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MISIONEROS EN CAMINO: V Domingo del T.O. (Mt 5, 13-16) - Ciclo A: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración
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jueves, 3 de febrero de 2011

V Domingo del T.O. (Mt 5, 13-16) - Ciclo A: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Publicado por DABAR

«Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne.»
Isaías 58,7

Nunca he sido una persona generosa, ni tampoco austera. Me educaron sin derroches, pero sin carencias. Tampoco por ello he derrochado, me han educado en la cultura del ahorro, de lo que sobre para por si acaso, para cuando vengan malas… y también en la solidaridad familiar, hacia los de la propia carne.
Ha sido el Dios de Jesús el que ha roto lo anterior.
Primero con mi sentir, no tengo mérito en ello, Dios me ha hecho alguien sensible, capaz de llorar por el dolor del otro, no sólo del prójimo cercano también del lejano, me duele el peso de la injusticia que soportan sobre sus espaldas los empobrecidos.
Después con su palabra, el Evangelio no admite interpretaciones templadas en el tema del dinero, elige a Dios o al ídolo, no se puede servir a dos señores. También me ha cambiado a través de los movimientos de Acción Católica, con la reflexión y formación sobre la opción preferencial por los pobres como rasgo teológico de Dios, y la Doctrina Social de la Iglesia con la que descubrí que ser Hijos del mismo Padre, Dios creador que pone a disposición de todos toda la creación, nos lanza el reto de colaborar en hacer realidad que el destino de los bienes sea universal, nadie puede considerarse dueño de ellos, no son nuestros aunque los recibamos de nuestro trabajo y estén ingresados en nuestras cuentas corrientes. No son sólo nuestros, somos administradores de lo que es de todos.
También mi marido ha colaborado en ese proceso de conversión, con su generosidad, su austeridad y su forma de entender el dinero como un medio no como un fin, de vivir que no se trata de ser austeros para ahorrar más sino para dar lo más posible, para luchar contra el consumismo como forma de vida que impregna los valores morales legitimando el individualismo del sálvense quien pueda.
Los bienes son para que circulen y lo que nos sobra, un vez cubiertas las necesidades mínimas de dignidad de los seres humanos, hay que donarlo. Digo hay que, porque hay que, tenemos deberes para con el resto de seres humanos, nos guste o no, nos cueste mucho o poco, es nuestro deber que los desposeídos asciendan hacia mayores cotas de dignidad, aunque sólo sea un pequeñísimo escalón, por lo pequeña que es nuestra aportación en comparación con la injusticia.
Éste es el único camino para desterrar de nuestro interior al dios dinero, y llevemos a todas sus consecuencias algo que repetimos mucho que Dios es Padre, por tanto todos son mis hermanos, y no puedo tener más dinero del necesario mientras otros no tienen lo mínimo para sobrevivir.
Y por extraño que pueda parecer, los frutos de compartir no son sólo de justicia, sino también para nosotros, porque sólo cuando desterramos la avaricia y el Dios dinero “romperá tu luz como la aurora, enseguida te brotará la carne sana; clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: “Aquí estoy”» Is 58,8

ELENA GASCÓN
elena@dabar.net



DIOS HABLA

ISAIAS 58,7 10
Así dice el Señor: «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora, enseguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: “Aquí estoy”. Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía».

I CORINTIOS 2,1 5
Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

MATEO 5,13 16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo».



EXEGESIS

PRIMERA LECTURA

• Contexto literario El cap. 58 es una disputa de Dios con Israel en la que el profeta denuncia los pecados cometidos (v.1). El pueblo se defiende alegando su pliego de descargos: siempre consulta a Dios, cumplen con sus deberes religiosos, y, por eso, creen tener derecho a exigir la respuesta divina (vs. 23a). El Señor, a través del profeta, rebatirá estos argumentos (vs. 3b y ss).
• Texto Dos prácticas religiosas: ayuno (se repite 7 veces en el cap.) y observancia del sábado. Ayunar es costumbre israelita muy antigua, sobre todo en tiempos adversos (Jue 20,26; 2 Sm 1,12; 3,55 ... ). En época tardía llegaron a celebrarse hasta cuatro días de ayuno, días penitenciales, por el asedio y caída de la ciudad de Jerusalén (Zac 7,1 14; 8,18ss; Neh 9,1...).
Es curioso cómo el autor asocia el obrar humano a los temas ya clásicos del éxodo: liberación, peregrinación y posesión de la tierra/Monte Santo (cfr. cap. 56 59; 63 66), adquiriendo así estos últimos un nuevo significado. Así, el éxodo ya no es un mero peregrinar de Babel a Jerusalén sino el camino o conducta buena o mala que nos permite entrar o no en la tierra. En este texto el profeta explica:
a) En qué no consiste el ayuno (vs.3b 5). Bajo capa de práctica piadosa se esconde la hipocresía de una falsa vida. Practicar el ayuno y demás actos penitenciales cometiendo, a la vez, injusticias contra el hermano es pura farsa. Intentar atraer a la divinidad a los propios intereses es el grado más refinado de egoísmo humano.
b) Ayuno que Dios quiere (vs. 6 7). Es lo contrario a encerrarse en sí mismo o ser egoísta. De forma machacona, mediante el uso de términos como 'abrir, hacer, saltar, romper, dejar libre, partir, hospedar, vestir...' el poeta nos recuerda que debemos romper con esta actitud. Querer al Señor equivale a salir de uno mismo, liberarse del yo para ofrecerse como don a los demás, ayudar al pobre, liberar al oprimido (cfr. ls 61,lss), partir el pan con el hambriento y socorrerle en sus necesidades (cfr. Mt 25, 35ss; Hch 2,46). Ayunar es practicar la justicia y el amor.
Sólo así la luz romperá. El ser que practica la justicia y el amor se convierte en luz que transforma el mundo (vs. 8.1 Ob.l 1; cfr. Is 60,lss): Proceso lento, como el crecimiento de la piel sobre la herida curada (v.8; cfr. Jr 8,22; 30,17; 33,6 ... ), pero la luz que ya amanece se convertirá en pleno resplandor, en clara luz de] mediodía (v.10).
• Reflexiones También nosotros, en los días penitenciales, practicamos el ayuno y la abstinencia, pero ¿qué sentido les damos? ¿Seguir las costumbres de nuestros mayores? ¿Cumplir las normas eclesiásticas? También los judíos lo hacían, pero bajo capa de piedad ocultaban la hipocresía de una falsa vida. Ni a Dios ni al hombre les interesa este ayuno. El único que puede salir ganando es el pescadero.
El NT nos recuerda que, cuando ayunemos, no debemos estar tristes sino alegres, echando perfume sobre nuestra cabeza. El ayuno bíblico es imagen plástica del hombre indigente que se abre a Dios y a los demás, y nunca exigencia moral de 'do ut des'. Ayunar es compartir el pan con el hambriento, dar trabajo al parado, conformarse con ganar 'algo menos' para que otros logren ganar 'algo', desterrar actitudes dictatoriales y prepotentes de partido, abrir, aunque sea un poco, tu mente al razonar del otro... En una palabra, ayunar es practicar ¡ajusticia y el amor. Los 'salvamundos de boquilla' objetarán: puro paternalismo, así no puede solucionarse nada. Y se quedan tan tranquilos, encerrados en su egoísmo, sin donarse ni abrirse a los demás.



SEGUNDA LECTURA
Pablo prosigue su exhortación a los corintios recordándoles que el fundamento de su predicación sigue siendo el mismo: Jesucristo el Señor. Pero hay que precisar el “crucificado” que viene a continuación.

En un primer momento había que insistir en aquel momento sobre la cruz, un aspecto del mensaje que se oponía fuertemente a ciertas actitudes entusiastas y olvidadizas de las paradojas evangélicas y a la sensibilidad de entonces. Pero ello no significa que Pablo sea masoquista y pretenda que los demás lo sean.

Además, basta leer el capítulo 15 de esta misma carta para ver que el Señor resucitado y no sólo el crucificado -es esencial en el pensamiento y anuncio de Pablo. El haberlo pasado por alto ha llevado a privilegiar indebidamente una teología de la cruz que sólo es paulina en parte. Para Pablo Cruz y Resurrección van unidas indisolublemente, pero en Corinto parece que algunos se olvidaban de la primera parte y sólo se quedaban con la segunda. Por eso Pablo insiste especialmente en los aspectos más negativos del mensaje que también tienen su importancia. Pero esto era problema de los corintios y no tanto de hoy en día.

Lo permanente es que el Señor Jesús es el único fundamento de la fe y no artificios humanos de ningún tipo. Sólo Dios basta. Y para que este hecho quede más patente, para que el se humano se abandone totalmente en Dios, manifestado en su Hijo, Pablo subraya la Cruz.

Esta brutal paradoja obliga a quien la acepta a fiarse sólo de Dios. Y ello - como se decía el domingo pasado – no porque Dios quiera jugar con los seres humanos y hacerles aceptar acertijos, sino por el constante peligro de desvirtuar la fe y desviarse hacia algo meramente humano.

Peligro muy desgraciadamente hecho realidad en muchos momentos de la historia de los cristianos y de muchos modos diferentes.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net

EVANGELIO

1. Aclaraciones al texto
V.13 Sal. Sazona los alimentos, los conserva preservándolos de la corrupción. Presencia invisible. De la tierra. Sentido antropológico: género humano. Vosotros sois la sal de la tierra. Metáfora muy bien conocida en tiempos de Jesús, por ser una de las designaciones de Israel en su relación con el resto de las naciones.
V.14 Luz. Irradia, orienta. Presencia visible. Del mundo. Sentido antropológico: género humano. Vosotros sois la luz del mundo. Metáfora también muy conocida y que se aplicaba a Israel y a la Torá o Ley de Dios.
No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Era frecuente y casi normal que los poblados se levantasen en las partes más altas de las zonas montañosas.
V.15 No se enciende una vela. El término vela es un anacronismo. Hay que hablar de lámpara en sentido de utensilio de barro cocido alimentado con aceite. Imagen familiar para los oyentes de Jesús, cuyas casas, por lo común de una sola estancia, se iluminaban durante la noche con una lámpara de este tipo. Debajo del celemín. Medida de áridos como imagen de algo que cubre o tapa. La lámpara tiene por naturaleza una función social.
V.16 Dar gloria a alguien. Redundar en prestigio y fama de alguien. Padre que está en el cielo: sinónimo de Padre Dios.

2. Texto
El vosotros de los vs.13 y 14 son los mismos alumnos que veíamos sentados en el suelo alrededor de Jesús el domingo pasado, a quienes el maestro habla en el texto de hoy en el mismo tono cercano y directo.
En estricta sintaxis no habría hecho falta explicitar vosotros como sujeto de la frase; habría bastado: sois. Si se ha explicitado es porque se ha querido dar énfasis. Énfasis de valor absoluto: la sal (no: vosotros sois sal), la luz (no: vosotros sois luz). Énfasis de alcance universal: de la tierra, del mundo.
Vosotros sois la sal de la tierra. Esta formulación va más allá de la semejanza; expresa identidad: vosotros sois lo que la sal es y significa, preserváis de la corrupción, sazonáis.
Pero si la sal... El texto avanza por contraposición y suena a advertencia a los discípulos: Pero si no sois sal... Jesús insta a sus alumnos a vivir en línea con los compromisos esbozados en las bienaventuranzas.
Vosotros sois la luz del mundo. En paralelismo con la anterior formulación. Vosotros sois lo que la luz es y significa.
En esta ocasión, sin embargo, el texto no avanza por contraposición, sino por incitación: No podéis vivir ocultos, como no viven ocultas las ciudades situadas en las cimas; tenéis que ser irradiantes, como las lámparas de barro en el interior de las casas. Ambas imágenes instan al alumno a las buenas obras esbozadas en las bienaventuranzas. El alumno de Jesús deberá darse a conocer no por sus palabras sino por sus obras. Es así como los hombres darán gloria a vuestro Padre Dios. Las obras de los alumnos redundarán en prestigio del Padre Dios.

3. Comprensión actualizante
Sabemos por San Lucas que, desde muy temprano, los alumnos o discípulos de Jesús recibieron el nombre de cristianos (Hechos, 11,26).
Los cristianos son la sal y la luz del mundo. Por tanto, necesarios para el surgimiento de un hombre nuevo. Sin ellos el mundo sería insípido y estaría en tinieblas, incapaz de descubrir al Padre Dios, fuente de la sazón y de la luz; sin ellos ni la fuente de la sazón se conocería, ni el sol iluminaría; ellos son el camino que lleva a los hombres al Padre Dios.
De ahí la importancia de ser cristiano y la enorme responsabilidad que el cristiano asume. El cristiano puede echarse a perder, desvirtuarse y volverse inútil. El cristiano debe imperiosamente darse a conocer no por sus palabras sino por sus obras, en la línea esbozada el domingo pasado. ¡Enorme la responsabilidad de ser cristiano! ¡Maravillosa la responsabilidad de serlo!
Podría pensarse que el cristiano es avasallador y prepotente. La metáfora de la sal ayuda a eliminar ese pensamiento. Ser cristiano es un arte, el de ser sin aparentar, como la sal.
Sin embargo, la paradoja es innegable e inevitable. Como sal el discípulo no tiene que ser visto; como luz, tiene que vérsele. Lo que una metáfora afirma, la otra lo niega. ¡Dejarse ver sin ser visto! Ser discípulo de Jesús es indudablemente una tarea, pero es también un arte. Con demasiada frecuencia, la falta de arte echa a perder la tarea. Ser cristiano y saber serlo van indisolublemente unidos.

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net


NOTAS PARA LA HOMILIA

UNA LUZ DE ALTO CONSUMO

Cristo es la luz del mundo. Sabemos que brilla con luz propia. Todo lo que su Padre Dios le ha comunicado nos lo ha dado a conocer. Nos ha amado con el mismo amor con que Dios lo ama a Él. Quien escucha a Jesús escucha a Dios Padre. Todo en el Hijo nos lleva al Padre, al amor del Padre. La existencia de Jesucristo es luminosa. Pone luz, la luz del amor fiel e inmenso de Dios, en cada persona, en cada momento, en cada lugar.
Jesucristo está conectado permanentemente a Dios su Padre. En multitud de ocasiones, los evangelios, nos hablan de ese trato íntimo, frecuente, en soledad, en la oración, con Dios, Padre suyo, y también nuestro. ¡Como dejar de iluminar cuando uno está unido a la fuente de esa luz, de ese amor: Dios!
Tanto hay que iluminar en la vida de las personas, que Cristo se da del todo, llega hasta incluso darse, “consumirse” del todo. La cruz de Jesús es el momento de mayor emisión de Luz, de amor de Dios a través de Jesús. Pero también es el momento de mayor “consumo”. Cristo no se reserva nada. Nadie tiene amor más grande.
Los que acudían a Jesús, sentían el fuego, el calor, la paz, el perdón, la vida, el gozo de esa luz, de ese amor. Su vida ya no era la misma después de encontrase con la Luz de Jesús, con la Luz de Dios Padre, que es Jesús, el Hijo.
Pero esta historia de Luz y amor, de consumo y de entrega no termina aquí. La Iglesia, la comunidad cristiana, continúa en el tiempo la misión “iluminadora” de Jesús. Es signo e instrumento de la salvación de Dios para la humanidad. La Iglesia a través de la Liturgia, la Caridad y el anuncio de la Palabra está llamada a reflejar a Cristo, luz de las gentes.
Cada uno de nosotros como cristianos somos herederos de esta corriente vital de luz, es decir del amor del Padre. Desde el día de nuestro Bautismo se nos llama a vivir como hijos de la Luz. Se nos invita a irradiar la luz de la fe en Cristo. Él es, desde ese momento, nuestra Luz.
A veces podemos convertirnos en una especie de “bonitas y delicadas bombillas cristianas de bajo consumo” que encerradas en la caja de cartón de la comodidad y la indiferencia, permanecen insensibles a situaciones de sufrimiento y miseria que día y noche están clamando.
Ser la luz del mundo, ser la sal de la tierra. Palabras de Jesús que en algunos casos fotografían la vida de los que somos discípulos suyos. Pero que en otras ocasiones, quieren ser estimulo, llamada a la conversión, para que realmente podamos poner el sabor del Evangelio en los diferentes ámbitos públicos y privados de nuestra existencia personal y comunitaria.
Estas palabras de Jesús nos animan a ser sal y luz para los demás. Somos sal y luz para los demás cuando amamos a nuestro prójimo, cuando respetamos los derechos de la persona humana. Somos luz cuando nuestra caridad fraterna individual u organizada es la respuesta a las necesidades de nuestro prójimo. Esta forma de vivir amando conlleva un alto desgaste, un alto “consumo”. Pero una cosa es cierta: “el que pierde su vida por Jesucristo, es el que la encuentra”. En definitiva, se trata de poner la sal, el “sabor” Jesucristo en las cosas de cada día, y de cada tiempo.
La señal de los cristianos es que amamos como él nos ha amado. Si “el hombre es el camino de la Iglesia”, la caridad es el camino del cristiano en su seguimiento de Jesucristo. La caridad es luz, que testimonia de quien somos hijos. Nuestro Padre es Dios, y en Jesucristo, luz del mundo, nos ha ofrecido su salvación.
Cuando nuestras obras están originadas por la experiencia del amor de Dios en nosotros, seguro que provocan en los destinatarios de nuestros actos, ciertos interrogantes y cuestiones. Ojalá que no se queden sólo mirando nuestro testimonio, sino que lleguen a hacer ellos mismos la experiencia del encuentro personal con el Señor. Esto último depende también de nosotros: en todo amar y servir, pero de forma gratuita. Sólo así nuestra caridad provocará en nuestro prójimo el acercamiento a Dios Padre, y la gratitud y fe hacia Él y hacia Jesucristo.
Sigamos celebrando la Eucaristía. El amor de Jesucristo, en su entrega hasta la muerte, nos hace participes de la misma fuerza que le llevó a él a ser fiel al Padre y a la humanidad. En la celebración eucarística recuperamos el autentico sabor del Evangelio, y aquí recibimos la luz de nuestro ser Hijo muy amados de Dios. Que iluminados por la Palabra, y alimentados por el Cuerpo y la Sangre de Cristo, vivamos como buenos Hijos de nuestro Padre Dios.

JESÚS GRACIA LOSILLA
jesus@dabar.net




PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS

Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras
y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo
(Mt 5, 16)

Preguntas y cuestiones
‘Vosotros sois’
¿Cómo vivimos la conciencia de que somos cada uno de nosotros la luz y la sal?
Descubrimos como ser luz y sal en los ambientes que estamos presentes… ¿es una pregunta que tenemos presente para anunciar el Amor de Dios?


PARA LA ORACION

Dios y Padre nuestro, acudimos a Ti, porque sabemos que eres la fuente de todo bien. Que la participación en esta Eucaristía, nos llene del amor tan grande con que nos has amado en tu Hijo Jesucristo, muerto y resucitado. Ilumina nuestra vida para que sirvamos con un corazón generoso y atento a Ti, y a nuestros hermanos. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo….
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Señor y Dios nuestro, todos nuestros pasos te son familiares. Recibe ahora lo que te ofrecemos desde nuestra vida. Ayúdanos a convertirnos en signo de tu amor en medio de nuestros hermanos. Que la Luz de la Caridad lleve a cada persona que vea nuestro testimonio de fraternidad a encontrarse contigo y disfrutar y compartir tu amor fiel. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
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Te damos gracias, Padre misericordioso, por Jesucristo, tu Hijo, luz del mundo, luz de toda persona humana.
Él nos ha amado con el mismo amor con que Tú lo has amado a Él. Con su corazón misericordioso y sus palabras entrañables nos ha mostrado el camino que nos lleva hacia Ti.
Su entrega hasta la muerte en cruz y su amor gratuito y sincero nos hablan de forma elocuente que sólo existe un modo de ser como Tú. Si amamos cómo él amó seremos como Tú, reflejando tu luz en nosotros.
Ayúdanos a que nuestra fe en Ti siempre lleve unida la caridad para con los hombres y mujeres de este mundo. Que el trato de amistad contigo abra nuestros ojos y oídos a las necesidades y sufrimientos de nuestro prójimo. Que ninguna situación humana quede excluida del Evangelio de tu HIJO.
Fortalece, Padre Nuestro, nuestra experiencia del amor que en Cristo, Tu Hijo, nos has ofrecido, para que nuestro testimonio cristiano personal y comunitario a todos comunique la Luz, que es tu Hijo Jesucristo. Que nuestra caridad fraterna muestre tu rostro a nuestros hermanos, y que les mueva a acercarse a Ti, y a sentirse inmersos en tu misericordia entrañable.
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Señor, te has dado del todo a nosotros: tu Palabra, tu Hijo Jesucristo, en su Cuerpo y Su Sangre, por eso te damos gracias. Que esta Eucaristía que juntos hemos celebrado ilumine nuestra ser cristianos para que el testimonio de nuestra caridad y el respeto a los hermanos sean luz que conduce a la gente hasta Ti. Por Jesucristo nuestro Señor.


LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
Somos todo bienvenidos a la Eucaristía: a la Mesa de la Palabra y del Pan, que es Jesucristo. Él, muerto y resucitado, es nuestra sabiduría, es nuestro método para disfrutar de la misma vida de Dios, y para comunicar esta vida a través de nuestra identidad y misión de discípulos de Jesús.
Dejémonos iluminar por la Palabra de Dios; Participar del cuerpo Jesús nos empuja a ser luz en el aquí y ahora, ser la sal del Evangelio en la vida diaria.
Que la celebración de la Eucaristía nos lleve a hacernos disponibles y servidores de los que nos necesitan. Que la Luz de del amor de Dios se refleje en nuestra fraternidad solidaria y en nuestra fidelidad a Jesucristo.

SALUDO
Hermanos: Que Dios Padre que nos invita a ser discípulos de su Hijo Jesucristo, la luz del mundo, por medio del testimonio luminoso de la caridad y la fe, esté con todos vosotros

ACTO PENITENCIAL
Jesucristo nos muestra el camino a Dios Padre. Nos da su perdón. Reconocemos ahora nuestros pecados, nuestra mediocridad, nuestros rechazos a la hora de ser testigos fieles y gozosos de su amor.
-Señor, Jesús, mirada profunda de Dios: Porque vivimos de espaldas a las necesidades de la gente. Señor, ten piedad
-Señor Jesús, Sabiduría del Padre: Porque a veces no contamos contigo a la hora de dar testimonio de Ti. Cristo, ten piedad.
-Señor Jesús, Luz del Mundo: Porque no ponemos la sal y la luz del Evangelio en cada instante de nuestra jornada. Señor, ten piedad

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
A la vuelta del exilio, el pueblo de Israel escucha por medio del profeta cual es la fe y la fidelidad que Dios quiere de ellos. No se puede separar la relación con Dios del respeto y el amor al prójimo. El culto, el ayuno y demás prácticas rituales y religiosas son auténticos si conducen a la solidaridad fraterna con los necesitados y al respeto a los derechos de la persona.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 111)
El justo brilla en las tinieblas como una luz.
En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos.
El justo brilla en las tinieblas como una luz.
El justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo. No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor.
El justo brilla en las tinieblas como una luz.
Su corazón está seguro, sin temor. Reparte limosnas a los pobres; su caridad es constante, sin falta, y alzará la frente con dignidad.
El justo brilla en las tinieblas como una luz.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
San Pablo nos recuerda que tanto su predicación, como su testimonio no se apoyan en la sabiduría humana. El centro de su mensaje es Cristo, crucificado. De esta forma el apóstol quiere dejar claro que la fuerza de su Palabra radica en el poder de Dios. El cristiano está llamado a fundamentar su fe sólo en Cristo y no en otros apoyos humanos.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
La comparación de los discípulos con la luz y la sal subrayan la vocación misionera de la comunidad cristiana en medio del mundo. El testimonio cristiano de fraternidad con el prójimo, y de relación de hijos con Dios Padre se convierte en luz para los demás que los conduce hasta la alabanza y la fe en el Señor.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Sabemos que nuestro buen Padre Dios está atento a nuestras súplicas, con esta confianza le dirigimos nuestras peticiones. Diremos: Escúchanos, Padre.
- Por la Iglesia, llamada a reflejar la luz de Cristo a través de la Celebración de la fe, del anuncio de la Palabra y de la vivencia constante de la Caridad fraterna con todos. Oremos.
- Por los gobernantes de naciones y pueblos, para que no cierren sus ojos y oídos a las necesidades de los hombres y mujeres de nuestro mundo, y respeten los derechos de toda persona humana. Oremos.
- Por los que sufren la violencia o viven en situaciones de hambre y miseria, para que descubran la cercanía del amor de Dios, a través de la solidaridad de los que vivimos la fe en Jesús. Oremos.
- Por nuestra comunidad (parroquial) para que la fe en Jesús nos lleve a ser luz y sal, para poner el sabor y los valores del Evangelio, en los diversos ámbitos de nuestra vida privada y pública. Oremos.
Oración: Padre misericordioso, tu eres bueno con todos. Acoge con bondad estas oraciones que te presentamos. Ayúdanos a ser como Tú. Que hagamos nuestros los gozos y dificultades de cada persona. Que nuestra caridad, que nace del amor que Tú nos das, sea la respuesta a todos aquellos que sufren. Por Jesucristo, nuestro Señor.



CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada: Me adelantaré (con la estrofa "Dadme, oh Dios, con la luz..."); El Señor es mi luz (1 CLN 505); Oh luz gozosa, de Deiss; Con nosotros está el Señor, del disco "15 Nuevos Cantos para la Misa".
Salmo: LdS.
Aleluya: El mismo que el domingo pasado, ensayándolo antes.
Ofertorio: Cuando un niño con hambre pide pan.
Santo: 1 CLN 1 5.
Comunión: Día de fiesta en tu altar, del disco "12 Canciones religiosas y litúrgicas para el siglo XXI"; Oh buen Jesús (popular); Te conocimos, Señor, de Madurga.
Final: Vosotros sois la luz del mundo (1 CLN 406).



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net


WebJCP | Abril 2007