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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Día: 03 de Junio de 2011 - Sexta Semana de Pascua - Ciclo A
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jueves, 2 de junio de 2011

Evangelio Misionero del Día: 03 de Junio de 2011 - Sexta Semana de Pascua - Ciclo A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 16, 20-23a

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos:

Les aseguro
que ustedes van a llorar y se van a lamentar;
el mundo, en cambio, se alegrará.
Ustedes estarán tristes,
pero esa tristeza se convertirá en gozo
La mujer, cuando va a dar a luz,
siente angustia porque le llegó la hora;
pero cuando nace el niño,
se olvida de su dolor,
por la alegría que siente
al ver que ha venido un hombre al mundo.
También ustedes ahora están tristes,
pero Yo los volveré a ver,
y tendrán una alegría
que nadie les podrá quitar.
Aquel día no me harán más preguntas.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Jesús forma la comunidad (IV):
Como una madre cuando da a luz
“Vuestra alegría nadie os la podrá quitar”

Hoy seguimos profundizando en la tercera lección sobre la formación de la comunidad pascual.

Jesús compara su Pascua con un parto: “La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo” (16,21).

La angustia del nacimiento puede hacer pensar que no se va a sobrevivir, que hasta ahí llegó todo. Pero después que nace el bebé, el rostro de la madre se transforma completamente, no hay nada más hermoso en el mundo que el rostro de una madre feliz, llena de paz, de gozo, aún de gloria, después de los trabajos del parto.

Es así como el dolor y la aflicción pasarán: como una mujer cuando tiene un parto. El dolor le dará paso a una gran alegría y ésta alegría ni se acabará ni podrá ser arrebatada, sino que permanecerá.

La muerte de Jesús será un paso. Con la resurrección Él entrará en la vida definitiva. Entonces todos los que viven sostienen con Jesús la sabrosa amistad descrita en Juan 15, probarán un inmenso júbilo y bienaventuranza.

Así como la Cruz trajo tantas lágrimas para Jesús para los discípulos, esa misma Cruz será el motivo de nuestra libertad y de nuestra felicidad pascual, gracias a ella podemos decir hoy que hay sanación, redención, liberación, vida nueva en nuestra historia.

Llegado a este punto en su discurso, Jesús se vuelve más explícito y concluye esta parte de su enseñanza así: “También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar” (16,22).

Jesús se detiene en el tema de la alegría. La alegría pascual es la superación de la causa de nuestra tristeza. Con estas palabras nos invita para que exploremos y asumamos la tristeza de “ahora”. La causa puede estar en nosotros mismos, una esclavitud, un pecado, un problema de salud, una situación afectiva, en fin, algo que nos hace vivir continuamente melancólicos, quejumbrosos y hasta sin muchos alientos de vida. Pero puede estar también fuera: un familiar o un amigo nuestro que se vuelve causa de sufrimiento, una mala relación, una situación moral en el hogar, una situación laboral, etc.

La promesa de Jesús sobre la que se fundamenta su comunidad post-pascual es la de una alegría sin comparación, una alegría nunca antes experimentada, una alegría que tiene tres características:

(1) Es producida por el encuentro vivo con Jesús resucitado: “volveré a veros”.
(2) Es una alegría profunda, no superficial, es una alegría que viene de dentro, de la raíz de la existencia, una alegría de corazón: “se alegrará vuestro corazón”.
(3) Es una alegría permanente: “y vuestra alegría nadie os la podrá quitar”. No es la alegría de uno o dos días, mientras dura la emoción. No. Es una alegría que no se quita nunca, que no pasa, que nos acompaña hasta el final: la bienaventuranza presente que se confundirá con alegría del cielo.

Así llegaremos a lo definitivo, allí donde ya no habrá más preguntas (16,23ª).

Oremos en este día:
“Señor, queremos esa alegría. Tú, como Señor Resucitado eres el Señor de la alegría. Que nuestra vida cristiana sea manifestación de esa alegría. Que nuestras comunidades estén siempre en fiesta, en el gozo de la vida nueva que cotidianamente compartimos en la mesa, en la oración, en el trabajo compartido, en la fraternidad comunitaria.

Gracias por nuestras madres, porque ellas son el icono, la imagen viva de la Pascua. Gracias porque su rostro feliz es un rostro de esperanza para la humanidad. Gracias porque el parto que nos trajo a la luz y a la historia, se repite hoy cuando volvemos a nacer pero a la vida nueva que brota de la Cruz.

Ayúdanos a comprender la verdad de tus palabras en nuestras propias experiencias, especialmente en las tristezas que nos tocan hondamente, para que hagamos pascua en ellas, para que de nuestra cruz brote la resurrección, el hombre nuevo que, madurando en el sufrimiento, ve brotar de dentro de sí una nueva personalidad aquilatada en la tuya y fraguada en la grandeza de tu amor”. Amén.


Cultivemos la semilla de la palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Qué indica la comparación de la Pascua con un parto? ¿Qué le dice a nuestra vivencia de la Cruz?

2. Jesús habla del “gozo de que ha nacido un hombre en el mundo”. ¿Qué ha renacido en mi vida y en mi comunidad en esta Pascua?

3. ¿El encuentro vivo con Jesús Resucitado está suscitando la alegría profunda y perenne que promete?


WebJCP | Abril 2007