grano de trigo había quedado sobre el campo y fue descubierto por una hormiga, que se dispuso a llevarlo a su nido. El grano de trigo pregunta:
-¿Por qué no me dejas aquí?
-Si te dejo, no voy a tener comida alguna para el invierno. Hay muchas hormigas y cada una de nosotras debe llevar lo que encuentre al depósito de víveres del hormiguero -contestó la hormiga.
-Pero yo no he sido creado para ser comido -respondió el grano de trigo-. Yo soy una semilla llena de fuerza vital para convertirme en una planta. ¡Querida hormiga, hagamos un trato! Si me dejas en mi campo te serán dados, en la próxima cosecha, cien granos como yo.
La hormiga pensó: «Cien granos a cambio de uno... Esto es un milagro». Y preguntó:
-¿Y cómo vas a conseguido?
-Es un secreto -contestó el grano-. El secreto de la vida. ¡En el momento oportuno, haz una pequeña cueva, entiérrame en ella y vuelve pasados unos meses!
Pasados los meses regresó nuevamente la hormiga y comprobó que el grano de trigo había cumplido su promesa.
Esto es una fábula, algo que nunca pudo haber ocurrido, pero no es fábula que un grano de trigo se transforme en una espiga.
Tampoco es fábula el que un gusano de seda, después de encerrarse en un capullo, se transforme en una hermosa mariposa.
No es fábula el que después de la noche venga el día, que después del invierno venga la primavera y que los árboles, de los que han caído en otoño las hojas secas, se llenen en primavera de flores y de hojas verdes.
Son las transformaciones tan maravillosas que hay en la naturaleza. Lo que sucede es que, como se repiten tantas veces, ya no nos llaman la atención. Imaginaos que siempre fuera de noche y que una vez al año saliera el sol. Sería un espectáculo. Sería un día de fiesta, algo maravilloso; pero, como el sol sale todos los días, no nos llama la atención.
Todas esas transformaciones Dios las hace para bien del hombre. ¿Por qué, pues, cuando muramos, no va a hacer, por bien nuestro, una transformación para que sigamos viviendo?
Dios nos ama. Nos hizo demasiados regalos, detalles de su amor, como para que al final nos deje convertidos para siempre en pura chatarra..
Pero es que además es justo que sigamos viviendo. Como decía José de su hija Socorro que le había cuidado durante 22 años, porque estaba parapléjico: «A mi hija no hay dinero que la pague» Es justo que sigamos viviendo para que Dios nos pague lo que nadie puede pagarnos.
Es justo que sigamos viviendo para que cada uno reciba lo que merezca, ya que en este mundo no hay verdadera justicia.
Por otra parte, Cristo, que murió por nosotros en la cruz, dándonos así la prueba más grande de amor que pueda darsenos dice: Yo soy la resurrección y la vida, El que cree en mí no morirá para siempre.
Por estas palabras de Jesús cantamos en un Prefacio de la Misa de difuntos: «La vida de los que creemos en ti, Señor, no termina; se transforma».
Hermanas y hermanos: es necesario y vale la pena que muera el grano de trigo para que se transforme en fruto abundante; y es necesario que muramos nosotros para que nuestra vida se transforme en una vida de abundante felicidad. Es la vida en plenitud, la vida en la gloria.


Peticiones

(A)

Supliquemos a Dios, nuestro Padre, con la confianza de hijos, con la intensidad del pobre necesitado

Todos: Ayúdanos, Señor.

Ayúdanos, Señor, a morir a nuestro egoísmo para dar muchos frutos de generosidad. OREMOS
Ayúdanos, Señor, a morir a nuestra pereza para dar muchos frutos de responsabilidad. OREMOS...
Ayúdanos, Señor, a morir a nuestra violencia para dar muchos frutos de paz. OREMOS...
Ayúdanos, Señor, a morir a nuestra tristeza para dar muchos frutos de alegría. OREMOS...

Recoge, Señor, nuestros deseos de ser una semilla y riégala con tu fuerza para que nos transformemos en frutos que podamos compartir con los demás. Por JNS...

(B)

Unidos a Cristo Jesús, presentamos nuestras súplicas a Dios, pidiéndole que nos ayude a corregir los fallos de nuestra vida.

Para que la violencia no tenga cabida en nuestra vida, sino el amor y la paz. ROGUEMOS AL SEÑOR...
Para que no dejándonos llevar por el egoísmo, seamos generosos dando y compartiendo. ROGUEMOS AL SEÑOR...
Para que superando toda tentación de insolidaridad vivamos solidaria y fraternalmente interesados por los más necesitados. ROGUEMOS AL SEÑOR...
Para que no nos dejemos arrastrar por el conformismo, sino que el esfuerzo, la ilusión y la esperanza estén siempre presentes en nuestra vida. ROGUEMOS AL SEÑOR...

Escucha, Señor, nuestras súplicas y ayúdanos en todas nuestras debilidades. Por JNS...

(C)

Dios nuestro Padre atiende y acoge nuestras necesidades; con confianza nos dirigimos a Él con nuestras súplicas, diciendo: ¡Señor, contágianos tu Amor!

Para que la Iglesia anuncie con valentía la cercanía de un Dios Padre que quiere hacer una alianza de amor con las personas. Oremos.
Para que descubramos que el amor a Dios va siempre unido a la entrega a las personas, y que nunca se pueden separar. Oremos.
Para que los cristianos no nos dejemos vencer por las dificultades al anunciar en Evangelio, sino que sigamos confiando y trabajando sabiendo que Dios nunca nos deja solos. Oremos.
Para que en nuestra comunidad parroquial se prepare a celebrar con sinceridad y con esperanza la muerte y resurrección de Jesús, y se deje iluminar por su Cruz. Oremos.

Oración: Concédenos, Señor, vivir sirviéndote en los hermanos y acoge benigno nuestra oración. Por Jesucristo.


Ofrendas: Una planta, velas, pan y vino.

(A)
Las plantas para crecer necesitan alimentarse de agua y sales minerales. El pan y el vino se van a transformar en pocos momentos en nuestro alimento, que nos va a dar fuerzas para, como tú morir para dar vida.
Esta planta nos representa a todos nosotros. La acercamos al altar para que nuestra vida se llene de buenos frutos, como se llenó la tuya, Señor.
Las plantas para crecer, necesitan luz. Esta es tu luz que nos hace crecer como plantas fuertes y capaces de dar fruto.

(B)

Alguien se acerca a la mesa de los símbolos, coge unos granos de trigo y los echa despacio en el recipiente de tierra; dice: “Si el grano de tierra no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”. Por eso, si te amas sólo a ti mismo, te pierdes.

Prefacio...

Te damos gracias, Dios Padre nuestro,
porque nos enviaste a tu Hijo Jesús
como signo de la Nueva Alianza.
Él nos trajo la Ley del Amor
y la dejó impresa en nuestros corazones.
Jesús es nuestro Salvador,
porque supo ser fiel a su Padre
y entregar su vida por toda la humanidad.
No se dejó llevar por la cobardía ni el egoísmo,
y Tú, Padre, le ayudaste y no le dejaste solo,
cuando luchaba con el sufrimiento y la muerte.
Por eso, nosotros ahora
queremos unirnos a los ángeles y santos
y a todas las personas sencillas
para entonar un himno de alabanza
diciendo:

Santo, Santo, Santo...


Padrenuestro:
Repetimos nuestra Alianza de Amor con las mismas palabras que Jesús nos enseñó...

Nos damos la paz
El signo de la Nueva Alianza es la Paz. La Paz que Dios quiere en sus relaciones con los hombres y de los hombres entre sí. Con el compromiso de sembrarla siempre en el mundo, compartamos hoya la paz.
Que la paz del Señor esté con todos vosotros...

Comunión
Jesús nos ha querido decir algo con la pequeña parábola del grano de trigo en tierra. Si ahora comulgamos el pan de la vida, es porque queremos ser como Él.

Oración

Cuesta morir y perder

Sólo queremos triunfar, Señor,
para eso se nos ha educado.
Hemos de ganar al otro, competir sin parar,
medirnos constantemente.

Y Tú nos recomiendas que perdamos la vida,
mientras todo nos dice que aprovechemos,
que no seamos pringados,
que hay que ser un lince
en este mundo loco que tenemos montado.

No te rindas, no te dejes, no te achantes,
no te compadezcas, no mires hacia el otro,
para que no te brote el amor que llevas dentro
y se acabe el juego de la competición,
del desencuentro, de la comparación,
del aparentar, del vivir pomposamente,
creando envidias alrededor.

Quiero seguirte, Señor,
quiero perder la vida, el poder, el prestigio,
la imagen, las mil cosas que acaparo.
Quiero renacer a la sencillez,
a la escucha atenta a la vida del otro,
a que me importe tanto lo suyo como lo mío,
a que me duela todo dolor de mis hermanos,
a mostrarme pequeño y frágil, como soy,
a compartir mis dudas, mis miedos y fracasos,
a triunfar todos juntos, a lograr en común,
a regalarme hasta el último rincón de mi ser.

Ayúdame, Señor, a dar mi vida, mi tiempo,
mis cosas y mi yo.
En tus manos me pongo, haz de mí lo que quieras...
Contigo a mi lado... ya no necesito ganar.


Bendición

Para Jesús, vivir es entregarse y desvivirse por los demás. Si somos sensibles a Él, si le queremos seguir, no pasemos por este mundo pensando sólo en nosotros, en nuestra comodidad y en nuestro provecho. Estamos llamados a crear vida y brindarla con alegría, sobre todo, a los débiles y necesitados. Que el Señor nos ayude. Para ello que la Bendición de Dios todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros. Amén...


WebJCP | Abril 2007