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MISIONEROS EN CAMINO: XIX Domingo del T.O. (Juan 6,41-52) - Ciclo B: COMER PARA VIVIR, QUE ESO ES LO BUENO
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miércoles, 5 de agosto de 2009

XIX Domingo del T.O. (Juan 6,41-52) - Ciclo B: COMER PARA VIVIR, QUE ESO ES LO BUENO


1.- Os confieso, mis queridos jóvenes lectores, que el profeta Elías es uno de mis personajes preferidos, admiro su testimonio y aprendo de su proceder. El episodio que nos narra el texto del Primer libro de los Reyes, en la primera lectura del presente domingo, es una prueba de la gran ternura con que Dios trata a los hombres que le son fieles, aunque su temperamento no sea precisamente dulce. El episodio de su vida anterior, lo que le pasó antes de la escena de hoy, fue su victoria sobre los profetas de oficio, del dios extranjero Baal, importado del norte por la pérfida reina Jezabel. Eran 400 los impostores y Elías estaba solo, pero demostró que Dios autentico solo lo era Yahvé. Ahora debía huir de la ira de la reina. El calor del desierto, su soledad y la tristeza de pertenecer a un pueblo que había abandonado su fe, le sumergía en profunda desazón, hasta el extremo de desearse la muerte. Conozco bastante bien ese desierto y los pocos arbustos que lo pueblan. Ciertamente que de cuando en cuando divisa uno alguna acacia, los sittin, pero son muy pocas. La retama es considerada un vegetal sagrado. Anteriormente Agar, con su hijo Ismael, también se había refugiado bajo uno de ellos. Poca sombra dan, pero es lo único que hay, los demás son mucho más pequeños. Elías estaba desanimado, como tantas veces os ocurrirá a vosotros.

2.- No se olvida de Dios en su angustia. El Señor le habla mientras duerme: quiere que continúe el camino. Al despertar encuentra lo que podía haber dejado cualquier beduina: una pita, torta delgada, y preciada agua de algún oasis pequeñito, un pozo a penas visible o una grieta que llora poco a poco gotitas de agua. Estaba cansado y Dios le anima. Le anima a caminar, nada menos que cuarenta días. Quiere hablarle confidencialmente en el monte sagrado. La subida hasta el lugar donde tradicionalmente se dice fue el encuentro, dura casi dos horas. Es un arduo camino y en el lugar quema el sol de día y refresca mucho por la noche. Lo he subido varias veces y he dormido al aire libre, muerto de frío, enfundado en mi saco. Siempre he ido acompañado y en la mochila llevaba buenos alimentos. Alimentos adquiridos en comercios, mejores que el pan de Elías, pero él lo tenía fruto del cariño de Dios y cuando lo he reconocido, he tenido envidia de su suerte. De todos modos a mí Dios tampoco me ha abandonado nunca y aun ahora en mis vejeces, me anima a seguir progresando. A mi me cuesta menos, yo recibo un alimento espiritual que Elías desconocía, la Eucaristía. Soy muy afortunado.

3.- Junto al lago, en la época más bonita de aquella comarca, cuando la atmosfera es nítida y el suelo verde, cosa que solo ocurre en primavera, Jesús discute con la gente, que le cuesta aceptar la doctrina que les predica. Dice y repite que Él es pan, alimento imprescindible para el alma. Les dice que es pan, pero ellos ven que es un hombre hecho y derecho. Para colmo, hasta su familia les es conocida. Añade algo que les resulta más difícil todavía de entender: sus relaciones con el Padre, su identidad con Él. El Maestro no es un buen vendedor, si les cuesta comprender, parece que lo pone más difícil. Se sienten ellos orgullosos de su pasado, del maná que les fue dado en el desierto, pues bien, ahora les recuerda que aquella gente comió y murió. No le pasará lo mismo a quien le coma, a quien le coma a Él. Difícil pone la cosa, y no se trata de un juego de palabras, de un acertijo, es cuestión por el momento de confianza personal en Él, ya lo veréis.

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WebJCP | Abril 2007