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MISIONEROS EN CAMINO: III Domingo de Cuaresma (Juan 4,5-42) - Ciclo A: ¡POZO NUEVO, VIDA NUEVA!
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miércoles, 23 de marzo de 2011

III Domingo de Cuaresma (Juan 4,5-42) - Ciclo A: ¡POZO NUEVO, VIDA NUEVA!



Hay encuentros que, lejos de olvidarse, dejan una huella impresa en nuestra memoria o en el corazón: aquella primera vez en que se cruzaron los ojos de los enamorados; el retorno o la recuperación de un amigo que lo dábamos por perdido; el abrazo de un hijo con los padres después de una prolongada ausencia… Y, como en todo, hay encuentros superficiales (agua que se evapora) y golpes que llegan hasta el fondo del alma (agua fecunda y viva).

1.- Metidos de lleno en la Santa Cuaresma nos encontramos con una de las primeras de las tres catequesis bautismales. Nos vendrán, pero que muy bien, para renovar nuestra fe en la gran noche de la Santa Pascua. Como la samaritana, tal vez, caemos en el riesgo de quedarnos en lo superficial: agua para calmar la sed del momento y poco más. ¿Es eso lo que espera el Señor de nosotros? ¿Venimos a la Eucaristía, fuente de vida y de entrega, a cumplir el expediente o a fortalecer y reavivar nuestra vida cristiana con todas las consecuencias?
Conocer el don de Dios, en eso somos un poco como la samaritana, debiera de ser nuestro empeño y nuestra aventura. Con ese regalo, entre otras cosas, sabríamos que nuestra fe (lejos de ser exigencias morales) es una experiencia en carne viva, en lo más hondo de nuestras entrañas con Aquel que tanto nos ama. ¿Sentimos esa presencia de Jesús como gracia y algo sensible en nuestro vivir cotidiano?

2.- A la samaritana, aquel encuentro fortuito con Jesús, la parecía ilógico. ¿Cómo podía dirigirse con tanta humanidad y respeto un judío a una mujer que, además, era samaritana? Ella sólo buscaba agua para colmar la sed y, un nazareno, le cuenta –con pelos y señales-- lo bueno y lo malo de su vida.
Aquella mujer se dio, sin quererlo ni pretenderlo, de bruces con Cristo. A partir de ese momento su vida, sus hechos y sus palabras no serían las mismas. Su cántaro, ahora, era su corazón abierto a Jesús.
Lo contrario ocurre en muchos de nosotros. Como cristianos tenemos una experiencia más o menos profunda de Jesús (por el Bautismo, la Comunión, el Matrimonio, la participación puntual en una procesión o en una cofradía) pero ¿hemos llegado al fondo del misterio? ¿Hemos descendido al fondo del pozo de la salvación que es Cristo? ¿No nos quedaremos al borde de ese misterio?
Ojala diéramos con la fórmula para que aquellos hermanos nuestros que un día fueron felices encontrándose con Jesús, y que lo han dejado por el camino, volviesen a vibrar en ellos las cuerdas de sus almas y sentir la presencia del Salvador.

3.- Si muchos cristianos abandonan su fe (muchas veces con excusas sobre la coyuntura eclesial o por simple dejadez) ¿no será en el fondo porque no saborearon a Dios con la misma intensidad que lo gustó en carne viva la samaritana?
Siempre habrá resistencias y contradicciones. El hombre propone y Dios dispone (dice un viejo refrán) pero también es verdad que, Dios, propone (sin imposición alguna) y el hombre está en su libertad de responder “sí" o “no” para beber de esa agua de eternidad que ofrece a través de la fuente de Cristo.
¡Si conociéramos quien habla cada domingo! Llegaríamos puntualmente al encuentro donde, el Señor, con su Palabra dignifica nuestra vida
¡Si conociéramos quien nos escucha! Nos olvidaríamos de asesores de imagen o la cita con psicólogos para no perdernos la entrevista con Aquel que nos conoce desde dentro hacia fuera
¡Si conociéramos quién se ofrece en la mesa del altar! Como la samaritana creceríamos, en ese encuentro personal con Jesús, en gracia, amor, fe y verdad.
¡Si conociéramos quién nos pide algo de nuestra vida! Sabríamos que, Cristo, es un oasis, un pozo de agua cristalina y limpia donde podemos rejuvenecer interna y externamente toda nuestra vida.

4.- ¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?
Para que, creyendo en Ti, crea con más fuerza
y de testimonio de que, Tú, vives y hablas en mí
Para que, acogiéndome tal y como soy,
con defectos y virtudes, pecados y gracia
pueda acercarme a Ti sin temor a sentirme vacío
y beber sin límite ni tregua el agua viva que me das.
¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?
Para que, viéndote sentado en el pozo de mi hueca vida
me ofrezcas lo que yo nunca te he pedido
y me recuerdes que, en mis días, no he estado acertado
¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?
Para que, conociéndote como yo creía conocerte
piense que estaba y vivía como si Tú no existieras
como si, de repente, fueras alguien desconocido
alguien que, en agua fresca derramada sobre mi mente
me hace sentirme feliz y contento, dichoso por encontrarte
¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?
Para que, con la mentira y la verdad de mis palabras
rompa y me aleje de una vez por todas
de aquello que me esclaviza o me inmoviliza
Abandone definitivamente el cántaro del agua engañosa
el agua que, aparentemente límpida,
no da luz verde ni a mis interrogantes ni a mi sed de justicia
¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?
Porque, como la samaritana, no he buscado
pero te he encontrado
Porque, como la samaritana, yo quería agua superficial
y Tú me has proporcionado otra del manantial de la vida
Porque, como la samaritana, no me trataba contigo
y, ahora, ya no puedo vivir sin Ti
¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR, QUE LO SABES TODO?


WebJCP | Abril 2007