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MISIONEROS EN CAMINO: V Domingo de Cuaresma (Jn 11, 1-45) - Ciclo A: EL FUNERAL DE LA VIDA Y LA FIESTA DE LA MUERTE..
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viernes, 8 de abril de 2011

V Domingo de Cuaresma (Jn 11, 1-45) - Ciclo A: EL FUNERAL DE LA VIDA Y LA FIESTA DE LA MUERTE..


Para el Señor no existen los imposibles. Si la semana pasada hablamos de disfunciones, es decir enfermedades, refiriendo aquellos ojos que no ven, los oídos que no escuchan, las manos que no trabajan o los pies que no saben caminar. El día de hoy las situaciones se han disparado en cuanto a grado de dificultad se refiere: ya no se trata de disfunciones, como el órgano de un cuerpo que no funciona, sino que se trata de una defunción. Hoy se nos habla de un Defunctus: aquel que ha dimitido en su función.

Ya no se trata tan sólo de un órgano que no funciona, sino que el milagro que hoy tiene que realizarse es con una persona que ya no funciona.

Y esta situación nos permitirá visualizar a Jesucristo como el dueño y Señor de la vida. Es por ello, que quisiera pedirte permiso para que el día de hoy analicemos en su conjunto los tres relatos de resurrección que se nos ofrecen en los Evangelios.

2.- Jesucristo resucitó a Lázaro, hermano de Martha y María, como lo leemos en este día, pero también resucitó a la Hija de Jairo y a aquel hijo de la viuda de Naím. Pero,... vayamos por orden en cuanto a las edades biológicas se refiere para que después podamos aterrizar en un contenido global, que pueda favorecer algunos elementos que el día de hoy se nos presentan.

3.- Jesucristo es dueño y Señor de la vida en cualquier etapa que estemos viviendo las personas: al resucitar a la Hija de Jairo, el Señor le está devolviendo la vida a una niña pequeña, al resucitar al hijo de la viuda de Naím el Señor realiza el milagro de la vida con un joven, y al resucitar a Lázaro está regresándole la existencia a un adulto.

Así mismo, Jesucristo es el dueño y Señor de la vida, independientemente del grado de dificultad o del tiempo que pudiera haber transcurrido desde que se interrumpieron los signos vitales en una persona: así resucita a la Hija de Jairo cuando han pasado algunos momentos de su muerte, el Señor iba de camino y le piden que ya no llegue a la casa puesto que la niña ha muerto, y el Señor manifiesta que la niña está dormida y le dirá: Talita Kum, Niña levántate; en el caso del Hijo de la Viuda de Naím, el Señor se topa con el cortejo de la muerte, ya llevan a sepultar a aquel joven, lo cual significaba que llevaba apróximadamente unos dos días de muerto y el Señor le dice: Joven, a ti te lo digo, levántate; y, finalmente, el caso de Lázaro, que hoy leemos, es mucho más complicado,... y es que ya lleva cuatro días en el sepulcro, y hasta la misma hermana del amigo le dice al Maestro que Lázaro ya está experimentando el proceso natural de la descomposición, y el Señor grita ante la sepultura: “Lázaro, sal de ahí”.

Jesucristo es el dueño y Señor de la vida, y es aquel que le ofrece el consuelo a cualquier persona que se acongoja humanamente a su benevolencia, ante la propia pérdida de un ser querido: en el caso de la niña de Jairo se trata de un padre que está experimentando el dolor en el corazón; en el caso del joven, hijo de la viuda de Naím, es una mujer viuda la que después de haber perdido su nexo con el pasado al enviudar, ahora ve desanudarse el lazo con el presente y con el futuro al perder al único hijo; y en el caso de Lázaro ya no será ni un padre ni una madre, sino unas hermanas estrechamente vinculadas en un afecto fraterno al amigo del maestro, las que están llorando por el hermano que ha muerto.

Fíjate, cómo Jesucristo es el dueño y Señor de la vida al resucitar tanto a la niña, como al joven y así también al adulto; Cristo es el dueño y Señor de la existencia no importando el tiempo que hubiera transcurrido desde que se detuvieron los signos vitales: pueden ser instantes como en el caso de la niña, dos días de muerto en el joven de la viuda o hasta cuatro días no de muerto sino de sepultura en el caso de Lázaro; Jesús es el dueño y Señor de la vida y es el único que le puede ofrecer la paz tanto al corazón del padre, como al de la madre y, así también al de las hermanas.

4.- Sin embargo, tenemos que decir que en estos tres relatos de resurrección se nos presentan situaciones muy distintas a las que acontecieron en la noche de la Pascua, en la que Jesucristo resucitó, y hacia la cual nos dirigimos en nuestro recorrido cristiano.

Y la razón ya la tenía en los labios Martha al señalizar que ella creía en que su hermano resucitaría en la resurrección del último día.

El Señor no obstante realiza en Betania una de las señales que atraerá la fe de muchos judíos, y que a la postre será como la gota que derramará el vaso de las intenciones del Sanedrín, aquellos que ya quieren acabar con la vida de aquel que devuelve la vida.

Tú y yo sabemos que aquella niña, la hija de Jairo volvió a morir, sí tu quieres después de 50 años, y hasta podemos imaginar que ella llegó a tener una familia y que fue feliz, pero la muerte biológica es algo que en algún momento iba a regresar a la habitación de su existencia. Así mismo, somos conscientes de que el hijo de la viuda de Naím también un día vio interrumpidos sus signos vitales, quizá después de haber hecho abuela a la que un día fue viuda, y quien recibió del Señor Jesús la oportunidad de rehacer su presente y su futuro en aquella resurrección que nadie solicitó al Nazareno y que brotó más bien de su corazón bondadoso que le desgarra su corazón divino el ver las lágrimas de una madre de familia, y es que el fantasma de la hermana muerte un buen día iba a sobrevolar y a ejecutar su danza sobre el tejado de su casa. Finalmente, es obvio que con Lázaro ha sucedido exactamente lo mismo que a los anteriores dos personajes,... cinco, diez, quince, veinte o más años después, pero un día tenía que dar el paso del tiempo a la eternidad ayudado por la complicidad de una muerte que de enemiga se ha convertido en la mejor de las amigas.

5.- Lo anteriormente mencionado no sucederá con Jesús, una vez que el domingo de la Pascua nos acceda a la escatología que ha irrumpido en la historia de los hombres en aquella madrugada del primer día de la semana.

Y, ¡Fíjate! Como suele ser tanta nuestra confusión, que hoy existen tantas personas que al perder a un ser querido parecen reclamarle a Dios lo acontecido, y hasta le dicen retadoramente entre sus oraciones y llantos que: “si Él resucitó a Lázaro, que resucite también a su hijo, a su hermano, o a su esposo...”

Y hoy, tengo que decirles, que nosotros no esperamos participar de una resurrección como la de Lázaro, y es obvio que tampoco como la de la hija de Jairo ni como la del hijo de la viuda de Naím, sino que esperamos una resurrección como la de Jesús, como aquella que aconteció el domingo de Pascua en la que Cristo ya no ha de morir, mientras que aquellos que hemos mencionado volvieron a morir. ¿Te das ahora cuenta de cómo un mismo término se utiliza para referir conceptos y realidades tan distintas?


WebJCP | Abril 2007