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sábado, 10 de septiembre de 2011

Palabra para la Misión: El perdón (= híper-don) regenera a la persona y a las comunidades


Domingo XXIV del T. O. / Publicado por EUNTES
Año A - Domingo 11.9.2011

Eclesiástico 27,30 – 28,9 / Salmo 102 / Romanos 14,7-9
Mateo 18,21-35

Reflexiones

El tema central de los cinco textos bíblicos de hoy, incluido el Padre nuestro, es el perdón: la necesidad cristiana de perdonar hasta “setenta veces siete”, es decir, siempre, como enseña Jesús en el pasaje del Evangelio, que continúa y concluye el discurso eclesiástico (Mt 18) sobre las relaciones entre las personas. Se trata de una enseñanza insistente de Jesús, que va desde el sermón de la montaña con la bienaventuranza de los misericordiosos, hasta el Calvario (Mt 5,7; 6,14-15; 9,2-6; 12,31-32; 18,21-35; 26,28). Después de la palabra, Jesús nos da el ejemplo en la cruz: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Es lo máximo del amor: ¡el perdón de los enemigos! “Mateo quiere sacudir a una comunidad que corre el riesgo de subestimar el compromiso del perdón fraterno. Así el evangelista deja entrever que existe una relación entre oración y perdón: no en el sentido que perdonar las ofensas sea un impuesto que debemos pagar a Dios para que Él nos perdone, sino porque el perdón es signo de la autenticidad de nuestra oración… Para Mateo, es especialmente en la praxis del perdón que la comunidad se revela como verdadera y auténtica fraternidad” (Corrado Ginami).


La Biblia da cuenta de un progreso en la comprensión de la ley y en la praxis del perdón. En los tiempos arcaicos, el brutal Lamech, hijo de Caín, conoce tan solo la represalia cruel, la venganza sin límites, hasta ‘setenta veces siete’ (cf Gen 4,23-24). Más tarde, se introduce una reacción más equitativa, con la primitiva ley del talión: “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano…” (Ex 21,24). Lo cual no se debe entender como una incitación a devolver el mal recibido, sino como un tope que no se ha de sobrepasar en la respuesta. Se llega, finalmente, al punto más alto en el Antiguo Testamento, con la invitación a rechazar venganzas y rencores, y a amar al prójimo como a sí mismo (cf Lv 19,18); el texto del Eclesiástico (I lectura) refleja esta postura. Los rabinos del tiempo de Jesús limitaban el perdón hasta tres veces. Pedro llega hasta siete (Mt 18,21), pero Jesús no admite topes: “hasta setenta veces siete”. El perdón debe ser sin medidas, así como la misericordia del Padre es infinita, sin medidas (Lc 6,36). Realmente, ¡el perdón es un “híper-don”!


Las lecturas presentan varios fundamentos del perdón. La parábola de Jesús(Evangelio) pone de manifiesto la inmensa distancia entre el corazón de Dios, que lo perdona todo y siempre (Salmo responsorial), y el corazón del hombre, que a menudo es estrecho y mezquino (Mt 18,33). El Eclesiástico (I lectura) amonesta severamente: “Piensa en tu fin... en la muerte y corrupción” (v. 6.7). La agresividad vengativa se diluye cuando se piensa en las limitaciones humanas. “Puede parecer un axioma banal, pero tiene una profundidad sicológica: el rechazo de la muerte está a la raíz de la violencia… Rechazar el sentido de la finitud humana significa haber puesto en nuestras raíces las premisas de todas las aberraciones” (E. Balducci). El apóstol Pablo (II lectura) invita a la acogida y a la comprensión mutua, poniendo en el centro de la vida no al yo egoísta sino a Cristo, que ha muerto y ha resucitado por todos (v. 9), el único que da sentido y valor a la vida y a la muerte (v. 7). La experiencia de la misericordia del Señor que perdona y regenera, nos empuja a vivir por Él (v. 7), comprometidos en la misión, invitando a todos a abrir de par en par el corazón a Cristo, que ha sufrido la mayor ofensa, pero ha contestado desde la cruz perdonando.


El perdón regenera interiormente a la persona y a las comunidades, en todo nivel; las hace semejantes a Dios, a su imagen; libera de tensiones y agresividades que a menudo contaminan las relaciones interpersonales y sociales; rompe la cadena de venganzas; pone de manifiesto la grandeza de ánimo de una persona y de una institución. Además del ámbito interpersonal y doméstico, el perdón cristiano tiene dimensiones y aplicaciones sobre todo en los grupos, sociedades, naciones. El Beato Papa Juan Pablo II ha presentado a menudo el perdón en sus mensajes para las jornadas mundiales de la Paz y lo ha propuesto como criterio de solución de las tensiones entre los pueblos. (*) Uno de los hombres que más ha reflexionado sobre las dimensiones mundiales del perdón y de la paz es ciertamente el Card. Carlos M. Martini: “El perdón tiene también un valor civil y político. Mientras no se llegue a renunciar a algo a lo que se tendría teóricamente derecho, si se exige a toda costa lo que corresponde, lo que es de derecho propio, y se siguen enumerando las razones de cada uno, nunca se llegará a la paz, porque no se quiere pagar nada. La paz, en cambio, tiene su costo… La paz, en un mundo marcado por el pecado, supone una constante voluntad de perdón: en las familias, en el seno de las comunidades, en las Iglesias entre sí, y aun más en el contexto civil”. La paz y el perdón son mensajes prioritarios de la misión: perdonar de corazón (Mt 18,35) y amar a los enemigos (Mt 5,44) son Evangelio puro, la novedad cristiana.


La literatura mundial ofrece un florilegio de expresiones sobre el tema del perdón, tanto el de Dios como el del hombre. He aquí algunas. “¡Dios perdona muchas cosas por una obra de misericordia!” (A. Manzoni). - “El perdón no cambia el pasado, pero dilata el futuro” (Boros S.). - “Solo el que es fuerte es capaz de perdonar” (Gandhi). - “Perdonen enseguida: ahorrarán un tiempo precioso, y harán mejor su digestión” (Card. O’Connell).


Palabra del Papa

(*) “Ofrece el perdón, recibe la paz” (1997).
“No hay paz sin justicia. No hay justicia sin perdón” (2002).
“No te dejes vencer por el mal, antes bien, vence al mal con el bien” (2005).
Juan Pablo II - Mensajes para la Jornada Mundial de la Paz


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 11/9: S. Juan Gabriel Perboyre (1802-1840), sacerdote vicentino francés, misionero en China, donde fue encarcelado, colgado en una cruz y estrangulado en Uciamensi, provincia del Hubei.

- 13/9: S. Juan Crisóstomo (ca. 349-407), obispo de Constantinopla, padre y doctor de la Iglesia; escribió y sufrió mucho, murió en el exilio en Comana en el Mar Negro.

- 14/9: Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, icono del Crucificado-Resucitado, símbolo del misterio pascual de la salvación de todos los pueblos.

- 15/9: La Virgen de los Dolores, asociada íntimamente a la pasión redentora de Cristo.

- 15/9: B. Pablo Manna (1872-1952), sacerdote del PIME, misionero en Birmania, fundador de la Pontificia Unión Misional, para la difusión del espíritu misionero en las comunidades cristianas. Se celebra también el 16/1, poco antes de la Semana por la Unión de los Cristianos, que él promovió.

- 16/9: S. Cipriano, obispo de Cartago (Túnez), teólogo apologeta y mártir (ca. 200+258).

- 16/9: S. Juan Macías (1585-1645), religioso de origen español, coadjutor dominico, vivió y murió en Lima (Perú), entregado a los pobres y enfermos.

- 16/9: Siervo de Dios Card. Francisco Javier Van Thuan (Hué, Vietnam 1928 - Roma 2002). Era obispo coadjutor de Hochiminhville (Saïgón), cuando fue encarcelado por 13 años (1975-1988); vivió los últimos años en Roma como Presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz.


WebJCP | Abril 2007