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martes, 24 de abril de 2012

Iglesia y Misión


Publicado por Corazones en red

Con naturalidad y convencimiento se suele decir que “la Iglesia tiene una misión”; la de procurar el reinado de Dios, la de Evangelizar, la de llevar a todos la “buena noticia”. Bien; se entiende perfectamente lo que se quiere decir. Pero hay otra manera de decir lo que se quiere decir, que lo expresa mejor. En vez de decir que la Iglesia tiene una misión, sería más acertado decir: ”la Misión tiene una Iglesia”. Porque lo importante no es tanto la Iglesia cuanto la Misión, que es la misma que Jesucristo nos encomendó: “Id por todo el mundo… Así, la Iglesia surge como un instrumento para la evangelización. Y no se funda la Iglesia y después se le encomienda una misión.

Esa Misión tan importante tiene que tener un instrumento para llevarla a cabo. Pero nunca el instrumento es más importante que la obra que se quiere conseguir. En la obra de un carpintero, no es lo más importante (aunque sí necesarios) la sierra, el cepillo, la cola, los clavos, etc. Pero no pasan de ser meros instrumentos. El fin que quiere conseguir el carpintero es lo importante, aunque se sepa que la obra no puede llegar a buen término si prescindiese de los instrumentos necesarios para trabajar la madera.

Repito, por tanto que lo importante es la “Misión” recibida de Cristo. Y esa misión tiene un instrumento que es la Iglesia. Por eso prefiero decir que “la misión tiene una Iglesia”, mejor que decir que “la Iglesia tiene una misión”.

La misión encomendada por Jesús a los apóstoles y discípulos, es anterior a la fundación de la Iglesia, que los mismos fundaron para realizarla. Primero, somos “misioneros”, y después, miembros de una Iglesia. No somos misioneros, enviados por la Iglesia, sino que somos iglesia porque tenemos una misión.

La misión es tratar de instaurar en este mundo el Reinado de Dios. Esa fue la misión de Jesús, y esa es, también, la nuestra. Porque somos seguidores de Jesús, continuadores de su misión.

Para esa misión, los apóstoles tuvieron que organizarse, y de esa organización nació la Iglesia, nacieron nuevas y plurales comunidades cristianas, nació lo que el Concilio Vaticano II llamó “pueblo de Dios”. Pueblo todo él sacerdotal, profeta, regio y evangelizador. No olvidemos que cuando se nos bautiza, y se nos unge con el santo crisma, se nos dice:”para que seas como Cristo: sacerdote, profeta y rey”.

Félix González


WebJCP | Abril 2007