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MISIONEROS EN CAMINO: octubre 2010
  • Cállate y sal de él - Por P. Javier Rojas sj Publicado por El Evangelio en Casa Antes de entrar en la reflexión de este pasaje del evangelio conviene hacer una distinción entre...
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domingo 31 de octubre de 2010

1 de Noviembre: Fiesta de todos los Santos


Publicado por Evangelio del Día

La fiesta de hoy se dedica a lo que san Juan describe como «una gran muchedumbre que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus y lenguas»; los que gozan de Dios, canonizados o no, desconocidos las más de las veces por nosotros, pero individualmente amados y redimidos por Dios, que conoce a cada uno de sus hijos por su nombre y su afán de perfección.

Hay quien pone reparos a éste o aquél, reduce el número de las legiones de mártires, supone un origen fabuloso para tal o cual figura venerada. La Iglesia puede permitirse esos lujos, un solo santo en la tierra bastaría para llenar de gozo al universo entero, y hay carretadas.

¡Aquellos veinticuatro carros repletos de huesos de mártires que Bonifacio IV hace trasladar al Panteón del paganismo para fundarlo de nuevo sobre cimientos de santidad! Montones, carretadas de santos, sobreabundancia de cristianos de quienes ni siquiera por aproximación conocemos el número, para los que faltan días en el calendario.

Por eso hoy se aglomeran en la gran fiesta común. Los humanamente ilustres, Pedro, Pablo, Agustín, Jerónimo, Francisco, Domingo, Tomás, Ignacio, y los oscuros: el enfermo, el niño, la madre de familia, un oficinista, un albañil, la monjita que nadie recuerda, gente que en vida parecía tan gris, tan irreconocible, tan poco llamativa, la gente vulgar y buena de todos los tiempos y todos los lugares.

Cualquiera que en cualquier momento y situación supo ser fiel sin que a su alrededor se enterara casi nadie, cualquiera sobre quien, al morir, alguien quizá comentó en una frase convencional: Era un santo. Y no sabíamos que se había dicho con tanta propiedad. Cristianos anónimos que a su manera, a escala humana, se parecían a Cristo.

La solemnidad de Todos los Santos nació en el siglo Vlll entre los celtas la Iglesia nos propone esta Visión de gloria al comienzo del invierno, para invitarnos a vivir en la esperanza de una primavera, más allá de la muerte. Quiere también que caigamos en la cuenta de nuestra solidaridad con cuantos han pasado al mundo invisible.

Festejamos con alegría a los Santos, pues creemos «que gozan de la gloria de la inmortalidad», en donde interceden por nosotros. Cada Santo vive intensamente la visión de Dios y su amor, mas su conjunto forma una ciudad, «la Jerusalén celeste», un Reino abierto a cuantos vivan de acuerdo con las Bienaventuranzas. Son la Iglesia del cielo.

La Gloria de los «Santos, nuestros hermanos», procede de Dios, cuya imagen reproduce cada uno de ellos de una manera única. Por consiguiente, al venerarlos, proclamamos a Dios «admirable y solo Santo entre todos los Santos». Todos fueron salvados por Cristo, todos nacieron de su costado abierto. Este es el motivo por el que el lugar por excelencia de comunión con los Santos es la Eucaristía.

En ella les santificó el Señor Jesús con la plenitud de su amor»; en ella podemos también nosotros suplicarle con humildad a Dios que nos haga pasar «de esta mesa de la Iglesia peregrina al banquete del Reino de los cielos».


Oremos



Himno ( laudes)

Vosotros sois luz del mundo
y ardiente sal de tierra,
ciudad esbelta en el monte,
fermento en la masa nueva.

Vosotros sois los sarmientos,
y yo la Vid verdadera;
si el Padre poda las ramas,
más fruto llevan las cepas.

Vosotros sois la abundancia
del reino que ya está cerca,
los doce mil señalados
que no caerán en la siega.

Dichosos, porque sois limpios
y ricos en la pobreza,
y es vuestro el reino
que sólo se gana con la violencia. Amén



Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.



Himno (II vísperas)

Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte
rogadle por nosotros.


Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas
rogadle por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositaria
rogadle por nosotros.

Mártires que ganaron vuestra palma
en la arena del circo, en sangre roja,
al que es fuente de vida y hermosura
rogadle por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas
rogadle por nosotros.

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Evangelio Misionero del Dia: 1 de Noviembre de 2010 - Solemnidad de Todos los Santos


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 25—5, 12

Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.
Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a El. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».

Compartiendo la Palabra
Por Pablo Largo, cmf

Queridos amigos:

Esta es una fiesta muy bella. El año no tiene días para recordar a todos los santos que han vivido a lo largo de la historia. Son los ciento cuarenta y cuatro mil del pueblo de Israel: doce mil por cada tribu, un pueblo completo, sin diezmar, un número redondo, entero. Y son una muchedumbre innumerable, no ya de Israel, sino de toda raza, pueblo, lengua y nación. No hay días en el año para recordar a cada uno de estos hijos de Dios. Así que los arracimamos en una sola celebración, solemne y gozosa.
Podríamos decir también que esta es una fiesta muy del pueblo. Aquí no entra solo esa aristocracia formada por los apóstoles, los grandes héroes de la fe que fueron los mártires, las mujeres que fundaron Congregaciones religiosas, los grandes doctores y doctoras, los grandes Papas. Hoy celebramos también la memoria de los santos anónimos, que han encarnado en su vida las bienaventuranzas y que ahora participan de la vida prometida por Dios.
Entran mujeres y varones: Pablo y Paula, Julio y Julia, Andrés y Andresa, Pedro y Petra, Tomás y Tomasa, Luis y Luisa, y así indefinidamente. Entran mayores y entran jóvenes (como la recién beatificada Chiara Luce Badano); entran ancianos y entran niños (recordemos a Francisco y Lucía, los dos pequeños de las apariciones de Fátima, también beatificados); entran personas de nuestro pueblo y de nuestra familia.
En esta gran fiesta celebramos sobre todo a Dios. Celebramos su obra. Los santos eran personas hechas con los mismos mimbres que nosotros. Con el barro de que cada uno está formado Dios es capaz de modelar al hombre nuevo: mujeres nuevas, varones nuevos; Dios es el alfarero del hombre nuevo.
Decía un teólogo: “un santo es un pecador del que Dios ha tenido misericordia”. Esa fórmula hay que completarla: “un santo es un pecador del que Dios ha tenido misericordia… y que se ha vuelto consciente de esta misericordia y la ha acogido hondamente dentro de sí”. Todo es don de Dios, también nuestra respuesta. Pero es necesario que, por nuestra parte, se dé la acogida de ese don. Sí, creámoslo: Dios puede hacer primores en nosotros.

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sábado 30 de octubre de 2010

Palabra para la Misión: Anunciar a un Dios ecologista, “amigo de la vida”

XXXI Domingo del T. O. - Año C - 31.10.2010
Publicado por EUNTES

Sabiduría 11,22-12,2 / Salmo 144 / 2Tesalonicenses 1,11-2,2
Lucas 19,1-10

Reflexiones

Omnipotencia que crea y misericordia que sana y re-crea: son dos títulos divinos que el autor del libro de la Sabiduría (I lectura) pone derelieve. El autor es, a la vez, teólogo y poeta: con habilidad y estilo elegante profundiza y hace accesible el misterio de un Dios creador y padre que ama la vida (v. 26). Un Dios ante el cual “el mundo entero es como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero” (v. 22); un Dios que otorga subsistencia, existencia, conservación y vida a cada criatura (v. 25-26). Junto con estos títulos de grandeza y honor, el autor pone en evidencia el rostro de Dios: ama a todos los seres, tiene un corazón tierno, se compadece de todos, usa su inmenso poder para perdonar al que se arrepiente de sus pecados (v. 23-24).


Además de ser compasivo y misericordioso, Dios está enamorado de sus criaturas, decidido a protegerlas a todas, porque Él las ha creado. Hoy diríamos que Dios es el primer ecologista, porque es “amigo de la vida” (v. 26). Queda, por tanto, definitivamente superada y hasta sin sentido la idea de un Dios receloso de la felicidad y del poder del hombre, como si fuera su adversario o competidor. Es en realidad lo contrario: cuanto más feliz es el hombre y cuantos más éxitos consigue, Dios está más orgulloso de su criatura más hermosa.


Confluyen en este pasaje, escrito en un ambiente cultural helenista en la cercanía del Nuevo Testamento (s. I a. C.), las grandes experiencias espirituales vividas por Abrahán, Moisés, Elías, Isaías, Jeremías… quienes pregustaron la revelación de Dios “clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad”, un Dios bueno con todos y tierno, que “sostiene a los que van a caer”. Lo canta muy bien el salmo, al cual hacen eco las palabras de San Ireneo: “la gloria de Dios es que el hombre viva”. Verdaderamente, la gloria de Dios encuentra su plenitud en la vida del hombre.


Dentro de un emblemático juego de contrastes, volvemos a encontrar la misma plenitud de vida en la historia de Zaqueo (Evangelio), cuya conversión narra Lucas con extraordinaria finura de detalles. La narración es rica de verbos de movimiento: correr, subir y bajar de un árbol, miradas que se cruzan, intercambio de palabras, puertas que se abren para la fiesta (v. 4-6), y, sobre todo… bolsillos que se abren para devolver y compartir (v. 8). La salvación ha entrado de lleno en la casa de Zaqueo (v. 9), “jefe de publicanos y rico” (v. 2). Más aún, ha entrado en su corazón transformado: se ha realizado, en efecto, el encuentro entre su deseo de ver a Jesús (v. 3) y la auto-invitación de Jesús que tiene que (es decir, quiere) alojarse y celebrar una fiesta en casa de un pecador que lo recibe “muy contento” (v. 6). No se trata de una conversión intimista, sino total, abierta a los demás, compartida en la fiesta; una conversión auténtica hasta el punto que Zaqueo restituye y reparte el dinero, convirtiéndose así en un ejemplo de compartir, cosa que es siempre muy difícil. (*)


Fijemos ahora la mirada en el movimiento de los ojos de los protagonistas. Zaqueo busca estratégicamente un lugar elevado para ver a Jesús que pasa. Al llegar a aquel sitio, Jesús levanta los ojos, ve a Zaqueo sobre el árbol y lo invita a bajar en seguida… “Desde lo alto Zaqueo trataba de ver a Jesús, pero ahora es Jesús el que, desde abajo, lo ve primero. Ante el pecador Jesús levanta siempre la mirada, porque su postura es la del siervo que se ha humillado… Igualmente, cuando se queda solo con la adúltera, Jesús levanta la cabeza hacia ella (Jn 8,10), la mira desde abajo, porque el que ama nunca se la da de juez, se rebaja, escoge el último lugar, se inclina ante la persona amada para lavarle los pies” (F. Armellini).


Zaqueo quiere ver a Jesús y lo consigue; de igual manera, los peregrinos griegos que llegan a Jerusalén deseosos de ver a Jesús (Jn 12,21). Se trata de un deseo sagrado, que aspira a ser escuchado. Jesús lo satisface siempre, directamente o por medio del anuncio-testimonio de los que pueden decirles a otros: hemos visto al Señor y se lo anunciamos (Jn 20,25; Hch 3,6; 1Jn 1,1-4). Tales son los Santos, los misioneros, la gente de buen corazón; en una palabra, los testigos que, con la vida y la palabra, ayudan a otras personas en el camino del Evangelio, haciéndoles ver el rostro de Dios. La misión es anuncio de Dios “amigo de la vida”, Creador de cosas hermosas, Señor que acoge y sana, Padre que envía a su Hijo Jesús, Salvador que perdona y renueva, Maestro que camina con los pecadores, Amigo que hace causa común con los pobres, los excluidos, los últimos. El anuncio del Evangelio es siempre una opción por la vida. Cada opción por la vida es un servicio misionero a la familia humana.



Palabra del Papa

(*) “La gracia de ese encuentro imprevisible fue tal que cambió completamente la vida de Zaqueo… Una vez más, el Evangelio nos dice que el amor, partiendo del corazón de Dios y actuando a través del corazón del hombre, es la fuerza que renueva el mundo. Nadie es demasiado pequeño para Dios y cada uno puede acoger al Señor y dejarse transformar por Él”.

Benedicto XVI
Mensaje en el Angelus del 4.11.2007


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 1/11: “Solemnidad de Todos los Santos que con Cristo están en la gloria”, donde continúan ejerciendo el servicio misionero de la intercesión en favor de toda la humanidad.
- 2/11: Día de oración por todos los difuntos.- Jornada de los antepasados.
- 3/11: S. Hermengaudio, obispo de Seo de Urgel (Cataluña, +1035), uno de los evangelizadores españoles en las tierras recuperadas después de las invasiones de los árabes musulmanes.
- 3/11: S. Martín de Porres (1579-1639), mulato que vivió en Lima (Perú), en el Convento de Santo Domingo como hermano coadjutor, portero y enfermero; hombre de oración, austeridad y caridad.
- 4/11: S. Carlos Borromeo (1538-1584), arzobispo de Milán; hombre de doctrina y caridad, organizó sínodos y seminarios para la formación del clero, promovió la vida cristiana mediante asiduas visitas pastorales.
- 5/11: B. Guido María Conforti (1865-1931), obispo de Parma, animador del espíritu misionero en la comunidad eclesial, fundador de los Misioneros Javerianos.

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Evangelio Misionero del Dia: 31 de Otubre de 2010 - DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO


Ha llegado la salvación a tu casa (ábrele la puerta)
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 19, 1-10

Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos. El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicómoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.
Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador». Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, yo doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le doy cuatro veces más».
Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar ya salvar lo que estaba perdido».

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia

El Domingo pasado vimos a los fariseos recormerse por dentro cuando Jesús les dejaba al desnudo su hipocresía en la oración y declaraba santo al publicano pecador.
Hoy vamos a ver algo mucho mejor.
Vamos a ver a los fariseos escandalizados ante lo más inimaginable que podía hacer el Señor con los odiados publicanos.
Jesús se acerca a Jericó. Enterada la ciudad, todos esperan con ansia al famoso Profeta de Nazaret. Salen en tropel al camino por donde ha de pasar Jesús, un camino bordeado de vegetación exuberante, casi tropical, con ricos árboles frutales y palmeras frondosas.
Jericó, ciudad importante y fronteriza, de mucho comercio, rica, y buena contribuyente por los muchos tributos, es por lo mismo el paraíso de los publicanos, los aprovechados cobradores de los impuestos.
Entre los curiosos que salen a recibir a Jesús está también Zaqueo, nada menos que el jefe de los publicanos. Pero, como es pequeñito de estatura, no puede ver nada entre aquella multitud. Tiene entonces la buena ocurrencia de subirse a un árbol, se sienta a horcajadas en sus ramas, y ahora va a contemplar al Maestro mejor que nadie. Avanza la turba, y cuando ven a Zaqueo en aquella pose, todos miran, señalan y ríen:
- ¡Mirad, mirad! ¡Zaqueo, Zaqueo el publicano!...
Zaqueo sabe por qué le miran. Le señalan como al pecador más significado de la ciudad. Los fariseos, sobre todo, lo señalan con más gusto y más inquina que nadie. Como todos miran, también Jesús alza la mirada. Pero es para dejar desconcertados a todos:
- ¡Zaqueo, baja! Baja pronto y vete a prepararme alojamiento, porque hoy me quiero hospedar en tu casa.
Zaqueo da un salto vertiginoso: -¡Jesús en mi casa! ¡El gran Profeta conmigo!...
Y prepara un banquete digno del rico anfitrión y digno de huésped semejante.
Todos ya en la mesa, a la que Zaqueo ha convidado a todos sus compinches, los otros publicanos de la ciudad, viene lo que tenía que venir. Las malas lenguas de los fariseos y de todo el pueblo se ceban en Jesús como cuchillas afiladas:
- ¡Habráse visto! ¡Jesús autoinvitándose a la mesa de Zaqueo, el mayor pecador, y comiendo tan feliz con todos los pecadores de la ciudad!...
El escándalo no puede ser mayor. Todos están comiendo alegres —y Jesús más que ninguno—, cuando Zaqueo se levanta para brindar. Y lo que alza no es la copa de champán, sino su corazón:
- ¡Mira, Señor! Doy la mitad de todos mis bienes a los pobres. Y, si he robado alguna cosa a alguien, le devuelvo cuatro veces más.
Jesús podía haber comentado con ironía:
- ¿Que si has robado alguna cosa a alguien? ¡Bandido, si todo lo que tienes es robado!...
Pero, no. Jesús, caballero cien por cien, de corazón inmenso y exquisitamente delicado, ni hace alusión al pasado de Zaqueo. Se contenta con decir, lleno de gozo indecible:
- ¡Hoy, hoy ha entrado la salvación en esta casa! Pues también Zaqueo es hijo de Abraham, también es un llamado a la salvación.
Y para que los fariseos se enteren bien, añade muy claro:
- Porque yo he venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
Ante un hecho como éste―—ciertamente, de los más bellos de todo el Evangelio—, no sabe uno lo que haría con esos que, por cosas pasadas que han cometido, sean lo graves que sean, desconfían de Jesucristo.
No se dan cuenta de que le hacen la mayor injuria.
Si Jesucristo buscara hombres con inocencia de angelitos del cielo, podrían tener miedo.
Pero si busca precisamente a quien está más perdido, éste es el que le da al Señor la mayor alegría. Le pasa a Jesucristo como al cirujano: tanto más orgulloso se siente cuanto más desesperada se presentaba la operación y de la cual ha salido airoso.
Zaqueo es el tipo y un modelo acabado del hombre que se encuentra con Cristo. Ponerse en contacto con Jesucristo, creer en Él, confiar en Él, entregarse a Él, es hacerse con la salvación, haya sido como haya sido la vida anterior.
Y Zaqueo se da cuenta de que no le basta la fe. Zaqueo traduce la fe en obras reales, y dice al Señor:
- Devuelvo lo robado. Me doy a los pobres. Hago todo lo que Dios quiere de mí. ¡Se acabó el pecador, y empieza desde ahora el santo!...
Con muchos imitadores de Zaqueo, ¡qué revolución más formidable, y sin armas, la que se desataría en la sociedad! ¡Qué pocos sermones que necesitarían unos! ¡Qué pocas reivindicaciones que harían otros! ¡Y qué bien que estaríamos todos!
¡Señor Jesucristo!
A ti las gracias más rendidas por habernos descubierto hoy la inmensidad de tu Corazón.
¿Qué tienes con los pecadores, que te atraen tanto?...
Ya vemos lo que son para ti: diamantes brutos. Brutos cuanto queramos, pero diamantes tan valiosos...
Tú los tallas, ¡y vaya brillantes que engastas después en tu corona!
¿También me vas a lucir a mí de semejante manera?...

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Comentario seglar al Evangelio del domingo 31 de Octubre de 2010



Publicado por Ciudad Redonda

NOTAS BÍBLICAS
(por equipo coordinador, con asesoramiento de un biblista)
Episodio exclusivo de Lucas. A pesar del uso que se hace del mismo, no es un relato de conversión.
Nos encontramos con una persona rica, lo cual ya se catalogaba como alguien injusto, y además jefe de publicanos, lo que confirmaba la calificación, como vimos en el texto del domingo pasado. Por ello se le marginaba socialmente, como se observa en el hecho que no se le deja hueco para que vea a Jesús, como sería propio dada la importancia de su condición.
De ahí el malestar con Jesús, que rompe su aislamiento social al hospedarse en su casa y comer con él, acto de integración social. Por tanto, Jesús no siempre rechaza a una persona por su condición de rico.
Ante las críticas, Zaqueo afirma que está dando la mitad de sus bienes a los pobres y devolviendo el cuádruple a los que pueda haber extorsionado. Los verbos en el original están ambos en presente (la liturgia traduce el segundo en futuro: "le restituiré cuatro veces más"); no es algo que vaya a hacer a partir de ahora, sino que se defiende ante Jesús con sus hechos. De ahí que no sea signo de conversión alguna.
Jesús afirma con palabras lo que ha mostrado con sus hechos, reintegrándole en el pueblo: "también éste es hijo de Abrahán". Considera que así la salvación ha llegado en ese día (también en presente) a su casa (puede que se el espacio de la casa, como lugar de salvación, se enfrente implícitamente al Templo, lugar que antes acaparaba ese poder salvífico).
Jesús se califica a sí mismo como el Hijo del Hombre.


COMENTARIOS DE SEGLARES
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE EL PARO
(hombre, casado, con un hijo, en paro, su mujer trabaja)
“...la mitad de mis bienes, Señor, se los doy a los pobres..” ¿Cuánto de rico me he de sentir para seguir el ejemplo de Zaqueo...? Ya... no tengo empleo... ¿pero acaso no soy rico de por sí o mi vida vale lo que soy capaz de generar en ingresos monetarios? ¿No soy rico en tiempo quizás, en cariño, en esperanza, en consejos, en ánimos, en...?
¿Ya me has mirado cara a cara Papá Dios... y aún no soy capaz de dar la mitad de mis riquezas? Tendemos a recrearnos en la idea de lo que nos falta, la herida del paro, y eso nos pierde el compartir todo lo que nos abunda. Ayúdanos Señor a no olvidarnos que ya nos has mirado, que lo importante no es sentirnos carentes de labor, si no rebosantes de la misión que tienes para cada uno de nosotros.
Porque has venido a salvar lo que está perdido.

DESDE LOS NECESITADOS
(mujer, casada, con cuatro hijos, voluntaria de Cáritas)
Jesús acogió a una persona mal vista en su sociedad y se alojó en su casa. Desde Cáritas Parroquial intentamos acoger siguiendo el ejemplo de Jesús: sin prejuzgar, sin rechazar a nadie,…Esto se hace desde cualquier entidad, pero nuestro ser cristiano tendría que llevarnos al compromiso de trasmitirles que ellos son sus preferidos, les ama tal como son y espera tener un encuentro personal con cada uno.
Zaqueo no era pobre, tenía bienes materiales y una vida acomodada, pero se sentía vacío y con sed de Dios. Fue el encuentro personal con Jesús el que le transformó y cambió su estilo de vida, pasando a compartir con los pobres. Esta sería otra de las tareas a desarrollar desde Cáritas: mostrar a la sociedad cual es la realidad de pobreza en nuestro mundo actual, y que surja el deseo de compartir con los que menos tienen.

DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio con dos hijos, trabajan ambos, pertenecen a movimiento conyugal)
Al igual que le ocurría a Zaqueo, tampoco hoy resulta una tarea sencilla para nuestros hijos ver a Jesús. En un mundo en el que todo transcurre vertiginosamente, donde nuestros problemas con frecuencia nos devoran hasta obligarnos a vivir absortos en ellos, con una ciencia que pretende responder a todas nuestras preguntas y ocupar el lugar de Dios, quizá una de nuestras obligaciones como padres cristianos sea la de servir a nuestros hijos de higuera, de soporte sobre el que alzarse para divisar a Jesús.
Con este cometido, hoy quisiéramos sugeriros que animéis a vuestros hijos más jóvenes a participar en la jornada mundial de la juventud, que tendrá lugar en agosto del año que viene en Madrid. Será un lugar de encuentro de millares de jóvenes en busca de un Jesús que les cambie la vida como a Zaqueo, que los sacuda y los lance a transformar el mundo con toda la fuerza que la fe puede infundir en sus jóvenes corazones.
Lograr que Cristo sea visible para nuestros hijos, ayudar a prender en sus corazones la inquietud de los valores evangélicos y animarlos en la construcción del Reino es una tarea en la que contamos con la seguridad de que, llegado el momento y como también hizo con Zaqueo, será el mismo Jesús el que se dirija a ellos para interpelarlos.

DESDE LAS PERSONAS SIN HOGAR
(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)
No abundan en mi vida los encuentros íntimos con Jesús. Sin embargo, y a pesar de ser pocos, los recuerdo como auténticas experiencias transformadoras que conllevaron cambios substanciales en mi vida. No sabría expresar con palabras qué sentí esas ocasiones en las que todo en mí era Dios. Una de las cosas que destacaría es la intensidad de esos momentos, que contrasta con la manera tan sencilla que tiene Dios de presentarnos sus propuestas, que increíblemente, y a pesar de lo que conllevan, aceptamos con naturalidad. Pues bien, debo atribuir a una de esas experiencias la respuesta a la llamada que Dios me hizo a involucrarme en la vida de las personas sin hogar. Cierto es que no le di un sí inmediato e incondicional, más bien tuvo que transcurrir un largo periodo de discernimiento, que concluyó con la decisión de tratar de aportar mi grano de arena en favor de los más débiles y desfavorecidos de nuestra sociedad. Imagino que todo cristiano necesita ocupar el lugar de Zaqueo en distintos momentos de su vida y ojalá, como él, seamos capaces de dar un paso firme y decidido en defensa de los derechos de los más pobres y excluidos.

DESDE LA EVANGELIZACIÓN MISIONERA
(mujer, soltera, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Jesús nos invita a "buscar y salvar lo que se ha perdido", al igual que Él lo hizo durante su vida. En nuestra sociedad, en nuestro entorno... en lo lejano y en lo cercano, hay muchas personas que están perdidas. Adentrarse en los corazones de las personas requiere una empatía y cercanía especial. Un tratar al otro como hermano, como un Cristo sufriente... No importa lo perdido, o lo embarrado que esté... sino que dentro de él también hay cosas buenas, igual que las hay en nosotros.
Zaqueo cambió su vida radicalmente, simplemente por sentirse querido y perdonado por Jesús. El ejemplo de éste, debe servirnos para pensar que todo el mundo merece una oportunidad para cambiar su corazón y con ello su estilo de vida.
Os animo, a no dejar nunca de trabajar por las personas que nos necesitan. Personas, hijos de Dios, como lo somos nosotros, pero que no han tenido la suerte de que Jesús se hospede en su casa, como la tuvo Zaqueo o la hemos tenido nosotros. Nuestras experiencias de encuentro con Jesús, deben servirnos de empuje para no dejar solos a sus preferidos: "los pobres", tanto materiales como espirituales.

PARA REZAR
(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Señor Jesús y Dios nuestro, te damos Gracias
porque Tú eliges alojarte en nuestra casa,
a pesar de que somos pecadores,
simplemente porque nos amas
y quieres ofrecernos la Salvación.
Te damos Gracias porque Tu Mirada
cambia nuestras miserias y nos salva de nuestro egoísmo.
El Encuentro personal contigo a través de tu Evangelio
nos transforma con tu continua Presencia.
Tú conoces a fondo nuestro corazón
y sabes que deseamos verte y conocerte más.
¡Ven, Señor, entra en nuestra casa y quédate con nosotros!
Tú, Dios nuestro, que conoces nuestro corazón,
eres el único que puedes transformarnos
en instrumentos eficaces a tu servicio,
para que los demás puedan verte a Ti
a través de nuestros gestos y buenas acciones.
Tú Señor, que eres Bueno y Misericordioso,
conviértenos y llénanos de tu Presencia
para luchar por justicia en este mundo,
logrando estar cercanos a los demás
y conociendo bien las necesidades del prójimo,
para poder ayudar a los hermanos que más nos necesiten.
Amén.

PARA VIVIR ESTA SEMANA
(matrimonio, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Muchas veces nos angustiamos y deprimimos, pensando en cómo somos. Nos da la impresión que hacemos poco bueno, para lo mucho que podríamos hacer y que metemos la pata demasiadas veces, desviándonos del camino del Reino… Sin embargo el Evangelio de hoy nos reconforta… “El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”. Ha venido a salvarme a mi… Como a Zaqueo, me dice “baja enseguida porque hoy he de quedarme en tu casa”. Y yo siento la misma alegría de él; quiero ver al Señor, acogerlo y dejar que me transforme, quiero agradecerle su amor hacia mí sin condiciones.
Te proponemos esta semana hacer una tabla con dos columnas. Para ello te invitamos a que reflexiones y medites sobre todo aquello que te arrastra al pecado, a alejarte de Dios, a no hacer vida el Evangelio. Anota en una de las columna todo lo que te surja, siendo concreto (alguna persona con la que no te hablas, alguien a quien criticas, el acúmulo de cosas materiales, el poco tiempo dedicado a los demás…) A continuación piensa y escribe en la otra columna junto a cada una de las anotaciones anteriores, aquello que puedes hacer para enderezar el rumbo, para restaurar el mal hecho, para intentar que llegue la "salvación a tu casa".
Pon la tabla en lugar visible, dónde no se te olvide. Ve poco a poco cumpliendo cada uno de tus propósitos y tachándolo cuando lo cumplas. Recuerda también cuando la veas, evitar la tentación de juzgar a los demás por lo que hacen. Estamos llamados a mirarlos con el mismo amor de Jesús y a buscar para ellos la salvación.

PARA CANTAR
(hombre casado, espera un hijo, cantautor y productor de música cristiana)
¡Qué claro está! quien tiene un encuentro personal con Jesús, no se queda igual, como si no hubiese pasado nada,... quien se sienta en la mesa con Jesús sale transformado, cambiado... Me acordé de esta canción de Jorge Drexler que se llama "antes", ojalá te sirva para orar y para reflexionar, o simplemente para sentir... "antes de Ti, yo no era yo..." "no entiendo cómo podía vivir antes"
"Antes" Jorge Drexler

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Publicado por Iglesia que Camina

LOS ESCÁNDALOS DE LOS BUENOS

Jesús fue todo un provocador. Curaba en sábado contra la ley. Tocaba a los leprosos contra la ley. En el fondo, pone en crisis la antigua religión. Según la antigua religión los malos no son amados de Dios. Los enfermos, pobres, los publicanos no son amados de Dios. Para que Dios los ame tienen que cambiar de vida y merecer que Dios los ame.

Llega Jesús y ama a los malos y acoge a los pecadores. Además, tiene el atrevimiento de invitarse Él mismo a hospedarse en casa de un publicano, cenar con él y dormir en su casa. Eso fue el colmo de la provocación: “Vuestro maestro come con pecadores.”

El Dios que Jesús revela no es el Dios de la Ley. Es un nuevo modo de ser Dios. Un Dios al que no necesitamos ganarle su amor, porque Él nos ama antes de merecer su amor. Esto resultaba incomprensible para ellos.

¿Cuál es nuestro Dios? ¿Es también el de la Ley que primero exige que nos portemos bien, que seamos chicos buenos, para que Él nos ame? ¿O será el Dios de Jesús que me ama primero antes de que yo le ame y me ama gratuitamente sin que yo merezca su amor?

¿No será por nuestra mentalidad legalista de Dios que también nosotros nos escandalizamos de que Dios ame a los malos e incluso tenga preferencia por ellos y no por nosotros que somos demasiado buenos?

Aún no hace mucho, un amigo mío tenía un tremendo problema de conciencia. Su hermano se había divorciado estando casado por la Iglesia. ¿Podría ahora ir a su casa, felicitarlo por el día de su cumpleaños? Todo un problema de conciencia. Mi respuesta no sé si fue muy adecuada pero le dije: “Tú verás lo que haces, pero yo estoy seguro de que Dios sí frecuenta la casa de tu hermano, y el día de su cumpleaños participa en la fiesta con él”.

Al menos así es el Dios que Jesús nos enseñó. Ningún santo fariseo podía entrar a la casa de Zaqueo y eso de ir a cenar con él... Bueno, eso ya sería el colmo de la infidelidad a la Ley. Sin embargo, Jesús no espera a que Zaqueo lo invite, se invita él mismo. El hermano mayor no entendió a su padre haciendo fiesta por el hijo que regresa y se niega a participar del banquete. Escándalo de los buenos que no han entendido el comportamiento de Dios, que me ama aún siendo yo malo. Con su escándalo ningún fariseo fue capaz de convertir a Zaqueo. En cambio, la simple presencia de Jesús revelándole que Dios era otra cosa transformó su corazón y lo que es más difícil “transformó su bolsillo y billetera”.


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NO ESTORBEN, POR FAVOR

Una de las cosas peores de la vida es “estorbar”. Está bien que no hagas nada, pero, al menos, no estorbes al que quiere hacer algo. Está bien que tú no te diviertas, pero no estorbes a los que quieren divertirse. Está bien que tú no veas, pero, por favor, no estorbes a los que quiere ver.

Zaqueo quería ver a Jesús, pero, lo de siempre, nunca falta alguno que se interpone y no te deja ver. Zaqueo era pequeño, no tenía estatura suficiente para ver entre la gente. Es lo que nos pasa siempre a los pequeños, por eso buscamos siempre los primeros lugares. Zaqueo tuvo otra idea. sabía por donde tenía que pasar Jesús, se fue corriendo, se subió a un árbol y desde allí podría verle tranquilamente sin que nadie le fuese un obstáculo. Jesús, que tenía los ojos abiertos a todo, cuando llegó junto a él levantó los ojos, lo llamó por su nombre y hasta se invitó a quedarse esa noche en su casa. Jesús no vio a los altazos que estorbaban a todo el mundo. Vio como siempre a los pequeños, a los más necesitados, a los que sentían en su corazón ganas de verlo.

La Iglesia es el sacramento llamado a hacer visible a Jesús. Sería triste que la Iglesia en vez de darle visibilidad lo oscureciese o que sus instituciones o estilos de vida, fuese precisamente ella un estorbo.

El cristiano está llamado a hacer visible a Jesús. Sería una pena que con su estilo de vida, fuese un estorbo para que los demás lo puedan ver. ¿Verán los demás a Jesús en nuestras vidas o seremos para ellos un estorbo?


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EL AMOR ES…

El amor es como una hortensia. La hortensia es una flor muy grande, de las más grandes que conocemos, pero si la observamos detenidamente, nos damos cuenta de que está formada por miles de flores muy pequeñas. La hortensia es grande por la unión de un sinnúmero de flores que en sí mismas son casi insignificantes. El amor es igual. Los grandes amores que tanto admiramos están hechos de muchos, de incontables pequeños actos de amor. El amor se construye con actos casi invisibles de entrega al otro, en los que se vive de verdad la entrega al amado con generosidad, en las cosas más pequeñas. Sólo así se forman los grandes amores.

El amor es como una rosa. La rosa une la belleza de la flor a la fuerza del tallo. Ese tallo hace resistente a la flor ante las lluvias y el viento, pero también está lleno de espinas. Gracias a ese tallo, la rosa se eleva por encima de las demás flores e impide que suban los insectos y dañen a la flor. El amor es igual, mezcla belleza y fuerza, amor y dolor. Un amor sin sacrificio personal nunca se hace fuerte, no soporta la más pequeña lluvia; la más débil dificultad lo destruye. El amor requiere estar sólidamente afincado en una entrega que es fuerte porque se basa en la donación generosa, en la oblación sin esperar nada a cambio. Sólo así se puede mantener la belleza del amor.

El amor es como un edelweiss. El edelweiss es una flor que nace en las altas montañas. Se encuentra en los parajes más insospechados, donde parecería que ya no puede haber vida. No es como las margaritas que pueblan los valles con miles de flores iguales y se hallan siempre en lugares de fácil acceso. No, el edelweiss es solitario, pudoroso, está siempre lejos del alcance de miradas indiscretas. No hay dos edelweiss iguales, cada uno es único, irrepetible. El amor es igual, irrepetible, único, pudoroso. No está al alcance de cualquiera. Hay que subir para encontrarlo. Hay que dejar atrás muchas cosas y esforzarse por llegar a una cumbre juntos.

El amor no es tanto mirarse uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección. No se puede buscar un amor auténtico a ras de suelo, en los sitios de fácil acceso. No se puede pretender que el amor se repita de igual manera muchas veces. El amor no es margarita, es edelweiss, es único. Amar es dejar muchas comodidades, muchas seguridades, muchas facilidades y retirarse a la aventura de la entrega total. El amor verdadero no está al alcance de la mano. Hay que buscarlo, lucharlo, merecerlo. El amor no es para espíritus vulgares apegados a las bajezas de los valles, sino para aquellos que se sienten llamados a la pureza de la montaña donde sopla el aire limpio. (Miguel Camena)


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LETANÍAS DEL CARDENAL MERRY DEL VAL

Jesús manso y humilde de Corazón,
Óyeme.

Del deseo de ser estimado,
Líbrame Jesús.
Del deseo de ser alabado,
Líbrame Jesús.
Del deseo de ser honrado,
Líbrame Jesús.
Del deseo de ser aplaudido,
Líbrame Jesús.
Del deseo de ser preferido a otros,
Líbrame Jesús.
Del deseo de ser consultado,
Líbrame Jesús.
Del deseo de ser aceptado,
Líbrame Jesús.

Del temor de ser humillado,
Líbrame Jesús.
Del temor de ser despreciado,
Líbrame Jesús.
Del temor de ser reprendido,
Líbrame Jesús.
Del temor de ser calumniado,
Líbrame Jesús.
Del temor de ser olvidado,
Líbrame Jesús.
Del temor de ser ridiculizado,
Líbrame Jesús.
Del temor de ser injuriado,
Líbrame Jesús.
Del temor de ser juzgado con malicia,
Líbrame Jesús.

Que otros sean más estimados que yo,
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse,
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros sean alabados y de mí no se haga caso,
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil,
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que otros sean preferidos a mí en todo,
Jesús dame la gracia de desearlo.
Que los demás sean más santos que yo
con tal que yo sea todo lo santo que pueda,
Jesús dame la gracia de desearlo.


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SÓLO POR HOY

Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.
Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.
Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.
Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.
Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer, si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.
Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario - que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.
Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular, no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
(Papa Juan XXIII)

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XXXI Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 19, 1-10) - Ciclo C: Conversión



Según la enseñanza de los rabinos en el tiempo de Jesús, aquel que no comulgara con todas las prescripciones de la Ley y de La Tradición, es decir, quien no estuviera dentro de la ortodoxia, quedaba excluido de la salvación. Entre este grupo se encuentra a prostitutas, publicanos (cobradores de impuestos para Roma), ladrones, usureros, pastores, médicos, sastres, barberos y carniceros. Aquellos que no pagaban el diezmo, trabajaban en sábado y hacían caso omiso a la pureza ritual. Ni hablar de los pobres que ignoraban la Ley, pues los fariseos decían que eran gente maldita (Jn7,49) y que por ellos venían muchas desgracias para el pueblo.
Zaqueo estaba dentro de ese grupo de condenamos porque era jefe de recaudadores de impuestos y muy rico. Riqueza adquirida fruto de la explotación y de la traición a su pueblo. ¡Claro que se trataba de una persona injusta que llenaba sus arcas a expensas del empobrecimiento y la miseria de los demás! Y sabemos que Jesús siempre estuvo en contra de todo tipo de injusticia. Pero él, para rechazar la injusticia, no condenó a la persona injusta, sino que buscó su transformación de una manera muy pedagógica. Quiso, como escribió Pablo: cambiar el mal a fuerza de bien (Rom 8,21).
Zaqueo era un hombre excluido, juzgado y condenado por el sistema religioso, y despreciado por todo el pueblo. Un ser humano con apariencia de dios, un hombre acomodado y aparentemente sin problemas, pero con un drama tremendo que le impedía vivir libremente y ser feliz. Un hombre con profundos complejos de inferioridad, que pretendía ocultar con la acumulación de riqueza, para sentirse importante. Un hombre pequeño que se subía a los árboles para estar por encima de los demás, sentirse importante y colmar el vacío de su propia insignificancia. No obstante, era un hombre que no había aplastado totalmente su conciencia humana y que, hastiado de su vaciedad, buscaba tímidamente al Maestro de Nazareth, en quien veía una luz de esperanza para su vida.
Zaqueo no lograba ver a Jesús a causa del gentío, porque una comunidad que sigue a Jesús es un medio eficaz para encontrarse con él, pero una muchedumbre de gente que camina como borrego tras el espectáculo religioso del momento, oculta su figura y su propuesta de salvación. Jesús se acercó al árbol donde se había subido Zaqueo, lo invitó a bajarse y se hizo el invitado. Lo aceptó como persona y se atrevió a creer en lo bueno que podía dar este hombre rico e injusto, menospreciado por todos. No lo rechazó como ser humano ni le reprochó su actitud injusta, sino que le brindó su amistad y le manifestó su deseo de quedarse en su casa, es decir, de entrar en su mundo, en su vida y hacerse su amigo.
Zaqueo comprendió que ante sus ojos había una oportunidad única que tal vez nunca volvería a tener. Por eso, sin pensarlo dos veces bajó rápido y recibió a Jesús en su casa con alegría. Se trató de un acto de fe y de un voto de confianza en Jesús. Zaqueo le creyó a Jesús y le abrió las puertas de su corazón para que entrara y transformara su vida. Fue un acto espontáneo en el que dejó a un lado la voluntad de poder y el delirio de grandeza, y se dejó conducir por su sed humana de una amistad sincera, realidad que difícilmente se encuentra en el oscuro mundo de los negocios sucios. La alegría de Zaqueo es manifestación de que el Reino de Dios se empezaba a gestar en él. Se trataba de la misma alegría del hombre que encontró un tesoro en el campo y lleno de alegría lo escondió, vendió todo lo que tenía para comprar el campo y así quedarse con el tesoro (Mt 13,44). Se trataba de la misma alegría del pastor que encontró a su oveja extraviada, o de la alegría de aquella mujer que encontró su dracma perdida (Lc 15,1ss).
Las críticas no se hicieron esperar, esta vez no sólo de la élite religiosa, sino de todo el pueblo. Las personas que se atreven a cuestionar lo incuestionable, a “irrespetar” lo más respetable y a romper los tabúes de las sociedades, suelen ser vistas como peligrosas. Con su actitud para con los pecadores ponía en peligro el sistema religioso: “Nada especial en esta historia, puesto que si Dios ama por igual a buenos y malos, entonces el sistema se viene abajo; la enseñanza tradicional no tiene más fundamento, los guías del pueblo ya dejan de serlo, la organización de la sinagoga y del templo está minada por la base. Si las prostitutas y los publicanos tienen los primeros puestos en el reino de los cielos, ¿de qué sirve ser escriba, pastor, sacerdote?[1]
Mientras unos criticaban a Jesús y veían un peligro en él, Zaqueo aprovechaba el paso de Dios por su vida, se dejaba transformar por su amor incondicional, generoso y compasivo; daba muestras concretas de su transformación y de su sí al Reino de Dios: “Mira, Señor: voy a dar a los pobres la mitad de lo que tengo, y si a alguien le cobré más de lo debido, le voy a devolver cuatro veces más.” (Lc 19,8). Como dice Leonardo Boff, aquí vemos claramente que “lo redentor en Jesús no es propiamente la cruz, la sangre, ni la muerte, tomados en sí mismos. Sino su actitud de entrega y de perdón”.[2]
Lo que no habían logrado las autoridades y todo el pueblo religioso con su actitud condenatoria, lo hizo Jesús al mostrar el rostro misericordioso de Dios. Como personas religiosas, miembros de una comunidad cristiana, podríamos preguntarnos cuál es nuestra actitud ante estas personas que, como Zaqueo, viven en un mundo tan lleno de privilegios como tan efímero, engañoso y deshumanizante.
Ahora pongámonos en el sitio de Zaqueo. Jesús sigue invitándonos a bajarnos de todos los falsos pedestales para encontrarnos con él. Su invitación generosa a comer con nosotros y a entrar en nuestra vida trae consigo la invitación a despojarnos de todo aquello que nos impida vivir como hermanos. A reparar el daño que hayamos cometido y a comprometernos con la construcción del Reino. “Nadie está excluido de la llamada a participar en el Reino. Pero la llamada de Jesús al rico es la invitación a dejar de acaparar para sí. Es la invitación a abrirse a los pobres y a compartir con ellos”.[3]
El Reino de Dios propuesto por Jesús no ataca alguien en particular, sino que combate todo tipo de injusticia y favorece a toda la humanidad. “Si Jesús, el Mesías del reino de justicia viene a los injustos, pecadores y publicanos, quiere indicarnos con esto que también es indigno del hombre ser esclavo de la injusticia. Con estos hombres injustos celebra el banquete futuro de los justos”.[4]
Se trata de optar a favor de la justicia y en contra de todo tipo de opresión y engaño. Cuando, como Zaqueo, la persona renuncia a la vida de engaño, mentira, opresión e injusticia y se convierte radicalmente, experimenta la verdadera vida. Cuando deja el mundo de privilegios fruto de la opresión y se decide a vivir llanamente con otros seres humanos en condiciones de dignidad; cuando con todos sus recursos promueve una vida digna como derecho y oportunidad para todos, experimenta la auténtica alegría que le da paz y felicidad. El primer beneficiario de la decisión de Zaqueo fue él mismo. Por eso dijo Jesús: “Hoy llegó la salvación a esta casa”.
Sin lugar a dudas que si optamos por una vida justa, si actuamos con honestidad y promovemos la dignificación y los derechos humanos, los primeros beneficiados seremos nosotros mismos. Viviremos en armonía con la vida, en comunión con el amor misericordioso de Dios y ahí encontraremos nuestra plenitud. Podremos escuchar en lo profundo de nuestra vida cada día esas hermosas palabras de Jesús: “Hoy llegó la salvación a esta casa”. Sin prepotencias, sin falsas seguridades, qué bueno sentir que estamos haciendo realidad el plan de salvación en la medida que aceptamos a Jesús en nuestra vida y vivimos en continua conversión.


Oración

Padre y Madre Dios, misterio infinito, que estás en el cielo, en la tierra, todo y en todos. Te bendecimos por el derroche de amor que nos has dado por medio de Jesús. Te damos gracias porque hoy sigues invitándonos a vivir este proceso de conversión. Gracias por todas las oportunidades que nos das para ser mejores. Perdónanos si algunas veces hemos sido injustos, deshonestos y mezquinos con los demás y con nosotros mismos. Perdónanos si en algún momento como creyentes nos hemos limitado a cumplir estrictamente los preceptos y a evitar las prohibiciones, sin hacer opciones radicales por la justicia del Reino.
Hoy manifestamos nuestro deseo de bajarnos de todas aquellas falsas seguridades que “sostienen” nuestra vida y nos hacen sentir superiores a los demás. Hoy manifestamos nuestra decisión de optar por una vida llana, honesta contigo, con nosotros mismos y con los demás seres humanos. Una vida en justicia, en servicio, en hermandad y en fraternidad, movida por la misericordia. Pedimos la gracia de tu Espíritu para mantenernos firmes en este camino de fe. Pedimos la gracia de tu Espíritu para que podamos vivir con sabiduría y amor, de manera que descubramos en el día a día, la forma más correcta de ser fieles a ti, atendiendo siempre tu llamado, según los signos de los tiempos. Amén.


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[1] MYRE André, Escándalo, Jesús y los pobres, Bogotá 1993, 33.
[2] BOFF Leonardo, Textos selectos. Bogotá 1992, 93.
[3] GUTIERREZ Gustavo, Compartir la palabra, Salamanca 1996, 352.
[4] MOLTMANN Jürgen, Esperanza y planificación del futuro, Salamanca 1997, 241.

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JESÚS, MODELO DE ACOGIDA


Por Fray Marcos
XXXI Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 19, 1-10) - Ciclo C

Estamos en la última etapa de Jesús en su camino hacia Jerusalén, el próximo domingo lo encontramos en el templo respondiendo a los saduceos.

Una vez más se manifiesta la actitud de Jesús para con los “pecadores”, pero hoy de una manera muy concreta. Este pasaje del evangelio es un ejemplo maravilloso de la actuación de Jesús en su vida diaria. Con su actitud nos está diciendo cómo tenemos que comportarnos con los que hemos catalogado como pecadores. Está denunciando nuestra manera de proceder equivocada, es decir, no acorde con el espíritu de Jesús.

Sólo Lucas narra este episodio. No sabemos si es un relato histórico. Pero que lo sea o no, no es lo importante, lo que importa es la manera de narrarlo y las enseñanzas que quiere trasmitirnos, que son muchas.

Es importante recordar que Lucas es el evangelista que más insiste en la imposibilidad de que los ricos entren en el Reino. Unos versículos antes, acaba de decir Jesús: ¡Qué difícil le va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios! En este episodio resulta que llega la salvación a un rico que además es pecador.

Sin duda, Lucas está reflejando la situación de su comunidad, en la que se estaban ya incorporando personas ricas que daban el salto del seguimiento sin tener que abandonar su situación social y su trabajo. La única exigencia es salir de la injusticia y pasar a compartir lo que tienen con los que no tienen nada.

En el relato hay que presuponer más cosas y más importantes de las que dice:
¿Por qué Zaqueo tiene tanto interés en conocer a Jesús, aunque sea de lejos?

¿Cómo es que Jesús conoce su nombre?

¿Cómo tiene tanta confianza Jesús para autoinvitarse a hospedarse en su casa?

¿Qué diálogo se desarrolló entre Jesús y Zaqueo para que éste haga una promesa tan radical y solemne?

Sólo las respuestas a estas preguntas darían sentido a lo que sucedió. Pero es precisamente ese itinerario interno de ambos, que no se puede expresar, el que marca la relación profunda entre Jesús y Zaqueo.

La reflexión de este domingo conecta perfectamente con la del domingo pasado: el fariseo y el publicano. ¿Os acordáis? El creernos seguros de nosotros mismos nos lleva a despreciar a los demás, a no considerarlos; sobre todo, si de antemano, los hemos catalo gado como "malos".

Incluso nos sentimos aliviados porque no alcanzan la perfec ción que nosotros hemos alcanzado, y de esta manera podremos seguir mirándolos por encima del hombro.

“Todos murmuraban diciendo: ha entrado a comer en casa de una pecador”.

En el capítulo anterior al que estamos leyendo hoy, el joven rico que se acerca a Jesús le pregunta: ¿Qué tengo que hacer para heredad vida eterna? Buscaba la Vida Eterna y se quedó sin ella. Zaqueo solo busca ver a Jesús y se encuentra con la salvación.

Es interesante este distinto planteamiento. También nosotros seguimos empeñados en asegurar una salvación para el más allá, olvidando a los oprimidos del más acá.

Zaqueo era jefe de publicanos y además, rico. Pecador, por colaboracionista y por el modo de adquirir las riquezas. Tiene deseos de conocer a Jesús, pero, ¿cómo se podía atrever a acercarse a él? Todos le señalarían con el dedo y le dirían a Jesús que era un pecador. Seguramente había sido despreciado más de una vez por los fariseos, sacerdotes y jefes religiosos.

Podemos imaginar la cara de extrañeza y de alegría que pondría cuando oye a Jesús llamarle por su nombre; lo que significaría para él, que alguien, de la categoría de Jesús, no sólo no le despreciase, sino que le tratara incluso con cariño. Zaqueo se siente aceptado como persona, recupera la confianza en sí mismo y responde con toda su alma a la insinuación de Jesús. Por primera vez no es despreciado por una persona religiosa. Su buena disposición encuentra acogida y se desborda en total apertura a la verdadera salvación.

Una vez más utiliza Lucas la técnica literaria del contraste para resaltar el mensaje. Dos extremos que podíamos denominar Vida-Muerte.

· Vida en Jesús que manifiesta lo mejor de sí mismo abriéndose a otro ser humano con limitaciones radicales que le impiden ser él mismo.

· Vida en Zaqueo que, sin saber muy bien lo que buscaba en Jesús, descubre lo que le restituye en su plenitud de humanidad y lo manifiesta con la oferta de una relación más humana con aquellos con los que había sido más inhumano.

· Muerte en la multitud que, aunque sigue a Jesús físicamente, con su opacidad impide que otros lo descubran.

· Muerte en “todos”, escandalizados de que Jesús ofrezca Vida al que solo merecía desprecio.

A la vista del resultado de la manera de actuar de Jesús, yo me pregunto: ¿Hemos actuado nosotros como Él, a través de los dos mil años de cristianismo? ¿Cuántas veces con nuestra actitud de rechazo truncamos esa buena disposición inicial y conseguimos desbaratar una posible liberación?

Al hacer eso, creemos defender el honor de Dios y el buen nombre de la Iglesia. Pero el resultado final es que no buscamos lo que estaba perdido y, como consecuencia, la salvación no llega a aquellos que sinceramente la buscan.

Como Zaqueo, hoy muchas personas se sientes despreciadas por los dirigentes religiosos, y además, los cristianos con nuestra actitud, seguimos impidiéndoles ver al verdadero Jesús.

Muchas personas que han oído hablar de Jesús, se sienten atraídos y quisieran conocerlo mejor, pero se interpone la muchedumbre de los cristianos. En vez de ser un medio para que los demás conozcan a Jesús, los cristianos somos un estorbo que no deja descubrirlo. ¡Cuánto tendría que cambiar nuestra religión para que en cada cristiano pudiera descubrirse a Cristo!

Estar abiertos a los demás, es aceptar a todos como son, no acoger sólo a los que piensan como yo y siguen mis consignas. Si la Iglesia propone la actitud de Jesús como modelo, ¿por qué se parecen tan poco las actitudes de los jerarcas a las de Jesús? Una vez más se hace evidente el refrán: Una cosa es predicar y otra dar trigo.

Siempre que se ha consumado una división entre cristianos (cisma), habría que preguntarse, quién tiene más culpa, el que se equivoca y defiende su postura con honradez o la intransigencia de la iglesia oficial, que llena de desespe ranza a los que piensan de distinta manera, y les hace tomar una postura radical.

Lutero por ejemplo, no pretendía una separación de Roma, sino una purificación de los abusos que los jerarcas de la iglesia estaban cometiendo. ¿Quiere decir esto que Lutero era el bueno y el Papa y los cardenales malos? Ni mucho menos; pero con un poco más de comprensión y un poco menos de soberbia, se hubiera evitado una división que tanto daño ha hecho al cristianismo.

Hacer nuestro el espíritu de Jesús es caminar por la vida con el corazón y los brazos siempre abiertos. Estar siempre alerta a los más pequeños signos de búsqueda. Acoger a todo el que venga con buena voluntad, aunque no piense como nosotros; incluso aunque esté equivocado. Estar siempre dispuestos al diálogo y no a la imposición. Descubrir que lo más importante es la persona, no la doctrina ni la norma ni la ley.

No acogemos a los demás, no nos paramos a escuchar, no descubrimos esa disposición inicial que puede llevar a una auténtica conversión. Esperamos que vengan a nosotros humillados, reconociendo de entrada nuestra superioridad; y nosotros les perdonaremos la vida desde nuestra atalaya inexpugnable.

Verdaderamente, nuestra manera de actuar no se parece en nada a la manera de actuar de Jesús. Humildad y sencillez tenían que ser las prerrogativas de los seguidores de Jesús. Acogida incondicional a todo el que llega a nosotros con ese mínimo de disposición, que puede reducirse a simple curiosidad, como en el caso de Zaqueo; pero que puede ser el primer paso de un auténtico cambio.

No terminar de quebrar la caña cascada, no apagar la mecha que todavía humea, ya sería una postura interesante; pero hay que ir más allá. Hay que tratar de restablecer y vendar la caña cascada, tratar de avivar la mecha que se apaga. Estar dispuestos como decía el salmo, a sostener a los que van a caer; a enderezar a los que ya se doblan. Ya sé que es mucho pedir a los que nos creemos en posesión de la verdad, pero es la única manera de seguir a Jesús.

El final del relato no tiene desperdicio: “He venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”. ¿Cuándo nos meteremos esto en la cabeza? Jesús no tiene nada que hacer con los perfectos. Sólo los que se sienten perdidos, podrán ser encontrados por él. Esto no quiere decir que Jesús tenga la intención de restringir su misión. Lo que deja bien manifiesto es que todos fallamos y todos necesitamos ser recuperados. Claro que sólo el que tiene conciencia de estar enfermo estará dispuesto a buscar un médico.

Una vez más quiero resaltar que la salvación de la que aquí se habla no es conseguir el cielo en el más allá, sino repartir y compartir en el aquí y ahora. Pero esta lección no nos interesa ni como individuos ricos ni como iglesia. Para nosotros es preferible dejar las cosas como están y predicar una salvación para el más allá que nos permita mantener los privilegios de que gozamos aquí y ahora. En realidad no nos interesa el mensaje de Jesús más que en cuanto podamos manipularlo para que sirva a nuestros intereses.



Meditación-contemplación


“El hijo de Hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido”.
Solo lo que está perdido, necesita ser buscado.
Solo el que se siente enfermo irá a buscar al médico.
Solo si te sientes extraviado te dejarás encontrar por él.
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No se trata de fomentar los sentimientos de culpabilidad.
Tampoco de sentirse “indigno pecador”.
Se trata de tomar conciencia de la dificultad del camino
y sentir la necesidad de ayuda para alcanzar la meta.
..................

Se trata de sentir la ayuda de Dios desde lo hondo de mi ser.
Pero también de buscar y aceptar la ayuda de los demás,
que van un poco por delante y saben por dónde debo caminar.
Si me empeño en caminar en solitario, me perderé en el camino.
.................

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CATEQUESIS: XXXI Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 19, 1-10) - Ciclo C: Domingo de Zaqueo el publicano


Publicado por Catequistas.org

1. Lectura de la Palabra de Dios

Es el domingo de uno que buscó a Jesús por curiosidad y lo encontró por sorpresa para él y por gracia divina en los designios de la Providencia. Su nombre era Zaqueo. Su profesión era de mala reputación, pues no era solo publicano, sino jefe de publicanos. Terminó siendo invitado de Jesús y convertido a una vida más honesta y conforme con el plan de Dios.
Este publicano y jefe de publicanos encontró como regalo la sabiduría, una vez que la presencia de Jesús le transformó la vida.

Primera lectura: Sabiduría 11. 23 - 12.2

La verdadera sabiduría es la que viene de Dios. Por eso los cristianos vuelven sus ojos a las enseñanzas que quedan en los 45 libros del Antiguo Testamento, que son eco de los que Dios fue revelando e inspirando al pueblo elegido.
“ Tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes,
y apartas los ojos de los pecados de los hombres
para que ellos se conviertan.
Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho,
porque si hubieras odiado algo, no lo habrías creado.
¿Cómo podría subsistir una cosa si tú no quisieras?
¿Cómo se conservaría si no la hubieras llamado?

Pero tú eres indulgente con todos,
ya que todo es tuyo, Señor que amas la vida
porque tu espíritu incorruptible está en todas las cosas.
Por eso reprendes poco a poco a los que caen,
y los amonestas recordándoles sus pecados,
para que se aparten del mal y crean en ti, Señor.

También San Pablo recomendaba a su discípulo Timoteo que hiciera el bien, que viviera con la sabiduría venida del cielo, que confiara en el Señor de la vida que vendrá, pero no de inmediato, sino que deja el tiempo suficiente para que en la tierra cumplamos con la misión que él no asigna

Lectura Segunda: 2 Tesalonicenses 1.11 - 2. 2

Con este objeto rogamos en todo tiempo por vosotros: que nuestro Dios os haga dignos de la vocación y lleve a término con su poder todo vuestro deseo de hacer el bien y la actividad de la fe, para que así el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.
Por lo que respecta a la Venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestro ánimo, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor.

Tercera Lectura: Lucas 19. 1-10

La tercera lectura presenta un hecho que le aconteció a Jesús en la señorial ciudad de Jericó, en donde abundaba la gente rica y donde se pagaban muchos impuestos.

En aquel tiempo, habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico.
Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí.
Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: "Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa."
Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: "Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador."
Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: "Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo."
Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido."

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2. Comentario

La sabiduría de Dios se presenta siempre con las apariencias más sencillas de la vida. Con la figura de hombre rico, que se sube a un árbol para poder ver quién y cómo era Jesús, del que probablemente había oído hablar.
Y es Jesús el que levanta la vista y le pide a Zaqueo que le hospede en su casa. Es Jesús el que rompe todos los esquemas mentales que este hombre probablemente tenía en su cabeza. Es Jesús el que sorprende a Zaqueo y le declara familiar, amigo y capaz de recibir el don de su presencia.
Con su gesto, Jesús reconoce que ha venido sobre todo a salvar a los pecadores. Zaqueo es uno de ellos. Queda tan transformado, que hasta promete rehacer su vida y dedicar muchos de sus bienes a los pobres y reparar a quien le hubiera perjudicado.

Zaqueo era públicamente un hombre marginado, despreciado y acaso temido, Por eso el geto de Jesús se orienta a entender que todos los hombres tienen salvación y que basta gestos de amistad para que conviertan sus vida. Declara que la salvación ha entrado en su cosas y que todos los hijos de Dios están llamados a repetir la historia de hombres convertido.
La iglesia y todas las comunidades de los seguidores de Jesús, tienen el riesgo de pensar que los hombres pecadores deben ser apartados, que no son dignos de gozar de los beneficios y de las gracias del cielo. Jesús dice lo contrario. Y sale en defensa del pecador cuando la gente murmura por que ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.

El gesto de Jesús desafiaba muchas de las normas que imponían los fariseos y los sacerdotes del templo: no tocar a los impuros, no tratar con los paganos, no comer sin lavarse, no hacer miles de cosas que los hombres normales hacen.
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Es admirable la actitud de Jesús de ser el que se adelanta a tratar con un hombre odiado por todos, porque era el jefe de los recaudadores de impuestos. Jesús le transforma en otro hombre y anuncia que El ha venido a salvar. No le importan a Jesús los comentarios de la gente ni los prejuicios de los hipócritas. Le importan los pecadores que hay que llevar de nuevo al buen camino.

Las formas de Jesús para aproximarse a todas las personas son las que la Iglesia y los que quieren salvar a los hombres del mal, debe imitar en sus actividades. Hay que estar más allá de lo que diga la gente que se cree buena para llevar al buen camino a los descarriados a los que los demás hombres consideran malos y pecadores, pero que acaso no lo sean tanto ante los ojos de Dios.

Por eso es un modelo de amistad y de misericordia el dialogo que Jesús mantiene con Zaqueo en esta lectura. Al pasar “levantó Jesús la vista y le dijo: Zaqueo, baja en seguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa”.

Y es admirable la reacción de Zaqueo, que bajó deprisa del árbol y le preparó un banquete para celebrar esa para él inesperada amistad.

El encuentro con Jesús terminó con las buenas disposición de Zaqueo y con la afirmación de Jesús de que la salvación había ya entrado en la casa del nuevo discípulo, del recién convertido

El texto no especifica los motivos que tenía Zaqueo para querer encontrarse con Jesús: ¿curiosidad? ¿Los comentarios de la gente? ¿la fama por los prodigios realizados? Es probable que Zaqueo buscaba sabe si Jesús había ya pagado los tributos que los romanos exigían a todo judío. En una ocasión ya se los habían pedido en Galilea y Jesús había pagado de una forma original: indicando a Pedro que fuera a pescar un pez y que sacara de su boca la moneda del tributo. Sin embargo el resultado que Jesús quiso que hubiera en aquella ocasión fue la conversión de un explotador, de un “jefe de publicanos”, el cual residía en la importante ciudad de Jericó

No basta con tener buenos deseos, no basta con tener intenciones altruistas, no basta con tener sentimientos generosos: es necesario actuar, es necesario pasar de las palabras a los hechos. Zaqueo lo hizo y prometió ante Jesús que devolvería lo que fuera, si es que había robado a alguien… Jesús le recompensó con un signo de amistad: “entrar en su casa y aceptar una comida”. Y no le importó los que murmuraba de él. Es más les advirtió que El no había venido al mundo para salvar a los buenos, sino para levar por el buen camino a los malos.

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La figura del jefe de publicanos convertido en amigo de Jesús es muy significativa. Hay personas que tienen mala fama y no son tan malos. Y hay personas que tienen buena fama, y acaso no la merecen. Hay personas que tienen una experiencia negativa de Dios y de las cosas de la religión y se debe a una mala forma o alguna herida que arrastran. Y hay que ser comprensivos con ellos y entrar en su casa para comer a su lado. No son ni ateos, ni pecadores, ni malos. Son solamente alejados.

Hay que saber acocarse a ellos para llevarles luz, paz y consuelo. Es lo que hizo y enseñó Jesús. Y lo que enseñó a hacer. Y para ellos hay que hacer oídos sordos a los chismosos que murmuran de la generosidad, como era mucha gente que vio cómo Jesús entre en la casa de Zaqueo, que se escandalizaban por la generosidad del Maestro.

La profunda transformación en la vida de Zaqueo es lo que podemos denominar con la tradición cristiana, la “conversión del pecador”. Dios no quiere que el pecador muera, sino que arrepienta y viva. El mensaje de Jesús es claro. Por eso los seguidores de Jesús hacen lo posible por conseguir que todos se acerquen al buen camino. Y no hay buen camino si no conduce a Jesús.


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3. Modelo de Catequesis

1. Experiencia

Hacer con los catequizados o los alumnos una lista de gente malvada, o muy pecadora, m que se conoce o se ha conocido por la prensa, por relatos ajenos o directamente en nuestra vida. Y Luego hacer una lista de gente buena, intensamente buena, que se conoce también
El catequista o el profesor puede invitar a que os alumnos sean discretos al decirlo y sólo aludan a la persona, no al nombre a la situación que ocupa y puede conducir a identificarla

2. Reflexión

El educador puede hacer una reflexión sobre las causas que habrán llevado al mal o al bien de esas personas que han salido. Pero conviene que suscite un coloquio entre los alumnos o catequizandos sobre las causas que a veces llevan al mal a las personas: soledad, miseria, desempleo, fracasos sociales o afectivos, maltrato, etc.
El hecho de ser comprensivos, como Jesús lo fue con Zaqueo, no impide que se reconozca el mal allí donde está. Pero es buena ocasión para diferenciar bien claramente ente el pecado y el pecado, entre el mal y la maldad…

3. Acción

Podríamos hacer un plan de fiesta con Jesús y Zaqueo, entre Jesús y un banquero que maneja dinero, que eso era el jefe de publicanos. Qué diría Jesús y qué diría Zaqueo en el banquete… a quien invitaría cada uno a la fiesta o a la comida. Si en el ambiente del os alumnos o de los catequizandos se presenta hasta se podría hace una dramatización o representación de la conversación mientras se va comiendo…
Conviene resaltar la dimensión evangélica de la escena. En lo posible se pueden decir, ampliar, comentar las palabras de Jesús: “Hoy ha entrado la salvación en esta casa”. Y las de Zaqueo “Daré la mitad de mis bienes a los pobres”.

4. Colaboración

Preparar un plan sobre lo que convendría hacer para convertirnos nosotros mismos como se convirtió Zaqueo. Conversión es cambio de vida. Podemos hacer entre todos los del grupo una revisión sobre las cosas que no le gustan a Cristo entre las que hacemos: venganzas, perezas, incumplimientos del deber. Luego podemos hacer una lista de las cosas que sí podríamos hacer: servicios, estudio, actos de amabilidad, gestos de amistad, ayudas al necesitado. Durante unos días podemos poner las dos listas en el sitio en que trabajamos o nos reunimos y la miramos o recordamos durante una semana.

5. Interiorización

Preparar en anónimo un plan de vida mejor, un nuevo camino. Cada escolar o catequizando lo escribe en un pequeño papel. Debe ser muy breve: sólo dos o tres frases. Se puede hacer en forma de oración, en forma de juramento, en forma autocompromiso. El educador puede simular algunos modelos e incluso repartir el papelito en que se escribe, teniendo cuidado de que todos los papeles sean similares para que no haya posibilidad de ser identificado por los compañeros.
Se ofrece la lectura al azar de tres o cuatro y luego los elegidos (o acaso todos) los papeles se guardan en un sobre cerrado. En la próxima reunión se vuelven a leer tres o cuatro y se pregunta por el parecer.
Se debe cuidar el anonimato. Por eso se destruyen después, por ejemplo quemándolos en una platito al final de la lectura.


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4. Ejercicios interesantes para catequistas.


De Pequeños

- Tener una entrevista periodística con alguien que simula ser Zaqueo, por parte de otros dos o tres compañeros que simulan ser reporteros de un Diario titulad Personajes…
Los demás compañeros comentan o juzgan si la ent5revista recoge como fue el encuentro y la comida con Jesús
Se puede hacer el ejercicio repetido con dos o tres entrevistas por diversos alumnos. Los demás van juzgando al final de la entrevista cuál está mejor lograda. Evidentemente hay que preparar la entrevista: leyendo el texto, informándose del lugar, de las circunstancias, de las intenciones de Jesús y de Zaqueo, etc.

- Buscar los personajes de la escena de Zaqueo en otros lugares del Evangelio: un publicano, los fariseos, los que seguían a Jesús, los discípulos, los criados que sirvieron, los que tenían que pagar tributos… y explicar a los demás la escena con Zaqueo a la luz de lo encontrado.

- De medianos

- Dividirse en grupos y narrar esta escena a un banquero, a un político, a un guardia, a un inspector de hacienda, a un soldado, a otros tipos sociales que los alumnos quieran inventar… Como no pueden ser tipos reales, algunos alumnos se pueden prestar a simular tales tipos y a responder como si ellos lo fueran. Preguntar a cada uno a que les suena expresiones como “subir al árbol”, “ver a Jesús”, “bajar con alegría”, “dar la mitad de los bienes a los pobres”, “salvación de esta casa”…

- De Mayores y Preadolescentes

- Fabricar y explicar un vocabulario de términos relacionados con “conversión”: arrepentimiento, cambio, corrección, enmienda, transformación penitencia, metanoia, reforma, rehabilitación, perdón, etc. Al menos esforzarse por buscar unas 25… Luego se puede construir un esquema o un “mapa conceptual” en el que entren las 25. El esfuerzo y la explicación del educador simultánea al esfuerzo se presta a un buen ejercicio.


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5. Para mayor reflexión.

Términos para buscar: fortaleza, publicanos, búsqueda de Jesús, pecadores, conversión, sinceridad, humildad, pobres, justicia, amor fraterno,

Libros interesantes

Zaqueo: El encuentro de un amigo. Bernard Hubler. Madrid. Ed. CCS. 1997

Zaqueo baja del árbol: escenificaciones bíblicas. Hermand Multhayd. Santander. Sal Terrae. 2001

La alegoría de l conversión. Ignacio Iglesias González. Madrid. Editorial Católica. BACX. 1997

Caminar en la verdad: cursillos de conversión. Maximiliano Calvo y Constantina Gutiérrez. Madrid.Ed. CCS. 2005

Mística para una nueva era: de la teología dogmática a la conversión del corazón. William Johnston. Bilbao. Desclée de Brouwer 2003

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viernes 29 de octubre de 2010

Palabra de Misión: Jesús de los perdidos: ¿acaso Jesús no era nuestro? / Trigésimoprimero Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C – Lc. 19, 1-10


Publicado por Leonardo Biolatto

Jericó es la gran ciudad de entrada a la provincia de Judea para los peregrinos que vienen de Galilea. Por eso no pueden dejar de mencionarla Marcos ni Mateo ni Lucas. Para Marcos, el episodio clave en esta ciudad es la curación del mendigo ciego Bartimeo (cf. Mc. 10, 46-52). Para Mateo, esta curación no es de un ciego, sino de dos, que al unísono piden la piedad de Jesús (cf. Mt. 20, 29-34), y no sucede dentro de Jericó, sino saliendo de la ciudad. Finalmente, Lucas pone al ciego antes de Jericó (cf. Lc. 18, 35-43), e incluye, como material propio, dentro de la ciudad, la conversión de Zaqueo. Para el esquema narrativo sinóptico que comienza en Galilea, desarrolla un camino intermedio y culmina en Jerusalén, Jericó es clave. Esta ciudad hace las veces de bisagra en el camino del Evangelio. Como símbolo del comienzo del final del peregrinaje, resume algo que cada autor haya considerado importante para el discipulado. En Marcos, claramente, Bartimeo es el discípulo-modelo. Para seguir a Jesús hay que ser como ese mendigo ciego, hay que aprender a ver y ponerse en camino a Jerusalén. En Mateo, el mensaje es similar, sólo que se trata de un par de ciegos, y como par, representantes de una humanidad que, al borde del camino, en el margen, sólo puede ser rescatada por la cercanía de Jesús. En Lucas, el mensaje del final del peregrinaje se complejiza. Al ciego se agrega Zaqueo, y juntos forman un díptico que no puede analizarse por separado.

Lo primero que une al ciego y a Zaqueo es la ciudad, Jericó. En ese tiempo, Jericó era una ciudad comercial por la que recorría una de las rutas mercantiles más famosas de Oriente. Era lugar de paso para los mercaderes, y por ello, ciudad cosmopolita y variada. En Jericó convivían ricos y pobres, mendigos y acomodados. En Jericó estará el ciego que pide limosna y el jefe de los publicanos, o sea, el que vive en la miseria y el que vive en la opulencia. La ciudad los une, pero sus condiciones están separadas por una brecha, por un abismo; al fin y al cabo, inteligentemente, Lucas nos dice que la situación de uno es consecuencia de la situación del otro. Hay pobres tan pobres como el ciego porque hay ricos tan ricos como Zaqueo, y la única solución a este problema es la re-distribución de las riquezas, la cual efectuará el jefe de los publicanos al final de la narración. A pesar de las distancias sociales, es Jesús quien llama a ambos, aunque el texto afirma que ambos lo buscan primero. El ciego grita cada vez más fuerte para ser oído; Zaqueo se sube a un sicómoro porque su baja estatura le impide ver a Jesús. En algún punto, Lucas está siendo irónico con buena intención: los personajes creen que buscan al Maestro, pero es el Maestro el que los busca, porque la iniciativa es siempre de Dios. Otro punto curioso de contacto es la oposición o el obstáculo que representa la multitud. Al ciego lo reprenden para que se calle y a Zaqueo lo molesta la turba de gente que, más adelante, murmurará contra él y contra el mismo Jesús. Esta multitud, que cualquiera podría ver como éxito de la prédica jesuánica, resulta ser un estorbo para los que buscan de corazón a Dios. Nuevamente, con ironía, el narrador marca una paradoja: mientras más gente está cerca de Jesús, más difícil es para las personas entrar en contacto con Él; como si le formasen un muro, como si lo privatizaran. La multitud sin rostro parece ser una masa que se mueve según las circunstancias, según el grado de éxito del predicador. Al final, en Jerusalén, los Evangelios recalcarán que Jesús se encuentra solo, y que esa multitud no sólo desapareció, sino que se puso en su contra. Otro tópico importante de coincidencia es la visión. El ciego, sin dudas, quiere recobrar la vista física, aunque su curación sea signo de la recuperación espiritual; Zaqueo, a la par, busca ver a Jesús, y se sube a un árbol para verlo. Zaqueo no es ciego físicamente, pero desea ampliar su mirada, mirar más allá, sobrepasar lo que ve usualmente. El sentido de la curación del ciego se hace evidente en la conversión de Zaqueo, porque la curación, en este caso, es conversión, es cambio de mirada. Por eso al ciego se le anuncia que no sólo ha recobrado al vista, sino que su fe lo ha salvado, y a Zaqueo se le anuncia que la salvación llegó a su casa. Están salvados porque ahora ven de una manera diferente, con otros ojos, con otra apertura; el ciego es capaz de seguir a Jesús hasta Jerusalén y Zaqueo es capaz de dar sus bienes para transformar el mundo.

Hasta aquí la comparación entre la curación del ciego y la conversión de Zaqueo. Pero el texto de hoy puede compararse con otra perícopa, de los inicios del Evangelio según Lucas. Nos referimos a la vocación de Leví (cf. Lc. 5, 27ss). Ambos, Leví y Zaqueo, son publicanos. La diferencia es que el primero es un telones y el segundo un architelones; si fuesen de la misma zona, Zaqueo sería jefe de Leví; este dato determina la situación económica, porque los jefes de publicanos eran los que verdaderamente podían hacer diferencia en riquezas, mientras que los publicanos simples eran asalariados y no ganaban mucho más que sus compatriotas. A los dos Jesús les habla, invitándolos a seguirlo o a darle hospedaje. Los dos responden positivamente. De Zaqueo no se aclara que dé un banquete, pero el solo hecho de recibir a Jesús en su casa implica lo segundo; en el caso de Leví, el banquete es parte importantísima de la narración. Otro dato importante y congruente son las murmuraciones del resto; en la casa de Leví murmuran escribas y fariseos, mientras que en la de Zaqueo murmuran todos los asistentes (¿ese todos incluirá a los discípulos?). Ante las murmuraciones, las frases del Maestro son, esencialmente, iguales: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan” (Lc. 5, 31b-32); “El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc. 19, 10). Se pueden establecer paralelismos entre enfermos-perdidos-pecadores y llamar-conversión-salvar. La conexión ulterior de ambos pasajes, en un principio distintos, por tratarse de un relato vocacional el primero y una conversión el segundo, se unifican en el punto en que una vocación es una conversión, un llamado de Jesús es una invitación a virar el rumbo, a cambiar el camino. Y una respuesta positiva a esa invitación es dejarse salvar, rescatar, liberar. Los llamados vocacionales son episodios de conversión y las conversiones son llamados vocacionales. No es posible quedar indemne al encuentro con Jesús; no es posible seguirlo sin asumir un cambio, y no es posible cambiar sin, explícita o implícitamente, volverse discípulo de Él. Aún sin la mención en voz alta del nombre de Jesús, todo ser humano que cambia su camino en pos del prójimo se ha convertido, y en esa conversión se ha vuelto discípulo. Las acciones de amor se resumen en el Cristo, y nadie permanece ajeno a ese amor, aunque se le manifieste de las formas más distintas.

En el caso de Zaqueo, la manifestación es la persona misma de Jesús de Nazareth, hace dos mil años. La conversión del jefe publicano resuena en la estructura literaria de la perícopa. Al inicio de la misma Zaqueo es un hombre rico que sube al sicómoro porque es petiso. Al final, Zaqueo baja del sicómoro, queda pobre entregando la mitad de sus bienes y devolviendo cuatro veces a los perjudicados, y su estatura espiritual ha crecido sobremanera. Zaqueo pasa de arriba del árbol hacia abajo, de baja estatura a una alta estatura espiritual, de hombre rico a pobre que comparte con los pobres. Toda la escena se ha convertido. Más sutil aún, la perícopa comienza afuera y culmina dentro de la casa, símbolo eclesial. Zaqueo ya no está por fuera del hogar jesuánico, sino que ha encontrado su lugar a pesar de las murmuraciones. Lo ha encontrado porque lo ha buscado. Quizás sin saberlo, o con un fuerte impulso de su corazón, deseaba convertirse. La escena se desarrolla como una búsqueda que comienza en el obstáculo de la multitud y la necesidad de subir a un lugar más alto para ver al Maestro. Buscar y ver. Ambos verbos son importantísimos en los Evangelios y en el simbolismo neotestamentario. Dentro del Evangelio según Lucas, la búsqueda primera es la de los padres desesperados porque han perdido a su hijo en el Templo (cf. Lc. 2, 44.45.48.49), a Jesús lo busca la multitud (cf. Lc. 4, 42), los que llevan el paralítico buscan la manera de acercárselo (cf. Lc. 5, 18), Jesús asegura que el busca encuentra (cf. Lc. 11, 9-10) y que el que busca el Reino de Dios encuentra lo demás por añadidura (cf. Lc. 12, 31), sus oponentes buscan la manera de matarlo (cf. Lc. 19, 47; Lc. 22, 2.6) y a las mujeres del sepulcro vacío se les pregunta por qué buscan entre los muertos al que está vivo (cf. Lc. 24, 5). En cuanto al verbo ver hay incontables referencias, pero mencionaremos como destacado que los pastores van a ver al niño (cf. Lc. 2, 17), que a Simeón se le había prometido no morir hasta ver al Mesías (cf. Lc. 2, 26), que una promesa escatológica es que todos los hombres verán la salvación de Dios (cf. Lc. 3, 6), que Simón Pedro se echa a los pies de Jesús cuando ve el milagro de la pesca (cf. Lc. 5, 8), que su madre y sus hermanos quieren ver a Jesús, pero no pueden por la multitud (cf. Lc. 8, 19-20), Herodes quiere verlo también (cf. Lc. 9, 9; Lc. 23, 8), cuando el pueblo ve que el ciego recuperó la vista, alaba a Dios (cf. Lc. 18, 43), al final de los tiempos se verá al Hijo del Hombre venir sobre una nube (cf. Lc. 21, 27), la multitud regresa golpeándose el pecho al ver la crucifixión (cf. Lc. 23, 48), los discípulos de Emaús abren sus ojos tras el pan partido y pueden ver claramente (cf. Lc. 24, 31).

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Zaqueo busca porque quiere ver. Se sube al sicómoro porque desea el contacto visual con el Maestro Jesús, ese profeta itinerante que recorre Palestina. Quiere encontrarse con Él. Sin embargo, la paradoja del texto es que Jesús levanta la mirada para verlo y es el Hijo del Hombre el que busca lo perdido para salvarlo. La iniciativa es de Dios, siempre. Él mira primero y busca antes que nosotros; gracias a eso, nosotros podemos buscarlo y verlo.

La declaración final de esta perícopa es una lanza para la vida y misión de la Iglesia. Buscar lo perdido para salvarlo. En la historia hemos entendido esta misión de diversas maneras. Una forma dolorosa fue creer que buscar lo perdido era colonizar, y que la colonización traería salvación. Eso fue una evangelización de imposición, y por lo tanto, no fue evangelización, pues no hubo Buena Noticia. En realidad, no habíamos salido a buscar lo perdido, sino a quedarnos con lo que encontrábamos. La propuesta de Jesús es muy superadora. Se trata de mirar donde la multitud no se animar a ver; mirar en los márgenes, en los despreciados, en los ciegos al borde del camino y en los jefes publicanos excluidos religiosamente. Se trata de acercarse al rico, no para codearse en su mesa, sino para liberarlo de las riquezas. No está salvado el rico porque posee bienes materiales, sino que es un perdido más, un enfermo. La evangelización es una tarea liberadora que tiene como principal tarea, liberar la mirada. El ciego al borde del camino recupera la vista y puede seguir a Jesús hasta Jerusalén, donde morirá. Zaqueo quiere ver, pero no puede ver con claridad hasta que el Hijo del Hombre se hospeda en su casa, en su corazón. Allí se abre su mirada, su visión se amplía, y el dinero le parece un estorbo. Dará la mitad de sus bienes a los que no tienen, a los que oprimió tanto tiempo, y devolverá por cuadruplicado a los perjudicados. Se ha liberado.

¿Cómo alcanzar esa evangelización en la Iglesia? ¿Cómo ir a buscar los perdidos para liberarlos y no conquistarlos? ¿Cómo no encerrarse? Porque, en definitiva, la aplicación más directa de esta metodología jesuánica consiste en superar el cerco reductor de templos, parroquias y comunidades sectarias. Las multitudes, en el Evangelio, en lugar de permitir que los marginales lleguen a Jesús, los alejan. Jesús tiene que romper el cerco de la multitud para llegar al ciego o a Zaqueo. ¿No son un poco así nuestras Iglesias? ¿No se prefiere el confort de los que ya conocemos? Si somos los justos, que Dios esté aquí, entre nosotros. Pero resulta que el Hijo del Hombre es médico para los enfermos y es buscador de los alejados. Es sintomático ver cómo, en la grilla de actividades pastorales, el grueso del tiempo y recursos se dedica a lo que ya tenemos, a alimentar un círculo donde siempre son los mismos con las mismas tareas en los mismos horarios todos los años, y el tiempo y recursos dedicados a lo que no es puramente religioso es reducido. Muchas comunidades priorizan la búsqueda de catequistas cada comienzo de año, aunque nadie se dedique a la misión callejera; es preferible, dicen, mantener lo que ya existe funcionando, que desviar recursos a algo que no tendrá tanto éxito.

¿Y los perdidos, los enfermos, los ciegos, los Zaqueos? Allí están, en los bordes del camino, en el margen de la sociedad, gritando, subiendo a los sicómoros para ver a un Jesús que tenemos encerrado en el templo, y con la puerta bajo llave, porque en estos tiempos de inseguridad, no se sabe cuándo entrarán a robarlo.

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WebJCP | Abril 2007