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MISIONEROS EN CAMINO: La muerte del dinero
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martes, 15 de mayo de 2012

La muerte del dinero



El chiste es viejo como el hambre. Me llegó de nuevo hace unos días por Internet, después de muchos años.
Ahora han cambiado las pesetas por los euros.
Sin embargo, el chiste también sirve para entender a Dios, lo que Él valora y cómo lo valora.

Cuentan que un día se mueren todos los billetes y se van al cielo. San Pedro los recibe y piden permiso para entrar, pero les dice que ninguno de ellos puede hacerlo.

- ¡No fastidies! ¿Pero cómo que no? -dice el de 500 Euros. Yo soy poderoso y tengo las puertas abiertas pues en todas partes me quieren. Igual yo -dice el de 100 Euros. Todos me quieren tener, ¿por qué no podemos entrar? Y yo -dice el de 20 Euros.

- No insistan -dice San Pedro-, no pueden entrar al cielo, mmm.... tal vez el de 5 Euros pueda hacerlo.....

En eso se oye un raro ruido, son todas las moneditas de 0.10, 0.20 y 0.50 céntimos que también habían muerto...

- Pasen, pasen -les dice San Pedro-. Las puertas del cielo están abiertas para ustedes.
Los billetes se ponen muy enojados y reclaman, -¿por qué razón ellas que valen menos sí y nosotros no?

San Pedro les responde:
¡¡¡ Porque ellas sí van a Misa los domingos!!!

La verdad es que a mí monedas 1 ó 2 céntimos normalmente solo me piden y me las con el vuelto en las farmacias. Si se cae alguna al suelo la dejo. Prefiero evitar el esfuerzo y una posible caída ante algo que ha perdido valor. Las que quedan en el bolsillo, con alguna de 10, 20 ó 50 céntimos van a parar al cepillo de la misa del domingo. Hasta hace ruido y quedas bien.

Esta vez me hizo pensar. Me acordé de aquel pasaje del evangelio donde Jesús está en la entrada del Templo. Pasan varios ricos dando copiosas ofrendas. Luego llega una viuda y echan dos monedas.

Jesús llama a sus discípulos: “Os fijasteis, esa viuda dio mucho más, dio todo lo que tenía para vivir, los anteriores dieron de lo que les sobraba”.

Forma parte de la experiencia de muchos misioneros. Las iglesias se llenan de pobres. El pobre se sabe necesitado de Dios y es capaz de dar todo lo que tiene. No porque espere que Dios le multiplique su donativo y le dé grandes riquezas, sino porque desde su pobreza sabe que hay otros más necesitados que él, se siente solidario con ellos y les da todo lo que tiene.

El rico cree no necesitar de nadie. Ni de Dios ni de los demás. Pero sí aspira a aumentar su riqueza y es capaz de dar abundantes donativos de lo que sobra con la esperanza de que Dios se lo reconozca, los negocios le vayan bien y así aumente su capital.

“Felices los pobres porque de ellos es el Reino de Dios”. No los felicita Jesús por el hecho de ser pobres sino por su sensibilidad y su capacidad de compartir con quienes son más pobres, aunque su propia necesidad aumente.

La pobreza no se mide solo por la falta de bienes, aunque también por ello, sino por la capacidad de ser solidarios. Lo pequeño, lo solidario, tiene abiertas las puertas del Reino.

Es otra forma de ver el valor del dinero.

J. Altavista


WebJCP | Abril 2007