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MISIONEROS EN CAMINO: XXVI Domingo del T.O. (Mt 21,28-32) - Ciclo A: Algo más que palabras
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jueves, 22 de septiembre de 2011

XXVI Domingo del T.O. (Mt 21,28-32) - Ciclo A: Algo más que palabras



En teoría es fácil estar de acuerdo con estas palabras del Evangelio que acabamos de escuchar: seguir a Jesús, ser cristianos, no es cuestión de palabras, sino de compromiso en nuestra vida. Parece sencillo.
Dicen las estadísticas recientes, que en nuestra sociedad casi el 80% de la población afirma que son cristianos, de ellos el 36% se declara practicante. ¿Serán ciertos estos datos? ¿Tantos seguidores de Jesús entre nosotros? Ojala fuera verdad.
Es fácil responder a un entrevistador: “sí, religión cristiana, católico, practicante”; está bastante generalizado, que ser católico es estar bautizado, asumir la fe como una costumbre heredada, y como practicante cumplir con actos de culto y algunas oraciones, o simplemente, bautizando a nuestros niños.

Jesús dice hoy a quien quiera seguirle, que no le basta con decir sí, que ha de esforzarse por cumplir en la vida la palabra dada de seguirle a Él. No debemos engañarnos. La simplicidad del relato esconde una enseñanza fundamental, los hechos de nuestra vida son lo importante, las palabras solas sirven de muy poco.

Venimos escuchando en los domingos de este año en la lectura del Evangelio de Mateo, que la fe no consiste en solo pensar, o en hablar, sino en recorrer en nuestra vida el camino seguido por Jesús. Seremos creyentes en la medida en que la fe desencadene en nosotros una manera nueva de vivir comprometidos a seguir las huellas trazadas por Él, cumpliendo su palabra, que conocemos; hoy Jesús nos dice: “siguiendo el camino de la justicia”.

Cuántos “practicantes”, alejados de este mensaje de Jesús reducen su religión a ritos, doctrinas y preceptos, que en realidad representan bien poco, de que desgraciadamente tales prácticas tienen poco que ver con la vida real.

Lo valioso de este mensaje de hoy es que Jesús nos invita a que tomemos en serio el realizar con fidelidad lo que implica su seguimiento en nuestra vida. Nosotros conocemos cómo seguirle en nuestra familia, en nuestro trabajo profesional, en nuestra vida social, espera de nosotros una aportación decidida, para que como Él decía: ”su Reino vaya siendo realidad entre nosotros”, en su viña.

Él nos conoce, su presencia nos acompaña en nuestra vida, sabe de nuestros deseos de seguirle, comprende nuestros errores, nuestro pecado, acepta que rectifiquemos, que convencidos, trabajemos en su “viña”, hagamos el bien por todos.

En la parábola de hoy Jesús concretó su mensaje, hablaba de la realidad que estaba viviendo con personas de la sociedad de su tiempo. Escuchaban su parábola jerarcas de la religión judía, del Templo de Jerusalén, les dijo con rotundidad, que las personas que ellos más despreciaban, “los recaudadores de impuestos y las prostitutas, les llevan a ellos la delantera ante Dios”. Aquellos hombres religiosos desde su cátedra del templo enseñaban que aquellas personas, en su pecado, decían “no” a Dios, vivían fuera de la ley, por eso les habían excluido del templo, hoy diríamos que los habían excomulgado. Jesús había vivido en su propia vida que recaudadores y prostitutas, cuando les ha ofrecido con su amistad la verdadera palabra de Dios, le han escuchado, han dado el verdadero “si” en su vida. Fue así la actuación del recaudador Zaqueo que repartió sus bienes entre los que él había defraudado y entre los pobres y necesitados.

También en aquella sociedad increíblemente machista, que reservaba el mayor deprecio, la violencia, la vejación a mujeres, Jesús se había acercado a un grupo en el que todos estaban dispuestos a lapidar a una pobre mujer, decían, que sorprendida en adulterio, y ante las palabras de Jesús: “el que esté sin pecado arroje la primera piedra” aquellos varones se alejaron todos, cobardes. Jesús dice a la mujer: “mujer, no peques más, yo no te condeno...”; Jesús recuerda también el dialogo con la samaritana, y la prostituta que ha enjugado con lágrimas sus pies y tantas otras,… convencido, es como les dice a los maestros de la ley: “van por delante de vosotros en el camino del Reino de Dios”. Él conocía los corazones atribulados, vejados, sus deseos de vivir.

Podemos comprender la repercusión que tuvieron estas palabras de Jesús en aquella sociedad “religiosa”.

¿No os parece que deberíamos aplicar este breve mensaje de Jesús a nuestros días, y que si lo aceptamos con sinceridad, debiéramos penetrar hasta lo más hondo de nuestra persona?. ¿Qué dirá el Dueño de la viña de los que hoy hablan tanto, con tantas promesas, también de los que hoy trabajan en su viña, de los que sufren con angustia las consecuencias de las crisis, de quienes se siguen enriqueciendo ocultos detrás de programas de solidaridad, con meras palabras, tan cortas ante tanta necesidad, qué dirá de los violentos.

La viña es la gran creación de Dios para que vivamos con dignidad todos sus hijos. Jesús nos da a todos su Espíritu, su aliento, todos estamos llamados a colaborar, a trabajar de algún modo para que todos tengamos también en esta vida cuanto nos corresponde como hijos suyos, sus frutos han de cubrir las necesidades de todos. Es el mensaje que hoy también nos repite Cáritas.

Jesús nos conoce, sabe de cada uno de nosotros, de nuestras palabras, de nuestros compromisos. Conoce bien el trabajo que podemos realizar, también quiénes son los que más allá de las palabras, trabajan y nos preceden en el camino del Reino, es posible que muchos afirmen que no le conocen. ¿Nosotros dónde estamos situados? Él nos ayuda para que nos decidamos a hacer cada uno cuanto podemos.

Por todo eso, la reflexión de este evangelio no debe llevarnos a dejar de lado nuestra fe, desanimados, sino a asumir con buen espíritu, con la ayuda que Dios nos da, el vivir conforme a lo que Jesús nos pide hoy. Todos podemos ser excelentes trabajadores, aunque lo seamos de la ultima hora y con pocos talentos, o incluso aunque que nadie nos aprecie.

Sobra el decir, que en este día en que colaboramos con Cáritas en sus proyectos, no reduzcamos nuestra solidaridad a una limosna. Jesús nos pide además de nuestra respuesta generosa, y ante todo, un compromiso serio, de verdad.


WebJCP | Abril 2007