Por OMPRESS
* "Las naciones caminarán en su luz": Mensaje del Santo Padre, DOMUND 2009
* 62ª Semana Española de Misionología: La Misión en situaciones de conflicto
* Asamblea de los matrimonios misioneros Verbum Dei en México
* Verano misionero de jóvenes madrileños
“Las naciones caminarán en su luz”: Mensaje del Santo Padre, DOMUND 2009
OMPRESS-ROMA (6-07-09) Reproducimos a continuación el mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada del DOMUND de este año 2009, que se celebrará el domingo 18 de octubre:
En este domingo, dedicado a las misiones, me dirijo ante todo a vosotros, Hermanos en el ministerio episcopal y sacerdotal, y también a vosotros, hermanos y hermanas de todo el Pueblo de Dios, para exhortar a cada uno a reavivar en sí mismo la conciencia del mandato misionero de Cristo de hacer “discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,19), siguiendo los pasos de san Pablo, el Apóstol de las Gentes.
“Las naciones caminarán en su luz” (Ap 21,24). Objetivo de la misión de la Iglesia es en efecto iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos en su camino histórico hacia Dios, para que en Él tengan su realización plena y su cumplimiento. Debemos sentir el ansia y la pasión por iluminar a todos los pueblos, con la luz de Cristo, que brilla en el rostro de la Iglesia, para que todos se reúnan en la única familia humana, bajo la paternidad amorosa de Dios.
Es en esta perspectiva que los discípulos de Cristo dispersos por todo el mundo trabajan, se esfuerzan, gimen bajo el peso de los sufrimientos y donan la vida. Reafirmo con fuerza lo que ha sido varias veces dicho por mis venerados Predecesores: la Igesia no actúa para extender su poder o afirmar su dominio, sino para llevar a todos a Cristo, salvación del mundo. Nosotros no pedimos sino el ponernos al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada, porque creemos que “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo... es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad” (Evangelii nuntiandi, 1), la cual “está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia” (Redemptoris missio, 2).
1. Todos los Pueblos llamados a la salvación
La humanidad entera, tiene la vocación radical de regresar a su fuente, que es Dios, el único en Quien encontrará su realización final mediante la restauración de todas las cosas en Cristo. La dispersión, la multiplicidad, el conflicto, la enemistad serán repacificadas y reconciliadas mediante la sangre de la Cruz, y reconducidas a la unidad.
El nuevo inicio ya comenzó con la resurrección y exaltación de Cristo, que atrae a sí a todas las cosas, las renueva, las hace partícipes del eterno gozo de Dios. El futuro de la nueva creación brilla ya en nuestro mundo y enciende, aunque en medio de contradicciones y sufrimientos, la esperanza de una vida nueva. La misión de la Iglesia es la de “contagiar” de esperanza a todos los pueblos. Para esto Cristo llama, justifica, santifica y envía a sus discípulos a anunciar el Reino de Dios, para que todas las naciones lleguen a ser Pueblo de Dios. Es sólo al interno de dicha misión que se comprende y autentifica el verdadero camino histórico de la humanidad. La misión universal debe convertirse en una constante fundamental de la vida de la Iglesia. Anunciar el Evangelio debe ser para nosotros, como lo fue para el apóstol Pablo, un compromiso impostergable y primario.
2. Iglesia peregrina
La Iglesia universal, sin confines y sin fronteras, se siente responsable del anuncio del Evangelio frente a pueblos enteros (cf. Evangelii nuntiandi, 53). Ella, germen de esperanza por vocación, debe continuar el servicio de Cristo al mundo. Su misión y su servicio no son a la medida de las necesidades materiales o incluso espirituales que se agotan en el cuadro de la existencia temporal, sino de una salvación trascendente, que se actúa en el Reino de Dios (cf. Evangelii nuntiandi, 27). Este Reino, aun siendo en su plenitud escatológico y no de este mundo (cf. Jn 18,36), es también en este mundo y en su historia fuerza de justicia, de paz, de verdadera libertad y de respeto de la dignidad de cada hombre. La Iglesia busca transformar el mundo con la proclamación del Evangelio del amor, “que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar... y así llevar la luz de Dios al mundo” (Deus caritas est, 39). Es a esta misión y servicio que, con este Mensaje, llamo a participar a todos los miembros e instituciones de la Iglesia.
3. Missio ad gentes
De este modo, la misión de la Iglesia es la de llamar a todos los pueblos a la salvación operada por Dios a través de su Hijo encarnado. Es necesario por lo tanto renovar el compromiso de anunciar el Evangelio, que es fermento de libertad y de progreso, de fraternidad, de unidad y de paz (cf. Ad gentes, 8). Deseo “confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (Evangelii nuntiandi, 14), tarea y misión que los amplios y profundos cambios de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Está en cuestión la salvación eterna de las personas, el fin y la realización misma de la historia humana y del universo. Animados e inspirados por el Apóstol de las gentes, debemos ser conscientes de que Dios tiene un pueblo numeroso en todas las ciudades recorridas también por los apóstoles de hoy (cf. Hch 18,10). En efecto “la promesa es para todos aquellos que son lejanos, para cuantos llamará el Señor nuestro Dios” (Hch 2,39).
La Iglesia entera debe comprometerse en la missio ad gentes, hasta que la soberanía salvadora de Cristo no se realice plenamente: “Al presente no vemos que todas las cosas estén sometidas a Él” (Hb 2,8).
4. Llamados a evangelizar también mediante el martirio
En esta Jornada dedicada a las misiones, recuerdo en la oración a quienes han hecho de su vida una exclusiva consagración al trabajo de evangelización. Una mención particular es para aquellas Iglesias locales, y para aquellos misioneros y misioneras que se encuentran testimoniando y difundiendo el Reino de Dios en situaciones de persecución, con formas de opresión que van desde la discriminación social hasta la cárcel, la tortura y la muerte. No son pocos quienes actualmente son llevados a la muerte por causa de su “Nombre”. Es aún de una actualidad tremenda lo que escribía mi venerado Predecesor, el Papa Juan Pablo II: “La memoria jubilar nos ha abierto un panorama sorprendente, mostrándonos nuestro tiempo particularmente rico en testigos que, de una manera u otra, han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución, a menudo hasta dar su propia sangre como prueba suprema” (Novo millennio ineunte, 41).
La participación a la misión de Cristo, en efecto, marca también la vida de los anunciadores del Evangelio, para quienes está reservado el mismo destino de su Maestro. “Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros” (Jn 15,20). La Iglesia sigue el mismo camino y sufre la misma suerte de Cristo, porque no actúa según una lógica humana o contando con las razones de la fuerza, sino siguiendo la vía de la Cruz y haciéndose, en obediencia filial al Padre, testigo y compañera de viaje de esta humanidad.
A las Iglesias antiguas como a las de reciente fundación les recuerdo que han sido colocadas por el Señor como sal de la tierra y luz del mundo, llamadas a difundir a Cristo, Luz de las gentes, hasta los extremos confines de la tierra. La missio ad gentes debe constituir la prioridad de sus planes pastorales.
A las Obras Misionales Pontificias dirijo mi agradecimiento y mi aliento por el indispensable trabajo de animación, formación misionera y ayuda económica que aseguran a las jóvenes Iglesias. A través de estas Instituciones pontificias se realiza en modo admirable la comunión entre las Iglesias, con el intercambio de dones, en la solicitud mutua y en la común proyección misionera.
5. Conclusión
El empuje misionero ha sido siempre signo de vitalidad de nuestras Iglesias (cf. Redemptionis missio, 2). Es necesario, sin embargo, reafirmar que la evangelización es obra del Espíritu y que incluso antes de ser acción es testimonio e irradiación de la luz de Cristo (cf. Redemptionis missio, 26) por parte de la Iglesia local, que envía sus misioneros y misioneras para ir más allá de sus fronteras. Pido por lo tanto a todos los católicos que recen al Espíritu Santo para que aumente en la Iglesia la pasión por la misión de difundir el Reino de Dios, y que sostengan a los misioneros, las misioneras y las comunidades cristianas comprometidas en primera línea en esta misión, a veces en ambientes hostiles de persecución.
Al mismo tiempo invito a todos a dar un signo creíble de comunión entre las Iglesias, con una ayuda económica, especialmente en la fase de crisis que está atravesando la humanidad, para colocar a las Iglesias locales en condición de iluminar a las gentes con el Evangelio de la caridad.
Nos guíe en nuestra acción misionera la Virgen María, estrella de la Nueva Evangelización, que ha dado al mundo al Cristo, puesto como luz de las gentes, para que lleve la salvación “hasta los extremos de la tierra” (Hch 13,47).
A todos mi Bendición.
62ª Semana Española de Misionología: La Misión en situaciones de conflicto
OMPRESS-BURGOS (6-07-09) Hoy comienza en Burgos, y hasta el día 10 de julio, la Semana Española de Misionología que convertirá esta ciudad en el centro de la vida misionera de España. En la presente ocasión el tema elegido es “La Misión en situaciones de conflicto”. La apertura tendra lugar a las siete de la tarde de hoy lunes con una conferencia de Mons. Amadeo Rodríguez, obispo de Plasencia, sobre “La misión ad gentes, dinamismo de la acción pastoral”.
A través de las jornadas se pretende afrontar una característica constante de la misión de la Iglesia: se desarrolla en situaciones de conflicto de muy diverso tipo, pues los misioneros se encuentran viviendo en solidaridad las circunstancias reales de los hombres y mujeres de todos los continentes.
Se trata de una constante de la historia de la misión, pero cada época histórica tiene sus peculiaridades, Por eso se pretende abrir un amplio abanico para que nos demos cuenta de las condiciones reales de la humanidad a comienzos del tercer milenio y de los diversos obstáculos que los misioneros deben afrontar.
El conflicto, tal como está planteado en este Semana, pretende tener en cuenta una doble coordenada: tanto las situaciones de conflicto que se dan en los diversos países como los conflictos que genera el anuncio del Evangelio.
Los misioneros son testigos de situaciones de guerra, de la plaga del narcotráfico, de enfrentamientos étnicos, del desprecio o sospecha ante el extranjero, de oposición radical a toda religión que proceda del extranjero.
En tales situaciones los misioneros son testigos de la reconciliación para curar heridas, para restañar la herencia del odio de siglos, para restaurar a las personas destruidas, para devolver la dignidad a los más despreciados.
Pero a la vez el anuncio del Evangelio suscita conflictos porque implica una denuncia de todo tipo de injusticia, porque reclama una responsabilidad que parece excesiva, porque provoca una clausura radical en las propias tradiciones.
En tales circunstancias los misioneros deben desarrollar todas las virtualidades de una espiritualidad evangélica: con sencillez y humildad aceptan su condición de marginados, de situarse en la periferia, de desplegar una comprensión más intensa, de mostrar una capacidad de amar como la del mismo Jesús.
Para mostrar todas estas dimensiones se contará con la presencia de misioneros de los diversos continentes.
Pero también se presentará la situación en España con el objetivo de despertar con mayor profundidad la dimensión misionera, en todas las comunidades cristianas, pero de un modo especial entre los jóvenes.
Asamblea de los matrimonios misioneros Verbum Dei en México
OMPRESS-GUADALAJARA (México) (6-07-09) El pasado día 2 de julio dio comienzo en Guadalajara (México) la Asamblea de los Matrimonios Misioneros Verbum Dei.
El padre Antonio Velasco, presidente de la Fraternidad Misionera Verbum Dei, afirmó en la homilía de la misa de inauguración que se trataba de un importante acontecimiento ya que era un punto de llegada en cuanto que se iba a aprobar el Directorio de la Rama -que define en sintonía con las Constituciones de la Fraternidad la espiritualidad, la formación, el modo de vida y apostolado de los matrimonios misioneros- y a elegir a los nuevos Responsables Generales de la Rama; pero, continuó, es, a la vez, un punto de partida porque al conectar con el proyecto de Dios y sus sentimientos, se adquiere la fuerza para ir más lejos, para consolidar y expandir la misión de los matrimonios misioneros Verbum Dei.
La Rama de los Matrimonios Misioneros Verbum Dei está presente en España, México, Portugal, Guinea Ecuatorial, Perú, Brasil, Colombia, Venezuela y Bolivia, aunque también en otros países, con un crecimiento continuo. La misión que realizan se orienta principalmente hacia la formación espiritual, humana y cristiana de matrimonios y familias, pero no exclusivamente porque, por ejemplo, en África se dedican también a la formación de catequistas o en Bolivia a la pastoral universitaria. Con su oración, el testimonio evangélico de su vida conyugal y familiar y su dedicación a la Palabra de Dios, los matrimonios misioneros son un eficaz fermento en medio de la masa, ya que de forma cercana y adaptada a las circunstancias de vida de las personas les acercan el mensaje del Evangelio, enseñándoles a orar y a vivir la vida cristiana.
Ángeles Aceves y Gabriel Ortiz, responsables de México -que han llevado el peso de la organización de la Asamblea- expresaban su alegría y satisfacción: “Nosotros hemos sentido la llamada de Dios a vivir el carisma Verbum Dei; la Fraternidad Misionera Verbum Dei es nuestra casa y nuestra familia, porque en comunión con las misioneras y misioneros Verbum Dei podemos realizar la misma misión de predicar el Evangelio por el mundo. El esfuerzo organizativo que hemos hecho en México sentimos que ha valido la pena, al ver aquí presentes matrimonios misioneros de todas las partes del mundo, que han sentido la misma llamada; esto nos llena de alegría y también de mucha esperanza sobre el futuro de la Iglesia, de los matrimonios y las familias y, por tanto, de los niños y los jóvenes cristianos de todo el mundo”.
Verano misionero de jóvenes madrileños
OMPRESS-MADRID (6-07-09) Por segundo año, la Delegación Diocesana de Misiones de Madrid organiza, del 19 al 26 de julio, una convivencia de jóvenes españoles con jóvenes de Guinea que estudian sus carreras en Marruecos. Se trata de una semana de formación cristiana, en Mohamedia, junto a la ciudad de Casablanca en Marruecos, y a la vez de compartir la vida entre los cristianos de dos continentes, (Europa y África), de dos situaciones ante la vida de la fe, (en un país cristiano y un país musulmán), de dos culturas y experiencias diversas.
Por otro lado, el grupo de jóvenes de la Delegación Diocesana de Misiones, ha organizado un campo de trabajo para este verano, concretamente del 31 de julio al 19 de agosto. Los jóvenes viajarán a Etiopía donde trabajarán junto con las Misioneras de la Caridad en dos de sus casas en este país, compartiendo con ellas la oración y la vida de fe, compartiendo también el trabajo entre los más pobres de entre los pobres y el deseo de encontrarse con Cristo en el trato con los más necesitados y sufrientes.
* 62ª Semana Española de Misionología: La Misión en situaciones de conflicto
* Asamblea de los matrimonios misioneros Verbum Dei en México
* Verano misionero de jóvenes madrileños
“Las naciones caminarán en su luz”: Mensaje del Santo Padre, DOMUND 2009
OMPRESS-ROMA (6-07-09) Reproducimos a continuación el mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada del DOMUND de este año 2009, que se celebrará el domingo 18 de octubre:
En este domingo, dedicado a las misiones, me dirijo ante todo a vosotros, Hermanos en el ministerio episcopal y sacerdotal, y también a vosotros, hermanos y hermanas de todo el Pueblo de Dios, para exhortar a cada uno a reavivar en sí mismo la conciencia del mandato misionero de Cristo de hacer “discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,19), siguiendo los pasos de san Pablo, el Apóstol de las Gentes.
“Las naciones caminarán en su luz” (Ap 21,24). Objetivo de la misión de la Iglesia es en efecto iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos en su camino histórico hacia Dios, para que en Él tengan su realización plena y su cumplimiento. Debemos sentir el ansia y la pasión por iluminar a todos los pueblos, con la luz de Cristo, que brilla en el rostro de la Iglesia, para que todos se reúnan en la única familia humana, bajo la paternidad amorosa de Dios.
Es en esta perspectiva que los discípulos de Cristo dispersos por todo el mundo trabajan, se esfuerzan, gimen bajo el peso de los sufrimientos y donan la vida. Reafirmo con fuerza lo que ha sido varias veces dicho por mis venerados Predecesores: la Igesia no actúa para extender su poder o afirmar su dominio, sino para llevar a todos a Cristo, salvación del mundo. Nosotros no pedimos sino el ponernos al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada, porque creemos que “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo... es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad” (Evangelii nuntiandi, 1), la cual “está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia” (Redemptoris missio, 2).
1. Todos los Pueblos llamados a la salvación
La humanidad entera, tiene la vocación radical de regresar a su fuente, que es Dios, el único en Quien encontrará su realización final mediante la restauración de todas las cosas en Cristo. La dispersión, la multiplicidad, el conflicto, la enemistad serán repacificadas y reconciliadas mediante la sangre de la Cruz, y reconducidas a la unidad.
El nuevo inicio ya comenzó con la resurrección y exaltación de Cristo, que atrae a sí a todas las cosas, las renueva, las hace partícipes del eterno gozo de Dios. El futuro de la nueva creación brilla ya en nuestro mundo y enciende, aunque en medio de contradicciones y sufrimientos, la esperanza de una vida nueva. La misión de la Iglesia es la de “contagiar” de esperanza a todos los pueblos. Para esto Cristo llama, justifica, santifica y envía a sus discípulos a anunciar el Reino de Dios, para que todas las naciones lleguen a ser Pueblo de Dios. Es sólo al interno de dicha misión que se comprende y autentifica el verdadero camino histórico de la humanidad. La misión universal debe convertirse en una constante fundamental de la vida de la Iglesia. Anunciar el Evangelio debe ser para nosotros, como lo fue para el apóstol Pablo, un compromiso impostergable y primario.
2. Iglesia peregrina
La Iglesia universal, sin confines y sin fronteras, se siente responsable del anuncio del Evangelio frente a pueblos enteros (cf. Evangelii nuntiandi, 53). Ella, germen de esperanza por vocación, debe continuar el servicio de Cristo al mundo. Su misión y su servicio no son a la medida de las necesidades materiales o incluso espirituales que se agotan en el cuadro de la existencia temporal, sino de una salvación trascendente, que se actúa en el Reino de Dios (cf. Evangelii nuntiandi, 27). Este Reino, aun siendo en su plenitud escatológico y no de este mundo (cf. Jn 18,36), es también en este mundo y en su historia fuerza de justicia, de paz, de verdadera libertad y de respeto de la dignidad de cada hombre. La Iglesia busca transformar el mundo con la proclamación del Evangelio del amor, “que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar... y así llevar la luz de Dios al mundo” (Deus caritas est, 39). Es a esta misión y servicio que, con este Mensaje, llamo a participar a todos los miembros e instituciones de la Iglesia.
3. Missio ad gentes
De este modo, la misión de la Iglesia es la de llamar a todos los pueblos a la salvación operada por Dios a través de su Hijo encarnado. Es necesario por lo tanto renovar el compromiso de anunciar el Evangelio, que es fermento de libertad y de progreso, de fraternidad, de unidad y de paz (cf. Ad gentes, 8). Deseo “confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (Evangelii nuntiandi, 14), tarea y misión que los amplios y profundos cambios de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Está en cuestión la salvación eterna de las personas, el fin y la realización misma de la historia humana y del universo. Animados e inspirados por el Apóstol de las gentes, debemos ser conscientes de que Dios tiene un pueblo numeroso en todas las ciudades recorridas también por los apóstoles de hoy (cf. Hch 18,10). En efecto “la promesa es para todos aquellos que son lejanos, para cuantos llamará el Señor nuestro Dios” (Hch 2,39).
La Iglesia entera debe comprometerse en la missio ad gentes, hasta que la soberanía salvadora de Cristo no se realice plenamente: “Al presente no vemos que todas las cosas estén sometidas a Él” (Hb 2,8).
4. Llamados a evangelizar también mediante el martirio
En esta Jornada dedicada a las misiones, recuerdo en la oración a quienes han hecho de su vida una exclusiva consagración al trabajo de evangelización. Una mención particular es para aquellas Iglesias locales, y para aquellos misioneros y misioneras que se encuentran testimoniando y difundiendo el Reino de Dios en situaciones de persecución, con formas de opresión que van desde la discriminación social hasta la cárcel, la tortura y la muerte. No son pocos quienes actualmente son llevados a la muerte por causa de su “Nombre”. Es aún de una actualidad tremenda lo que escribía mi venerado Predecesor, el Papa Juan Pablo II: “La memoria jubilar nos ha abierto un panorama sorprendente, mostrándonos nuestro tiempo particularmente rico en testigos que, de una manera u otra, han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución, a menudo hasta dar su propia sangre como prueba suprema” (Novo millennio ineunte, 41).
La participación a la misión de Cristo, en efecto, marca también la vida de los anunciadores del Evangelio, para quienes está reservado el mismo destino de su Maestro. “Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros” (Jn 15,20). La Iglesia sigue el mismo camino y sufre la misma suerte de Cristo, porque no actúa según una lógica humana o contando con las razones de la fuerza, sino siguiendo la vía de la Cruz y haciéndose, en obediencia filial al Padre, testigo y compañera de viaje de esta humanidad.
A las Iglesias antiguas como a las de reciente fundación les recuerdo que han sido colocadas por el Señor como sal de la tierra y luz del mundo, llamadas a difundir a Cristo, Luz de las gentes, hasta los extremos confines de la tierra. La missio ad gentes debe constituir la prioridad de sus planes pastorales.
A las Obras Misionales Pontificias dirijo mi agradecimiento y mi aliento por el indispensable trabajo de animación, formación misionera y ayuda económica que aseguran a las jóvenes Iglesias. A través de estas Instituciones pontificias se realiza en modo admirable la comunión entre las Iglesias, con el intercambio de dones, en la solicitud mutua y en la común proyección misionera.
5. Conclusión
El empuje misionero ha sido siempre signo de vitalidad de nuestras Iglesias (cf. Redemptionis missio, 2). Es necesario, sin embargo, reafirmar que la evangelización es obra del Espíritu y que incluso antes de ser acción es testimonio e irradiación de la luz de Cristo (cf. Redemptionis missio, 26) por parte de la Iglesia local, que envía sus misioneros y misioneras para ir más allá de sus fronteras. Pido por lo tanto a todos los católicos que recen al Espíritu Santo para que aumente en la Iglesia la pasión por la misión de difundir el Reino de Dios, y que sostengan a los misioneros, las misioneras y las comunidades cristianas comprometidas en primera línea en esta misión, a veces en ambientes hostiles de persecución.
Al mismo tiempo invito a todos a dar un signo creíble de comunión entre las Iglesias, con una ayuda económica, especialmente en la fase de crisis que está atravesando la humanidad, para colocar a las Iglesias locales en condición de iluminar a las gentes con el Evangelio de la caridad.
Nos guíe en nuestra acción misionera la Virgen María, estrella de la Nueva Evangelización, que ha dado al mundo al Cristo, puesto como luz de las gentes, para que lleve la salvación “hasta los extremos de la tierra” (Hch 13,47).
A todos mi Bendición.
62ª Semana Española de Misionología: La Misión en situaciones de conflicto
OMPRESS-BURGOS (6-07-09) Hoy comienza en Burgos, y hasta el día 10 de julio, la Semana Española de Misionología que convertirá esta ciudad en el centro de la vida misionera de España. En la presente ocasión el tema elegido es “La Misión en situaciones de conflicto”. La apertura tendra lugar a las siete de la tarde de hoy lunes con una conferencia de Mons. Amadeo Rodríguez, obispo de Plasencia, sobre “La misión ad gentes, dinamismo de la acción pastoral”.
A través de las jornadas se pretende afrontar una característica constante de la misión de la Iglesia: se desarrolla en situaciones de conflicto de muy diverso tipo, pues los misioneros se encuentran viviendo en solidaridad las circunstancias reales de los hombres y mujeres de todos los continentes.
Se trata de una constante de la historia de la misión, pero cada época histórica tiene sus peculiaridades, Por eso se pretende abrir un amplio abanico para que nos demos cuenta de las condiciones reales de la humanidad a comienzos del tercer milenio y de los diversos obstáculos que los misioneros deben afrontar.
El conflicto, tal como está planteado en este Semana, pretende tener en cuenta una doble coordenada: tanto las situaciones de conflicto que se dan en los diversos países como los conflictos que genera el anuncio del Evangelio.
Los misioneros son testigos de situaciones de guerra, de la plaga del narcotráfico, de enfrentamientos étnicos, del desprecio o sospecha ante el extranjero, de oposición radical a toda religión que proceda del extranjero.
En tales situaciones los misioneros son testigos de la reconciliación para curar heridas, para restañar la herencia del odio de siglos, para restaurar a las personas destruidas, para devolver la dignidad a los más despreciados.
Pero a la vez el anuncio del Evangelio suscita conflictos porque implica una denuncia de todo tipo de injusticia, porque reclama una responsabilidad que parece excesiva, porque provoca una clausura radical en las propias tradiciones.
En tales circunstancias los misioneros deben desarrollar todas las virtualidades de una espiritualidad evangélica: con sencillez y humildad aceptan su condición de marginados, de situarse en la periferia, de desplegar una comprensión más intensa, de mostrar una capacidad de amar como la del mismo Jesús.
Para mostrar todas estas dimensiones se contará con la presencia de misioneros de los diversos continentes.
Pero también se presentará la situación en España con el objetivo de despertar con mayor profundidad la dimensión misionera, en todas las comunidades cristianas, pero de un modo especial entre los jóvenes.
Asamblea de los matrimonios misioneros Verbum Dei en México
OMPRESS-GUADALAJARA (México) (6-07-09) El pasado día 2 de julio dio comienzo en Guadalajara (México) la Asamblea de los Matrimonios Misioneros Verbum Dei.
El padre Antonio Velasco, presidente de la Fraternidad Misionera Verbum Dei, afirmó en la homilía de la misa de inauguración que se trataba de un importante acontecimiento ya que era un punto de llegada en cuanto que se iba a aprobar el Directorio de la Rama -que define en sintonía con las Constituciones de la Fraternidad la espiritualidad, la formación, el modo de vida y apostolado de los matrimonios misioneros- y a elegir a los nuevos Responsables Generales de la Rama; pero, continuó, es, a la vez, un punto de partida porque al conectar con el proyecto de Dios y sus sentimientos, se adquiere la fuerza para ir más lejos, para consolidar y expandir la misión de los matrimonios misioneros Verbum Dei.
La Rama de los Matrimonios Misioneros Verbum Dei está presente en España, México, Portugal, Guinea Ecuatorial, Perú, Brasil, Colombia, Venezuela y Bolivia, aunque también en otros países, con un crecimiento continuo. La misión que realizan se orienta principalmente hacia la formación espiritual, humana y cristiana de matrimonios y familias, pero no exclusivamente porque, por ejemplo, en África se dedican también a la formación de catequistas o en Bolivia a la pastoral universitaria. Con su oración, el testimonio evangélico de su vida conyugal y familiar y su dedicación a la Palabra de Dios, los matrimonios misioneros son un eficaz fermento en medio de la masa, ya que de forma cercana y adaptada a las circunstancias de vida de las personas les acercan el mensaje del Evangelio, enseñándoles a orar y a vivir la vida cristiana.
Ángeles Aceves y Gabriel Ortiz, responsables de México -que han llevado el peso de la organización de la Asamblea- expresaban su alegría y satisfacción: “Nosotros hemos sentido la llamada de Dios a vivir el carisma Verbum Dei; la Fraternidad Misionera Verbum Dei es nuestra casa y nuestra familia, porque en comunión con las misioneras y misioneros Verbum Dei podemos realizar la misma misión de predicar el Evangelio por el mundo. El esfuerzo organizativo que hemos hecho en México sentimos que ha valido la pena, al ver aquí presentes matrimonios misioneros de todas las partes del mundo, que han sentido la misma llamada; esto nos llena de alegría y también de mucha esperanza sobre el futuro de la Iglesia, de los matrimonios y las familias y, por tanto, de los niños y los jóvenes cristianos de todo el mundo”.
Verano misionero de jóvenes madrileños
OMPRESS-MADRID (6-07-09) Por segundo año, la Delegación Diocesana de Misiones de Madrid organiza, del 19 al 26 de julio, una convivencia de jóvenes españoles con jóvenes de Guinea que estudian sus carreras en Marruecos. Se trata de una semana de formación cristiana, en Mohamedia, junto a la ciudad de Casablanca en Marruecos, y a la vez de compartir la vida entre los cristianos de dos continentes, (Europa y África), de dos situaciones ante la vida de la fe, (en un país cristiano y un país musulmán), de dos culturas y experiencias diversas.
Por otro lado, el grupo de jóvenes de la Delegación Diocesana de Misiones, ha organizado un campo de trabajo para este verano, concretamente del 31 de julio al 19 de agosto. Los jóvenes viajarán a Etiopía donde trabajarán junto con las Misioneras de la Caridad en dos de sus casas en este país, compartiendo con ellas la oración y la vida de fe, compartiendo también el trabajo entre los más pobres de entre los pobres y el deseo de encontrarse con Cristo en el trato con los más necesitados y sufrientes.








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