Publicado por DABAR
“Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas. Se levantó Elías, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta el Horeb, el monte de Dios.”
Para quienes lean este texto con premura y poca fe la pregunta clave, ¿hay algún alimento capaz de alimentarnos 40 días?, pero más allá de descubrir el alimento energético por excelencia o la clave de toda dieta, si lo volvemos a leer, nos percataremos que la pregunta clave es otra: ¿Qué alimento comió Elías que le dio fuerzas para llegar al monte Horeb, el monte de Dios?
La única respuesta posible es Jesús, que es sí comestible, en tanto se deja comer por nosotros. Y cómo los judíos, los despistados dirán ¿comer a Jesús? ¿un hombre? « ¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» ¿Cómo dice que es el pan bajado del cielo? Pero lo es. Esa es la tarea de Jesús: ser pan para todos nosotros, hacernos masticable, digerible y por tanto posible para nuestra carne humana el mensaje de Dios, y que en el cumplimiento de nuestro irnos configurando en Él e ir construyendo el Reino de Dios podamos sino llegar al monte de Dios, al menos sí andar hacia Él. Ponernos en camino a pesar de la dureza de los 40 días y 40 noches.
Y es justo por lo que los judíos criticaban a Jesús: por ser un vecino suyo, de carne y hueso, de naturaleza humana, por lo que podemos comer de Él. Es su naturaleza humana lo que nos hace comprensible a Dios, es su vida y su palabra humana lo que nos abren las puertas de la esperanza: podemos llegar a Dios, si aceptamos comer del pan de la vida, de las palabras que dan calor y esperanza, si nos dejamos acariciar por esas manos que sanan al mero contacto, si nos dejamos empujar por ellas hacia el monte Horeb por ese Jesús, que con su vida nos mostró el camino y el alimento que sacia nuestra sed de Dios, que nos amó hasta darse todo él por nuestra salvación y “se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor” .
Pienso ahora que en realidad la cosa suena fácil y está bastante mascadita, casi como los purés que se come mi hija que todavía no tiene dientes para masticar, pero nosotros en cambio nos sentimos como bebés ante un filete de ternera puesto en el plato, a lo máximo a lo que llegamos es a rechupetearlo un poco, pero la mayoría de nosotros no logramos masticarlo, no logramos alimentarnos de él, es más casi diría que se nos atasca, a lo más cuando ansiamos comerlo se nos acaba atascando cual bolo de comida que no logramos tragar… Se nos atasca demasiado el pan de vida. Vivimos por ello más cerca de la “amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad” que de ser “buenos, comprensivos, perdonándoos como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó”.
Y es que en el fondo nos gusta hacer por nosotros mismo, queremos cortar ese filete y ser capaces de mascarlo y tragarlo, queremos que sea nuestro mérito, nuestra fuerza, nuestra constancia, nuestra bondad, y olvidamos que el puré nos lo ofrece gratuitamente Jesús, mientras es el Padre quien nos acerca la cuchara, no se necesita de nuestro ego, es más bien dejarse hacer, dejarse vaciar, dejarse acariciar, dejarse empujar, porque “Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado”.
Pero no es tan fácil porque no nos sentimos necesitados de ese alimento, ni de ser alimentados, ni de pedirlo, ni de recibirlo, y así el puré se convierte en carne cruda, que no sólo es difícil de tragar sino que acaba siendo cada vez más inapetente, y ese es nuestro gran riesgo que a fuerza de no dejarnos acariciar por el pan de vida, éste deje de resultarnos apetecible y le encontremos sustitutos, que aparentemente sacian nuestra sed.
ELENA GASCÓN
elena@dabar.net
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DIOS HABLA
I REYES 19, 4 8
En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y, al final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte: «¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida, que yo no valgo más que mis padres!» Se echó debajo de la retama y se quedó dormido. De pronto, un ángel le tocó y le dijo: Levántate, come. Miró Ellas y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y una jarra de agua. Comió, bebió, y volvió a echarse. Pero el ángel del Señor le tocó por segunda vez diciendo: Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas. Se levantó Elías, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta el Horeb, el monte de Dios.
EFESIOS 4,30 5,2
Hermanos: No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.
JUAN 6, 41 51
En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».
EXEGESIS
PRIMERA LECTURA
El pasado domingo insistíamos en esa actitud de permanente inmadurez que puede perseguir al creyente. Y cuyo remedio decía Juan es la obra del Padre: “Que creáis en el que él ha enviado”. “¿Qué signo haces para que creamos en ti?” “Yo soy el pan de vida, El que viene a mí no pasará hambre y el que cree en mí no pasará sed”.
Como decía San Agustín ‘siempre estaremos insatisfechos mientras no descansemos en ti’. Esta primera lectura de hoy insiste en este buscar a Dios para alcanzar la madurez, el descanso; para encontrarnos cara a cara a quien nos busca. Comprobar, como le sucede a Elías, en palabras de una poetisa, Blanca Baños:
“Y yo que corrí, mi Dios,
mil caminos por buscarte
y yo que soñé mil noches
con tu amor…
¡cómo iba a sospechar que me esperabas
desde hace siglos, Señor!”.
Elías atraviesa por todas las situaciones personales y por todos los caminos de la vida (Alonso Schöckel en ‘La Biblia de nuestro pueblo’). Las etapas del viaje son: la ciudad, el desierto, la montaña, el ángel, la presencia. Etapas intensas, significativas, ejemplares, que reflejan un estado de ánimo: miedo, tedio, hastío, hambre, desesperaron, culpabilidad, obediencia, ánimo, ilusión, paso decidido hasta el monte del Dios.
Elías y su camino viene a ser figura a la vez de Moisés y del Pueblo de Dios. Un viaje purificador frente al miedo que le atenaza precisamente por ser consecuente con su fe. Una escena apocopada en la que se siente el eco permanente de la gran historia de Israel en el desierto; y más cercana, la experiencia personal de Moisés, también agobiado, pero no tanto por los enemigos sino por la enemiga de su propio pueblo con sus quejas, desánimos, desesperanza, exigencias, falta de fidelidad, cuando no vuelta de espaldas al Señor.
Elías, que ya ha luchado denodadamente contra los ídolos, Astartés y Baales, los ‘nuevos becerros de oro’ se desanima pero no se revuelve contra el Señor. Acepta resignado, incluso fatalista, la suerte que como profeta le aguarda (v.10). El Señor por el contrario lo pone en pie y se deja sentir cercano por el profeta.
El profeta retornará ‘por el mismo camino’ Ni el pan ni la visión de Dios van a cambiar la situación. Pero Elías retornará a su tarea con el ánimo cambiado. No sólo no desfallece, sino que unge a Eliseo, su sucesor en un gesto de enorme confianza en el Señor y de esperanza en el futuro. ¡Cuántas veces no pedimos a Dios que cambie las circunstancias en vez de cambiarnos el ánimo a nosotros para afrontar las mismas circunstancias!
TOMÁS RAMÍREZ
tomas@dabar.net
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SEGUNDA LECTURA
En la misma línea de otros textos de la literatura de corte paulino encontramos una exhortación parenética o moral en los mismo términos que otros párrafos de este y de otros escritos de esta familia. Son exhortaciones generales, lógicas, humanas, susceptibles de ser entendidas y puestas en práctica por cualquier persona de buena voluntad. Esta es la característica del texto a partir de 4,31. No hay una preocupación por parte del autor en descender a los detalles más pequeños por miedo a que los demás se equivoquen en la aplicación de los principios o, peor aún, por ansia de dominio o por identificación de los propios criterios con la Revelación. La escuela paulina da lugar a la interpretación por parte de los cristianos y quieren que sean adultos y asuman sus propias responsabilidades.
Lo realmente importante de estas partes morales no son los contenidos – en los que coinciden con todos los seres humanos realmente éticos, sino las motivaciones: Espíritu Santo, perdón de Dios, imitación del padre y de Cristo, especialmente en el punto del amor que llega a la muerte por los demás. En este texto es de notar la metáfora de 4,30 sobre entristecer al Espíritu. Aunque no se pueda ni deba tomar al pie de la letra, es suficientemente comprensible con su cercano y sensible antropomorfismo.
En cuanto a la otra metáfora final de Cristo sacrificado algunas observaciones: son muy pocas veces las que en las cartas paulinas – Efesios lo es aunque no sea de Pablo – se habla de Cristo sacrificado. Tampoco, y mucho menos, del sacrificio de la misa. Hay otras formas de expresar lo mismo. Además, teológicamente es difícil de explicar que Dios Hijo ofrezca un sacrificio a Dios Padre. Se ha hecho con resultados nefastos a lo largo de la historia de la teología. Y tercero, en una cultura con nula sensibilidad para la realidad del sacrificio en el auténtico sentido religioso, convendría desterrar esa terminología que complica más que explica.
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
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EVANGELIO
Texto. Sigue ahondando en el signo de la multiplicación de los panes y de los peces. La reflexión de hoy tiene su punto de partida en una dificultad: la realidad humana de Jesús parece cerrar toda posibilidad a que sea él el pan bajado del cielo, es decir, el alimento con garantía divina. ¿Cómo, en efecto, un ser humano puede tener categoría divina?
La dificultad la formulan los judíos. En el cuarto evangelio esta expresión casi nunca tiene un alcance global, es decir, abarcador de la totalidad del pueblo judío. Los judíos son distintos de la gente (el interlocutor del domingo pasado), que también estaba compuesta de judíos. Semánticamente los judíos se distinguen de la gente, aunque guardan relación con ella: los judíos son los guías de la gente judía. La expresión los judíos designa, pues, a los dirigentes o responsables religiosos del pueblo judío.
La respuesta a la dificultad es el hecho de la vida, del que Jesús es garantía absoluta. El campo semántico de la vida es el predominante en la respuesta de Jesús: vida, vivir, resucitar, no morir conforman esta respuesta.
La vida de la que aquí se habla hay que entenderla en el sentido riguroso y radical del término. Vida en cuanto opuesta a muerte, sin sentido metafórico o figurado alguno. Jesús invalida la muerte porque él es la vida.
La respuesta es tan sorprendente que sólo podrá comprenderla y aceptarla quien esté en la onda de Dios. Esto es lo que vienen a significar los versículos 44-45.
Comentario. Es difícil encontrar un texto bíblico como éste en el que realidad y experiencia anden tan a la greña. Si algo resulta evidente en el texto de hoy es que lo que se ve y experimenta no da toda la medida o alcance de lo real.
Los dirigentes religiosos judíos tienen razón a nivel de experiencia; la dificultad que formulan es totalmente cierta a ese nivel; pero desde el punto de vista del cuarto evangelista no lo es a nivel de realidad. La afirmación de Jesús negando la muerte es totalmente contraria a la experiencia; pero desde el punto de vista del cuarto evangelista esa afirmación expresa la realidad.
No es cuestión de entrar aquí en el detalle del eterno problema de fe y razón. Lo que ciertamente queda claro en el texto de hoy es que la razón no es la medida de la realidad. Lo que la razón afirma es cierto; pero a condición de no elevarlo a categoría absoluta. También la razón necesita ser complementada; de lo contrario, sus afirmaciones quedarán cortas y serán inexactas. Es lo que sucede cuando se trata de enjuiciar a la persona de Jesús y a determinadas afirmaciones suyas: la sola razón es insuficiente.
Parafraseando una célebre frase de Pascal, la fe tiene razones que la razón no conoce. Para entender a Jesús y descubrir la verdad de su persona y su afirmación de hoy hay que estar encariñados con Dios. Sólo entonces sabremos de verdad quién es Jesús y sabremos (¡oh maravilla!) que la muerte no existe.
ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net
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NOTAS PARA LA HOMILIA
“ Mi carne para la vida del mundo “ (Evangelio).
La Palabra se hizo carne, o sea, nació, creció, proclamó el mensaje del reino, murió en la cruz y resucitó de entre los muertos. Ahora es el Viviente cuya presencia sigue entre nosotros para seguir salvándonos. No renunció a su humanidad, ahora glorificada.
Sus seguidores tenemos aun el proceso a medio camino desde que por el bautismo dimos los primeros pasos en la fe. Todo el discurso del pan de vida ( Jn 6, 32-71 ) es como una homilía al estilo de las que se hacían en las sinagogas judías, con el trasfondo del Éxodo. Seguimos a Jesús, el nuevo Moisés que nos libera del pecado, si escuchamos su palabra, creemos en él y nos dejamos atraer por el Padre. Misteriosamente se unen en nuestra conversión a la fe, la fidelidad de Dios y la nuestra. Todo sumado, constituye el seguimiento de Jesús, como el que hicieron aquellas barcas que cruzaron dos veces el lago de Tiberíades en busca de Jesús. Habían visto signos y buscaban alimento.
Nosotros cruzamos desiertos y ciudades siempre pendientes de nuestra evolución imparable a impulsos de la historia. Desgaste, cansancio, frustraciones, crecimiento, retos, nuevas metas, terremotos y tempestades, naufragios, todo forma un conjunto de necesidades y preguntas que exigen repuesta para poder sobrevivir en paz.
Repetimos de algún modo el proceso de Elías pero con ventajas gracias al pan del cielo. La eucaristía es el alimento de los peregrinos, especialmente de los más débiles y de los que por defenderles y acompañarles, se sienten cansados o perseguidos, como Elías. Este pan se gana con el sudor de los que aguantan los dolores del mundo y el reto de vivir según el evangelio de Jesús.
No es un banquete de lujo para ricos, sino un pan de pobres, como los cinco de cebada de aquel niño que los ofreció a Jesús y que Él multiplicó para saciar a la multitud.
Nuestra comunión de hoy nos sienta a la mesa del Padre; para acceder a ella necesitamos presentar nuestra fidelidad al evangelio. Lo podremos acreditar en la medida que nos acerquemos cargados con los dolores de los más pobres junto con nuestra hambre y sed de justicia.
El cansancio de los profetas
El pasaje de Elías de la primera lectura se complementa con las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy. Elías desde su depresión expresa la necesidad de un alimento superior que necesitamos los peregrinos de la fe siempre, especialmente los adelantados en el seguimiento de Jesús. Los adelantados son los de la vanguardia en los caminos del reino de Dios, los que san Pablo llama “probados”, los que reciben las primeras heridas del enemigo porque intentan hacer avanzar hacia Dios a los cristianos.
Como Elías en su defensa del monoteísmo contra los 450 sacerdotes de Baal, tuvo la persecución de la reina Jezabel, también los que hoy anuncian proféticamente a Jesús para despertar a sus hermanos, sufren la oposición de quienes desde la rutina o la ignorancia consideran que para el bien de todos hay que frenar el avance. Son argumentos que ocultan su comodidad o su ignorancia.
Elías, el fuerte por el celo de Dios, se cansó de caminar contra corriente y cayó en profunda depresión. La naturaleza humana tiene un límite, por eso se comprenden ciertas aparentes defecciones que en el fondo son un cántico a la fidelidad. El Buen Pastor, que busca siempre la oveja perdida, aun a costa de prescindir momentáneamente de las demás, con mucho más cuidado se preocupa de sus pastores subalternos, cuando el cansancio o la difamación, les retira del rebaño nominal.
Como el maná alimentó milagrosamente a los israelitas en el desierto, otro alimento bajado del cielo y ofrecido directamente por Jesús, refuerza los ánimos cansados por el desgaste de la vida. “ El que cree tiene vida eterna...el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo”.
Todos necesitamos este alimento: la fe en Jesús. Ésta es la condición imprescindible para enriquecernos con la fiesta de la eucaristía. Las pruebas de la vida estimulan la necesidad de Dios y su búsqueda ansiosa. La oración, lo más profunda posible, nos alimenta ya y nos prepara para sentarnos a la mesa del banquete. La presencia de Jesús resucitado, celebrada por los suyos, nos habla a través de su evangelio, interpretado por todos desde la versión compartida que de él nos da la vida de cada uno; esta comunidad de bienes espirituales crea el clima necesario a la fe para que el Señor pueda actuar, salvando a los que se refugian en él. Entonces se hace memoria de lo que hizo Jesús en su cena de despedida.
El pasaje de Elías expresa la fidelidad de Dios; con más razón se muestra hoy la fidelidad del Salvador hacia todos sus seguidores. El ángel que despertó a Elías de su modorra y le mostró el alimento de la esperanza que le salvó la vida, es una imagen de las sorpresas salvadoras de Dios en medio de los duros trabajos del evangelio. Elías creía haber llegado ya al final de sus posibilidades y de su vida, en cambio Dios le tenía preparado un proyecto de continuidad en la lucha que afianzó su misión profética. Los caminos de Dios son imprevisibles y salvadores siempre.
“Vivid en el amor” (2ª lectura).
El Espíritu que Jesús comunica es como el agua que Él da, que se transforma en fuente dentro de nosotros y mana para la vida eterna. “El agua que yo voy a darle se convertirá en un manantial de agua que salta dando vida definitiva, Jn 4,14. Este símbolo significa el Espíritu de Jesús que crece a medida que se comunica, como el agua de la visión de Ezequiel, Ez 47. “ El fruto del Espíritu es amor...” Gál 5,22. Este don es depositado en lo más hondo de nosotros mismos, donde radica nuestra individualidad irrepetible y concreta. De este centro emana todo: actitudes, acciones, sentir y pensar, crecer, sufrir, optar , saber, etc.
El don del Espíritu depositado en nosotros irradia su energía en todas direcciones, de modo que así como el sol todo lo mueve y alumbra, así el Espíritu con su primer fruto que es el amor, impregna toda la vida.
LORENZO TOUS
lorenzo@dabar.net
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PARA LA ORACION
Nos convocas, Señor, a tu mesa abastecida del alimento que comunica la vida eterna. Venimos cansados del camino y necesitados de reparar nuestras fuerzas. Queremos recibir el don de tu presencia y escuchar de ti palabras de vida eterna.
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Ponemos ante ti, Señor, nuestra debilidad y el cansancio de nuestros hermanos. Infúndenos tu fortaleza y llena este vaso de barro con los dones de tu Espíritu, para que seamos testigos convincentes de tu amor en el mundo.
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Te damos gracias, Señor y te alabamos porque eres nuestro camino y al mismo tiempo compañero de viaje.
Tu nos guías hacia el Padre por los camino de la vida, que nosotros queremos andar siguiendo tus huellas.
Tu nos preparas una mesa en la que podemos compartir la fe con nuestros hermanos y recibir de ti la palabra que nos aclara las dudas y nos enseña la verdad.
Sobre todo nos convocas como Señor de la vida nueva, victorioso sobre la muerte y dador del Espíritu.
En esta mesa nos alimentamos de tu presencia real y salimos confortados y rejuvenecidos.
Tu nos unes en familia, nos confirmas como hermanos y nos presides como nuestro hermano mayor.
Te alabamos por tu amor con todos los que ya te contemplan cara a cara gozosamente en el cielo.
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Después de escuchar tu palabra y recibir el pan de la vida eterna, te pedimos Señor que nos ayudes a ser testigos de tu amor en el mundo. Muchos hermanos nuestros necesitan que nuestro testimonio les acerque hasta ti para curar sus heridas y experimentar también tu amor. Ayúdanos a ser transmisores fieles y alegres de este amor que de ti hemos recibido tan abundantemente.
LA MISA DE HOY
MONICIÓN DE ENTRADA
Seguimos contemplando el mensaje de Jesús sobre la eucaristía en el evangelio de san Juan.
La liturgia de hoy una vez más nos habla de la eucaristía sobre el trasfondo del maná y del alimento que reanimó al profeta Elías.
Hoy nosotros, necesitados también de restaurar nuestras fuerzas para seguir peregrinando por la vida, recibiremos el pan sagrado que contiene un sabor de cielo y la energía del Espíritu.
Sintámonos una comunidad hermanada por la fe y unida en las pruebas de la vida.
SALUDO
Que la paz de Dios serene vuestros corazones y esté con todos vosotros.
ACTO PENITENCIAL
Todos experimentamos flaquezas y debilidades que frenan nuestra fidelidad. Presentémoslas ahora al Señor que es compasivo y misericordioso.
- Señor, vemos el bien que debemos hacer, pero no conseguimos alcanzarlo. Señor, ten piedad
- Señor, vemos hasta dónde debería llegar nuestro amor, pero nos detenemos antes. Cristo, ten piedad.
- Señor, creemos en Ti, pero nuestras obras no siempre lo demuestran. Señor, ten piedad.
El Señor, rico en bondad y misericordia, perdone nuestras debilidades y nos dé vida eterna.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
El profeta Elías es tenido por uno de los grandes en el pueblo de Israel por su valerosa defensa del monoteísmo. Su fidelidad alcanzó metas absurdas y contradictorias, ya que su celo le llevó a degollar en el monte Carmelo a 450 sacerdotes idolátricos. El Dios que Jesús nos ha revelado no puede aprobar este hecho.
La liturgia de hoy nos lo presenta por su experiencia de depresión y por la ayuda que recibió de Dios en forma de alimento. Aquella comida y bebida son una símbolo de la eucaristía.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 33)
Gustad y ved qué bueno es el Señor
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.
Gustad y ved qué buen es el Señor.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.
Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.
Gustad y ved qué bueno es el Señor.
El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él.
Gustad y ved qué buen es el Señor.
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
San Pablo aconseja a los cristianos las actitudes favorables a la convivencia; todas ellas son una aplicación concreta del amor con que Cristo nos amó al entregarse por nosotros.
MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
El evangelista Juan tiene un modo particular de hablar de la eucaristía. Inspirándose en el libro del Éxodo, presenta la eucaristía como el nuevo Maná, bajado también del cielo, que alimenta a los creyentes que le siguen y les comunica vida eterna.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Presentemos al Padre las necesidades de todos sus hijos, nuestros hermanos, dispuestos a colaborar nosotros en todas las causas del reino de Dios.
- Para que se acerque la paz a todos los que sufren violencia, guerra o terrorismo. Ayúdanos, Señor.
- Para que los que sufren experimenten consuelo. Ayúdanos, Señor.
- Para que a nuestro alrededor nadie pase hambre. Ayúdanos, Señor.
- Para que los jóvenes puedan abrirse un camino en la vida. Ayúdanos, Señor.
- Para que nuestra fe sea cada día más adulta y más comprometida. Ayúdanos, Señor.
- Para que los gobernantes sirvan a las necesidades de los ciudadanos, especialmente de los más débiles. Ayúdanos, Señor.
- Para que sepamos vivir en comunión con los bienaventurados. Ayúdanos, Señor.
Escucha, Padre, los deseos y súplicas de tus hijos que confían en tu bondad. Tu conoces mejor nuestras necesidades; enséñanos a colaborar contigo en la causa de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
CANTOS PARA LA CELEBRACION
Entrada. Dios está aquí (de A. Gacías en el Cd ‘20 Canciones famosas para las celebraciones’); Reunidos en el nombre (2 CLN-A 9); El Señor es mi fuerza (1 CLN 717); Caminare (1 CLN-520); En la fiesta del domingo (del disco ‘Nuevos cantos para el año litúrgico).
Salmo. Gustad y ved (1 CLN-518).
Aleluya. (1 CLN-E 9) ó el de Palazón (2 CLN-E 13).
Ofertorio. Llevemos al Señor (del disco ‘16 Cantos para la misa’); Te presentamos el vino y el pan (1 CLN-H 3)
Santo. (1 CLN-I 9)
Comunión. Yo soy el pan de vida (2 CLN-O 38); Acerquémonos todos al altar (1 CLN-O 24); Alabad al Señor (popular).
Final: El Señor hizo en mí maravillas (de Gelineau).
Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net








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