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domingo, 5 de mayo de 2013

Palabra para la Misión: El Espíritu de amor: estímulo y garante de la Misión

VI Domingo de Pascua
Año C – 5-5-2013 / Por EUNTES

Hechos 15,1-2.22-29 / salmo 66 / Apocalipsis 21,10-14.22-23
Juan 14,23-29

Reflexiones

Jesús preanuncia a los Apóstoles los dones pascuales, frutos de su muerte y resurrección. En primer lugar, el don de un amor nuevo (Evangelio): un amor que es una ‘inmersión total’ en la Trinidad Santa que viene a habitar, a hacer morada en el que cree y ama (v. 23); un amor que se convierte en manantial de vida nueva. Luego, el don de la paz: la paz que Jesús dona, una paz diferente a la que el mundo ofrece, una paz que es más fuerte que cualquier miedo y da tranquilidad en toda dificultad (v. 27). Y sobre todo el don del “Defensor, el Espíritu Santo”, en calidad de maestro y memoria de las cosas que Jesús ha enseñado (v. 26). Esta es una promesa que atañe de cerca al camino de la Iglesia en la historia: Jesús no había podido explicar todas las consecuencias y las aplicaciones de su mensaje; por tanto, garantiza la presencia amiga de un guía seguro frente a los problemas nuevos, a los acontecimientos imprevistos, a los desarrollos de las ciencias humanas... Entre los múltiples desafíos de hoy están las nuevas pobrezas, fundamentalismos, bioética, globalización, diálogo interreligioso, ecología... El Espíritu interviene como luz, fuerza, perdón, consuelo, porque es novedad, don de amor. (*)



Las nuevas opciones que la comunidad de los creyentes en Cristo deberá tomar a lo largo de la historia, bajo la guía del Espíritu, no estarán en contradicción con el mensaje de Jesús; serán un desarrollo, una profundización creativa, una aplicación a las exigencias de las personas en tiempos y lugares diferentes. Una situación tempestuosa para la Iglesia -¡una verdadera cuestión de vida o de muerte!- se presentó casi enseguida, en torno al año 50 d.C., a escasos lustros del acontecimiento histórico de Jesús. El libro de los Hechos (I lectura) da cuenta de un “altercado y una violenta discusión” entre dos corrientes: por un lado, un grupo de cristianos procedentes del judaísmo, decididos a imponer a los paganos las prácticas de la antigua Ley antes de bautizarlos; Pablo y Bernabé, por el contrario, veían en estas prácticas el riesgo de frustrar la gracia de Cristo y eran favorables a la acogida directa de los paganos en la comunidad cristiana, sin más imposiciones (v. 1-2).


Con gran acierto, el debate se llevó al máximo nivel, en presencia y con el discernimiento de los Apóstoles en Jerusalén. Tres eran las tendencias dominantes en el Concilio de Jerusalén: la línea abierta de Pablo y Bernabé, la actitud titubeante de Pedro y la postura práctica de Santiago, obispo de Jerusalén, que medió entre Pablo y los judaizantes, con criterios pastorales y algunas concesiones transitorias (v. 29), como resulta del primer documento conciliar de la Iglesia católica (v. 23-29).


La presencia del Espíritu Santo se reconoce a lo largo de todo este atormentado camino: en la búsqueda de una comunión más intensa con los guías de la Iglesia, en el debate abierto a todos para lograr una decisión de la comunidad, en la escucha de los distintos ponentes y en particular de Pedro, en la elección de testigos creíbles para enviarlos a los hermanos de Antioquía. La presencia del Espíritu es eficaz especialmente en la neta afirmación de la salvación ofrecida a todos por medio de Cristo, facilitando así el acceso de los paganos al Evangelio, sin imponerles otras cargas. Esta decisión fue el resultado de una feliz, aunque laboriosa sinergia: “Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros...” (v. 28).


“El itinerario histórico de la Iglesia tiene su manera de progresar, no siempre lineal, como demuestra el mismo Concilio de Jerusalén. Son importantes algunas virtudes, como el dinamismo que impide a la Iglesia ser nostálgica; la fidelidad que impide desbandadas en la Iglesia; la paciencia que impide a la Iglesia ser frenética; la profecía que ayuda a la Iglesia a comprender los signos de los tiempos; la tolerancia y el diálogo que impiden a la Iglesia la enfermedad del integrismo; la esperanza que impulsa a la Iglesia a superar titubeos e incertidumbres. Pero en todo debe prevalecer la fe en el Espíritu, guía último y viviente de la Iglesia” (G. Ravasi). ¡El método conciliar-sinodal se ha comprobado y permanece válido para cada época, como camino de comunión y de misión!




Palabra del Papa

(*) “Esta es la acción del Espíritu Santo: nos trae la novedad de Dios; viene a nosotros y hace nuevas todas las cosas, nos cambia. ¡El Espíritu nos cambia!... Dios está haciendo todo nuevo, el Espíritu Santo nos transforma verdaderamente y quiere transformar, contando con nosotros, el mundo en que vivimos. Abramos la puerta al Espíritu, dejemos que Él nos guíe, dejemos que la acción continua de Dios nos haga hombres y mujeres nuevos, animados por el amor de Dios, que el Espíritu Santo nos concede”.

Papa Francisco
Homilía en la Misa para Confirmaciones, 28-4-2013


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 6/5: S. Pedro Nolasco (+1245 en Barcelona), fundador, junto con S. Raimundo de Peñafort y el rey Jaime I de Aragón, de la Orden de la Merced para el rescate y la redención moral de los esclavos.
- 6/5: B. Francisco de Montmorency-Laval (1623-1708), misionero francés, obispo de Quebec (Canadá).
- 6/5: B. Rosa Gattorno (1831-1900), madre de familia y viuda, fundó en Piacenza (Italia) el Instituto de las Hijas de Santa Ana, que muy pronto (1878) partieron como misioneras hacia otros continentes.
- 8/5: B. María Catalina Symon de Longprey (+1668), de las Hermanas Hospitalarias de la Misericordia, entregada al cuidado físico y espiritual de los enfermos en Quebec (Canadá).
- 8/5: S. Magdalena de Canossa (1774-1835), italiana de Verona: renunció a sus bienes patrimoniales y fundó dos Congregaciones para la educación cristiana de la juventud.
- 8/5: Jornada Internacional de la Cruz Roja (desde 1929) y de la Media Luna Roja.
- 9/5: S. Pacomio (Alto Egipto, 287-347), padre del monacato cenobítico cristiano, autor de una de las primeras Reglas monásticas.
- 10/5: S. Juan de Ávila (1500-69), entregado a las misiones populares en el sur de España, socio de los grandes reformadores de su tiempo; es doctor de la Iglesia y patrono de los sacerdotes diocesanos españoles.
- 10/5: B. Ivan Merz (1896-1928), laico de Croacia, humanista, comprometido en la vida social.
- 11/5: B. Zeferino Namuncurá (1886-1905), nacido en Argentina, miembro de la etnia mapuche de la Araucania, y fallecido en Roma, siendo aspirante de la familia salesiana, modelo de virtudes cristianas.
- 11/5: Memoria del P. Mateo Ricci (1552-1610), jesuita italiano, misionero en China: vivió, murió y está enterrado en Beijing. Fue pionero de una nueva presencia misionera y cristiana en China.


WebJCP | Abril 2007