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MISIONEROS EN CAMINO: XXVII Domingo del T.O. (Mt 21,33-43) - Ciclo A: NO MATEMOS LA ESPERANZA
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miércoles, 28 de septiembre de 2011

XXVII Domingo del T.O. (Mt 21,33-43) - Ciclo A: NO MATEMOS LA ESPERANZA



Qué gran lección la del Papa, en su reciente viaje a su país Alemania, ante ciertos sectores que se oponían a este acontecimiento: “Ante todo, diría que es algo normal que en una sociedad libre y en una época secularizada se den posiciones en contra de una visita del Papa. Es justo que expresen ante todos su contrariedad: forma parte de nuestra libertad y tenemos que tenemos que reconocer que el secularismo y precisamente la oposición al catolicismo es fuerte en nuestras sociedades”

1.- Resulta difícil, y a veces doloroso, ser enviados una y otra vez a la viña del Señor. Entre otras cosas porque, las resistencias o contradicciones con las que nos encontramos, pueden llegar a mermar o debilitar nuestras iniciativas. ¡Cuándo llegaremos a comprender que, como el Papa manifiesta en el fondo de sus declaraciones, no podemos ser más que el Maestro!: Jesús también se topó con incomprensiones y descalificaciones.

Seguimos, un domingo más, en la viña y como viña del Señor. Y, al escuchar el evangelio de este día, retomo las palabras del Papa en Alemania: “hay una progresiva indiferencia hacia la religión en las sociedades europeas”.

¡Qué peligrosa esta situación! ¿En qué valores sustentaremos el futuro de nuestras democracias? ¿Será posible prescindir del cristianismo (cuando algunos intentan con guante blanco o negro dinamitarlo) y mantener toda la estructura cultural, política, social que ha surgido como consecuencia de él?

Llamativo, y hasta escandaloso, el intento de de un grupo de islamistas en Suiza –por pedir que no quede- instando a suprimir la cruz de la bandera de ese país. Hay muchas formas de tomar parte en un suicidio colectivo, en una ruina moral de nuestras sociedades. Una de ellas es precisamente la de quedarnos de brazos cruzados. La de no trabajar para que, el cristianismo, siga aportando a nuestra realidad aquello que tanto necesita y echamos en falta: ética, justicia, razón, progreso bien entendido y valores trascendentales. De lo contrario…podemos llegar a ser, sin darnos cuenta, viñadores suicidas de la inmensa viña que nuestros antepasados nos han dejado: la fe.

2.- Muchas veces, más por demagogia que por convencimiento real, miramos a las instancias eclesiales como aquellos que matan las esperanzas de un nuevo modelo de Iglesia. Como si, el cambio real de nuestra Iglesia, dependiera de quien está arriba o abajo. Todos, allá donde nos encontramos, podemos dar un nuevo rostro, una nueva imagen a nuestra comunidad eclesial: con nuestro testimonio eficaz, vivo y comprometido. Recientemente un Obispo emérito (Don Fernando Sebastián) afirmaba: “Nadie es obispo por codicia ni honores”. Y, ser cristiano o católico en estos tiempos, es ser conscientes de que muchas cosas las entendemos y las queremos al revés del mundo. Lo contrario, por si lo hemos olvidado, sería una traición al evangelio. No queremos una viña del Señor con los sarmientos que el mundo pretende injertarnos. No sería buena una viña del Señor con el “abono envenenado” que los poderes fácticos intentan esparcir sobre lo santo y bueno que la Iglesia guarda como depositaria de la fe. No sería valiente, por temor o temblor, sucumbir ante los viñadores homicidas que, por muchos y variados intereses, intentan silenciar, vilipendiar y debilitar la riqueza de la viña del Señor porque la quieren a su antojo: en vez de uvas, quisieran que produjera manzanas…y eso no puede ser.

3.- Seamos fieles a lo que el Señor nos ha confiado. No seamos colaboradores de los que, con crítica destructiva y bien orquestada, nos llaman a la deserción. Mantengamos nuestra unión y, en ella, estará nuestra fuerza. Somos la viña del Señor y, porque somos de El, estamos llamados a dar fruto divino (no mundano), a explotar en yemas de caridad, de amor, de justicia y de perdón. ¡Demos fruto y que sea abundante! Pero no seamos homicidas de lo mucho y bueno que el Señor ha sembrado en lo más hondo de nuestras entrañas. ¿Lo intentamos? Seamos fieles a lo que nos envía el Señor.

4.- QUE NO SEA CRUEL CONTIGO, MI SEÑOR

Que reflexione, si en lo más hondo de mis entrañas,

brota la maldad o la bondad

abunda la alegría o la tristeza

el deseo de venganza el ofrecimiento de misericordia

Que recapacite siempre, Señor,

sobre si soy siervo o dueño e interesado de tu herencia

Que nunca, más allá de darte gloria,

me quede con aquello que no me corresponde:

que en lo tuyo, sea siempre dócil y pronto

que en lo mío, nunca pretenda mi interés,

que en lo tuyo, actúe con diligencia y verdad

que en lo mío, sea siempre transparente

que en lo tuyo, sea auténtico y noble

que en lo mío, no fabrique mi propio “yo”

QUE NO SEA CRUEL CONTIGO, MI SEÑOR

Que no aborte los planes que has diseñado para mí

Que no obstaculice tu gracia con mis pecados

Que no frene tu Espíritu con mis malos modos

Que no esconda los buenos frutos de mi ser cristiano

QUE NO SEA CRUEL CONTIGO, SEÑOR

Hazme comprender que, lo que Tú me das,

no es mío…sino totalmente tuyo

Que a Ti, junto conmigo mismo, ha de volver todo

Que ante Ti, con lo bueno y lo malo,

he de dar cuentas de lo mucho o poco trabajado

Que por Ti, he de ser cepa y sarmiento

que, con buen gusto y buena cara,

he de dar el diez, el veinte o el treinta por ciento

QUE NO SEA CRUEL CONTIGO, SEÑOR

Que no vuelva la espalda a tantos signos de tu presencia

Que no presente mil excusas para dejarme llevar por tu Palabra

Que no viva como si Tú no existieras

Que no camine dudando, una y otra vez, de si “esto es cosa tuya”

QUE NO SEA CRUEL CONTIGO, SEÑOR

No se cumpla mi voluntad, sino la tuya

No avance por mi camino, sino por tu senda

No descalifique a los que me rodean, sino que los comprenda

No trabaje para mi causa...sino siempre para Ti, para lo tuyo

contigo y contigo, con lo tuyo y para tu Reino.

Amén.


WebJCP | Abril 2007