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MISIONEROS EN CAMINO: Homilías y Reflexiones para el XXVI Domingo del T.O. (Mt 21,28-32) - Ciclo A
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sábado, 24 de septiembre de 2011

Homilías y Reflexiones para el XXVI Domingo del T.O. (Mt 21,28-32) - Ciclo A


Publicado por Iglesia que camina

LAS PALABRAS SOLAS NO SIRVEN

Se puede hablar bonito y llevar una vida fea. Se puede hablar bonito, pero luego no hacer nada. Dios quiere que hablemos con Él, le encanta escucharnos, pero Dios no suele creer mucho en nuestras palabras porque sólo le cree a la vida, a la palabra hecha vida. ¿Será por eso que Juan comienza su Evangelio diciendo que el “Verbo se hizo carne”, es decir se hizo vida?
La parábola de estos dos hijos parece sencilla pero en sí mima lleva su dinámica. Hay quienes hablan muy bien de Dios, pero ellos jamás han tenido una experiencia de Él.

Hay quienes conocen muy bien el Evangelio, pero su vida tiene muy poco de evangélica.
Hay quienes explican muy bonito el Evangelio, pero su vida no responde al Evangelio.

Sólo la vida nos hace creíbles. No basta decir sí si luego nuestra vida es un no. No basta decir sí el día de la boda si al día siguiente nuestras vidas son un no. No basta decir que estoy bautizado si luego nuestro bautismo queda en el olvido y nuestras vidas no son bautismales.

No basta decir “creo en la Iglesia”, si luego no vivo mi condición de mi compromiso con la Iglesia, si mi vida no es eclesial. Con frecuencia nuestro “sí” nos hace quedar bien ante los demás, pero nuestra vida nos hace quedar mal.

En cambio, puede que muchos de nuestros “no” terminen con un gran sí en nuestra vida. Esto fue lo que sucedió con estos dos hijos de la parábola. El primero dijo un “sí solemne” y terminó con la decepción de un “no”. En cambio, el segundo comenzó diciendo “no”, pero luego pensó bien las cosas y termino viviendo el “sí”. Mientras el primero se fue de parranda con los amigos, cuando todos lo creían trabajando en la viña, el otro tomó sus instrumentos de trabajo y la fue a sudar trabajando todo el día.

La conclusión de Jesús es clara: no siempre los que dicen y se creen buenos, tienen un corazón suficientemente abierto luego a Dios. En tanto que, muchos que han llevado una vida poco recomendable, llega un momento de su vida, una oportunidad en sus vidas, y se abren de par en par al Evangelio de Jesús. No sé si hoy alguien se atreverá a decir que los pecadores, las mujeres de mala vida nos llevan la delantera a cuantos nos hemos puesto la etiqueta de buenos.




PADRES, NO PERDÁIS LA ESPERANZA

Es posible que muchos padres tengáis la misma experiencia del padre de la parábola.

Hijos que en principio parecen maravillosos y luego las circunstancias de la vida los desvían del camino.
Hijos a quienes habéis dado una formación cristiana seria, llegan a la Universidad, y un día os dan el susto diciendo que ellos ya no creen porque la ciencia contradice a la fe.
Hijos a quienes habéis enviado a Colegios particulares, habéis sudado para darles una buena educación cristiana, y antes de terminar su secundaria ya se niega a practicar su fe porque limita sus libertades.

Es el momento en el que los padres sufrís un golpe bajo a vuestros esfuerzos y vuestras ilusiones. Lo cual es comprensible.

Pero ese es el momento de no hacer una tragedia ni asumir actitudes de violencia y marginación. Al contrario, es el momento de sufrir en silencio vuestro dolor y haceros comprensivos con la crisis que atraviesan los hijos. Es tiempo de no perder la fe en ellos. Puede que todo sea una tormenta de verano. Como sabemos, las tormentas pueden destrozar muchas ilusiones, pero son pasajeras.

Es preciso esperar. La vida, dicen por ahí, da muchas vueltas. El oleaje de la adolescencia y juventud volverá a calmarse y las semillas sembradas volverán a brotar; su rebeldía podrá cortar muchos tallos que estaban para florecer, pero no ha matado sus raíces, no ha matado las semillas que pueden brotar de nuevo. Una actitud de agresividad contra ellos pudiera reafirmarles en lo que todavía posiblemente no pasa de ese snobismo de la incredulidad adolescente y juvenil. La mejor respuesta es la comprensión y la espera.





VERSIÓN MODERNA DE LAS BIENAVENTURANZAS

¡Cuánto más felices seríais si no necesitaseis tantas cosas, si no fueseis esclavos de vuestros deseos!
¡Cuánto más felices seríais si vuestro corazón no fuera violento!
¡Cuánto más felices seríais si aprendierais a sufrir y aprovecharais el sufrimiento para crecer!
¡Cuánto más felices seríais si aprendierais a perdonar y a pedir perdón!
¡Cuánto más felices seríais si tuvierais un corazón transparente, abierto a los demás, sencillo y sincero!
¡Cuánto más felices seríais si trabajarais por la paz y la justicia!
Y si tenéis que sufrir por todo eso, ¡mucho más felices todavía!
(Galarreta)

Con frecuencia decimos que la felicidad no existe. No estoy de acuerdo con esa teoría. Lo que sucede es que, posiblemente, nosotros la hemos matado, y lo más posible es que la busquemos donde no está. Nadie puede pescar peces en el campo. Para eso hay que ir al río o al mar.

Además, posiblemente no nos atrevamos a ser felices, porque las condiciones de la felicidad exigen algunos cambios en nuestro corazón y algunas valoraciones equivocadas de las cosas.

No siempre lo que tú llamas felicidad te hace feliz.
No siempre lo que tú buscas te trae felicidad.

A la felicidad, además, hay que hacerle sitio en el corazón, pero nosotros no queremos vaciarlo de tanta cosa inútil que lo diseca e impide que la felicidad tenga espacio. No siembres trigo entre cardos y espinas porque no lo dejarán crecer.

Cuantos no se sientan felices o no crean en la felicidad, en vez de lamentarse, miren primero la verdad de su corazón.





EL MATRIMONIO NO SE IMPROVISA

Las cosas grandes no se improvisan, son fruto de una larga gestación en el pensamiento y en el corazón. ¿Crees que se puede improvisar el matrimonio que es el largo camino de dos caminantes, marido y mujer?
La improvisación sólo da como resultado lo provisional, aquello que si no sirve se tira abajo. Lo que es para toda la vida no puede ser provisional. Si quieres un matrimonio firme, estable, que llene los anhelos de tu corazón, prepáralo con tiempo y a tiempo. Dedícale cabeza, ponle alma.
Al matrimonio no se puede ir con problemas. El matrimonio no soluciona los problemas que no solucionó el enamoramiento o el noviazgo. En el matrimonio los problemas se hacen más problemas.
Un embarazo no es razón alguna para casarse. Un embarazo no se soluciona con un mal matrimonio, sino con un buen ginecólogo y un buen parto. En esos casos, el matrimonio puede solucionar los problemas del momento, pero también arruinar dos vidas para siempre.
Todos se interesan en preparar la boda. ¿Quién se preocupa luego de que vivan lo que en la boda se prometieron el uno al otro? La boda dura un día, el matrimonio dura toda la vida. Un matrimonio feliz hace olvidar una boda sencilla, pero una gran boda no compensa un matrimonio arrastrado.
El matrimonio feliz requiere de una gran espera. Las semillas necesitan tiempo para crecer y desarrollarse, si las arrancas antes de la espiga te quedarás sin tallo y sin espiga.
El tiempo que esperas para que vuestras dos vidas estén maduras para el sí de vuestro matrimonio, no es tiempo perdido. Es tiempo de sementera.




PREFERIBLE DECIR ”NO”

Si no vas a cumplir lo que prometes, mejor dices no.
Si no vas a ser fiel a lo que ofreces, mejor dices no.
Si no vas a ser coherente con tu palabra, mejor dices no.
Al menos en tu vida habrá más coherencia.
Si no crees en la fidelidad conyugal, no la prometas.
Te engañas a ti mismo y engañas a la otra parte.

Si no crees que el matrimonio es para siempre, no te cases.
Al menos no harás infeliz a la otra parte
y serás al menos mucho más sincero y honesto.

Si no vas a venir a la hora pactada, mejor digas que no puedes.
Así no harás esperar inútilmente al otro.
Si no vas a hacer caso al que consultas, no hagas preguntas.
Al menos no le harás perder tiempo al otro.
Si no me vas a dar el trabajo que me ofreces, mejor me dices no.
Así podré seguir buscando en otra parte.

Si no vas a cuidar de tus hijos, mejor no los tengas.
Al menos no habrá huérfanos en vida.
Si no vas a devolver lo que pides prestado, sencillamente pídelo.
Así no engañarás al que generosamente te presta.

Si no vas a cumplir lo que prometes, no prometas.
De engaños todos estamos bien surtidos.
Si no vas a ser un verdadero amigo, no te hagas amigo de nadie.
Al menos no harás el ridículo ante el otro que confió en tu amistad.

Es preferible que digas no porque, al menos, serás sincero.
Los demás tendrán fe en ti cuando digas “sí”.
Los demás sufrirán, pero te verán honesto.


WebJCP | Abril 2007