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MISIONEROS EN CAMINO: Palabra para la Misión: Un proyecto misionero, grande como el corazón de Dios
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domingo, 22 de enero de 2012

Palabra para la Misión: Un proyecto misionero, grande como el corazón de Dios


III Domingo del Tiempo Ordinario
Año B - 22.1.2012 / EUNTES

Jonás 3,1-5.10 / Salmo 24 / 1Corintios 7,29-31
Marcos 1,14-20

Reflexiones

Después del Bautismo en el Jordán y de la experiencia en el desierto, Jesús comienza su vida pública con un anuncio esencial, que Marcos –el evangelista que leemos en este año litúrgico– presenta en cuatro puntos (v. 15): ya se ha cumplido el tiempo de la salvación y está cerca el reino de Dios; es tiempo de convertirse y de creer en esta buena noticia.

El Evangelio de Marcos, aun dentro de su brevedad, tiene un mensaje global y completo. “El catecúmeno en el Evangelio de Marcos –el cristiano hoy, cada uno de nosotros– está invitado a comprender que Dios está a punto de tomar posesión de su vida y sale a su encuentro con una misteriosa iniciativa, que él está llamado a aceptar” (Carlos M. Martini). Desde el comienzo hasta el final, una pregunta insistente recorre los 16 capítulos de Marcos: ¿Quién es Jesús?” Los numerosos milagros de curaciones y esa doctrina nueva, enseñada con autoridad por un Maestro sorprendente (1,27), culminan en la profesión de fe de dos testigos oculares: el discípulo Pedro, que afirma: “Tú eres el Cristo” (8,29), y el centurión pagano, que al pie de la cruz declara: “Verderamente este hombre era Hijo de Dios” (15,39). Estas afirmaciones –puestas hacia la mitad y al final del Evangelio de Marcos– quedan ratificadas inmediatamente con la resurrección (16,6).

El núcleo del mensaje de Jesús es que la iniciativa de Dios para salvar el mundo es ya un hecho: con la encarnación del Hijo, Dios ha puesto su morada definitiva entre los hombres; en Jesucristo el Reino ha alcanzado su plenitud; de ahora en adelante, la salvación de todos pasa necesariamente a través de la Persona del Dios que ha tomado carne humana. El acontecimiento tiene tal magnitud que justifica plenamente, por un lado, las exigencias de Jesús: “Conviértanse y crean en el Evangelio” (v. 15) y, por el otro, la decisión radical de los discípulos en seguirlo inmediatamente, dejando de lado afectos e intereses personales (v. 18.20). La conversión conlleva un cambio total de mentalidad sobre la manera de relacionarse con Dios, con el hombre y con la creación. Por parte de Dios ya no va a haber otras propuestas: todo el Evangelio ya está presente en Jesús, no habrá otro. Sin embargo, el Evangelio-Buena Noticia no es un libro de doctrinas o teorías espirituales: es una Persona, es Jesús mismo. Los primeros cuatro discípulos (v. 16-20), y más tarde los otros, no van tras una doctrina, por muy estupenda que sea, sino tras una Persona. Se fían de Él, le abren de par en par el corazón, le confían su destino. Aun con alguna fragilidad, lo seguirán hasta dar su vida por Él.

El Maestro llama a los discípulos, los va formando, los transforma, los envía. El seguimiento lleva siempre a la misión: Jesús los hace pescadores de hombres (v. 17), portadores de un nuevo proyecto de vida, la Buena Noticia por excelencia. (*) La familia humana tiene una necesidad extrema del Evangelio, para poder vivir en plenitud, como lo explica San Pablo (II lectura), aun en situaciones de precariedad, sin sucumbir a las seducciones de los ídolos de turno, “porque la representación de este mundo se termina” (v. 31).

Dios ama a cada persona y quiere que todos seamos felices: da prueba de ello ese acontecimiento que se llama Jesucristo. Llevar este mensaje hasta los confines de la tierra es tarea de todos sus seguidores, llamados a ser discípulos y misioneros con un corazón grande, a imitación del corazón de Dios. Nada de personas mezquinas, testarudas y recelosas como Jonás (I lectura), un profeta que, en un primer momento, huye (Jonás 1) para no cumplir el mandato misionero de Dios que lo envía a los pueblos paganos de Nínive. Más tarde, Jonás cumple sólo parcialmente con el anuncio, “durante un día de camino” (v. 4), sentándose al final para protestar contra Dios, por ser “bueno y misericordioso” con los de Nínive, siempre pronto al perdón, sobre todo hacia los que están lejos (Jonás 4). Esta universalidad es un valor fundamental en todos los niveles: por los contenidos del mensaje (el Evangelio), para los destinatarios del anuncio (todos los pueblos, todos los creyentes en Cristo), para los misioneros y las misioneras, que el Señor llama, también hoy, a ser portadores de su mensaje de salvación. Por eso Jesús llama a los primeros discípulos (Evangelio) y luego a Pablo, el cual pone en evidencia, con decisión, la fuerza del Evangelio y la universalidad de la salvación ofrecida a todos los pueblos.

La fiesta de la Conversión de San Pablo (25/1) y la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (18-25/1) ofrecen pautas fecundas de reflexión misionera sobre la Palabra de Dios, la cual pide a cada persona un cambio de mentalidad (conversión), apertura al Evangelio de Jesús, disponibilidad para relanzar siempre y a todos este mensaje de vida.


Palabra del Papa

(*) «La fe cristiana… consiste en la adhesión a la buena noticia que Jesús de Nazaret murió y resucitó, que es Dios. Así también la llamada a seguir a Jesús más de cerca, renunciando a formar una familia propia para entregarse a la gran familia de la Iglesia, pasa normalmente a través del testimonio y de la propuesta de un “hermano mayor”, a menudo un sacerdote. Todo ello sin olvidar el papel fundamental de los padres, que con su fe genuina y gozosa y con su amor conyugal muestran a los hijos que es hermoso y es possibile construir toda la vida sobre el amor de Dios».
Benedicto XVI
Angelus, domingo 15 de enero de 2012


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 22/1: S. Vicente Pallotti (1795-1850), fundador de los Pallottinos/as, promotor de las misiones y del apostolado de los laicos; el Papa Pío XI lo llamó “Precursor de la Acción Católica”.
- 22/1: B. Laura Vicuña, nacida en Chile y fallecida en Argentina a la edad de 13 años (+1904). Ofreció su vida por la conversión de su madre.
- 23/1: S. Ildefonso, obispo de Toledo (607-667), escritor sagrado; dio solidez a la Iglesia en España, promoviendo la liturgia y la devoción mariana.
- 23/1: B. Marianne Cope (1838-1918), religiosa franciscana alemana, emigró a Estados Unidos y fue misionera durante algunas décadas entre los leprosos de las islas Hawai y en Molokai.
- 24/1: S. Francisco de Sales (1567-1622), obispo de Ginebra, doctor de la Iglesia, auténtico pastor de almas, escritor, gran evangelizador y fundador. Es el patrono de los periodistas.
- 25/1: Conversión de San Pablo, apóstol de las gentes (pueblos paganos). En la ruta de Damasco no ha nacido solo el cristiano Pablo, sino el más grande misionero de la historia.
- 26/1: SS. Timoteo y Tito, colaboradores de S. Pablo, obispos de Éfeso y Creta, respectivamente.
- 27/1: S. Angela Merici (1474-1540), fundadora de la Compañía de Santa Úrsula (Ursulinas),
pionera entre las mujeres de vida consagrada en el mundo, fuera de los tradicionales monasterios.
- 27/1: Día del recuerdo de la Shoah.
- 28/1: S. Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia; su Summa contra Gentiles es uno de los primeros manuales para misioneros entre los no cristianos, en particular los musulmanes.
- 28/1: S. José Freinademetz (1852-1908), de la Sociedad del Verbo Divino, misionero en China.


WebJCP | Abril 2007