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MISIONEROS EN CAMINO: I Domingo de Cuaresma (Mc 1,12-15) - Ciclo B: Jesús busca la soledad y es tentado
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sábado, 25 de febrero de 2012

I Domingo de Cuaresma (Mc 1,12-15) - Ciclo B: Jesús busca la soledad y es tentado



Dice Marcos: Jesús antes de comenzar su vida pública, movido por el Espíritu, busca la soledad y es tentado. Son cuatro líneas de su evangelio, que ante este testimonio de Jesús, nos pueden ayudar a reflexionar sobre cómo prepararnos al tomar decisiones de trascendencia para nuestra vida, cómo reaccionamos al ser tentados para cumplir con nuestro deber, o para seguir lo que más nos agrade, o para nuestro provecho personal. Puede ser una buena ayuda para disponernos en esta Cuaresma a participar en el misterio de la Pascua.

Jesús, judío observante, ha decidido emprender una vida nueva, presentar la Nueva Noticia del Dios en los poblados de la Galilea en que ha nacido. Aquellas gentes, sin duda queridas por él, vivían momentos muy difíciles. Lo atestiguan investigaciones recientes. Sometidas a una potencia extranjera (el Imperio Romano) con impuestos gravosos, la mayoría pequeños agricultores depauperados, se habían visto obligados a vender sus tierras para poder sobrevivir. El paro asolaba aquellos poblados. Recordemos palabras de Jesús “me da compasión de estas gentes andan como ovejas sin pastor”.

Jesús va al desierto, al silencio para encontrarse a solas con Dios. Quiere reflexionar sobre cómo realizar su proyecto, trazar un plan, qué hacer, qué decir, cómo vivir. Piensa escoger un grupo de discípulos, recorrer con ellos los poblados, acercarse a los enfermos, a los abandonados, a los más pobres con palabras que les ayuden a vivir, a saberse mirados por Dios en sus fatigas, queridos, acompañados por él. Quiere ayudarles para vivir de acuerdo con los deseos que tiene para con ellos el Dios en el creen. Jesús busca la seguridad de que su Dios le ayuda. Decide encontrarse con él en el silencio de la soledad.

Y dice Marcos, que Jesús fue tentado. En la reflexión y en la oración también brotan sentimientos, ideas muy dispares, a veces contrapuestos: con la decisión de presentar la buena noticia del Dios Padre, de acercarse a los excluidos, se presenta el por qué aceptar que el pueblo se someta y acepte normas y leyes humillantes, por qué no apoyar revueltas existentes, por qué no unirse al poder político para disfrutar de riquezas, por qué no formar parte de la institución religiosa oficial, que legitimaba al invasor y recibiría de ella prebendas y una vida sin mayores problemas...Y tantas más. ¿Todo ello en el pensamiento de Jesús? Sería ésta su tentación?

Marcos insistirá en su evangelio, que Jesús en su vida fue repetidamente tentado con frecuencia por sus mismos discípulos, al primero de ellos tuvo que llamarle ”satanás”, quería apartarle de su camino que conducía a Jerusalén y allí a la persecución, condenas; también cuando deseaban sus discípulos los puestos importantes creyendo que Jesús venía a establecer un reino, otro orden más justo...La víspera de morir en cruz, ante la inminencia del sufrimiento, ante el abandono de sus amigos, en el Huerto pide al Padre: “Pase de mi este cáliz amargo...pero no se haga mi voluntad sino la tuya” y ya en lo alto de la cruz, la prueba definitiva: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? Si, Jesús fue tentado y superó las tentaciones.

¿Nosotros buscamos la soledad y somos también tentados? No solemos buscar la soledad, la soledad a veces nos sobrecoge, pero a veces todos la necesitamos. Las decisiones fundamentales de nuestra vida hemos de asumirlas siempre en el desierto de nuestra persona, decisiones totalmente nuestras; sin soledad ¿pensamos que podemos labrar nuestra personalidad en nuestra profesión, en familia, en la vida social? Cada uno tenemos nuestra vida, nuestro proyecto, las dificultades que se oponen para realizarnos, la vida tan personal de cada uno. Necesitamos reflexionar. Revisar nuestros proyectos ante Dios, ante su deseo, que conocemos.

Marcos nos recuerda, Jesús fue tentado. También nosotros somos tentados. Es el mensaje de hoy: el desierto, la soledad no es el vacío de nuestra mente ni de nuestra sensibilidad, al contrario, en ella podemos encontrarnos con lo más hondo de nosotros mismos, con Dios y también con el más cerrado egoísmo, con el mal.

Cada uno conocemos nuestras tentaciones, vivimos entre ellas. Tentar es inducir a hacer daño, hacer el mal: cada uno sabemos cuáles son los deseos que brotan de nosotros mismos, o los que nos llegan: desprecio, abuso desde el poder de que dispongo, abuso económico, apropiarme de lo de otro en una venta, en una compra, engañando al cliente aconsejándole con falsedad desde un puesto financiero, pagar poco, coger de lo ajeno. Gastar demasiado en bienes superfluos o de lujo, no ser solidario. No trabajar lo que debo. Mentir. Ser violento.

Los egoísmos callados en la vida social, el engañarnos de tantas maneras al tratar en nuestras relaciones de solidaridad, de gasto, en la austeridad necesaria para poder ser respetuosos, solidarios con el sufrir de quienes conviven tan cerca y sufren.

Ante la crisis actual que vive nuestro mundo, de sus repercusiones ¿cual es nuestra respuesta seria en nuestra vida,? cuál nuestro compromiso de ayuda solidaria a los más necesitados, cuál nuestro compromiso con quienes buscan un orden social más justo, más pacífico.

Como cristianos también tentados a creer que Dios vendrá a solucionarnos nuestros problemas y nos refugiamos en la oración pidiéndole que sea él quien ordene este mundo desquiciado.

Sabemos que Dios está presente, pero también que nos ha dejado la responsabilidad de ordenar nosotros este mundo. A veces pensamos que no nos escucha.
Cuando parece que Dios no escucha, no debemos temer acudir a él, confiarle a él el peso que llevamos en nuestro corazón, en nuestra vida, en la vida de los nuestros. No debemos tener miedo de gritarle nuestro sufrimiento; porque Dios está cerca, aunque en apariencia calle. Hemos de sabernos mirados por Dios, queridos y esperados por Él, que acompaña cada paso, enjuga cada lágrima.

Pero hemos recordar que nos pidió en su mensaje de las bienaventuranzas, que seamos nosotros los que establezcamos un mundo con paz y justicia aunque nos lleguen persecuciones y cruces.

Dios acoge y escucha nuestros gritos y plegarias, los que logramos expresar con serenidad y los que gritamos sin saber que los dirigimos a quien siempre nos escucha. Dios nos da su espíritu y la energía para serle fieles y trabajar para que todos sus hijos, vivamos con la dignidad de personas.

Jesús salió del desierto se encontró con el Bautista, se puso en la fila de los pecadores, se hizo bautizar y se oyó una voz potente: “Es mi hijo amado, escuchadle”


WebJCP | Abril 2007