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sábado, 18 de julio de 2009

Venid todos a un sitio tranquilo a descansar…: XVI Domingo del T. O. (San Marcos 6,30-34) - Ciclo B

Publicado por Parroquia San Esteban

Somos muchos los que deseamos profundamente encontrarnos con Dios y escuchar su voz. A la vez que en demasiadas ocasiones, no luchamos contra tantos ruidos que ensordecen nuestros oídos y dificultan la sintonía con las ondas y cauces por donde Dios se expresa.

Incluso cuando llegamos al hogar tras el duro trabajo, nos dirigimos ansiosamente a encender la televisión, la radio o el ordenador…

Se pierden así las diversas y numerosas ocasiones para escuchar y dialogar con los hermanos, con nosotros mismos pero sobre todo con ese Dios que nos atrae hacia sí y nos quiere llevar a ese remanso de paz, a esas verdes praderas con aguas tranquilas donde reposar. Al igual que nos dice el salmo, el Señor es el mejor Pastor que repara nuestras fuerzas y nos reanima las fuerzas.

Todos los hombres y mujeres ansiamos la felicidad. Gastamos la vida en una continua búsqueda que quizá nunca acabe pues por desgracia ponemos nuestros hitos demasiado inalcanzables y equivocamos el lugar o las cosas que de verdad nos llenan y sosiegan nuestras ansias de ser felices.

Cristo Jesús nos indica un camino novedoso a la vez que real para llegar a ese culmen que buscamos sin descanso. Si echamos un vistazo a nuestro mundo descubrimos a multitud de personas en una continua búsqueda desesperanzada que jamás dará respuesta a las necesidades reales del hombre.

Nos pasamos la semana trabajando duramente con nuestro pensamiento puesto en el fin de semana para descansar y ser feliz. Nos pasamos el año esperando al verano para descansar y ser feliz. Dejamos transcurrir nuestra vida gastándola esperando a jubilarnos para ser feliz y descansar y al final de nuestra vida resulta que nos hemos pasado toda ella buscando algo tan fácilmente alcanzable como que está en nuestro interior reclamando un sitio donde habitar y desde allí ofrecernos el descanso y la felicidad.

Buscamos y buscamos mientras rechazamos al único que nos puede colmar de la auténtica felicidad… buscamos y buscamos sin darnos cuenta de que el sujeto de búsqueda está en nuestro interior, solo tenemos que dejarnos amar por Él y guiarnos por esa voz que quiere apacentar nuestras vidas

Claros ejemplos tenemos en Cristo Jesús, que vivió su vida profundamente anclada en la voz del Padre. En los santos que se afanaron por dejarse guiar por Dios pero sobretodo en la Bienaventurada e inmensamente feliz Virgen María, que a pesar de las muchas dificultades permaneció fiel, pues se sabía poseedora de la auténtica sabiduría.

Su presupuesto era de dos reales. No tenía dinero, coche, lavadora, televisor ni ordenador, ni títulos académicos. No era directora del jardín de niños de Nazareth. Tampoco presumía de nombramientos, como Miss Nazareth. Era María a secas. No Dña. María. No salió en la televisión ni en los periódicos.

Pero poseía una sólida base de fe, esperanza y caridad y de todas las virtudes. Tenía gracia y santidad…Tenía a Dios, y, a quien tiene a Dios, nada la falta.

Tú puedes ser, deberías ser, una mujer inmensamente feliz, un hombre inmensamente feliz aunque no tengamos muchas cosas materiales. Aunque no seamos famosos, ricos, artistas. Aunque no triunfemos y no nos sintamos debidamente valorados por los hombres. Aunque siempre haya gentes mucho más ilustres que se afanen en hacernos sombra. Aunque no recibamos la medalla de oro de ninguna cofradía o grupo entidad importante…

Lo importante y realmente necesario es tener a Dios y disfrutar de sus virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad que en definitiva nos conducen a la autentica felicidad o bienaventuranza, que no es otra cosa que la santidad. Recordemos las bienaventuranzas caminos de felicidad:

“felices o bienaventurados los pobres… los perseguidos… los rechazados”… porque ellos verán a Dios.

No debemos pretender, aspirar, ansiar demasiadas cosas materiales… La grandeza de un alma está en su interior, va por dentro. Lo de fuera es ruido, música, bombo y platillo, viento, humo, oropel, incienso, hojarasca, apariencia, nada. Por dentro va la santidad, la fe, el amor.

La Virgen no se quejaba: de ir a Egipto, de que Dios le pidiera tanto. La sonrisa de la Virgen era lo mejor de su rostro. ¿Cómo reaccionaría ante las adversidades, dificultades, cólera de los vecinos?

No te quejes: del tiempo, de la comida, del trabajo, de tus compañeros, de tus limitaciones, de tu falta de lujo. Trata de sonreír como Ella.

María veía la Providencia en todo: en los lirios del campo, en los amaneceres… en la tormenta. Cuando no había dinero. Cuando tenía que ausentarse. Cuando alguna vecina se ponía necia y molestaba.

Lo más admirable de María era el amor. Lo más grande de los hombres y mujeres de nuestro tiempo debe ser el amor. El amor es un talismán, una varita mágica que transforma todo en maravilla. Dios nos ha dado este don en abundancia. Si lo empleáramos bien, todo sería diferente.

Pues esa es la clave del mensaje que me gustaría transmitiros hoy a los que os unís en matrimonio. Nos os canséis en buscar y buscar en los lugares equivocados. Partir desde este amor que hoy os profesáis para ir creciendo cada día en esa felicidad que nace del Buen hijo que permanece unido a la mano del Padre, del buen cordero que se deja guiar por la Voz de único y auténtico Pastor.

Ojalá que todos descubramos desde el silencio, la voz del Padre que nos conduce a espacios de paz y amor a raudales. Que María Santísima del Collado, en su tercer aniversario de la Coronación Canónica y Pontificia, nos indique el camino e ilumine cada paso que nos acerque a la felicidad y a la santidad tan deseadas.

Que así sea…

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WebJCP | Abril 2007