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MISIONEROS EN CAMINO: XXVII Domingo del T.O. (Mt 21,33-43) - Ciclo A: PIEDRA ANGULAR
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jueves, 29 de septiembre de 2011

XXVII Domingo del T.O. (Mt 21,33-43) - Ciclo A: PIEDRA ANGULAR



"Ni sacerdote, ni revolucionario político, ni monje asceta, ni moralista piadoso, sino provocador en todos los sentidos". Así define Hans Küng a Jesús de Nazaret. Para más datos, Jesús era seglar, soltero (cosa rara para un maestro de la época) e iniciador de un movimiento de laicos.

"Ni sacerdote". Más aún, opuesto radicalmente a la casta sacerdotal, cumbre del sistema religioso judío. Los sumos sacerdotes, rodeados de gran dignidad y de una situación económica confortable habían hecho del templo una buena fuente de ingresos, un centro importante de comercio hasta el punto de convertirlo, según Jesús, que en esto pensaba como el profeta Jeremías- en una cueva de bandidos: fuente de seguridad para una vida lejana de Dios y del prójimo. Con aquellos jerarcas no comulgó Jesús y por su actitud provocativa, contraria, clara y definida, ellos "andaban buscando la manera de darle muerte, prendiéndolo a traición". Un discípulo de Jesús, Judas Iscariote, amante como ellos del dinero, les sirvió en bandeja la ocasión.

"Ni moralista piadoso". El "provocador" Jesús inquietó también a los seglares piadosos y cultos de la época: fariseos y letrados, en cuyas filas no militó. A pesar de la impresión de conservadurismo a ultranza que de ellos nos da el Evangelio, los fariseos eran los progresistas de la religión. Su más sincero deseo consistía en que el pueblo sencillo militara entre sus filas o asociaciones seglares. Para ello trataban de reducir al mínimo las obligaciones de la Torá o Ley de Dios, creando un complicado sistema de observaciones y leyes humanas que anulaban la ley divina. Terminaron así separándose del pueblo y separando al pueblo de Dios. De ahí que se llamasen fariseos, esto es, separatistas (del arameo "perishayya": separado). Jesús desenmascaró su sistema teológico. Ellos, profesores de teología y de derecho canónico, no se lo perdonaron; aliados con los sumos sacerdotes lo condenaron unánimemente a muerte ignominiosa.

"Ni zelota". Jesús, soñador e ilusionado, anunciaba un mundo de hermanos, donde el pueblo fuera protagonista. Para realizarlo no militó entre las filas de los zelotas, partido de motivación religiosa (confesaban a Dios como único rey) y de vocación revolucionaria, pues pretendía arrojar del país por la fuerza de las armas al poder imperialista romano. Los zelotas se oponían al censo y al tributo romano, hecho que les granjeó la simpatía de los campesinos y pequeños propietarios. Tenían un programa de redistribución de la propiedad; por eso, al comenzar la guerra judía destruyeron los registros de los prestamistas para liberar a los pobres del yugo de los ricos. Jesús no consideró, en sus circunstancias históricas, que este fuera el camino para instaurar el reinado de Dios. Predicó la no violencia y el amor a los enemigos, como cimiento utópico de un nuevo orden internacional. Con sú pacifismo, decepcionó a los zelotas y con ellos al pueblo, que unido a los sacerdotes y fariseos, confirmó su sentencia de muerte.

"Ni monje". Ante el fracaso evidente del Evangelio, Jesús no pensó en refugiarse en un convento, como evasión, al estilo de los esenios de Qumrán, ni fundó ninguna orden con regla monástica, votos, prescripciones ascéticas, vestimenta especial y tradiciones. Jesús permaneció hasta la muerte con los pies bien puestos en el suelo, claramente definido en torno a dos polos: Dios y el pueblo de quien formaba parte y a quien quería liberar de todos sus opresores.

Tras la muerte, Dios confirmó su misión resucitándolo. Así lo creemos. "La piedra (Jesús) que los arquitectos" del sistema judío "rechazaron es ahora" para nosotros "piedra angular", piedra que corona la cima del edificio, clave de bóveda que da cohesión y fuerza a las relaciones del hombre con Dios y de los hombres entre si. No tenemos más remedio que afirmar con el salmo que "ha sido un milagro patente".


WebJCP | Abril 2007