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jueves, 29 de septiembre de 2011

Testigos del Amor: Cantor toda una vida


Publicado por Esquila Misional

Lorenzo García Ortiz, es originario de Cochoapa El Grande, Guerrero. Nació en una familia católica y fue bautizado a los 15 días de su nacimiento, actualmente tiene 75 años de vida y desde pequeño comenzó a prepararse para ser Cantor de su pueblo, tenía 10 años cuando fue iniciado en este servicio. Este indígena mixteco es nuestro testigo del amor en este mes, no sólo por ser Cantori –como se conocen entre ellos– sino por su compromiso moral dentro de la comunidad.

Don Lorenzo creció en un ambiente muy religioso, donde casi todas las personas del pueblo tenían en aquel entonces un gran respeto por las cosas de Dios. Tanto los Fiscales (Pixca en mixteco) como los Principales –ambos, términos con los que designan a sus autoridades tradicionales– pidieron a su padre que lo dejara ser Cantori como es la costumbre en su pueblo.
En aquellos tiempos Cochoapa pertenecía a la parroquia de Metlatónoc, y desde allá venía el padre una vez al año para atender los servicios religiosos en la fiesta del Apóstol Santiago, patrono del pueblo.
Aprendió a ser Cantor con el indígena Victoriano Cuevas Vázquez, quien era Cantor del pueblo, de él recibió las primeras lecciones. Años después llegó un nuevo párroco, el sacerdote Juan González, quien lo impulsó para ir perfeccionando este oficio. En tres años, «don Lencho» (como le dicen con cariño y respeto) ya era capaz de rezar el rosario con la letanía, entonar los salmos, los himnos en las procesiones, responder la misa, asistir a los velorios y funerales; todo esto cuando aún se hacía en latín.
En esos años, también perfeccionó su aprendizaje del español, no sólo hablarlo sino a leerlo y escribirlo. Fue muy difícil esta experiencia, pero le echó ganas y sin saber cómo lo logró, lo aprendió muy bien. «don Lencho» es un campesino que no tuvo oportunidad de ir a la escuela; en el pueblo no había, solamente en Metlatónoc y él no tenía las facilidades para ir hasta allá, además el maestro asistía de manera irregular.
El padre Juan sólo duró cinco años de párroco, luego vinieron otros sacerdotes, entre ellos el padre Otilio Salazar, de Chilapa, quien fue su padrino de confirmación. A los 21 años, el joven Lorenzo se casó por la Iglesia y, con el consentimiento de su mujer, siguió ejerciendo su ministerio. En ese tiempo había llegado el padre Vicente Zepeda Vargas, quien le hizo entender que «un buen Cantor debe estar casado por la Iglesia para trabajar en la Iglesia», ya que esta región de La Montaña de Guerrero existe la costumbre milenaria del «matrimonio tradicional», que tiene su valor en sí mismo, pero don Lorenzo aprendió que por encima de todo está el matrimonio canónico. Afortunadamente, los únicos gastos que él hizo fueron: el estipendio de la misa y el costo de una botella de aguardiente que le ofreció a su suegro, porque hoy en día la dote se ha fijado en cantidades exorbitantes.

Como Cantor se dedica a acompañar a su pueblo en sus momentos de oración: todos los domingos reza el rosario en la iglesia acompañado de la banda de música y algún otro compañero Cantor y el sacristán. Los Principales –cubiertos con sus sarapes, descalzos y soportando el frío, la lluvia o el sol de La Montaña– también rezan con él. El rosario se reza en español por lo que la participación del pueblo es muy limitada, aunque se está introduciendo su rezo en mixteco. No sólo se hace los domingos, sino también en fiestas de los santos que tienen mayordomía (primicia) según sus costumbres. Hasta hace poco, en los momentos que no lo ocupaba el pueblo, don Lorenzo se iba al campo para sembrar maíz y frijol y así apoyar a su familia. Hoy agradece a su difunta esposa Catarina porque nunca le impidió ejercer este ministerio.

Labor ininterrumpida
Don «Lencho» no sólo trabajó en su pueblo sino que se puso al servicio de los sacerdotes que iban a celebrarles y para acompañarlos a las poblaciones que debía atender porque él ayudaba como intérprete. Los viajes les llevaban hasta tres o cuatro días y a veces hasta una semana cuando debían ir a los pueblos más lejanos. El sacerdote viajaba a «lomo de bestia» (mulitas) y él a pie, como su fiel guardián. Las personas los recibían bien y los esperaban con ansias; les ofrecían algo de comer y un lugarcito para dormir. Según sus tradiciones, este trabajo se hace de forma gratuita, ya que se trata de un servicio a la comunidad, por lo que don Lorenzo, hasta la fecha, continúa echando la mano al sacerdote cuando sus posibilidades se lo permiten, aunque ahora el viaje ya no se hace a pie o en bestia, sino en auto, acompañando al padre.

Son 65 años de labor ininterrumpida, llenos de fatigas y grandes satisfacciones, y aunque sabe que algunas veces no han sabido apreciar su trabajo, de todas maneras sigue adelante fortalecido con la Palabra de Dios, que le ayuda a superar los momentos de desánimo.

«Don Lencho» ve hoy, con cierta tristeza, que muchos de los jóvenes mixtecos no se sienten atraídos por las cosas de Dios, y mucho menos quieren ser Cantores, y esto lo considera grave, porque cree que si éstos llegaran a faltar, habría un pueblo triste que no rezaría. Para finalizar, este Cantor y referente moral de la comunidad dijo que agradece a Dios por todos estos años de servicio, y pide que le conceda más para seguir sirviendo a su pueblo.


WebJCP | Abril 2007