Queridas amigas y amigos:
Estos días me sentido muy fortalecido con varios testimonios de amigas y amigos que con plenitud y alegría viven su vida cristiana. Les comparto estos Testimonios.
Macaria, Macarita: La viuda pobre del Evangelio que dio todo lo que tenía para vivir.
Ayer entré a la vecindad donde vive Macarita allá por Legaria. Su casita está al fondo de la vecindad, y es muy sencilla: un cuarto pequeño con una litera, unas sillas apretaditas, un altar a la Virgen y a los santos, y otro cuartito que es la cocina. El baño queda fuera de su casita y es compartido con los otros vecinos.
En la pared de su cuarto, cerca de la Virgen están varios diplomas por su participación en cursos de formación social en la Vicaría Pastoral, y un diploma de reconocimiento por su apoyo a los huelguistas de una fábrica de Loza. Ella vive sola, aunque sus hijas viven cerca, pues me dice, es bueno respetar la vida de su familia, y yo puedo valerme solita.
Esa es su casa pequeñita, pero su corazón es muy grande. Macarita tendrá unos 82 años, y todavía 3 veces a la semana vende sopes- tortillas infladas con frijolitos, chile etc. en la esquina de su casa.
Macarita es indígena Mazahua. Vivía adelante de Toluca en su pueblo. Pero su mamá se enfermó y le decía el doctor que le quedaban unos días de vida. Macarita, o Maquitos como también le decimos, no se resignó y se vino al D.F. para buscar un médico que atendiera a su mamá. Igual que muchas indígenas ella apenas decía algunas palabras en español, pero luchando se abrió paso. Y con la nueva atención médica su mamá vivió 10 años más. Ahora Maquitos habla perfectamente el español. Y entre sus viajes ha ido a Chiapas para apoyar la causa de los indígenas zapatistas.
Allá por 1983-84 vine de Nicaragua a México y visité varias Comunidades Eclesiales de Base, entre ellas la de San Joaquín-Legaria. Allí les comenté la guerra que estábamos padeciendo y enfrentando, y cómo esto afectaba por el hambre especialmente a los niños y niñas. Macarita escuchó atenta y tomó una decisión que ha cumplido todos estos años: La mitad de la cosecha de mi tierrita, va a ser para mis Niños-Niñas de Nicaragua. Su parcela o tierrita donde siembra maíz es pequeña, de 100 por 16 metros.
Y cada año, ella vende su maicito, y la mitad es para sus Niños de Nicaragua y la mitad es para lo que ella necesita para vivir y lo complementa con la venta de sopes.
Un año, no se dio la cosecha, por sequía, y Macarita me dijo: hoy no hubo cosecha para mis niños de Nicaragua- no me dijo que tampoco hubo para ella. Y añadió: para que no se vaya triste, conseguí entre los vecinos que me regalaran 3 guitarras y con ellas llegó a despedirme al aeropuerto. Tuve que conseguir que otros pasajeros me ayudaran con las guitarras.
A mi se me conmueve el corazón al ver a Macarita tan tierna, tan cariñosa y tan llena de vida en su ancianidad. Y ayer me enseñó su alcancía donde un tiempo reunía la ayuda para los huelguistas de la fábrica de loza, y desde hace años va juntando su aporte para los Niños de Nicaragua. Y me dijo algo que yo no sabía: pido que me regalen tortillas secas, ya de días, y luego las vendo a los que tienen cerdos, y así consigo otro dinerito para los Niños.
Mientras íbamos caminando para la celebración de la Misa en otra vecindad, pues su cuarto es demasiado pequeñito, me dijo: como ya estoy mayor, ya hice mi testamento. Repartí mi tierrita entre mis hijas, y dejé un trocito para que lo vendan y ese dinerito sea para mis Niños de Nicaragua.
Se me estremeció el corazón al irla oyendo como con sencillez nos ha dado lo que tiene para vivir, y ahora nos da también esa partecita cuando parta a la casa de nuestro buen Padre Dios.
Macarita, ahora camina con dificultad, pues tiene una rodilla dañada y un tobillo hinchado, pero despacito va caminando a la esquina donde vende sopes o a las casas donde le dan las tortillas secas.
Macarita es muy querida por sus vecinas, y en la Misa le demostraron mucho cariño. Sus hijas son muy trabajadoras. Y la quieren mucho y se preocupan por ella. Y respetan su voluntad de vivir solita para no ser carga, ni estorbar la privacidad de sus hijas casadas. Lupita, una de sus hijas se graduó en la Universidad, y trabaja en el grupo Católicas por el Derecho a Decidir.
Macarita, viejita indígena Mazahua, que en el monstruo de asfalto del D.F. ha conservado su sencillez indígena, su corazón inmenso y su amor y ternura solidaria con mucha gente, y especialmente con nuestros Niños y Niñas de Nicaragua. En la Eucaristía en la vecindad, como otras veces en el Ofertorio nos entregó un sobrecito con sus billetes y unas monedas, y junto con ello ofrecimos con alegría su vida tan entregada, y en que reúne la sencilla religiosidad popular con un compromiso social muy serio y con su siempre viva Solidaridad. En verdad Macarita es la viuda pobre que Jesús alaba en el Evangelio, pues no dio de lo que le sobraba, sino en su pobreza dio lo que tenía para vivir.
Con un abrazo y con inmensa gratitud y alegría, les comparto este testimonio vivo de Macarita, querida y fiel amiga,
Arnaldo.
* Del Equipo de Servicios CNP. Comunidades Eclesiales de Base de Nicaragua
Estos días me sentido muy fortalecido con varios testimonios de amigas y amigos que con plenitud y alegría viven su vida cristiana. Les comparto estos Testimonios.Macaria, Macarita: La viuda pobre del Evangelio que dio todo lo que tenía para vivir.
Ayer entré a la vecindad donde vive Macarita allá por Legaria. Su casita está al fondo de la vecindad, y es muy sencilla: un cuarto pequeño con una litera, unas sillas apretaditas, un altar a la Virgen y a los santos, y otro cuartito que es la cocina. El baño queda fuera de su casita y es compartido con los otros vecinos.
En la pared de su cuarto, cerca de la Virgen están varios diplomas por su participación en cursos de formación social en la Vicaría Pastoral, y un diploma de reconocimiento por su apoyo a los huelguistas de una fábrica de Loza. Ella vive sola, aunque sus hijas viven cerca, pues me dice, es bueno respetar la vida de su familia, y yo puedo valerme solita.
Esa es su casa pequeñita, pero su corazón es muy grande. Macarita tendrá unos 82 años, y todavía 3 veces a la semana vende sopes- tortillas infladas con frijolitos, chile etc. en la esquina de su casa.
Macarita es indígena Mazahua. Vivía adelante de Toluca en su pueblo. Pero su mamá se enfermó y le decía el doctor que le quedaban unos días de vida. Macarita, o Maquitos como también le decimos, no se resignó y se vino al D.F. para buscar un médico que atendiera a su mamá. Igual que muchas indígenas ella apenas decía algunas palabras en español, pero luchando se abrió paso. Y con la nueva atención médica su mamá vivió 10 años más. Ahora Maquitos habla perfectamente el español. Y entre sus viajes ha ido a Chiapas para apoyar la causa de los indígenas zapatistas.
Allá por 1983-84 vine de Nicaragua a México y visité varias Comunidades Eclesiales de Base, entre ellas la de San Joaquín-Legaria. Allí les comenté la guerra que estábamos padeciendo y enfrentando, y cómo esto afectaba por el hambre especialmente a los niños y niñas. Macarita escuchó atenta y tomó una decisión que ha cumplido todos estos años: La mitad de la cosecha de mi tierrita, va a ser para mis Niños-Niñas de Nicaragua. Su parcela o tierrita donde siembra maíz es pequeña, de 100 por 16 metros.
Y cada año, ella vende su maicito, y la mitad es para sus Niños de Nicaragua y la mitad es para lo que ella necesita para vivir y lo complementa con la venta de sopes.
Un año, no se dio la cosecha, por sequía, y Macarita me dijo: hoy no hubo cosecha para mis niños de Nicaragua- no me dijo que tampoco hubo para ella. Y añadió: para que no se vaya triste, conseguí entre los vecinos que me regalaran 3 guitarras y con ellas llegó a despedirme al aeropuerto. Tuve que conseguir que otros pasajeros me ayudaran con las guitarras.
A mi se me conmueve el corazón al ver a Macarita tan tierna, tan cariñosa y tan llena de vida en su ancianidad. Y ayer me enseñó su alcancía donde un tiempo reunía la ayuda para los huelguistas de la fábrica de loza, y desde hace años va juntando su aporte para los Niños de Nicaragua. Y me dijo algo que yo no sabía: pido que me regalen tortillas secas, ya de días, y luego las vendo a los que tienen cerdos, y así consigo otro dinerito para los Niños.
Mientras íbamos caminando para la celebración de la Misa en otra vecindad, pues su cuarto es demasiado pequeñito, me dijo: como ya estoy mayor, ya hice mi testamento. Repartí mi tierrita entre mis hijas, y dejé un trocito para que lo vendan y ese dinerito sea para mis Niños de Nicaragua.
Se me estremeció el corazón al irla oyendo como con sencillez nos ha dado lo que tiene para vivir, y ahora nos da también esa partecita cuando parta a la casa de nuestro buen Padre Dios.
Macarita, ahora camina con dificultad, pues tiene una rodilla dañada y un tobillo hinchado, pero despacito va caminando a la esquina donde vende sopes o a las casas donde le dan las tortillas secas.
Macarita es muy querida por sus vecinas, y en la Misa le demostraron mucho cariño. Sus hijas son muy trabajadoras. Y la quieren mucho y se preocupan por ella. Y respetan su voluntad de vivir solita para no ser carga, ni estorbar la privacidad de sus hijas casadas. Lupita, una de sus hijas se graduó en la Universidad, y trabaja en el grupo Católicas por el Derecho a Decidir.
Macarita, viejita indígena Mazahua, que en el monstruo de asfalto del D.F. ha conservado su sencillez indígena, su corazón inmenso y su amor y ternura solidaria con mucha gente, y especialmente con nuestros Niños y Niñas de Nicaragua. En la Eucaristía en la vecindad, como otras veces en el Ofertorio nos entregó un sobrecito con sus billetes y unas monedas, y junto con ello ofrecimos con alegría su vida tan entregada, y en que reúne la sencilla religiosidad popular con un compromiso social muy serio y con su siempre viva Solidaridad. En verdad Macarita es la viuda pobre que Jesús alaba en el Evangelio, pues no dio de lo que le sobraba, sino en su pobreza dio lo que tenía para vivir.
Con un abrazo y con inmensa gratitud y alegría, les comparto este testimonio vivo de Macarita, querida y fiel amiga,
Arnaldo.
* Del Equipo de Servicios CNP. Comunidades Eclesiales de Base de Nicaragua







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