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MISIONEROS EN CAMINO: III Domingo de Pascua (Lc 24,13-35) - Ciclo A: Al ir de camino le reconocieron
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sábado, 7 de mayo de 2011

III Domingo de Pascua (Lc 24,13-35) - Ciclo A: Al ir de camino le reconocieron



Es el relato pascual posiblemente más nuestro, más actual. Quién de nosotros no se ha alejado alguna vez de Jesús pensando que es algo muerto socialmente, ya caduco. Jesús nos ayuda hoy a reconocer su presencia.

El relato es una maravillosa lección del proceso de fe que desarrolla Jesús resucitado con dos discípulos que le abandonan. El fracaso de la cruz les ha abatido profundamente, esperaban la restauración del reino y decepcionados se van, dejan al Jesús que querían seguir. Y Jesús sale a su encuentro. No nos extrañe, Jesús busca al que se marcha, lo anunció ya en la parábola de la oveja perdida, deja a todos en busca del que se ha ido.

El fracaso de la obra de Jesús, o si preferís, de lo que hacemos nosotros con la obra de Jesús, está hoy también en boca de muchos.

Aquellos hombres que se alejan de Jerusalén, se alejan de todo lo que ha sido Jesús para ellos, la comunidad, la ilusión en su vida. Lo podemos comprender nosotros hoy, nos podemos encontrar reflejados en estos hombres que se van de Jerusalén, que se alejan del grupo de creyentes.

Ellos conocen el mensaje de Jesús, su vida, su muerte en la cruz. Han escuchado el mensaje de la resurrección. Las mujeres les han comunicado su profunda experiencia, “El maestro está vivo". Y se alejan, tristes, deprimidos. No aceptan el fracaso “nosotros esperábamos...”

Nos puede dar casi vergüenza confesarlo, ¿nosotros aceptamos el fracaso social de Jesús?. ¿Y seguimos creyendo, seguimos esperando?

Pero ellos no han perdido del todo la fe, su esperanza en Jesús, a pesar de todo, siguen hablando, siguen pensando, preguntando por Él.

Un caminante desconocido les alcanza en el camino, se abren con él en una conversión que interesa a todos. Lucas nos dice, es Jesús que se hace presente en su camino, ayudándoles a descubrir la verdadera fe. Los discípulos invitan al caminante desconocido a cenar con ellos en la aldea de Emaús, amistosamente quieren compartir mesa.

Posiblemente tendremos en nuestra vida recuerdos parecidos, encontrarnos con personas tomando unos pinchos en la barra de un bar de carretera, en un refugio de montaña, en un aeropuerto, o comer en un restaurante, o en casa, y hablando de tantas cosas de la vida, abrirnos mutuamente y acertar a veces con algunas palabras de interés que lleguen al corazón, iniciando una relación amistosa.

Al terminar de cenar en Emaús, ven que su amigo toma pan en sus manos, descubren a Jesús al partir el pan. Es el momento que Jesús escoge para abrir los ojos de sus amigos. La víspera de morir al reunirse con ellos, al compartir mesa y comida, Jesús tomó pan, tomó vino y les dijo, “cuando os reunáis así, y compartáis esto yo estaré entre vosotros”. Lo sabían, lo tenían muy grabado en su corazón y reconocieron a Jesús.

Este relato encierra sin duda, una llamada, Lucas nos enseña en verdadera catequesis lo que acontece cuando el Señor resucitado parte el pan en comunidad y en la Iglesia. La fracción del pan es decir, la eucaristía es una “auto-revelación” del resucitado en la cena. Su presencia no es “visible” como normalmente lo entendemos, pero es una experiencia profunda, espiritual, real sin duda, no para ver con los ojos corporales, sino con los ojos de la fe.

Es cierto, el caminante había acertado a llegar a su corazón durante el camino, Lucas lo insinúa: “se abrieron sus ojos y se decían el uno al otro: ¿no ardía nuestro corazón cuando por el camino nos hablaba y nos explicaba las Escrituras?” Y es que Jesús está presente en nuestra historia, pero nos cuesta descubrirlo detrás de las apariencias y los acontecimientos analizados de forma superficial.

No es Jesús el que cambia para que le reconozcan, son los ojos de los discípulos los que se han abierto y ahora están capacitados para reconocerle, para ver con ojos nuevos, para comprender lo que ya tenían delante. Sin duda con la ayuda que nos da Jesús.

Si alguna vez, recordando palabras suyas hemos sentido "arder nuestro corazón", tengamos la seguridad, Él camina junto a nosotros aunque no le reconozcamos.
Jesús no ha escogido como signo de su presencia entre nosotros el triunfo social. Su última lección fue ésta, decirnos, que cuando seamos capaces de compartir, de sentarnos a la mesa incluso con un desconocido y seamos capaces de dialogar de nuestras cosas y de confiar en el ser humano, Él está entre nosotros.

Nos ha asegurado que está especialmente presente al partir el pan. Nos lo dijo en la cena de despedida con sus amigos, que se hace presente, nos acompaña, nos llama, nos comunica su espíritu, su ayuda para amar y para creer, incluso cuando nuestros ojos, como los discípulos de Emaús no fueran capaces de reconocerlo. Es muy posible que también entonces nuestros ojos se abran y descubramos la verdad de nuestra vida, la verdad más rica, que Dios es la realidad más cercana sobre todo cuando nos amamos y que nuestra vida está tocada por Él.

Él nos acompaña siempre porque nos quiere, y su presencia, no lo dudemos, nos ayuda a vivir, a ser mejores. El nos trae el Espíritu de Dios, Jesús se presenta entre quienes se fían de la persona humana y son capaces de dialogar y compartir. Entonces Él nos ayuda y nos comunica la vida de Dios. Y es nuestra vida.

No es Jesús el que tiene que hacer algún milagro para manifestarse a nosotros de manera espectacular y evidente. Somos nosotros los que tenemos que descubrir la realidad de Jesús Vivo, que tenemos delante de los ojos, pero que no vemos. El verdadero Jesús resucitado sigue estando entre nosotros. Es nuestro compañero de viaje, aunque es muy difícil reconocerlo en todo aquel que se cruza en mi camino. Él aseguró su presencia: “cuando dos o tres estén reunidos en mi nombre yo estoy en medio de ellos” . Así sucede hoy, al narrar y compartir las experiencias de nuestras vidas Jesús está presente. Nuestras experiencias compartidas, nos ayudan a reconocerle presente.

No pasemos por alto las últimas palabras de Lucas. Jesús desapareció de su vista y ellos corrieron a Jerusalén, a encontrarse con la comunidad y a anunciarles la alegría de la resurrección de Jesús, del Jesús vivo que nos acompaña aunque a veces nos olvidemos y le dejemos a Él de lado, Él sigue junto a nosotros, pero no olvidemos nuestra presencia en la comunidad.


WebJCP | Abril 2007