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MISIONEROS EN CAMINO: XIV Domingo del T.O. (Mt 11,25-30) - Ciclo A: Soy manso y humilde de corazón
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sábado, 2 de julio de 2011

XIV Domingo del T.O. (Mt 11,25-30) - Ciclo A: Soy manso y humilde de corazón



● Ruego por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor.
● Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.
● Leo el texto. Después contemplo y subrayo.
● Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otras personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... Jesús reza... ¿Rezo yo al Padre unido a Jesús?
● Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el evangelio... Los sencillos... ¿nos enseñan algo sobre la acogida del Reino?
● Llamadas que me hace -nos hace- el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso.
● Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

“¿QUÉ NOS FALTA?”
VER

Según el diccionario, “cansancio” significa “falta de fuerzas que resulta de haberse fatigado, hastío, tedio, fastidio”; y “agobio” significa “actividad o esfuerzo excesivos, preocupación grave o gran sufrimiento”. Si en nuestra sociedad pidiéramos a la gente que elaborase una lista de sus cansancios y agobios, esta lista sería muy larga. A pesar de vivir en el primer mundo, mucha gente no se siente feliz sino angustiada, deseando que alguien les quite de encima las cargas que les abruman. Como me decía una persona: “Si gente que vive con mucho menos y con circunstancias personales o sociales mucho peores, es mucho más feliz que nosotros... ¿qué nos falta?”

JUZGAR

El Evangelio que hemos escuchado nos da pistas para responder a esta pregunta. Quizá en esa gente que vive con mucho menos que nosotros se cumple lo que ha dicho Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla». Esto no significa que la gente sencilla no experimente y sufra cansancios y agobios, a veces muy grandes, debido a catástrofes, hambrunas, guerras... pero aun en medio de esas situaciones, encuentran razones para seguir adelante, para no quedarse hundidos... son capaces de experimentar la felicidad de un modo que nosotros no podemos comprender.

Pero en el plan de Dios todos estamos llamados a la felicidad, Dios quiere que seamos felices, y por eso Jesús hoy nos indica qué hacer para que los cansancios y agobios no nos aplasten: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré». Ya tenemos un motivo de alegría, Dios mismo en Jesús viene a aliviarnos, es el cumplimiento de lo que hemos escuchado en la 1ª lectura: «Alégrate, hija de Sión... mira a tu rey que viene a ti...».

Pero si seguimos leyendo, quizá la alegría se nos pase, porque Jesús nos sorprende con lo que continúa diciendo; su alivio no consiste en quitarnos de encima los cansancios y agobios, sino que nos dice: «Cargad con mi yugo». ¿No llevamos ya a cuestas suficientes cargas, aún tenemos que cargar con más? Sin embargo nos avisa: «mi yugo es llevadero, y mi carga ligera». ¿En qué consiste esa nueva carga?: «aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso».

Esto es lo que nos falta para ser más felices, aun en medio de cansancios y agobios: aprender de Jesús a ser mansos y humildes de corazón, que no significa asumir una actitud pasiva o resignada («la resignación no es cristiana»), sino afrontar los cansancios y agobios con sosiego, sin dejarnos llevar por la ira, reconociendo nuestras propias limitaciones y debilidades pero desde la confianza en que Jesús Resucitado está con nosotros, y que con Él y actuando como Él, experimentaremos que el yugo que nos oprime se vuelve más llevadero y ligero.

Y podemos aprender de Jesús a ser mansos y humildes de corazón aunque creamos que los cansancios y agobios pueden con nosotros, porque «el Espíritu de Dios habita en vosotros», como escuchábamos en la 2ª lectura, y ese Espíritu vivificará nuestros cuerpos mortales.

ACTUAR

¿Qué cansancios y agobios siento? ¿Cómo los afronto? ¿Siento que me abruman, que me aplastan? ¿Qué pienso que me falta para ser más feliz? ¿Cómo evalúo mi mansedumbre y humildad de corazón? ¿Experimento que con Jesús el yugo es llevadero y la carga ligera?

Cada vez que nos reunimos para celebrar la Eucaristía, Jesús nos dice: «Venid a mí todos los que estáis cansado y agobiados y yo os aliviaré». Quizá nos falta vivir la Eucaristía como encuentro con Jesús Resucitado, como el momento privilegiado en el que encontramos nuestro descanso. Y de la celebración debemos salir aliviados, fortalecidos, porque Jesús nos enseña a ser como Él, mansos y humildes de corazón, y porque su Espíritu, que habita en nosotros, nos da fuerza para cargar con su yugo y así poder ser felices, porque hemos encontrado lo que nos faltaba: la mansedumbre y humildad al estilo de Jesús, que nos harán experimentar su presencia y su ayuda aun en medio de los cansancios y agobios que nos


WebJCP | Abril 2007