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sábado 31 de diciembre de 2011

Palabra de Misión: Fiesta de los imposibles / Santa María Madre de Dios – Ciclo B – Lc. 2, 16-21 / 01.01.12



Fiesta de la circuncisión

Antiguamente, el primer día del año era el día que la Iglesia Católica rememoraba la circuncisión de Jesús, ocurrida al octavo día de su nacimiento, colocado litúrgicamente el 25 de diciembre. Con el tiempo, se añadió la celebración del día de la Madre de Dios y la Jornada por la Paz. Por eso, en el fondo del texto propuesto para este domingo, no está presente únicamente la realidad mariana, sino también la liturgia judía con su rito de iniciación. Por eso no podemos hablar específicamente de una fiesta católica (en el sentido denominacional), sino de una fiesta muy judía. Aunque sí podemos hablar del catolicismo (universalidad) que encierra el comienzo de un nuevo ciclo, con la esperanza de la paz definitiva. Más allá de los diferentes comienzos de año (para el judaísmo, o para el calendario chino, por ejemplo), siempre el inicio de una era (medida artificial o naturalmente) es la oportunidad de creer con más fuerza que las cosas cambian, que el amor y la paz vencen. Ese bien puede ser un anhelo universal, de todos (católico). Hacemos hincapié en esta apertura de la fiesta porque es necesario contextualizar la perícopa que leemos hoy en su marco judío, para retrotraernos a una verdad subyacente: Jesús era judío, María era judía. Y para los judíos, la circuncisión no es una cuestión menor.

La circuncisión es una cirugía, una intervención quirúrgica pequeña que se realiza cortando una porción del prepucio del pene. Según varios historiadores, esta práctica no fue original de los israelitas, sino que también en Egipto, Etiopía y Fenicia se llevaba adelante. En algún momento de la historia, esta práctica se volvió importante y fundamental para los israelitas. Según el relato del Génesis, esto comienza en uno de los tantos diálogos entre Dios y Abraham, cuando Yahvé, estableciendo su alianza con el patriarca y su descendencia, cambia su nombre de Abrán a Abraham (cf. Gen 17, 5), le promete una fecundidad sobreabundante (cf. Gen. 17, 6) y le indica que, como signo de la alianza establecida, todos los varones de su descendencia deben circuncidarse (cf. Gen. 17, 10-11), inclusive aquellos varones que forman parte de sus pertenencias humanas, como los esclavos y los sirvientes (cf. Gen. 17, 13). Cuando acaba el diálogo con Dios, Abraham lleva adelante la orden (cf. Gen. 17, 23-27) y acepta, con la circuncisión, la alianza.

Circuncidarse es, para el patriarca, antes que otra cosa, un acto de fe. El capítulo 17 del Génesis habla del signo de la alianza, pero sobre todo, habla de la descendencia prometida desde lo imposible. Abraham pregunta irónicamente a Yahvé si un hombre de cien años como él y una mujer de noventa como Sara pueden tener descendencia (cf. Gen. 17, 17), porque parece algo inverosímil. Circuncidarse es, entonces, creer en las promesas imposibles de Dios. Y por esa fe, pasar a formar parte de un pueblo que tiene una común esperanza.

La legislación al respecto de la circuncisión es clara. Debe realizarse a los varones en el octavo día de su nacimiento (cf. Gen. 17, 12; Lev. 12, 3). Y sólo los circuncidados pueden celebrar la pascua (cf. Ex. 12, 48). Si un esclavo o un inmigrante desean comer la pascua, entonces deben circuncidarse, y así se volverán aptos para el ritual (cf. Ex. 12, 44-48).



Circuncidarse el corazón

Con el tiempo, bajo la perspectiva judaizante y la creciente separación entre lo considerado puro y lo considerado impuro, la circuncisión dejó de ser signo de las promesas que se creen (las promesas imposibles, la esperanza en lo que vendrá de Dios), para convertirse en elemento de segregación. El circunciso es puro y el incircunciso no lo es, está fuera de la elección de Dios, es un rechazado. La señal de los que hacen alianza con Yahvé fue cambiada por un ritualismo de seguridad salvífica. Muchos creían que el solo hecho de la circuncisión los salvaba, y lo demás (la justicia, el amor, el prójimo) era accesorio. Esa posición es la que critica el Bautista cuando exhorta a sus oyentes a dar frutos sinceros de conversión para que dejen de decir que tienen por padre a Abraham (depositando en esa filiación toda la vida), ya que “puede Dios de estas piedras dar hijos a Abrahán” (Lc. 3, 8). Pero antes del Bautista, otros miembros del pueblo de Dios habían notado que la circuncisión había perdido su sentido. El libro del Deuteronomio invita a circuncidar el corazón (cf. Dt. 10, 16; Dt. 30, 6). Jeremías también se hace eco de esto con un lenguaje más duro: “Circuncídense para Yahvé, extirpen los prepucios de sus corazones” (Jer. 4, 4a); y la terminología incircuncisos de corazón (cf. Jer. 9, 25) e incircuncisos de oídos (cf. Jer. 6, 10) se vuelve clave para entender la profundidad de la denuncia. Israel está depositando su confianza en un rito, está focalizando en lo mágico su alianza con Yahvé, cuando, contrariamente, está en el oído (que oye la Palabra) y en el corazón (que late con el corazón de Dios) el sentido de la alianza. Verdaderamente es pueblo de Dios el que escucha atento con prontitud de corazón, el que reconoce en lo divino las promesas de la descendencia imposible, el que camina confiado en lo inverosímil que puede hacerse realidad por obra de Dios. La circuncisión sin actitud de entrega es brujería, es ritualismo, es costumbre. La circuncisión que circuncida los oídos y el corazón penetra lo íntimo del ser y se hace trascendente, va más allá del acontecimiento y pone en sintonía con Dios.

El hijo imposible

Para María (y para Lucas, y para nosotros), Jesús es el hijo imposible. Ha nacido de la imposibilidad de la naturaleza, de un milagro, de un hecho sobrenatural. Ha nacido de una manera que no se puede explicar ni fácil ni difícilmente. Es hijo de una promesa de Dios que es promesa de salvación y liberación. No tendría sentido evitar su circuncisión, ya sea por ulteriores motivos cristianos o por razones de teogonías rebuscadas. Jesús debe circuncidarse, porque su llegada al mundo es la irrupción de lo más objetivo que ha irrumpido en la historia. Abraham (y todos los patriarcas) deseaba con gozo ver cómo la promesa de la descendencia imposible se hacía tan concreta. Y en Jesús está esa objetivización histórica. La circuncisión a modo de pacto alcanza su cumbre en la circuncisión del niño Jesús. Es el pacto de la esperanza llevado a su maravilla.

La figura de María Madre de Dios, celebrada junto a la circuncisión, es la imagen de la madre judía, heredera de la promesa, parturienta de esperanza. Este es el judaísmo que se expande universalmente, que toma como punto de partida al padre Abraham para proyectarse en lo imposible. La circuncisión atraviesa la línea histórica humana para que Jesús no quede exento de su pueblo, ni exento de la alianza que Dios tiene con la humanidad. María es la madre atenta de todo este espectáculo. Es la figura de la humanidad maternal que, en el nacimiento de los niños, de los nuevos venidos al mundo, espera que se concrete la paz final, la paz definitiva, la paz mesiánica. María lo hace desde su judaísmo, desde la carga histórica de los patriarcas y de Yahvé. Por su corazón pasan y se guardan los textos sagrados de la promesa, pero sobre todo, el hijo imposible de la promesa. María es la figura de los que esperan lo imposible y, creyendo, paradójicamente, hacen posible lo imposible. Sólo un corazón circuncidado es capaz de cambiar el mundo de esa forma. El título de Madre de Dios (tan complicado en el diálogo ecuménico) puede leerse en esa línea. El circuncidado por excelencia es Dios, quien será fiel a la alianza pase lo que pase. Por contrapartida, María es la figura de la humanidad fiel en su fe, fiel a la Palabra que se le proclama, creyente en la imposibilidad que viene del Padre. Por eso es Madre; no porque le anteceda a Dios y lo procree, sino porque es la figura maternal que representa a todos los que tienen el corazón circuncidado en las promesas de Dios. Es la que dio a luz al hijo imposible, el hijo esperado, el hijo mesiánico. Es Madre de la circuncisión, de todos los que se circuncidan el corazón.

Hay muchas aristas teológicas que indagar. Hay muchas cuestiones que resolver para el diálogo entre cristianos y para el diálogo interreligioso en torno a María. Pero su figura de corazón circuncidado es vital. Ella hace pasar y medita, en su corazón, los sucesos de Dios. No sabemos si los entiende o no, pero trata de asimilarlos. El corazón es, en términos semitas, la sede de la persona real, la intimidad más íntima de lo que somos. En esa profundidad es que María gusta saborear las cosas de Dios. Por eso podemos decir que su corazón está circuncidado, y podemos creer en María desde allí. Es posible superar el silogismo de María madre de Jesús, que es Dios, y por lo tanto Madre de Dios. María es madre de un niño que, encarnado en la historia israelita, viene a dar cumplimiento a todos los anhelos de Abraham, desde aquel día que selló la alianza circuncidando a su familia y a su tribu. Es una tribu de oriente, de cientos de años atrás, que atraviesa la humanidad para expandirse a la universalidad, finalmente, en Jesús, nacido de una mujer que le creyó a Dios como había creído Abraham. En esa línea, en el plano de figuras simbólicas, Abraham puede ser llamado Padre de Dios, porque su fe y su esperanza trajeron al mundo (encarnaron) una promesa divina. Junto con María (y tantos otros) son columnas de una fe que seguimos teniendo, y que cobra mayor significado al inicio de un nuevo año, cuando queremos y nos esforzamos en creer, que no hay nada imposible para Dios.

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1 de Enero: JORNADA MUNDIAL POR LA PAZ


MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA XLV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 DE ENERO DE 2012

EDUCAR A LOS JÓVENES EN LA JUSTICIA Y LA PAZ

1. El comienzo de un Año nuevo, don de Dios a la humanidad, es una invitación a desear a todos, con mucha confianza y afecto, que este tiempo que tenemos por delante esté marcado por la justicia y la paz.

¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año? En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella. El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6), lo aguarda con una sólida esperanza, porque sabe que traerá luz, misericordia, salvación. Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido, el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad y a no dejarse abatir por las tribulaciones. Os invito a abrir el año 2012 con dicha actitud de confianza. Es verdad que en el año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas. Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día.

En esta oscuridad, sin embargo, el corazón del hombre no cesa de esperar la aurora de la que habla el salmista. Se percibe de manera especialmente viva y visible en los jóvenes, y por esa razón me dirijo a ellos teniendo en cuenta la aportación que pueden y deben ofrecer a la sociedad. Así pues, quisiera presentar el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz en una perspectiva educativa: «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz», convencido de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza.

Mi mensaje se dirige también a los padres, las familias y a todos los estamentos educativos y formativos, así como a los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación. Prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz.

Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona.

Las preocupaciones manifestadas en estos últimos tiempos por muchos jóvenes en diversas regiones del mundo expresan el deseo de mirar con fundada esperanza el futuro. En la actualidad, muchos son los aspectos que les preocupan: el deseo de recibir una formación que los prepare con más profundidad a afrontar la realidad, la dificultad de formar una familia y encontrar un puesto estable de trabajo, la capacidad efectiva de contribuir al mundo de la política, de la cultura y de la economía, para edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario.

Es importante que estos fermentos, y el impulso idealista que contienen, encuentren la justa atención

en todos los sectores de la sociedad. La Iglesia mira a los jóvenes con esperanza, confía en ellos y los anima a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver «cosas nuevas» (Is 42,9; 48,6).

Los responsables de la educación

2. La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida. Educar –que viene de educere en latín– significa conducir fuera de sí mismos para introducirlos en la realidad, hacia una plenitud que hace crecer a la persona. Ese proceso se nutre del encuentro de dos libertades, la del adulto y la del joven. Requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad, y la del educador, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo. Por eso, los testigos auténticos, y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más necesarios que nunca; testigos que sepan ver más lejos que los demás, porque su vida abarca espacios más amplios. El testigo es el primero en vivir el camino que propone.

¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia? Ante todo la familia, puesto que los padres son los primeros educadores. La familia es la célula originaria de la sociedad. «En la familia es donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y pacífica. En la familia es donde se aprende la solidaridad entre las generaciones, el respeto de las reglas, el perdón y la acogida del otro»[1].Ella es la primera escuela donde se recibe educación para la justicia y la paz.

Vivimos en un mundo en el que la familia, y también la misma vida, se ven constantemente amenazadas y, a veces, destrozadas. Unas condiciones de trabajo a menudo poco conciliables con las responsabilidades familiares, la preocupación por el futuro, los ritmos de vida frenéticos, la emigración en busca de un sustento adecuado, cuando no de la simple supervivencia, acaban por hacer difícil la posibilidad de asegurar a los hijos uno de los bienes más preciosos: la presencia de los padres; una presencia que les permita cada vez más compartir el camino con ellos, para poder transmitirles esa experiencia y cúmulo de certezas que se adquieren con los años, y que sólo se pueden comunicar pasando juntos el tiempo. Deseo decir a los padres que no se desanimen. Que exhorten con el ejemplo de su vida a los hijos a que pongan la esperanza ante todo en Dios, el único del que mana justicia y paz auténtica.

Quisiera dirigirme también a los responsables de las instituciones dedicadas a la educación: que vigilen con gran sentido de responsabilidad para que se respete y valore en toda circunstancia la dignidad de cada persona. Que se preocupen de que cada joven pueda descubrir la propia vocación, acompañándolo mientras hace fructificar los dones que el Señor le ha concedido. Que aseguren a las familias que sus hijos puedan tener un camino formativo que no contraste con su conciencia y principios religiosos.

Que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo transcendente; lugar de diálogo, de cohesión y de escucha, en el que el joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior, y aprenda a apreciar a los hermanos. Que enseñe a gustar la alegría que brota de vivir día a día la caridad y la compasión por el prójimo, y de participar activamente en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.

Me dirijo también a los responsables políticos, pidiéndoles que ayuden concretamente a las familias e instituciones educativas a ejercer su derecho deber de educar. Nunca debe faltar una ayuda adecuada a la maternidad y a la paternidad. Que se esfuercen para que a nadie se le niegue el derecho a la instrucción y las familias puedan elegir libremente las estructuras educativas que consideren más idóneas para el bien de sus hijos. Que trabajen para favorecer el reagrupamiento de las familias divididas por la necesidad de encontrar medios de subsistencia. Ofrezcan a los jóvenes una imagen límpida de la política, como verdadero servicio al bien de todos.

No puedo dejar de hacer un llamamiento, además, al mundo de los medios, para que den su aportación educativa. En la sociedad actual, los medios de comunicación de masa tienen un papel particular: no sólo informan, sino que también forman el espíritu de sus destinatarios y, por tanto, pueden dar una aportación notable a la educación de los jóvenes. Es importante tener presente que los lazos entre educación y comunicación son muy estrechos: en efecto, la educación se produce mediante la comunicación, que influye positiva o negativamente en la formación de la persona.

También los jóvenes han de tener el valor de vivir ante todo ellos mismos lo que piden a quienes están en su entorno. Les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz.

Educar en la verdad y en la libertad

3. San Agustín se preguntaba: «Quid enim fortius desiderat anima quam veritatem? - ¿Ama algo el alma con más ardor que la verdad?»[2]. El rostro humano de una sociedad depende mucho de la contribución de la educación a mantener viva esa cuestión insoslayable. En efecto, la educación persigue la formación integral de la persona, incluida la dimensión moral y espiritual del ser, con vistas a su fin último y al bien de la sociedad de la que es miembro. Por eso, para educar en la verdad es necesario saber sobre todo quién es la persona humana, conocer su naturaleza. Contemplando la realidad que lo rodea, el salmista reflexiona: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que de él te cuides?» (Sal 8,4-5). Ésta es la cuestión fundamental que hay que plantearse: ¿Quién es el hombre? El hombre es un ser que alberga en su corazón una sed de infinito, una sed de verdad –no parcial, sino capaz de explicar el sentido de la vida– porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Así pues, reconocer con gratitud la vida como un don inestimable lleva a descubrir la propia dignidad profunda y la inviolabilidad de toda persona. Por eso, la primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta altísima dignidad. Nunca podemos olvidar que «el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones»[3],incluida la trascendente, y que no se puede sacrificar a la persona para obtener un bien particular, ya sea económico o social, individual o colectivo.

Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado de la propia libertad. Y es cometido de la educación el formar en la auténtica libertad. Ésta no es la ausencia de vínculos o el dominio del libre albedrío, no es el absolutismo del yo. El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad. Por el contrario, el hombre es un ser relacional, que vive en relación con los otros y, sobre todo, con Dios. La auténtica libertad nunca se puede alcanzar alejándose de Él.

La libertad es un valor precioso, pero delicado; se la puede entender y usar mal. «En la actualidad, un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio “yo”. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común»[4].

Para ejercer su libertad, el hombre debe superar por tanto el horizonte del relativismo y conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el bien y el mal. En lo más íntimo de la conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz lo llama a amar, a hacer el bien y huir del mal, a asumir la responsabilidad del bien que ha hecho y del mal que ha cometido[5].Por eso, el ejercicio de la libertad está íntimamente relacionado con la ley moral natural, que tiene un carácter universal, expresa la dignidad de toda persona, sienta la base de sus derechos y deberes fundamentales, y, por tanto, en último análisis, de la convivencia justa y pacífica entre las personas.

El uso recto de la libertad es, pues, central en la promoción de la justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el otro, aunque se distancie de la propia forma de ser y vivir. De esa actitud brotan los elementos sin los cuales la paz y la justicia se quedan en palabras sin contenido: la confianza recíproca, la capacidad de entablar un diálogo constructivo, la posibilidad del perdón, que tantas veces se quisiera obtener pero que cuesta conceder, la caridad recíproca, la compasión hacia los más débiles, así como la disponibilidad para el sacrificio.

Educar en la justicia

4. En nuestro mundo, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, más allá de las declaraciones de intenciones, está seriamente amenazo por la extendida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de utilidad, del beneficio y del tener, es importante no separar el concepto de justicia de sus raíces transcendentes. La justicia, en efecto, no es una simple convención humana, ya que lo que es justo no está determinado originariamente por la ley positiva, sino por la identidad profunda del ser humano. La visión integral del hombre es lo que permite no caer en una concepción contractualista de la justicia y abrir también para ella el horizonte de la solidaridad y del amor[6].

No podemos ignorar que ciertas corrientes de la cultura moderna, sostenida por principios económicos racionalistas e individualistas, han sustraído al concepto de justicia sus raíces transcendentes, separándolo de la caridad y la solidaridad: «La “ciudad del hombre” no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo»[7].

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados» (Mt 5,6). Serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas con Dios, consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación.

Educar en la paz

5. «La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad»[8].La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef 2,14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor.

Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos. «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», dice Jesús en el Sermón de la Montaña (Mt 5,9).

La paz para todos nace de la justicia de cada uno y ninguno puede eludir este compromiso esencial de promover la justicia, según las propias competencias y responsabilidades. Invito de modo particular a los jóvenes, que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente.

Levantar los ojos a Dios

6. Ante el difícil desafío que supone recorrer la vía de la justicia y de la paz, podemos sentirnos tentados de preguntarnos como el salmista: «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?» (Sal 121,1).

Deseo decir con fuerza a todos, y particularmente a los jóvenes: «No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico [...], mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno.

Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?»[9]. El amor se complace en la verdad, es la fuerza que nos hace capaces de comprometernos con la verdad, la justicia, la paz, porque todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (cf. 1 Co 13,1-13).

Queridos jóvenes, vosotros sois un don precioso para la sociedad. No os dejéis vencer por el desánimo ante las dificultades y no os entreguéis a las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los problemas. No tengáis miedo de comprometeros, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivid con confianza vuestra juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad, belleza y amor verdadero que experimentáis. Vivid con intensidad esta etapa de vuestra vida tan rica y llena de entusiasmo.

Sed conscientes de que vosotros sois un ejemplo y estímulo para los adultos, y lo seréis cuanto más os esforcéis por superar las injusticias y la corrupción, cuanto más deseéis un futuro mejor y os comprometáis en construirlo. Sed conscientes de vuestras capacidades y nunca os encerréis en vosotros mismos, sino sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos. Nunca estáis solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz.

A todos vosotros, hombres y mujeres preocupados por la causa de la paz. La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar. Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro camino, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y sintámonos unidos en la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones de hoy y del mañana, particularmente en educarlas a ser pacíficas y artífices de paz. Consciente de todo ello, os envío estas reflexiones y os dirijo un llamamiento: unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para «educar a los jóvenes en la justicia y la paz».

Vaticano, 8 de diciembre de 2011

BENEDICTUS PP XVI

Notas

[1] Discurso a los Administradores de la Región del Lacio, del Ayuntamiento y de la Provincia de Roma, (14 enero 2011), L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (23 enero 2011), 3.

[2] Comentario al Evangelio de S. Juan, 26,5.

[3] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 11: AAS 101 (2009), 648; cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 14: AAS 59 (1967), 264.

[4] Discurso en la ceremonia de apertura de la Asamblea eclesial de la diócesis de Roma (6 junio 2005): AAS 97 (2005), 816.

[5] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 16.

[6]Cf. Discurso en el Bundestag (Berlín, 22 septiembre 2011): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (25 septiembre 2011), 6-7.

[7] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 6: AAS 101 (2009), 644-645.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, 2304.

[9] Vigilia de oración con los jóvenes (Colonia, 20 agosto 2005): AAS 97 (2005), 885-886.

© Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana

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Evangelio Misionero del Día: 01 de Enero de 2012 - TIEMPO DE NAVIDAD - SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 2, 16-21

Los pastores fueron rápidamente adonde les había dicho el Ángel del Señor, y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.

Compartiendo la Palabra
Por José Antonio Pagola

LA MADRE

A muchos puede extrañar que la Iglesia haga coincidir el primer día del nuevo año civil con la fiesta de Santa María Madre de Dios. Y sin embargo, es significativo que, desde el siglo IV, la Iglesia, después de celebrar solemnemente el nacimiento del Salvador, desee comenzar el año nuevo bajo la protección maternal de María, Madre del Salvador y Madre nuestra.

Los cristianos de hoy nos tenemos que preguntar qué hemos hecho de María estos últimos años, pues probablemente hemos empobrecido nuestra fe eliminándola demasiado de nuestra vida.

Movidos, sin duda, por una voluntad sincera de purificar nuestra vivencia religiosa y encontrar una fe más sólida, hemos abandonado excesos piadosos, devociones exageradas, costumbres superficiales y extraviadas.

Hemos tratado de superar una falsa mariolatría en la que, tal vez, sustituíamos a Cristo por María y veíamos en ella la salvación, el perdón y la redención que, en realidad, hemos de acoger desde su Hijo.

Si todo ha sido corregir desviaciones y colocar a María en el lugar auténtico que le corresponde como Madre de Jesucristo y Madre de la Iglesia, nos tendríamos que alegrar y reafirmar en nuestra postura.

Pero, ¿ha sido exactamente así? ¿No la hemos olvidado excesivamente? ¿No la hemos arrinconado en algún lugar oscuro del alma junto a las cosas que nos parecen de poca utilidad?

Un abandono de María, sin ahondar más en su misión y en el lugar que ha de ocupar en nuestra vida, no enriquecerá jamás nuestra vivencia cristiana sino que la empobrecerá. Probablemente hemos cometido excesos de mariolatría en el pasado, pero ahora corremos el riesgo de empobrecernos con su ausencia casi total en nuestras vidas.

María es la Madre de Cristo. Pero aquel Cristo que nació de su seno estaba destinado a crecer e incorporar a sí numerosos hermanos, hombres y mujeres que vivirían un día de su Palabra y de su gracia. Hoy María no es sólo Madre de Jesús. Es la Madre del Cristo total. Es la Madre de todos los creyentes.

Es bueno que, al comenzar un año nuevo, lo hagamos elevando nuestros ojos hacia María. Ella nos acompañará a lo largo de los días con cuidado y ternura de madre. Ella cuidará nuestra fe y nuestra esperanza. No la olvidemos a lo largo del año.

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La Madre de Dios



“Nos ha nacido un Niño, un Hijo se nos ha dado.” (Is 9, 5-6)

La profecía de Isaías, que proclama la Liturgia de la Palabra de la Nochebuena, nos introduce en la Navidad y nos hace parte de ella. A todos se nos anuncia el feliz nacimiento de un niño de nuestra naturaleza, que lleva por nombre “Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz”.
¿Por qué sentir como algo nuestro a quien nació en Belén? ¿Por qué el profeta anuncia que nos ha nacido un hijo? ¿Qué parte tenemos en este alumbramiento?

Quizá, ahora comprendemos por qué a María, la madre que da a luz a su hijo primogénito, la llamará Jesús “mujer”, con lo que la eleva a ser madre de todos los que viven. Ella representa a toda la humanidad, y en ella somos todos fecundos, y a todos nos acontece el regalo de dar a luz un hijo.

Sin derecho propio, por don de Dios, el Hijo de la Nazarena es nuestro hermano, a la vez que nuestro Salvador. Por el que ha nacido de mujer, a todos los nacidos de entrañas de mujer nos acontece una identificación superior, somos semejantes al Hijo de María. En verdad nos reconocemos, en el Niño de Belén, en sus facciones, llanto y debilidad.

Dios se ha hecho hombre. Desde este momento, ser humano es la mayor dignidad. Hoy recibimos el título transformador, por el que se nos libera de la esclavitud para constituirnos en miembros de la familia de Dios, por el Hijo que nos ha nacido.

Toda la humanidad goza del regalo de la maternidad por las entrañas alumbradas de María de Nazaret. Ella es la que da su carne y sangre al Verbo de Dios, y por ella la tierra ha dado su fruto de justicia y de santidad. Nuestra tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Por este hijo sentimos redimido el nombre de la humanidad para siempre. El Hijo de Dios es también el Hijo del hombre, pertenece al género humano. En verdad ha descendido la misericordia del cielo, la fidelidad divina. Se ha cumplido la Palabra, la profecía. La justicia y la paz se besan. La santidad y la humanidad se encuentran.

¡Alégrate! Expande la noticia. Nos ha nacido el Mesías, el Señor, el Emmanuel. Parece increíble que nuestra tierra dé tal fruto. Es la gloria de Dios que nos envuelve y la salvación nos libera de todo pesimismo. A los que la acogen se les da poder para ser hijos de Dios.

¡Que Dios te bendiga, te guarde, haga brillar su rostro sobre ti, y te de la paz!

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2012: HAZ QUE CUENTE

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Evangelio Seglar Domingo 1 de Enero de 2012


Publicado por Ciudad Redonda

COMENTARIOS DE SEGLARES

DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(Matrimonio con dos hijos, trabajan ambos, pertenecen a movimiento conyugal)

Si cerramos los ojos, podríamos imaginar a los pastores como un grupo de niños, alborotadores y divertidos, que tras recibir el anuncio del Ángel, acudieron curiosos y veloces a Belén a ver a Aquel niño recién nacido. Fue la contemplación del mismo Dios hecho hombre, hecho bebé, lo que los transformó y les hizo volver dando “gloria y alabanza a Dios”.
Ojalá ese sea el dios que transmitamos a nuestros hijos, un Dios que transforme, un Dios que les dé alegría, un Dios que les haga saltar de júbilo y alabar Su creación, un Dios que les haga pregonar todo lo que de Él hemos aprendido, un Dios que, al fin y al cabo, sea para ellos Camino, Verdad y Vida.

DESDE LA SOCIO-ECONOMÍA
(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)

Jesús nace a las afueras, en una cuadra, en un lugar nada bucólico. Nace en los márgenes de la sociedad de su época, como los humildes, como los sin poder, como tantos recién nacidos que, hoy, ven la luz en lugares donde la precariedad, el hambre y la necesidad campan a sus anchas. Y son los parias de la época, los pastores los que dan testimonio y se admiran de lo ocurrido.
Así lo quiere Dios, y nos cuesta tanto entenderlo que dulcificamos y manipulamos su mensaje. Dios quiere cambiarnos por dentro y cambiar el mundo pero desde los empobrecidos, desde los últimos. Al crecer Jesús también se rodeó de gente pecadora, cabezota, humilde...indeseables.
Por eso, en mi humilde opinión, es tan crucial que nos abajemos, que nuestro referente vital sean los últimos (en todos los sentidos), que compartamos con ellos su vida, que nos unamos a sus luchas, que elijamos la austeridad liberadora y solidaria, que participemos de sus movimientos de emancipación, etc.
Y que todo lo vivido lo vayamos meditando en nuestro corazón para poder entender cómo Dios actúa en nosotros y en el mundo.

DESDE LOS NECESITADOS
(mujer, casada, con cuatro hijos, voluntaria de Cáritas)

!Qué mejor manera de empezar el año, que celebrando el día de María, la Madre de Dios!
En este evangelio,encontramos como protagonistas a los pastores. En aquel tiempo, ellos eran considerados los últimos de la sociedad. Dios rompe los esquemas del mundo y con su poder hizo, que ellos fueran los primeros a los que el ángel anunciara el nacimiento de su Hijo. Si esta lectura la trasladásemos a nuestro tiempo, aquellos que son los excluidos de la sociedad, o sea los empobrecidos de la tierra, serían los primeros, a los que Dios se manifestaría. Doy gracias al Señor, por poder estar cerca de los que sufren, pues ellos son los que pueden transformar nuestro corazón. Pidamos a María, en este día, su ayuda para tener un corazón sensible y generoso con el que nos necesite y podamos dar motivos de nuestra esperanza al mundo.

PARA REZAR
(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Te damos Gracias, Dios Padre nuestro,
porque Tú pones a nuestro alrededor
a personas que nos anuncian cada día
la Buena Noticia de tu Evangelio.
Nosotros te damos Gracias y te Alabamos
porque te hemos buscado y encontrado,
hasta lograr verte, conocerte y adorarte.
Gracias, Padre, porque Tú nos cuidas con cariño,
a lo largo de toda nuestra vida, y porque Tú pones
a tus Mensajeros en nuestro camino cada día,
anunciándonos tu Amor, Misericordia y Salvación.
Te damos Gracias, Dios Padre nuestro, porque
en nuestra vida nos acompaña siempre tu Madre,
nuestra Madre la Virgen María y Reina de la Paz,
que nos enseña a acoger tu Palabra de Vida
para guardarla y meditarla en nuestro corazón.
Dios Padre Bueno y Misericordioso, te alabamos
y te pedimos que este nuevo año que hoy comienza
sea para cada uno de nosotros una buena oportunidad
de profundizar en tu Palabra a través de la oración,
y de nuestras buenas actitudes y acciones,
para poder ponerla en práctica en nuestra vida diaria,
aceptando siempre con fe y confianza Tu Voluntad,
y logrando ver en nuestra vida tu Presencia cada día,
en la profundidad de los acontecimientos cotidianos.
Ten Misericordia de todos nosotros, Dios nuestro,
y transfórmanos en portadores de tu Buena Noticia
para ir por todas partes anunciando tu Evangelio,
con alegría, ilusión y sin cansancio, a cada persona. Amén.

PARA VIVIR ESTA SEMANA
(matrimonio, dos hijos, él trabaja, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Necesariamente el ser cristiano implica acciones, que van desde los pequeños gestos a los compromisos más generosos. Muchas veces mirándonos a nosotros mismos nos damos cuenta de que esta “acción” es insignificante y/o escasa. Este ejercicio de examen de conciencia es necesario hacerlo de forma cotidiana y sin autoengaños para seguir creciendo. Pero podría ocurrir también que nos llevara al desánimo, y del desánimo al abandono: “total para qué, si no voy a cambiar”.
Ante esto leemos en el Evangelio como “María lo guardaba todo en el corazón”. Intentemos nosotros hacer lo mismo en todo momento, en cada una de nuestras circunstancias: poner continuamente nuestra vida ante el Dios de la misericordia y el amor. Él que nos conoce mejor que nosotros mismos, nos animará a ser más generosos en nuestros compromisos, nos librará de autoexigencias vanas y perfeccionismos que solo nos quitan la paz, y nos ayudará a escoger los caminos que debemos transitar

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viernes 30 de diciembre de 2011

1 de Enero de 2012: SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA (Lc 2, 16-21) : "AÑO NUEVO Y TAMBIÉN FELIZ"



● Ruego por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor.
● Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.
● Leo el texto. Después contemplo y subrayo.
● Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... Jesús cuestiona mi relación con el dinero, mi consumo... También me puedo preguntar si todas los otros aspectos de mi vida los intento vivir para Dios.
● Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio... ¿Qué testigos encuentro que son libres ante el dinero, tienen coherencia personal, tienen unidad de vida?
● Llamadas que me hace -nos hace- el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso.
● Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

"AÑO NUEVO Y TAMBIÉN FELIZ"

VER

Creo que pocas veces habremos dicho con tanta sinceridad como este año la manida frase: “Feliz Año Nuevo”.
Pocas veces, a nivel general, hemos necesitado tanto que el Año Nuevo sea “Feliz” o, por lo menos, algo mejor que los años que acabamos de pasar. A pesar de la alegría y la fiesta con que la mayoría van a recibir el nuevo año, creo que pocas veces el inicio de un nuevo año ha estado envuelto en tantos interrogantes e incertidumbres como este Año Nuevo trae consigo. Por eso podemos pensar: ¿Cómo será posible que el Año, además de “Nuevo” sea también “Feliz”?


JUZGAR

Por lo mucho que necesitamos que el Nuevo Año sea también “Feliz”, este año debemos tener presente con especial intensidad la primera lectura de la Palabra de Dios que hemos escuchado: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine tu rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz. En este primer día del Año Nuevo no sólo nos felicitamos unos a otros deseándonos “Feliz Año Nuevo”; como cristianos pedimos la bendición de Dios, invocamos la protección y el favor de Dios para todos, para que, por su acción, el Año Nuevo sea verdaderamente “Feliz”.
Pero una bendición no es un amuleto o un talismán que teóricamente nos va a proteger de lo malo. El hecho de pedir la bendición de Dios no borra de un plumazo los interrogantes, las incertidumbres… ¿Qué más debemos hacer para que el Año Nuevo sea también “Feliz”?
La Palabra de Dios de nuevo nos orienta, y en este primer día del Año Nuevo vuelve a ponernos delante del Misterio de la Navidad. El Evangelio que hemos escuchado nos invita a hacer como los pastores que fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al Niño. Hoy hace 8 días que celebramos la Navidad, y quizá necesitemos recordar lo que decíamos ese día: celebrar la Navidad es celebrar que Dios es Amor, que somos amados por Él, y por eso se hace uno de nosotros para que, por su Hijo, podamos encontrarnos con Él y amarle y sentirnos amados. Y decíamos que, si un encuentro entre nosotros consigue transformarnos, mucho más debe hacerlo el encuentro personal con Dios.


ACTUAR

En este primer día del Año Nuevo, ¿qué pienso que haría falta para que también fuese “Feliz”? ¿Qué incertidumbres, preocupaciones, inquietudes… continúan? ¿Las medito en mi corazón, las llevo a la oración? Una semana después de Navidad, ¿sigo contemplando su Misterio, sigo meditando en mi corazón lo que significa para mí, para todos, el Nacimiento del Hijo de Dios?
Como hemos dicho en la oración colecta, Dios… por la maternidad virginal de María entregó a los hombres los bienes de la salvación. Ella, Madre de Dios y Madre nuestra, intercede por nosotros para que el Año Nuevo sea también “Feliz”, que nos sintamos felices porque somos hijos de Dios.

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Evangelio Misionero del Día: 31 de Diciembre de 2011 - TIEMPO DE NAVIDAD SÁBADO - DÍA VII INFRAOCTAVO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 1-18

Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz,
sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de Él, al declarar:
«Éste es Aquél del que yo dije:
El que viene después de mí
me ha precedido,
porque existía antes que yo».
De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios;
el que lo ha revelado es el Dios Hijo único,
que está en el seno del Padre.


Compartiendo la Palabra
Por Clemente Sobrado cp

Una de las cosas más bellas que nos revela la Navidad es que Dios no es mudo, sino que Dios habla. Dios es palabra.
Y lo más bello todavía es que:
No solo dice palabras como nosotros.
Dios mismo todo él es palabra.
Todo en Dios habla.

¿No les parece estupendo que nosotros:
En vez de hablar tantas palabras,
Toda nuestra vida fuese toda ella palabra.
Está bien que hable nuestra lengua.
Mejor aún si hablase nuestra vida.
Que toda nuestra vida fuese palabra.
Porque todos somos conscientes de que:
Hay demasiadas vidas mudas.
Vidas que no dicen nada.
¿Y para qué queremos vidas mudas?

La Navidad es la gran Palabra de Dios.
La Navidad Dios revelado como palabra.
Pero además es una palabra de lo más original:
En esa palabra hay “creatividad”: “todo se hizo por ella”.
Porque Dios comenzó creando por medio de la palabra: “Y dijo Dios…”
En esa palabra hay “vida”: porque cada palabra de Dios despierta vida en nosotros. No es palabra que hiere o mata, sino palabra que hace brotar la vida.
En esa palabra hay “luz”: y quien la escucha ya no camina en tinieblas.


Flickr: danibegood2001
La Navidad nos revela:
No un Dios solitario y aburrido.
Sino un Dios que es comunicación y es comunión.
Comunicación y comunión al interior de él mismo.
Y comunicación y comunión con cada uno de nosotros.

La Navidad es el Dios con nosotros, cercano a nosotros, hecho uno como nosotros.
La Navidad somos nosotros con Dios, cercanos a Dios y hechos rostros humanos de Dios.
Cuando nosotros queremos ver nuestro rostro necesitamos de un espejo.
Cuando Dios quiere ver su rostro, solo necesita mirar a su hijo encarnado y hecho hombre en un establo de pastores.
Cuando nosotros queremos vernos a nosotros mismos, el mejor espejo es mirarnos en el Niño en el pesebre.
Cuando Dios quiere verse a sí mismo, le basta mirarnos a nosotros.

La palabra es para decirnos a nosotros mismos.
La palabra es para decirse Dios a los hombres.
Por eso mismo la Navidad es:
La fiesta de la palabra.
La fiesta de la comunicación.
La fiesta de la comunión.
La fiesta del “decirse de Dios a los hombres”.
La fiesta del “decirnos nosotros a Dios”.
La fiesta del comunicarnos y del “decirnos los unos a los otros”.
La fiesta del “encuentro” de Dios con nosotros.
La fiesta del “encuentro” de nosotros con Dios.
La fiesta del “encuentro” entre nosotros los hombres:

La fiesta del “decirse” a sí mismos los esposos.
La fiesta del “decirse” los padres a los hijos.
La fiesta del “decirse” los hermanos entre sí.
La fiesta del “decirnos” todos a todos.
La fiesta del “decirnos” a todos como luz.
La fiesta del “decirnos” a todos como vida.

El disentir nace también de la acción del Epíritu Santo, también de nuestras diferencias personales:
El Espíritu habla a todos y a cada uno de manera diferente.
Ahí está la pluralidad de carismas.
No para dividir sino para crear comunión en la diversidad.

¿Por qué marido y mujer han de pensar igual?
¿Por qué los hijos y padres tienen que pensar igual?
¿Por qué en la Iglesia hemos de tener todos los mismos criterios?
Es la diferencia la que enriquece el matrimonio, la familia y la Iglesia.

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jueves 29 de diciembre de 2011

LA HOMILÍA MÁS JOVEN: COSAS DE VIEJOS, O ¿TAL VEZ MUY JÓVENES?


30 de Diciembre: Fiesta de la Sagrada Familia
Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Se ha puesto de moda decir, las estadísticas lo indican, que el valor más acreditado entre nosotros, es la familia. Yo me pregunto, a la luz de lo que las estadísticas también proclaman, ¿de qué familia hablan? Ya que han cambiado las definiciones de matrimonio en muchos sitios y la estabilidad no es precisamente una característica de lo que ahora llaman simplemente pareja. A un encuentro entre casados y descasados, con juntados y rejuntados, no creo que así se le pueda llamar. Me parece, mis queridos jóvenes lectores, que es preciso que hoy, que los cristianos homenajeamos a la que llamamos Sagrada Familia, debemos revisar nuestros criterios.

2.- Es una labor, la de corregir, que no os debe extrañar, en todos los campos debe hacerse. Os pondré un ejemplo. En mis lejanos tiempos de primaria, estudié que el metro es “la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre”. Para llegar a esta definición fue preciso que geógrafos y matemáticos, trabajaran intensamente sobre una línea imaginaria que unía Dunkerque con Barcelona. Por diversos lugares encuentra uno monumentos a ellos dedicados. Pero en bachillerato, la definición que estudiamos era distinta, se refería a la distancia entre dos muescas grabadas en una barra de platino iridiado, que se conservaba en París, en un museo. Hoy en día los criterios de definición son tan complejos, que sería pedantería que os escribiera aquí, lo que los sabios han dictaminado.

2.- La familia rural, hasta tiempos recientes, era dispar en sus costumbres, de la que vivía en la gran capital. Estoy refiriéndome a la península ibérica. Si acudiéramos a otros continentes y a los criterios que tienen religiones que no son cristianas, sea animismo o islam, por poner un ejemplo, encontraríamos grandes diferencias entre ellas.

3.- Con sinceridad, debemos reconocer que entre nosotros, los de cultura cristiana, hemos sufrido generalmente, una degeneración de mayor o menor intensidad, que la ha dejado lesionada. Volviendo al ejemplo de más arriba, en las empresas, los responsables del control de calidad, deben proveerse de objetos oficialmente contrastados que les llegan del “museo de pesas y medidas de Paris”. Tanto si se trata de una probeta, como de un termómetro. Si la producción industrial exige esta dedicación estricta y minuciosa a la inspección de cualidades, una realidad humana de tal categoría como la que tiene la familia, deberá ser sometida a examen con frecuencia.

Creo que es preciso que ya inicialmente, estemos convencidos de que el matrimonio cristiano está hecho a la medida y con las posibilidades que tenemos los cristianos y que es posible vivirlo con firmeza y coherencia, si se goza del recurso, genuinamente cristiano, de la Gracia.

4.- Para la fiesta de la Sagrada Familia se nos ofrece un relato que a nuestra experiencia de hoy resulta chocante. Los protagonistas son una joven de unos trece años (cualquier monitor la llamaría con desdén niña), casada con un joven de incierta edad, pero que decir que era un anciano viudo e impotente, como tantos desde antiguo afirman, es indudable que facilita la solución a ciertas incógnitas, pero que no lo encuentro de buen gusto. Y que conste que a Dios le agrada hacer las cosas bien hechas y de bella apariencia. En el otro extremo del relato, se encuentran los dos viejecitos. El que todos dirían que chocheaba, todos menos Dios y los suyos, que se llamaba Simeón, al que, imprudentemente, dejó tener el Niño en sus brazos la Madre. (No me diréis que no lo es, cederlo al que está próximo a morir, carece de reflejos y su aguante muscular tampoco destacaría). Las palabras que pronuncia, las repetimos por la noche los que rezamos la Liturgia de la Horas. Si él dijo entonces que ya podía morir satisfecho, pues había visto al Salvador, nosotros le decimos que nos vamos a descansar, complacidos de que durante el día hemos sentido a nuestro lado al Señor. La cuarta actriz, que no secundaria o comparsa, es la parlanchina Ana, de apellido Fanuel, de oficio profetisa y de condición viuda persistente, al parecer sin hijos.

5.- ¿Dónde está la enseñanza? ¿Qué pueden aprender de ellos nuestros jóvenes, vosotros, mis queridos jóvenes lectores? Pues dos cosas muy sencillas: Amor y Fidelidad. No hace falta salir juntos unos cuantos años, hasta llegar a cansarse y decidir organizar todo el show de una boda, ni tener el piso legalmente hipotecado, ni la lavadora, ni el utilitario, ni contrato laboral seguro. Muchos, con todos estos requisitos, han fracasado.

6.- Amor y fidelidad, son las materias primas, que germinan y crecen lozanas, si hay vida interior. Pueden cambiar los horarios de convivencia, la situación económica, los hijos y la salud. Teniendo ante los ojos de la mente a la Sagrada Familia, esta institución, la nuestra, pese a que no será tan santa como la de Jesús, José y María, gozará de buena salud y porvenir seguro. “Casarse por la Iglesia” sin vivir la riqueza espiritual de la Gracia Santificante, es, por lo menos, imprudencia.

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30 de Diciembre: Fiesta de la Sagrada Familia : ¡BENDICE NUESTRAS FAMILIAS!



1.- ¡Algo santo y bueno tiene la familia cuando, el Señor, quiso nacer en una de ellas!

*Bendigamos a Dios por esta gran institución en la que, siendo pequeños, recibimos el calor, el amor y el cuidado de nuestros padres.
*Bendigamos a Dios por esta iglesia doméstica, donde aprendimos los grandes valores de la vida
*Bendigamos a Dios por esta comunidad de fe, la familia, en la que nuestros padres nos han enseñado que, el cielo, es el hogar definitivo; que existe un Padre que nos ama con locura; un Hijo que murió por salvarnos y un Espíritu que nos anima y nos empuja para ser buenos cristianos.
*Bendigamos a Dios porque, a pesar de los avatares que está padeciendo, tarde o temprano –la familia- volverá a ser el alma, la recuperación, el futuro y la salud de nuestra sociedad. Porque, en la resistencia activa, es donde viene el triunfo de la verdad sobre la mentira.
*Bendigamos a Dios, en este día de la Sagrada Familia, porque en Belén se nos descubre que, la familia, es perdón, amor, comprensión, crecimiento, gratuidad y ganas de salir al encuentro de los demás.

2.- Celebrar, en el marco de la Navidad, el día de la Sagrada Familia, es dejar que espontáneamente surja un canto de agradecimiento al Señor por aquellos que hemos tenido la suerte y la alegría de nacer y crecer en una familia.

Estamos viviendo un mar de confusión en muchos aspectos. Por ello mismo, la familia, tal y como una inmensa mayoría la entendemos, siempre será aquel lugar donde responsablemente nacen y crecen los hijos bajo la autoridad, responsabilidad, compromiso y cercanía de los padres.

-No faltarán complicaciones: pero la fe saldrá a su encuentro

-Surgirán momentos de incomprensión: el perdón se hará gran aliado y buen bálsamo para las heridas

-Brotarán instantes de incertidumbre y hasta múltiples crisis: pero el viento de la constancia, de la caridad y de la prudencia, logrará que se disipen los nubarrones que impiden ver el sol.

-Bendigamos a Dios, de todo corazón, por la familia. En ella nos situamos ante el mundo. Sin ella, el mundo, las ideologías, la sociedad, nos roban nuestra intimidad y hasta nuestra personalidad.

El Señor, en Belén, nació con un sello indiscutible: IMPRONTA DEL DIOS VIVO. No podemos consentir que, nada ni nadie, usurpe lo que es genuino y derecho de toda familia: educar según los sentimientos y pensamiento de los padres.

3.- José y María, para Jesús, quisieron y buscaron lo mejor. Avisados en sueños de las intenciones de Herodes, dieron con un lugar seguro para que, Jesús, pudiera un día cumplir su misión.

También nosotros, miles y miles de familias, somos avisados por el ángel del Señor para que seamos responsables en el cuidado de la educación de los hijos; para que no caigamos bajo las garras de los “nuevos Herodes” que intentan construir y manipular marionetas, donde existen conciencias y personas.

Que la Sagrada Familia nos haga ser fuertes, valientes y decididos. Que este año, a punto de expirar, sea para nosotros una llamada a tomar conciencia del papel que hemos de jugar todos por recuperar, fortalecer y dar más vigor a nuestras familias en el conjunto de la sociedad.

4.- Una familia; Jesús, José y María, han logrado cambiar la fisonomía, el corazón, la cultura y el pensamiento de millones de personas y de decenas de países. Que nuestras familias, con una buena salud espiritual, sean también una aportación a la paz y a la energía general de nuestra sociedad.

Dios nos acompaña en ese cometido. ¡Feliz Navidad en familia!

5.- ¡HOGAR DE JESUS!

En ti, sintió las primeras caricias de amor
y los arrullos de una mano de Madre virginal
En ti, Jesús, percibió la luz de una estrella
que llamaba a su pueblo a la fe y a la adoración,
al asombro y a la oración

¡DIOS NACIA EN FAMILIA!

En ti, familia de Nazaret,
Jesús aprendió a mirar hacia el cielo
a descubrir que, Dios, estaba presente en todo
En ti, una Madre con el nombre de María,
nos dio el amor de Dios en un pesebre
En ti, José, miró con serenidad y autoridad
los primeros pasos de Jesús

¡HOGAR DE JESUS! ¡FAMILIA BENDITA!

En ti, los ojos de los humildes,
se postraron para ofrecer sus dones
En ti, las rodillas reales
doblaron su poder para entregar al primogénito
el oro de la realeza
el incienso divino
la mirra de la humanidad.

¡HOGAR DE JESUS! ¡FAMILIA DE JESUS, JOSE Y MARIA!

Eres destello de paz y de armonía
Eres lección que nunca se olvida
Eres buena nueva para tantos hogares rotos
Eres anuncio de una sociedad nueva
En ti, la sencillez y la obediencia,
la pobreza y el silencio,
la bondad y la paz
son el mejor tesoro y lo más valioso.

¡HOGAR DE JESUS! ¡FAMILIA DE JESUS!

Rincón para el crecimiento
Árbol donde se robustece y se diviniza el amor
Casa donde se acoge al mismo Dios
Comprensión y acogida del Misterio
Alimento de amor y de fe

¡HOGAR DE JESUS! ¡FAMILIA DE JESUS!

Lugar donde Dios habita
Altavoz, donde el amor de Dios habla
Cuna, en la que el Niño Dios gime y llora
Portal, donde el hombre se asoma, adora y reza
Ayúdanos, Sagrada Familia de Jesús,
a formar parte un buen día
de esa gran mesa a la que estamos invitados a sentarnos
todos los hijos e hijas de Dios.

Amén.

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Los barberos no existen


Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la barba, como es costumbre. En estos casos entabló una amena conversación con la persona que le atendía.

Hablaban de tantas cosas y tocaron muchos temas, de pronto tocaron el tema de Dios, el barbero dijo:
- “Fíjese caballero que yo creo que Dios no existe, como usted dice”.

- “Pero, ¿por que dice usted eso?” -, preguntó el cliente.
- “Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe, o dígame, ¿acaso si Dios existiera, habrían tantos enfermos, habría niños abandonados?, si Dios existiera no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad, yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas”.

El cliente se quedo pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Recién abandonaba la barbería vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo, al parecer hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado.

Entonces entro de nuevo a la barbería y le dijo al barbero:
- “¿Sabe una cosa? los barberos no existen”.
- “¿Como que no existen?” -, preguntó el barbero – “Si aquí estoy yo y soy barbero”.
- “¡No!” -, dijo el cliente – “No existen, porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle”.
- “Ahh, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mi”.
“¡Exacto!” -, dijo el cliente – “Ese es el punto, Dios sí existe, lo que pasa es que las personas no van hacia Él y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria”.


Publicado por Animación Recursiva

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Evangelio Misionero del Día: 30 de Diciembre de 2011 - LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ. (FIESTA)


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación de ellos, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor». También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz,
como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas
y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de Él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él.

Compartiendo la Palabra
Por Rosa Ruiz. Misionera Claretiana

Hoy es un día para orar por la familia, por todas las familias y saber que el mismo Dios quiso vivir en familia. Desde muy pronto, la teología cristiana vio muy pronto que esto de “ser familia” tiene mucho que ver con el Dios cristiano. Lo más claro es Jesús, en el Dios que se encarna y que lo hace en lo concreto y sencillo de un lugar cualquiera... pero en familia. Eso sí, una familia que no era precisamente la “norma” o lo habitual en la comunidad judía (y sin embargo, familia y familia bendecida por Dios como ninguna otra). Pero esa familia encarnada sólo es reflejo –imagen y semejanza podríamos afirmar- de la familia que es Dios mismo, Dios Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo. Quizá te suene un poco forzado o un poco elevado o un poco... ¡imposible! Quizá. Pero, ¿acaso no sería hermoso creer de verdad que nuestro Dios es familia, que todo ser vivo es familia de algún modo, ¡y cuanto más el ser humano, imagen y semejanza de Dios! Quizá, entonces, pondríamos el acento de lo irrenunciable en otras cosas. No subrayaríamos como lo esencial de la familia cristiana algo que no tuviera que ver con la Trinidad misma... “Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada”, dice Pablo en la segunda lectura de hoy. Ahí está el corazón de la familia, de la sagrada familia y de toda familia que quiera ser santa, que quiera ser más humana y más evangélica.
Un día más, la liturgia pone delante de nuestros ojos y nuestro corazón el amor.... No un amor blandengue que termina en cuanto nos damos la vuelta... No un amor que enjuicia continuamente y supone tener el criterio eterno para decir qué es y qué no es buen, bello y verdadero... No... El amor de Dios Trinidad, el amor de Nazaret hecho humano y limitado, parece que se acerca más bien a esa escucha total y absoluta, esa disponibilidad tan grande que es entrega, esa gracia que acompaña de tal modo a quien se deja, que como si fuéramos un niño más, nos hace crecer y robustecernos, llenarnos de sabiduría... Es decir, nos hace ser un poquito más como Jesús, que “iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba”. Que así sea.

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A pesar de todo es Navidad


Por Mons. Juan José Aguirre
Publicado por Ciudad Redonda

Son las 5 de la mañana en Zemio, una de las once misiones de la diócesis de Bangassou, al sur de la República Centroafricana. El gu-gú de madera toca diana y su repiqueteo de tronco hueco a dos tonos llama a la comunidad de la pequeña iglesita del pueblo. Se acerca la Navidad. Para nosotros será una Navidad ambivalente: Navidad de cal y Navidad de arena.
Llevo diez días recorriendo algunas de las 300 pequeñas comunidades que tiene la diócesis animándolas a vivir las fiestas con alegría a pesar de las amarguras de la vida.
Esta diócesis de 125.000 Km2 es muy pobre (la República Centroafricana es el segundo país por la cola en el ranking del Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas), aislada del resto del país por pistas de selva sin asfaltar, a veces impracticables. La esperanza de vida al nacer es de apenas 40 años. Toda esta zona es un inmenso campo de refugiados y desplazados.
En estos días me he movido por pistas en la selva, entre 250 y 300 kilómetros, acompañado por una representación de la parroquia, sin escolta militar, a pesar de que los ataques de los rebeldes del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, en siglas inglesas) son frecuentes. Somos cuatro animadores en esta visita de evangelización. Si nos ponen para protegernos, como quieren las autoridades, dos militares armados de kalasnikoff y una ristra de balas en las cartucheras, la magia de la proclamación del mensaje de la paz de Dios se rompe como un cristal antes de abrir la boca.
Llevo diez días en la zona de Zemio leyendo, en las capillas de paja y barro, el Evangelio, charlando, rezando y haciendo una lista de razones para la esperanza. Les digo que el milagro de Navidad es precisamente el de un Niño que saldrá victorioso a pesar de nacer en un olvidado portal de Belén. Ese niño debe llenar nuestra vida de alegría. Pero la gente mira al suelo y me dice que ponga los pies en la tierra y que el frío y la inseguridad del portal de Belén son a su vez el símbolo de las palizas impresionantes que lleva recibiendo este pueblo zande desde hace cinco años.
Su reacción es una cruda bofetada de realidad. La verdad es que más de la mitad de la diócesis, justamente Zemio está en el centro de esa zona, está "ocupada". Los rebeldes del LRA nos han invadido, han robado y sembrado la desolación y el miedo, han matado, violado y raptado jóvenes por centenares, y nos han hecho la vida casi imposible.
Es tremendamente agridulce hablar aquí de Navidad. Todo el camino está jalonado de cabañas en estado precario, techos de paja, lonas de plástico duro con el logotipo del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, chozas de quita y pon, abrevaderos y toldos azules para los desplazados a causa de la inseguridad de la región.
Aquí Jesús en la cuna aparece ya crucificado. Es la cara y la cruz de nuestra presencia en la diócesis de Bangassou. Gozo y miseria agarrados de la mano. Jesús de Navidad en todo su esplendor pero recostado sobre pajas nauseabundas. Jesús en el portal de Zemio, ciudad sitiada por la guerrilla, transida por el miedo y el recuerdo de sus niños todavía rehenes en la selva.
Intentamos dar razones de vida a gente que acaba de tener experiencias de muerte. Es Navidad, pero el campo de refugiados sigue tal cual. El catequista Pascal, hombre de Dios desde hace 30 años, me contaba ayer cómo un mísero soldado rebelde violaba a su mujer Angelina hace apenas unas semanas, a primeros de noviembre. Ella, su mujer de toda la vida, me vino a saludar con una sonrisa en los labios. Pienso que aquí en África las mujeres tienen agallas para afrontar con aplomo las experiencias más trágicas.
Selva habitada
Ayer tuvimos la Misa en un pueblo de la selva. Empezamos prontito para terminar antes del atardecer para que la gente pudiera recogerse o pasar la noche escondida en la selva antes del obligatorio toque de queda. En la iglesia no cabía un alfiler. Los cantos cercanos a la Navidad estallaron con alegría entre tambores y xilófonos de madera, una alegría, sin embargo, impregnada de tristeza, mirando de reojo la oscura espesura habitada de sombras.
Esos cantos fueron la mejor alegría que pudimos ponerle a esa Misa de parroquianos flotantes.
Vinieron algunos de los 4.500 refugiados congoleños que han pasado la frontera para huir del LRA, también ellos condenados a salvar el pellejo como pueden. Los cantos, el ritmo, la danza meditativa, la oración bulliciosa y las numerosas comuniones son el eco de la gran fe y paciencia de este pueblo.
Hace tan sólo dos meses que Zemio fue atacada por los rebeldes del LRA (Armada de Resistencia del Señor). Ese día este pueblo se convirtió en la antesala de la brutalidad y el desquiciamiento. Rebeldes que ni son un ejército, ni resisten a nada más que a su chiflada andadura, ni son del Señor, porque son simplemente unos vándalos asesinos que pisotean a esta pobre gente en la más completa impunidad. Es un grupo de chiflados que huyen por la selva de la República Democrática de Congo, la República Centroafricana y Sudán desde principios de siglo.
Entraron en un barrio de Zemio cogiendo a los gendarmes por sorpresa mientras se lavaban detrás de sus casas. Desnudos. Cuando éstos, entre los ramajes, vieron llegar a media tarde tres docenas de exaltados armados hasta los dientes, acicalados con una ristra de cascabeles mágicos "ahuyenta-balas" y gritando a todo pulmón, no se atrevieron a salir de las letrinas. El LRA arrasó el barrio como una apisonadora machaca la hierba del camino. Luego se llevaron a la fuerza a un grupo de jóvenes para hacer de porteadores y, de paso, abusaron de Angelina y de otras más…
En manos de desaprensivos
Dicen de un pueblo que cuanto más pobre es más religioso. Mi pueblo es pobre y aquí en Zemio esta regla se cumple. El pueblo autóctono con quien yo vivo desde hace 32 años es religioso por naturaleza, tiene el nombre de Dios en los labios, el nombre de sus hijos lleva implícito el nombre de Dios y para ellos acción y contemplación es un binomio unido, dos caras de la misma moneda. Los muchos que no saben leer aprenden versículos del Nuevo Testamento de memoria y los repiten como un mantra cuando la desgracia acecha.
El día en que abusaron de Angelina y el desaprensivo huyó como una comadreja en tierra quemada, ella pasó toda jornada recostada sobre su marido, la mirada perdida en la lejanía, recitando mantras para serenar su espíritu martirizado. Repetir: "no tengas miedo, que yo soy tu fortaleza" una y mil veces recargaba en su espíritu la paz que aquel sinvergüenza, ahíto de lujuria, había vaciado con la violencia.
El día a día de esta gente, que ha acogido a miles de refugiados congoleños sin pedirles papeles, sin cortapisas ni redadas policiales, que ha abierto sus casas y sus pertenencias a los sin techo de esta tierra, es muy duro. La vida de Angelina y de Pascal, es dura como una roca. Es como quien viste una camisa varias tallas más estrecha o un jersey al que se le han ido varios puntos (el de la seguridad, el de la salud, el del comer cada día, el de varios derechos fundamentales y esenciales…) y acaba deshilachándose.
Viven con menos de un euro al día pero se preparan a vivir la Navidad porque la fragilidad del Niño Dios es comparable a la suya, y las miserias compartidas se sobrellevan mejor.
El 18% de esta población está infectada de Sida. El sida comporta un reguero interminable de problemas: jóvenes que tienen por mañana un muro de hierro coronado de púas, huérfanos abandonados a su suerte, abuelas con cargas difíciles de llevar, ruptura de medicinas ARV (antirretrovirales) por robo en las aduanas del aeropuerto de la capital, Bangui… un volumen de sufrimiento que mi gente soporta con dignidad.
Torcer el destino
El año pasado fui testigo de cómo vivieron allí el día de Navidad. Después de una Misa coral supercantada, todos querían torcer el destino con gestos de amor. Los dos sacerdotes centroafricanos invitaron a la gente a continuar la fiesta fuera de la iglesia. Entonces una larga y heterogénea fila de pobres fue llevada lentamente hacia el lugar en donde la comunidad de la parroquia de Zemio había preparado para ellos la comida de Navidad. Las tres religiosas franciscanas latinoamericanas estaban también en primera fila. La fe concretizada en ágape.
Habían arañado en sus bolsillos y comprado carne de mono y antílope. Prepararon un sencillo menú del día porque querían vivir su fe dando de comer a los que menos suerte han tenido en la vida. En Centroáfrica hemos llegado a un nivel de pobreza nunca conocido antes. La presencia de numerosos organismos humanitarios no ha conseguido parar el efecto dominó que la crisis económica mundial provoca en África. Además, nos parece que muchos de estos organismos vienen a servirse antes que a servir. Para más de uno el LRA es un negocio.
La pobreza afecta a la mayoría de los 3,7 millones de habitantes del país, desigualmente repartidos en un territorio de 623.000 Km2. En la fila hay mendigos, desfigurados por la lepra, desahuciados en el corredor de la muerte de la fase terminal de sida, tocados por la demencia senil, huérfanos y viudas, cojos y amputados por el abuso de la caza furtiva con escopetas caseras, ancianos y desvalidos, desdentados y tuertos, pacíficos recalcitrantes en la mala suerte, madres solteras y viejecitas abandonadas debajo de un árbol… La flor y nata de la desventura humana se dio cita en esta comida de Navidad en Zemio, entrada libre para más de 100 comensales.
Se preparó debajo de un frondoso mango con la alegría del que vive su fe cristiana a través de Mateo 25: "Tuve hambre y me disteis de comer". Fue seguramente el único día del año en que este montón de viejitos, desgraciados y dementes pudieron comer a discreción. Zafarrancho de amor en lugar de zafarrancho de supervivencia. Y después de la barra libre de limonada, todos sacaron una bolsita de plástico para recoger los restos y rebañar los fondos de las marmitas. Por una vez, es Navidad: ¡viva la abundancia!
Mons. Juan José Aguirre. Desde Bangassou (R. Centroafricana)

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miércoles 28 de diciembre de 2011

Evangelio Misionero del Día: 29 de Diciembre de 2011 - TIEMPO DE NAVIDAD / JUEVES INFRAOCTAVA DE NAVIDAD (Ciclo B)


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 2, 22-35

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor». También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz,
como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas
y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».

Compartiendo la Palabra
Por Rosa Ruiz. Misionera Claretiana

“Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas”, dice la 1ª lectura. La liturgia de hoy nos aporta un nuevo criterio: ¿dices que vives unido a Dios y eres de los de Jesús? Será verdad si lo dicen tus obras, tus hechos, la verdad de tu ejemplo. O con otras palabras: sabrán en qué Dios crees por cómo actúes en referencia a todo lo que no es Dios, a los demás, a ti mismo...
El evangelio recuerda hoy a Simeón y su oración ante Jesús Niño en el Templo: “ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”. Esta oración se ha mantenido en la tradición de la Iglesia como el canto del “Nunc dimitis”, cada noche, en el rezo de Completas. Me gusta recitar esta oración cada día. Me gustaría mucho que esta oración fuera verdad en mi vida: ¿se puede pedir algo más que terminar la jornada reconociendo que mis ojos han visto a mi Salvador?
Unas veces me es más fácil reconocerLe y sentirLe... otras más difícil... unas veces mi Salvador se hace sentir en un rato de oración, otras veces en una conversación, otras veces en el cansancio de la misión, otras veces en la angustia o el vacío, otras en una sencilla sensación de estar donde tengo que estar y con quien debo estar... En fin... Lo más hermoso, en todo caso, es seguir celebrando cada día el misterio de la Encarnación, por el que Dios en persona quiere y hace posible que nuestros ojos sigan viendo a nuestro Salvador... cada día.

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martes 27 de diciembre de 2011

Murió el padre "Pichi", el sucesor de Mugica en la villa


UN HOMBRE CON COMPROMISO SOCIAL

El sacerdote José Meisegeier falleció a los 75 años por una septicemia, según informó la curia provincial de los jesuitas. Se desempeñó en la iglesia Cristo Obrero, en la villa de Retiro, hasta que en la dictadura fue trasladado a otro destino.

El cura villero José "Pichi" Meisegeier, quien reemplazó al sacerdote Carlos Mugica en la Villa de Retiro hasta 1980, cuando durante la última dictadura militar fue trasladado a otro destino, murió este martes, a los 75 años, por una septicemia, informó la curia provincial de la Orden de los Jesuitas.

"Siempre estuvo con nosotros los pobres, siempre", dijo a Télam Zulma Moreti, una vecina de la Villa 31 en un intento por definir quién era para ella el padre Pichi.

De origen alemán, el cura de la congregación de los jesuitas, optó por dedicarse a los pobres, lo que lo llevó a trabajar en la capilla de Saldías (un sector de la villa), y más tarde, tras el asesinato de Mugica el 11 de mayo de 1974, a reemplazarlo en la iglesia Cristo Obrero, de la misma villa.

Para Pichi, "el trabajo pastoral consistía en unir a los vecinos detrás de causas nobles y justas, como la defensa de los derechos humanos, y entre esos derechos, el de la vivienda", explicó la mujer de 49 años, que estuvo con él ayer pocas horas antes de morir.

Otra vecina, Amalia Aima, delegada de manzana, y representante de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) en la Villa 31, coincidió en definir al cura como un defensor de la vida.

"En plena dictadura ayudó a los vecinos que eran echados violentamente de esta villa. Más tarde, los ayudó a integrar cooperativas en localidades del conurbano como Derqui, San Miguel, José C.Paz, adonde habían sido arrojados, sin ningún tipo de asistencia. En estos últimos años colaboró con nosotros en la urbanización de algunas manzanas de la 31", contó la delegada.

Su preocupación junto a otros curas del movimiento villero fue la creación de cooperativas, como Copacabana, una organización autogestiva que logró que muchas familias consiguieran tener una vivienda por sus propios medios, explicó la vecina de la villa 31.

"Era muy sincero con nosotros, siempre venía con la verdad aunque fuera dolorosa", aseguró Aima al recordar la relación que el sacerdote mantenía hasta hace poco cuando se reunía con vecinos de la 31, y estudiantes de la universidad dedicados a la difícil tarea de urbanizar el enorme asentamiento de Retiro.

La mujer contó que "el último día que vino a la reunión lo acompañamos a tomarse un taxi. Ya no podía, tras la operación de cadera que tuvo, subir al colectivo para volver a su casa".

"Lo que puedo decir es que lo voy a extrañar, nos trataba de unir siempre y nos hablaba con un respeto...", dijo Aima entre sollozos.

El sacerdote murió este martes y a las 8.30 en el Sanatorio San José del barrio porteño de Palermo. Sus restos son velados hasta las 22 en la Casa de Nazaret, en Carlos Calvo 3121, a pasos de la Iglesia Santa Cruz, y la inhumación tendrá lugar en el Colegio Máximo, ubicado en la localidad bonaerense de San Miguel, después del mediodía.

Fuente: Télam

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Evangelio Misionero del Día: 28 de Diciembre de 2011 - LOS SANTOS INOCENTES, MÁRTIRES (Fiesta)


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 2, 13-18

Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».
José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta:
«Desde Egipto llamé a mi hijo».
Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los magos le habían indicado. Así se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Jeremías:
«En Ramá se oyó una voz,
hubo lágrimas y gemidos:
es Raquel, que llora a sus hijos
y no quiere que la consuelen,
porque ya no existen».

Compartiendo la Palabra
Por Rosa Ruiz. Misionera Claretiana

Cuando mi hermano pequeño tenía unos cuantos años menos, me preguntó por qué recordábamos hoy la matanza de los inocentes y la huida a Egipto de María, José y Jesús, si todavía no habían llegado los Reyes Magos (hay que esperar a Enero...!). No le faltaba razón. Pero mi hermano no sabía que la liturgia no siempre se rige por criterios cronológicos sino teológicos (aunque hemos de reconocer que tampoco vendría mal de vez en cuando...). Digo esto porque es fácil despistarse con la fiesta de hoy y perdernos en explicaciones más o menos históricas. Celebrar en la octava de Navidad la matanza injusta de niños inocentes y hacerlo encima, para proteger al mismo Dios, es una manera de recordarnos contundentemente que ningún adorno navideño puede hacernos olvidar la presencia del mal en el mundo: un mal que siempre es desproporcionado, doloroso, inexplicable... y si viene en nombre de Dios, peor aún.
La Navidad es tiempo de los mejores deseos, de luz, de calma... Cierto: “Dios es luz sin tiniebla alguna” y vivir en él y con Él es elegir la luz frente a las tinieblas. Pero las tinieblas existen... son reales, cotidianas... Y mientras nos alejemos de Dios (directa o indirectamente) nos acercaremos a las tinieblas. Como dice la primera lectura, “os digo esto para que no pequéis”, porque, ¿qué es pecar más que desechar la luz y arruinar todo lo luminoso frente a la oscuridad de la mentira, la violencia, la injusticia? Es fácil escandalizarse de la crueldad y la maldad de otros, pero “si decimos que no hemos pecado, hacemos mentiroso a Dios”, que afirma una y otra vez que es nuestro perdón.
En definitiva: ¿no te parece que adoraríamos al Niño de otra manera y nos estremeceríamos frente al misterio de Belén de otro modo si tomáramos en serio que la luz y la tiniebla conviven, nos rodean y ambas esperan nuestra colaboración y nuestra vida para extenderse por el mundo? Elijamos la luz... que el Niño Dios nos ayude y enseñe y empuje a elegir siempre la luz que es la Vida. Aunque en ese empeño, a veces tengamos que unirnos al cantor al decir: “soy feliz, soy un hombre feliz y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad” .

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WebJCP | Abril 2007