Publicado por Entra y Veras
La apertura a la trascendencia va aneja a la condición humana. No se trata de sesudos razonamientos ni de altas teologías. Solamente es necesario saber leer la propia vida para darse cuenta que la realidad no lleva a un algo más.Una parte de la humanidad ha tomado a Dios como concepto. De ahí surgen los libros, enciclopedias, artículos en revistas especializadas, discusiones profundas y sibilinas sobre la idea de Dios. Otros desde su propia iluminación intentan descifrar la idea de Dios con conceptos menos abstractos, y más pedagógicos. La idea de Dios sale de la Universidad, de la oficina de estudio, y llega a la razón de muchos seres humanos. También hay muchos hombres y mujeres que tienen una idea de Dios bien profunda, y la vida no les ha dado la oportunidad de estudio. Ellos son los que viven en la realidad, dejando a un lado el complejo mundo de las ideas. No tienen un concepto de Dios racional y discursivo; tienen a Dios en sus vidas.
Hace casi un mes Mons. Felipe Arizmendi publicó un documento sobre “nombres indígenas de Dios”. Un documento que ha hecho historia. Fue elaborado en el XVI Encuentro de sacerdotes indígenas que atienden a coras, huicholes, tepehuanes y mexicaneros. En esa reunión se compartieron algunas denominaciones que los indígenas tienen sobre Dios.
Comparto y transcribo del documento: “Los huicholes le llaman a Dios Taokiyári, que incluye dos palabras: sol y corazón. Se lo aplican a Dios porque dicen que Él es el que brilla y ama, porque nos da vida, nos cuida y nos entrega su corazón. Los coras le nombran Tabástara: nuestro Padre Dios. Los zoques: Kómi Dios: Señor Dios; también Tata Dios: Padre Dios. Los tsotsiles: Kajwál: Señor, Dueño; Ch'ul jTotík: Padre sagrado; jKajwaltík: Nuestro Señor. Los otomíes: Tsi Dáda: Nuestro Salvador. Los mazahuas: Tzitá Jensé: Santo de arriba, o del cielo; Tríi Tzitá: el Hijo del que es Santo; Dios Hijo.
La cultura náhuatl posee infinidad de nombres; algunos de los que más se usan hoy son: Teótsin (literalmente: Tú-Camino): el que va delante, nos guía, nos acompaña. También se le nombra Tlayecána con el mismo sentido. Tioyolcuali (Divino-Corazón-Bueno): el que perdona, bendice, escucha y se compadece. Ehécatáta (Padre del viento): misterioso, sublime, bondadoso, poderoso y grande. Chicóme Zochitáta (Padre-Flor-Siete): está presente en el trabajo, en la siembra del maíz. Totlayecanátzin (Nuestro-Digno-Guía): nos orienta para que salgamos adelante. Totecótzin: nuestro Señor, nuestro Dueño. Totemaquixticátzin: nuestro Digno Rescatador. Totátzin: nuestro digno Padre, nuestro Padrecito”.
Si bien, hay nombres que necesitan un claro discernimiento, esto nos acerca a la realidad de lo que viven muchos hombres y mujeres hoy en día, en algunas iglesias locales. Y ante todo esto, me quedo con las palabras del Documento de Aparecida (91) estudiadas en esta reunión de sacerdotes indígenas: “profundizar el encuentro de la Iglesia con estos sectores humanos que reclaman ... ser tomados en cuenta en la catolicidad con su cosmovisión, sus valores y sus identidades particulares, para vivir un nuevo Pentecostés eclesial".
Francisco Javier Acero Pérez, Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, México D.F.







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