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sábado, 31 de diciembre de 2011

La Madre de Dios



“Nos ha nacido un Niño, un Hijo se nos ha dado.” (Is 9, 5-6)

La profecía de Isaías, que proclama la Liturgia de la Palabra de la Nochebuena, nos introduce en la Navidad y nos hace parte de ella. A todos se nos anuncia el feliz nacimiento de un niño de nuestra naturaleza, que lleva por nombre “Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz”.
¿Por qué sentir como algo nuestro a quien nació en Belén? ¿Por qué el profeta anuncia que nos ha nacido un hijo? ¿Qué parte tenemos en este alumbramiento?

Quizá, ahora comprendemos por qué a María, la madre que da a luz a su hijo primogénito, la llamará Jesús “mujer”, con lo que la eleva a ser madre de todos los que viven. Ella representa a toda la humanidad, y en ella somos todos fecundos, y a todos nos acontece el regalo de dar a luz un hijo.

Sin derecho propio, por don de Dios, el Hijo de la Nazarena es nuestro hermano, a la vez que nuestro Salvador. Por el que ha nacido de mujer, a todos los nacidos de entrañas de mujer nos acontece una identificación superior, somos semejantes al Hijo de María. En verdad nos reconocemos, en el Niño de Belén, en sus facciones, llanto y debilidad.

Dios se ha hecho hombre. Desde este momento, ser humano es la mayor dignidad. Hoy recibimos el título transformador, por el que se nos libera de la esclavitud para constituirnos en miembros de la familia de Dios, por el Hijo que nos ha nacido.

Toda la humanidad goza del regalo de la maternidad por las entrañas alumbradas de María de Nazaret. Ella es la que da su carne y sangre al Verbo de Dios, y por ella la tierra ha dado su fruto de justicia y de santidad. Nuestra tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Por este hijo sentimos redimido el nombre de la humanidad para siempre. El Hijo de Dios es también el Hijo del hombre, pertenece al género humano. En verdad ha descendido la misericordia del cielo, la fidelidad divina. Se ha cumplido la Palabra, la profecía. La justicia y la paz se besan. La santidad y la humanidad se encuentran.

¡Alégrate! Expande la noticia. Nos ha nacido el Mesías, el Señor, el Emmanuel. Parece increíble que nuestra tierra dé tal fruto. Es la gloria de Dios que nos envuelve y la salvación nos libera de todo pesimismo. A los que la acogen se les da poder para ser hijos de Dios.

¡Que Dios te bendiga, te guarde, haga brillar su rostro sobre ti, y te de la paz!


WebJCP | Abril 2007